martes, 29 de mayo de 2012

“Para hacer tecnología, antes hay que superar las obstrucciones ideológicas de los investigadores”


 


JOOS ULRICH HEINTZ, CARTONERO Y MATEMATICO


De chico fue considerado “infradotado”. Terminó en un reformatorio y allí, a los 16 años, escribió su primera obra de teatro. Doctor en matemática, lingüista y antropólogo cultural, Joos Ulrich Heintz, de origen suizo, es investigador del Conicet y docente en la UBA. Su obsesión es vincular la ciencia con el desarrollo: fue cartonero y manejó una planta recicladora de la Ceamse.

Por Verónica Engler
–¿Cuándo comenzó su afición por la matemática?
–En el primario fui un desastre y en el secundario también, odiaba la matemática. Creo que el talento para la matemática no existe, uno tiene que tener ganas o no, pero matemática puede aprender cualquiera, hasta yo (se ríe). Si yo tengo algún talento es para los idiomas, me resulta muy fácil aprender idiomas, trabajar con textos, lo hice toda mi vida. A los once años empecé a escribir literatura, no me perfilaba para nada como científico, sino como escritor y actor.
–¿Y cuándo se produce el cambio? –Hasta los dieciséis años mi vida era un despelote descomunal, hubo épocas en las que no comía todos los días y estuve más de un año sin casa. De pequeño yo tenía un comportamiento que no parecía normal para los chicos. Entonces, tanto los vecinos como la familia y mis padres pensaban que yo era infradotado, por lo que me querían mandar a una escuela especial para chicos con problemas mentales. Pero mi madre empezó a tener dudas del diagnóstico de mis vecinos (se ríe), y fue a ver al maestro que me estaba asignado. El estaba especializado en chicos difíciles, y le dijo que íbamos a probar que fuera a una escuela normal. Ese maestro me salvó la vida. Yo muy rápidamente aprendí a leer, lo que me permitió cierto grado de independencia, y en los primeros años de la escuela empecé a desarrollar mis propios intereses que, en la primaria, era sobre todo historia.
–¿Qué pasó entonces, después de que aprendió a leer? –Cuando tuve nueve años empezó otra etapa problemática, porque mis padres se divorciaron. Antes iba a la escuela con un diagnóstico psiquiátrico de que yo era infradotado, pero de alguna manera ese diagnóstico no tuvo consecuencias. Después, por mal diagnóstico se pensaba que yo tenía una epilepsia, porque tenía como ausencias, algo menos grave que las convulsiones, y como no encontraban una causa orgánica, buscaban por el lado psiquiátrico. Entonces terminé en un reformatorio a los once años. Ahí escribí mi primera pieza de teatro y estudié filosofía. Contacté por teléfono a un profesor de filosofía de la facultad que me recomendó obras de Platón y Schopenhauer. Pero en el reformatorio estuve pocos meses, porque me escapé y logré volver a casa con mi madre. Después cambió toda mi situación, porque varias personas leyeron esa pieza de teatro que había escrito, algunos escritores conocidos de mi madre, y entonces pasé de ser un infradotado a convertirme en niño prodigio. Con dieciséis años recién empecé a hacer una vida más o menos normal. Nos mudamos a un lugar fuera de la ciudad (de Zurich), donde hice el secundario. Y ahí tuve que recuperar todo lo que había perdido. Entonces, yo entré por los idiomas, no por las matemáticas. Pero también tuve que estudiar matemáticas, y en paralelo también física, que me interesaba mucho por la filosofía, porque quería entender los principios newtonianos. Busqué libros en la biblioteca sobre el tema y encontré dos obras de Einstein, que me costó leerlas. Entonces me di cuenta de que me faltaba entender matemática, y encontré un curso donde se hacían todas las demostraciones, y así empecé a entender, porque antes la matemática se daba sin demostraciones. Eran reglas que se enseñaban, que había que replicar ciegamente y sin argumentación. Cuando terminé el secundario estudié filosofía. En ese momento, en la universidad había que estudiar tres carreras, para mí la primera era filosofía y la segunda matemática, pero la filosofía se daba de manera desastrosa y estaba cada vez menos motivado. Entonces empecé a cursar cada vez más materias de matemática y me obligaron a cambiar de facultad. Al final terminé con matemática, antropología cultural y física, en tercer lugar.
–¿Y cómo llega a la antropología cultural? –Lo que más me interesaba eran los campesinos, pero yo sabía que no tengo la mente para ese estilo de vida, y menos los medios, porque en ese tiempo en Suiza para dedicarte al campo tenías que haber heredado una chacra. Llegué a la antropología cultural por los campesinos, porque durante tres años había ido a una escuela rural. En Suiza yo sufrí terriblemente la xenofobia de los suizos, porque la clase media suiza es xenófoba como la argentina, y no te perdonan los padres extranjeros, mi padre era de Francia y mi madre una prusiana de Alemania. Encima, cuando yo hablaba tenía un acento fuerte, pero medio indefinible. En ese ámbito rural, los campesinos ni siquiera eran verdaderos campesinos ni agricultores, eran pastores. Ellos me trataban bien, porque ellos también venían de otra cultura, y no eran xenófobos, eso nunca me lo olvidé, y era gente muy pobre. En esa zona fui de la primera generación que no pasó más hambre. Ellos tenían otra mentalidad, y eso me fascinó, por eso estudié antropología cultural enfocado en dos cosas: el campo, y dentro del campo las culturas de pastores. Y también me especialicé en temas de pobreza, pero siempre ligado al campo. Más tarde aprendí turco y me relacioné con turcos de clase baja o de clase media baja, que eran o campesinos o villeros. Empecé en Suiza y seguí en Alemania, donde convivía con ellos.
–¿Se fue a Frankfurt para trabajar en la universidad? –Sí, a fines de los años ’70. Tenía un cargo de colaborador científico en matemática. Y después, a principios de los ’80, vine a la Argentina con Ana (su esposa argentina) y luego volvimos a Alemania, y ya tuve un cargo de profesor adjunto. Cuando yo llegué a Frankfurt empecé a vivir en un conventillo con población inmigrante, en la que el idioma de comunicación era el turco, pero en realidad la comunidad era multinacional, se componía de yugoslavos, macedonios, kurdos de diferentes estados, y ciudadanos turcos. Después alquilé un departamento que pronto convertí también en conventillo. Había mucha gente con problemas, inmigrantes, la mayor parte eran refugiados precarios, gente que había pedido asilo, a algunos los invitaba a vivir al departamento.
–En el año 1987 ya se radica definitivamente en Argentina e ingresa como investigador en el Conicet. Para esa época crea el grupo Noaï Fitchas, que luego se convertirá en TERA (Turbo Evaluation and Rapid Algorithms). ¿Me puede contar cómo fueron esas experiencias grupales? ¿Cuáles eran los temas de investigación? –Con Noaï Fitchas realizamos aportes en álgebra conmutativa y geometría algebraica computacional que impulsaron y aglutinaron una corriente internacional de investigación en cuestiones de complejidad de cálculo simbólico. A partir de 1991, el grupo fue reorientando paulatinamente sus actividades científicas hacia el logro de resultados tecnológicamente relevantes e incorporó nuevos temas teóricos. El resultado fue su transformación en el grupo internacional TERA, de investigación y desarrollo de software para la simplificación y resolución de sistemas de ecuaciones polinomiales y algebraico-diferenciales. Este grupo llegó a contar con catorce investigadores permanentes y quince becarios o tesistas en cinco países (Argentina, España, Francia, Alemania y Canadá). El grupo TERA estuvo dirigido por Marc Giusti (en París), Bernd Bank (en Berlín) y por mí (en Buenos Aires y en Santander).
–¿Estas investigaciones derivaron en alguna aplicación? –Sí, TERA creó el paquete de software Kronecker, una innovación tecnológica que sirve para generar programas que descomprimen imágenes, algo que puede ser muy útil en TV digital, por ejemplo. Lo que permite Kronecker es generar algoritmos que se adaptan a las necesidades de diferentes sistemas de imágenes para descomprimirlas en tiempo y forma. Cuando se comprime una imagen –en formato jpg, por ejemplo– se simplifican sus cualidades para poder guardarla en un espacio de memoria reducido, hasta que se la quiera visualizar, para lo cual es necesario descomprimirla. En una fotografía en blanco y negro, el software establece una relación en una escala de grises, una cierta “suavidad” que permite la configuración de la imagen como una unidad y no como una suma de puntos. La reconstrucción de la imagen va a depender de que el software encargado de descomprimirla pueda reproducir la suavidad original. Lo innovador del método desarrollado por TERA es su economía en espacio de memoria y su velocidad: Kronecker tarda tan sólo una hora en encontrar un programa que permite reconstruir –descomprimir– a la perfección las imágenes, mientras que otros métodos pueden superar las veinte horas y no arribar a un resultado. Nuestro trabajo se basó en ecuaciones polinomiales, que pueden tener infinitas soluciones. Este tipo de ecuaciones, provenientes de la geometría clásica, interesan fuera del ámbito puramente matemático porque se espera de su resolución efectiva una larga gama de aplicaciones en ámbitos tales como la robótica, la visión, el diseño asistido por computadoras, las telecomunicaciones, la criptografía, e inclusive en la descripción cualitativa de estructuras moleculares.
