lunes, 15 de abril de 2019

"SENTIDO COMÚN”, POR ÁLVARO GARCÍA LINERA


 

  


Martes 8 de enero de 2019







 
(LA PAZ).- El vicepresidente del Estado, Álvaro García Linera, la tarde de este martes, en su cuenta de Facebook, publicó el vídeo titulado “Sentido común”, en el que inicialmente agradeció a su pequeña hija Alba por haberle enseñado sobre el “Sentido común y la espontaneidad del cuerpo o ¿por qué es tan difícil cambiar el mundo?”.
En dicho material audiovisual se explica cómo “la tradición de todas las generaciones muertas oprime, como una pesadilla, el cerebro de los vivos”, al hacer referencia a Carlos Marx, en El Dieciocho Brumario de Luis Bonaparte, de 1852.
“Tiempos normales” es otro de los conceptos descritos, en el que señala que existe una co-determinación y colaboración entre el sistema institucional, el sistema político, económico y el cultural.

El cual se encuentra implícito en la estabilidad conservadora de los conocimientos mundanos, de los juicios espontáneos, las tolerancias morales, los saberes normativos, las capacidades proyectivas y todas las habilidades prácticas que hacen funcionar las instituciones, la economía, la vida política y cultural de una sociedad.

Además, en relación al sentido común de los seres humanos, explica que existe un orden social en el cual las personas están predeterminadas a hacer aquello para lo que fueron preparadas, mediante pautas lógicas y morales, entre otros que adecúan sus expectativas y sus capacidades productivas.
De igual forma, el vicepresidente del Estado señala que no se requiere de un filtro reflexivo previo para que las personas absorban el mundo que está a su alrededor e inmediatamente juzguen y actúen en su vida cotidiana.

García Linera también explica el sentido común desde lo social y lo político, y coloca el componente fundamental y decisivo de la hegemonía y las luchas por transformar esas hegemonías con lo reflexivo (liderazgo intelectual) y pre-reflexiva (liderazgo moral) de la acción humana.
“La hegemonía incorpora ámbitos de organización pública, de debates públicos, de construcciones colectivas de conocimiento, de ideas fuerza, reflexivamente adquiridas en las escuelas, los sindicatos, asociaciones religiosas, grupos políticos, agrupaciones de afinidad, etc.; pero también de esquemas mentales de valoración y modos emocionales de conocer propios del sentido común, adquiridos en la vida familiar desde el momento de la gestación, las amistades, los medios de comunicación, las redes sociales, las instituciones, la vida cotidiana y todo el orden simbólico del mundo que rodea a la persona”, señala la publicación.
De igual manera, hace referencia al “sentido común dominante” y señala que este está determinado por la clase social, el género y la región, el cual tiene el principio de dominación y se encuentra en lucha de transformación del mundo.
Así también, explica los componentes del sentido común que son: preceptos lógicos, instrumentales, morales y procedimentales, los cuales rigen la vida de todos los seres humanos.

Cuarenta meses de neoliberalismo

Presidente Mauricio Macri.
 
Presidente Mauricio Macri. 
Luego de 40 meses de cambio de un modelo nacional y popular a un régimen neoliberal algunas cosas deberían resultar claras, al menos entre quienes hacen el pequeño esfuerzo por tratar de entender.
Lo primero es que el debate económico es apenas un debate por la legitimación del modelo. ¿De qué hablamos? El discurso económico es una pieza clave para la justificación de determinadas relaciones de poder y distribución del ingreso. La economía mainstream no es conocimiento, no explica las relaciones causa-efecto entre las medidas de política económica y sus resultados. Es un mecanismo de justificación de políticas que no persiguen los fines enunciados, sino otros que resultarían socialmente indigeribles, como lo son la subordinación al capital financiero global, el enriquecimiento de los más ricos, el empobrecimiento de los más pobres y, en general, la reprimarización de la economía, el “des-desarrollo”.
Veamos algunos hitos concretos para que la exposición no devenga abstracta.
  • Desde el día 1, bajo la dupla Sturzenegger-Llach, el gobierno afirmó que la inflación se controlaba por la vía monetaria, aplicando un sistema que de coordinación de expectativas que suelen utilizar países que tienen inflaciones anuales de un dígito, las llamadas metas de inflación. Ante el fracaso rotundo del esquema se pasó, ya con Sandleris–Rappoport a una política monetaria híper restrictiva. La creencia general enunciada por el mainstream es que la inflación surge de la relación entre cantidad de la oferta de bienes y la cantidad de dinero y su velocidad de circulación, lo que también implica la creencia abstrusa de que el Banco Central controla la cantidad de dinero. El resultado fue que la inflación nunca se detuvo; es más, se aceleró. Sin embargo nadie se autocuestionó la teoría, aunque resulte claro que la inflación es ante todo un fenómeno de precios básicos o relativos: dólar, tarifas y salarios. Si el dólar pasa de 9 a 45 pesos y las tarifas se dolarizan nadie en su sano juicio puede esperar que la inflación baje. Seguir hablando de cantidad de dinero o déficit fiscal, creyéndoselo, es reincidencia zombi. Difícilmente lo crean quienes realmente conducen la economía, aunque sobran los hiperadaptados que atravesaron su formación sin cuestionar los contenidos recibidos. En el mundo real, el verdadero objetivo del gobierno era cambiar los precios relativos en contra del salario, cosa que consiguió.
  • También desde que asumió Cambiemos anunció que la bonanza llegaría en “segundos semestres”. Frente al sostenido fracaso de la predicción surgió la idea de “lo peor ya pasó”. En el medio reinó el “pasaron cosas” y sólo hubo respiro con el veranito preelectoral de 2017, que los más ilusos creen que se reeditará en los próximos meses. Mientras tanto, según los escribas oficialistas, la economía se encontraría en un su actual estado calamitoso porque no se explicitó debidamente la “pesada herencia”, en tanto hoy no se recuperaría por el temor al regreso del kirchnerismo. En otras palabras, los problemas de Cambiemos no son sólo por el gobierno pasado, sino también por el futuro. En el medio no parece haber nadie.
  • Uno de los grandes mitos de la primera etapa hasta la recaída en el FMI fue el “gradualismo” financiado con endeudamiento externo, es decir con dólares. La idea de base sostenía que para no hacer “el ajuste que realmente hacía falta” se ajustaba menos el gasto y se financiaba la diferencia con deuda. En el camino la nueva confianza generada por el gobierno amistoso con los mercados generaría la ya olvidada lluvia de inversiones. El endeudamiento en divisas permitió dos cosas, financiar el inmenso déficit de cuenta corriente sin avanzar en resolver el problema estructural que lo generaba y estabilizar el precio del dólar, incluso apreciándolo contra la inflación, uno de los factores que contribuyeron a la falsa sensación de bonanza pre eleccionaria de 2017. Pero la realidad de fondo fue muy distinta: el “gradualismo” se utilizó como excusa para reconstruir el endeudamiento externo del que tanto había costado salir y que volvió a atar a la economía a los designios del capital extranjero y al ajuste sin fin. Ese endeudamiento fue también el que condujo a los brazos del FMI, al que el gobierno siempre tuvo el objetivo de regresar. Tener un programa con el Fondo es el mejor respaldo para las políticas buscadas. Evita las justificaciones. En adelante bastará con decir “lo pide el FMI”. Además el Fondo es el reaseguro de la continuidad intertemporal de las políticas, es decir más allá de los cambios de gobierno. ¿Por qué el gradualismo fue una excusa? Sencillamente porque no existía ninguna necesidad real de financiar en dólares gastos que son en pesos, como por ejemplo los sueldos de los maestros y policías. El objetivo del gobierno, entonces, era consolidar en el largo plazo las políticas de ajuste en favor del capital transnacional que impone tener una megadeuda y un acuerdo con el FMI.
  • Finalmente cayó también el mito del equilibrio fiscal. Tras el segundo acuerdo con el FMI el gobierno hizo esfuerzos draconianos para buscar el déficit (fiscal primario) cero. Su meta fue bajar el gasto antes que mejorar ingresos. La baja del gasto contrajo la actividad económica y con ello la recaudación. Volvió a quedar claro que los objetivos de déficit no pueden separarse de los objetivos de crecimiento. Mientras tanto el déficit total sigue creciendo por el desmesurado peso del endeudamiento.
Recapitulando, la inflación no es un fenómeno monetario, endeudarse en divisas importaba, la restricción externa no es un invento heterodoxo, las inversiones nunca dependieron de la confianza y reducir el gasto no conduce al equilibrio fiscal. El neoliberalismo agrava todos los problemas que dice venir a resolver. Sin embargo, en 40 meses Cambiemos logró una transformación profunda y acelerada de la economía. Redujo salarios, endeudó por generaciones, sujetó al FMI, pulverizó la inversión pública, aumentó la pobreza, la indigencia y el desempleo, precarizó el mundo del trabajo y llevó tarifas y combustibles a niveles estratosféricos que afectan no sólo el consumo de los hogares, sino especialmente los costos de producción. Su única apuesta del presente se limita al objetivo de sostener a toda costa el precio del dólar a fuerza de deuda, la misma encrucijada que existía en los últimos días de la convertibilidad, allá por 2001.
Fuente:Pagina/12

Uberización del trabajo

El modelo Rappi, Glovo y Pedidos Ya: postsalario, flexiseguridad y antisindicalización

La uberización causa una subordinación laboral a la que se suma la incertidumbre que generan los algoritmos de asignación de pedidos, el salario asociado a una productividad que ya no depende del trabajador sino de un software, y un contrato de hora cero con jornadas ilimitadas. Hubo fallos de la Justicia para limitar los abusos de Rappi, Glovo y Pedidos Ya.
Un fallo reciente de la justicia laboral obliga a la empresa Rappi a reincorporar a un grupo de trabajadores de la Asociación de Personal de Plataformas (APP), que habían sido bloqueados. Se puede presentar este hecho como una noticia episódica que describe un evento puntual o como parte de un fenómeno que crece a nivel mundial: la creciente uberización del mundo del trabajo y su consecuente deslaboralización, flexiseguridad y antisindicalización. La Justicia porteña también le ordenó al gobierno de Horacio Rodríguez Larreta prohibir de “forma inmediata” el funcionamiento de Rappi, Glovo y Pedidos Ya por incumplir con los requisitos mínimos de seguridad establecidos en el Código de Transporte, que afectan principalmente a los repartidores. La administración Larreta apeló esa medida, lo que suspendió esa medida.

