martes, 26 de diciembre de 2017

Cuidar a los ricos


En EE.UU. y en Argentina de manera formal, con nueva ley. En Brasil y otros países con medidas concretas, que equivalen a lo mismo, se disminuyen los impuestos a los ricos.
Leonardo Boff dice que hay que cuidarse de las personas. Lula dice que cualquiera gobierna. Pero de lo que se trata es de cuidar a la gente mas pobre, mas frágil.
Los gobiernos de derecha, hoy todos neoliberales, se dedican a cuidar a  los ricos. Ya no les basta ser ricos, tienen que ser cuidados. Sino, no se deciden a invertir su platita, ganada con el sudor del rostro ajeno. Hay que tentarlos a que hagan inversiones, convencerlos, darles argumentos para que se arriesguen, a lo mejor crean algunos bienes, quien sabe algunos empleos informales.
Esa es la lógica de los ministros y de los cronistas de derecha, tanto en cuanto a las reformas laborales, como a las reformas tributarias. Asumen el llanto de los grandes empresarios de que invertir sale muy caro y además hay mucho riesgo.
Que los costos de contratar trabajadores son demasiado elevados. Que así no es posible. Que no vale la pena. Mejor poner la plata en la Bolsa de Valores, donde no se contrata a nadie, no se paga prácticamente ningún impuesto, y se saca y se lleva la plata a la Bolsa de algún otro país, si vale más la pena.
Que hay que  abaratar los costos de la contratación de trabajadores - a expensas de los derechos de estos, claro -, para que se contrate a más gente. Que esos nuevos contratados se adapten al ritmo, a las necesidades, a la temporalidad del capital, que es el motor de la sociedad, desde luego. Dos horas hoy, ninguna mañana, pasado, a lo mejor 14 horas otro día si las máquinas lo demandan. 
Total, el sistema vigente se llama capitalista, su centro es el capital. Todos tienen que adecuarse al movimiento del capital. Si le interesa viajar a alguna isla lejana, hay que generar las condiciones para que haga ese viaje. Si quiere volver, que se creen las condiciones de bienvenida a los que retornen.
Sin capital, no hay capitalismo, no hay capitalistas, no hay siquiera empleo para mucha gente. A los gobiernos que les importa el desarrollo del país tienen que cuidar el capital, que a su vez cuidará al país y a si mismo.
Basta que se mencione reforma tributaria para que los empresarios se froten las manos: ¡Excelente! Menos impuestos y nunca tributación justa, en la que el que gana mas, paga mas. No. Es el que gana mas quien mueve al país. Tiene que pagar menos impuestos, para que se anime a hacer inversiones y, a lo mejor, contrate algunos trabajadores, por algún tiempo.
Es el regalo de Navidad de los gobiernos de los ricos a los ricos, por buen comportamiento, buen financiamiento, el préstamo de sus cuadros al gobierno para ayudarlos a cuidarse. Si no se les agrada, pueden dejarnos e ir a asumir riesgos en otros pagos.
Menos impuestos, perdón de deudas, financiamientos a intereses bajos - esas son las condiciones para tener el apoyo de los empresarios.  Cuidar a los ricos para que no nos abandonen por algún paraíso cualquiera.
Si no, quedaríamos prisioneros de los pobres, de esos que viven del sudor de su propio rostro, de los que no explotan a nadie, de los producen todas las riquezas del país, de esos que se asocian, se organizan, se movilizan. 
Para evitarlo, reforma laborista, reforma de las jubilaciones, reforma tributaria. A los que no tienen nada, les quitamos todo. Cuidar a los ricos, para que seamos países de ricos, para que los otros sepan que no hay para todos, que en el capitalismo gana el que tiene capital. 
Y si un gobierno de ricos no cuida a los ricos, ¿quien lo hará? 
Fuente:Página/12

