miércoles, 13 de junio de 2018

Caputo ya gasta a cuenta la plata del Fondo

Imagen: Bernardino Avila
El Gobierno anunció que comenzará a gastar a cuenta lo que aún no le prestó el Fondo Monetario Internacional. A través de un breve comunicado, el Ministerio de Finanzas confirmó que en breve pondrá en venta “hasta 7500 millones de dólares provenientes del acuerdo con el FMI para apoyo presupuestario”, acuerdo que aún no fue rubricado entre el organismo y el gobierno nacional y sería aprobado el miércoles próximo en Washington.
Según el texto de la cartera a cargo de Luis Caputo, la utilización de ese dinero es parte de un programa de “ventas diarias preanuncidas” en el acuerdo con el Fondo y que “se ejecutarán a través de un mecanismo de subastas realizadas por el Banco Central a solicitud del Tesoro” nacional.
El anuncio confirma que ese acuerdo stand by que hoy llegó al despacho de Christine Lagarde en forma de Carta de Intención estará destinado al mundo financiero y no a la inversión y al trabajo, como lo afirmó el presidente Mauricio Macri en distintos actos públicos.
Esta mañana, Lagarde confirmó que el gobierno argentino “proporcionó hoy los detalles de su plan económico y su solicitud formal de apoyo del FMI para este esfuerzo fuerte y ambicioso” de 50 mil millones de dólares a través de una Carta de Intención y Memorándum de Políticas Económicas. “Las autoridades tienen la intención de publicar estos documentos en breve", señaló.
La funcionaria internacional agregó que, como ha dicho antes, el plan que sustenta la asistencia financiera del FMI está concebido e instrumentado por el gobierno argentino y pretende "fortalecer la economía en beneficio de todos los argentinos".
"Los objetivos económicos son significativos y existe una articulación completa de las políticas subyacentes que ayudarán al gobierno a alcanzar sus objetivos. Instituye objetivos fiscales ambiciosos a mediano plazo para el gobierno federal y establece metas de inflación realistas que regirán la conducción de la política monetaria", sostuvo Lagarde
Fuente:Pagina/12

martes, 12 de junio de 2018

El otro blindaje que terminó en un estallido


“¡Qué lindo es dar buenas noticias!”, aseguró De la Rúa en el spot en el que anunció el blindaje.“He anunciado un blindaje que nos saca del riesgo y crea una plataforma extraordinaria para el crecimiento”, dijo De la Rúa en diciembre de 2000. “El mundo ha sabido ver las virtudes de un gobierno serio y de un país con futuro”, agregó. Dos meses después, la crisis se aceleró.
“¡Qué lindo es dar buenas noticias!”, aseguró De la Rúa en el spot en el que anunció el blindaje. 
“Esto que se ha logrado, que es algo inédito en nuestra historia en términos de apoyo mundial, en cantidad de dinero y en la flexibilidad y el acompañamiento del plan, es una oportunidad para que la Argentina consolide un camino de crecimiento y desarrollo”, aseguró ayer el presidente Mauricio Macri al referirse al rescate multimillonario que el Fondo Monetario Internacional acaba de aprobar para la Argentina (ver aparte). La algarabía hace recordar a aquel mensaje navideño que el 22 de diciembre de 2000 Fernando De Rúa compartió por televisión con todos los argentinos, días después de conseguir un acuerdo multimillonario con el Fondo. “He anunciado un blindaje internacional que nos saca del riesgo y crea una plataforma extraordinaria para el crecimiento”, aseguró entonces el líder de la Alianza. Aquel anuncio fue festejado también, al igual que ahora, por numerosos políticos, empresarios y economistas que creyeron ver en la ayuda del FMI la base de la recuperación, aunque la alegría terminó durando poco. Lo que sigue es un repaso de aquella experiencia para explorar los puntos de contacto y recordar cómo terminó.
El 28 de enero de 2000, a menos de dos meses de haber asumido, el gobierno de la Alianza anunció un acuerdo stand by con el FMI que preveía el desembolso de 7400 millones de dólares. “El acuerdo es una muestra de la solidez del programa económico de la Argentina, sin que esto signifique ninguna condicionalidad por parte del FMI”, aseguró el vicepresidente Carlos “Chacho” Álvarez, encargado de hacer el anuncio. “Lo importante es que no nos fue impuesto, sino que lo buscamos nosotros, a partir de la grave situación en que recibimos el poder”, subrayó el presidente Fernando De la Rúa al día siguiente desde el Foro Mundial de Davos.
Como siempre en estos casos, Washington fue clave al momento de cerrar el trato. “Lo felicité por cómo inició su gestión y por haber alcanzado el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional”, comentó el secretario del Tesoro de los Estados Unidos, Lawrence Summers, después de reunirse con De la Rúa en Davos el 30 de enero. “He recibido estos tres días fuertes demostraciones de confianza hacia la Argentina y sus posibilidades de crecimiento. Destacan lo que hemos hecho para ordenar las cuentas y combatir el déficit fiscal”, sostuvo De la Rúa al cierre de su visita a Suiza. “Lo que tenemos que marcar ahora es el camino del crecimiento, y eso se consigue con un aumento de las exportaciones y mayor presencia en los mercados internacionales”, añadió.
El 10 de marzo el Directorio del FMI aprobó formalmente el acuerdo. En el texto final el gobierno se comprometió a impulsar una fuerte reducción del déficit y a enviar al Congreso proyectos de ley para aumentar de 60 a 65 años la edad jubilatoria de las mujeres, transformar al Banco Nación en una sociedad anónima y promover la desregulación de las obras sociales sindicales, aunque el secretario de Hacienda Mario Vicens aseguraba por entonces que esas metas eran sólo “indicativas”. El desembolso inicial era de 1300 millones de dólares y luego dependería de los resultados que fueran surgiendo de las auditorías trimestrales a cargo de Teresa Ter Minassian.
Al poco tiempo quedó claro que las metas de reducción del déficit no se estaban pudiendo cumplir y que los problemas políticos se habían transformado en un freno para las reformas estructurales. El 19 de septiembre de 2000, el por entonces economista jefe de FMI, Michael Mussa, destacó las medidas para reducir el déficit fiscal adoptadas por el Gobierno, pero sostuvo que la contracara de esa política fue una caída de la demanda y de la actividad económica. “Debido a este lento crecimiento, los ingresos fiscales estarán por debajo de lo previsto. Esto motivó que se ampliase el déficit anual”, dijo Mussa al explicar el acuerdo entre el FMI y el gobierno para subir el límite de ese desequilibrio para 2000 y 2001. 
A comienzos de noviembre la desconfianza se instaló en el mercado. El precio de los títulos públicos comenzó a caer y la tasa de interés se disparó. Los inversores extranjeros consideraban que comprar títulos argentinos en ese momento era asumir un riesgo demasiado elevado ya que desconfiaban sobre la posibilidad de que Argentina pudiera llegar a conseguir los 21.800 millones de dólares que necesitaba para refinanciar los pagos de la deuda en 2001.
“Vamos a decir las cosas como son: la Argentina está mal”, aseguró el presidente De la Rúa el 10 de noviembre en un mensaje televisivo en el que responsabilizó a la herencia recibida y anunció nuevas medidas de ajuste. “El actual escenario puede llevar a nuestra economía a una verdadera catástrofe si no actuamos bien y rápido”, agregó. “Invito a los representantes de todos los argentinos: a los gobernadores, a los legisladores, a que juntos demos un impulso contundente al plan económico, el que votó la gente”, sostuvo. Mientras tanto, en Washington el secretario de Hacienda, Mario Vicens, y su par de Finanzas, Daniel Marx, negociaban contrareloj un crédito contingente liderado por el FMI. Ahí se comenzó a cocinar el “blindaje” destinado a evitar el default y salvar el régimen de convertibilidad que garantizaba que un peso era igual a un dólar, pues entonces la devaluación no era considerada una opción.
Finalmente, el 18 de diciembre de 2000 el presidente De la Rúa anunció en la Quinta de Olivos la concreción de un acuerdo con el FMI, otros organismos, bancos, AFJP y el Estado español por un salvataje de 39.700 millones de dólares, el mayor de la historia argentina. “Para medir la importancia del crédito pensemos por un instante en lo que pudo haber ocurrido de no obtenerlo”, indicó el mandatario, quien describió al socorro crediticio como el inicio de una nueva etapa de su gobierno. “Nos han saludado los líderes del mundo”, sostuvo. El 22 de diciembre se volvió a mostrar eufórico en un mensaje televisivo. “El mundo ha sabido ver las virtudes de un gobierno serio y de un país con futuro. A veces las cosas se ven mejor a la distancia que de cerca, porque los problemas cotidianos nos agobian y enceguecen, pero yo debo ver más allá porque soy el Presidente. Y les digo que tenemos muchos motivos para celebrar”, sostuvo, para luego terminar con una frase que quedó en el recuerdo: “¡Qué lindo es dar buenas noticias!”.
El Directorio del FMI aprobó formalmente el nuevo acuerdo el 12 de enero de 2001. Entre las exigencias se incluyó la reforma previsional, que contemplaba la eliminación de la Prestación Básica Universal y la elevación de la edad jubilatoria de las mujeres, el compromiso de avanzar con la reestructuración de la Anses, eliminar el déficit del PAMI, implementar el Régimen Penal Tributario y expandir la cobertura de la fiscalización interna a 100.000 nuevos contribuyentes durante 2001, entre otras medidas.  
“Para crecer al 2,5 por ciento este año debe reducirse el costo total de financiamiento entre 300 y 375 puntos básicos respecto de los niveles previos al blindaje (el riesgo país ya bajó más de 250 puntos desde mediados de noviembre). La disminución de las tasas norteamericanas refuerza la probabilidad de crecer a estos porcentajes y permite descartar escenarios de catástrofe en el 2001”, había asegurado la consultora Ecolatina a comienzos de enero en su informe semanal. La amenaza del default parecía haber quedado momentáneamente atrás. Sin embargo, la tranquilidad no duró ni dos meses.
El mercado volvió a temblar en febrero por el efecto que provocó sobre los mercados emergentes la crisis de Turquía, país que recientemente había recibido un paquete de ayuda similar al de Argentina. El 21 de ese mes la Bolsa de Estambul cayó un 18 por ciento en medio de una fuerte pulseada entre el mercado y el gobierno turco en torno de la paridad cambiaria, lo que provocó una disparada de las tasas de interés. De pronto, las dudas sobre la capacidad argentina de cumplir con su deuda volvieron y el efecto “blindaje” se evaporó. El 2 de marzo el ministro Machinea renunció. Lo reemplazó López Murphy, quien anunció un recorte anual de 2 mil millones de dólares y duró en su cargo apenas dos semanas. El 20 de marzo lo reemplazó Domingo Cavallo, quien mandó al Congreso un proyecto de ley que le daría superpoderes especiales por un año. Luego llegarían el megacanje, el corralito, los saqueos, la renuncia de De la Rúa y finalmente el default y la devaluación.
Fuente:Pagina/12