Derechos

El bloqueo de los trabajadores es una acción sancionatoria extrema que forma parte de decisiones estructurales de las empresas de plataformas relativas a las modalidades de asignación de pedidos. Y representa, además, una “conducta antisindical” hacia trabajadores que acreditaron prestar servicios para una compañía que tiene control sobre la asignación de pedidos, la tarifa, el cobro de salario y los términos y condiciones, según expresa el fallo de la Justicia Nacional del Trabajo. 
El sindicato de plataformas APP es parte de un esfuerzo a escala internacional para dar respuesta a los mecanismos de deslaboralización de la mal llamada economía colaborativa. Lejos de la promesa “sé tu propio jefe”, la uberización causa una efectiva  subordinación laboral a la que se suma  la incertidumbre que generan los algoritmos de asignación de pedidos, el salario asociado a una productividad que ya no depende del trabajador sino de un software, y un contrato de hora cero con jornadas ilimitadas. 
APP se funda en esta encrucijada entre los desafíos de la tecnología y las necesidades de trabajadores y trabajadoras de plataformas. En su comunicado fundacional advierte que construir los “sindicatos del futuro” no significa ceder en la protección de los derechos laborales. 
Miembro de su junta directiva y uno de los reincorporados por Rappi, Julio Olivero reconoció que la decisión de la justicia laboral es “un paso histórico para los trabajadores de plataformas”. Y agregó: “Tenemos que soportar horas interminables de trabajo sin protección porque las aplicaciones dicen que no estamos trabajando. Nos organizamos sindicalmente para reclamar por nuestros derechos y esta es la primera vez que nos reconocen como lo que somos”. 
En diálogo con Cash, Olivero describió la puja entre la propuesta empresaria de tener asociados y el reclamo de los trabajadores de contar con la seguridad que supone ser un empleado en relación de dependencia. 
La empresa plantea que ustedes son trabajadores independientes, ¿cómo lo viven en la cotidianeidad? 
–Cuando ingresamos a trabajar para la aplicación nos prometieron que íbamos a ser nuestros propios jefes, pero a medida que pasaba el tiempo notamos que nos estaban engañando, que lo que nos dijeron no era así. Rápidamente notamos que nos controlaban y nos sancionaban si no funcionábamos como la plataforma lo deseaba. 
¿Qué rol juegan los algoritmos en el desdibujamiento de la relación laboral de dependencia? 
–Al principio, el algoritmo te arrojaba pedidos cercanos a los establecimientos y uno los elegía con lo que entre los trabajadores llamamos la “ley del dedo”: el primero que lo aceptaba se quedaba el pedido. Pero hace unos meses modificaron la aplicación y nos comenzaron a asignar directamente los pedidos a más de 3 km en bici y más de 5 km en moto. Esa distancia no nos conviene a nosotros y muchas veces nos negamos y liberamos (cancelamos) los pedidos. 
Negarse a llevar un pedido, ¿implica algún tipo de sanciones? 
–Si nos negamos a llevarlos porque no nos conviene la distancia –porque es mucha o vemos que tiene mucho costo y no nos rinde–, nos bloquean por media hora o por una hora. Eso implica que no recibimos pedidos y no podemos trabajar. Es como una suspensión. Otra medida que toma la empresa es bajarte la tasa de aceptación, es decir que cada repartidor tiene una suerte de ranking (medido en términos de productividad) y la empresa puede bajar el nivel que uno alcanza en el ranking. Otra medida de la empresa es que nos deja de enviar pedidos hasta que nos veamos en la obligación de aceptar los pedidos que ellos nos asignan. 
¿Cómo se imagina un “sindicato del futuro” que sea eficaz con las economías de plataforma y ampare los derechos laborales? 
–Desde la Asociación de Personal de Plataformas (APP) estamos haciendo todo lo posible por velar en el futuro por la seguridad de todos los trabajadores y trabajadoras de las diferentes plataformas. Queremos ser reconocidos como tales y no vistos como socios, como nos presentan desde la empresa. 
¿Qué buscan concretamente en términos de seguridad laboral? 
–Queremos los beneficios de la normativa laboral argentina, que ampara a los trabajadores. También queremos sentarnos en una mesa de negociación para obtener los derechos que nos corresponden como trabajadores: salario digno, jornada limitada y seguro de riesgos. No queremos que estas empresas se vayan. Al contrario, queremos que se queden. 
¿Cuáles son los desafíos de crear un sindicato de trabajadores de plataformas digitales? 
–Los desafíos son grandes, ya que vimos que no existía un sindicato que abarcara a los trabajadores de plataformas, porque este tipo de trabajo es nuevo en la Argentina. Al ver el crecimiento de estas empresas y sufrir en carne propia sus fallas, estudiamos la posibilidad de crear el primer sindicato de trabajadores de plataformas. Nosotros vamos a seguir reclamando y organizándonos porque queremos que se nos reconozca como lo que somos, trabajadores y trabajadoras. Es la única manera que tenemos de protegernos. 
¿Por qué armaron el sindicato solo para trabajadores de plataformas en lugar de optar por incluirse en un sindicato ya establecido? ¿Sumarse a otro sindicato les daría más fuerza o les restaría? 
–Decidimos formar el sindicato porque en Argentina no hay un gremio que abarque a los trabajadores de los distintos medios de plataformas que hay en el país. Es la primera vez que esto ocurre en la Argentina. Estamos buscando con qué sindicato agruparnos pero aún no llegamos a una respuesta concreta. Pienso que no resta fuerza el hecho de que APP esté integrado solo por trabajadores de plataformas. Simplemente que aún estamos en la búsqueda de esa unión entre los trabajadores que cuentan con empleos formales desde hace tiempo y los que trabajamos para empresas de plataformas.  
¿Observan alguna actitud de la empresa por haberse agremiado? 
–La actitud de la empresa ha sido muy agresiva. La última vez que nos movilizamos a las oficinas con el apoyo de la CTEP pedimos una reunión e ingresó nuestro secretario general, nuestro asesor legal y el secretario de la CTEP. Los ejecutivos de Rappi nunca dieron la cara y enviaron a tres empleados administrativos de la empresa a dialogar con nosotros. 
¿Corren riesgos de perder el trabajo por pertenecer al sindicato de APP o el hecho de estar agremiados les da mayor seguridad? 
–Sí. Ocurrió con aquella manifestación, puntualmente. Al no recibir respuestas sobre nuestros reclamos, decidimos retirarnos. Más tarde nos conectamos con la plataforma para trabajar y nos encontramos con que, sorpresivamente, la junta directiva provisoria de APP había sido bloqueada. Es decir que virtualmente despidieron a sus miembros en represalia por la movilización que se había realizado esa mañana. Cuando les preguntamos por el motivo de esa decisión, la respuesta que nos dieron fue que éramos parte de una lista que había realizado una de las autoridades de la empresa. Entendemos que esta empresa actúa bajo un marco de ilegalidad porque no respeta a los trabajadores agremiados; le tienen miedo a la organización de los trabajadores. 
¿Qué respuestas han encontrado desde el Estado a partir del reclamo del sindicato?  
–Hace algunos meses nos movilizamos a la Secretaría de Trabajo de la Nación y presentamos la inscripción del sindicato. Aún no hemos recibido ninguna respuesta concreta. Queremos que nos den respuestas porque no podemos permitir que estas empresas sigan imponiéndose en nuestra forma de trabajar. Nos prometieron ser nuestros propios jefes y nos sentimos esclavos. Como respuesta, me parece importante aclarar que hace poco la Justicia Nacional del Trabajo ordenó a la empresa Rappi que reincorpore inmediatamente a un grupo de trabajadores de la APP que habían sido bloqueados luego de aquella reunión con la empresa en ocasión de nuestro reclamo por seguridad laboral. Es un paso histórico para los trabajadores de plataformas. Tenemos que soportar horas interminables de trabajo sin protección porque las aplicaciones dicen que no estamos trabajando. Nos organizamos sindicalmente para reclamar por nuestros derechos y esta es la primera vez que nos reconocen como lo que somos. Sufrimos despidos arbitrarios, nos hacen caer como moscas en una pantalla. Este es un antecedente importante porque ahora sabemos que tenemos derecho a reclamar lo que nos corresponde.
Fuente:Pagina/12