El relato de la violencia

Imagen: Gonzalo Martinez
 
Quizás pueda parecer una exageración, por la gravedad de otros componentes del tema, pero el tratamiento mediático de lo sucedido a comienzos de semana permite ciertas consideraciones que comprenden al todo.
No se trató solamente de los episodios en las afueras del Congreso. La represión del miércoles a los trabajadores del Ingenio La Esperanza, en reclamo para reincorporar a 400 despedidos más el pago de haberes desde noviembre y el aguinaldo, fue de una violencia ya acostumbrada pero estremecedora que el patrón Gerardo Morales redujo a la calificación de los laburantes como “delincuentes”. Algo similar se vivió hace unas semanas en Neuquén, durante el operativo contra trabajadores estatales, que a los pocos días fue continuado por otro frente a la manifestación por el cierre de una maderera, en el que fue baleado a quemarropa el diputado provincial Raúl Godoy.
Los grandes medios de alcance nacional ningunearon ambos hechos, como corresponde a su línea política y a que, mientras sea cuestión de geografías alejadas del centro de la escena, su invisibilización tiene altas chances de éxito. Si es en Buenos Aires y sus alrededores, la estratagema se complica. La “prensa del régimen” –como el oficialismo de hoy denominaba a la de inclinación kirchnerista, que jamás tuvo ni de lejos el dominio aplastante de la actual– debe recurrir a otras artes. La imponente marcha del lunes al mediodía, contra el saqueo previsional y asistencial que Diputados se aprestaba a debatir, desapareció del mapa gracias a los oportunísimos incidentes protagonizados, en su superficie, por los trastornados que nunca paran de ser funcionales a lo que dicen enfrentar.
En las profundidades y al margen de lo central, incluso, que está dado por la imagen de un Congreso donde debe debatirse rodeado de policías, ¿no es curioso que, al no quedar nadie detenido, la prensa oficial sólo se escandalice por la liviandad de la Justicia y no por la sospecha de que tantos de los revoltosos son infiltrados de las propias fuerzas de seguridad? ¿No es llamativo que todo se haya resumido en la figura del “Gordo Mortero”, que le prestó un favor impagable al desvío de atención? ¿No es de una elementalidad asombrosa que esas casualidades hayan servido para esconder casi por completo el durante del debate en Diputados?
De paso: según se encargó de remarcarlo el mismo Macri en la desopilante conferencia de prensa del martes, cuando en rigor no hubo preguntas sino centros precisos a la olla presidencial, de 17 horas que insumió la sesión hubo unas 14 ocupadas por discursos opositores, con el pequeño detalle de que ya no era eso lo que importaba y el ingrediente mayor de que, entre la tropa macrista, no hubo nadie que se destacara en defensa del proyecto porque la vergüenza que les daba era más potente que su verticalidad.
El 17 de julio de 2008, medio país estaba en vilo cuando, a las 4.25 de la madrugada, Julio Cobos produjo su “voto no positivo” contra la resolución 125. Esta vez, la decisión ocurrió adormilada a las 7 de la mañana como crónica de un final anunciado, producto del apriete contra una suficiente cantidad de legisladores y de la bochornosa rendición de  gobernadores peronistas.
Pero antes aconteció otra historia que requiere volver al rol de los medios y al modo en que se las gasta un núcleo de poder unificado como nunca en tiempos de Estado de derecho, porque de lo contrario es imposible entender su funcionamiento global.
La salida a la calle hacia la medianoche del lunes, para protestar contra el hachazo a los jubilados con las “democráticas” cacerolas que tanto se propagandizaron en la lucha anti K, fue tan impresionante como el silencio mediático. Miles y miles marchaban, incluso desde barrios porteños que son base del voto macrista, en un suceso que por su magnitud probablemente haya sorprendido a los propios manifestantes. En varios centros urbanos del interior comenzó a ocurrir lo mismo.
Recién hacia la una y media  de la madrugada, ya con una ebullición de destino incierto, los portales del caso titularon secundariamente que se escuchaban caceroleos en “algunos barrios de la ciudad” y que no estaba claro si el ruido era contra la reforma previsional o para rezongar contra “la violencia” de la tarde anterior.
Se alcanzaría el cénit por la mañana, con los mismos sitios y sus comunicadores lanzando encuestas que preguntaban por qué cree usted que anoche hubo gente en la calle. ¿Contra la reforma? ¿Contra la violencia? ¿A favor del Gobierno? La opción 2, la del enojo contra los violentos, llegó a ser mostrada como la preferida en un 70 por ciento.
Pero no se vaya que viene lo mejor.
Con no más de un par de excepciones, en radio y cable, pasó en el resto de la madrugada que –ante el tamaño de la multitud, los cánticos y la efervescencia– los medios mudaron de “algunos caceroleos” a archivar casi toda cobertura y dedicarse, ahora sí, al debate parlamentario.
No se podían creer dos cosas a la vez.
Ni lo que había pegado en los sectores medios que el Gobierno fuera también por los fondos de los jubilados, como para suscitar semejante reacción, ni que prácticamente no pudiera encontrarse algún refugio mediático para informarse de la situación (se repite, con énfasis: excepto dos salvedades). Sobre lo segundo, jamás se vio algo así.
En la crisis que devino en corralito y corralón, en 2001 y como para encontrar algún antecedente aunque el clima general de hoy nada tenga que ver con eso, hubo denuncia y atmósfera antimediática porque la generalidad de la prensa no anticipó ni por asomo lo que (se) sabía inevitable como horizonte estructural. Hoy también lo oculta, pero en aquellas jornadas a nadie se le hubiera cruzado por la cabeza reprimir información sobre demasiada gente en la calle.
Salvando las distancias, la muchedumbre de clase media que impactó entre noche de lunes y madrugada de martes fue ignorada por los medios, y después puesta en duda respecto de sus motivaciones, de una forma que –al menos para la capacidad de quien firma– carece de adjetivos suficientemente terminantes. Luego, a más de que esos medios persistieron en el discurso de “los violentos” como explicación exclusiva, el oficialismo no sólo no ejerció una mínima autocrítica, ni un solo acuse de recibo, sino que redobló la apuesta y habló de los sacrificios que nos esperan a todos los argentinos mientras Daniel Angelici queda eximido de pagar Ganancias “confiscatorias” por sus bingos y los mercados festejan. 
Lo escandaloso llega al límite de que uno se pregunta si lo que sucedió efectivamente fue así o si, en una de esas, estuvo soñando; o si la gente fue un puñado y se quiso imaginar otra cosa de tanto desamparo que se siente, por parte de quienes viven con dramatismo el rumbo macrista; o si al ser espontaneísmo sin conducción política no vale la pena tenerlo en cuenta.
Este es un aspecto psicológico y prioritario de la batalla cultural: lograr que se piense y asuma, desde las minorías activas o mayorías desperdigadas, que ya no hay más nada que hacer. Punto uno.
Dos, el interrogante de si este formidable operativo mediático de ninguneo fue una muestra de fortaleza oficial o, acaso, de eventual debilidad. Por lo pronto y por mucho ocultamiento que se perpetre, el Gobierno y sus socios saben que lo de lunes y martes demostró que hay afectación seria en su capital simbólico de clase media. No se esperaban algo así de ninguna manera porque, y aquí la clave o lo tal vez anticipatorio, la gente de ese sector no salió a la calle porque le tocaron el bolsillo. Salió por el factor jubilados. Que justamente es parte del capital simbólico que venían tripulando sin problemas. Ni mapuches, ni empleados estatales, ni grasa militante, ni acallamiento de voces críticas en los medios; ni la Asignación Universal por Hijo que también está serruchada en el proyecto aprobado, pero sin perturbación para el voto Cambiemos porque son negritas que se embarazan para cobrarla. Jubilados.
Es lo peor que le podía pasar a Macri, porque potenció la inquina de sus adversarios politizados y embroncó a los indiferentes de la antipolítica.
De ahora en más, al Gobierno le esperaría que cualquiera de sus iniciativas nodales sean sospechosas, con riesgo de nuevo hervor callejero, más el efecto concreto de cuando se sientan los tarifazos  y la inquietud cambiaria que esta semana ya avanzó. Eso, entre otros aspectos que el oficialismo piensa controlar con la catarata de fondos para proveer a Heidi en el territorio que define poco menos que todo. Y nadie dice que no puede salirle bien. Pero sí que entró en riesgo.
Apenas en este año, la bicicleta financiera ya rindió más de un 13 por ciento en dólares. Frente a bomba semejante, el capital simbólico, el artilugio de la pesada herencia y el reparto de fondos exclusivamente a los amigos entran en zona de turbulenta a roja.
Sería sin duda colorada si hubiera conducción política de algún tipo, capaz de vehiculizar la bronca creciente. Pero no la hay, y el Gobierno ya instrumenta el fantasma del enemigo interno y de la guerrilla urbana. Es lo que se viene.
Fuente:Página/12

viernes, 22 de diciembre de 2017

Solicitada en apoyo a Hernán Letcher


El Colectivo Economía Política para la Argentina (EPPA) abraza al Compañero Hernán Letchter con toda solidaridad y exige a la Ministra de Seguridad de la Nación Patricia Bullrich y de la Provincia de Buenos Aires Cristian Ritondo el inmediato esclarecimiento de los hechos de los que fueron víctimas nuestro compañero y su hijo.
Sabemos que se trata de un hecho inscripto en la saga de represión, abuso y violencia institucional vigentes en la Argentina, la contracara indisoluble del plan de ajuste para la miseria planificada entre nuestro Pueblo.
En esta oportunidad no fueron las fuerzas uniformadas el brazo ejecutor de la violencia política sino mano de obra reclutada de las fuerzas de seguridad y/o delictivas, para el amedrentamiento por medio de actos mafiosos
Es un acto cargado de mensajes: quieren eliminar el reclamo del pueblo y de sus formaciones y militantes más comprometidos.
Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, los heridos, reprimidos y detenidos en las movilizaciones populares son el testimonio vivo de ello. Las víctimas de la violencia de Macri ya se cuentan por cientos.
Los autores intelectuales e instigadores de esta andanada represiva, siguen tras bambalinas; todavía reclamamos que el Poder Judicial tenga el coraje de juzgar su participación en el genocidio iniciado en 1976.
La fuerza es el derecho de las bestias. No lo lograrán.
¡Fuerza Hernán!

jueves, 21 de diciembre de 2017

El huevo de la serpiente corroe la democracia Argentina


Por Daniel Feierstein - En revista Sin Permiso

17/12/2017
 
Ya hubo indicios en marzo de este año, con la profusión mediática de cuestionamientos a la continuidad del juzgamiento a los genocidas argentinos, de la mano de la defensa de la legitimidad de la represión ante quienes vulneran el orden. Parecía una discusión sobre el pasado, pero no lo era. Se buscaba quebrar un consenso construido desde 1983: la no aceptación de la represión abierta ante la protesta social.
 