–¿Ese desarrollo se hizo acá? –No, en Francia, con el grupo de Giusti. Yo hubiera querido hacerlo en Argentina, pero en esa época, pleno menemismo, no se conseguían programadores, porque los estudiantes de informática podían ganar mucho dinero en una empresa, nadie se interesaba en una beca o en un doctorado. Entonces, en el grupo no había nadie que programara ni que supiera de ingeniería de software. Tuvimos suerte de que vino un becario de Francia que se interesó en lo que hacíamos nosotros y lo implementó ayudado por sus compañeros, que también hicieron la tesis allá. Después nos cortaron los proyectos. Entonces, en esa situación, me di cuenta de que en Argentina no puedo hacer tecnología. Hoy hay un discurso del Ministerio de Ciencia que se refiere a revertir esa situación, es decir, juntar el desarrollo con la investigación. Pero, no sé realmente cuánto hay de deseo y cuánto de realidad en eso. Creo que primero hay que superar unas obstrucciones sociales e ideológicas en la mentalidad pequeñoburguesa de la gente, tanto investigadores como empresarios.
–¿A qué se refiere con “mentalidad pequeñoburguesa” de empresarios e investigadores? –El investigador quiere quedar bien con el Conicet y publicar sus papers y tener reconocimientos de sus pares, pero no le importa la tecnología y el desarrollo. Quieren viajar, y si después, con poco esfuerzo, gratis, le sale una aplicación, bienvenido. Yo vi que la Argentina puede enterrar la pata tecnológica de lo que hago. Entonces el análisis era que tenía que ver con la mentalidad pequeñoburguesa de los matemáticos. El conflicto era que acá nadie es (Carl Friedrich) Gauss, o en física nadie es (Albert) Einstein, pero tampoco hace falta. Si no tenemos un Gauss, podemos pensar en crear un Gauss colectivo. Y yo fui el primero que creó un grupo y que trabajó en grupo con una especial cohesión. Después se crearon otros grupos, pero más bien como un sindicato que defiende intereses, por ejemplo, a la hora de publicar papers. Y ya desde el principio recibía comentarios de que era muy malo el haber creado un grupo, porque decían que resultaba complicado evaluar a los integrantes del grupo individualmente. Esos comentarios me mostraron que la comprensión dominante acá de la matemática es que el matemático es un individuo que se dedica a la tarea como un deportista, pero ni siquiera como un futbolista que tiene que colaborar con otro futbolista para hacer un gol, sino como uno que hace atletismo, pura destreza individual para ver quién es el mejor, quién publica más papers en la mejor revista. Y fueron los mismos científicos quienes impusieron esos criterios superficiales, de cantidad de papers e impacto en revistas, de los cuales ahora se quejan.
–Usted comienza a trabajar con los cartoneros hace una década, cuando conoce a Lidia Quinteros, por entonces delegada del Tren Blanco. ¿Cómo se fue dando su relación con ese mundo tan alejado del ámbito científico? –Con Lidia nos conocimos en la Asamblea de Colegiales. La primera cosa que hicimos juntos con la Asamblea fue una acción de vacunación y después vino la escuela para hijos de cartoneros (en José León Suárez), que se empezó a construir en 2004. Era para darles apoyo a los chicos del barrio, pero en realidad eran todos analfabetos, entonces era una escuela de alfabetización, porque en la escuela del barrio no les enseñaban a leer, les enseñaban el himno nacional y funcionaba como una guardería. La escuela funcionó dos años y medio más o menos. Pero nos resultaba difícil encontrar maestros que quisieran dar clase a chicos villeros, y además hay una guerra entre la clase media y la clase baja. Entonces uno tiene que hacer mucha presión para que hagan lo que tienen que hacer, que es enseñarles a escribir. Luego, en 2007 vino la lucha por el Tren Blanco, para que no lo sacaran. Yo incluso le había pedido a Lino (Barañao, ministro de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva) que interviniera por el Tren Blanco, y Lino lo intentó, pero no pudo hacer nada. Sacaron el tren y pusieron esos camiones infrahumanos para el transporte de los cartoneros. Para entonces, Lidia cartoneaba irregularmente porque ya habíamos empezado a hacer los trámites para lograr la concesión de la planta recicladora de la Ceamse. Y ya en 2008 nos pusimos a trabajar de lleno en eso.
–¿Cómo llega usted, con Lidia Quinteros, a estar al frente de una de las nueve plantas recicladoras que creó la Ceamse? –Nuestra planta comienza a funcionar a fines de 2008. Pero el tema de las plantas recicladoras empieza antes, en 2004, luego de que desapareciera en las montañas de basura un chico quemero, Diego Duarte. Hasta ese momento los quemeros entraban en el predio de la Ceamse, clandestinamente, para sacar cosas de la montaña de basura, y se arriesgaban a perder la vida, porque los solían correr a tiros. La muerte de Duarte es el último capítulo de una larga historia. Hay una sospecha de que los empleados de la Ceamse lo enterraron vivo, que le tiraron una montaña de basura encima. En ese momento la situación era que había una gran presión de la población alrededor, que era la única que aceptaba los basurales. Querían reciclar en competencia con la policía y los guardianes, que también sacaban cosas de la basura. Y ése es el trasfondo en el que se empiezan a crear las plantas recicladoras, porque cuando matan a Diego Duarte el escándalo es grande. Lo que querían los quemeros era más acceso a la montaña de basura y playones donde poder separarla. Porque en la montaña hay muchas cosas de valor, por ejemplo cosas decomisadas, como computadoras o cosméticos, y hay un gran negocio con eso, hay toda una organización de empresas que compra eso y lo revende. Por eso, no se explica la brutalidad con la que actuaban la policía y los guardias de la Ceamse sin ese trasfondo de negocio. Sobre los quemeros y la creación de las plantas hay un libro de Raúl Alvarez con muy buena información (La basura es lo más rico que hay). Alrededor de la basura hay una gran lucha en la sociedad pequeñoburguesa en la que vivimos, porque cuando el pequeñoburgués o su empresa se deshace de algo, sigue reclamando derechos de propiedad negativos, es decir, le prohíbe al otro recoger la basura y hacer con ella lo que quiere. La dictadura llevó al extremo este sistema prohibiendo la manipulación de basura. Los cartoneros empezaron en la década del ’90, y Lidia fue la primera que los organizó para venir a la ciudad, a dedicarse a una actividad prohibida por las leyes de la dictadura y que en democracia no tuvieron problemas en aplicar.
–Entonces, ¿la Ceamse ofrece las plantas recicladoras luego de la desaparición de Diego Duarte? –Sí. El que era entonces presidente de la Ceamse, bajo el gobierno (en la provincia de Buenos Aires) de (Felipe) Solá, armó un equipo para promover esa idea de las plantas industriales. Pero las recicladoras no fueron hechas para que realmente reciclen, sino que hacía falta una especie de barniz, lo que reciclan en la Ceamse es ridículo, es el dos por ciento de la basura, el resto se tira a la montaña. Todavía hay empleados de la Ceamse que tienen la idea, que viene de la dictadura, de enterrar la basura. Y del otro lado hay un gran problema con la mercadería decomisada, que es disputada, porque hay en la zona una reventa de ese tipo de cosas. Pero Greenpeace, cuando lanzó la campaña Basura Cero, no fue mejor, el objetivo era excluir a los cartoneros, expulsarlos de las calles de Buenos Aires. El anteproyecto de la ley llegó a nuestras manos y nos pidieron que lo revisáramos. Los cambios que sugeríamos nosotros se referían a que se conecte esa ley con la ley (del ex diputado Eduardo) Valdés, que legalizó a los cartoneros (en 2002), en la cual Lidia tenía una fuerte intervención. La Ley de Basura Cero se caracterizó por ignorar la existencia de los cartoneros, eliminaron todas las pautas que queríamos incluir para que se recicle más. Entre otras cosas, pusimos un artículo que prohibía la apertura de nuevos depósitos finales, y Greenpeace estaba en contra de eso. Es decir que apoya el enterramiento, porque si el Estado abre nuevos rellenos sanitarios, se puede seguir enterrando. Y todas las promesas que se hicieron con la Ley de Basura Cero no se cumplen para nada, no hay reciclaje. La basura que se tira alegremente a la montaña sigue aumentando muy rápidamente.
Fuente: Página/12

La ruptura del orden colonial

La Revolución derivó en un mejoramiento de las condiciones de vida populares y la desigualdad social fue significativamente menor de la que sobrevendría más tarde con el desarrollo pleno del modelo agroexportador de fin de siglo.