lunes, 11 de junio de 2018

Desafío al sentido común:El discurso dominante afirma que los aumentos de salarios provocan inflación.

Precios, paritarias y salarios

El discurso dominante afirma que los aumentos de salarios provocan inflación. De esa manera se busca deslegitimar la lucha salarial para mejorar el ingreso de los y las trabajadores.
Imagen: Sandra Cartasso
Forma parte del “sentido económico común” (apoyado con algún “sustento teórico” que se puede encontrar incluso en algunos manuales de Economía) que el aumento de salarios provoca inflación. En este razonamiento, todo aumento salarial deriva en un consecuente e inmediato “traslado a precios” por parte de las empresas que emplean a esos trabajadores y trabajadoras para resarcirse del costo laboral creciente y que no les disminuya la tasa de ganancia. Esta argumentación tan sencilla y que parece tan evidente es replicada hasta el hartazgo por los sectores empresariales, el gobierno y también en buena parte de los medios de comunicación invalidando y deslegitimando la lucha sindical por aumentos de salarios. El actual “techo” a las paritarias impuesto por la Alianza Cambiemos, además de perseguir la baja en los costos laborales medidos en dólares, tiene en esta falacia uno de sus fundamentos. 
Si se admite ese razonamiento, ¿qué sentido tendría entonces pelear por un mayor porcentaje de aumento salarial en una paritaria? Poco o nada, ya que más temprano que tarde el incremento obtenido se esfumaría por la suba de precios que ocasiona. De este modo, si se considera que la principal causa de la inflación, cuando no la única, es el aumento de los salarios, resulta necesario, y así sucede, crear discursos que expliquen la “insensatez y la sinrazón” de los reclamos salariales. Se esgrimen entonces, razones de otra índole para explicar la protesta de las organizaciones laborales. Aparecerán las “motivaciones políticas” o el “tomar de rehenes” a la “gente”,  sean estos clientes de los bancos, usuarios de un medio de transporte o estudiantes de las escuelas y universidades públicas, ya que, en términos económicos, no habría argumento alguno para justificar tan obstinada conducta sindical. Peor aún, incluso se llegan a exponer públicamente los sueldos que perciben los trabajadores y las trabajadoras del gremio en cuestión alimentando la división entre trabajadores y ciudadanía en general a través de la difusión de la idea “¿de qué se quejan con lo que ganan?”

Clásicos

Basta con echar mano a las ideas de algunos referentes y autores clásicos de la Economía Política, aún desde distintos paradigmas, como Ricardo, Keynes y Marx para rebatir esta idea de sentido económico común que se instala en la opinión pública y termina enfrentando a unos trabajadores con otros y deslegitimando toda lucha por mejora en las condiciones de salario y de trabajo.
David Ricardo, principal exponente de la denominada Economía clásica, argumenta en su principal obra, Principios de Economía Política y Tributación (1817), que toda suba de salarios (aún si esta fuera generalizada) no se traslada inmediatamente a precios ya que el valor de cambio de las mercancías no se determina por el trabajo “pago” sino por el incorporado es decir, por el materializado en el producto. Por lo tanto, lo que provoca un aumento de salario es una caída en las utilidades de los capitalistas. 
En la más importante obra de Keynes, Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero (1936), el autor sostiene que la lucha de los sindicatos por aumento salarial encuentra justificativo en posicionar relativamente a los distintos sectores de la clase obrera. Esto quiere decir que aquel grupo de trabajadores que consiga un mejor porcentaje de aumento salarial será el que mejor esté en relación al resto. Por tal motivo, es que cada sindicato intenta conseguir el mayor porcentaje posible de aumento salarial para no perder en la competencia con los otros. Recordada es la polémica al respecto, entre Keynes y Hayek (padre del neoliberalismo europeo) en la prensa británica en 1932. Mientras que para el primero para salir de la crisis era necesario desarrollar el consumo y la inversión mediante el aumento de salarios y una fuerte intervención pública; para el segundo lo que había que hacer era bajar los salarios para lograr el pleno empleo a través de los mecanismos de ajuste del mercado. 
En títulos de Karl Marx como El Capital, tomo II (1885) y Salario, precio y ganancia (1865) se plantean de manera muy clara (y con mayor profundidad) la cuestión. En primer lugar, empíricamente se observa que la lucha por aumento salarial siempre es consecuencia y no causa de la suba generalizada de precios (inflación). Las organizaciones sindicales negocian aumento de salarios después que se produjo la suba de precios, para no perder poder adquisitivo, y no antes (la denominada “recomposición salarial”). En segundo lugar, ¿por qué deberían los capitalistas esperar a que les suba el costo laboral para aumentar el precio de sus mercancías? ¿Por qué no hacerlo antes y conseguir así un porcentaje mayor de ganancia? Pero además, todo trabajador o trabajadora tiene una única mercancía para vender de la cual depende su vida y la de su familia: su capacidad para trabajar (fuerza de trabajo). Esta mercancía tan particular no existe separada de su poseedor, está portada en su persona. Por lo tanto, de la venta constante de la fuerza de trabajo depende la adquisición del conjunto de mercancías (desde un plato de fideos hasta un corte de pelo o un viaje en colectivo) que sostienen su vida, que no es otra cosa que reproducción de la propia persona y del grupo familiar a cargo. La lucha salarial es la forma en la cual el obrero y la obrera pueden vender la fuerza de trabajo a su valor (o lo más cercano a éste que se pueda) y reproducir así esta particular mercancía en condiciones normales. En lo que parece un contrasentido, es una necesidad del capital esta “normalidad” no con la finalidad de reproducir al trabajador sino la relación social objetivada que pone en marcha (y explota) el trabajo social: el capital.

Puja distributiva 

Los precios de una economía capitalista (siempre es bueno recordar que existen otros modos de organización social de la producción no basados en el intercambio mercantil) son el producto y resultado de la puja distributiva e implican necesariamente una transferencia de ingresos de un actor a otro. Es decir, la materialización de un precio (y la de todos los precios intermedios) determinan, en un momento dado, como una fotografía, el resultado de esa lucha entre cada uno de los actores que han participado directa o indirectamente en tal lucha, sean estos trabajadores, comerciantes, productores, sindicatos, grandes empresarios, especuladores, entidades financieras, medios de comunicación, gobierno. 
Los salarios, en tanto “precio del trabajo”, no son la excepción. Una disminución del salario real como el registrado en estos dos primeros años de la Alianza Cambiemos y, de confirmarse la pauta del 15 por ciento de aumento promedio, el que se le sumará durante el 2018, implica una transferencia de ingresos desde los asalariados hacia las corporaciones que captan, vía precio (sea este final o intermedio) del producto o servicio que venden, lo que las y los trabajadores pierden. 
La determinación de los salarios (y de todo precio en general) nunca es neutral, siempre tiene ganadores y perdedores y no hace más que expresar las contradicciones de este modo en que se organiza la producción social: el capitalismo. Del mismo modo, la acción gubernamental y las políticas públicas en las que se concreta, tampoco es neutral. Atacar y desprestigiar a las y los dirigentes sindicales, precarizar las relaciones laborales a través de un reforma laboral dividida en tres leyes que se manda al Congreso, afirmar que las y los trabajadores deben elegir entre “cuidar” el puesto de trabajo y exigir un aumento salarial, como decir que dicho aumento provoca inflación, es, en todos los casos, haber elegido a quienes se quiere beneficiar y a quienes perjudicar.  
No debemos alarmarnos, como mencionaba el economista John Kenneth Galbraith, con la simplificación, la complejidad suele ser un recurso para reclamar sofisticación o para eludir verdades simples 
* Docente UNLZ FCS. CEMU y capacitador en economía del CIIE.
** Docente UNGS-ICI-IDH y capacitador en economía del CIIE.