Luego fue el ataque a los indígenas mapuches, en el sur del país, que se cobró el primero de septiembre un desaparecido (Santiago Maldonado), quien luego apareció ahogado en el río en circunstancias todavía no aclaradas. Durante los largos meses de su búsqueda, se lanzó una campaña de persecución a los docentes que intentaban preguntarse en escuelas de todo el país, dónde estaba Santiago Maldonado. Se planteó que dicha pregunta era política y se instó a padres y estudiantes a denunciar a los docentes que mencionaban la situación en el aula. Se desató una campaña de delación en redes sociales, se creó un número de teléfono del aparato estatal para llevar a cabo las denuncias y se sancionó a algunos docentes.
Al mismo tiempo, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, afirmaba que no relevaría a ningún oficial de la fuerza sospechada (Gendarmería) y circulaba versiones sobre que Maldonado estaba en Chile, habiendo pasado a la clandestinidad con fuerzas terroristas, de todo lo cual no se aportó ninguna información fidedigna.
El 25 de noviembre, en otro operativo en el sur del país, la Prefectura asesinó a Rafael Nahuel, un joven mapuche. Otra vez la versión oficial fue que se trató de un enfrentamiento con grupos terroristas que atacaron con lanzas, boleadoras y gritos de guerra y se afirmó que contaban con armas de grueso calibre. Las pruebas forenses sobre el cuerpo de Nahuel demostraron que el tiro había ingresado por la espalda y las pericias en el lugar del hecho no pudieron encontrar vainas de otros disparos que los de las fuerzas de seguridad. Sin embargo, la vicepresidenta de la Nación, Gabriela Michetti, sostuvo que había que otorgar el beneficio de la duda a las fuerzas de seguridad. Y no hubo una sola declaración gubernamental de condena.
El intento de aprobar una reforma previsional que le quita al sistema de jubilaciones y pensiones y a los beneficiarios de ayudas sociales alrededor de 100 mil millones de pesos trajo la lógica represiva desde el sur hasta el propio centro de Buenos Aires, donde ya se había ejercitado en pruebas previas durante todo el año.
Este 13 de diciembre un conjunto de organizaciones sociales marcharon por la Avenida 9 de Julio y se encontraron con la represión de la Gendarmería con perros, gases lacrimógenos y balas de goma, hiriendo entre otros a dos diputados nacionales de distintos partidos de oposición: Leonardo Grosso y Victoria Donda.
Pero eran apenas los preparativos del día del tratamiento de la ley, el 14 de diciembre, cuando estaba anunciada una movilización masiva ante el Congreso para expresar el disgusto popular. Los gases lacrimógenos, balas de goma, gas pimienta y detenciones se sucedieron durante toda la tarde y siguen al momento de escribir esta nota. La novedad con respecto a otras situaciones de tensión ha sido el ataque indiscriminado a representantes populares, incluso en momentos en que intentaban ingresar al Parlamento para participar del debate. Los diputados Pietragalla, Mendoza, Rodríguez, Huss y Moreau sufrieron distintos tipos de agresiones.
Mientras el jefe de Gabinete, Marcos Peña, justificaba la represión y acusaba a los diputados opositores de piqueteros, se podían observar las imágenes de la represión masiva en las inmediaciones del Congreso con decenas de detenidos, rociados por las fuerzas de seguridad durante las manifestaciones para luego ser cazados al desconcentrarse. Los organismos de derechos humanos no están obteniendo respuesta de las autoridades acerca de los lugares de detención de las personas a las que masivamente están arrestando las fuerzas de seguridad, al tiempo que circulan informaciones de todo tipo y hay decenas de heridos.
Lo más preocupante es que hasta el momento de la represión masiva, muy pocos medios de comunicación transmitían lo que ocurría en las inmediaciones del Congreso, luego de una fuerte ofensiva de dos años que ha limitado drásticamente la pluralidad de voces en el universo mediático argentino.
El gobierno macrista fue legitimado en las urnas hace menos de dos meses y ha leído dicha legitimación como una autorización para avanzar sobre los límites de la democracia argentina, enfrentando cualquier protesta social con una represión abierta y creciente, dispuesta incluso a tomar vidas, como las de Santiago Maldonado o Rafael Nahuel. El huevo de la serpiente corroe por dentro a la democracia argentina y sólo una respuesta rápida, masiva y contundente podrá impedir su destrucción.

miércoles, 20 de diciembre de 2017

Multitudinaria manifestación de rechazo a la reforma previsional:La masiva marcha que fue invisibilizada



Mientras las piedras y la represión se llevaban la atención de los medios masivos, organizaciones sociales y sindicales se movilizaron y colmaron la Plaza del Congreso y sus alrededores. Los dirigentes destacaron que “se amplió la base social de la protesta”.
Los miles y miles de personas que se manifestaron casi no fueron mostradas por los canales de TV, que se concentraron en los incidentes.
Los miles y miles de personas que se manifestaron casi no fueron mostradas por los canales de TV, que se concentraron en los incidentes. 
 “No se quejen... ¡Esto es un juego de niños!”, dice Beto López Camelo, ex dirigente de los municipales de San Miguel, hoy devenido en profesor de historia en un colegio secundario. Lo dice cuando en la plaza del Congreso, con mucha gente a pesar de los choques con la policía que se siguen produciendo contra las vallas, unos metros más adelante, varios manifestantes comienzan a señalar hacia los pisos altos de un edificio donde la policía abrió las ventanas para disparar desde la altura gases lacrimógenos. “¿Qué no se queje quién?”. Pero López Camelo ya no responde: acaba de caer cerca un cartucho de gas, y después otro. Desde adelante llega una oleada: los manifestantes que están más cerca de las vallas ya vienen retrocediendo en masa. “¡No corran! ¡Tranquilos!”, gritan mientras retroceden. Todo el mundo sabe que en medio de una corrida lo que no hay que hacer es correr.