Producción: Tomás Lukin


La revolución popular

Por Gabriel Di Meglio *

La Revolución que empezó en 1810 modificó distintos aspectos de la realidad rioplatense e introdujo novedades. Una de ellas fue la politización masiva de buena parte de las clases populares, es decir de quienes ocupaban lo más bajo de la pirámide social: el grueso de los trabajadores (campesinos, peones, artesanos, arrieros, lavanderas, vendedores ambulantes y un largo etcétera), los que no eran considerados blancos, los pobres (incluyendo a muchos blancos) y quienes no tenían respetabilidad social. Estas variables, claro, se combinaban.
Con la ruptura de un orden que había funcionado por siglos, la movilización militar para la guerra –los plebeyos constituían la mayoría de las tropas– y las disputas internas a la dirigencia revolucionaria –en la que los grupos que se enfrentaban empezaron a buscar apoyos socialmente hacia abajo– abrieron el camino para la intervención popular en los asuntos públicos, que en algunos espacios se volvió constante.
La presión popular convirtió el enfrentamiento entre revolucionarios y contrarrevolucionarios en una lucha entre americanos y españoles. La identificación de los españoles como enemigo permitió expresar tensiones sociales y raciales que se volcaron en el odio a ese grupo concreto. Así, la fidelidad al bando americano dio paso a un simbólico ascenso social, dado que igualaba a quienes la profesaban con los que antes estaban sobre ellos, y esto incluyó también a muchos africanos.
El peso de la participación popular fue muy variado. En la ciudad de Buenos Aires fue destacada porque, al ser la capital, la intervención plebeya en un movimiento contra un gobierno afectaba al conjunto de los territorios revolucionarios. En lugares donde había importantes tensiones sociales previas, como en la Banda Oriental y Entre Ríos o en Salta y Jujuy, la revolución generó una gran movilización que desafió al orden social. Los pobladores rurales lucharon por la libertad y por mejorar sus condiciones de vida, asegurar el respeto de derechos consuetudinarios de acceso a los recursos y conseguir una sociedad más justa. Aplicaron una práctica redistributiva apropiándose de bienes de grandes propietarios –sobre todo ganado– en nombre de la causa y pugnaron por ser favorecidos en el reparto de las explotaciones de los partidarios de los realistas. Hubo también una carga racial, ejemplificada en el grito de “mueran los cariblancos” que lanzaban varios seguidores de Güemes, y una tendencia igualitarista, muy marcada entre los partidarios de Artigas con su lema “nadie es más que nadie”.
Muchos guaraníes de las que habían sido las misiones jesuitas lucharon para reunificar la antigua provincia jesuítica, pero esta vez sin los sacerdotes y sin españoles, portugueses, paraguayos o porteños: dirigirían ellos mismos sus asuntos. Conducido por Andresito Guacurarí, el fallido proyecto mostró también una abierta hostilidad hacia los blancos.
Para los esclavos fueron años de esperanza y presionaron para conseguir la libertad. Los líderes revolucionarios eran conscientes de la incoherencia entre ese derecho y el de propiedad, al que privilegiaron. Por eso en 1812 prohibieron el tráfico de esclavos y en 1813 sancionaron la libertad de todos los hijos de esclavos que nacieran desde entonces, condenando a la esclavitud a morir de a poco, sin afectar los intereses de los amos. Sin embargo, la guerra redobló la necesidad de soldados y muchos esclavos fueron alistados con la promesa de libertad al final del conflicto. La participación de esos libertos en los ejércitos fue fundamental.
Muchas expectativas populares en la Revolución no se cumplieron. Sin embargo, la impronta popular dejó huellas. El sistema de castas por el cual los no considerados blancos eran jurídicamente inferiores –por ejemplo, los blancos y los negros, pardos, mestizos e indígenas recibían distintos castigos por un delito similar– llegó a su fin. La desigualdad social y racial siguió existiendo, pero ya no era legal.
La movilización popular fue desmantelada en algunas provincias pero no en otras. A raíz de ella –en particular en Buenos Aires y el Litoral– se hicieron fuertes las negociaciones de las condiciones de trabajo, las resistencias cuando el Estado buscó asegurar los derechos de propiedad favoreciendo a los poderosos y las tendencias igualitaristas. De hecho, en términos relativos, las décadas que siguieron a 1830 vieron un mejoramiento de las condiciones de vida populares y la desigualdad social fue significativamente menor de la que sobrevendría más tarde con el desarrollo pleno del modelo agroexportador de fin de siglo. El federalismo se nutrió de muchas de las aspiraciones populares y se volvería la fidelidad política mayoritaria entre el “bajo pueblo”.
La enorme mayoría de los líderes políticos exitosos del período anterior a 1870 basaron sus carreras en su ascendencia popular. La política se hizo impensable sin alguna presencia, subordinada pero persistente, de los de abajo.
* Historiador (UBA-Conicet).


El mito moderno

Por Javier Trímboli *
Revolución: “El mito moderno por excelencia, el de la redención de la humanidad por su propio esfuerzo, el de la conquista de un paraíso situado ahora en el curso de su propia historia humana, como meta final y alcanzable de un proceso que sólo a través de su conquista alcanza justificación”. Quien ensaya esta definición es Tulio Halperin Donghi. Los pocos que la leyeron en 1961 quizá sospecharon algo despectivo en estas palabras, pues el nuevo ciclo revolucionario, recién iniciado en América latina, se entendía a sí mismo mucho más cerca de las leyes de la historia que del mito. Sin embargo, se trataba de recordarles a quienes preferían –-y aún hoy prefieren– imaginar que mayo de 1810 estuvo libre de esos tonos, que efectivamente había sido una revolución. Incluso Saavedra, advertía el historiador, actuó tomado por esa creencia.
Ahora bien, en el mundo prosaico lejos estuvo de ser unánime el entusiasmo que la Revolución produjo. Tomemos el caso de dos jóvenes que poco después se montarían sobre la movilización por ella generada, protagonistas destacados del capítulo que le sigue de cerca, si no se confunde con ella, el de las guerras civiles. Ni Facundo Quiroga ni Rosas fueron ganados plenamente por el mito revolucionario. Aunque no sea cierta la versión que lo señala como desertor del ejército, el acontecimiento que lo vincula con Quiroga con la Revolución –su papel relevante en la represión al motín realista que estalla en la prisión de San Luis, donde él mismo estaba recluido– además de tardío, sobresale por otros ribetes. Rosas, por su parte, se preocupó por aclarar que la Revolución no le había sido antipática, pero no llegó a alterar su rutina de estancia, engordando el peculio familiar. Belgrano y José María Paz detectan la indiferencia de muchos criollos e indígenas con los que toparon hacia 1812 en el norte del antiguo virreinato. Pero no se sorprenden del todo, ellos tampoco habían sido sus militantes resueltos antes de que estallara la crisis que derivó en el Cabildo abierto. Por no hablar de Moreno, que nada que oliera a revolución dejaba adivinar en su Representación de los hacendados, escrita en 1809. A Paz sí le llama la atención que los gauchos que en Tucumán salvaron al Ejército del Norte de una derrota desastrosa, además de profesarles un “odio rencoroso” a los realistas, estaban demasiado interesados en despojar a sus cadáveres de cualquier objeto de valor. Cadáveres de realistas que también eran americanos. Belgrano se entrega a la revolución, pero también la nombra guerra civil. La inquietud, incluso cierta zozobra por el sentido de lo que está protagonizando, lo asalta de manera no muy distinta a como le sucede a Rodolfo Walsh en 1964, cuando escribe el epílogo a la segunda edición de Operación Masacre.
En 1819, en proclama al Ejército de los Andes, San Martín hacía una afirmación que durante más de un siglo quedaría olvidada: “Seamos libres, de lo demás no importa nada”. Lo “demás” era la organización política de estas tierras que, se veía, volvería a fracasar, y quizá también las pretensiones demasiado exigentes que encerraba ese mito. Es que la Revolución, como se decía, estaba devorando a sus hijos, cosa que el Santo de la Espada entendió mejor que muchos otros. O, para evitar a Cronos, los obstáculos que la Revolución enfrentaba –los viejos intereses, las pretensiones de las clases acomodadas de Buenos Aires, pero también la enorme dificultad para fundar una vida pública– les arruinaron la vida a muchos. A Moreno y también a Saavedra, sólo por empezar.
¿Qué queda hoy de la Revolución? En primera instancia, estas vidas accidentadas que nos recuerdan que nada entre los hombres, incluso entre los que hacen revoluciones, es llano ni monocorde, nada está hecho a la medida de los que gustan identificarse con los buenos, que siempre han sido buenos en la historia. A su vez, y para el disgusto de algunos otros, vale recalcar que seguimos filiados tanto al primero como al segundo ciclo revolucionario. Así y todo, de tomar el cielo por asalto para volverlo cierto en la tierra, poco sobrevive. Involucrados en lo prosaico del mundo, difícil no reconocer el enorme valor de la política de reparación que se viene llevando adelante desde 2003, pero es evidente que el socialismo ha quedado muy lejos. Lejos también el idealismo y la tentación de lo sublime, podemos ser justos como pocas veces con el pasado y sus rugosidades, que son nuestras. Quizá sea inevitable vestir alguno de los trajes que nos ofrece la historia, para inflar de sentido el papel que nos toca actuar en el presente. De todos modos, llevar los de la Revolución y, más aún, los de la guerra, no parece por lo menos responsable. Si responsable suena mal, digamos que tampoco parece inteligente. Porque es equívoco pero, sobre todo, porque es aceptar la invitación que nos hacen quienes no esperan sino el momento del castigo.
* Asesor historiográfico de Canal 7.

domingo, 27 de mayo de 2012

Facebook, el gran predador


 



 LA RED FUNDADA POR ZUCKERBERG ES UN AUTENTICO SERVICIO DE INTELIGENCIA
La empresa se sirve de cada huella dejada por los usuarios para hacer dinero con ellas. La asociación Internet sin Fronteras propone la creación de un e-sindicato con la meta de defender los derechos de quienes usan esa red virtual.


