Fuente: .elsaltodiario.com
El profesor de la New School de Nueva York, Trebor Scholz, ha presentado batalla a la mal llamada economía colaborativa. Con su platform cooperativism [cooperativismo de plataforma] pretende ofrecer una alternativa a la explotación laboral de empresas como Uber o Deliveroo.
Trebor Scholz minutos antes de la entrevista, en la cafetería del Museo Reina Sofía, Madrid Álvaro Minguito
Nunca antes el adjetivo “colaborativa” había tenido unas connotaciones tan negativas como en la actualidad. Las protestas contra Uber, la explotación laboral de Deliveroo
o las acusaciones de gentrificación a Airbnb, han puesto en el punto de
mira de la crítica social a la nueva economía digital. Entre toda la
maraña de nombres (sharing economy, gig economy, economy on demand,
etc.) aparece una nueva opción que quiere irrumpir y, por qué no,
suplantar a todas las demás: las cooperativas de plataforma. Trebor
Scholz es uno de sus principales impulsores.
Profesor asociado de cultura y medios de comunicación en la New
School de la ciudad de Nueva York, Scholz es unos de los principales
críticos y analistas de la mal llamada economía colaborativa y de las
nuevas de formas de “explotación, según la definición marxista”. Su
libro Uber-worked and underpaid. How workers are disrupting the digital economy
ha teorizado sobre el concepto del trabajo en la era digital y sobre
cómo el capitalismo de plataforma ha fragmentado y atomizado los puestos
de trabajo hasta convertirlos en esclavos del siglo XXI que no son
capaces de defender sus derechos. Visita Madrid para participar en el
ciclo de conferencias Seis contradicciones y el fin del presente que se celebra en el museo Reina Sofía y en El Salto aprovechamos para charlar con él.
Estamos viendo cómo el capitalismo de plataforma lo está cambiando
casi todo en solo unos años. ¿Estamos presenciando el final del
capitalismo? ¿Está cambiando? No creo que todo haya cambiado, pero sí que pienso que el
sentimiento es diferente. Ya no se siente como si fuera capitalismo, se
siente como algo peor. En los 40 últimos años hemos visto cómo el
capitalismo ha ido cambiando rápidamente. Ha ido abandonando esa
relación laboral con el empleado para ir hacia un modelo por contrato y
autónomos independientes. Va a diferentes marchas según el país, empezó
en Estados Unidos pero ahora también está ocurriendo en Europa. Pero,
desde 2005, con el comienzo de la mecanización de Amazon, la posterior
crisis financiera y la aparición de este tipo de plataformas, se ha
acelerado este proceso. Creo que la explotación del trabajador, desde el
punto de vista marxista, ha cambiado también, aunque continúa siendo
explotación igual. Es verdad que han cambiado muchas cosas. Por ejemplo,
nunca antes habíamos tenido a millones de personas trabajando en todo
el mundo de manera sincronizada bajo una misma plataforma.
Volviendo a tu pregunta, está claro que el capitalismo ya no es lo
que era y lo actual parece mucho peor. Nadie sabe decir exactamente qué
es, pero tiene pinta de ser algo drásticamente más abrupto. La gig economy
[término anglosajón usado para la economía por “bolos” como Uber o
Deliveroo] y la economía colaborativa tiene mucho que ver, aunque
tampoco quiero sobredimensionarlo porque hay muchos otros factores. Pero
está claro que ha acelerado ese cambio hacia el tipo de empleo en el
que no se cobra y se ha roto el poder de negociación que los sindicatos
tenían en décadas pasadas. Todos estos factores unidos han resultado en
el sistema que tenemos actualmente.
Por otro lado, si queremos poner una mirada positiva, desde 2008
también hemos visto un renacimiento de los movimientos solidarios, de
las cooperativas y de los sistemas p2p. En el momento en el que hay una
mayor precariedad, este tipo de movimientos cobran mucho más significado
para la gente.
Hablas de un nuevo sistema de explotación laboral, como el caso de Deliveroo, peor que lo que había anteriormente, ¿cómo puede ser peor que, por ejemplo, la esclavitud? Puede que el ejemplo de Deliveroo no sea el más idóneo. El trabajo
invisible que se hace online es un ejemplo mejor. Estamos consumiendo
muchas cosas online que creemos que hace una máquina, pero la gente no
ve que detrás hay miles de personas invisibles que han trabajado en
ello. Y esto ocurre en pleno siglo XXI. Hay gente que trabaja para
Amazon Mechanical Turk que recibe dos dólares a la hora. Esto es algo
que en un contexto normal estaría prohibido, pero las condiciones
actuales de internet han creado una especie de zona gris que lo permite y
la gente no sabe en qué medida hay fuerza de trabajo detrás de ello.
Esto es lo que llevan haciendo muchas de estas empresas desde hace ya
bastante tiempo y ahora se está acelerando con las técnicas de
inteligencia artificial (IA), que ha mejorado mucho desde 2005. Entonces, ¿estamos presenciando el fin del concepto trabajo tal y como lo conocemos hoy? Está claro que estamos ante un cambio en el modo de emplear y en el
modo en el que se hace carrera en un empleo. La idea de tener un trabajo
y hacer carrera en ese sector o en una misma empresa durante toda la
vida es cada vez más raro. Sobre este tema se está hablando mucho, la
mecanización del empleo, la sustitución de más y más trabajos por la IA.
El cambio de roles y responsabilidades. Está claro que va a cambiar el
escenario y el trabajo, pero no creo que vaya a dejar al 47% de la población sin empleo,
tal y como dicen algunos estudios. Creo que hay mucha gente que cree en
escenarios en los que los robots se harán con todo el empleo, pero ese
desarrollo tecnológico nunca va a funcionar con una especie de piloto
automático. Es la sociedad, la ciudadanía, quien tiene el poder de
controlar y dirigir ese desarrollo tecnológico. Hay un escenario posible
en el que la gente es la que controla ese desarrollo tecnológico y nos
guía hacia una sociedad próspera.
Y ese nuevo concepto que tanto se escucha últimamente: prosumidor. Esto es algo de lo que llevamos hablando desde 2009. Recuerdo un
artículo que escribí en 2008 en el que explicaba que la gente que usaba
MySpace estaba trabajando. La gente pensó en aquel entonces que estaba
loco. Hoy no creo que piensen lo mismo. Es lo que llamo datalabour [trabajo
de datos], que es eso que hace la gente cuando crea datos que añaden
valor a las grandes empresas tecnológicas y redes sociales mediante su
uso o las búsquedas que hacen. Y no es una cuestión de aquello que lo
que tanto se temía en los 90 sobre que iban a controlar lo que
escribimos, no es eso. Se trata del beneficio que obtienen mediante el
mapeo de tu vida social, de tu amigos. Lo que, sumado a los nuevos usos
de la IA, nos puede llevar a escenarios que pueden dar tanto miedo como
los capítulos de Black Mirror. Lo que ocurre en uno de esos
episodios está ocurriendo ya en China, donde la ciudadanía va a ser
valorada por un sistema de puntuación donde si tú te retrasas pagando tu
alquiler puede que te sea imposible alquilar un coche por tu
puntuación. Porque es imposible ver todos estos factores como
desconectados. Están totalmente conectados. No es una cuestión solo de
cosas online, es un tema de seguros de hogar o todas esas cosas que
rodean nuestras vidas.
Vemos como la atomización del trabajo por este capitalismo de
plataforma está matando el poder sindical. ¿Cuál es el papel de los
sindicatos en este nuevo escenario? ¿Tienen que cambiar ellos también? Exacto. Ese es un enorme problema. Creo que tradicionalmente los
sindicatos han tenido un gran problema para adaptarse. En Estados Unidos
hay un sindicato de autónomos que, bueno, está intentando existir en
este contexto en el que ya no existen esos grandes centros de trabajo en
los que había cientos de trabajadores juntos. En el escenario actual
puedes tener a un individuo que tenga diez o quince empleos al año y
entonces, ¿cómo se supone que los vas a representar? Por lo que lo que
están haciendo es ejercer de grupo de presión. Hacer lobby para defender
los derechos de ese tipo de empleados autónomos. Y, de hecho, han
tenido algún éxito. Como hacer que las empresas no puedan retrasar sus
pagos a los autónomos más de 30 días.
Las cooperativas ofrecen soluciones mucho más tangibles y valiosas que los sindicatos
Pero también creo que hay soluciones mucho más sustanciosas y
estructurales para este sector ofertadas por cooperativas. Como por
ejemplo la cooperativa de autónomos Smart, que actualmente se encuentra
en nueve países europeos. Esta cooperativa ofrece a los autónomos
seguros de hogar, de vida y, en algunos países, incluso se encargan de
sus bajas por maternidad. También están ofreciéndo a los autónomos un
mayor acceso a sus derechos básicamente empleándoles en la cooperativa
durante el tiempo que ese autónomo está haciendo el trabajo para una
gran empresa. Podemos ver que,
sorprendentemente, las cooperativas ofrecen soluciones mucho más
tangibles y valiosas que los sindicatos, por lo que creo que
cooperativas y sindicatos deberían trabajar juntos. Además, si miramos
la historia, podemos ver que, en 1844, en Reino Unido, las cooperativas y
los sindicatos aparecieron en la misma región geográfica. Acabo de
estar en India y he visto lo mismo. Un sindicato con más de un millón y
medio de miembros ha creado 106 cooperativas que apoyan económicamente a
los trabajadores, porque se dieron cuenta de que los sindicatos tienen
limitaciones. Uno de los temas claves, entre
cooperativas y sindicatos, es el reparto y organización de la toma de
decisiones. Es muy importante pensar cómo vamos a organizar el empleo.