El problema son los gases. Las fuerzas de Seguridad tienen nuevas armas que les permiten tirarlos a distancia, desde 60 o 70 metros. Si se riega una plaza llena, habrá empujones para salir. Si se siguen tirando gases durante varios minutos –los cartuchos caen en medio de las columnas que tratan de retirarse–, lo que se produce es una avalancha.
Muchos logran salir por la Avenida de Mayo, pero las calles paralelas a la avenida son angostas. Pronto hay escenas de ahogamiento: personas que caen al piso y son pisoteadas, pánico. El dueño de un bar de esta zona de embudo abre sus puertas cuando los vidrios parecen a un paso de estallar por la presión humana. Una vez que los gases se dispersan, la policía, desde atrás del vidrio, filma a los manifestantes refugiados dentro. Después empiezan las detenciones.
Hasta ese momento, en la franja de plaza que bordea el Congreso habían transcurrido dos horas de piedrazos contra una policía que, a su vez, tiraba balas de goma y gases, a corta distancia. Jóvenes con pulmones de 20, piernas de 20 y nada que perder cargaron contra el vallado que se desplegó para el blindaje del Congreso. Los primeros piedrazos comenzaron unos minutos después de las dos de la tarde, cuando en la Cámara de Diputados se reunía el quórum para a sesionar.

Leandro Teysseire
Los canales de televisión lo mostraron en directo, ya que todos sus móviles estaban instalados en el lugar. En cambio, quedó invisibilizado lo que pasaba unos metros más atrás, sobre gran parte de la plaza, donde los gremios y los movimientos sociales permanecían en el lugar. Por la Avenida de Mayo, cubrieron desde la mitad posterior de la plaza hasta la Avenida 9 de Julio. A su vez, por la 9 de Julio hacia el Obelisco se extendieron por otras tres cuadras más.
En la plaza o sus cercanías, hasta la avanzada policial que gaseó toda la zona, permanecieron también sus dirigentes: entre ellos, Héctor Amichetti (Gráficos), Sergio Palazzo (Bancarios), Omar Plaini (Canillitas).
–¿Por qué se quedan? –le preguntó PáginaI12 al titular de la Federación Gráfica, que en uno de los canteros se mantenía con su columna, a pesar de que radios y canales sólo hablaban de grupos violentos. Las transmisiones en vivo de los choques ya llevaban más de una hora.
–Para mantener esto, que es una expresión de las organizaciones sindicales y sociales contra la reforma. Hay que sacar esa idea de que lo que está protestando es el activismo- dijo Amichetti.
Sobre la Avenida de Mayo, casi llegando a la 9 de Julio, estaban los Bancarios, con Sergio Palazzo.
–¿Cómo ve esto que pasa?
–Se amplió la base social de la protesta –contestó el dirigente–. Es lógico que haya reacción frente lo que es un paquete de leyes insensible, que implica un despojo a los sectores más vulnerables. Por eso nos vamos a quedar a pesar de que haya represión.
Otros gremios que movilizaron: sectores de la CGT, como la Unión Obrera Metalúrgica, con sus seccionales del conurbano y San Lorenzo; delegaciones de las regionales cegetistas, como la de Rosario; todos los gremios de la Corriente Federal (bancarios, gráficos, docentes del Sadop, curtidores); los gremios de las dos CTA, como Ctera, Asociación de Trabajadores del Estado, el sindicato del Neumático, entre otros; también seccionales de Luz y Fuerza, del Sipreba (trabajadores de prensa), taxistas (los de la CTA), los telefónicos, ladrilleros, aceiteros, entre otros.
Marchó también todo el arco de los movimientos sociales –completo– y el movimiento cooperativo –aquí hay que listar desde las empresas recuperadas del MNER hasta las cooperativas de trabajo nacidas de los programas de construcción de viviendas, creadoras de la CNCT–.
***
Con el antecedente de la represión del jueves, la gente fue a la marcha mucho más organizada. Esto se vio en que armaron columnas acordonadas, listaron a los integrantes de cada grupo, designaron encargados de centralizar la información y abrieron grupos de WhatsApp. Esto fue algo generalizado.
A las 10 de la mañana, en la estación San Martín, Caseros: un grupo de Pueblo Unido (organización barrial que integra la CTEP) se junta en el andén esperando el tren. Antes de la partida, un referente reúne a todos y explica: “Esta marcha es diferente a las que venimos yendo. Los que estuvieron el jueves vieron la represión: se llevaron detenidos, tuvimos corridas, nos desorganizamos. Hoy tenemos que mantenernos juntos, no separarnos ni empezar a correr para cualquier lado. Hicimos un listado, si alguien se pierde hay que avisar enseguida. Pero, sobre todo, no corran. Vamos todos y volvemos todos juntos”.
***
La argumentación que atribuye los choques con la policía a “infiltrados” es un discurso fácil, además de contagioso, pero tiene poco que ver con la plaza real. Aquí viene el difícil trabajo de explicar lo que se podía ver sin la intermediación de las pantallas: los tiradores de piedras contaron todo el tiempo, a pocos metros, con la permanencia de los gremios y movimientos sociales. Nadie en la plaza se escandalizó por estos choques. Las columnas de manifestantes se acordonaron, corrieron a sus integrantes unos pasos más atrás y cuando pudieron, trataron de recuperar terreno, de nuevo hacia el vallado.
Algunos testimonios tomados entre estos sectores –los de los piedrazos–, en palabras de protagonistas que aquí se evitará identificar:
“Hoy seguramente a la reforma la van a aprobar y van a estar sesionando por varias horas. Para nosotros, la mayoría de la cúpula ya arregló. Ya hicieron sus cuentas, se quedan con menos afiliados pero les cierran los números, no van a plantarse. Por otro lado, este no es un Gobierno como los anteriores, que no podían sostenerse sin un cierto grado de consenso, pongamos el caso de (Fernando) De la Rúa. Lo que se viene es sostener los reclamos hasta que se arme una nueva camada de dirigentes”.
Otro: “Estos son pibes duros, curtidos, pero además en los barrios hay toda otra cabeza. No son el papeo del 2001, cuando tenían bronca pero no sabían ni lo que pensaban”.
Como a medida que pasaban las horas el clima se caldeó, buena parte de los gremios se alejó unas cuadras y esperó en la Avenida 9 de Julio. Tenían la intención de reagruparse y volver a entrar en la plaza, pero luego se desató el operativo policial de “barrido”, con gases de toda la zona.
Así fue la desconcentración, en medio de choques que se trasladaron y siguieron por varias horas, hasta entrada la noche, hacia el Bajo.
Fuente:Página/12