Por Eduardo Febbro
Desde París
¿Cuál es el tercer país del mundo en términos de población y el que más espía a sus ciudadanos? La respuesta cabe en un territorio virtual: Facebook. Con sus 900 millones de usuarios registrados, si Facebook fuera un país sería el tercero del mundo, justo después de China (1340 millones de habitantes) y la India (1170 millones). Esta demografía virtual hace de Facebook un territorio de participación voluntaria en el cual los usuarios entregan su intimidad con toda inocencia sin tener plena conciencia de a lo que están expuestos, ni tampoco el gigantesco capital que los utilizadores aportan a la empresa fundada por Marc Zuckerberg.
Creada hace apenas ocho años, Facebook pretende cotizar a un valor bursátil de 104.000 millones de dólares. Es más grande que Amazon, 98.000 millones de dólares, vale casi tres veces más que Ford Motors, 38.000 millones de dólares, pero menos que Google, 203.000 millones, y que Apple, 495.000 millones. Al igual que Google y otros gigantes de la red, Facebook ha dejado de ser la muy simpática Satart-Up creada en el campus de Harvard. Es un predador de datos, una aspiradora universal de publicidad, un auténtico servicio de inteligencia que se sirve de cada huella dejada por los usuarios para hacer dinero con ellas.
Todas las cifras que tienen que ver con Facebook son imperiales: con 169 millones de usuarios, Estados Unidos cuenta con el mayor número de miembros. Le siguen la India, con 51 millones; Brasil, con 45 millones, y México, con 20. Más de 300 millones de fotos se suben cada día a Facebook y cerca de 500 millones de personas acceden a la red social utilizando dispositivos móviles. Sin embargo, el calificativo de “red social” está lejos de coincidir con la realidad. Como lo resalta Archippe Yepmou, presidente de la asociación Internet sin Fronteras (www.internetsansfrontieres.com), ISF, el valor bursátil de Facebook “está indexado sobre el abuso de nuestro derecho al control de nuestros datos personales”.
El peso de Facebook es proporcional al grado de intimidad que revelamos con nuestras conexiones. Facebook y Google se apoyan en casi el mismo modelo económico: cuanto más se sabe sobre los gustos e inclinaciones de los usuarios, más dinero se puede hacer con esos datos sin que el utilizador haya dado su acuerdo. Es en este contexto que la asociación Internet sin Fronteras propone la creación de un e-sindicato con la meta de defender los derechos de los usuarios de Facebook y otros mastodontes numéricos que espían cada uno de nuestros clics para convertirlos en oro. Antonin Moulart, miembro de Internet sin Fronteras, explica que la “idea de un sindicato electrónico apunta a imponer una relación de fuerza con la empresa del señor Zuckerberg para que entienda que tenemos derecho a decidir sobre nuestras informaciones personales”. La paradoja Facebook es inmensa: se ha vuelto un útil de intercambio mayor, con alcance planetario, pero su aparente inocencia atrae adeptos que se prestan voluntariamente a una violación impensable de su vida privada. Archippe Yepmou revela, por ejemplo, que “nuestras agendas están scaneadas por Facebook a través de nuestro teléfono móvil y nuestro web mail. La empresa procede también a una identificación biométrica que le permite a Facebook reconocer logos y rostros de las fotos sin que el contribuyente haya dado su autorización explícita”. La idea del e-sindicato viene a imponer un mediador entre las personas y este robo de la intimidad. Desde luego, la solución más simple consistiría en no inscribirse en Facebook, pero su necesidad, real o imaginaria, ya es un hecho consumado. En este sentido, la asociación Internet sin Fronteras reconoce que “la posición monopólica de Facebook hizo de la empresa un espacio de socialización obligatorio para toda o una parte de la población”. Hemos ingresado en ese espacio virtual-social como ovejas mansas mientras el lobo estaba al acecho. Reparar el error requiere una conciencia universal del valor estratégico y comercial de nuestros datos personales, así como de nuestro derecho a oponernos a que sean comercializados. Pero esa conciencia está lejos, muy lejos de haberse plasmado. La capitalización de los datos personales está perfectamente cifrada en el valor de Facebook. No son sus máquinas o su programa lo que han hecho su riqueza, sino nuestra intimidad. El ingreso en la Bolsa de Facebook inaugura otra fase peligrosa: “El modelo económico de la empresa basado en la explotación comercial de la vida privada va a empujar a Facebook hacia una dirección todavía más intrusiva y liberticida”, afirma la ISF.
Facebook es un auténtico estómago de datos cuyo destino, en gran parte, desconocemos. El contrapoder frente a Facebook y otros traga-datos planetarios existe: es, por ahora, tímido pero real. Electronic Frontier Foundation, Internet sin Fronteras, las muy oficial CNIL (Comisión Nacional de Informática y Libertades, Francia), el Controlador Europeo de Protección de Datos, CEPD, o Europe versus Facebook son algunos de los organismos oficiales o no gubernamentales que se plantean la manera de tejer un cerco legal entre los ciudadanos y empresas como Facebook o Google que lucran con nuestra vida. Harán falta, sin embargo, muchos años para que los usuarios pasen a la acción y tomen conciencia de los niveles de exposición a los que están sometidos cuando, sin ninguna garantía de privacidad, suben una foto, manifiestan un gusto musical o la preferencia por una u otra marca.
Fuente: Página/12