Por que ¿cómo podemos hacer, sobre todo cuando hablamos de trabajadores
pobres y esparcidos, para que estos puedan votar un tema en un sindicato
o puedan realizar una acción política conjunta? Es un tema de
organización social, está claro, pero también ayudan mucho las
herramientas. Por ejemplo, un grupo de neozelandeses ha creado la
herramienta de software libre Loomio que está ayudando mucho en la toma
de decisiones de este tipo de organizaciones.
Ese reparto de la propiedad mejora la productividad y
también la resiliencia cuando se enfrenta a una época económica adversa,
además de mejorar las condiciones de trabajo
Tú planteas una solución a la que has llamado 'cooperativismo de plataforma', ¿qué es exactamente? No es una solución. Yo suelo rechazar el solucionismo [ríe]. No
existe una sola solución para esto. Pero sí que creo que es una
alternativa económica para mucha gente. Es importante trabajar junto a
poderes legislativos y reguladores para pensar en un nuevo marco
legislativo en el que los sindicatos puedan funcionar, tal y como hemos
dicho antes; que active la economía social y solidaria. Y también se
trata de introducir el modelo de la cooperativa en la nueva economía
digital, lo cual creo que puede crear un gran cambio. Y digo esto porque
creo que responde a ese aislamiento que produce la economía digital, a
esos a los que ahora llaman los emprendedores solitarios, que en mi
opinión no son para nada emprendedores pero sí están aislados. El
cooperativismo cambia eso. También cambia la propiedad de la empresa,
que se reparte entre los socios. Ese reparto de la propiedad mejora la
productividad y también la resiliencia cuando se enfrenta a una época
económica adversa, además de mejorar las condiciones de trabajo. Por lo
que creo que es una genial intervención en la economía.
Lo que yo llamo cooperativa de plataforma se basa en cuatro ideas
clave. La primera sería la posesión democrática de la empresa. Imaginad,
por ejemplo, que Uber fuera de todos sus conductores o Airbnb de
los dueños de las residencias, pero también de otras personas
comprometidas con la cooperativa, como los consumidores. Así se logra
una cooperativa más igualitaria. Lo segundo es que se base en
programación de software libre, de manera que las cooperativas se pueden
reinventar y desarrollar una y otra vez. Esto permite que se puedan
crear licencias para que otras cooperativas similares las utilicen. La
tercera es el co-diseño, o sea, que todos participen en el diseño de la
plataforma. Tú no produces un pedazo de software y se lo pasas a los
trabajadores, sino que ellos participan en el proceso de diseño para que
sea como ellos quieren. Y, por último, la gobernanza democrática,
porque el reparto de la posesión de la compañía no es suficiente, los
trabajadores deben ser parte de todo el proceso de la plataforma.
Mientras luchamos por cosas como la renta básica universal u
otras cosas de ese imaginario, necesitamos ver qué es lo que hacemos
ahora mismo
¿Crees que es una verdadera alternativa al capitalismo? ¿O servirá
para pequeños grupos que se aíslan o funcionan dentro del mismo
capitalismo? Bueno, entiendo la preocupación y creo que hay que luchar, pero
tampoco estoy de acuerdo con ese argumento de que si un nuevo proyecto
no va a sustituir a Facebook o Google, no sirve de nada. No estoy nada
de acuerdo. Primero, porque no sabemos si lo sustituirá o no. Toda estas
ideas de las cooperativas de plataforma o nuevos sindicatos de
autónomos son muy nuevas y nadie sabe todavía hasta dónde pueden llegar,
ni qué pasará. Puede que un día llevemos todos estos proyectos online,
consigan escalar en tamaño y expandirse como setas. No lo sabemos. Pero,
mientras tanto, creo que es una buena solución a corto plazo. Porque
este es el típico problema que aparece cuando trabajas con el mundo
académico o con muchos de los movimientos sociales, que son muy buenos
proyectando metas a largo plazo y desarrollando imaginarios futuros, lo
cual es extremadamente importante porque necesitamos esos imaginarios,
pero el problema es que, mientras luchamos por cosas como la renta
básica universal u otras cosas de ese imaginario, necesitamos ver qué es
lo que hacemos ahora mismo. Creo que ese escenario más a corto plazo es
muy importante y ahí es donde podemos ofrecer algo, porque las
cooperativas ya existen en todo el planeta y son una enorme fuerza. No
siempre es tan progresiva como la historia sugiere, pero es un gigante
dormido que podría despertar en cualquier momento.
Uno de los principales problemas que podría tener este modelo es la
financiación. ¿Cómo pueden estas cooperativas de plataforma escalar su
tamaño y crecer sin caer en los grandes fondos de inversión? Yo creo que las cooperativas no van a recibir dinero de esos grandes
fondos porque estos no van a entender el modelo. Ni creo que ellas
tengan que aceptarlo en caso de que ocurra. Pero alternativamente se
puede obtener dinero de las mismas personas que quieren formar parte de
una cooperativa. Hay una plataforma de venta online cooperativista en
Berlín que ha recaudado un millón de euros de sus usuarios. Más de dos
mil personas aportaron ese dinero en tan solo unas pocas semanas. Un
millón no es una barbaridad para un proyecto como ese, pero ya es un
comienzo. También se han creado algunas mediante el sistema de crowdfunding.
Además también podría pasar que grandes cooperativas puedan impulsar a
otras. Aquí en España tenéis un ejemplo perfecto: Mondragón es la mayor
cooperativa del mundo. Creo que esas grandes cooperativas deben pensar
en su futuro a base de apostar por apoyar y financiar otras
cooperativas. Luego hay gente investigando otras vías. Hay gente
probando con bitcoins u otros métodos con blockchain.
Algunos de estos métodos están funcionando, otros no tanto, pero creo
que es una época muy interesante para este tipo de vías de financiación.
Si entras en esa lógica de inversores y accionistas, tienes
que acabar actuando como ellos. Actuar como una aspiradora que absorbe
todo el valor posible de los usuarios y correr
Dices que el capitalismo no estará interesado en meter dinero en esas
cooperativas, pero el capitalismo suele entrar en todo aquel sector o
innovación donde puede sacar beneficio. Bueno, la verdad es que lo importante es que no lo cojan. Porque si
cogen ese dinero, toda su lógica se hunde. Por ejemplo, tengo amigos que
son muy cercanos a los fundadores de Airbnb y son buena gente, pero
cogieron el dinero. Con este dinero viene la paradoja de que tienes que
acabar sirviéndoles. Porque ellos te dejan el dinero, pero lo que
significa es que, después de 18 meses, ellos quieren recibir de vuelta
su inversión. Si no eres capaz de hacerlo —18 meses no es mucho tiempo—,
tendrás que hacer todo lo que te digan, lo que significa que pierdes tu
idea y pierdes tu empresa. Eso ha pasado con muchísimos proyectos. No
le ha pasado a Facebook ni a Google,
pero son realmente dos excepciones. Si entras en esa lógica de
inversores y accionistas, tienes que acabar actuando como ellos. Actuar
como una aspiradora que absorbe todo el valor posible de los usuarios y
correr. Luego esperar a que te compre algún Google o Apple. Pero esa
gente nunca ha tenido interés en las ideas o en el negocio en sí. No es
lo mismo en el caso de las cooperativas, donde la cosa trata sobre crear
ideas, sobre la gente, sobre crear empleos para un largo periodo de
tiempo. No es algo cosmético. Pero todo esto depende y funcionará si el
dinero viene de otro lugar, porque si coges ese dinero, detrás viene un
reacción en cadena.
Trebor Scholz en el Museo Reina Sofía de Madrid Álvaro Minguito
Me preocupa mucho la batalla lingüística por ciertos términos. ¿Crees
que la izquierda o el mundo cooperativista está perdiendo la batalla
por las palabras “colaborar” o “compartir” [en referencia a lo que se
llama sharing economy]? No, no, no. Las estamos recuperando. Estoy seguro. Pero es eso, las
tienes que recuperar, porque las perdimos. Porque desde el 2005, cuando
aparecieron estos proyectos disruptivos, como CouchSurfing o BlaBlaCar
aquí en Europa, que eran de hecho verdaderos proyectos de sharing economy, ha
cambiado y lo habíamos perdido. Además es algo que ya pasó en los 70,
cuando las grandes empresas se apoderaron del capital social que es el
lenguaje de la intimidad y el amor, y lo utilizaron para vender más.
También estas empresas se han apoderado del lenguaje y el discurso
ecologistas. Ya sabes, que si esto es más sostenible, que si menos
personas usan el coche... lo cual siempre me ha parecido una mentira.
Hay estudios que prueban que gran parte de la congestión del tráfico en
la ciudad de Nueva York es por culpa de Uber. Pero es complicado, ya que sí que hay empresas que lo están haciendo muy bien.
Cierto, pero en España, cuando hablas de 'economía colaborativa', la
gente piensa en ese repartidor de Deliveroo explotado y precario. Creo
que cada vez es más difícil darle la vuelta y recuperar ese término de
colaborar. Bueno, pero ahora mismo hay mucha literatura sobre ello. Se puede
leer mucho sobre el tema. Nosotros estamos trabajando en un proyecto
sobre un kit para el desarrollando de plataformas cooperativas y estamos
dando forma a una narrativa global que está expulsando ese otro uso de
la palabra.
¿Cómo crees que será la economía en diez años? No lo sé, pero si me obligas a contestar te diré que creo que las
cooperativas de plataforma seguirán aquí. Depende de nosotros. Depende
de a cuantos legisladores podamos convencer. A cuantos pongamos de
nuestro lado. Y, por supuesto, hay que ponernos de acuerdo con el mundo
académico, con los movimientos sociales, con los informáticos y otros
expertos en tecnologías. Necesitamos atraer a esos jóvenes que trabajan
en tecnología para Google y otras grandes empresas, donde les pagan muy
bien pero donde no sienten que estén aprovechando sus vidas en nada
positivo, además de estar aburridos hasta la muerte. Poder atraer a esa
gente sería un gran punto, por eso normalmente no tengo problemas con
dar charlas para empresas como Google o Microsoft, aunque sea solo por
poder influenciar a esa gente.