Fuente:Pagina/12

viernes, 8 de junio de 2018

El Papa firmó el decreto que lo reconoce como mártir Angelelli camino a la santidad


Enrique Angelelli, el obispo de La Rioja asesinado en 1976 por la dictadura militar, será beatificado este año por la Iglesia Católica, por decisión del papa Francisco. La información fue confirmada hoy a Página 12, por el actual obispo riojano y vicepresidente segundo de la Conferencia Episcopal, Marcelo Colombo. La beatificación es el paso previo al reconocimiento de un fiel católico como santo.
Según lo adelantó Colombo fue el propio Jorge Bergoglio quien, en diálogo telefónico realizado esta mañana, le confirmó que había firmado el decreto que reconoce el martirio de Angelelli. Junto con el ex obispo riojano serán beatificados además los sacerdotes Carlos Murias y Gabriel Longueville y el laico católico Wenceslao Perdernera, también víctimas de la represión de la dictadura.
Según Colombo la decisión de Francisco es "un reconocimiento a los testigos valientes del Reino de Dios en la Argentina" y un "aliciente para no cejar en el anuncio" que deben hacer los cristianos. Para el obispo riojano la determinación papal es a su vez una forma de reafirmación de una línea de trabajo de una Iglesia "cercana a la gente, a los pobres, a los excluidos, que no siempre son considerados".
Angelelli fue un obispo comprometido con la opción por los pobres y desde su asesinato en 1976 se transformó en una figura emblemática de quienes pregonan una iglesia cercana a los excluidos. Si bien no existe aún una fecha establecida para realizar formalmente la beatificación la ceremonia oficial podría concretarse en el mes de noviembre próximo.
Colombo reconoció que "Enrique, Carlos, Gabriel y Wenceslao entregaron su vida por amor a Dios y a los hombres", resaltando "la nobleza de la entrega de nuestros mártires, testigos con su sangre del Reino de Dios".
La confirmación de la beatificación de Angelelli y sus compañeros mártires es también una ratificación de la perspectiva que impulsa desde el Vaticano el papa Francisco, poniendo como ejemplo para los católicos a quienes murieron por su compromiso con los pobres.   
Fuente_Pagina/12

Las siete plagas del acuerdo(FMI):Economistas de distintas tendencias coinciden en el impacto recesivo del stand-by

Christine Lagarde, titular del FMI, pactó con el Gobierno los términos del acuerdo.
Las siete plagas del acuerdo
El ajuste pactado con el Fondo Monetario tendrá una incidencia directa sobre el nivel de actividad, afectará los salarios, las jubilaciones y por ende el consumo masivo. También caerá la inversión pública y aumentará el desempleo.
Christine Lagarde, titular del FMI, pactó con el Gobierno los términos del acuerdo. 
Imagen: EFE
El acuerdo con el Fondo Monetario Internacional apunta a estabilizar el mercado cambiario pero tendrá consecuencias sobre la “economía real”, es decir, sobre el nivel de actividad, consumo e inversión, salarios, jubilaciones y empleo. PáginaI12 consultó a cuatro economistas de diferente raigambre ideológica para dilucidar las consecuencias del stand-by. Hay coincidencia en relación al impacto negativo del acuerdo sobre el nivel de actividad a partir del redoblado ajuste fiscal, caída que sería mayor si además continúa la devaluación del peso. El consumo será el principal perjudicado y el Programa de Participación Público-Privada aparece como una de las esperanzas del Gobierno ante la previsible reducción de la obra pública.
Mariano De Miguel, docente de la UMET, explicó que “las consecuencias van a ser negativas porque el Fondo siempre pide el ajuste fiscal para que la economía pueda ahorrar los dólares para el repago de la deuda. Quizás la economía este año termine creciendo 1 o 1,5 por ciento, pero el dato del tercer y cuarto trimestre va a ser malo porque el ajuste fiscal se multiplica hacia el resto de la economía”. “Pero no sólo está la cuestión fiscal. Hay una segunda palanca recesiva que es la devaluación, que afecta a la inflación y a los salarios. El FMI espera que la devaluación corrija las cuentas externas a través de la caída de los ingresos, es decir, que no sea solamente una devaluación nominal sino en términos reales. Si el Fondo tiene éxito en este punto, será otra fuerza recesiva. Y si no tiene éxito, la situación se puede volver un espiral de inflación-salarios-devaluación. Yo creo que la economía argentina no va a volver a crecer hasta fin del año que viene. El Gobierno no va a poder estimular la economía como en 2017. El mejor escenario es de estabilidad macroeconómica y recesión”, agregó.
Martin Vauthier, director de la consultora Eco Go, explicó que “el Gobierno recurre al Fondo porque el mercado dejó de financiar el déficit de cuenta corriente que fue record en 2017, de 4,8 del PIB, del orden de los 31 mil millones de dólares a partir de los gastos de turismo, suba de importaciones por la tracción proveniente de la inversión y de la compra de bienes de consumo durable. Se supone que el ajuste con el crédito del Fondo va a ser más leve que si el Gobierno tuviera que seguir su programa financiero con el mercado. Pero el ajuste va a estar”.
“Hacia adelante, la economía no tiene margen de crecer, más bien todo lo contrario. El consumo reaccionó en 2017 pero no va a seguir creciendo, no será motor este año ni tampoco en 2019. La necesidad de profundizar el ajuste fiscal define que el Gobierno siga con su plan de baja de subsidios y recorte la obra pública financiada por el Tesoro. Además, las altas tasas de interés impactan muy fuerte sobre empresas y la sequía del agro también es un factor negativo. El escenario más virtuoso consiste en que el ajuste más los dólares que provengan del Fondo y de otros organismos den confianza a los mercados, mejoren las condiciones financieras y baje el riesgo país. Así, se reduciría el costos de financiamiento del Gobierno y de las empresas. La gran apuesta del Gobierno para impulsar la actividad el año que viene son los PPP, especialmente en obras viales, que tienen impacto sobre el nivel de empleo y no demandan tantos dólares”.
Mariano Lamothe, de la consultora Abeceb, consideró que “el mercado no financia más la gradualidad del Gobierno. El mundo no nos esperó. Esto nos va a dejar una economía con niveles más altos de inflación, menos actividad y mucha conflictividad social. En términos fiscales, el sector público va a consumir menos, seguirá pisando el gasto. Para 2019 empieza a haber menos partidas para cortar”. “Claramente los sectores más perjudicados son el consumo masivo, motos y otros durables, por el efecto de la devaluación y la suba de tasas. Por contrario, posiblemente también haya inversiones en sectores muy específicos beneficiados por el nuevo tipo de cambio como economías regionales, agro, minería y energía. Para 2018 vemos un crecimiento de entre el 1 y el 1,5 por ciento y 2019 es una gran incógnita. Pueden ser factores positivos los contratos PPP y hay que ver si logran reeditar el efecto de 2017 en el mercado hipotecario”.
Santiago Fraschina, director de la carrera de economía de la Universidad de Avellaneda, dijo a este diario que “si el acuerdo viene de la mano con la finalización de las intervenciones del BCRA para dar estabilidad al dólar y se impone una desregulación total, es posible que el tipo de cambio siga subiendo, con lo cual el primer canal de impacto negativo sobre la actividad económica se da a través de la devaluación, los precios y la caída del consumo. Si la condicionalidad no tiene que ver con la desregulación del mercado cambiario, todavía queda el canal fiscal como fuente de caída de la actividad. El FMI establece un programa fiscal muy exigente que derivará en un menor consumo interno, menor actividad industrial, inversión de pequeña y mediana escala y empleo”.
Fuente:Pagina/12

miércoles, 6 de junio de 2018

Sopas con sabor a Latinoamérica

Un test en busca de tu sopa ideal

En Bogotá se destaca el Ajiaco Santafereño, en La Paz el Chairo y en Lima la Parihuela, más conocida como “Levanta Muertos”. Buenos Aires no tiene una receta predilecta que identifique al país o región, por lo que a través del test “Sopa de Recetas" podés descubrir la opción ideal para tu familia entre veinte combinaciones de alimentos autóctonos y latinoamericanos.
Se cree que los caldos, y luego las sopas, cumplieron un rol fundamental en la evolución humana ya que permitieron disminuir la masticación forzada constante necesaria para ablandar los alimentos crudos, permitiendo así el desarrollo de la capacidad craneal y cerebral del hombre por sobre la mandibular.
Lo cierto es que este método de cocción hoy por hoy tan conocido y aplicado tiene la gran virtud de adaptarse a la perfección a las posibilidades y alimentos que se encuentran a disposición en cada región del planeta. Así hoy, encontramos diversos caldos y sopas propios de cada cultura que habita en la tierra.
En Latinoamérica la sopa es considerada uno de los platos predilectos de diversos países y capitales. En algunos casos debido al clima andino que favorece este tipo de preparaciones, a las tradiciones propias y heredadas de las culturas originarias y principalmente a las posibilidades que ofrecen la tierra y el mar en cada lugar para cocinar.
En líneas generales todos los países cuentan con una sopa predilecta, inclusive una en cada región. En Buenos Aires, Argentina, muchas personas eligen cada vez más consumir sopas a lo largo del año, pero no existe una receta predilecta que identifique al país o región. Se utilizan diversos alimentos, mezclas de sabores y condimentos. En este marco, Yelmo empresa de electrodomésticos, armó un test de sopas para descubrir la sopa más adecuada para cada familia. La campaña llamada “Sopa de Recetas” se basa en un chat guiado de Facebook (@yelmoarg) que ayuda a sus seguidores a encontrar su sopa ideal, según sus gustos y preferencias. Hay más de veinte combinaciones de alimentos autóctonos y latinoamericanos para descubrir.
En Bogotá, Colombia, en cambio, se destaca el Ajiaco Santafereño una sopa que contiene pollo, papas, pastusa y sabanera que suele acompañarse con arroz blanco, aguacate, alcaparras y crema de leche. El nombre de este plato tiene varias teorías: la más aceptada dice que se denominó así porque su receta inicial contenía ají. Esta sopa hoy por hoy presente en los más finos restaurantes de la región, tuvo su auge y desarrollo en la época de la colonia y se atribuye a los Muiscas que habitaban originariamente en las zonas de Cundinamarca y Boyacá.
Más al sur, la sopa Limeña por excelencia es la Parihuela o más conocida como “Levanta Muertos”. Es considerada por los costeros, un plato afrodisiaco debido a su alto contenido de fósforo y es muy popular en toda la costa de Perú. Su base son los pescados y mariscos y se elabora generalmente con cabrilla, machete, corvina o cojinova, que al mezclarse con los mariscos, genera un resultado sabroso y contundente. Se cree que la parihuela es originaria del puerto de Callao, donde las personas pobres que vivían cercanas al puerto recogían las maderas desechadas con las que se trasladaban los pescados para hacer fogones y cocinar estos caldos.
Por otra parte, en La Paz, Bolivia, se encuentra el conocido Chairo, un plato que podría decirse, surge de una fusión cultural pero representa a la perfección las raíces andinas. Se consume en platos de barro especial y sus principales ingredientes son las papas deshidratas, más conocidas como “chuño”, carne de cordero, de res y seca macerada con sal. La historia explica que esta sopa, de origen mestiza, es parte de la tradición de la Ciudad sede de Gobierno desde 1781, se estima que 10 de sus 13 ingredientes principales fueron traídos por los españoles y adoptados por los Aymaras y Quechuas, pueblos originarios de la zona.
En definitiva, las sopas representan a cada país, ya que son una herencia que conserva las verdaderas raíces de cada ciudad, pueblo y país. Conocer sus historias nos permitirá que las opciones se diversifiquen y nunca falte en la mesa un caldo nuevo para compartir.
Fuente:Pagina/12