Navegando por la economía de la indiferencia

Por Gustavo Perilli
La mano de obra no debe considerarse como un mero costo de producción.
La mano de obra no debe considerarse como un mero costo de producción.
En enero de 1914, Henry Ford anunció a los trabajadores del "modelo T" que les aumentaría sus salarios. En los hechos, duplicó sus ingresos laborales, redujo la jornada laboral (de nueve a ocho horas) y creó más empleo porque incrementó de dos a tres los turnos de la fábrica. Si bien se lo escuchó bromear diciendo: "quiero que mis obreros ganen lo suficiente para que me compren mis autos (Cohen, 1998)", su propósito principal era evitar que sus trabajadores rompieran su compromiso con la compañía (que se encadenen).
Hace unos años, Zygmunt Bauman describía al capitalismo actual apelando a un atractivo conjunto de metáforas: "viaja liviano, con equipaje de mano, un simple portafolio, un teléfono celular y una computadora portátil, mientras que el trabajo sigue tan inmovilizado como en el pasado pero el lugar al que antes estaba fijado ahora ha perdido solidez; buscando en vano un fondo firme, las anclas caen todo el tiempo sobre la arena que no las retienen (Bauman, 2013)". La versión "Henry Ford" del capitalismo trataba de que los trabajadores no se despeguen de la cadena de montaje y desestimen sus búsquedas en otros horizontes, compensándolos con "soberbios" aumentos salariales; en la actualidad, el capitalismo premia a los emprendimientos rentables (como el de Ford) pero los trabajadores ya no parecen tan necesarios: el trabajo es visto como una mercancía más, un costo de producción para el empresariado y las ideologías más frecuentes y fatuas de las mayorías gobernantes.
El trabajador pasivo tampoco está exento de los oleajes que erosionan los muros de los sistemas de seguridad social. Sus haberes son exprimidos por la inflación y "los manotazos" de los gobiernos deseosos de cerrar sus brechas fiscales, generándose poderes de compra cada vez más distanciados de los ingresos en actividad. En este mundo laboral con identidades líquidas (sin consistencia, según Bauman), el joven trabajador (promedio) no calcula el valor presente de los ingresos futuros (cuánta canasta de bienes compraría hoy un haber jubilatorio) y no se compromete con los potenciales beneficios de la seguridad social. No tiene recursos para anticipar que, con los años, habrá más instituciones pro-mercado que entenderán a las retribuciones del trabajo (activo y pasivo) como simples lastres para las hojas de balance (y la productividad) de las empresas y las cuentas fiscales.
Hoy el capitalismo premia a los emprendimientos rentables, pero los trabajadores ya no parecen tan necesarios
En el mundo del trabajo asalariado habrá posturas éticas aunadas a profundos ideales, así como, también, versiones improvisadas, deshonestas y superficiales (las más comunes). Quienes comprenden el mundo en el que viven (y vivirán), votarán gobiernos sintonizados con su naturaleza laboral y social; el resto (los improvisados, deshonestos y superficiales) viajará velozmente pero, más tarde o más temprano, directa o indirectamente, sufrirán las consecuencias de sus actos. En este marco, en función del esfuerzo intelectual incorporado, el diálogo social determinará un sendero futuro relativamente endeble. Los más comprometidos, pedirán tiempo para estudiar desde distintas ópticas los puntos de los temas en debate; los improvisados y los superficiales nunca estarán a la altura de las circunstancias, mientras que los corruptos no tendrán méritos éticos ni morales aunque presionarán para seguir adelante (sin darles chances a los parlamentos, incluso eludiéndolos), sosteniendo que el futuro no esperará. Todos tendrán derecho a votar y decidir el camino, pero las consecuencias no redundarán siempre en beneficios sociales.
El grupo de los improvisados, deshonestos y superficiales entonarán odas al individualismo y estarán seguros de que "la vida es un proceso de acción autogenerada destinada a la propia sustentación; el derecho a la vida implica el derecho a entregarse a esa acción, lo que significa la libertad de llevar a cabo todas aquellas acciones que requiere la naturaleza de un ser racional para sustentar, mantener, realizar en plenitud y gozar su propia vida (Rand, 2006)". Estos aplausos a las concepciones de la filósofa rusa Ayn Rand, seguramente una desconocida para los asalariados improvisados, deshonestos y superficiales, siempre colisionarán con los objetivos pluralistas de los sistemas de seguridad social pensados para trasladar los ahorros del conjunto social desde la vida activa a la vejez.
Algunos de los individuos de los grupos adoradores del individualismo, con omnipotencia, incluso, suponen que "su" elevado ingreso actual podrá suplantar sin sofocones a estos sistemas de seguridad social "plagados de políticas populistas" si solo le dieran la oportunidad de ordenar "su" ahorro para aplicarlos a "su" vida pasiva. Propias del individualismo, la inmadurez y la ignorancia, estas groseras falacias (de fácil lectura en los libros de macroeconomía), serán siempre el fundamento de una economía de la indiferencia que se apropia de las mentes encandiladas por el mercado y la televisión.
(*) Gustavo Perilli es Profesor de la UBA
 
Fuente:Infobae

miércoles, 13 de diciembre de 2017

Reforma previsional y disciplinamiento





Por IA

Esta semana CAMBIEMOS(Pro-UCR-CC- Aliados) se propone aprobar una nueva reforma jubilatoria que da continuidad a la estafa iniciada por la llamada “reparación histórica”. Desde una mirada económica  Cambiemos plantea que se hace necesaria la reforma debido a que las jubilaciones junto con la asignación familiar por hijo generan un déficit en las cuentas públicas que no es posible cubrir y que es necesario ajustar a dichos requerimientos.

Descontando en principio la falsedad de dicho argumento ya que si el problema es el déficit, no se explicaría porque quitarle derechos de exportación a la megamineria, quitar retenciones al sector agroexportador, quitar impuestos a los bienes personales entre, otros en una clara transferencia de recursos a los sectores de mas altos ingresos en perjuicio de las arcas públicas.
Existe un ítem que poco se ha difundido en base a la reforma previsional y este consiste que la reforma tiene dos elementos muy particulares: la transferencia de recursos a la Provincia de Buenos Aires y  la habilitación de estos recursos en asistencialismo.

Quitando que asistir a las personas no es algo malo o cuestionable, si podemos hablar de la forma en que se lo hace, ya que la reforma implica en principio una paulativa reducción de la jubilación y también de la Asignación Universal por hijo, cuestión que reduce el ingreso de estos hogares. A lo cual se le suma el aumento desproporcionado de las tarifas, el aumento de los combustibles y el boleto y además la inflación aunque muy particularmente en el  aumento  de los alimentos.

En este sentido, podríamos pensar que la estrategia de CAMBIEMOS implicaría algo mas profundo, ya no solo la baja de los ingresos de los jubilados sino un sistema en el cual la pérdida de ingresos y de derechos  de los sectores populares, los obligue a perder capacidad de negociación ante los poderes locales de manera tal que estaríamos en la construcción de un sistema  donde nuevamente los poderes locales cercanos tendrían mayor incidencia sobre las decisiones y en particular políticas de las personas, quizás volviendo a las épocas pre-peronistas  construyendo un país menos libre.

