lunes, 29 de septiembre de 2014

La voz de los presos como radiografía carcelaria




UN INFORME QUE ANALIZA QUIENES SON LOS CONDENADOS Y POR QUE
La Universidad de Tres de Febrero realizó un informe sobre cárceles del SPB y SPF. Encuestó a más de mil condenados de ambos géneros. Fuerte prevalencia de jóvenes de origen humilde, el eslabón de la cadena delictiva más fácil de reemplazar.
 Por Horacio Cecchi
Cada uno de los presos condenados en la Argentina cuesta a la sociedad alrededor de 10 mil dólares al año en gastos que demanda su encierro. Esa cifra, comparada con el motivo de su condena, toma un cariz inexplicable hasta para la mano más dura: la tendencia mayoritaria de los 15 mil condenados por delitos a la propiedad en los sistemas federal y bonaerense (los dos juntos representan el 60 por ciento del total del país) es que están por robos menores a 2500 dólares. Y un cuarto de esos 15 mil fue condenado por robar menos de 900 dólares. Los datos surgen de un informe sobre prisiones realizado por investigadores del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia (Celiv) de la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Untref). El informe hace una radiografía desacostumbrada sobre el sistema penal y qué es lo que se pretende de él: “Suponer que las cárceles no tienen nada que ver con la sociedad es un error. Cada día se pueden encontrar en el país 70 mil chicos que tienen al menos uno de sus padres presos”, señaló a Página/12 Marcelo Bergman, director de la investigación (ver aparte).
El informe, titulado “Delito, marginalidad y desempeño institucional en Argentina: Resultado de la encuesta de presos condenados”, trabaja sobre datos aportados en una encuesta realizada a 1033 presos ya condenados, varones y mujeres, alojados en unidades del SPF y del SPB. Uno de los aportes novedosos de la investigación es precisamente hacer hablar a quienes están atravesados por el sistema penal, los presos.
El trabajo se divide en cuatro áreas temáticas que representan los diferentes momentos en la vida de una persona condenada: la primera trata sobre las características de su vida previa a la detención, el modo de socialización, de su niñez, y su pasado educativo y laboral. La segunda, determinadas particularidades del delito que cometió y por el que fue condenado, patrones delictivos, la reincidencia en el delito, el alcohol y las drogas, y el uso de armas. En la tercera se trabaja la transición por el proceso legal hasta que fueron condenados; cómo fue el accionar policial y de la Justicia desde que fueron detenidos y hasta el dictado de la sentencia. La última se refiere al tipo de condiciones de vida en la cárcel, sus actividades, sus vínculos y los problemas que enfrentan en su vida cotidiana.
El estudio, además, forma parte de un trabajo más amplio, con las mismas características, realizado en otros cinco países de la región: Brasil, Chile, El Salvador, Perú y México, lo que permite realizar comparaciones y análisis de mayor profundidad.
En ese aspecto, el estudio destaca que, si bien Argentina mantiene la menor tasa de prisionalización entre los seis países estudiados (en 2012, 149 cada 100 mil habitantes; contra la siguiente, México, con 169; siendo la máxima en El Salvador, 430), sostiene la misma tendencia creciente que el resto de la región: en doce años, la tasa argentina aumentó casi un 50 por ciento (en 2000 era de 103), sin que la producción de delito se haya resuelto.
Del perfil de los condenados se puede saber que uno de cada cinco internos no conoció a su madre o padre o a ambos. Y dos de cada cinco abandonaron su hogar antes de los 15 años, dato que se asocia con la violencia que vivió dentro de su familia: mientras que en hogares sin violencia el 10 por ciento se fue de la casa antes de los 15 años, la cifra se multiplica más de dos veces y media (26 por ciento) de abandono de hogares con violencia antes de los 15 años. Al mismo tiempo, mientras que el 84 por ciento de los encuestados de hogares no violentos reconoció tener mucha confianza en sus padres, la proporción disminuyó a 46 por ciento en los casos que provienen de hogares violentos. Además, el 37 por ciento reconoce durante su niñez cierta familiaridad con el alcohol y/o las drogas en su hogar.
Un tercer indicador, muy importante dentro del perfil previo del interno, es lo que el estudio denomina “habitualidad” de la cárcel. Tres de cada cuatro (73 por ciento) señalaron tener familiares o amigos que pasaron por la experiencia carcelaria. “La ‘habitualidad’ de la cárcel –señala el informe– reduce su efecto disuasivo.” Sin que la violencia en el hogar, la formación en un ambiente familiarizado con la ingesta de drogas y alcohol, y la presencia de conocidos con pasado carcelario se confirmen como causales directas de la prisionalización, la encuesta sostiene que son marcas que se repiten en forma muy frecuente entre la población privada de libertad.
El informe encuentra también asociaciones fuertes entre hogares con violencia y un primer paso por institutos de menores. Más de la mitad de la población entrevistada estuvo en institutos para adolescentes. Este hecho en sí mismo ya muestra la errónea política de encierro adolescente que no sólo no posibilita la reinserción, sino que promueve a la repetición.
La edad promedio de inicio en el delito es de 21 años. Las tres cuartas partes de la población consultada cometió el primer delito antes de los 23. Este dato, más que cargar tintas sobre la adolescencia, cruzado con los otros marcadores de fuerte incidencia como el hogar violento que lleva a la salida temprana del hogar e instala a un chico de menos de 15 años asociado con ambientes delictivos, puede vincularse a la presencia de un Estado interesado en la persecución punitiva, pero ausente en política social.
Respecto a la intervención policial y judicial, los datos que surgen son llamativos: el 81 por ciento de los detenidos por robo y el 78 de los detenidos por tráfico y/o tenencia de drogas lo fueron en flagrancia. Lo mismo para poco menos de la mitad de los homicidios. La percepción de corrupción en todo el proceso es alta: dos de cada tres internos dijeron que de haber tenido suficiente dinero la policía o alguna otra instancia judicial lo hubieran dejado ir. No sólo percepción de corrupción: el sistema penal deja adentro a quien no puede pagar. El informe también destaca que les solicitaron dinero o pertenencias en algún tramo del proceso: el 71 por ciento respecto a la policía; el 31 por ciento mencionó a la fiscalía; guardias penitenciarios, un 22 por ciento. Los jueces no quedaron fuera: 5 por ciento dijo que un juez pidió pagos a cambio de beneficios. Otra cara de la misma moneda: el 38 por ciento nunca pudo hablar con el juez.
En el paso por las manos policiales, la referencia no es metafórica: el 42 por ciento de los entrevistados sostuvo que fue golpeado o se utilizó la fuerza física para obligarlo a declarar o a cambiar su declaración. El informe aclara que no hay diferencias entre el sistema bonaerense y el federal. Al mismo tiempo, más de la mitad dijo no haberse sentido defendido por sus abogados. Respecto de la defensa pública, el 59 por ciento la requirió, pero el 60 por ciento de esa cifra no se sintió bien defendido.
Como conclusión, el informe sostiene que “el sistema penal termina recluyendo personas que son fácilmente reemplazables en las pirámides delictivas: los ladrones callejeros, los pequeños traficantes, las mulas”. “La cárcel ya es un espacio habitual para una creciente proporción de la población.” “Es un instrumento social utilizado con asiduidad a lo que va conformando un sector social donde cientos de miles de personas quedan profundamente marcados por la reclusión. Esto tiene enormes implicancias futuras para toda la sociedad.”
Fuente:Pagina\12