miércoles, 10 de abril de 2019

No pague la luz


El malestar con las tarifas aumentadas por Mauricio Macri es notorio. Figura en todas las encuestas y está al tope de todos los reclamos. Fue una de las banderas de la movilización del 4 de abril en todas las plazas del país. El misterio es por qué el malestar no se convierte en protesta organizada. En un hecho colectivo. Por ejemplo, en un llamado a no pagar la luz.
Hay un antecedente de pueblada en torno de las tarifas. La consigna fue simple: “No pague la luz”. Estaba escrita sobre cartelitos pegados en las vidrieras de toda Mendoza y representó uno de los momentos más luminosos de lo que pasó a la historia como el Mendozazo.
Los “azos” fueron las rebeliones populares que comenzaron con el Cordobazo del 29 de mayo de 1969, del que muy pronto se cumplirán 50 años.
El gran factor de irritación que provocó el Mendozazo, desplegado entre el 4 y el 7 de abril de 1972, hace 47 años, fue un aumento del 300 por ciento en las tarifas de electricidad de la provincia.
Contra la suba brutal marcharon los maestros y los gremios de la Confederación General del Trabajo. También se acoplaron los chacareros. Hubo represión con muertos y heridos.
La agencia de noticias de la Universidad de Cuyo recordó que Leonardo Torino y Analía Profera filmaron un documental, “Mendozazo”. También citó el testimonio de Juan Moyano, electricista, que fue uno de los miles de manifestantes reunidos en el centro de la capital. Contó Moyano: “La crisis era total, la producción no tenía precio, y los agropecuarios estaban desesperados. En las marchas se tiraba la uva, la fruta, porque no se podía vender”. Cualquier semejanza con los verdurazos de este año no es simple coincidencia.
En 1972 gobernaba el general Alejandro Agustín Lanusse, cabeza del tercer y último turno de la autodenominada Revolución Argentina. Había comenzado en 1966 con Juan Carlos Onganía y seguido con Roberto Marcelo Levingston. Ese ciclo militar terminaría el 25 de mayo de 1973.
En dictadura no hay válvula de escapa ni instituciones que canalicen el reclamo social. ¿Será ésa la explicación de por qué un aumento del 300 por ciento generó la decisión colectiva de no pagar la luz y en cambio hoy, en democracia, con un aumento del dos mil por ciento desde 2015, no hay nada parecido?
Las centrales sindicales están organizando un paro para este mismo mes o para mayo. Incluso los dirigentes más moderados sostienen que, si no hay paro, los gremios deben continuar con la protesta. Las organizaciones que nuclean a las pymes como CGERA, la Confederación General Empresaria de la República Argentina, participan con una presencia cada vez mayor en las reuniones y en las manifestaciones callejeras. Es permanente la queja de usuarios hogareños, empresarios y comerciantes sobre el ataque simultáneo de todos los servicios contra el único bolsillo que tiene cada uno, como dice gráficamente el intendente de San Martín Gabriel Katopodis. La discusión que le encanta al Gobierno, sobre si era necesario o no actualizar tarifas, quedó vieja. La polémica hoy es si una carnicería o un bar pueden pagar la luz, el gas y el agua, además de los impuestos, y subsistir cuando además no hay consumo.
¿Será ilegal hacer un llamado a no pagar la luz? ¿Patricia Bullrich cerraría un comercio que copie el cartelito de los mendocinos? ¿O es que, simplemente, a nadie se le ocurrió?
Fuente:Pagina/12

CONICET:Mientras Macri desfinancia al Conicet, el mundo lo reconoce

Está mejor calificado que la NASA

Mientras avanza el ajuste sobre la ciencia y la tecnología, mientras el gobierno de Mauricio Macri reduce el presupuesto del sector y restringe el ingreso de investigadores, con la comunidad científica en la calle para rechazar las políticas de Cambiemos, las mediciones internacionales destacan la calidad de la ciencia que produce el sistema público en Argentina. Esta vez, el reconocido ranking global Scimago ubicó al Conicet entre las mejores instituciones públicas de investigación científica del mundo, incluso por sobre la NASA.
Scimago es un conglomerado de instituciones científicas y universitarias de España y, desde 2009, realiza un relevamiento de la producción de conocimiento científico a nivel mundial. Para hacerlo, toma en cuenta indicadores de resultados de investigaciones, indicadores de innovación y su impacto social, y a partir de esos datos genera diferentes listados de instituciones.
En el ranking de este año, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) se ubica en el puesto número 21 entre 1391 instituciones estatales de investigación de todo el mundo. En el puesto número 22 figura la National Aeronautics and Space Administration, la NASA de los Estados Unidos. El ranking es encabezado por la Academia China de Ciencias y segundo se ubica el Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) de Francia. La lista completa se puede consultar en https://www.scimagoir.com/rankings.php?sector=Government.
Fuente:Pagina/12

martes, 9 de abril de 2019

Una politíca de ciencia ficción


Los científicos resisten la decisión oficial de dejar fuera del sistema a dos mil doctorados formados por universidades públicas. “Barañao es un cínico”, criticó el reconocido biólogo molecular Alberto Kornblihtt el ocultamiento que hace el ministro de la reducción del presupuesto
Los investigadores exigen la renuncia de Lino Barañao, secretario de Ciencia. 
Imagen: Guadalupe Lombardo
Los resultados de la última convocatoria a ingresos al Conicet alarmaron a la comunidad científica: tan solo el 17,7 por ciento de los postulantes lograron acceder a la Carrera del Investigador Científico (CIC), lo cual, implica que dos mil doctores se quedaron afuera del sistema luego de haber sido formados durante más de diez años por instituciones públicas argentinas de calidad. Como es natural, ante este escenario, las tintas se cargan sobre Lino Barañao, el máximo representante del área que, durante los últimos días protagonizó escenas mediáticas desafortunadas al desligarse de sus culpas y ocultar las cifras oficiales que son bien conocidas y dominan el pulso del sector. “Barañao es un cínico. No puede decir que no sabe cuál es el porcentaje del PBI destinado a ciencia y técnica. El porcentaje es del 0,256 por ciento, lo sabemos con una precisión de tres decimales. No puede decir nunca que lo desconoce. En 2015 estábamos en 0,35 por ciento y era bajo, pero ahora estamos peor”, describe Alberto Kornblihtt, doctor en Ciencias Químicas por la Universidad de Buenos Aires e investigador superior del Conicet.


De igual manera lo considera Miguel Leone, delegado de la Red Federal de Afectados por el ajuste sobre el Conicet, y referente de la concentración que este miércoles los científicos realizarán en el ex Ministerio de Ciencia. “Barañao es el primer responsable de todo esto. No hay justificación posible, él es la máxima responsabilidad del área. Pedimos su renuncia, de hecho, solo exigimos el curso natural de las cosas. Él firmó el Plan Argentina Innovadora 2020 durante el kirchnerismo, por el cual hoy deberían estar ingresando 1366 investigadores y ya vemos lo que ocurre”, plantea.
Para poder comprender estos números es necesario revisar la historia. El Plan Argentina Innovadora 2020, presentado en 2013, preveía un crecimiento anual del 10 por ciento de los ingresos de científicos al Conicet, con el objetivo de que Argentina pudiera acercarse a los estándares internacionales (respecto de la cantidad de científicos por habitante). Así, para este 2019 tan solo entraron 450 personas cuando deberían haberlo hecho 1366. En paralelo, a este fenómeno se sumó otra variable más: durante el último tiempo el Estado estimuló la formación de estudiantes en posgrados a partir de la creación de becas. Desde 2012 hasta la actualidad 8461 culminaron su doctorado; individuos que, como puede advertirse, hoy no tienen espacio.
De esta manera, es posible observar cómo un Estado que invirtió durante muchos años para formar cuadros intelectuales de excelencia en las más diversas disciplinas, a partir de la gestión de Mauricio Macri en el Ejecutivo Nacional, bloquea las salidas y les da la espalda. Como golpe de efecto, se produce la merma de repatriaciones (los científicos del exterior ya no quieren regresar) y se incentiva la fuga de cerebros (pues, muchos de los que están, ante la falta de posibilidades, también planean emigrar). 
“La situación general del sistema científico y tecnológico se caracteriza por un desfinanciamiento agudo. Si uno compara lo que se gastaba en el área en 2015 respecto de la actualidad, estamos afrontando un 40 por ciento de reducción. Los investigadores no tienen fondos para trabajar, no hay plata para equipos, computadoras ni libros”, señala Jorge Aliaga, ex decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Y luego completa: “Los que tienen trabajo poseen sueldos muy deprimidos y cada vez más pibes se quedan afuera. De repente, a los becarios se les cierran todas las ventanillas que estaban abiertas y en paralelo se reducen a la mitad los ingresos al Conicet. Se forma un embudo, un cuello de botella que se transforma en una tormenta perfecta”, completa.
De la misma manera lo comprende Kornblihtt: “El número de vacantes ya se conocía (450), pero lo que resulta muy decepcionante es saber el número de postulantes. Se deja afuera a mucha gente muy bien capacitada cuando tampoco hay tantas alternativas; la pequeña y la mediana industria están en bancarrota”, apunta. Y, luego, remata con una experiencia individual que lo toca bien de cerca: “Presenté a un investigador que hizo 7 años de posdoctorado en Estados Unidos, con muy buenos trabajos publicados y no ingresó. Está muy desilusionado porque tenía buenas chances de trabajar en el exterior y quiso volver, pero el Estado le cierra sus puertas”. 
De este modo, el Conicet no tiene presupuesto suficiente para crear nuevas líneas de desarrollo y tampoco le alcanza para mantener las vigentes. No solo los becarios se quedan sin posibilidades, sino que los que se encuentran consolidados en el campo y son investigadores de carrera cuentan con muy pocos recursos para poder llevar adelante sus trabajos. “En 2016 ya hubo un serio ajuste de los ingresos pero muchos pensaban que ello serviría para que el Conicet mejorara su dinámica porque habría más dinero para funcionamiento. Ahora, en 2019, nos damos cuenta de que no se cumplió ni una cosa ni la otra. Los que ya estamos adentro también estamos mucho peor”, dice Kornblihtt que, como si fuera poco, pese a haber sido escogido por sus pares para formar parte del Directorio del Conicet, aún no fue designado por el Poder Ejecutivo Nacional. Algo similar le ocurrió a Roberto Salvarezza, hoy diputado nacional por la Provincia de Buenos Aires. 
Guadalupe Lombardo
Los investigadores exigen la renuncia de Lino Barañao, secretario de Ciencia.
En este marco, este miércoles los científicos se movilizarán al Polo Científico-Tecnológico y se concentrarán allí cerca de las 12 del mediodía. Asistirán las columnas de diversas agrupaciones y gremios del sector, como la Red Federal de Afectados, ATE Conicet y Jóvenes Científicos Precarizados, que reclaman por la parálisis del Conicet (y de las demás instituciones del sector), la disminución de los ingresos a la Carrera del Investigador y la baja en los salarios. El evento coincidirá con el Día del Investigador Científico, que se conmemora todos los 10 de abril como aniversario de la fecha de nacimiento (en 1887) del Premio Nobel Bernardo Houssay. 
“Nos vamos al exterior con un dolor en el alma porque queremos trabajar en Argentina pero no es posible. Sin embargo, no solo se alienta el exilio a otros países sino también se produce lo que llamamos exilio interno: los científicos se terminan dedicando a otras tareas que no guardan ninguna relación con aquellas para las cuales se prepararon. Algo similar a lo que sucedía en otra época nefasta, el 2001”, afirma Leone, quien se postuló en 2017 a la CIC y no ingresó pese a la doble recomendación del Conicet en la comisión de Sociología. Se volvió a presentar el año pasado y a pesar de obtener una calificación muy alta (91,96/100) otra vez quedó afuera. 
A 47 años del fallecimiento de Houssay sus frases hacen eco y rebosan de actualidad. Será necesario, una vez más, leer al maestro: “La disyuntiva es clara, o bien se cultiva la ciencia y la investigación y el país es próspero y adelanta, o bien no se la practica debidamente y el país se estanca y retrocede. Los países ricos lo son porque dedican dinero al desarrollo científico-tecnológico y los países pobres lo siguen siendo si no lo hacen. La ciencia no es cara, cara es la ignorancia”.
Fuente:Pagina/12