Pero el neoliberalismo tampoco va a dejar su lugar hegemónico
fácilmente. Seguramente pretenda expulsar a todo lo que le moleste. Las investigaciones no dicen eso. De hecho, las cooperativas y las
grandes corporaciones han convivido mucho tiempo. Las corporaciones
nunca han acabado con las cooperativas, ni tampoco ha pasado al
contrario. Parece que se respetan la una a la otra. Esto puede cambiar
debido a la tecnología. Tal vez la próxima Wikipedia colaborativa o el
Deliveroo colaborativo se expanda por todo el mundo y se quite de encima
a todas las otras empresas. No lo sabemos. Ya veremos.
Creemos que la única forma de hacer un periodismo diferente es funcionar de forma diferente.
Por eso, el 70% de nuestra financiación viene de las socias y socios.
Y el resto, de publicidad ética y ventas. Por eso, no tenemos
directores, nadie cobra más y no permitimos contenidos patrocinados. Por
eso, la propiedad de El Salto es colectiva.
Somos un medio con principios. Y también con un fin: cambiarlo todo. Contigo podemos conseguirlo.
(LA PAZ).- El vicepresidente del Estado, Álvaro García Linera, la
tarde de este martes, en su cuenta de Facebook, publicó el vídeo
titulado “Sentido común”, en el que inicialmente agradeció a su pequeña
hija Alba por haberle enseñado sobre el “Sentido común y la
espontaneidad del cuerpo o ¿por qué es tan difícil cambiar el mundo?”.
En dicho material audiovisual se explica cómo “la tradición de todas
las generaciones muertas oprime, como una pesadilla, el cerebro de los
vivos”, al hacer referencia a Carlos Marx, en El Dieciocho Brumario de
Luis Bonaparte, de 1852.
“Tiempos normales” es otro de los conceptos descritos, en el que
señala que existe una co-determinación y colaboración entre el sistema
institucional, el sistema político, económico y el cultural.
El cual se encuentra implícito en la estabilidad conservadora de los
conocimientos mundanos, de los juicios espontáneos, las tolerancias
morales, los saberes normativos, las capacidades proyectivas y todas las
habilidades prácticas que hacen funcionar las instituciones, la
economía, la vida política y cultural de una sociedad.
Además, en relación al sentido común de los seres humanos, explica
que existe un orden social en el cual las personas están predeterminadas
a hacer aquello para lo que fueron preparadas, mediante pautas lógicas y
morales, entre otros que adecúan sus expectativas y sus capacidades
productivas.
De igual forma, el vicepresidente del Estado señala que no se
requiere de un filtro reflexivo previo para que las personas absorban el
mundo que está a su alrededor e inmediatamente juzguen y actúen en su
vida cotidiana.
García Linera también explica el sentido común desde lo social y lo
político, y coloca el componente fundamental y decisivo de la hegemonía y
las luchas por transformar esas hegemonías con lo reflexivo (liderazgo
intelectual) y pre-reflexiva (liderazgo moral) de la acción humana.
“La hegemonía incorpora ámbitos de organización pública, de debates
públicos, de construcciones colectivas de conocimiento, de ideas fuerza,
reflexivamente adquiridas en las escuelas, los sindicatos, asociaciones
religiosas, grupos políticos, agrupaciones de afinidad, etc.; pero
también de esquemas mentales de valoración y modos emocionales de
conocer propios del sentido común, adquiridos en la vida familiar desde
el momento de la gestación, las amistades, los medios de comunicación,
las redes sociales, las instituciones, la vida cotidiana y todo el orden
simbólico del mundo que rodea a la persona”, señala la publicación.
De igual manera, hace referencia al “sentido común dominante” y
señala que este está determinado por la clase social, el género y la
región, el cual tiene el principio de dominación y se encuentra en lucha
de transformación del mundo.
Así también, explica los componentes del sentido común que son:
preceptos lógicos, instrumentales, morales y procedimentales, los cuales
rigen la vida de todos los seres humanos.
Luego
de 40 meses de cambio de un modelo nacional y popular a un régimen
neoliberal algunas cosas deberían resultar claras, al menos entre
quienes hacen el pequeño esfuerzo por tratar de entender.
Lo primero es que el debate económico es apenas un debate por la
legitimación del modelo. ¿De qué hablamos? El discurso económico es una
pieza clave para la justificación de determinadas relaciones de poder y
distribución del ingreso. La economía mainstream no es conocimiento, no
explica las relaciones causa-efecto entre las medidas de política
económica y sus resultados. Es un mecanismo de justificación de
políticas que no persiguen los fines enunciados, sino otros que
resultarían socialmente indigeribles, como lo son la subordinación al
capital financiero global, el enriquecimiento de los más ricos, el
empobrecimiento de los más pobres y, en general, la reprimarización de
la economía, el “des-desarrollo”.
Veamos algunos hitos concretos para que la exposición no devenga abstracta.
Desde el día 1, bajo la dupla Sturzenegger-Llach, el gobierno
afirmó que la inflación se controlaba por la vía monetaria, aplicando un
sistema que de coordinación de expectativas que suelen utilizar países
que tienen inflaciones anuales de un dígito, las llamadas metas de
inflación. Ante el fracaso rotundo del esquema se pasó, ya con
Sandleris–Rappoport a una política monetaria híper restrictiva. La
creencia general enunciada por el mainstream es que la inflación surge
de la relación entre cantidad de la oferta de bienes y la cantidad de
dinero y su velocidad de circulación, lo que también implica la creencia
abstrusa de que el Banco Central controla la cantidad de dinero. El
resultado fue que la inflación nunca se detuvo; es más, se aceleró. Sin
embargo nadie se autocuestionó la teoría, aunque resulte claro que la
inflación es ante todo un fenómeno de precios básicos o relativos:
dólar, tarifas y salarios. Si el dólar pasa de 9 a 45 pesos y las
tarifas se dolarizan nadie en su sano juicio puede esperar que la
inflación baje. Seguir hablando de cantidad de dinero o déficit fiscal,
creyéndoselo, es reincidencia zombi. Difícilmente lo crean quienes
realmente conducen la economía, aunque sobran los hiperadaptados que
atravesaron su formación sin cuestionar los contenidos recibidos. En el
mundo real, el verdadero objetivo del gobierno era cambiar los precios
relativos en contra del salario, cosa que consiguió.
También desde que asumió Cambiemos anunció que la bonanza llegaría
en “segundos semestres”. Frente al sostenido fracaso de la predicción
surgió la idea de “lo peor ya pasó”. En el medio reinó el “pasaron
cosas” y sólo hubo respiro con el veranito preelectoral de 2017, que los
más ilusos creen que se reeditará en los próximos meses. Mientras
tanto, según los escribas oficialistas, la economía se encontraría en un
su actual estado calamitoso porque no se explicitó debidamente la
“pesada herencia”, en tanto hoy no se recuperaría por el temor al
regreso del kirchnerismo. En otras palabras, los problemas de Cambiemos
no son sólo por el gobierno pasado, sino también por el futuro. En el
medio no parece haber nadie.
Uno de los grandes mitos de la primera etapa hasta la recaída en el
FMI fue el “gradualismo” financiado con endeudamiento externo, es decir
con dólares. La idea de base sostenía que para no hacer “el ajuste que
realmente hacía falta” se ajustaba menos el gasto y se financiaba la
diferencia con deuda. En el camino la nueva confianza generada por el
gobierno amistoso con los mercados generaría la ya olvidada lluvia de
inversiones. El endeudamiento en divisas permitió dos cosas, financiar
el inmenso déficit de cuenta corriente sin avanzar en resolver el
problema estructural que lo generaba y estabilizar el precio del dólar,
incluso apreciándolo contra la inflación, uno de los factores que
contribuyeron a la falsa sensación de bonanza pre eleccionaria de 2017.
Pero la realidad de fondo fue muy distinta: el “gradualismo” se utilizó
como excusa para reconstruir el endeudamiento externo del que tanto
había costado salir y que volvió a atar a la economía a los designios
del capital extranjero y al ajuste sin fin. Ese endeudamiento fue
también el que condujo a los brazos del FMI, al que el gobierno siempre
tuvo el objetivo de regresar. Tener un programa con el Fondo es el mejor
respaldo para las políticas buscadas. Evita las justificaciones. En
adelante bastará con decir “lo pide el FMI”. Además el Fondo es el
reaseguro de la continuidad intertemporal de las políticas, es decir más
allá de los cambios de gobierno. ¿Por qué el gradualismo fue una
excusa? Sencillamente porque no existía ninguna necesidad real de
financiar en dólares gastos que son en pesos, como por ejemplo los
sueldos de los maestros y policías. El objetivo del gobierno, entonces,
era consolidar en el largo plazo las políticas de ajuste en favor del
capital transnacional que impone tener una megadeuda y un acuerdo con el
FMI.
Finalmente cayó también el mito del equilibrio fiscal. Tras el
segundo acuerdo con el FMI el gobierno hizo esfuerzos draconianos para
buscar el déficit (fiscal primario) cero. Su meta fue bajar el gasto
antes que mejorar ingresos. La baja del gasto contrajo la actividad
económica y con ello la recaudación. Volvió a quedar claro que los
objetivos de déficit no pueden separarse de los objetivos de
crecimiento. Mientras tanto el déficit total sigue creciendo por el
desmesurado peso del endeudamiento.