sábado, 26 de mayo de 2012

La culpa no es del arbolito



Por Raúl Dellatorre

La profundización de la crisis del euro que se avecina, y de su sistema bancario, prenuncia que una nueva etapa de la crisis mundial se está incubando. Tal como se señalaba hace menos de cuatro años, cuando la crisis del dólar era la que salía a escena, los coletazos de la crisis en los países centrales afectan a los periféricos, como la Argentina, por el lado comercial o el lado financiero, o por una combinación de ambos. La política de comercio exterior argentina fue tomando los recaudos para prevenirse de esos impactos, pero en materia financiera las prevenciones fueron llegando con más demora y en cuentagotas. Hoy, cuando la crisis del dólar de 2008 todavía no ha sido totalmente superada y la crisis del euro empieza a resultar algo más que una sombra, el coletazo de la crisis empieza a hacer sentir su peso sobre estas costas por el lado financiero. El ataque especulativo tomó la forma de una acelerada fuga de divisas y la creación de un mercado paralelo que no opera por vía de los costos, sino a través de la desestabilización, buscando generar una sensación de pánico e incertidumbre, incluso entre aquellos que “nunca han visto un dólar”, como habría dicho Perón en su primera época.
Frente a un ataque financiero, la Argentina tiene al menos dos flancos débiles. Uno es padecer de un sistema excesivamente abierto, en el que todavía se permiten las operaciones domésticas en moneda extranjera con una facilidad que puede verse en muy pocas otras partes del mundo. Y una permisividad para sacar fondos del país que comenzó a limitarse con medidas de regulación que todavía siguen siendo burladas con relativa facilidad por grandes operadores –grupos empresarios, fondos de inversión–, incluso utilizando el sistema institucional –entidades financieras– que se prestan para hacer operaciones a las que no están autorizadas. En materia financiera, se diría que la Argentina era, hasta hace poco, lo mismo que era en materia comercial durante el menemismo, época de ingreso ilimitado de productos importados.
El otro flanco débil es el cultural. En la Argentina, como en pocas otras partes del mundo, el público en general se siente seguro teniendo dólares, recurriendo a esa reserva de valor incluso cuando el epicentro de la crisis sea el país que emite esos billetes. Baste recordar ciertas conductas durante la crisis de 2008 en Estados Unidos, cuando aquí el público compraba dólares “por las dudas”. Diego Borja, secretario económico del ALBA, ex ministro de Economía y ex presidente del Banco Central de su país, Ecuador, cuya economía aún sigue dolarizada, explica el fenómeno de esta forma: “La gente ahorra en dólares y tiene confianza en el dólar más por defecto que por virtud. Años de dominación y hegemonía norteamericanas le tienden una cortina ideológica a la gente con capacidad de ahorro, que es la gente con acceso a la información internacional. Y sin embargo siguen siendo rehén de un mecanismo de formación de la opinión pública que impide ver la crisis profunda del dólar, del sistema monetario-financiero internacional y de la propia economía capitalista”.
Ambos flancos débiles están prestando su colaboración, en estos días, para alimentar la sensación de inestabilidad y pánico. La fuga de capitales tiene tanto aspectos políticos como económicos. En lo económico, es cierto que los capitales financieros sacan mayor provecho de la entrada y salida sin restricciones para aprovechar las oportunidades de rápido retorno donde se presenten, y que las restricciones que impuso la Argentina en los últimos tiempos no les hacen gracia. Era de esperar que buscaran generar algún tipo de mecanismo sustituto, ilegal, para burlar esas trabas, como lo son las rutas para el contrabando o las formas clandestinas para el tráfico de armas o narcóticos. Lo insólito es que ese mecanismo ilegal, ahora llamado “dólar blue”, adquiera el prestigio y respeto que hoy merece en distintos medios. Es en ese plano en el que el flanco débil cultural le juega a favor.
Pero decíamos que la fuga tiene también un aspecto político. Y está dado en que esos fondos especulativos, pero también los grupos financieros que gozaron de todos los beneficios del modelo neoliberal y otros sectores que han basado sus negocios en la posición dominante en determinados mercados o en sus vínculos (asociados o controlados) con el exterior, se resisten al rol regulador que va recuperando el Estado sobre la economía. La fuga es una forma de respuesta, de oposición a esta política, de obstrucción de su aplicación.
Es una disputa política contra esos grupos del sector financiero, que también es un correlato de la disputa que se desarrolla a nivel mundial por la hegemonía del sistema capitalista contra los representantes del capital financiero que han destruido el capital productivo durante el reinado del neoliberalismo. Y que todavía imponen las políticas de ajuste en Europa.
Pero en esa disputa, el gobierno argentino padece de una fuerte falencia en el plano cultural: no logró transmitir el fondo de la cuestión en disputa. Culturalmente, para gran parte de la población “el dólar blue a 6,15” y la persecución de la AFIP a los arbolitos que ofrecen la divisa estadounidense con color renovado es sinónimo de trabas a la sana intención de comprar dólares para viajar al exterior o, simplemente, ahorrar para el departamentito. La concepción parece simplista, pero es la que transmiten los medios, y la forma en que se desarrollaron los controles a la venta de divisas no hacen mucho por desmentirla. Quien quería comprar dólares, teniendo los fondos y los ingresos suficientes acreditados como para justificar su origen, hasta este jueves seguía viendo bloqueada la posibilidad de hacerlo en bancos y casas de cambio. En la medida en que estos mecanismos vayan ajustándose, y que ganen en eficiencia para bloquear a quienes intenten fugar divisas mal habidas o injustificadas, y no al ahorrista de ingresos medios, otro tipo de explicaciones será posible.
Pero además de posible, serán necesarias. Porque la batalla seguirá siendo política, económica y cultural. Habrá más ataques especulativos, es inevitable, porque la crisis mundial se prolongará. La Argentina deberá seguir adoptando mecanismos de defensa, como los que aplica en materia comercial, y con ello recogerá nuevos adversarios dispuestos a utilizar diferentes métodos de obstaculizarlos. Ayer se conoció la denuncia de la Unión Europea contra la política de licencias a las importaciones que implementó la Argentina: es parte de esa misma batalla.
El intento de corrida cambiaria en estos días es una advertencia, además, de que la economía argentina, como la mayoría en la región, sigue atada al control financiero y monetario de los países centrales, a pesar de la crisis en éstos. O quizás habría que decir: para peor, atados al control de sistemas financieros y monetarios en crisis. Para salir de esa trampa, será necesario librar otra batalla cultural. Lo decía Borja a Página/12: “Sin duda, la instauración de una moneda regional es una alternativa y una necesidad, pero eso va a requerir de un acuerdo, que es una acción voluntaria y consciente, que nuestros gobiernos y nuestras sociedades están en posibilidad de hacerlo, atendiendo a necesidades reales de los pueblos, pero también de los sectores productivos”. Romper el modelo de dependencia necesita de audacia política, lo que no es gratuito. Pero no hacerlo, como puede verse en estos días, también puede demandar costos altísimos.
Fuente: Página/12

“Una unidad que no signifique pensar lo mismo”


Por primera vez, el acto central del 25 de Mayo se realizó en suelo patagónico. En un teatro del centro de Bariloche, la Presidenta resaltó el modelo económico en medio de la crisis mundial y convocó a la unidad.

Por Nicolás Lantos
Desde Bariloche

“Les hemos devuelto a los argentinos la Patria que les habían arrebatado”, celebró la presidenta Cristina Kirchner durante los festejos por un nuevo aniversario de la Revolución de Mayo realizados ayer por la tarde en San Carlos de Bariloche. La fecha coincidió con el noveno aniversario de la asunción de Néstor Kirchner como presidente y la mandataria destacó que en este período el país tuvo “nueve años de crecimiento ininterrumpido” y que se trató del “más importante en 202 años de historia”. Entre llamados a la unidad y un pedido a todos los sectores para que colaboren para mantener el país en pie “en medio de un mundo que se derrumba”, CFK dejó caer una pista sobre la continuidad del proceso político que encabeza: “Es ineludible pasar la posta –advirtió–. Los que crean en la eternidad que recen un Rosario a la noche y que se den cuenta de lo frágiles y lo temporales que somos cada uno de nosotros”. También se permitió hacer un comentario sobre la situación de la economía, apuntando a quienes critican las políticas de protección adoptadas y a quienes especulan con el valor del dólar.
Una Bariloche que se apresta a encarar su primera temporada normal luego de las complicaciones causadas por las cenizas del volcán Puyehue se paralizó para recibir a la Presidenta y una amplia comitiva: era la primera vez que el Tedéum con el que se celebra tradicionalmente esta fecha se llevaba a cabo en suelo patagónico, por lo que a los vecinos de la ciudad se sumaron los de otras ciudades de Río Negro, Neuquén y Chubut, casi todos embanderados con colores de agrupaciones kirchneristas. Luego de la ceremonia religiosa, la mandataria recibió a las numerosas delegaciones extranjeras que llegaron hasta orillas del lago Nahuel Huapi y a media tarde dio su discurso en el teatro La Baita, que era reproducido en el Centro Cívico a través de pantallas gigantes. Explicó que no pudo darlo al aire libre, como deseaba, por recomendación de sus médicos, ya que se encuentra saliendo de un cuadro gripal.
“Les hemos devuelto a los argentinos la Patria que les habían arrebatado. Esa Patria que es la pertenencia, la identidad, esa Patria que te hace sentir orgulloso al decir que sos argentino y que podés mostrar a tu país. Porque has cometido equivocaciones, porque has tenido yerros, pero podés mostrar una sociedad que está en crecimiento, que con esfuerzo sigue incluyendo en un mundo que se derrumba”, se emocionó Cristina Kirchner en un discurso en el que, fiel a su costumbre, intercaló digresiones, anécdotas y un repaso por más de veinte medidas tomadas en los últimos nueve años, desde la bajada del cuadro de Videla hasta la reciente ley de identidad de género.
El teatro La Baita, una sala moderna en pleno centro barilochense, estaba repleto. La primera mitad de la platea cubierta por invitados: alrededor de un centenar de figuras llegadas desde Buenos Aires (funcionarios, legisladores, empresarios, madres de Plaza de Mayo, dirigentes políticos y sociales) y otras tantas locales, entre intendentes y dirigentes de la política patagónica. El gobernador local, Alberto Weretilneck, en un breve mensaje con el que abrió el acto, había prometido comenzar “una nueva etapa” en una provincia golpeada por la desigualdad e historial de violencia institucional. Contagiado del espíritu de época prometió que “se termina un ciclo de crisis que significó el desencuentro de los propios barilochenses y donde el Estado fue un violento represor de los jóvenes”. No hizo mención al asesinado ex gobernador Carlos Soria.
A su turno, Cristina Kirchner decidió poner énfasis en la situación en la que se encuentra el país atravesando el ciclo de su bicentenario que comenzó hace dos años y culminará en julio de 2016 –cuando se cumplan 200 años de la Independencia–, etapa que definió como “una oportunidad histórica” para la Argentina en un contexto mundial novedoso. “Hemos logrado demostrarnos a nosotros mismos que el modelo que valía era este modelo y patrón de acumulación basado en un sólido y fuerte mercado interno con un sólido mercado de exportaciones, con un desendeudamiento de la Nación que nos permite tener libertad para decidir nuestras políticas y no depender de un financiamiento externo a tasas siderales”, describió la situación, antes de reiterar, como hace en cada aparición pública desde que comenzó su segundo mandato, un llamado a la unidad.
“Pero lograr la unidad, que no es, reitero, pensar lo mismo, decir lo mismo, repetir monocordemente lo mismo, sino establecer cuestiones definitivamente sobre las cuales ya no discutamos más los argentinos –aclaró–. La unidad nacional entendida no como el estar de acuerdo o hacer lo que quiere el Gobierno, sino entendida como que no puede haber nada más importante que los intereses de la Nación argentina, los intereses de la Patria; no pueden estar por encima ninguna facción ni ubicación ideológica ni sectorial. Este es, en definitiva, el concepto de unidad nacional.”
Por último tuvo unas palabras sobre la situación económica que atraviesa el país, al criticar las quejas recibidas por parte de otros países en la Organización Mundial del Comercio (OMC) ante las medidas proteccionistas y también desalentar, mediante una anécdota, la especulación respecto del futuro del dólar. “Me acuerdo de un amigo, que no voy a decir el nombre porque me va a matar si lo digo, que una de los dos hijas vive acá en Bariloche, y me decía en 2002, cuando se produjo el crac económico y el Parlamento elige un nuevo gobierno el 1º de enero, este amigo de la familia viene y le dice a mi hijo Máximo: ‘Máximo, hay que comprar dólares –estaba a 4,80 en ese momento el dólar–- porque se va a ir a 10 pesos’. Y el amigo nuestro compró. No sé qué habrá hecho con esos dólares o si los tendrá.”
Y continuó: “Somos en el G-20, luego de Alemania, el país con mayor libertad para invertir y comerciar. Entonces, cuando uno ve estas cosas, es como que hubiera un proteccionismo ‘legal’, el de los desarrollados, y un proteccionismo ‘populista’, el de los emergentes. Bueno, no es así”, concluyó.