miércoles, 3 de abril de 2019

Elogio de Taty Almeida


Imagen: Leandro Teysseire
En abril de 1977, los golpistas del 24 de marzo, civiles y militares, podían mostrarse satisfechos. Luego de golpear muy duramente a la  guerrilla y a la militancia social e imponer sus condiciones a los partidos políticos, la dictadura sostenía que la subversión estaba en retirada. Los grandes medios y la gran mayoría del empresariado respaldaban la política que había bajado brutalmente los salarios. Como, además, la jerarquía católica había legitimado la tortura en un increíble documento, no se veía ninguna amenaza seria aunque las noticias del horror comenzaban a generar reacciones en el mundo.
En este contexto irrumpieron las Madres buscando a sus hijxs. Era difícil comprender la audaz decisión. ¿Podrían tener éxito frente a los vencedores de una guerra, nombre que ellos preferían al más adecuado de carnicería? Pocos meses antes, Rodolfo Walsh había señalado la necesidad de enfrentar de otro modo a la dictadura. Se pronunciaba contra los grandes aparatos y las operaciones espectaculares y abogaba por una resistencia, a la medida del pueblo, que tomara conciencia del tremendo golpe recibido. Sin conocer estas recomendaciones, las mujeres de la Plaza actuaban en esa línea. Las Madres resistieron sin advertirlo, gradualmente conformaron un colectivo y, sin olvidar a su desaparecidx, terminaron reclamando por todxs lxs hijxs. Su perseverancia las convertiría en símbolo. También en un sujeto político central.
Ninguna teoría lo había previsto. Pudieron hacerlo porque su reclamo era el más elemental, pero el más difícil de responder. Con la guerrilla diezmada y sin posibilidades de movilización, las Madres insistieron con su presencia obstinada. No les fue ahorrado ninguno de los agravios y sufrimientos de un Vía Crucis cargado de indiferencia y vejaciones, que no excluyó el secuestro de Azucena Villaflor, Esther Careaga y Mary Bianco,  golpe brutal que no disuadió a las demás Madres. Cada una encontró fuerza en las otras para seguir adelante, decisión realimentada a diario por el recuerdo del ser querido. Taty Almeida no olvidó el poema que le dedicó su hijo Alejandro:  Si la muerte me sorprende/de esta forma tan amarga, …/dejaré el aliento, el último aliento,/para decir te quiero.”
Los represores reaccionaron llamándolas locas. No había razones para eso: Eduardo Galeano con bellas palabras puso a las Madres como ejemplo de salud mental,  porque se negaron a olvidar en tiempos de amnesia obligatoria. Sin embargo, como ocurrió con otros insultos dirigidos contra el movimiento popular, locas se transformó en un emblema que Taty repite con orgullo: “A pesar de los bastones, las locas seguimos de pie”.
Hija de un alto oficial de Caballería, y rodeada por otros familiares que revistaban en el Ejército o la Aeronáutica, relacionada con Galtieri, Camps y Agosti, Taty, confiesa haber sido muy antiperonista: “hasta los 45 años –dice– yo vivía en una burbuja”.  Por eso era más fácil engañarla. Harguindeguy le dijo que no tenían información de Alejandro, agregando con tono confidencial: “no podemos hacer nada señora, los que secuestran son los peronistas”. En esa escuela de la burla y la humillación se formaron las Madres. 
El Juicio a las Juntas fue un avance notable pero, no aportó muchos datos sobre el destino de lxs desaparecidxs. Las leyes de Punto Final y Obediencia Debida cerraron el camino. Con los indultos, fundados en un  discurso de reconciliación que no tuvo mucha recepción de la sociedad, se completó el círculo de la impunidad. Se inicia entonces uno de los períodos más difíciles. Menem ganaría aún tres elecciones más. ¿La mayoría de la población apoyaba la política de denegación de justicia? No necesariamente, pero los organismos nunca renunciaron a la continuación de los procesos. En esos años, desde las Madres Línea Fundadora, Taty participa en iniciativas como el Procesamiento de los genocidas en el exterior y los Juicios por la Verdad.
En diciembre del 2001, entre las razones de la decepción popular, la impunidad de los genocidas no fue la menos importante. En momentos de fuerte cuestionamiento a partidos, empresarios y sindicatos, el movimiento de Derechos Humanos obtuvo un verdadero liderazgo moral. Eso facilitará a Néstor Kirchner las audaces decisiones que llevarán a la nulidad de las leyes de impunidad, la reanudación de los juicios y la creación de los Espacios de Memoria. Los reclamos de los organismos, enriquecidos en los ‘90 con el aporte de HIJOS, se convirtieron en prioridad de la agenda y núcleo central del discurso oficial.  En esos años, nos acostumbramos a ver a Taty en todas partes, en la ex ESMA, en la Plaza, acompañando a los sobrevivientes en los juicios, llevando a  los conflictos su abrazo solidario, reivindicando a Alejandro y a sus 30000 compañerxs desaparecidxs. 
Vivió como una pesadilla la reaparición de los discursos negacionistas,  la represión a los movimientos sociales, las transferencias groseras de recursos a los grupos privilegiados o la subordinación sin condiciones a los Estados Unidos, impensada en tiempos de la Unasur. Lamentó más de una vez que el giro reaccionario la encontrara en una etapa avanzada de la vida. Sin embargo, no dudó. Recorrió el país, peleó por la libertad de Milagro Sala, contestó los desatinos de más de un funcionario y exhortó a luchar –excluyendo siempre el recurso a la violencia– contra este neoliberalismo autoritario que, elegido en las urnas, reiteraba políticas y discursos de la dictadura. 
El Movimiento de Derechos Humanos ha sido actor fundamental en el logro  de una excepción argentina que el mundo admira: la capacidad de juzgar a los genocidas. Además, los organismos tuvieron mucho que ver en la gestación de una  Memoria que, rechazando la teoría de los dos demonios y los discursos sobre una falsa reconciliación, plantea que los grandes crímenes contra la Humanidad no se explican sólo por la perversidad de sus perpetradores sino que tienen raíces en la historia y la sociedad. Por eso aquella compulsión de las Madres por buscar a sus hijxs se convirtió en solidaridad con todos los dolores de la patria y del mundo, en un compromiso de emancipación. 
Esa lucha se inscribe en la historia de las mujeres que pelearon por la igualdad de derechos, Evita y otras. Hoy, esta tradición recibe la contribución invalorable del Movimiento Ni Una Menos que recoge el ejemplo de las Madres. Quizás no haya muchas coincidencias entre el perfil adusto que Taty y sus compañeras tuvieron que  adoptar  y la presencia transgresora e irreverente del movimiento que hoy sacude a la sociedad argentina. Pero, más allá de las apariencias, hay una identidad esencial, la disposición a luchar por la vida y los derechos y una clara actitud de insumisión frente al poder. 
* Versión resumida del Elogio leído en la entrega a Taty Almeida del Doctorado Honoris Causa por la Universidad Nacional de las Artes.
Fuente:Pagina/12