Signados por "el financierismo" y la Parábola de los Talentos

Por Gustavo Perilli
El ingreso de divisas por endeudamiento produce “euforias financieras” en los países en desarrollo.
El ingreso de divisas por endeudamiento produce “euforias financieras” en los países en desarrollo.
En el prólogo de la edición inglesa de uno de los aportes intelectuales más influyentes de la historia, se sostenía que "en toda época histórica el modo económico predominante de producción e intercambio, y la estructura social que se deriva necesariamente de él, constituyen el fundamento sobre el cual se basa la historia política e intelectual de esa época (Marx, 1845)". Aunque esta conclusión parece relativamente sencilla de entender, el resto de esta nota se abocará a mostrar su vigencia y los peligros que acechan en estos tiempos.
Cuando los gobiernos definen el modo en que debe funcionar la economía (el momento en que responden "qué", "cómo", "para quién" debe producirse y "quién" coordina), determinan una estructura social, política e intelectual relativamente perdurable. En las democracias representativas, los votantes eligen sus autoridades sosteniendo que se ajustan a sus ideales (y protegerán su bienestar). Sin embargo, por definición, las medidas que éstas tomarán nunca beneficiarán a todo el universo social (habrá perjudicados y, poco a poco, su poder se diluirá). El "votante ideal" hará uso de su derecho comprendiendo, desde un comienzo, las reglas de juego. En función de ello, elaborará y revisará sus planes guiados todo el tiempo por una "misma estrella": posicionarse estratégicamente en la coyuntura. El "voto empresario", por ejemplo, procurará minimizar costos de producción (maximizar sus ganancias), considerando, por lo general, la versión contable que ubica al salario como un costo más de producción y una amenaza para la productividad y competitividad (en este aspecto, "el voto empresario y "el voto asalariado" se situarán "en veredas opuestas"). Esto habilita a pensar que las pérdidas de ventas e ingresos (por el efecto de los costos sobre la productividad y la competitividad), solo se resolverán con despidos y/o reducciones salariales. Como la medida siempre tendrá mala reputación, el aval social jugará un rol fundamental. Por esta razón, los tumultos serán evitables si: 1) una "adecuada" comunicación social "pavimenta" ese camino y 2) se instala adiestramiento coordinado e inclusivo (más orientado a quienes no tuvieron buenas experiencias recientes). El éxito de los puntos 1) y 2) asegurará que la indiferencia social repita: "si es para mejor, adelante".
Cuando los gobiernos definen el modo en funciona la economía, determinan una estructura social y política
Viajemos al mundo para detectar la manera en que los procesos económicos "disciplinan" voluntades sociales y "diseñan intelectuales". A nivel global, tanto la corriente principal del pensamiento económico (ortodoxo, por lo general) como el poder económico dominante (bancos, fondos de inversión y empresas, entre otros), exigirán a los países una integración pasiva al mercado financiero global (que eliminen sus medidas proteccionistas). Sin señalarlo abiertamente, se les exhortará a "enganchar su precario material rodante" (su sistema económico subdesarrollado) al moderno "tren de alta velocidad" por el que se desplaza la globalización financiera y de bienes. En los países donde este disciplinamiento progresa habrá quienes sugerirán entrar a competir abiertamente y a aceptar los desafíos de la modernidad y, para ello, recomendarán reducir costos quitando subsidios a los sectores sociales internos vulnerables señalando, tal como lo indicaba Milton Friedman, que "no hay almuerzos gratis". Siguiendo esta lógica, entenderán que el costo laboral debe disminuir para ser competitivos, producir y vender bienes, ingresar divisas desde el exterior, fortalecer la moneda nacional y el crédito interno. Asimismo, propondrán diseñar instituciones (normas) proclives a la flexibilización y transmitirán al asalariado (y a la clase pasiva) que la renuncia a sus "derechos y privilegios" (salarios determinados por las partes, representación sindical y todo otro tipo de beneficios que impliquen costos) será necesaria para el incremento de las ganancias empresarias y el empleo. En estos sistemas donde el andamiaje solo se sostendrá en la baja de costos, la creación de innovación y talentos será limitada e, incluso, irá a contramano de las enseñanzas de los Evangelios. Por ejemplo, en la Parábola de los Talentos (Evangelio de San Mateo, capítulo 25, 14-30) se describe a un Señor que, ante su inminente viaje, les entrega "sus talentos" (dinero) a los tres siervos para que los multipliquen. A su regreso, cuando comprueba que uno de ellos "no trabajó para incrementar sus talentos", lo castiga llamándolo "siervo malo y perezoso" y le quita toda su confianza (los talentos) para dársela a los que más la habían honrado.
El sistema financiero es necesario para el funcionamiento de toda economía; sin embargo, sus excesos ("el financierismo") constituyen una patología que amenaza a los equilibrios macroeconómicos y las soberanías de las políticas económicas nacionales y generan estructuras sociales carentes de "talentos" y "adictas" a las ganancias inmediatas. No es algo nuevo ni sorpresivo, pero es una cultura que en las últimas décadas se descontroló sin que se hayan activado las alarmas. Las humoradas describieron a la perfección esta situación. En 1962, Tato Bores hacía referencia a un individuo que llegaba exultante a su casa a la noche y le contaba a su mujer: "Vieja, gané 14 mangos y no hice nada". Si a ese episodio lo multiplicamos por varios millones (casos posibles), tenemos "una cultura de la inmediatez" que, sin dudas, disloca los procesos de maduración social y oprime los talentos provistos por las innovaciones. En los países subdesarrollados, las elevadas tasas de interés (y el tipo de cambio estable y atrasado) atraen divisas y promueven euforias financieras delirantes que, por ignorancia o comodidad, suelen ser entendidas por la sociedad como "un premio merecido". En rigor, "esa confianza" es promovida por traspasos de subsidios: bajando gastos internos (retirando subsidios a sectores internos marginales) y convalidando exorbitantes tasas de interés (asegurando ganancias a las inversiones financieras globales).
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Mr. John Maynard Keynes sostenía que "los especuladores pueden no hacer daño cuando son burbujas de una corriente firme de espíritu de empresa //…// (pero) cuando el desarrollo del país se convierte en subproducto de las actividades propias de un casino, es probable que el cometido se realice mal (Keynes, 1936)". Actualmente, las innovaciones financieras en coordinación con la actividades de los bancos internacionales de inversión y las agencias calificadoras de riesgo, funcionan como "los anfitriones de estas fiestas" (pese a que su rol sea combatirlas). Los Esquemas Ponzi (inversiones sin rendimientos legítimos) se naturalizan efímeramente en toda esa "inflación del ego social" (banalidad y sensación de superación) pero, por diversas razones, después nada queda: en algún momento "el casino" quiebra y el desempleo se radicaliza. Lo advierte incluso el Fondo Monetario Internacional (FMI). En la edición de octubre de 2017 del Global Financial Stability Report, sostiene que "aunque en general se considera que las finanzas contribuyen al crecimiento económico de largo plazo, hay estudios recientes que han demostrado que los beneficios para el crecimiento comienzan a disminuir cuando el apalancamiento (endeudamiento) agregado es elevado (FMI, 2017)".
Desde disímiles vertientes, se sugiere monitorear los daños ocasionados por "el financierismo" y el endeudamiento. El establecimiento de estos mecanismos no solo distorsiona mercados sino que implanta culturas adictas al vértigo ("poda de talentos") y patologías distorsivas que, incluso, forjan inestabilidad en los sistemas democráticos.
 