Recapitulando, la inflación no es un fenómeno monetario,
endeudarse en divisas importaba, la restricción externa no es un invento
heterodoxo, las inversiones nunca dependieron de la confianza y reducir
el gasto no conduce al equilibrio fiscal. El neoliberalismo agrava
todos los problemas que dice venir a resolver. Sin embargo, en 40 meses
Cambiemos logró una transformación profunda y acelerada de la economía.
Redujo salarios, endeudó por generaciones, sujetó al FMI, pulverizó la
inversión pública, aumentó la pobreza, la indigencia y el desempleo,
precarizó el mundo del trabajo y llevó tarifas y combustibles a niveles
estratosféricos que afectan no sólo el consumo de los hogares, sino
especialmente los costos de producción. Su única apuesta del presente se
limita al objetivo de sostener a toda costa el precio del dólar a
fuerza de deuda, la misma encrucijada que existía en los últimos días de
la convertibilidad, allá por 2001.
El modelo Rappi, Glovo y Pedidos Ya: postsalario, flexiseguridad y antisindicalización
La
uberización causa una subordinación laboral a la que se suma la
incertidumbre que generan los algoritmos de asignación de pedidos, el
salario asociado a una productividad que ya no depende del trabajador
sino de un software, y un contrato de hora cero con jornadas ilimitadas.
Hubo fallos de la Justicia para limitar los abusos de Rappi, Glovo y
Pedidos Ya.
Un
fallo reciente de la justicia laboral obliga a la empresa Rappi a
reincorporar a un grupo de trabajadores de la Asociación de Personal de
Plataformas (APP), que habían sido bloqueados. Se puede presentar este
hecho como una noticia episódica que describe un evento puntual o como
parte de un fenómeno que crece a nivel mundial: la creciente uberización
del mundo del trabajo y su consecuente deslaboralización,
flexiseguridad y antisindicalización. La Justicia porteña también le
ordenó al gobierno de Horacio Rodríguez Larreta prohibir de “forma
inmediata” el funcionamiento de Rappi, Glovo y Pedidos Ya por incumplir
con los requisitos mínimos de seguridad establecidos en el Código de
Transporte, que afectan principalmente a los repartidores. La
administración Larreta apeló esa medida, lo que suspendió esa medida.
Derechos
El bloqueo de los trabajadores es una acción sancionatoria extrema
que forma parte de decisiones estructurales de las empresas de
plataformas relativas a las modalidades de asignación de pedidos. Y
representa, además, una “conducta antisindical” hacia trabajadores que
acreditaron prestar servicios para una compañía que tiene control sobre
la asignación de pedidos, la tarifa, el cobro de salario y los términos y
condiciones, según expresa el fallo de la Justicia Nacional del
Trabajo.
El sindicato de plataformas APP es parte de un esfuerzo a escala
internacional para dar respuesta a los mecanismos de deslaboralización
de la mal llamada economía colaborativa. Lejos de la promesa “sé tu
propio jefe”, la uberización causa una efectiva subordinación laboral a
la que se suma la incertidumbre que generan los algoritmos de
asignación de pedidos, el salario asociado a una productividad que ya no
depende del trabajador sino de un software, y un contrato de hora cero
con jornadas ilimitadas.
APP se funda en esta encrucijada entre los desafíos de la tecnología y
las necesidades de trabajadores y trabajadoras de plataformas. En su
comunicado fundacional advierte que construir los “sindicatos del
futuro” no significa ceder en la protección de los derechos laborales.
Miembro de su junta directiva y uno de los reincorporados por Rappi,
Julio Olivero reconoció que la decisión de la justicia laboral es “un
paso histórico para los trabajadores de plataformas”. Y agregó: “Tenemos
que soportar horas interminables de trabajo sin protección porque las
aplicaciones dicen que no estamos trabajando. Nos organizamos
sindicalmente para reclamar por nuestros derechos y esta es la primera
vez que nos reconocen como lo que somos”.
En diálogo con Cash, Olivero describió la puja entre la propuesta
empresaria de tener asociados y el reclamo de los trabajadores de contar
con la seguridad que supone ser un empleado en relación de
dependencia.
La empresa plantea que ustedes son trabajadores independientes, ¿cómo lo viven en la cotidianeidad?
–Cuando ingresamos a trabajar para la aplicación nos prometieron que
íbamos a ser nuestros propios jefes, pero a medida que pasaba el tiempo
notamos que nos estaban engañando, que lo que nos dijeron no era así.
Rápidamente notamos que nos controlaban y nos sancionaban si no
funcionábamos como la plataforma lo deseaba.
¿Qué rol juegan los algoritmos en el desdibujamiento de la relación laboral de dependencia?
–Al principio, el algoritmo te arrojaba pedidos cercanos a los
establecimientos y uno los elegía con lo que entre los trabajadores
llamamos la “ley del dedo”: el primero que lo aceptaba se quedaba el
pedido. Pero hace unos meses modificaron la aplicación y nos comenzaron a
asignar directamente los pedidos a más de 3 km en bici y más de 5 km en
moto. Esa distancia no nos conviene a nosotros y muchas veces nos
negamos y liberamos (cancelamos) los pedidos.
Negarse a llevar un pedido, ¿implica algún tipo de sanciones?
–Si nos negamos a llevarlos porque no nos conviene la distancia
–porque es mucha o vemos que tiene mucho costo y no nos rinde–, nos
bloquean por media hora o por una hora. Eso implica que no recibimos
pedidos y no podemos trabajar. Es como una suspensión. Otra medida que
toma la empresa es bajarte la tasa de aceptación, es decir que cada
repartidor tiene una suerte de ranking (medido en términos de
productividad) y la empresa puede bajar el nivel que uno alcanza en el
ranking. Otra medida de la empresa es que nos deja de enviar pedidos
hasta que nos veamos en la obligación de aceptar los pedidos que ellos
nos asignan.
¿Cómo se imagina un “sindicato del futuro” que sea eficaz con las economías de plataforma y ampare los derechos laborales?
–Desde la Asociación de Personal de Plataformas (APP) estamos
haciendo todo lo posible por velar en el futuro por la seguridad de
todos los trabajadores y trabajadoras de las diferentes plataformas.
Queremos ser reconocidos como tales y no vistos como socios, como nos
presentan desde la empresa.
¿Qué buscan concretamente en términos de seguridad laboral?
–Queremos los beneficios de la normativa laboral argentina, que
ampara a los trabajadores. También queremos sentarnos en una mesa de
negociación para obtener los derechos que nos corresponden como
trabajadores: salario digno, jornada limitada y seguro de riesgos. No
queremos que estas empresas se vayan. Al contrario, queremos que se
queden.
¿Cuáles son los desafíos de crear un sindicato de trabajadores de plataformas digitales?
–Los desafíos son grandes, ya que vimos que no existía un sindicato
que abarcara a los trabajadores de plataformas, porque este tipo de
trabajo es nuevo en la Argentina. Al ver el crecimiento de estas
empresas y sufrir en carne propia sus fallas, estudiamos la posibilidad
de crear el primer sindicato de trabajadores de plataformas. Nosotros
vamos a seguir reclamando y organizándonos porque queremos que se nos
reconozca como lo que somos, trabajadores y trabajadoras. Es la única
manera que tenemos de protegernos.
¿Por qué armaron el sindicato solo para trabajadores de
plataformas en lugar de optar por incluirse en un sindicato ya
establecido? ¿Sumarse a otro sindicato les daría más fuerza o les
restaría?
–Decidimos formar el sindicato porque en Argentina no hay un gremio
que abarque a los trabajadores de los distintos medios de plataformas
que hay en el país. Es la primera vez que esto ocurre en la Argentina.
Estamos buscando con qué sindicato agruparnos pero aún no llegamos a una
respuesta concreta. Pienso que no resta fuerza el hecho de que APP esté
integrado solo por trabajadores de plataformas. Simplemente que aún
estamos en la búsqueda de esa unión entre los trabajadores que cuentan
con empleos formales desde hace tiempo y los que trabajamos para
empresas de plataformas.
¿Observan alguna actitud de la empresa por haberse agremiado?
–La actitud de la empresa ha sido muy agresiva. La última vez que nos
movilizamos a las oficinas con el apoyo de la CTEP pedimos una reunión e
ingresó nuestro secretario general, nuestro asesor legal y el
secretario de la CTEP. Los ejecutivos de Rappi nunca dieron la cara y
enviaron a tres empleados administrativos de la empresa a dialogar con
nosotros.
¿Corren riesgos de perder el trabajo por pertenecer al sindicato de APP o el hecho de estar agremiados les da mayor seguridad?
–Sí. Ocurrió con aquella manifestación, puntualmente. Al no recibir
respuestas sobre nuestros reclamos, decidimos retirarnos. Más tarde nos
conectamos con la plataforma para trabajar y nos encontramos con que,
sorpresivamente, la junta directiva provisoria de APP había sido
bloqueada. Es decir que virtualmente despidieron a sus miembros en
represalia por la movilización que se había realizado esa mañana. Cuando
les preguntamos por el motivo de esa decisión, la respuesta que nos
dieron fue que éramos parte de una lista que había realizado una de las
autoridades de la empresa. Entendemos que esta empresa actúa bajo un
marco de ilegalidad porque no respeta a los trabajadores agremiados; le
tienen miedo a la organización de los trabajadores.
¿Qué respuestas han encontrado desde el Estado a partir del reclamo del sindicato?