Bullrich aterroriza a todo el país con sus montajes “antiterroristas”

La enemiga pública Nº1
 
El último atropello fue la detención de una pareja de arquitectos chilenos, que participaron en las actividades que rodearon al Congreso de la Lengua en Córdoba, confundiendo material de su presentación con explosivos. Al mismo tiempo, deportó al equipo de Pakistán que venía a jugar el Mundial de Futsal
Imagen: Gabriel Min
Una pareja de encumbradísimos arquitectos chilenos, que fueron invitados por la Universidad Nacional de Córdoba a participar de un taller en el marco del Congreso Internacional de la Lengua Española, fue detenida en un hotel del barrio de Palermo en un operativo conjunto entre la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y la Gendarmería, acusados de formar una célula anarquista que pretendía realizar un atentado contra el congreso. La detención, promocionada efusivamente como otro golpe a la inseguridad por la maquinaria de prensa de las fuerzas de seguridad encabezadas por Patricia Bullrich, navega entre las olas de la paranoia y los vacíos conceptuales. Los policías confundieron una caja que formaba parte de una intervención callejera que la pareja de arquitectos había llevado expresamente al taller en Córdoba, con lo que la inteligencia (sic) antiterrorista imaginó un explosivo: contenía dos bafles, un grabador y un cable que los conectaba. La pareja, todavía sorprendida y sin siquiera tener a mano el número de un abogado, fue trasladada de inmediato a Córdoba, y quedó alojada en la alcaidía de los tribunales federales para ser indagada hoy. El caso, denunciado en las redes por una amiga de la pareja chilena, cambió el tono policial de la información publicada en algunos medios sin chequeo y derivó en un escándalo internacional con intervención del Consulado chileno y un sinfín de denuncias y burlas a Bullrich que recorrieron las cuentas de Twitter.
Gabriela Medrano Viteri y Felipe Zegers, los arquitectos detenidos.
La primera información que tomó estado público fue la difundida por la PSA en su cuenta de Twitter el lunes pasado, en la que decía: “Este #Domingo, junto a @GendarmeriaNacional detuvimos en #Palermo #CABA a una pareja de Chilenos proveniente de la ciudad de Córdoba buscada por haber dejado un artefacto explosivo en un hotel.” Como queda evidenciado en el informe, la PSA dio por hecho que se trataba de un explosivo. Información proveniente de otra fuente policial desconocida impulsó a algunos medios a indicar que se trataba de “un artefacto explosivo –un detonador sin su carga–”, es decir, un oxímoron del terrorismo, un explosivo que no explota porque no tiene explosivo, pero con bafles, cable y grabador, lo que dejaría en la cornisa de la peligrosidad y de las alcaidías federales a millones de usuarios.
La pareja de detenidos, Gabriela Medrano Viteri y Felipe Zegers, son reconocidos arquitectos chilenos. Medrano Viteri fue responsable del proyecto del Teatro Bio Bio, premiado en un concurso internacional de diseños en Londres. Zegers es creador de @HechoenCasaFest, un festival reconocidísimo en la región por sus intervenciones urbanas. Precisamente de las intervenciones urbanas es donde se genera la burda intervención de las fuerzas de Bullrich. La pareja ya había presentado en Santiago de Chile el dispositivo que consta de “unos parlantes que se colocan en lugares públicos, con una batería y un grabador conectado a los parlantes por medio de cables         –describió a PáginaI12 Carolina Ortega, una indignada amiga de Medrano Viteri, quien participó incluso en la intervención en Chile–. Desde allí, el dispositivo difundía un mensaje en el que se lee la Declaración Universal de los Derechos Humanos, pero en lenguaje inclusivo. En la caja que encontraron creo que no tenía la batería”.
La pareja había sido invitada a un taller en un contracongreso en el marco del CILE, que se daría el sábado de 10 a 14 en el Pabellón Francia de la Universidad de Córdoba, y en el que se trataría precisamente la cuestión de las intervenciones. Terminado el taller la pareja se alojó en un hotel en Córdoba, donde dejó, dentro de una caja roja, el dispositivo de la intervención, y el domingo viajó a Buenos Aires, se alojó en el hotel Casasur Bellini, en Palermo. “El domingo nos llamaron para avisarnos que estaban en el hotel, para encontrarnos en un bar en República Arabe Siria y Gutiérrez –explicó Ortega a este diario–. Ellos volvían a Santiago el lunes y por eso volvieron a Buenos Aires el domingo, y nosotros teníamos que ir a un casamiento en Santiago y nos íbamos a alojar en su casa”.
Ortega fue la primera en difundir en su cuenta de Twitter la historia no oficial, poniendo en duda y en alarma las definiciones de la máquina de difusión ministerial. “Quedamos en vernos a las 19 en el bar, a dos cuadras del hotel donde estaban. Nunca llegaron, los llamamos a los celulares, llamamos al estudio en Santiago para ver si tenían noticia. Al final, el lunes nos fuimos a la comisaría para averiguar. Ahí buscaron, chequearon, les di el número de documento de mi amiga para ver si tenían datos, los números de celulares, pero hicieron la búsqueda y nos dijeron que nos tranquilicemos, que no estaban en ningún hospital. Y nos recomendaron que esperáramos unas horas para presentar una denuncia de búsqueda de paradero porque si la hacíamos en ese momento les podíamos complicar la entrada en Chile.”
La caja de la intervención urbana hecha detonar por la policía antiterrorismo.
Pero el mismo lunes, un amigo desde Santiago de Chile le avisó a Carolina Ortega que había recibido un llamado de Zegers en el que le avisaba que los habían detenido. El amigo reenvió a Carolina el link de una nota en la que se informaba sobre la detención de la pareja chilena aunque sin consignar sus datos. “Los detuvieron! los acusan de terroristas! estamos todos locos!”, le dijo el amigo. Inmediatamente Ortega comenzó a difundir la otra historia, la no oficial, en su cuenta de Twitter. “Llamé al Consulado chileno en Córdoba y ahí me dijeron que iban a presentarse en el juzgado.” Las notas periodísticas decían que se habían ido sin pagar el alojamiento en Córdoba, y el dueño del hotel hizo la denuncia, motivó la intervención policial y detectaron la caja con el supuesto artefacto explosivo sin explosivo que hicieron detonar preventivamente. Por medio de rastreo de celulares y cámaras, la pareja fue detectada en Palermo. Y se cursó la orden de detención en el que intervinieron las fuerzas de Bullrich.
“No se fueron sin pagar de ningún lado, ni hubo denuncias de ningún hotelero –desmintió Carolina–. La caja no sabemos por qué la dejaron porque todavía no pudimos hablar. Están incomunicados. Supongo que o se la olvidaron o durante el taller alguien les pidió que la dejaran para organizar una intervención en Córdoba”.
Carolina Ortega inició su denuncia en su cuenta de Twitter: “Les voy a contar una historia que parece de película...” Los protagonistas pasaron tres noches detenidos en la alcaidía federal de Córdoba y aguardan a ser indagados, hoy, por el juez federal Hugo Vaca Narvaja.
Fuenet:Pagina/12