(*) Gustavo Perilli es Profesor de la UBA
Fuente:Infobae

martes, 28 de noviembre de 2017

"Están armando un enemigo”

El obispo de Bariloche salió al cruce del discurso del Gobierno
 

Juan José Chaparro dijo desconocer la existencia de la RAM y negó que los miembros de la comunidad Lafken Winkul Mapu tengan vínculos con esa organización. Contó que los propios mapuches le habían manifestado su preocupación por posibles hechos de violencia armados por otros en torno a su reclamo y pidió a las autoridades acceder al diálogo para no comenzar "a sumar muerto

El obispo de Bariloche, Juan José Chaparro, advirtió que “las autoridades” del Estado deben favorecen la apertura de “canales de diálogo” con las comunidades mapuches para que asesinatos como el de Rafael Nahuel “no se repitan y no comencemos a sumar muertos”. Además, el religioso negó la posibilidad de que los miembros de la comunidad Lafken Winkul Mapu tuvieran vínculos con la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM): “Me parece que están armando un enemigo”, puntualizó.
Chaparro fue uno de los integrantes del grupo de personas que accedió al territorio de Villa Mascardi donde el joven de 21 años fue baleado por Prefectura, para ver la situación en que se encontraba el resto de los miembros de la comunidad. “Hay jóvenes varones, mujeres y niños”, describió. Según su relato, en el diálogo con el juez que ordenó la represión y que encabezó esa comitiva, Gustavo Villanueva, los mapuches pidieron “hacer algunos días de duelo” y luego retomar las negociaciones sobre su permanencia allí.
Asimismo, dijo sentir “preocupación y dolor” por lo que ocurrió con Nahuel y pidió “lucidez y racionalidad” para “que se abran caminos de diálogo” y rescató la decisión de Villanueva de posibilitar la llegada de “ayuda humanitaria” a ese lugar. “Hay que dialogar y hacer todos lo posible por salvar vidas humanas”, remarcó.
Paralelamente, durante una entrevista con radio La Red, el obispo relativizó además la existencia de alguna relación entre la RAM y el reclamo de la comunidad que desde el 14 de septiembre se asentó en un predio lindero al lago Mascardi, que reivindica como propiedad ancestral. Es más, puso en tela de juicio la existencia de ese grupo que los gobiernos nacional y de Río Negro califican como una organización que siembra el terror en la Patagonia.
“No conozco la existencia de la RAM. Me parece que se está armando un enemigo”, señaló el religioso quien, con estos dichos, puso en jaque la versión del gobierno nacional sobre la presencia de esa supuesta organización paramilitar. En su experiencia, relató, en los barrios más pobres de Bariloche “hay gente que vivía en un lugar y que luego se fue endeudando hasta que de repente no tenían más ese terreno” y comenzaron a buscar otros lugares para vivir. Algunos de ellos, continuó, pudo haber impulsado la toma de un territorio, como ocurre con predios del Gran Buenos Aires, ejemplificó. “Pero de ahí a que se trate de un ejército organizado con armas de grueso calibre, hay una distancia muy grande”, afirmó.
“No siempre que se ocupe un lugar significa que quienes lo hacen sean grupos RAM u otros”, insistió y recordó que en la superficie que abarca su diócesis “hay organizaciones y comunidades mapuches que han estado trabajando para conseguir sus tierras de una manera legal”. Citó entre ellos a las varias comunidades y al Parlamento Mapuche, que tiene sus representantes en esa ciudad turística.
Es más, contó que antes de una de las movilizaciones de los últimos días, varios integrantes de ese pueblo originario le manifestaron su “preocupación” porque “hayan actos de violencia” en los que ellos no tengan nada que ver. “Siempre puede haber otros que se metan”, arriesgó y dijo conocer casos como el “incendio de un refugio” en el que “apareció la palabra RAM”. “Pero yo no los conozco”, reforzó.
Respecto del asesinato de Rafael Nahuel, Chaparro evitó arriesgar si la muerte fue producto de "una ejecución" por parte de las fuerzas de seguridad. La autopsia determinó que el joven murió de un disparo por la espalda con una bala como las que usa el Grupo Albatros de la Prefectura. “La reconstrucción la tendrá que hacer la Justicia”, dijo. “Lo que yo quiero –subrayó- es que se encuentren caminos de diálogo y que haya una solución aunque sea temporaria.”
Fuente:Pagina/12

viernes, 24 de noviembre de 2017

El Centro Cultural de la Cooperación celebró sus primeros quince años Bastión para la resistencia y el futuro

 Luisa Kuliok recordó su paso por el Centro Cultural de la Cooperación.

En la batalla cultural, algunos lugares se ofrecen como trinchera. O mejor, como bastión. Un refugio para resistir los embates del enemigo, una plaza desde la que contratacar y recuperar terreno. El Centro Cultural de la Cooperación reafirmó para sí ese rol en su decimoquinto cumpleaños, que se celebró el miércoles en su sala Solidaridad, repleta de artistas, intelectuales, miembros del equipo de trabajo del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, antiguos empleados y una cantidad –inesperada, quizás, pero más que bienvenida– de espectadores, visitantes recurrentes y espíritus afines que se acercaron a la celebración y a oír las palabras de quienes tomaron el micrófono para aludir al aniversario. Además, quienes llegaron hasta el emblemático edificio de Corrientes 1543 pudieron disfrutar de un puñado de canciones interpretadas por Débora Infante y Virginia Innocenti.
Tras quince años abierto al público, el Centro Cultural de la Cooperación es uno de los espacios multidisciplinarios más importantes de la ciudad y convoca anualmente a más de 130.000 personas, explicó Juan Carlos Junio, director del CCC, durante el discurso de apertura de la velada. Junio destacó la misión del centro cultural en pos de generar discursos contrahegemónicos, señaló su adhesión al ideario cooperativista que le dio origen con el impulso de Floreal Gorini y consideró que el camino hecho hasta el momento ayudó a “perforar la muralla” del discurso dominante, al tiempo que llamó a seguir trabajando “por el futuro y las utopías de siempre”.

El denominador común de todas las intervenciones fue la actualidad social y política argentina, en la cual muchos encontraron dramáticas similitudes con las de los orígenes del Centro Cultural, que abrió sus puertas en noviembre de 2002, con el país aún sin recuperarse del estallido de fines de 2001. “Hay un momento previo a estos quince años, que fue el momento en que Gorini y el movimiento cooperativista tuvieron la lucidez de entender que la auténtica batalla era cultural”, señaló el periodista Eduardo Aliverti. “Cambian los dispositivos y los soportes, pero no la batalla cultural”, advirtió contra los agoreros del fin del periodismo y del fin de la cultura. Además, llamó a “dejar el pesimismo para tiempos mejores”: no es cosa de dejar que “los tiempos horribles” quiten las ganas de construir futuro, aseguró.