Los mandaban a la guerra


Imagen: EFE
La suspensión del partido que iba a jugar este sábado la Selección nacional en Jerusalén Este fue la culminación de decisiones absurdas de una política exterior de papanatas. Medio Oriente es una zona de conflicto interminable, pero que aún así ha mantenido determinadas reglas de juego. No hubiera sido la primera vez que la Selección jugara en Israel. Antes de cada Mundial, la Selección jugó en ese país, algo que había empezado a convertirse en una especie de cábala aunque había generado protestas y debates. Pero todos los partidos anteriores fueron en Haifa o en Tel Aviv. Jugar en Jerusalén Este rompe todos los precarios equilibrios que sostienen las relaciones internacionales con los sectores en conflicto. Implica tomar partido, comprometerse como parte beligerante del lado israelí.
Resulta por lo menos sospechoso que la Cancillería no haya tratado de impedir la realización del partido para resguardar por lo menos la integridad física de los jugadores. A pesar de ser aliado incondicional de Israel, los presidentes norteamericanos se habían resistido a trasladar la embajada de ese país a Jerusalén Este como exigía el gobierno derechista israelí. Finalmente Donald Trump trasladó la embajada el 14 de mayo, lo cual produjo que miles de palestinos salieran a las calles a protestar. Hubo cerca de 60 muertos y miles de heridos por la represión. Hace sólo dos semanas que sucedieron esos enfrentamientos. En ese escenario querían que se jugara un partido que de “amistoso” no tenía nada y que más bien se podía interpretar como una provocación abierta contra los palestinos.
Israel ocupó Jerusalén Este en 1967. La ONU no reconoce esa situación ya que los tratados internacionales no consideran a Jerusalén como parte de Israel sino compartida por Palestina. Tras la ocupación en 1967 de Jerusalén Este, los gobiernos israelíes y la derecha israelí promovieron una campaña de colonización de esos territorios ocupados y trataron de lograr reconocimiento internacional. Dentro de Israel esa política expansionista también es cuestionada por un sector de la población. Y a nivel internacional, Estados Unidos mudó su embajada después de casi 50 años. Tras la movida norteamericana, el gobierno de Guatemala anunció que seguirá sus pasos y Washington le prometió financiar los gastos.
El gobierno israelí promovió la colonización de esos territorios y la expulsión de los ciudadanos palestinos. A los que se quedaron les concedió la categoría de residentes. Ni siquiera son ciudadanos, son “extranjeros” residentes que nacieron en esos territorios al igual que sus padres, sus abuelos y sus ancestros.
Pero la decisión unilateral de los gobiernos expansionistas israelíes no había tenido ninguna consecuencia internacional hasta que hace pocos días Trump decidió mudar su embajada. La invitación del gobierno derechista de Netanyahu a la Selección argentina no tuvo nada de inocente porque después de la sangrienta represión venía la fiesta con el partido internacional que iban a jugar Israel y Argentina en los territorios ocupados.
No sería la primera vez que el gobierno guerrerista de Netanyahu trata de usar a la Argentina para sus fines políticos. Tanto la denuncia del memorándum con Irán como la muerte del fiscal Alberto Nisman, fueron usadas por Netanyahu en su campaña internacional contra el acuerdo de paz que estaba firmando en ese momento el entonces presidente norteamericano Barak Obama con el gobierno iraní. Y en los dos hechos el servicio secreto israelí, el Mossad, dejó su marca en el trabajo que realizó en conjunto con la ex SIDE que dirigía Jaime Stiuso. Son entretelones turbios que incluyen viajes, financiamientos y falsa información. En esa oportunidad Netanyahu viajó a Estados Unidos invitado por los republicanos y en su discurso en Washington usó la situación argentina para cuestionar el tratado de paz que firmó Obama.
Fue insólito que un presidente extranjero hablara en Estados Unidos contra el presidente de ese país. Netanyahu ha demostrado que no tiene escrúpulos para intervenir en los asuntos internos de otros países. Después de los atentados contra la revista Charlie Hebdo, en París, el gobierno francés le pidió que no asistiera a la gran manifestación de repudio que se realizó. La presencia del jefe derechista israelí era una provocación a la población islámica de Francia, más allá de los atentados. El gobierno quería bajar la presión del agudo trance. Pero Netanyahu quiso aprovechar los atentados en París para su campaña electoral y no le importaron las víctimas ni la situación que le generaba al país anfitrión.
El macrismo también usó en la campaña electoral el memorándum con Irán y la muerte de Nisman. Sobre la base de estas coincidencias, el gobierno de Mauricio Macri ha estrechado relaciones con Benjamín Netanyahu con la compra de material bélico israelí para la represión interna. Hubo viajes protocolares de la vicepresidenta Gabriela Michetti y después la ministra de Seguridad Patricia Bullrich.
En el contexto de esta relación se produjo esta grave decisión diplomática que colocaba a la selección nacional en un escenario de guerra en respaldo de una de las partes en conflicto. Fue una decisión política, más allá de los millones de dólares que cobró la AFA. Y nadie la discutió con los jugadores y el entrenador ni les preguntó si estaban dispuestos a asumir ese compromiso de carácter político en medio de una guerra.
Los jugadores empezaron a darse cuenta de que los habían metido en un juego peligroso cuando advirtieron el fuerte tono de las protestas que había provocado el anuncio del partido. La intención, además, era clara, porque los estadios de Haifa y Tel Aviv son más grandes que el Teddy de Jerusalén. El malestar, que ya se había sentido en algunos comentarios, se convirtió en preocupación. Hubo planteos para que se asegurara que no hubiera ningún político israelí en el estadio. Pero al tomar conciencia del carácter que tenía ese partido, los jugadores y el entrenador plantearon su negativa.  
Resulta obvio que no se trató solamente de la AFA y que hubo intervención de presidencia y cancillería a pedido del gobierno israelí. Netanyahu solamente apareció cuando se suspendió el partido, pero los que conocen sus mañas políticas dan por hecho que fue idea suya. Primero no quiso aparecer presionando al gobierno argentino y después quiso presentar ante sus electores la suspensión del partido como un acto antijudío. No fue un acto antijudío, sino la reacción ante la prepotencia de Netanyahu y ante una medida irresponsable del gobierno y de la cancillería argentina.
Fuente:Pagina/12

martes, 5 de junio de 2018

Las venas abiertas de la bestia


Resultado de imagen para peronismoMis queridos chichipíos o también colegas: me hubiera gustado repetir vermú con papas fritas y good show, como solía despedirse el gran Tato Bores con cierto escepticismo y no sin cierto dejo de piedad y fatiga por los vaivenes de la política vernácula que incluía a jueces y juezas dispuestos a la censura, policías dispuestos a reprimir, presidentes dispuestos a la repetición de medidas antipopulares y periodistas dispuestos a todo. Siempre admiré el talante efectivo del humor para grandes afrentas políticas aunque suele ser difícil por momentos al descender al pantano de lo real. Pero la lectura de los diarios del frio domingo 3 de junio me alejó del humor ingenuo de Tato para lanzarme a la sinuosa tarea de viajar por el laberinto de un Leviatán que deja a su paso rastros de odio, huyendo rumbo a la noche después del festín. Los diarios más importantes de nuestro país y de algunos medios infopersistentes dedicaron a sus principales columnistas a contarnos historias de un zoológico lleno de animales recontra peligrosos y donde, como cruzados de un gobierno de gente como uno, alertaban de las bestias al acecho luego de que se hubieran atrevido a dejar desnudo al rey en la batalla ganada en el Senado contra el tarifazo. 

Los términos usados fueron varios contra los senadores y en especial contra “la doctora” como la llama Jorge Asís a CFK, que ganó la parada por un millón de espectadores esperando y viendo su discurso contra el tarifazo a las tres de la madrugaba, según la consultora Ibope, y ya había dado un tarascón mortal con “Machirulo” como llamó al Presidente que la trató de loca y que, como se supo, tuvo 200 mil consultas instantáneas en Google y fue el tuit más retuiteado en español amén de ser –como dijo un columnista en el programa Brotes verdes de C5N– “el mensaje más retuiteado en la historia del tuiter en la Argentina”. 