martes, 2 de abril de 2019

Malvinas, una ráfaga de viento

Imagen: Daniel García
Como una ráfaga de viento patagónico, cuando llega esta fecha, los recuerdos  me transportan a aquellos días vividos con tanta intensidad en el otoño de 1982. Me acerca una vez, más a los sentimientos y recuerdos más profundos de esa parte de mi vida. Malvinas se nos hizo eterna en el interior de cada uno de los que estuvimos allá. No sólo por lo vivido durante el conflicto bélico, sino lo que vino después, tras el regreso, dando lugar al nacimiento de una nueva lucha en el interior de cada uno de los soldados que estuvimos combatiendo en la islas. Pero también nos sirve para analizar el presente lleno de contradicciones.
En estos días y después de 37 años el Estado argentino y la Cruz Roja Internacional (CRI), con la participación del Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), lograron la identificación de los cuerpos de los queridos compañeros caídos que estaban enterrados sin nombres propios en medio de la soledad del cementerio de Darwin. Ver las imágenes de los familiares junto a las cruces de sus seres queridos tiñe de gran emoción estos días de conmemoración y reflexión sobre aquella guerra.
El proyecto de identificación de las tumbas comenzó hace 11 años, por iniciativa de organizaciones de veteranos como el Centro de Excombatientes Islas Malvinas de La Plata, acompañados por referentes como el Juez Alejo Ramos Padilla e impulsada por decisión de la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner.  
Luego el 2 de abril de ese mismo año, desde el monumento de Malvinas en Ushuaia, la entonces jefa de Estado anunció que había solicitado a la Cruz Roja Internacional su colaboración para que los N.N. fueran identificados. Un año después, 91 familiares ya habían dado su conformidad para los estudios de ADN  correspondientes. Casualmente, el gobierno británico dilató los tiempos para dar una respuesta de ayuda humanitaria. Con el cambio de gobierno, Gran Bretaña accedió a este reclamo y finalmente ambos países acordaron el inicio de las tareas el 20 de diciembre de 2016.
Entre tanto, recuerdo las agresiones recibidas por Adolfo Pérez Esquivel; Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo; ex combatientes y otros referentes de derechos humanos a su regreso de un viaje a las Islas, como parte de la campaña para darles nombre y apellido a esos compañeros. Entre gritos e insultos se los atacó acusándolos de vende patria, traidores y cipayos, sin justificación. Esta iniciativa de visitar Malvinas, de la Comisión Provincial de la Memoria, tampoco recibió ninguna mención en estos días.
 De todas formas, el reciente viaje de los familiares es un sueño cumplido y una caricia a la vida. Cerró una asignatura pendiente y es un reencuentro necesario con esta parte importante de sus historias. 
 Pero la lucha por la soberanía es continua y esto nos fortalece para seguir adelante con la cuestión Malvinas, a pesar de que el gobierno de Mauricio Macri, con su política exterior de entrega sólo desmalviniza, el acuerdo firmado el 13 de setiembre de 2016, entre Susana Malcorra, ex Canciller argentina y Alan Duncan, vice canciller británico a las escondidas, sólo buscó satisfacer los pedidos de la Corona Británica en temas como explotación de recursos, pesca, hidrocarburos o vuelos aéreos, sin ningún beneficio para el pueblo argentino ¿Por qué no insistir una y otra vez en el justo reclamo de soberanía que tiene nuestro país desde 1833 y que es avasallada por la posesión colonial de Gran Bretaña? 
 El gobierno de Mauricio Macri pareciera que sólo defiende la posibilidad de hacer negocios con el Reino Unido, cede este monopolio a los intereses británicos y se olvida de mantener el reclamo en los foros internacionales. Pero por historia y por derecho, defender la soberanía es una cuestión de Estado que supera el tiempo y los vaivenes políticos que atraviesa el país.
Se colocó una vez más “bajo un paraguas” la discusión de la soberanía de las Islas, como lo establece desde hace más de 50 años la resolución 2.065 de las Naciones Unidas. La política exterior de nuestro país vuelve a buscar relaciones carnales con Gran Bretaña, escondiendo el justo reclamo y olvidando el respaldo internacional que tuvo hasta hace poco tiempo atrás. Mientras que, el representante del Reino Unido ante nuestro país, Mark Kent, es un hábil diplomático que trabaja intensamente para “Falklanizar” Argentina y la región. 
Es en este orden, que la embajada británica auspició, en el hotel Sheraton en diciembre de 2018, los premios Fopea a la supuesta investigación del periodismo “independiente” argentino, donde por acción u omisión no se hizo referencia al cierre de numerosos medios de comunicación y de los 3.500 periodistas despedidos. Mientras el Reino Unido “Falklaniza”, el Gobierno de Mauricio Macri actúa en complicidad facilitando, con total impunidad, el avance británico sobre nuestro territorio austral marítimo y las riquezas de nuestro mar y suelo austral.
  En nuestro territorio permanece la base de Mount Pleasant con casi 2 mil efectivos que custodian y controlan con su armamento, aviones, barcos y un submarino nuclear nuestro mar austral y los pasajes bioceánicos. Con total premeditación miran hacia el sur, pretendiendo el control de todas las riquezas de nuestras aguas y el territorio Antártico.
  Malvinas es un lugar de pertenencia para el pueblo argentino y vive en cada rincón de mi país. Lo vemos cuando las Islas aparecen en remeras, tatuajes, muros, banderas, hinchadas de fútbol, monumentos, sindicatos y escuelas. Hoy vuelvo a pensar en las contradicciones de nuestra historia, de una guerra impulsada por una dictadura cívico-militar en decadencia que utilizó un legítimo reclamo y cómo una y otra vez se intenta esfumar la verdad por quienes prefieren ignorar o callar lo que nos pasó y nos pasa para llevarlo a un plano individual o a un modelo conservador. Pero una sociedad jamás será justa si no ejercita la memoria, si no se piensa y reformula su pertenencia y esto exige una tarea cotidiana. En definitiva Malvinas es una inmensa historia de amor escrita con el corazón que conlleva a nuestra propia historia como Nación.
* Periodista, docente en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP y ex conscripto combatiente en Malvinas.
Fuente:Pagina/12

lunes, 1 de abril de 2019

Ciencia cero


El programa Raíces, creado por el gobierno anterior para repatriar científicos, logró hasta 2016 el retorno de casi 1300 investigadores, a un promedio de 102 por año. Con el macrismo, en 2017 y 2018, sólo regresaron seis. Y muchos emigraron de nuevo. Dos biólogos que volvieron a irse cuentan su experiencia
Una protesta de científicos en la era macrista por el recorte de presupuesto en el sector.
Una protesta de científicos en la era macrista por el recorte de presupuesto en el sector. 
Imagen: Leandro Teysseire
Gracias al programa Raíces, impulsado por los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner, entre 2003 y mediados de 2016 fueron repatriados 1299 científicos, que se distribuyeron en dependencias públicas y privadas. Hubo entonces un promedio de 102 investigadores que volvían por año. Desde la asunción de Mauricio Macri, la caída fue abrupta. Las cifras muestran el lugar residual en que fue colocado ese plan durante la gestión Cambiemos. En 2017, los repatriados fueron dos y en 2018, cuatro. Ahora, los científicos que están afuera extienden sus estadías por tiempo indeterminado, algunos de los que retornaron al país ya volvieron a emigrar y los jóvenes que no tienen oportunidades aquí evalúan marcharse.
Adrián Pérez
Una protesta de científicos en la era macrista por el recorte de presupuesto en el sector.
A fines de 2001, la situación parecía irreversible. El país estaba quebrado y los horizontes de progreso se difuminaban. El 25 por ciento de los argentinos no tenía empleo y, aproximadamente, un millón de personas compró pasajes al exterior en busca de salidas de emergencia. Muchos de ellos eran científicos, como Rolando González-José. Aunque hoy es investigador principal del Conicet y director del Instituto Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas, se fue a fines de los ‘90 para seguir su profesión en Europa. “En 2003 me enteré de Raíces porque un colega estaba haciendo los trámites para volver. Regresé porque se abría un proceso político más interesante del que se venía experimentando. Néstor Kirchner reconocía a los científicos como nunca lo había hecho nadie; aparecían figuras como Adrián Paenza que nos motivaban mucho a los que estábamos afuera”, comenta el experto en biología, diversidad y evolución en Latinoamérica. 
Una experiencia similar afrontó Leticia Bentancor, que en 2012, luego de vivir en Boston (EE.UU.) y trabajar en la Universidad de Harvard, regresó a Argentina con el programa de repatriación e ingresó al Conicet como investigadora adjunta. “Volví porque quería hacer ciencia en el país y estaban dadas las condiciones. No buscaba trabajar afuera, me parecía injusto; debía devolver al Estado tantos años de educación pública brindada. Raíces, en aquel entonces, facilitaba los pasajes en avión y los costos de la mudanza”, explica la especialista del Laboratorio de Ingeniería Genética y Biología Celular y Molecular de la Universidad Nacional de Quilmes.
Leticia Bentancor.
Durante la gestión anterior, se advertía una recomposición del sector que se reafirmaría con la creación del Ministerio (diciembre de 2007) y todas las políticas públicas que robustecieron el área. De hecho, fue tal la impronta de Raíces que el 2 de diciembre de 2008 fue declarado política de Estado y se convirtió en ley. No obstante, como plantea González-José lo que en el pasado era un “efecto llamada”, hoy se constituye en “efecto expulsión”. “La mística laboral que para nosotros es muy importante se cortó: a ningún joven investigador lo vas a convencer de que se va a llenar de guita con la ciencia porque eso no existe. Sin embargo, es muy distinto tener salarios de hambre como tenemos: hay mucho temor de que los pibes se vayan porque en estas condiciones no hay manera de retenerlos. Hoy existe el mismo escenario expulsivo que existía a fines de los ‘90”, apunta. En este sentido coincide Bentancor cuando plantea: “Los que más sufren esta situación son los becarios que recién comienzan a investigar. Con los subsidios congelados, las posibilidades de mejorar los CV desaparecen por completo. Algunos cuentan con diez años de formación, pero este gobierno no les brinda ninguna oportunidad y nosotros vemos cómo se marchan a otros países donde son bien recibidos y aprovechados”. 
Agueda Menvielle fue la mentora principal del programa Raíces. Y aporta un dato que grafica el lugar donde el macrismo puso a la ciencia: “Lo que la gente quizás no sabe es que el Estado no necesita mucho dinero para dinamizar el sector; de hecho, el presupuesto total del Programa en comparación con cualquier otra partida representa apenas unas monedas”.
Rolando González-José.
–Según el sitio oficial, hasta la fecha son 1323 los científicos repatriados. A simple vista es posible advertir una caída abrupta desde 2016, cuando a partir de la gestión de Mauricio Macri comenzó a desmantelarse el sector de CyT.
–Nosotros repatriábamos un promedio de 100 científicos por año. Las redes de vinculación con países como Alemania o Francia (fundamentales en el pasado reciente) están sin respuesta. Existe un desfinanciamiento absoluto. Se advierte en el humor cotidiano de los científicos que al no ser valorados, nuevamente, comienzan a marcharse. 
Fuente:Pagina/12

viernes, 29 de marzo de 2019

Vargas, el fabulador


Imagen: Guadalupe Lombardo
Pocas dudas caben sobre la calidad de Mario Vargas Llosa como narrador. Si bien sus obras más recientes no tienen el mismo espesor literario de las que les precedieron, el peruano sigue siendo un notable escritor. Pero como lo he demostrado en un libro de muy próxima aparición, El Hechicero de la Tribu, su talento como analista político, siendo benévolos diríamos que no supera la mediocridad. Claramente el análisis político no es lo suyo porque ni conoce las teorías y, mucho menos, la metodología; su mundo, en el cual navega con  maestría, es la ficción. Y como él mismo lo ha dicho más de una vez, un escritor es alguien que escribe mentiras que parecen verdades. La elegancia y precisión formal de su escritura,  acompañada a menudo por un énfasis  rayano en el fanatismo cuando trata asuntos políticos o ideológicos, ejerce una poderosa seducción sobre sus lectores.