–Hace algunos meses nos movilizamos a la Secretaría de Trabajo de la
Nación y presentamos la inscripción del sindicato. Aún no hemos recibido
ninguna respuesta concreta. Queremos que nos den respuestas porque no
podemos permitir que estas empresas sigan imponiéndose en nuestra forma
de trabajar. Nos prometieron ser nuestros propios jefes y nos sentimos
esclavos. Como respuesta, me parece importante aclarar que hace poco la
Justicia Nacional del Trabajo ordenó a la empresa Rappi que reincorpore
inmediatamente a un grupo de trabajadores de la APP que habían sido
bloqueados luego de aquella reunión con la empresa en ocasión de nuestro
reclamo por seguridad laboral. Es un paso histórico para los
trabajadores de plataformas. Tenemos que soportar horas interminables de
trabajo sin protección porque las aplicaciones dicen que no estamos
trabajando. Nos organizamos sindicalmente para reclamar por nuestros
derechos y esta es la primera vez que nos reconocen como lo que somos.
Sufrimos despidos arbitrarios, nos hacen caer como moscas en una
pantalla. Este es un antecedente importante porque ahora sabemos que
tenemos derecho a reclamar lo que nos corresponde.
El malestar con las tarifas aumentadas por Mauricio Macri es notorio.
Figura en todas las encuestas y está al tope de todos los reclamos. Fue
una de las banderas de la movilización del 4 de abril en todas las
plazas del país. El misterio es por qué el malestar no se convierte en
protesta organizada. En un hecho colectivo. Por ejemplo, en un llamado a
no pagar la luz.
Hay un antecedente de pueblada en torno de las tarifas. La consigna
fue simple: “No pague la luz”. Estaba escrita sobre cartelitos pegados
en las vidrieras de toda Mendoza y representó uno de los momentos más
luminosos de lo que pasó a la historia como el Mendozazo.
Los “azos” fueron las rebeliones populares que comenzaron con el
Cordobazo del 29 de mayo de 1969, del que muy pronto se cumplirán 50
años.
El gran factor de irritación que provocó el Mendozazo, desplegado
entre el 4 y el 7 de abril de 1972, hace 47 años, fue un aumento del 300
por ciento en las tarifas de electricidad de la provincia.
Contra la suba brutal marcharon los maestros y los gremios de la
Confederación General del Trabajo. También se acoplaron los chacareros.
Hubo represión con muertos y heridos.
La agencia de noticias de la Universidad de Cuyo recordó que Leonardo
Torino y Analía Profera filmaron un documental, “Mendozazo”. También
citó el testimonio de Juan Moyano, electricista, que fue uno de los
miles de manifestantes reunidos en el centro de la capital. Contó
Moyano: “La crisis era total, la producción no tenía precio, y los
agropecuarios estaban desesperados. En las marchas se tiraba la uva, la
fruta, porque no se podía vender”. Cualquier semejanza con los
verdurazos de este año no es simple coincidencia.
En 1972 gobernaba el general Alejandro Agustín Lanusse, cabeza del
tercer y último turno de la autodenominada Revolución Argentina. Había
comenzado en 1966 con Juan Carlos Onganía y seguido con Roberto Marcelo
Levingston. Ese ciclo militar terminaría el 25 de mayo de 1973.
En dictadura no hay válvula de escapa ni instituciones que canalicen
el reclamo social. ¿Será ésa la explicación de por qué un aumento del
300 por ciento generó la decisión colectiva de no pagar la luz y en
cambio hoy, en democracia, con un aumento del dos mil por ciento desde
2015, no hay nada parecido?
Las centrales sindicales están organizando un paro para este mismo
mes o para mayo. Incluso los dirigentes más moderados sostienen que, si
no hay paro, los gremios deben continuar con la protesta. Las
organizaciones que nuclean a las pymes como CGERA, la Confederación
General Empresaria de la República Argentina, participan con una
presencia cada vez mayor en las reuniones y en las manifestaciones
callejeras. Es permanente la queja de usuarios hogareños, empresarios y
comerciantes sobre el ataque simultáneo de todos los servicios contra el
único bolsillo que tiene cada uno, como dice gráficamente el intendente
de San Martín Gabriel Katopodis. La discusión que le encanta al
Gobierno, sobre si era necesario o no actualizar tarifas, quedó vieja.
La polémica hoy es si una carnicería o un bar pueden pagar la luz, el
gas y el agua, además de los impuestos, y subsistir cuando además no hay
consumo.
¿Será ilegal hacer un llamado a no pagar la luz? ¿Patricia Bullrich
cerraría un comercio que copie el cartelito de los mendocinos? ¿O es
que, simplemente, a nadie se le ocurrió?
Mientras
avanza el ajuste sobre la ciencia y la tecnología, mientras el gobierno
de Mauricio Macri reduce el presupuesto del sector y restringe el
ingreso de investigadores, con la comunidad científica en la calle para
rechazar las políticas de Cambiemos, las mediciones internacionales
destacan la calidad de la ciencia que produce el sistema público en
Argentina. Esta vez, el reconocido ranking global Scimago ubicó al
Conicet entre las mejores instituciones públicas de investigación
científica del mundo, incluso por sobre la NASA. Scimago es un
conglomerado de instituciones científicas y universitarias de España y,
desde 2009, realiza un relevamiento de la producción de conocimiento
científico a nivel mundial. Para hacerlo, toma en cuenta indicadores de
resultados de investigaciones, indicadores de innovación y su impacto
social, y a partir de esos datos genera diferentes listados de
instituciones. En el ranking de este año, el Consejo Nacional de
Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) se ubica en el puesto
número 21 entre 1391 instituciones estatales de investigación de todo el
mundo. En el puesto número 22 figura la National Aeronautics and Space
Administration, la NASA de los Estados Unidos. El ranking es encabezado
por la Academia China de Ciencias y segundo se ubica el Centro Nacional
de Investigación Científica (CNRS) de Francia. La lista completa se
puede consultar en https://www.scimagoir.com/rankings.php?sector=Government.
Los
científicos resisten la decisión oficial de dejar fuera del sistema a
dos mil doctorados formados por universidades públicas. “Barañao es un
cínico”, criticó el reconocido biólogo molecular Alberto Kornblihtt el
ocultamiento que hace el ministro de la reducción del presupuesto
Los investigadores exigen la renuncia de Lino Barañao, secretario de Ciencia. Imagen: Guadalupe Lombardo
Los
resultados de la última convocatoria a ingresos al Conicet alarmaron a
la comunidad científica: tan solo el 17,7 por ciento de los postulantes
lograron acceder a la Carrera del Investigador Científico (CIC), lo
cual, implica que dos mil doctores se quedaron afuera del sistema luego
de haber sido formados durante más de diez años por instituciones
públicas argentinas de calidad. Como es natural, ante este escenario,
las tintas se cargan sobre Lino Barañao, el máximo representante del
área que, durante los últimos días protagonizó escenas mediáticas
desafortunadas al desligarse de sus culpas y ocultar las cifras
oficiales que son bien conocidas y dominan el pulso del sector. “Barañao
es un cínico. No puede decir que no sabe cuál es el porcentaje del PBI
destinado a ciencia y técnica. El porcentaje es del 0,256 por ciento, lo
sabemos con una precisión de tres decimales. No puede decir nunca que
lo desconoce. En 2015 estábamos en 0,35 por ciento y era bajo, pero
ahora estamos peor”, describe Alberto Kornblihtt, doctor en Ciencias
Químicas por la Universidad de Buenos Aires e investigador superior del
Conicet.
De
igual manera lo considera Miguel Leone, delegado de la Red Federal de
Afectados por el ajuste sobre el Conicet, y referente de la
concentración que este miércoles los científicos realizarán en el ex
Ministerio de Ciencia. “Barañao es el primer responsable de todo esto.
No hay justificación posible, él es la máxima responsabilidad del área.
Pedimos su renuncia, de hecho, solo exigimos el curso natural de las
cosas. Él firmó el Plan Argentina Innovadora 2020 durante el
kirchnerismo, por el cual hoy deberían estar ingresando 1366
investigadores y ya vemos lo que ocurre”, plantea.
Para poder comprender estos números es necesario revisar la historia.
El Plan Argentina Innovadora 2020, presentado en 2013, preveía un
crecimiento anual del 10 por ciento de los ingresos de científicos al
Conicet, con el objetivo de que Argentina pudiera acercarse a los
estándares internacionales (respecto de la cantidad de científicos por
habitante). Así, para este 2019 tan solo entraron 450 personas cuando
deberían haberlo hecho 1366. En paralelo, a este fenómeno se sumó otra
variable más: durante el último tiempo el Estado estimuló la formación
de estudiantes en posgrados a partir de la creación de becas. Desde 2012
hasta la actualidad 8461 culminaron su doctorado; individuos que, como
puede advertirse, hoy no tienen espacio.
De esta manera, es posible observar cómo un Estado que invirtió
durante muchos años para formar cuadros intelectuales de excelencia en
las más diversas disciplinas, a partir de la gestión de Mauricio Macri
en el Ejecutivo Nacional, bloquea las salidas y les da la espalda. Como
golpe de efecto, se produce la merma de repatriaciones (los científicos
del exterior ya no quieren regresar) y se incentiva la fuga de cerebros
(pues, muchos de los que están, ante la falta de posibilidades, también
planean emigrar).
“La situación general del sistema científico y tecnológico se
caracteriza por un desfinanciamiento agudo. Si uno compara lo que se
gastaba en el área en 2015 respecto de la actualidad, estamos afrontando
un 40 por ciento de reducción. Los investigadores no tienen fondos para
trabajar, no hay plata para equipos, computadoras ni libros”, señala
Jorge Aliaga, ex decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales
de la UBA. Y luego completa: “Los que tienen trabajo poseen sueldos muy
deprimidos y cada vez más pibes se quedan afuera. De repente, a los
becarios se les cierran todas las ventanillas que estaban abiertas y en
paralelo se reducen a la mitad los ingresos al Conicet. Se forma un
embudo, un cuello de botella que se transforma en una tormenta
perfecta”, completa.