En fin, no pude sustraerme, lo confieso, a seguir el rastro del odio en cada línea de los editoriales del domingo pasado, donde la bestialización del otro, su transformación en  la Hidra de Lerna, un monstruo del inframundo con forma de serpiente de múltiples cabezas, tal como contó la mitología griega –que Macri y sus espadachines deben enfrentar– hace a los columnistas de los grandes diarios lanzarse a las aguas oscuras para cortárselas. Porque eso es el peronismo para ellos: una serpiente de tres o mil cabezas casi inmortal que se reproducen y que representan desde CFK y el resto del kirchnerismo hasta los “peronistas buenos” –como denominan a los que no habían sacado los pies del plato hasta ahora. 


Son “tiburones que huelen sangre” en un caso, o simples “loritos”, en el otro, que repiten a cambio de la papa. En algunas líneas se atreven a repetir que el peronismo es un “animal político depredador” –por supuesto no en el sentido que lo definió Aristóteles– cuando “huele sangre”, es decir siente la debilidad del rey o virrey o quien gobierna, como señaló el colega Hugo Muleiro en el vía crucis de los domingo cuando se dedica a decodificar los mensajes de los dueños de los medios. Y el peronismo es –Macri lo definió como el problema de la Argentina desde hace 70 años– entonces, la Hidra o esos “tiburones” implacables, hambrientos, sanguinarios. Nunca son políticos, nunca ciudadanos críticos, nunca movimiento popular que tiene la representación de por lo menos la mitad del país; nunca representantes del pueblo en el Congreso –el poder más democrático de nuestro sistema de gobierno–  del que se animan a definir, por haber rechazado el tarifazo que Macri vetó de inmediato, como el centro de una “sublevación demagógica”.  El Congreso, entonces, no es más que una cueva de subversivos. Semejante tergiversación del sentido político basado en el miedo a la pérdida de privilegios y el odio derivado tiene una larga historia en el golpismo nacional. En el fascismo de las elites que no dudaron en defender el saqueo del Estado, sus negocios off shore, con uñas y dientes. Comenzaron por censurar la protesta contra las patéticas condiciones de vida de los argentinos y el arrasamiento de sus derechos. En auxilio del análisis no puede dejar de pensar en el credo del jurista alemán Carl Schmitt, ideólogo del nacionalsocialismo al que adhirió en 1933, cuando Hitler se alzó con el poder total luego de definir más que su programa de guerra, a un “enemigo” al que culpar de los padecimientos del pueblo alemán: responsabilizó a los judíos, a los socialistas y las potencias ganadoras de la Primera Guerra, de “la pesada herencia” alemana. También pensé en Jaime Durán Barba, el culto asesor del macrismo, estudioso de Joseph Goebbels, es decir, del ideólogo y ministro de Propaganda de Hitler a quien dijo “admirar”. Lo cierto es que en su Teología Política, Schmitt dio como fundamentación central del fascismo la creación del “enemigo”, categoría central “en la constitución de un pueblo y que se establecía por decisión arbitraria del líder.” Y el enemigo es “un animal, y como todo animal cuyo instinto es bestial es el amante de la guerra, es el que no tiene ley, que debe ser aislado y no puede vivir en comunidad. La ‘bestialización’ del enemigo es, en efecto, un índice muy importante del posible desencadenamiento de la violencia contra él– dijo Jacques Sémelin, director de Investigaciones del CERI–CNRS (Centro de Estudios e Investigaciones Internacionales en París)– que abordó en Los imaginarios de la destructividad social. “Lo que Schmitt nos dice parece fundado: en los momentos de alta tensión social, todo tercero mediador se desploma y la relación conflictiva se reduce a la confrontación radical amigos/enemigos, tanto imaginaria como física. 

La representación de ese ‘Otro total’, totalmente enemigo, se une, entonces, con la de la esencialización de su diferencia. ‘Él’ no tiene nada en común con ‘nosotros’. La barrera simbólica de la diferencia se vuelve simplemente infranqueable.” Ese Otro, totalmente otro, no es ya verdaderamente humano: es una bestia. ¿Un tiburón que huele sangre como –señalan los columnistas– por las heridas del gobierno de Cambiemos, del Presidente que descendió como nunca en las encuestas? ¿Y esa bestia, ese tiburón es el peronismo, es el populismo entendido como un modelo político nacional y popular, latinoamericanista, y un modelo social inclusivo y un modelo económico de desarrollo industrial, científico, sin deuda y sin el FMI? ¿Lo es? Por todo esto, mis queridos chichipíos, a cuidarse más del lenguaje que transforma nuestra vida política y social en una selva. Deberían escribir una y mil veces: no odiar, no mentir, no manipular, porque la realidad –como se dice– no siempre se puede tapar aunque no se haga tapa.
Fuente:Pagina/12

“La universidad no es un gasto, es un derecho”:Las autoridades de 28 universidades nacionales le respondieron a la gobernadora Vidal con una declaración conjunta.

En un documento que difundió el CIN, los rectores señalaron que la “desafortunada” frase de Vidal “desconoce el valor de la educación superior para nuestro pueblo”. Aportaron datos que demuestran cómo se redujo la brecha en el acceso a la educación superior.
Imagen: Daniel Paz
“La universidad no es un servicio a prestar, un gasto y ni siquiera una inversión. La universidad es un derecho”, aseguraron los rectores de 28 universidades nacionales, en una declaración conjunta que ayer difundió el Consejo Interuniversitario Nacional (CIN). El texto es una respuesta a los dichos de la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal, que la semana pasada aseguró que “nadie que nace en la pobreza llega a la universidad” y cuestionó la existencia de las universidades del conurbano bonaerense. Las máximas autoridades de 28 universidades públicas afirmaron que “basta sólo recorrer y caminar verdaderamente nuestras comunidades para ver y entender el valor de lo que hacemos”.
El escrito titulado “La universidad es un derecho para todos y todas” sostiene que la “desafortunada” frase de Vidal “desacredita y desconoce el valor de la educación superior para nuestro pueblo, al contraponerla con la inversión en jardines de infantes” y que “ignora un proceso global irreversible: la masificación y universalización de la educación superior”. El comunicado acompaña con datos la afirmación: durante las últimas cuatro décadas, la matrícula terciaria aumentó en Iberoamérica de apenas 1,9 millones de estudiantes en 1970 a 8,4 millones en 1990 y a alrededor de 25 millones en 2011. “¿Qué tipo de inserción en el mundo quieren nuestras autoridades si deciden que vayamos en sentido opuesto, incluso, a fenómenos que se dan en nuestra región?”, se preguntaron los rectores. 
La declaración incluye entre sus adherentes a los rectores de las nueve universidades creadas en la provincia de Buenos Aires durante el gobierno kirchnerista, además de universidades de todo el país, como las de Formosa, Jujuy, Patagonia Austral, Río Negro, Chilecito, General Sarmiento, Patagonia San Juan Bosco, La Rioja, Lanús, Artes, Quilmes, Rafaela, Comahue, Pedagógica, Entre Ríos, Chaco Austral y otras. El documento no fue apoyado por el bloque radical de rectores, ni contó con la firma de autoridades de las universidades de La Matanza o Lomas de Zamora. 
“De haberse sostenido la idea de que a la universidad solo van los ricos, poco sentido hubiera tenido construir instituciones en territorios tan poblados y donde habitan hombres y mujeres que, pareciera, solo tienen derecho a ir a un jardín de infantes”, advierte el texto. 
La declaración aporta más datos a los estudios y estadísticas que comenzaron a circular luego de la frase de Vidal, que desmintieron sus argumentos: 
  •  La brecha de participación entre estudiantes ricos y pobres en la universidad se redujo de 4 a 1 en los años 90, a 1,5 a 1 para 2014.

  •  En los últimos diez años, las universidades que se crearon en la provincia de Buenos Aires tuvieron tasas anuales de crecimiento estudiantil que van desde el 20 por ciento hasta el 90 por ciento. “¿Qué significaba esto, si no era una demanda insatisfecha por educación superior?”, se preguntaron los rectores.