Embriagado por  su propio discurso Vargas Llosa traspasa con absoluta desaprensión los límites de la ficción, se interna en el análisis político y allí, en ese terreno resbaladizo y por momentos traicionero, descerraja a diestra y siniestra afirmaciones atrabiliarias cuando reacciona ante fenómenos o ideologías políticas que se encuentran en las antípodas de sus creencias.  Por eso, el colombiano César Gaviria, quien fuera Secretario General de la OEA antes de que, bajo la conducción de Luis Almagro, esta institución se hundiera en imborrable ignominia, dijo que  “A veces al leer a don Mario tengo la impresión de que su capacidad de análisis político es proporcionalmente inversa a sus logros literarios, y debería oír con más frecuencia el refrán que a todos nos enseñaron de chicos: "zapatero a tus zapatos". (Cf. El País, España, 18 junio del 2000)
Jamás objetaría que Vargas Llosa manifestase libremente sus opiniones políticas o, como hubiera dicho su amigo Octavio Paz, sus ocurrencias -algo que es preciso distinguir de las ideas. Pero el aire pontifical con que las emite –como si fueran el producto de un minucioso análisis-  y la complicidad de quienes la reciben y reproducen por los medios hegemónicos, convierten en verdades irrefutables un ejercicio groseramente propagandístico por el cual  el narrador se convierte en fabulador. La reciente entrevista concedida a un periodista del diario La Nación de Buenos Aires el pasado 25 de marzo, en ocasión de su visita a este país para participar en el VIIIº Congreso Internacional de la Lengua Española a celebrarse en Córdoba,  lo comprueba sin atenuantes.  Tomaré sólo dos pasajes a título de ejemplo.

 En el primero dice textualmente que "En este momento, la humanidad tiene un privilegio que no tuvo nunca. Los países pueden elegir si quieren ser prósperos o elegir ser pobres. Y las recetas están ahí, probadas. Los países que reforzaron la propiedad privada, la empresa privada, el libre mercado y se abrieron al mundo han avanzado.” 
Si este  disparate fuese cierto habría que concluir -cosa que el peruano no hace-  que por lo menos las cuatro quintas partes de la humanidad está constituida por imbéciles profundos que, en lugar de la prosperidad, prefieren vivir en la indigencia, sin viviendas dignas, sin educación, salud pública, acceso al agua potable y redes cloacales. Como nuestro autor no tiene formación en ciencias sociales ni se le ocurre consultar algunas fuentes insospechadas de estar contaminadas con el virus populista o izquierdista que tanto lo desvelan. Como Oxfam, por ejemplo, quien, en su informe presentado ante la Cumbre de Davos 2019 demostró que “desde 2015, el 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el resto del planeta; que los ingresos del 10% más pobre de la población mundial han aumentado menos de 3 dólares al año entre 1988 y 2011, mientras que los del 1% más rico se han incrementado 182 veces más.”  Y, recordemos, la mayoría de estos países sumidos en la pobreza se vieron forzados a aplicar por el FMI, el BM o sus sucedáneos regionales las políticas libremercadistas y privatizadoras del imperialismo que con tanto ardor publicita Vargas Llosa.

Y al hablar específicamente de la Argentina, el narrador vuelve a fabular cuando sentenció que “este país fue el primero de la región que logró erradicar el analfabetismo. Ahora nadie se acuerda pero se lo propuso y lo hizo. La pregunta es cómo pasó que la Argentina dejó de ser un país próspero. Y la respuesta es simple: eligió el camino de la pobreza.” Dos cosas: la respuesta no es simple sino simplista, que no es lo mismo. Y, además, falsa, en más de un sentido. Fue Cuba, luego de la Revolución, el primer país en erradicar el analfabetismo en Latinoamérica. Y segundo, porque si hubiera tenido la prudencia de consultar las fuentes censales de la Argentina habría caído en la cuenta de que este país, a diferencia de sus tan denostadas Cuba y Venezuela, aún no erradicó el analfabetismo. En los albores del peronismo, el censo de 1947 registraba un 13.6 % de analfabetos entre la población mayor de 10 años.  Es decir que después de casi setenta años de políticas liberales gestionadas por la oligarquía de este país cuando, presuntamente,  argentinas y argentinos habían elegido la prosperidad,  la tasa de analfabetismo seguía siendo considerablemente elevada. Hubo que esperar hasta 1991 para descenderla hasta el 3.7 %, y en el censo del 2010 -ya bajo el gobierno de Cristina Fernández- la tasa llegó a un 1.92 %, que es lo que técnicamente se considera el umbral mínimo para certificar el fin del analfabetismo en un país. Dictamen final: aplazado en análisis político por severos errores metodológicos. Como dijo César Gaviria, “zapatero a tus zapatos”, don Mario. Basta ya de decir mentiras para que parezcan verdades.