jueves, 24 de mayo de 2012

La Sociedad Rural y financiera









PorEduardo Anguita

El famoso arquitecto Alejandro Bustillo hizo el castillo estilo Tudor que los Pereda tienen en sus campos de Cañuelas, a 45 kilómetros de la sede de la Sociedad Rural Argentina. Los jardines los hizo el no menos célebre paisajista Carlos Thays. En los miles de hectáreas de alrededor, los Pereda tuvieron décadas de renta extraordinaria y de viajar los otoños bonaerenses a las magníficas primaveras parisinas.

Celedonio Pereda (h) estuvo codo a codo con otros terratenientes en las tórridas jornadas de la Apege (Asamblea Permanente de Entidades Gremiales Empresarias) en el verano del ’76. Pereda presidía la Sociedad Rural Argentina y sabía perfectamente que en cuestión de semanas se produciría una brutal transferencia de recursos de los sectores industriales vinculados al mercado interno hacia los sectores agroexportadores y también de la clase trabajadora hacia el sector más concentrado de la oligarquía argentina. El otro líder de aquella gesta cívica imprescindible para que los campos de concentración se llenaran de militantes y fueran convertidos en mataderos era Jorge Aguado, el presidente de Carbap (Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa) y de CRA (Confederaciones Rurales Argentinas).


Las otras regiones del país asociadas a CRA no tienen campos tan ricos como los de Carbap y el plan de José Alfredo Martínez de Hoz estaba destinado sólo a beneficiar a la zona núcleo de la Pampa Húmeda. Aguado era, de algún modo, un advenedizo, pampeano y sin linaje oligárquico. Eso sí, estuvo tan integrado a la dictadura que llegó a ser uno de los pocos civiles convertido en gobernador, y nada menos que de la provincia de Buenos Aires, designado por Leopoldo Galtieri y ratificado luego por Reinaldo Bignone. Repudiado por la sociedad por ser el prototipo de la pata civil de la dictadura, con la llegada de Raúl Alfonsín, Aguado integró el directorio de Socma (Sociedad Macri).

Pasados 15 años de aquel golpe, el 3 de enero de 2001, Aguado fue a una reunión con Fernando de la Rúa en nombre de Sociedad Macri, junto a otros ejecutivos de la democracia a los que el entonces presidente les pedía que por favor invirtieran en el país en cambio de fugar el dinero, una manera elíptica de llamar a obtener tremendas ganancias y sacarlas del circuito legal o llevarlas a cuentas en bancos de países centrales que consideraban seguros. Con el presidente radical estaba su ministro de Economía, José Luis Machinea, que había reconocido que además de los 150 mil millones de dólares de deuda externa había una cantidad similar de dólares de argentinos en el exterior. Machinea nunca jamás dio a conocer la nómina de los tenedores de esas fortunas. Muchos de ellos estaban sentados en la misma mesa que De la Rúa y Aguado.

Sergio Einaudi, de Techint, uno de los grupos más beneficiados en la dictadura y que se había deglutido Somisa durante el menemato; Oscar Vicente, de Pérez Companc, que se había convertido en uno de los grupos más poderosos durante la dictadura, con el Banco Río, Molinos Río de la Plata y negocios petroleros; Alejandro Bengolea, de Loma Negra, que ahora tiene ex directivos presos por crímenes de lesa humanidad; Arturo Acevedo, de Acindar, de donde el mismísimo Martínez de Hoz había sido presidente de la empresa; también estaban el ahora prófugo Carlos Blaquier, de Ledesma, y Julio César Saguier por La Nación. Es interesante recorrer la crónica del diario de los Mitre del día siguiente. En ella se resalta que “todos estuvieron de acuerdo en apoyar los últimos decretos de desregulación de obras sociales, reforma previsional y plan de infraestructura. Sin embargo, Vicente insistió en solicitar ‘mayor ejecutividad’. También señala el periodista de La Nación que “los ejecutivos exigieron que se aprobaran las leyes de minería, de hidrocarburos y de lechería, a fin de fomentar las inversiones en esos sectores”. Es significativa la palabra exigieron para normas que beneficiaban claramente los intereses de esa elite empresaria, que constituía precisamente el núcleo de los que fugaban el dinero al exterior. Aguado, según La Nación, “mencionó, tras el encuentro, que se abordó la necesidad de disminuir las tasas de interés y se sugirió que algún banco oficial pueda otorgar créditos de fomento a quienes deseen invertir en el país”.

Por entonces empezaba el año donde el proyecto de país oligárquico (en conglomerados de unas pocas empresas agropecuarias, industriales y financieras que vivían a costa del Estado y los asalariados) se quebraba en mil pedazos. Algunos, como Loma Negra o Pérez Companc, años después vendieron sus activos y los enviaban directamente al exterior. Otros, siguen haciendo negocios con el mismo esquema de clase privilegiada al margen del país. Como si no hubieran registrado los cambios vividos desde el 25 de mayo de 2003. O, lo que es más preocupante, como si confiaran en resistir y torcerle el brazo al bloque de intereses sociales de los asalariados, la clase media y los empresarios que apuestan a la recuperación de una Nación inclusiva y justa.

Una vez más, el sector que hace punta es la Sociedad Rural Argentina. Por eso, Hugo Biolcati, junto a un par de centenares de propietarios rurales hace lobby para ver si puede frenar la ley de revaluación de la propiedad inmobiliaria rural en la provincia de Buenos Aires. Se trata de un recorte mínimo a la renta extraordinaria del complejo sojero, pero que les hace sentir el temor a que se aleje cada vez más la posibilidad de que una docena de ejecutivos se sienten en la Casa Rosada para exigirle a un Presidente o una Presidenta medidas que les permitan consolidar sus negocios.

El economista Eduardo Basualdo, que junto a Daniel Aspiazu y Miguel Khavisse describió como nadie lo que fue la concentración del poder económico en aquellos años dictatoriales, insiste en que aquel modelo de enriquecimiento era el de “valorización financiera del capital”.

Aquellos años dejaron una distribución regresiva del ingreso producto de la brutal represión y también dejaron “al campo” en un estado calamitoso. Dice Basualdo (Tradiciones en pugna, 200 años de historia, Eudeba, 2012) que en 1977 (el año de la reforma financiera de Martínez de Hoz, todavía vigente) llegamos al stock ganadeor más alto de la historia: 60 millones de cabezas de ganado. A partir de entonces se produjo la mayor liquidación ganadera. En 1989 había 14 millones de cabezas menos y actualmente estamos en 40 millones. Agrega Basualdo que en 1995 empezó la consolidación del modelo sojero en la Pampa Húmeda. Durante esos años tendría que haber aumentado el área sembrada, porque se estaban liberando tierras destinadas al ganado. Pero entre 1977 y 1994 no creció la superficie sembrada. “Se liquidan vacas pero, además, disminuye el área sembrada”, concluye. El negocio de estos tipos es fundir el país y la llave fue el control de las finanzas. Ahora, para revertir esa historia parecen imprescindibles la reforma financiera y la reforma impositiva.
Fuente: IADE-Miradas al Sur

Un nuevo paso en el camino de la verdad


 LA IDENTIFICACION DEL CUERPO DE ROQUE MONTENEGRO, PAPA DE LA NIETA RECUPERADA VICTORIA MONTENEGRO


Roque Orlando Montenegro desapareció el 13 de febrero de 1976. Su cuerpo fue encontrado en mayo de ese año en las costas uruguayas y enterrado como NN en Colonia. “Estamos todos en carne viva”, contó su hija. También dijo que siente “la paz que da la verdad”.