  •  En el conurbano bonaerense, entre el 70 y el 90 por ciento de los estudiantes son la primera generación de universitarios en sus familias y, entre ellos, más del 60 por ciento son mujeres y más del 40 por ciento son mayores de 30 años, personas cuya edad en algún otro momento histórico los hubiera marginado de la educación superior. “Nuestras universidades no sólo otorgan derechos a quienes tienen menores posibilidades, afectados por sus niveles de ingreso, sino que, también, se acercan a otros sectores que sufren desigualdades”, destacaron los rectores.
La declaración agrega que la postura de Vidal “también ignora el valor de las actividades diarias de docencia, investigación y extensión, que contribuyen a la solución de las necesidades de cada comunidad local y regional en la que se encuentran y a revitalizar la economía a través de la continua innovación científica y tecnológica, y su impacto sobre el desarrollo económico: aumento de la productividad, generación de nuevos productos y mayor competitividad en el mercado internacional.” Además, el escrito rescata la Reforma Universitaria de 1918, que este mes cumple su primer centenario, y su importancia en el inicio de la “des-elitización” de la universidad pública. 
“Es nuestra obligación realizar todos los esfuerzos posibles para sostener la transformación de la educación superior y universitaria en un derecho humano y un bien público social realmente universal”, concluyeron los rectores, y agregaron que “no se va en esa dirección recortando gastos, cerrando puertas o presentando falsas dicotomías entre nuestras instituciones y jardines de infantes”. 
Informe: Inés Fornassero.
Fuente:Pagina/12

lunes, 4 de junio de 2018

Un gobierno ya patético


Las caras, los gestos, las declaraciones oficiales muestran al Gobierno con un perfil hasta ahora desconocido. 
La obsesión por el humo marketinero y las frases de circunstancia parecen haber desaparecido, excepto por la monserga del déficit fiscal y los circunloquios al respecto.
El problema es que pasar de la actuación de felicidad a los rostros compungidos no hace a la esencia Pro. No están programados para eso y forzar el cambio de chip tiene sus riesgos, incluyendo caer en ridículos de difícil retorno.
Los ejemplos son varios y llegan desde diferentes ámbitos, pero con igual destino alegórico.
El Presidente se dirige al país, en medio de la depresión económica y de vetar el retroceso tarifario, para decirle que lo importante es cambiar las bombitas por luces Led.
La inmaculada Mariu se descuida en una reunión con rotarios, como si a esta altura se les pudiera escapar que la privacidad declarativa en cónclaves como esos es una fantasía, y dice alegremente que haber “poblado” de universidades el conurbano bonaerense es un despropósito, porque los pobres nunca llegan a la Universidad. El tema no es que haya incurrido en semejante desatino, sino que justo ella cometa ese error de decir lo que piensa antes de pensar lo que dice.
Es también un emblema la imagen de Gabriela Michetti mientras Cristina le enrostraba, en la madrugada de la sesión senatorial por las tarifas, que no paran de mentir, que hicieron todo lo contrario de lo que prometieron, que pudieron prometerlo por la complicidad mediática. Esa cara de Michetti, que será inolvidable, no es una cara Pro.
En parte vencidos por lo inocultable y en parte entregados a la carta de una oposición destructiva, de un peronismo blanco/racional que los traicionó, de que están haciendo todo lo que pueden contra la máquina de impedir que huele sangre, les resta la desnudez. 
El primer índice de quiebre fue la reforma previsional, en diciembre último. El Gobierno ganó en el Congreso, pero en la calle perdió por goleada. Los tarifazos, terminado el verano, le pegaron muy duro a su sustrato de clase media. Y el retorno al Fondo Monetario fue, probable o seguramente, el punto de inflexión. 
Los periodistas y comunicadores amigos empezaron a fugar, salvo algunos que no tienen problema en continuar humillándose a sí mismos. El círculo rojo aprieta por más ajuste, no importa el costo social ni electoral. Gente de la caracterizada, que venía mirando para los costados, pasó a interrogarse de la noche a la mañana cuál es el negocio de que por una ventanilla ingrese endeudamiento dolarizado y por la otra se vayan los dólares por fuga de capitales.
Las frutillas del postre se acumulan en forma cotidiana. La última, del viernes y nuevamente desde usinas oficialistas, es que hay negociación con los bancos para que el próximo vencimiento de Lebac se resuelva con un pagaré. 
Les resta que muchos continúen creyendo, o queriendo creer, que si saben negociar con los bancos por algo será, que si son ricos son vivos y que si son vivos no puede ser que volvamos a lo mismo porque Macri no es De la Rúa. 
Nicolás Dujovne, el ministro que da tranquilidad manteniendo su plata afuera, anunció la neorevolucionaria alegría de achicar el gasto político e institucional. Hay medidas violentas. Menos autos oficiales y que los funcionarios no viajen en clase ejecutiva, entre otras. 
¿La credulidad social mayoritaria es infinita?
¿Que a la Cámara Federal se le ocurra fallar justo ahora que Alberto Nisman fue asesinado por su denuncia contra CFK es habilidad propagandística? ¿O una demostración obscena de que el Gobierno ya no tiene más propaganda efectiva?
¿Que se reintroduzca la figura de militares interviniendo en seguridad interna beneficia a Casa Rosada más allá de un núcleo duro facho? ¿Enseña fortaleza o debilidad una disposición de ese tipo? 
Julián Zícari, autor del libro Camino al colapso, se preguntó en nota de PáginaI12, el martes pasado, si esto termina como en 1995 o como en 2001. El recorrido comparativo del investigador es muy interesante. 
En la primera de esas crisis, Menem y Cavallo recurrieron al FMI para obtener un salvataje similar al que hoy intenta el macrismo. Se aplicó un fuerte programa de ajuste a partir de marzo de 1995, con aumento del IVA, despido de empleados estatales y promesas de más privatizaciones. Pero en las elecciones presidenciales de dos meses después, con una economía en recesión y desempleo por encima del 18 por ciento, ganó Menem. “En suma, la mayoría demostró estar dispuesta a pagar cualquier precio con tal de mantener la convertibilidad, tolerando el ajuste”. Se lo llamó el voto-licuadora o voto-cuota, por la cantidad de gente que sufragó pensando en la estabilidad de las cuotas de los electrodomésticos. 
La historia volvió a complicarse en 1998 porque, para variar, se fue cerrando otra vez el flujo de capitales externos. En diciembre del 2000, De la Rúa volvió al Fondo Monetario y obtuvo el blindaje. No alcanzó y a mediados de 2001 fue el megacanje con los acreedores. Tampoco alcanzó y tres meses más tarde el salvataje se transformó en el corralito.
Zícari interroga por qué esa vez el resultado fue diferente y señala que la respuesta no debe buscarse en lo que hizo el FMI, que en 1995 asistió a Menem con 2300 millones de dólares y en 2001 con 10.600. Es decir que, “en la crisis que terminó por estallar, la intervención (del Fondo) fue cinco veces más ‘generosa’ y sin embargo todo explotó (...) La clave para la respuesta está en la capacidad de tolerancia popular frente al ajuste”. 
En 1995 la población pareció avalarlo (de hecho lo hizo) y en 2001 respondió con el voto-bronca, los piqueteros, los sectores medios activos y un sindicalismo que no dio tregua. Por tanto, como culmina el investigador, “para saber si el programa de recortes y flexibilización laboral que el FMI busque imponerle al macrismo tendrá éxito o no, debemos preguntarnos si la población estará dispuesta a movilizarse o será pasiva”.
Algunos indicios revelan que la movilización ya empezó y nadie diga que la esperaba cuando hasta hace apenas seis meses, con el oficialismo ratificado en las urnas, el único tema era la asegurada reelección de Macri. Esas señas se reforzaron hace horas con una Marcha Federal multitudinaria, con un componente central de movimientos sociales del abajo que el viernes anterior estuvo dado frente al Obelisco por franjas del medio y, poco antes, con la potencia de los maestros. Tampoco parece que la CGT pueda seguir durmiendo por mucho tiempo, y buena sección de las mayorías silenciosas que votaron al macrismo están embroncadas porque, para reiterar obviedades, los tarifazos no se pagan con versos de pesadas herencias. 
Si es cierto que la movilización está para ir en crecimiento, debería ser inevitable que obligue a su articulación política.
Debería.
Fuente:Pagina/12

sábado, 2 de junio de 2018

1 de Junio -Día del Sociólogo:Que la sociología sirva para molestar

 “Que la sociología sirva para molestarResultado de imagen para sociólogos

El 1 de junio se evoca el Día del Sociólogo. “¿Para qué sirven? ¿Qué hacen?”, preguntan los parientes en los cumpleaños o las señoras en la panadería. ¡Para molestar señores, eso, para incomodar a la realidad! Opinan en este especial: José Luis Jofré, Juan Manuel Lucas, Diego Tagarelli (desde Venezuela) Claudio Fernández y Héctor Castagnolo.