“Este lugar sobrevivió a quince años de historia argentina, que por su densidad histórica, digamos, aquí en quince años pasan más cosas que en doscientos años belgas”, intervino a su vez Atilio Borón. El sociólogo evaluó que el retroceso de los movimientos progresistas en América latina se debió a que las mejores sociales y económicas construyeron consumidores, antes que ciudadanos. Sin embargo, se mostró optimista y celebró la existencia del CCC como “uno de los pocos espacios de amplia capacidad de convocatoria” para reunir al arco progresista y de izquierda para conformar una resistencia ante la embestida neoliberal.

Luisa Kuliok también tuvo su momento al micrófono, que aprovechó para agradecer al CCC por abrirle sus puertas para hacer teatro. “Pude confirmar todo lo que sostenía ese anhelo”, contó sobre la ilusión que le hacía trabajar en el lugar. “Las semanas de ensayo, los meses de funciones fueron un pequeño paraíso para mí”, confesó antes de ilustrar su sentimiento con un antiguo cuento chino. Una colega suya se ocupó de agradecer desde las gradas especialmente a todos los equipos técnicos del Centro. “Este es un lugar de más unión que nunca, porque hay políticas culturales que el gobierno no está asumiendo y que aquí encuentran su espacio”, agregó. Ese rol como plaza de encuentro para voces disidentes y miradas alternativas de la realidad también fue destacado por otros oradores, como Alejandro Vaccaro (de la Asociación Argentina de Escritores) o el dramaturgo Hugo Urquijo, además de su director artístico, Juano Villafañe.

Otra coincidencia entre los discursos fue la necesidad de romper los sentidos que intenta imponer el neoliberalismo. Así, Gisela Cardozo, de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, llamó a luchar para que en el sentido común estén “la empatía, los derechos humanos, la solidaridad y la justicia”. El diputado nacional Carlos Heller (FPV-NE), a su vez, recordó los orígenes del CCC, el momento difícil que atravesaba el país entonces y sus similitudes con la actualidad nacional: “Hoy tenemos que ayudar a traducir el lenguaje neoliberal para que la ciudadanía sepa lo que está pasando”.
Fuente:Pagina/12

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Sobreexplotación del trabajo


Conforme los trabajadores fueron logrando disminuir la duración de la jornada laboral, los grandes empresarios fueron implementando métodos nuevos de explotación de la fuerza de trabajo. Como no podían disponer de los trabajadores por tantas horas, han tenido que implementar la productividad del trabajo, la utilización de la mano de obra de manera más intensa, para mantener e incluso extender la extracción del excedente.

En el centro del capitalismo ese mecanismo ha permitido un gran ciclo de desarrollo económico, que ha combinado expansión e integración de amplios sectores de la clase trabajadora. Mientras que, en la periferia, los mecanismos han sido otros.

Tras llegar con retraso al mercado internacional, las burguesías periféricas han intensificado la explotación de la clase obrera para lograr condiciones competitivas en el plano internacional, que les permitiera encontrar espacios en ese mercado. De ahí que los mecanismos de sobreexplotación se hayan desarrollado tan ampliamente en la periferia.

La categoría de sobreexplotación del trabajo es parte inherente de la teoría marxista de la dependencia, elaborada por Ruy Mauro Marini, gran intelectual brasileño, que ha vivido y producido prácticamente toda su obra en el exilio, en Chile y en México, siempre asociada a la militancia política, en Brasil en la organización Política Obrera (Polop), en los otros países en el MIR chileno. Su obra articula una concepción de cómo en la periferia se combinan la dependencia externa con las condiciones específicas de la lucha de clases, particularmente de la extracción del excedente.
Es solo en ese marco teórico que se puede comprender de forma cabal el significado y el lugar de la sobreexplotación del trabajo. Se trata de formas agregadas de explotación, de extensión de la jornada y de intensificación del trabajo que, combinadas, generan mecanismos que elevan la explotación muy por encima de las condiciones normales y estructurales de extracción de la plusvalía.

Esos mecanismos, a su vez, bloquean cualquier posibilidad de expansión del mercado interno de consumo popular, porque se remunera a los trabajadores por debajo de sus necesidades básicas. De ahí que los modelos de acumulación en la periferia dependan de las altas esferas de consumo del mercado y de exportación.

La sobreexplotación requiere, a su vez, condiciones políticas para que se efectivice. En Brasil, fue indispensable el “bloqueo salarial” (congelamiento del salario), para que se diera el “milagro económico” durante la dictadura militar. Fue el santo del milagro económico. La dictadura combinó represión política con sobreexplotación de los trabajadores.

Las restauraciones neoliberales en países como Argentina y Brasil concentran gran parte del accionar de los gobiernos en generar las condiciones para elevar la explotación de los trabajadores. La “reforma laboral” brasileña es el mejor ejemplo de la imposición de condiciones salvajes a los trabajadores, que incluyen, entre otras, medidas como reducir para menos de una hora el horario de almuerzo, permitir que mujeres embarazadas o que amamantan a sus hijos trabajen en condiciones insalubres. Prácticamente son abolidos los derechos elementales de los trabajadores, incluyendo la duración de la jornada de trabajo, el salario mínimo, que tienen que ser discutidos en cada negociación salarial. Se impone, como dicen cínicamente sus promotores, lo discutido sobre lo legislado, esto es, si el nivel de desempleo y la correlación de fuerzas en que se dan las negociaciones permiten, no hay limite para que se impongan las condiciones más salvajes de explotación de los trabajadores.

Los regímenes de excepción, donde el Poder Judicial ya no es garante del Estado de derecho; donde gobiernan lo banqueros y se impone la tercerización de las relaciones de trabajo; se restringen las acciones de los sindicatos para defender las conquistas de los trabajadores; donde se impone el Estado mínimo, con la centralidad del mercado, es el mejor escenario político para que la sobreexplotación de los trabajadores se imponga.

Hasta alrededor de algunas pocas décadas, la sociología del trabajo era una de especializaciones más prestigiosas y buscadas en el campo de las Ciencias Sociales. Después de las críticas a la excesiva “centralidad del trabajo”, se ha pasado al polo opuesto, en que pareciera que las actividades del trabajo son unas entre tantas otras, y no más la actividad esencial que ocupa la mayor parte del tiempo de la gran mayoría de las personas en el mundo.

Hay que rescatar la importancia de las relaciones de trabajo, en un mundo en que, más que nunca, la mayoría aplastante de la humanidad vive del trabajo, por mas diferenciadas que sean esas actividades. Que esa gran mayoría vive del trabajo y para el trabajo. La teoría marxista de la dependencia de Ruy Mauro Marini es el mejor marco teórico para ese indispensable rescate.