Por Ailín Bullentini
Victoria Montenegro toma aire, resuelve romper el silencio que hasta entonces reinaba en la pequeña sala de la sede de Abuelas de Plaza de Mayo y habla: “Quizá se trate de un milagro, de otro más”. Se refiere a la identificación de los restos de su papá, Roque Orlando Montenegro, que estaba desaparecido desde el 13 de febrero de 1976. “Como lo fue la búsqueda de Abuelas, que con una gota de sangre de mi familia me encontraron a más de dos mil kilómetros de mi verdadero hogar, el hecho de que con una gota de mi sangre, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) haya encontrado a mi papá, que estuvo tantos años enterrado en Uruguay, también es un milagro”, explicó ayer, cuando en compañía de la presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, Estela de Carlotto, y el integrante del EAAF Carlos Somigliana, hizo pública la noticia. “Acá hay una mezcla de sensaciones: el dolor de saber que Victoria sólo puede abrazar los restos de su papá y la alegría de saber que finalmente lo tiene”, reflexionó Carlotto.
La sensación de la hija de “Toti”, como le decían a Roque, e Hilda Ramona Torres, aún desaparecida, también es una combinación “difícil de explicar”. Porque el dolor de conocer el destino final de su padre y de “saber que tuvo que atravesar situaciones que creía ajenas a él” está, claro. Pero también siente paz, “la paz que da la verdad”, expresó. “Es un proceso, todavía estamos todos en carne viva”, explicó a Página/12 (ver aparte).
Fue en agosto de 2011 cuando Victoria recibió la confirmación oficial de que los restos de un hombre que había permanecido casi 30 años enterrado como NN en el cementerio de la ciudad uruguaya de Colonia eran los de su padre. Poco menos de once años atrás, el 5 de julio de 2000, un análisis de ADN le había restituido su verdadera identidad. En el camino de asimilación de su nueva realidad, Victoria aceptó dar una muestra de su sangre al EAAF y comenzar así la búsqueda de su familia.
Según detalló Somigliana, Roque Montenegro apareció muerto el 17 de mayo de 1976 en la costa de Colonia. Allí fue enterrado junto a otros siete cuerpos que fueron hallados en condiciones similares, aunque en diferentes momentos. El de Roque fue exhumado en 2002. “A partir de 2005, mediante el mejoramiento y el avance de técnicas en genética, comenzamos a trabajar con los restos. Recién en marzo de 2011 se pudo extraer una muestra apta para ser utilizada, que coincidió exactamente con el ADN que había dado Vicky”, explicó el integrante del grupo de investigadores.
Victoria lo supo fehacientemente en agosto de ese año, con los resultados positivos de la pericia genética. La Cámara Federal de la Ciudad de Buenos Aires formalizó la identificación el 29 de diciembre pasado y, previo a la autorización de la Justicia de Uruguay –que actuaba en la causa por la aparición de cuerpos sin identidad en Colonia–, dispuso la entrega del cuerpo a la familia. El lunes, Victoria y sus hijos depositaron provisoriamente los restos de Roque en la iglesia de la Santa Cruz. En agosto lo llevarán a Metán, “su pueblo natal, ese que siempre amó”, en Salta, para que descanse cerca de sus seis hermanos.
Somigliana coincidió con la idea del “milagro” planteada por la nieta recuperada, sobre todo al considerar la “eficacia” de los vuelos de la muerte a la hora de “desaparecer personas”. “Entre 50 y 70 cuerpos aparecieron en circunstancias que permiten suponer que fueron víctimas de los vuelos, lo que sería cerca del uno por ciento del total de las víctimas que se calcula fueron sometidas a esa metodología. En el 99 por ciento de los casos fue eficiente y no hay rastros”, calculó. Del grupo de cuerpos enterrados sin identificación en Uruguay, el caso de Montenegro es el segundo que el EAAF cierra con éxito. El anterior fue el de Horacio Abeledo, que llegó a las costas del país vecino en septiembre de 1976. Los demás permanecen bajo la investigación del equipo de antropología.
“Todo esto me hace pensar que antes que el espanto que nos pasó está la fuerza del milagro con la que todo cobra sentido: la lucha de las Abuelas y de los organismos de derechos humanos, el trabajo del EAAF y el compromiso de tantas personas anónimas permitieron devolverle la dignidad a mi papá”, analizó la nieta recuperada que, a más de 35 años de haber perdido todo, sigue recuperando su historia. “Estamos hablando de la libertad de una nieta, de una hija”, consideró luego Carlotto, quien evaluó que “la verdad a veces provoca dolor, pero siempre suma fuerzas para seguir” y concluyó: “Victoria va a acompañar los restos de su papá hasta su provincia y junto con sus familiares van a poder hacer el duelo. Con lágrimas, pero con más fuerza. Eso es lo importante”.
La identificación del cuerpo de Roque no solo suma verdad a la historia de su única hija, sino también a la del país. El hecho de haber aparecido en las costas uruguayas en mayo de 1976, casi tres meses después de haber desaparecido, es una prueba más de que el plan sistemático de desaparición de personas aplicado por la última dictadura no comenzó el mismo 24 de marzo de 1976, cuando los uniformados se instalaron en el poder. “Mi papá es uno de los cuerpos que denuncia Rodolfo Walsh en su Carta Abierta a la Junta Militar y es la prueba cabal en sí misma del macabro accionar de la última dictadura –denunció Victoria–. Pero por sobre todas las cosas es mi papá, el abuelo de mis hijos, el hermano de mis tíos. El que hace un tiempo atrás empecé a extrañar y quien de alguna forma me ayudó y ayuda a acomodar la verdad, que es la que alumbra lo que perdura y lo que seguimos construyendo.”

Fuente: Página/12

Esa eterna discusión


(VEINTITRÉS).

Ona tensa entrevista realizada en 2004 a Carlos Fuentes, en la que el autor de La muerte de Artemio Cruz habló sin tapujos sobre la relación entre lo intelectuales y la política.

Escribió, entre otras proezas, Gringo viejo, La muerte de Artemio Cruz, La Silla del Águila. Hizo un óptimo discurso de apertura al III Congreso de la Lengua en Rosario y una excelente clase en la reciente Feria del Libro de Buenos Aires. Uno puede quedarse con eso y sería suficiente mérito. No sólo para la literatura. Si no hubiera escrito esos librazos, si no se hubiera mandado esos discursos, habría que trazar el perfil de Carlos Fuentes en base a sus amigos y enemigos de la última década. Es que en 2003, sorprendió a todos con el prólogo a la autobiografía de Gustavo Cisneros –el superempresario venezolano que había promovido el golpe de Estado contra Chávez–, a quien definió como “un personaje digno de Balzac”. Decía Fuentes, un año después: “¿Por qué no hacerlo?, somos muy amigos”. Y cuando se lo interpelaba por esa amistad, teniendo en cuenta la defensa de la democracia que siempre había llevado adelante el mexicano, respondía enojado con un “¿Está diciendo que Cisneros no lo es?”.
Aquel diálogo, realizado un jueves de diciembre de 2004, en una de las tantas visitas que Fuentes hizo a la Argentina, fue subiendo en intensidad. Aunque una intensidad que, más allá de frases intempestivas, ponía de manifiesto una solvencia intelectual que otros autores del boom latinoamericano (el patético Mario Vargas Llosa, por ejemplo, con su tozudez neoliberal siempre a flor de piel) no ostentan. Una intensidad que se podía disfrutar.
–Cisneros ejerce, casi, una tiranía mediática con sede en Venezuela y que se despliega por toda América latina...
–Es cierto que es el dueño de un enorme multimedios, pero la gente del Grupo Aguilar también lo es y son ellos quienes me publican. Y tanta gente que tiene tantas organizaciones y lo han hecho tan honradamente y sirven a un enorme público. Lo malo es que no haya información, que no haya posibilidades de crear un empresariado latinoamericano de alto nivel y competitividad internacional. Ese empresariado es lo bueno para el futuro de nuestros países. No tiene por qué sorprender que yo esté de acuerdo con eso.
–No importa si ese empresario maneja un enorme multimedios...
–No, además es enemigo del verdadero pulpo amenazador que es Hugo Chávez. Cisneros no amenaza la libertad, Chávez sí.
–Entonces, ¿el prólogo está basado más en su enemistad con Chávez que en su amistad con Cisneros?
–Aunque no existiera Chávez, hubiera escrito el prólogo porque respeto a Cisneros. Pero existiendo Chávez, me resultó imperativo hacerlo ya que creo que Chávez conspira contra la libertad de prensa, de pensamiento de los medios.
–¿Cómo se condice esa amenaza con el reciente triunfo electoral de Chávez?
–Se llama populismo. Ustedes lo conocen muy bien por Perón: personas que hacen promesas que no pueden cumplir. Se arruina un país, se daña su economía con promesas incumplidas.
–¿Por qué, entonces, los presidentes que representan un giro dentro del panorama democrático americano (Kirchner, Lula, Vázquez, Lagos) quieren hacer alianzas con un presidente tan amenazador como Chávez?
–Habría que preguntárselo a ellos. Yo no pienso contestar para salvarlos.
–No se trata de salvar a nadie, se lo pregunto porque usted es un analista político...
–Bueno, Chávez, por su extraña posición de ser un líder demagogo y populista de izquierda, que ataca a los Estados Unidos, da la posibilidad de ser antinorteamericano por interpósita persona. Claro que Chávez tiene una estrecha alianza con los Estados Unidos. Por el asunto del petróleo, los Estados Unidos dependen de Chávez y Chávez depende de los Estados Unidos. Todo lo demás es una gran farsa.
Pasaron ocho años. Carlos Fuentes acaba de morir. Con él, se van grandes obras, soberanos discursos. Con su ausencia queda en pie esa relación siempre inquietante, siempre bienvenida y siempre en discusión entre los intelectuales y la política.