De la misma manera lo comprende Kornblihtt: “El número de vacantes ya
se conocía (450), pero lo que resulta muy decepcionante es saber el
número de postulantes. Se deja afuera a mucha gente muy bien capacitada
cuando tampoco hay tantas alternativas; la pequeña y la mediana
industria están en bancarrota”, apunta. Y, luego, remata con una
experiencia individual que lo toca bien de cerca: “Presenté a un
investigador que hizo 7 años de posdoctorado en Estados Unidos, con muy
buenos trabajos publicados y no ingresó. Está muy desilusionado porque
tenía buenas chances de trabajar en el exterior y quiso volver, pero el
Estado le cierra sus puertas”.
De este modo, el Conicet no tiene presupuesto suficiente para crear
nuevas líneas de desarrollo y tampoco le alcanza para mantener las
vigentes. No solo los becarios se quedan sin posibilidades, sino que los
que se encuentran consolidados en el campo y son investigadores de
carrera cuentan con muy pocos recursos para poder llevar adelante sus
trabajos. “En 2016 ya hubo un serio ajuste de los ingresos pero muchos
pensaban que ello serviría para que el Conicet mejorara su dinámica
porque habría más dinero para funcionamiento. Ahora, en 2019, nos damos
cuenta de que no se cumplió ni una cosa ni la otra. Los que ya estamos
adentro también estamos mucho peor”, dice Kornblihtt que, como si fuera
poco, pese a haber sido escogido por sus pares para formar parte del
Directorio del Conicet, aún no fue designado por el Poder Ejecutivo
Nacional. Algo similar le ocurrió a Roberto Salvarezza, hoy diputado
nacional por la Provincia de Buenos Aires.
Guadalupe Lombardo
Los investigadores exigen la renuncia de Lino Barañao, secretario de Ciencia.
En
este marco, este miércoles los científicos se movilizarán al Polo
Científico-Tecnológico y se concentrarán allí cerca de las 12 del
mediodía. Asistirán las columnas de diversas agrupaciones y gremios del
sector, como la Red Federal de Afectados, ATE Conicet y Jóvenes
Científicos Precarizados, que reclaman por la parálisis del Conicet (y
de las demás instituciones del sector), la disminución de los ingresos a
la Carrera del Investigador y la baja en los salarios. El evento
coincidirá con el Día del Investigador Científico, que se conmemora
todos los 10 de abril como aniversario de la fecha de nacimiento (en
1887) del Premio Nobel Bernardo Houssay.
“Nos vamos al exterior con un dolor en el alma porque queremos
trabajar en Argentina pero no es posible. Sin embargo, no solo se
alienta el exilio a otros países sino también se produce lo que llamamos
exilio interno: los científicos se terminan dedicando a otras tareas
que no guardan ninguna relación con aquellas para las cuales se
prepararon. Algo similar a lo que sucedía en otra época nefasta, el
2001”, afirma Leone, quien se postuló en 2017 a la CIC y no ingresó pese
a la doble recomendación del Conicet en la comisión de Sociología. Se
volvió a presentar el año pasado y a pesar de obtener una calificación
muy alta (91,96/100) otra vez quedó afuera.
A 47 años del fallecimiento de Houssay sus frases hacen eco y rebosan
de actualidad. Será necesario, una vez más, leer al maestro: “La
disyuntiva es clara, o bien se cultiva la ciencia y la investigación y
el país es próspero y adelanta, o bien no se la practica debidamente y
el país se estanca y retrocede. Los países ricos lo son porque dedican
dinero al desarrollo científico-tecnológico y los países pobres lo
siguen siendo si no lo hacen. La ciencia no es cara, cara es la
ignorancia”.
En
abril de 1977, los golpistas del 24 de marzo, civiles y militares,
podían mostrarse satisfechos. Luego de golpear muy duramente a la
guerrilla y a la militancia social e imponer sus condiciones a los
partidos políticos, la dictadura sostenía que la subversión estaba en
retirada. Los grandes medios y la gran mayoría del empresariado
respaldaban la política que había bajado brutalmente los salarios. Como,
además, la jerarquía católica había legitimado la tortura en un
increíble documento, no se veía ninguna amenaza seria aunque las
noticias del horror comenzaban a generar reacciones en el mundo.
En este contexto irrumpieron las Madres buscando a sus hijxs. Era
difícil comprender la audaz decisión. ¿Podrían tener éxito frente a los
vencedores de una guerra, nombre que ellos preferían al más adecuado de
carnicería? Pocos meses antes, Rodolfo Walsh había señalado la necesidad
de enfrentar de otro modo a la dictadura. Se pronunciaba contra los
grandes aparatos y las operaciones espectaculares y abogaba por una
resistencia, a la medida del pueblo, que tomara conciencia del tremendo
golpe recibido. Sin conocer estas recomendaciones, las mujeres de la
Plaza actuaban en esa línea. Las Madres resistieron sin advertirlo,
gradualmente conformaron un colectivo y, sin olvidar a su desaparecidx,
terminaron reclamando por todxs lxs hijxs. Su perseverancia las
convertiría en símbolo. También en un sujeto político central.
Ninguna teoría lo había previsto. Pudieron hacerlo porque su reclamo
era el más elemental, pero el más difícil de responder. Con la guerrilla
diezmada y sin posibilidades de movilización, las Madres insistieron
con su presencia obstinada. No les fue ahorrado ninguno de los agravios y
sufrimientos de un Vía Crucis cargado de indiferencia y vejaciones, que
no excluyó el secuestro de Azucena Villaflor, Esther Careaga y Mary
Bianco, golpe brutal que no disuadió a las demás Madres. Cada una
encontró fuerza en las otras para seguir adelante, decisión realimentada
a diario por el recuerdo del ser querido. Taty Almeida no olvidó el
poema que le dedicó su hijo Alejandro: Si la muerte me sorprende/de
esta forma tan amarga, …/dejaré el aliento, el último aliento,/para
decir te quiero.”
Los represores reaccionaron llamándolas locas. No había razones para
eso: Eduardo Galeano con bellas palabras puso a las Madres como ejemplo
de salud mental, porque se negaron a olvidar en tiempos de amnesia
obligatoria. Sin embargo, como ocurrió con otros insultos dirigidos
contra el movimiento popular, locas se transformó en un emblema que Taty
repite con orgullo: “A pesar de los bastones, las locas seguimos de
pie”.
Hija de un alto oficial de Caballería, y rodeada por otros familiares
que revistaban en el Ejército o la Aeronáutica, relacionada con
Galtieri, Camps y Agosti, Taty, confiesa haber sido muy antiperonista:
“hasta los 45 años –dice– yo vivía en una burbuja”. Por eso era más
fácil engañarla. Harguindeguy le dijo que no tenían información de
Alejandro, agregando con tono confidencial: “no podemos hacer nada
señora, los que secuestran son los peronistas”. En esa escuela de la
burla y la humillación se formaron las Madres.
El Juicio a las Juntas fue un avance notable pero, no aportó muchos
datos sobre el destino de lxs desaparecidxs. Las leyes de Punto Final y
Obediencia Debida cerraron el camino. Con los indultos, fundados en un
discurso de reconciliación que no tuvo mucha recepción de la sociedad,
se completó el círculo de la impunidad. Se inicia entonces uno de los
períodos más difíciles. Menem ganaría aún tres elecciones más. ¿La
mayoría de la población apoyaba la política de denegación de justicia?
No necesariamente, pero los organismos nunca renunciaron a la
continuación de los procesos. En esos años, desde las Madres Línea
Fundadora, Taty participa en iniciativas como el Procesamiento de los
genocidas en el exterior y los Juicios por la Verdad.
En diciembre del 2001, entre las razones de la decepción popular, la
impunidad de los genocidas no fue la menos importante. En momentos de
fuerte cuestionamiento a partidos, empresarios y sindicatos, el
movimiento de Derechos Humanos obtuvo un verdadero liderazgo moral. Eso
facilitará a Néstor Kirchner las audaces decisiones que llevarán a la
nulidad de las leyes de impunidad, la reanudación de los juicios y la
creación de los Espacios de Memoria. Los reclamos de los organismos,
enriquecidos en los ‘90 con el aporte de HIJOS, se convirtieron en
prioridad de la agenda y núcleo central del discurso oficial. En esos
años, nos acostumbramos a ver a Taty en todas partes, en la ex ESMA, en
la Plaza, acompañando a los sobrevivientes en los juicios, llevando a
los conflictos su abrazo solidario, reivindicando a Alejandro y a sus
30000 compañerxs desaparecidxs.
Vivió como una pesadilla la reaparición de los discursos
negacionistas, la represión a los movimientos sociales, las
transferencias groseras de recursos a los grupos privilegiados o la
subordinación sin condiciones a los Estados Unidos, impensada en tiempos
de la Unasur. Lamentó más de una vez que el giro reaccionario la
encontrara en una etapa avanzada de la vida. Sin embargo, no dudó.
Recorrió el país, peleó por la libertad de Milagro Sala, contestó los
desatinos de más de un funcionario y exhortó a luchar –excluyendo
siempre el recurso a la violencia– contra este neoliberalismo
autoritario que, elegido en las urnas, reiteraba políticas y discursos
de la dictadura.
El Movimiento de Derechos Humanos ha sido actor fundamental en el
logro de una excepción argentina que el mundo admira: la capacidad de
juzgar a los genocidas. Además, los organismos tuvieron mucho que ver en
la gestación de una Memoria que, rechazando la teoría de los dos
demonios y los discursos sobre una falsa reconciliación, plantea que los
grandes crímenes contra la Humanidad no se explican sólo por la
perversidad de sus perpetradores sino que tienen raíces en la historia y
la sociedad. Por eso aquella compulsión de las Madres por buscar a sus
hijxs se convirtió en solidaridad con todos los dolores de la patria y
del mundo, en un compromiso de emancipación.