¿Para qué sirve la sociología? Para molestar
José Luis Jofré (sociólogo, vice-director de la carrera de sociología. UNCuyo)
Es evidente que la sociología no es una disciplina que busque lugares comunes, cómodos para las buenas conciencias, su tragedia en la última dictadura militar así lo apunta, es una ciencia fastidiosa para los sectores sociales que tienen algún privilegio que preservar. Esto obedece a que su objeto de estudio son fenómenos sociales complejos, compuestos siempre por intereses creados en diferentes ámbitos de pertenencia. Por ejemplo: la estatización de empresas estratégicas para el desarrollo del país, la participación política de la juventud, la incidencia de la asignación universal por hijo, la discusión sobre la punibilidad del aborto, los regímenes de producción y apropiación de mercancías, entre otros temas que pueden o no tener presencia en los debates de la sociedad, presentan un trasfondo socio-histórico que no todos quieren visibilizar.
El sociólogo cuando efectúa en su práctica teórica en el mismo momento realiza un ejercicio profundamente político, esto es develar la compleja trama de intereses sociales que se ocultan en todo fenómeno social, sacando a flote lo que los sectores hegemónicos se esfuerzan por ocultar bajo el engañoso manto del interés universal. En este sentido, las ciencias sociales en general y la sociología en particular disponen de una herramienta fundamental para la articulación de su práctica con la sociedad, esta herramienta es la política. Y es aquí donde la pregunta ¿para qué sirve la sociología? encuentra la punta del ovillo para esbozar su respuesta.
Teniendo en cuenta esto, la sociología no sólo es incómoda para los sectores privilegiados, sino también para el propio sociólogo, que tiene que escurrirse de los prejuicios científicos dominantes, romper con el mandato de la neutralidad valorativa y asumir como propio el punto de vista de los agentes menos favorecidos en el fenómeno social que se trate. Esto es, si lo que estudia son las relaciones sociales de producción, el punto de vista de los trabajadores será el adecuado, no sólo en términos políticos, sino también para lograr un relato más próximo a la realidad. Lo mismo si se estudia la familia contemporánea, el enfoque de la mujer será privilegiado o si el objeto de análisis es la cárcel, el preso es el agente involucrado que menos privilegios tiene que perder, por lo tanto el que más veracidad puede aportar a la visión del sistema penitenciario en general.
En pocas palabras, si la sociología con sus marcos conceptuales y estrategias metodológicas logra discernir entre dominados y dominantes en toda relación social, su participación en estas relaciones demanda una práctica evidentemente política, donde se cristalicen iniciativas orientadas a logra mayores niveles de justicia social. Siempre teniendo en cuenta que la política no es un juego de suma cero, en el que se gana o se pierde todo, cada aspecto de la realidad requerirá su observación para desentrañar qué elemento es necesario conservar y cuál transformar, asimismo quiénes son los posibles aliados en una eventual estrategia de acumulación de poder y quiénes los adversarios. En definitiva, la sociología se encuentra en una posición privilegiada para la formulación de políticas tendientes a ajustar las demandas sociales más legítimas con sus formas institucionales de canalización.
Entre el oro, el barro y la sociología (Juan Manuel Lucas, sociólogo)
“Muy bien, lo felicito, tiene usted un diez en su tesina de graduación…”, palabras de cortesía, huevos y harina, varieté psicodélico para los festejos, y entre los estertores de una resaca de semanas dimos con esa decisiva verdad, ser sociólogo. Sociólogo como, al decir de un “pará sociólogo”, esas maestras de corte y confección que jamás hicieron un vestido.
Era cierto nomás. La sociedad capitalista y dependiente estaba allá afuera. Tal cual la imaginábamos. Había una clase obrera y una burguesía. Había desigualdad, explotación, marginalidad, pobreza… Había estructura y superestructura… Había una posibilidad tan latente como ingenua de revolución, y por eso había crisis… siempre crisis… tanto que si no la hubiera deberíamos inventarla...
Si como estudiantes aprendimos que los libros muerden, de egresados aprendimos que la realidad tritura.
“Escúcheme, mire que yo soy sociólogo”…!!!Mire este currículum, aprobé un seminario sobre la reforma agraria en América Latina¡¡¡ fui orador en el ciclo “¿Qué pasó con el stalinismo? “Tengo cursos varios sobre las intrincadas relaciones entre ciencia, ideología y poder, puedo explicar que es la performatividad de los discursos y, además, ¡¡¡ sé cómo se hace una revolución!!!”.
La variedad no modificaba la dirección de las respuestas:
-Sí, pero no se adapta al perfil requerido por el departamento de recursos humanos…
-Sí, pero tenemos que evaluarlo con el departamento de gestión institucional y planeamiento estratégico de la dirección de contrataciones del área ministerial…
-Sí, pero la inscripción cerró hace diez minutos…
-Sí, pero me está manchando la alfombra con el café, retírese…
-Sí, pero nos interesan las cualidades de la señorita con secundario incompleto que espera en recepción…
En realidad, pocas de las largas generaciones de sociólogos que precedió a la última gran crisis nacional encontraron un espacio tan vital, desafiante y enigmático para ser eso. Si la disciplina nació preñada de pretensiones de manipulación social, la Argentina post convertibilidad “condenó” saludablemente a la mayoría de los sociólogos a laburar en los lugares en que la gente labura.
Lejos de los hábitos sedentarios de los ratones de biblioteca que satirizaba Jauretche, la mayoría de nosotros “trabaja” de otra cosa. Siempre en part time, somos docentes, periodistas, escritores, empleados públicos, administrativos, burócratas, juntadores de los más insospechados papeles, militantes de utopías y distopías varias, artistas de imprevisibles vanguardias, protagonistas de secretas bohemias, alcohólicos, apáticos, militantes, cínicos, comprometidos, depresivos, irónicos, desilusionados, adictos, alienados, empobrecidos, desempleados... Uff...
Nos dedicamos a eso mientras habitamos un país que nos ha obligado a enterrar los prejuicios típicos de la pequeña burguesía ilustrada, reconocernos como parte de esa sociedad que pretenciosamente creemos conocer, y luchar, como la gente lucha, contra los gigantes de oro y barro del poder.
Sin embargo, nuestras pretensiones sartreanas no superan casi nunca una previsible y tediosa corrección universitaria teñida, levemente y al gusto academicista, de un derruido rojo progresista.
Miramos hacia abajo espiando el barro, y mientras chusmeamos entre sus vísceras, mantenemos las palmas hacia arriba esperando el oro. Y el moro. Demasiado ocupados en ocupar espacios, no nos sonrojan nuestras jeremiadas contra los abusos del poder, nuestras imposturas de compromiso, ni nuestras indignaciones formalistas.
Endogámicos, complacientes, autorreferenciales y, necesariamente, "de izquierdas" constituimos el lubricante de la maquinaria que vehiculiza lo “políticamente correcto” a caballito de eso que, pomposamente, denominamos como aparatos ideológicos de estado.
Durante los últimos años hemos jugado un papel fundamental en la construcción y legitimación de una iconografía que se supone novedosa. Hoy la democracia, los derechos humanos y las libertades civiles gozan de una excelente prensa, un creciente reconocimiento público y un relativo apoyo popular. No hubiera sido posible sin nosotros, los especialistas en, quizás, la más insigne de las ciencias auxiliares del estado.
El rol de los jóvenes sociólogos en América Latina: desafíos, autocríticas y horizontes (Diego Tagarelli, sociólogo, desde Venezuela)
Los jóvenes sociólogos tenemos la obligación (obligación=necesidad) de articular el desarrollo del conocimiento científico con el desarrollo del pensamiento nacional y latinoamericano. Pero esto quiere decir muchas cosas. Fundamentalmente, significa adherir a las luchas populares que nutrieron y nutren los procesos históricos. Y en este sentido, es imprescindible desarrollar una fuerte autocrítica hacia la práctica teórica y hacia la práctica “real” de vida que motivan muchas aspiraciones de los jóvenes sociólogos. El “hacer sociología” extrayendo reflexiones desde posiciones académicas o pequeñas burguesas sobre el mundo popular, ha sido quizás una de las armas de dominio más formidables del sistema ideológico académico.
Las tareas que desarrollan los jóvenes sociólogos en las instituciones académicas o aparatos públicos y privados son de suma importancia. La inclusión de los jóvenes sociólogos e investigadores en estos espacios de conocimiento es no sólo necesaria para impulsar el desarrollo de las fuerzas productivas en países relegados de los procesos científicos soberanos e independientes, sino además para articular políticas sociales destinadas a reducir las brechas de desigualdad social, modificando las relaciones económicas semicoloniales. Sin embargo, con esto no basta. Es necesario impulsar una verdadera propuesta latinoamericana para debatir los objetivos de los jóvenes sociólogos que adhieren al campo popular. Es necesario producir un debate sobre la trascendencia práctica y concreta del trabajo del sociólogo en América Latina, su compromiso colectivo con los fenómenos populares y el aporte desarrollado fuera de la práctica teórica. Es imprescindible, pues, alentar los esfuerzos para acompañar el proceso teórico de los jóvenes sociólogos con procesos prácticos, concretos, en las condiciones y contextos populares oportunos.
En este sentido, es preciso desenmascarar algunas cuestiones de gran relevancia, entre ellas, las aspiraciones burguesas intelectuales y los efectos que de ello se derivan.  Los jóvenes con aspiraciones intelectuales se hallan sujetos a una superestructura ideológica que los reeduca constantemente, no sólo para despojarlos de las formas inherentes de comprensión que poseen según su pertenencia social y sus elementos culturales, sino para reproducir el divorcio entre los trabajadores manuales y los trabajadores intelectuales. Es decir, muchas instituciones académicas se hallan sujetas a una lógica funcional dominante que paraliza, en cierto modo, muchas capacidades sociales de los intelectuales y sociólogos. Las formas de reclusión académica individual, el aislamiento frente a las condiciones populares, la ausencia de unificación colectiva hacia trabajo, el movimiento competitivo que motoriza las acciones intelectuales, sus niveles de subordinación hacia espacios de poder político conservadores, el acceso a puestos educativos claves, la burocratización del pensamiento, etc. (Podríamos ocupar muchas páginas nombrando y analizando el modo en que los aparatos reservados a los jóvenes intelectuales se ocupan de apropiarse de sus capacidades sociales como sujetos de pensamiento transformador para convertirlos en esclavos intelectuales de los sistemas ideológicos).