Fuente: Miradas al Sur

¿POR QUÉ? Algo está cambiando…



Alejandro Carrizo





Por favor difundir.

Javier Hugo Condorí tiene 8 años y va a la escuela en el turno tarde. El miércoles pasado intentaron raptarlo. El hecho no sólo es sensible en sí mismo, sino que se agrava porque Javier es nieto de Hugo José Condorí, un testigo clave (el único con vida) en el juicio por lesa humanidad que se está llevando a cabo contra la empresa Ledesma; y porque sucedió un día antes de la..citación a Lemos y Blaquier; y porque Hugo Condorí es dirigente nacional de la Asociación de Ex Presos Políticos de la Argentina

¿Por qué pasa todo esto?, se pregunta.

En 1972, siendo empleado de Ledesma (y por enfermedad de su hijo) crea la Obra Social OSPAIL (ley 18610). A la comisión directiva la componían: Hugo Condorí (presidente); Jorge Weizz, vicepresidente (desaparecido); Luis Arédez, asesor médico (desaparecido); Carlos Patrignani, asesor jurídico (desaparecido); Miguel Llanos, prestaciones (fallecido); Roberto Domínguez, asesor legal (fallecido), y Crecencio Vargas, tesorero (desaparecido); todos víctimas de los apagones de Ledesma (que fueron varios; la usina de luz era de Ledesma; los vehículos en los que secuestraban gente también eran de la empresa).

Ya en 1972 Condorí, junto con Weizz, son secuestrados por fuerzas policiales y luego puestos a disposición del PEN y liberados. En 1974 el Ministerio de Trabajo de Isabel Perón interviene el sindicato que luego recuperan los obreros.

Ese grupo de obreros esclarecidos sólo pedían que se cumpla la Ley de Salubridad 1655/46 de asistencia médica; la ley 1814/46 de vivienda digna; el pago en efectivo (no con vales) a los obreros del surco; que se cumpla el convenio colectivo de trabajo; la debida remuneración del trabajo a destajo; la eliminación del trabajo temporario. Sólo pedían que se cumpliera la Ley.

La respuesta fue contundente: en 1976 es detenido e ingresa al penal de Gorriti en Jujuy. En 1977 es llevado en el famoso avión Hércules a La Plata (famoso porque varios de aquellos detenidos no volvieron más). Allí ingresa al pabellón 1, luego lo llevan a un Centro Clandestino y lo torturan; en agonía lo traen nuevamente a la Unidad 9 de La Plata, al pabellón 16 (llamado “el pabellón de la muerte”), hasta fines de 1977. Allí comparte el hospedaje con Dardo Cabo y con el escritor Antonio Di Benedetto, entre otros.

En la década de los 80, como comerciante independiente junto a sus hijos, es nombrado presidente de la Unión de Empresarios de La Quiaca. En el año 2000 funda la delegación Jujuy de APYME (Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios). Allí, lucha contra el ALCA, con el Frenapo y emprende, a partir de 2003 un denodado trabajo en economía social. Es elegido presidente de Apyme Jujuy y pro-tesorero de Apyme Nacional.

En 2009 es nombrado Secretario de Asistencia a Mipymes a nivel nacional, sobre todo por su trabajo en el cluster Caimancito, proyecto que ejecuta directamente con la Sepyme y el Ministerio de Industria, el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, el Ministerio de Trabajo de la Nación, el INTI, Asora, la fundación del Banco Nación y el Banco Credicoop; y luego comparte su experiencia asesorando a compañeros de Apyme de otras delegaciones con proyectos productivos y asociativos de Desarrollo Local.

Por supuesto que en el transcurso de estos años, participa activamente de los Juicios Por la Verdad y en la Asociación de Ex Presos Políticos, donde también es elegido como dirigente nacional.

Es el testigo clave de este juicio, al menos el único que queda con vida de la obra social. Hugo tiene 22 nietos y 2 bisnietos, aunque es joven, tiene 65 años, y dice:

“Yo lo único que busqué siempre fue la justicia, la equidad… Ahora trabajo para apoyar este modelo de país… ¿Por qué me pasa esto?”

La solidaridad se hizo sentir en los mails y en los teléfonos, en las declaraciones en los medios de muchas instituciones y personalidades de toda índole y en la justicia misma, pero sobre todo en la marcha multitudinaria que hubo hoy en San Salvador de Jujuy (18 de mayo), con las organizaciones sociales a la cabeza. Todos por “el Coya” era la consigna. Es que él coya Hugo Condorí no sólo es una buena persona sino un ejemplo de que algo está cambiando. Y él dice: “Algo está cambiando.”
Fuente: IADE

martes, 22 de mayo de 2012

Los prejuicios de los civilizados


 


SOBRE LAS RELACIONES ENTRE ARGENTINA Y ANGOLA

Nuestro pasado angoleño

Por Gabriel Di Meglio *

Mucho se ha dicho sobre Angola en estos días. En varios medios el país fue presentado como un lugar exótico, distinto y totalmente desconectado con nosotros. Sin embargo, como los presidentes recordaron en su encuentro, la historia argentina tiene un importante vínculo con Angola.
Es bien sabido que el Río de la Plata fue uno de los destinos de los comerciantes de esclavos europeos que embarcaban cargas de cautivos en Africa y las trasladaban a América. De 1680 a 1777 entraron al menos 40 mil esclavos en la región, mientras que entre esa última fecha y 1812 –cuando se interrumpió el tráfico– unos 70 mil fueron desembarcados en Buenos Aires y Montevideo (a esa cifra hay que sumar otra, desconocida, de esclavos ingresados por tierra desde Rio Grande do Sul). El 22 por ciento de los que llegaron directo desde Africa provenía de Congo y de Angola. En realidad partieron muchos más pero uno de cada cinco, como promedio, moría en los barcos. El viaje desde Angola tomaba dos meses por las corrientes marítimas, y las condiciones de vida a bordo eran pésimas, lo cual causaba una gran mortalidad.

De los cuatro puertos del Africa centrooccidental donde se embarcaban esclavos –Loango, Cabinda, Luanda y Benguela–, los tres últimos pertenecen hoy a Angola y dieron nombre a varios grupos de esclavos rioplatenses en la época colonial (los benguela, los cabinda, etc). Estos esclavos eran vendidos en los puertos; algunos quedaban allí y otros eran enviados al interior, donde Córdoba, San Miguel de Tucumán y Salta eran mercados destacados. Trabajaban en las haciendas y estancias, eran empleados como servicio doméstico de familias pudientes en las ciudades o como trabajadores de panaderías, molinos, fábricas de ladrillos y talleres de artesanos. Otros eran alquilados como mano de obra; ganaban un salario y se lo daban a sus amos, quedándose con una parte. Ese dinero les permitía ahorrar para tratar de acceder a lo que la mayoría perseguía durante toda su vida: la libertad. La conseguían los que podían comprársela o quienes la recibían de sus amos, en general cuando ya eran viejos.
Tras la Revolución de 1810 se prohibió el tráfico de esclavos y luego se sancionó la libertad de vientres, pero no se abolió la esclavitud, dado que los dirigentes hicieron primar el derecho de propiedad sobre el de libertad. Con la Guerra de la Independencia, a los esclavos hombres se les presentó una oportunidad: quienes entraban al ejército tenían la promesa de salir libres al terminar el servicio. Su participación fue muy importante, en particular en el Ejército de los Andes, donde constituyeron el grueso de la infantería. Es decir que muchos angoleños jugaron un papel decisivo para asegurar la independencia de lo que terminó siendo Argentina.

En el período colonial, los negros libres se reunían en “naciones” que agrupaban a gente que había sido capturada en la misma región. En Buenos Aires sobresalían las de los Congo y los de Angola. Se reunían los domingos en espacios llamados “tambos” o “tangos”, donde realizaban bailes. Después de la Independencia fueron reemplazadas por las “Sociedades Africanas”, controladas por el Estado, que reunían fondos para comprar la libertad de esclavos, daban préstamos, organizaban misas para los antepasados y realizaban bailes que recreaban los vínculos de la comunidad. Entre esas sociedades, la de los Benguela, los Angola y los Cabinda tenían origen angoleño. Pero a lo largo del siglo XIX, junto al declive demográfico, la colectividad negra perdió progresivamente su identidad cultural y también su identidad racial, tendiendo a difuminarse en la sociedad “blanca”. La impronta africana terminó invisibilizada en nuestro país.
Lejos de ser un lugar enteramente ajeno, Angola debe ubicarse junto a España, Italia, Polonia, Serbia, Croacia, Siria, Irlanda y otros más como uno de los países de donde provinieron los inmigrantes que contribuyeron a conformar la sociedad argentina, aunque los angoleños, por ser migrantes forzados, hayan perdido la relación con su tierra de origen y la mayoría de los vínculos con su pasado.
* Historiador (UBA-Conicet).
Fuente: Página/12