Esa lucha se inscribe en la historia de las mujeres que pelearon por
la igualdad de derechos, Evita y otras. Hoy, esta tradición recibe la
contribución invalorable del Movimiento Ni Una Menos que recoge el
ejemplo de las Madres. Quizás no haya muchas coincidencias entre el
perfil adusto que Taty y sus compañeras tuvieron que adoptar y la
presencia transgresora e irreverente del movimiento que hoy sacude a la
sociedad argentina. Pero, más allá de las apariencias, hay una identidad
esencial, la disposición a luchar por la vida y los derechos y una
clara actitud de insumisión frente al poder.
* Versión resumida del Elogio leído en la entrega a Taty Almeida del
Doctorado Honoris Causa por la Universidad Nacional de las Artes.
El
último atropello fue la detención de una pareja de arquitectos
chilenos, que participaron en las actividades que rodearon al Congreso
de la Lengua en Córdoba, confundiendo material de su presentación con
explosivos. Al mismo tiempo, deportó al equipo de Pakistán que venía a
jugar el Mundial de Futsal
Una
pareja de encumbradísimos arquitectos chilenos, que fueron invitados
por la Universidad Nacional de Córdoba a participar de un taller en el
marco del Congreso Internacional de la Lengua Española, fue detenida en
un hotel del barrio de Palermo en un operativo conjunto entre la Policía
de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y la Gendarmería, acusados de formar
una célula anarquista que pretendía realizar un atentado contra el
congreso. La detención, promocionada efusivamente como otro golpe a la
inseguridad por la maquinaria de prensa de las fuerzas de seguridad
encabezadas por Patricia Bullrich, navega entre las olas de la paranoia y los vacíos conceptuales.
Los policías confundieron una caja que formaba parte de una
intervención callejera que la pareja de arquitectos había llevado
expresamente al taller en Córdoba, con lo que la inteligencia (sic)
antiterrorista imaginó un explosivo: contenía dos bafles, un grabador y
un cable que los conectaba. La pareja, todavía sorprendida y sin
siquiera tener a mano el número de un abogado, fue trasladada de
inmediato a Córdoba, y quedó alojada en la alcaidía de los tribunales
federales para ser indagada hoy. El caso, denunciado en las redes por
una amiga de la pareja chilena, cambió el tono policial de la
información publicada en algunos medios sin chequeo y derivó en un
escándalo internacional con intervención del Consulado chileno y un
sinfín de denuncias y burlas a Bullrich que recorrieron las cuentas de
Twitter.
Gabriela Medrano Viteri y Felipe Zegers, los arquitectos detenidos.
La
primera información que tomó estado público fue la difundida por la PSA
en su cuenta de Twitter el lunes pasado, en la que decía: “Este
#Domingo, junto a @GendarmeriaNacional detuvimos en #Palermo #CABA a una
pareja de Chilenos proveniente de la ciudad de Córdoba buscada por
haber dejado un artefacto explosivo en un hotel.” Como queda evidenciado
en el informe, la PSA dio por hecho que se trataba de un explosivo.
Información proveniente de otra fuente policial desconocida impulsó a
algunos medios a indicar que se trataba de “un artefacto explosivo –un
detonador sin su carga–”, es decir, un oxímoron del terrorismo, un
explosivo que no explota porque no tiene explosivo, pero con bafles,
cable y grabador, lo que dejaría en la cornisa de la peligrosidad y de
las alcaidías federales a millones de usuarios.
La pareja de detenidos, Gabriela Medrano Viteri y Felipe Zegers, son
reconocidos arquitectos chilenos. Medrano Viteri fue responsable del
proyecto del Teatro Bio Bio, premiado en un concurso internacional de
diseños en Londres. Zegers es creador de @HechoenCasaFest, un festival
reconocidísimo en la región por sus intervenciones urbanas. Precisamente
de las intervenciones urbanas es donde se genera la burda intervención
de las fuerzas de Bullrich. La pareja ya había presentado en Santiago de
Chile el dispositivo que consta de “unos parlantes que se colocan en
lugares públicos, con una batería y un grabador conectado a los
parlantes por medio de cables –describió a PáginaI12 Carolina
Ortega, una indignada amiga de Medrano Viteri, quien participó incluso
en la intervención en Chile–. Desde allí, el dispositivo difundía un
mensaje en el que se lee la Declaración Universal de los Derechos
Humanos, pero en lenguaje inclusivo. En la caja que encontraron creo que
no tenía la batería”.
La pareja había sido invitada a un taller en un contracongreso en el
marco del CILE, que se daría el sábado de 10 a 14 en el Pabellón Francia
de la Universidad de Córdoba, y en el que se trataría precisamente la
cuestión de las intervenciones. Terminado el taller la pareja se alojó
en un hotel en Córdoba, donde dejó, dentro de una caja roja, el
dispositivo de la intervención, y el domingo viajó a Buenos Aires, se
alojó en el hotel Casasur Bellini, en Palermo. “El domingo nos llamaron
para avisarnos que estaban en el hotel, para encontrarnos en un bar en
República Arabe Siria y Gutiérrez –explicó Ortega a este diario–. Ellos
volvían a Santiago el lunes y por eso volvieron a Buenos Aires el
domingo, y nosotros teníamos que ir a un casamiento en Santiago y nos
íbamos a alojar en su casa”.
Ortega fue la primera en difundir en su cuenta de Twitter la historia
no oficial, poniendo en duda y en alarma las definiciones de la máquina
de difusión ministerial. “Quedamos en vernos a las 19 en el bar, a dos
cuadras del hotel donde estaban. Nunca llegaron, los llamamos a los
celulares, llamamos al estudio en Santiago para ver si tenían noticia.
Al final, el lunes nos fuimos a la comisaría para averiguar. Ahí
buscaron, chequearon, les di el número de documento de mi amiga para ver
si tenían datos, los números de celulares, pero hicieron la búsqueda y
nos dijeron que nos tranquilicemos, que no estaban en ningún hospital. Y
nos recomendaron que esperáramos unas horas para presentar una denuncia
de búsqueda de paradero porque si la hacíamos en ese momento les
podíamos complicar la entrada en Chile.”
La caja de la intervención urbana hecha detonar por la policía antiterrorismo.
Pero
el mismo lunes, un amigo desde Santiago de Chile le avisó a Carolina
Ortega que había recibido un llamado de Zegers en el que le avisaba que
los habían detenido. El amigo reenvió a Carolina el link de una nota en
la que se informaba sobre la detención de la pareja chilena aunque sin
consignar sus datos. “Los detuvieron! los acusan de terroristas! estamos
todos locos!”, le dijo el amigo. Inmediatamente Ortega comenzó a
difundir la otra historia, la no oficial, en su cuenta de Twitter.
“Llamé al Consulado chileno en Córdoba y ahí me dijeron que iban a
presentarse en el juzgado.” Las notas periodísticas decían que se habían
ido sin pagar el alojamiento en Córdoba, y el dueño del hotel hizo la
denuncia, motivó la intervención policial y detectaron la caja con el
supuesto artefacto explosivo sin explosivo que hicieron detonar
preventivamente. Por medio de rastreo de celulares y cámaras, la pareja
fue detectada en Palermo. Y se cursó la orden de detención en el que
intervinieron las fuerzas de Bullrich.
“No se fueron sin pagar de ningún lado, ni hubo denuncias de ningún
hotelero –desmintió Carolina–. La caja no sabemos por qué la dejaron
porque todavía no pudimos hablar. Están incomunicados. Supongo que o se
la olvidaron o durante el taller alguien les pidió que la dejaran para
organizar una intervención en Córdoba”.
Carolina Ortega inició su denuncia en su cuenta de Twitter: “Les voy a
contar una historia que parece de película...” Los protagonistas
pasaron tres noches detenidos en la alcaidía federal de Córdoba y
aguardan a ser indagados, hoy, por el juez federal Hugo Vaca Narvaja.
Como
una ráfaga de viento patagónico, cuando llega esta fecha, los recuerdos
me transportan a aquellos días vividos con tanta intensidad en el
otoño de 1982. Me acerca una vez, más a los sentimientos y recuerdos más
profundos de esa parte de mi vida. Malvinas se nos hizo eterna en el
interior de cada uno de los que estuvimos allá. No sólo por lo vivido
durante el conflicto bélico, sino lo que vino después, tras el regreso,
dando lugar al nacimiento de una nueva lucha en el interior de cada uno
de los soldados que estuvimos combatiendo en la islas. Pero también nos
sirve para analizar el presente lleno de contradicciones.
En estos días y después de 37 años el Estado argentino y la
Cruz Roja Internacional (CRI), con la participación del Equipo Argentino
de Antropología Forense (EAAF), lograron la identificación de los
cuerpos de los queridos compañeros caídos que estaban enterrados sin
nombres propios en medio de la soledad del cementerio de Darwin. Ver las
imágenes de los familiares junto a las cruces de sus seres queridos
tiñe de gran emoción estos días de conmemoración y reflexión sobre
aquella guerra.
El proyecto de identificación de las tumbas comenzó hace 11 años, por
iniciativa de organizaciones de veteranos como el Centro de
Excombatientes Islas Malvinas de La Plata, acompañados por referentes
como el Juez Alejo Ramos Padilla e impulsada por decisión de la entonces
presidenta Cristina Fernández de Kirchner.
Luego el 2 de abril de ese mismo año, desde el monumento de Malvinas
en Ushuaia, la entonces jefa de Estado anunció que había solicitado a la
Cruz Roja Internacional su colaboración para que los N.N. fueran
identificados. Un año después, 91 familiares ya habían dado su
conformidad para los estudios de ADN correspondientes. Casualmente, el
gobierno británico dilató los tiempos para dar una respuesta de ayuda
humanitaria. Con el cambio de gobierno, Gran Bretaña accedió a este
reclamo y finalmente ambos países acordaron el inicio de las tareas el
20 de diciembre de 2016.