martes, 26 de marzo de 2019

Contra la banalización de los problemas universitarios


Bajo el título “Universidad: el 45,5 por ciento de los alumnos aprueba una materia por año”, el diario La Nación reseña el último informe publicado por el Centro de Estudios de la Educación Argentina de la Universidad de Belgrano dirigido por Alieto Guadagni. Se trata de un informe de apenas cuatro páginas que reproduce los cuadros consolidados en los Anuarios Estadísticos del Ministerio de Educación en los que se cruzan la cantidad de estudiantes que se reinscribieron en cada universidad para continuar sus carreras, con la cantidad de materias aprobadas el año anterior.
Únicamente sobre la base de estos datos, el informe arriba a dos conclusiones que son retomadas en el artículo firmado por Soledad Vallejos en el diario La Nación: 1) que aumentó el número de estudiantes que aprobaron una o ninguna materia en un año lo que expresaría “una desmejora general del rendimiento académico de los alumnos de universidades nacionales en la última década”; 2) que el rendimiento académico es más alto en las universidades privadas, aunque estas también registran una desmejora en ese indicador en el período.
Como Rectora de una de las universidades incluidas entre “los peores casos” en un cuadro a todo color que encabeza esa nota, me veo obligada a hacer algunas aclaraciones. En primer lugar, que ese ranking de “los peores”, que no consta en el informe del CEA y que ha sido diseñado especialmente para ser publicado en La Nación, no muestra las universidades con mayor proporción de estudiantes que aprueban menos de una materia ni en 2005 ni en 2015, sino las que mostrarían mayor crecimiento de ese indicador comparando 2005 con 2015. En general, considero que la publicación de ránkings de instituciones educativas es completamente inútil a los fines de pensar seriamente sus problemas o el diseño de políticas públicas y, en tal sentido, me resulta irrelevante sobre qué indicadores se contruyen. Sin embargo, no puedo dejar de señalar que el criterio elegido por La Nación en este caso en particular, le permite incluir entre las peores, a cinco universidades del Conurbano (sobre ocho en total), mientras que si lo hubieran construido siguiendo el criterio de las que acumulan hoy los peores indicadores de aprobación de materias, no hubiera entrado ninguna (de hecho, si se avanza un poco en la lectura del artículo de La Nación, puede encontrarse un párrafo en el que se mencionan universidades que en 2015 superan los datos correspondientes a las incluidas en ese cuadro por más de 20 puntos. Ninguna es del Conurbano).
También debería aclarar que en el caso particular de la UNGS, el dato 2005 que se toma como referencia para mostrar que es uno de los “peores casos” de “desmejora general del rendimiento académico” es un dato evidentemente inconsistente que arrastra un error de la propia fuente del Ministerio de Educación. En efecto, el Anuario de Estadísticas Universitarias de 2005 que reproduce el informe del CEA, consigna para la UNGS que sólo el 2,5 por ciento de sus estudiantes habrían aprobado una materia o ninguna el año anterior y que el 79 por ciento habría aprobado más de 6. Este dato en sí mismo podría no llamar la atención. Sin embargo, lo que resulta difícil explicar es por qué, según la misma fuente, la cantidad de estudiantes de la UNGS que lograron aprobar más de 6 materias en un año cae al 6 por ciento al año siguiente y los que aprueban una materia o ninguna suben a aproximadamente el 50 por ciento, proporciones que, con algunas variaciones, se mantienen a lo largo de la década considerada. Esta fuerte variación debería bastar para reconocer que hay un evidente error en el dato de partida.
Por supuesto no nos sorprende que el diario La Nación, que encabeza una campaña sistemática de desprestigio de las universidades públicas argentinas, publique datos tan evidentemente erróneos y que con ellos construya especialmente un ránking que le permite colocar a la Universidad Nacional de General Sarmiento y a varias del Conurbano entre “los peores casos” de rendimiento académico. Lo que sí resulta sorprendente es que los especialistas en estadística educativa del CEA no hayan advertido un error que salta a la vista con una mirada rápida a su propia fuente de datos, que hayan arrastrado ese error al calcular los datos promedio para la totalidad de las universidades nacionales y que, sobre esa acumulación de errores, afirmen que se registra “una desmejora general en el rendimiento académico de los alumnos de universidades nacionales de gestión estatal en la última década”.  Más sorprendente todavía es que especialistas en estadística educativa consideren que un indicador simple como cantidad de materias aprobadas por año es suficiente para medir “en general” el rendimiento académico de las universidades públicas y privadas, o que omitan justificar la validez de su comparabilidad entre instituciones con regímenes académicos y exigencias evaluativas muy heterogéneas.
Desde ya, podría seguir añadiendo consideraciones técnicas sobre la construcción y el uso de datos estadísticos, pero está claro que la cuestión de fondo es otra. Lo que el artículo de La Nación representa es un ejemplo más de una operación discursiva a la que los tiempos macristas nos tienen acostumbrados y que ya hemos descripto en este diario: se simplifica un fenómeno complejo (el rendimiento académico de las universidades); se introducen algunos datos numéricos (cantidad de materias aprobadas por año); se sigue con alguna clase de comparación con “el mundo” (en la misma nota Guadagni menciona a Francia, Japón, los países nórdicos, México, Colombia, Brasil y Chile) y se presenta una solución como si derivara directamente de los datos iniciales y fuera, además, la única posible. En este caso, seleccionar a quienes ingresan como estudiantes a las universidades.
Como es evidente, la rigurosidad o la validez de los datos que se utilizan en este tipo de montaje, es completamente secundaria. Lo que importa es que entre el dato, cualquiera sea, y la solución, se establezca una relación de necesariedad, como si la restricción del ingreso a la universidad no fuera una posición política sino la única solución posible para mejorar los índices de aprobación de materias por año.
Lo más preocupante para quienes tenemos la responsabilidad de conducir una universidad pública, es que este tipo de argumentaciones sólo simplifican y banalizan los verdaderos problemas que por supuesto atraviesan la formación universitaria. Porque está claro que tenemos un problema con el ritmo de avance en los estudios y las tasas de graduación. Pero no es un problema que se pueda adjudicar a la “poca perseverancia” de quienes estudian en nuestras universidades, como sugiere el funcionario de la Universidad Austral citado por La Nación en esa nota cuando afirma que "brindar a los chicos un mensaje social más exigente sobre el valor del ingreso a los estudios superiores les podría ayudar a aumentar su compromiso y perseverancia". Si algo les sobra a lxs estudiantes de nuestra Universidad, que no son “chicos”, que trabajan extensas jornadas, que no pueden delegar ni pagar el cuidado de sus hijos, que vienen remontando muchas veces trayectorias educativas y vitales muy complejas, es perseverancia. Si algo no necesitan, es más barreras en el acceso a sus derechos para valorar lo que les ofrece la universidad ni para aumentar su compromiso.
Lo hemos dicho más de una vez: los problemas de rendimiento académico de lxs estudiantes universitarios, no se resuelven seleccionando en el ingreso. Eliminar un problema no es solucionarlo. Si creemos que la calidad de la educación recibida en la escuela secundaria incide en las posibilidades de avanzar y graduarse en la universidad, entonces habrá que generar políticas de mejora de la calidad de la educación secundaria, no un examen de finalización del nivel que seleccione a los “mejores” para ingresar a las universidades, tal como propone Guadagni. Las políticas selectivas no mejoran, sólo seleccionan.
El acceso a la universidad, el ritmo de avance en los estudios y las bajas tasas de graduación del sistema universitario son problemas serios que no admiten ni banalizaciones ni operaciones mediáticas. Y no son serios porque expresen, como le gusta decir al Presidente de la Nación, la “ineficiencia” del gasto en las universidades. Son serios porque muestran que no hemos generado aún las condiciones que aseguren, a todos y todas nuestras jóvenes, su derecho a la educación superior. Garantizar este derecho es un problema complejo y es, a mi entender, el problema que debería orientar tanto las políticas institucionales de cada universidad como las políticas universitarias a nivel nacional. Para quienes asumimos el compromiso con el principio de la educación como derecho para todos y todas, los atajos selectivos no son una opción.
Todavía no podemos decir con certeza cuáles son las formas más eficaces de garantizar el derecho de todos y todas las jóvenes que expresen su voluntad de seguir estudios universitarios, pero sí podemos afirmar que desfinanciar las universidades públicas, paralizar el desarrollo de su infraestructura, deteriorar los salarios de sus docentes, disminuir el presupuesto destinado a becas estudiantiles, entre otras medidas que este gobierno viene sosteniendo, seguro van en el sentido contrario.
Rectora de la Universidad Nacional de General Sarmiento
Fuente:Pagina/12

lunes, 25 de marzo de 2019

Cuarenta y tres años


Cuarenta y tres años después, Susana Sastre, sobreviviente del campo de concentración de La Perla, en Córdoba, recuerda: “El 24 de diciembre de 1976, vísperas de Navidad, los militares estaban enloquecidos porque habían detenido a una persona y empezaron a sacar de la cuadra a algunos de nosotros para que la reconociéramos. En el medio, ellos nos habían hecho la promesa de que ese día haríamos una reunión para celebrar la Nochebuena. Llevaron un par de damajuanas de vino, algunas gaseosas, pusieron unas mesas en la cuadra y permitieron a los detenidos que se levantaran y ayudaran en el armado de la ‘fiesta’. A las ocho de la noche entraron a la cuadra varios torturadores, entre ellos Luis Manzanelli y el Nabo Barreiro, muy excitados, transpirados,  corriendo porque se les hacía tarde para ir a festejar en sus casas con sus familias. Yo no me quería levantar de mi colchoneta. Me parecía que no podíamos hacer un festejo ante tanta muerte. Pero se acercó Tomás Di Toffino y me dijo: “Participá porque tenemos que estar todos juntos, quizás ésta sea la última vez que lo hagamos. La verdad que tenía razón, así que me levanté y me uní al grupo en algunos chamamés que los gendarmes cantaban a coro con un par de guitarras. Pero no sabíamos quién era esa compañera que había quedado ahí, en la sala de torturas, tendida y abandonada porque ellos se tenían que ir a festejar a sus casas”
Esa mujer, luego se supo, era Herminia Falik, trabajadora del calzado y militante del PRT. Fue detenida en una parada de colectivo, hay quien dice que fue una cita cantada, y otros sostienen que los militares se jactaban de su olfato para reconocer subversivos. La revisaron y le encontraron panfletos de su actividad sindical. De ahí a La Perla hubo solo un paso.
Liliana Callizo, otra sobreviviente, dio su testimonio sobre ella para el libro “La Perla” que escribieron Ana Mariani y Alejo Gómez Jacobo: “Me llevaron a la sala de torturas, me sacaron la venda y vi delante de mí un cuerpo mojado, herido y desnudo. La mujer estaba sobre la cama elástica, tendría unos 25 años, se retorcía, daba saltos por la corriente eléctrica que le aplicaban. Sentí el olor a carne quemada, a sudores, al agua podrida del tacho. Sobre ella estaban el Sargento Hugo Herrera y el Sargento Luis Manzanelli con un garrote de madera. A dos pasos miraba el teniente Primero de Ejército José Carlos González, apodado Juan XXIII, por su ‘profundo cristianismo’. Combinaban picana con golpes de garrote y fustazos, mientras ella gritaba: ‘Mis hijos no, mis hijos no’.”
Herminia Falik agonizó abandonada hasta la mañana siguiente. Su hija Silvia, que tenía un año cuando quedó huérfana, porque su padre Rodolfo Vergara también fue desaparecido, dio su testimonio en los juicios por los crímenes de La Perla:
“Me criaron mis abuelos. Ellos me contaron la verdad desde un inicio, que mamá y papá fueron secuestrados y estaban desaparecidos. Pero yo tenía esperanza de que algún día volvieran. Así  los esperé hasta los quince años, cuando un novio me confirmó lo que siempre temí: 'tus padres están muertos', me dijo al darme parte de la información que me faltaba. A mi bisabuelo lo mataron en Auschwitz, a mis padres en La Perla. Me obligaron a andar por la vida sin piel, porque cuando uno es un bebé como era yo, lo único que tiene de la madre es su voz y la piel. La mamá es la piel de un bebé, y cuando uno anda sin piel todo arde.”
“Cuando di testimonio en el juicio por los crímenes en La Perla –cuenta ahora Silvia– sentí que pude darle cuerpo y devolverle su historia a mi madre. Yo soy actriz y poeta y creo que el arte y la docencia me salvaron, el arte como herramienta de construcción colectiva es sanador. De mamá me queda como legado su último gesto cuando, destrozada por la tortura, fue abandonada por los verdugos que querían irse rápido a festejar la Navidad con su familia. Agonizante, con el cuerpo lacerado y en carne viva, acarició la cara de  una compañera que trataba de aliviarla en sus  dolores. La miró a los ojos y le dijo ‘gracias’, volteó su cabeza y murió.”
Fuente:Pagina/12