Por lo mismo, esto conduce a pensar que no puede existir una transformación en las instancias ideológicas sin una transformación en las relaciones socioeconómicas que las sostienen y sin una intervención popular en su interior. Esto significa que todo joven intelectual con deseos de formarse para contribuir a la transformación social e intelectual, debe volcar sus esfuerzos no sólo en modificar aquellas instancias institucionales consagradas por la ideología dominante, sino que debe involucrarse en las luchas populares de nuestro tiempo, desde los espacios y procesos que indiquen las masas populares frente a esas instituciones.  Ahora bien, para involucrase en esas luchas y procesos populares no basta con contraer un compromiso coyuntural, es decir, asumiendo un comportamiento meramente “humanista” hacia las causas justas, en ocasiones específicas y desde los espacios controlados por las pequeñas burguesías intelectuales, sino que debe formar parte de la práctica popular misma. Conformarse ya no en un "intelectual orgánico" que defiende las causas del marxismo y las luchas de nuestros pueblos con accidentales intervenciones en congresos, manifestaciones o pronunciamientos masivos desde las academias, sino transformarse en un sujeto social con idénticas necesidades y prácticas de común acuerdo con las masas. Claro que, eso conlleva a uno de los riesgos que no todos los jóvenes "intelectuales" quieren asumir: renunciar a las aspiraciones burguesas académicas para asumir las aspiraciones populares y políticas inmediatas, sin los cuales jamás un proceso de transformación adquiriría sentido.
Para ello, toda búsqueda de nuevas respuestas, propuestas y objetivos no puede ser planteado desde los mismos sistemas de preguntas y valores que nacen desde las jerarquías académicas institucionales. Es necesario cambiar de terreno para formular las preguntas, asumir un posicionamiento radicalmente distinto para formular los objetivos que se plantean. Claro que no significa abandonar los estudios, la investigación o la carrera académica en las instituciones o aparatos creados para tal fin. Yo diría que significa renunciar al modo en que se aborda la inclusión en ellos. Significa abrazar las tareas del conocimiento y el pensamiento sociológico desde nuevos espacios populares, encauzando las luchas populares hacia adentro de las universidades e instituciones académicas para que transformen sus condiciones burguesas y elitistas en universos populares del conocimiento.
No basta con hacer política en las universidades o afiliarse a los partidos políticos populares de nuestra región. Se trata, además, de adoptar una participación real en las manifestaciones políticas, económicas e ideológicas populares que se desarrollan extra-institucionalmente.
Por lo mismo, se trata de recoger el aprendizaje de las experiencias populares, admitirlas como propias, adoptarlas como válidas intelectualmente, albergarlas como formas necesarias de autocrítica hacia las formas de hacer política según las modalidades pequeñas burguesas de las academias. Se trata, además, de profundizar la práctica teórica y la lectura sistemática de autores y corrientes del conocimiento científico. En última instancia, puesto que los vientos revolucionarios soplan cada vez más fuerte y con mayor ímpetu, en las horas decisivas habrá que elegir: o permanecer como espectadores en el mundo feliz que las fábricas de titulaciones académicas ofrecen, o lanzarse sin prejuicios al mundo herido de los pueblos para coger el tren en marcha que la revolución popular en América Latina empuja firmemente.
Una pregunta obvia ¿Qué hacen los sociólogos? (Claudio Fernández , sociólogo)
Para poder responder a esta pregunta, una pregunta obvia aunque también una pregunta obscena, antes tendríamos que conocer el campo de investigación, acción y aplicación de la sociología como ciencia moderna. Para esto sólo bastará con hacer un click en algún punto nodal de la maraña informática, wikipedia dará su respuesta, después de todo estamos en la era de las comunicaciones  y el conocimiento. ¿O no? Pues bien, digámoslo de una vez, todo sociólogo sabe bien cuál es su campo de acción laboral y tiene bien claro cuáles son las herramientas con la que cuenta para llevar a cabo su trabajo, sin embargo nadie sabe bien cuál es su “ocupación”. Ese es un problema (especialmente para el sociólogo y su familia) ya que en definitiva, como decía Marx, “no se puede vivir del amor”.
Quizás tratando de dar una respuesta alguien dijo por ahí que la sociología es la ciencia de lo obvio, y aunque parezca un absurdo creo que no estaba muy errado. Ahora bien ¿quién quiere conocer lo obvio? Nadie o casi nadie demanda una consulta de lo que es “obvio”. Se supone que lo obvio está ahí, es palpable, tangible, observable, sensible y por tanto no necesita explicación. Ese es el primer obstáculo para conocer la realidad social: suponerla, darla por sentado, creer, pensar y actual en consecuencia con el “sentido común”. Ese simpático sentido que todo lo simplifica y a toda suposición le llama “la realidad”, ese bendito y bendecido sentido necesita ser criticado, puesto en duda, desmitificado.  Para saber bien qué tiene adentro “el sentido” es preciso deshacerlo, pulverizarlo o exponerlo con todas sus vísceras con la panza mirando el sol.  Por ser una ciencia que se encarga de investigar “lo obvio” quizás muy pocos se interesen por ella. Pues si es así, se equivocan. Los problemas sociales son como un elefante en una habitación, para usar otra frase de cabecera, es así como hay obviedades tan gigantescas como insoportables, aunque no por eso fácil de explicar, discernir y de hecho muy difíciles de sondear.
La única verdad es la realidad (¿Hegel o Perón?) La realidad social es la más obvia de las realidades y sin embargo pocos la pueden entender. “El individuo” (antes de seguir deberíamos aclarar que “el individuo” es una metáfora de la desesperación y no se corresponde con ninguna categoría sociológica) está ensartado como bife de croto entre las estructuras que lo determinan y lo definen, indefenso y sólo en la mitad de la pampa de los sentidos, guiado por un fin o por un valor, y en última instancia condicionado por sus ingresos y sus egresos de dinero. Es casi una osadía que este cristiano un buen día se ponga a contemplar la realidad (ni hablar de criticarla), no tiene tiempo, no tiene recursos, no tiene ni idea por dónde empezar, está saturado de información, ciego de tanta ciencia alrededor. Es por esto que la existencia en sí, la existencia de “el individuo”, no tiene respuestas, preguntarse por “el por qué de la vida” es una zoncera filosófica, un “idiotismo metafórico”, todas las respuestas que el ser humano necesita están en lo social, en la existencia del individuo como sujeto social: un producto histórico que comenzó a reproducirse hace tres millones de años y aún hoy se sigue haciendo preguntas obvias.
A defensa de los sociólogos, y su mala fama, alguien podrá decir que lo que hace la sociología es estudiar a “la sociedad”. Si esta afirmación no lo fuera parecería un chiste, gracias, pero no nos ayuden más. La “sociedad” es otra de las metáforas encantadoras pero ponzoñosas que el sentido común utiliza como si fuera una categoría científica pero, “como todo el mundo sabe”,  las metáforas no se pueden explicar. Decir que la sociedad tiene un problema, que está enferma o que se ha trasformado, evolucionado o degradado es lo mismo que decir cualquier cosa. Si el objeto de estudio de la sociología sería simplemente la “sociedad”, así como un todo, como si fuera “una cosa” e incluso lo tratáramos “como si fuera una cosa”, un objeto extraño y por lo tanto fácil de observar, no haría falta sociólogos, cualquier quinielero de barrio tendría las soluciones precisas para los flagelos más terribles y las explicaciones más interesantes sobre los fenómenos más extraños.
Aunque esto último parezca una humorada, más de una vez nos encontramos en reuniones sociales en dónde cada participante (invitado al asado) tiene una teoría, elabora hipótesis, desprende conjeturas, tira datos y saca sus propias conclusiones de cualquier problema social, como si al análisis de la “violencia en las escuelas”, “el maltrato infantil” o “las violaciones intrafamiliares” se lo  pudiera equiparar al mal funcionamiento del carburador de un auto. Si entre los presentes se encuentra un abogado nadie se animará a hablar “a boca de jarro” sobre leyes y juicios para no quedar como un leguleyo frente al facultativo, si la charla es de enfermedades coronarias todos escucharan con atención la explicación que dará el médico (mientras da vuelta los chinchulines en la parrilla) aunque no sea su especialidad, si se discute sobre tal o cual funcionalidad de la última obra pública el ingeniero dará su veredicto, hasta los contadores serán escuchados con atención si la charla se estira hacia la declaración de haberes o la compra de dólares. Pero cuando se charla sobre “la sociedad” y sus problemas  todos estarán dispuestos a discutirle al sociólogo que ha sido invitado al asado, debatirán sus posturas, pondrán en duda sus conclusiones, sospecharán que su marco teórico se haya  ideologizado y lo tildaran de zurdo o de fascista según mejor se vea. Pero también ¿a  quién se le ocurre buscarle explicaciones tan complejas a algo que “es tan obvio”?
Saludos a todos los sociólogos en su día y un fraternal abrazo a sus familias. 
El sociólogo es como un cineasta y fotógrafo. (Héctor Castagnolo, sociólogo)
Un sociólogo, si se me permite la metáfora, tiene que ser un buen fotógrafo y buen cineasta. Debe ser un buen fotógrafo para que al momento de tomar sus instantáneas de la sociedad, no deje por afuera de su registro elementos que son fundamentales para el posterior análisis. Y debe ser un buen cineasta, en tanto debe interpretar a esas fotografías de manera inseparable del proceso histórico dentro del cual cobran vida, es decir, debe significarlas dentro de esa “película” que cuenta la historia económica, ideológica y política de una determinada formación social. Una vez realizado ese trabajo con pertinencia, podrá describir, explicar y predecir fenómenos de la realidad social. De esta manera trabajará activamente con economistas, políticos, y demás actores sociales para ofrecer su particular mirada, que está preparada para anticipar el potencial impacto social que pueden producir determinadas decisiones políticas, económicas y sociales.
La capacidad para hacer visibles las tendencias ideológicas que operan dentro de las diferentes estructuras de poder dentro de una sociedad, es a mi juicio es una de las tareas más apasionantes que desarrolla un Sociólogo. Esto implica otorgar sentido a los acontecimientos sociales dentro del torbellino provocado por el vértigo y la fragmentación con la que circulan en los medios de comunicación, una vez que esos acontecimientos sociales se convirtieron en mercancía. Colaborar en la reconstrucción de ciertos mapas de la realidad allí donde las causas y los efectos se presentan de manera intencionadamente inconexa, incompleta, desarticulada y por lo tanto incoherente, es parte de la misión de un Sociólogo que pretende colaborar para que el mundo sea cada día menos opresivo e injusto con los menos favorecidos. Mientras ciertos sectores del poder pugnan por mostrar la realidad como una lluvia de fragmentaciones absurdas, el Sociólogo recupera esas fragmentaciones para otorgarles sentido a fin de poner en evidencia las relaciones de opresión e injusticia que tienen lugar en un determinado modelo de sociedad
Fuente:MDZ