Entre tanto, recuerdo las agresiones recibidas por Adolfo Pérez
Esquivel; Nora Cortiñas, Madre de Plaza de Mayo; ex combatientes y otros
referentes de derechos humanos a su regreso de un viaje a las Islas,
como parte de la campaña para darles nombre y apellido a esos
compañeros. Entre gritos e insultos se los atacó acusándolos de vende
patria, traidores y cipayos, sin justificación. Esta iniciativa de
visitar Malvinas, de la Comisión Provincial de la Memoria, tampoco
recibió ninguna mención en estos días.
De todas formas, el reciente viaje de los familiares es un sueño
cumplido y una caricia a la vida. Cerró una asignatura pendiente y es un
reencuentro necesario con esta parte importante de sus historias.
Pero la lucha por la soberanía es continua y esto nos fortalece para
seguir adelante con la cuestión Malvinas, a pesar de que el gobierno de
Mauricio Macri, con su política exterior de entrega sólo desmalviniza,
el acuerdo firmado el 13 de setiembre de 2016, entre Susana Malcorra, ex
Canciller argentina y Alan Duncan, vice canciller británico a las
escondidas, sólo buscó satisfacer los pedidos de la Corona Británica en
temas como explotación de recursos, pesca, hidrocarburos o vuelos
aéreos, sin ningún beneficio para el pueblo argentino ¿Por qué no
insistir una y otra vez en el justo reclamo de soberanía que tiene
nuestro país desde 1833 y que es avasallada por la posesión colonial de
Gran Bretaña?
El gobierno de Mauricio Macri pareciera que sólo defiende la
posibilidad de hacer negocios con el Reino Unido, cede este monopolio a
los intereses británicos y se olvida de mantener el reclamo en los foros
internacionales. Pero por historia y por derecho, defender la soberanía
es una cuestión de Estado que supera el tiempo y los vaivenes políticos
que atraviesa el país.
Se colocó una vez más “bajo un paraguas” la discusión de la soberanía
de las Islas, como lo establece desde hace más de 50 años la resolución
2.065 de las Naciones Unidas. La política exterior de nuestro país
vuelve a buscar relaciones carnales con Gran Bretaña, escondiendo el
justo reclamo y olvidando el respaldo internacional que tuvo hasta hace
poco tiempo atrás. Mientras que, el representante del Reino Unido ante
nuestro país, Mark Kent, es un hábil diplomático que trabaja
intensamente para “Falklanizar” Argentina y la región.
Es en este orden, que la embajada británica auspició, en el hotel
Sheraton en diciembre de 2018, los premios Fopea a la supuesta
investigación del periodismo “independiente” argentino, donde por acción
u omisión no se hizo referencia al cierre de numerosos medios de
comunicación y de los 3.500 periodistas despedidos. Mientras el Reino
Unido “Falklaniza”, el Gobierno de Mauricio Macri actúa en complicidad
facilitando, con total impunidad, el avance británico sobre nuestro
territorio austral marítimo y las riquezas de nuestro mar y suelo
austral.
En nuestro territorio permanece la base de Mount Pleasant con casi 2
mil efectivos que custodian y controlan con su armamento, aviones,
barcos y un submarino nuclear nuestro mar austral y los pasajes
bioceánicos. Con total premeditación miran hacia el sur, pretendiendo el
control de todas las riquezas de nuestras aguas y el territorio
Antártico.
Malvinas es un lugar de pertenencia para el pueblo argentino y vive
en cada rincón de mi país. Lo vemos cuando las Islas aparecen en
remeras, tatuajes, muros, banderas, hinchadas de fútbol, monumentos,
sindicatos y escuelas. Hoy vuelvo a pensar en las contradicciones de
nuestra historia, de una guerra impulsada por una dictadura
cívico-militar en decadencia que utilizó un legítimo reclamo y cómo una y
otra vez se intenta esfumar la verdad por quienes prefieren ignorar o
callar lo que nos pasó y nos pasa para llevarlo a un plano individual o a
un modelo conservador. Pero una sociedad jamás será justa si no
ejercita la memoria, si no se piensa y reformula su pertenencia y esto
exige una tarea cotidiana. En definitiva Malvinas es una inmensa
historia de amor escrita con el corazón que conlleva a nuestra propia
historia como Nación.
* Periodista, docente en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social de la UNLP y ex conscripto combatiente en Malvinas.
El
programa Raíces, creado por el gobierno anterior para repatriar
científicos, logró hasta 2016 el retorno de casi 1300 investigadores, a
un promedio de 102 por año. Con el macrismo, en 2017 y 2018, sólo
regresaron seis. Y muchos emigraron de nuevo. Dos biólogos que volvieron
a irse cuentan su experiencia
Una protesta de científicos en la era macrista por el recorte de presupuesto en el sector. Imagen: Leandro Teysseire
Gracias
al programa Raíces, impulsado por los gobiernos de Néstor y Cristina
Kirchner, entre 2003 y mediados de 2016 fueron repatriados 1299
científicos, que se distribuyeron en dependencias públicas y privadas.
Hubo entonces un promedio de 102 investigadores que volvían por año.
Desde la asunción de Mauricio Macri, la caída fue abrupta. Las cifras
muestran el lugar residual en que fue colocado ese plan durante la
gestión Cambiemos. En 2017, los repatriados fueron dos y en 2018,
cuatro. Ahora, los científicos que están afuera extienden sus estadías
por tiempo indeterminado, algunos de los que retornaron al país ya
volvieron a emigrar y los jóvenes que no tienen oportunidades aquí
evalúan marcharse.
Adrián Pérez
Una protesta de científicos en la era macrista por el recorte de presupuesto en el sector.
A
fines de 2001, la situación parecía irreversible. El país estaba
quebrado y los horizontes de progreso se difuminaban. El 25 por ciento
de los argentinos no tenía empleo y, aproximadamente, un millón de
personas compró pasajes al exterior en busca de salidas de emergencia.
Muchos de ellos eran científicos, como Rolando González-José. Aunque hoy
es investigador principal del Conicet y director del Instituto
Patagónico de Ciencias Sociales y Humanas, se fue a fines de los ‘90
para seguir su profesión en Europa. “En 2003 me enteré de Raíces porque
un colega estaba haciendo los trámites para volver. Regresé porque se
abría un proceso político más interesante del que se venía
experimentando. Néstor Kirchner reconocía a los científicos como nunca
lo había hecho nadie; aparecían figuras como Adrián Paenza que nos
motivaban mucho a los que estábamos afuera”, comenta el experto en
biología, diversidad y evolución en Latinoamérica.
Una experiencia similar afrontó Leticia Bentancor, que en 2012, luego
de vivir en Boston (EE.UU.) y trabajar en la Universidad de Harvard,
regresó a Argentina con el programa de repatriación e ingresó al Conicet
como investigadora adjunta. “Volví porque quería hacer ciencia en el
país y estaban dadas las condiciones. No buscaba trabajar afuera, me
parecía injusto; debía devolver al Estado tantos años de educación
pública brindada. Raíces, en aquel entonces, facilitaba los pasajes en
avión y los costos de la mudanza”, explica la especialista del
Laboratorio de Ingeniería Genética y Biología Celular y Molecular de la
Universidad Nacional de Quilmes.
Leticia Bentancor.
Durante
la gestión anterior, se advertía una recomposición del sector que se
reafirmaría con la creación del Ministerio (diciembre de 2007) y todas
las políticas públicas que robustecieron el área. De hecho, fue tal la
impronta de Raíces que el 2 de diciembre de 2008 fue declarado política
de Estado y se convirtió en ley. No obstante, como plantea González-José
lo que en el pasado era un “efecto llamada”, hoy se constituye en
“efecto expulsión”. “La mística laboral que para nosotros es muy
importante se cortó: a ningún joven investigador lo vas a convencer de
que se va a llenar de guita con la ciencia porque eso no existe. Sin
embargo, es muy distinto tener salarios de hambre como tenemos: hay
mucho temor de que los pibes se vayan porque en estas condiciones no hay
manera de retenerlos. Hoy existe el mismo escenario expulsivo que
existía a fines de los ‘90”, apunta. En este sentido coincide Bentancor
cuando plantea: “Los que más sufren esta situación son los becarios que
recién comienzan a investigar. Con los subsidios congelados, las
posibilidades de mejorar los CV desaparecen por completo. Algunos
cuentan con diez años de formación, pero este gobierno no les brinda
ninguna oportunidad y nosotros vemos cómo se marchan a otros países
donde son bien recibidos y aprovechados”.
Agueda Menvielle fue la mentora principal del programa Raíces. Y
aporta un dato que grafica el lugar donde el macrismo puso a la ciencia:
“Lo que la gente quizás no sabe es que el Estado no necesita mucho
dinero para dinamizar el sector; de hecho, el presupuesto total del
Programa en comparación con cualquier otra partida representa apenas
unas monedas”.
Rolando González-José.
–Según
el sitio oficial, hasta la fecha son 1323 los científicos repatriados. A
simple vista es posible advertir una caída abrupta desde 2016, cuando a
partir de la gestión de Mauricio Macri comenzó a desmantelarse el
sector de CyT.
–Nosotros repatriábamos un promedio de 100 científicos por año. Las
redes de vinculación con países como Alemania o Francia (fundamentales
en el pasado reciente) están sin respuesta. Existe un desfinanciamiento
absoluto. Se advierte en el humor cotidiano de los científicos que al no
ser valorados, nuevamente, comienzan a marcharse.