martes, 23 de septiembre de 2014

LA ILUSIÓN DE HACER UNA TORTILLA SIN ROMPER NINGÚN HUEVO


Por Raúl Degrossi

La frase es conocida, y Perón solía repetirla a menudo: no se puede hacer una tortilla, sin romper algunos huevos.

La metáfora es clara y -aplicada a la política- alude a que abordar los problemas requiere tomar decisiones importantes, que afectan o pueden afectar intereses; computando necesariamente en los cálculos previos que los que corporizan esos intereses afectados reaccionarán, y aparecerán los conflictos.

En ese contexto, el conflicto es connatural no ya a la experiencia política, sino a la misma convivencia en sociedad; lo que hace justamente la política en democracia (o lo que debería tratar de hacer) es proveer los canales racionales para procesarlo.

La Argentina tiene problemas concretos y serios, estructurales y de coyuntura: la inflación, el empleo en negro, los desequilibrios de la estructura productiva, los límites del modelo de desarrollo; entre otros. Y esos problemas no surgen del aire o de alguna que otra política pública más o menos acertada, que las hay, desde luego.

Son fruto -tanto como ejemplo- de una sociedad injusta y desequilibrada; con desequilibrios que son a su vez el resultado concreto de conflictos del pasado, resueltos a favor de la parte más fuerte, en cada coyuntura y de acuerdo a la relación de fuerzas imperante. Sin entender esto, poco habremos aprendido de las lecciones de nuestra historia.

Transcurrida ya más de una década de la mega-crisis del 2001, y cuando el país recuperó paulatinamente ciertos estándares de "normalidad" (aun cuando esos problemas de los que hablábamos sigan allí, con otra dimensión), es fácil percibir un cierto hartazgo social con el conflicto; muy vinculado también al clima que determinan los indicadores de la economía.

Los años del kirchnerismo serán recordados (tal como hoy son percibidos) como una especie de montaña rusa de vértigo político; con una sucesión de conflictos que atravesaron el debate político y cultural de los argentinos, fueran buscados deliberadamente o no: la revuelta de las patronales agrarias contra las retenciones móviles, la discusión con Clarín por la ley de medios, o la pelea actual contra los fondos buitres en defensa de la reestructuración de la deuda externa; por sólo citar los más connotados. 

A partir de la instalación mediática de determinadas zonceras conceptuales (como el "clima de crispación") se difunde la idea que de que los conflictos en el país serían más el resultado de un ánimo pendenciero o buscapleitos del kirchnerismo (para disimular a su vez problemas reales que no se abordarían), que del choque objetivo con determinados factores de poder, que operan o defienden sus intereses: ya se dijo acá que es necesaria una visión equilibrada al respecto, para dar cuenta cabal de lo que pasa en la realidad.
La idea de que los conflictos (políticos, sociales, económicos) en una sociedad y en un momento determinados son -en buena medida- artificiales o evitables prende particularmente en las clases medias; en las que además es muy fuerte la impronta de la cultura inmigratoria que deposita en los propios esfuerzos y aptitudes la causa de los logros, y en la política y el Estado el origen de los fracasos; o por lo menos un obstáculo que impide que aquéllos lleguen antes, o sean más significativos.

Una idea que es pariente cercana de aquélla que asociaba los logros del primer peronismo al resultado de una coyuntura feliz (una especie de alineación planetaria favorable), más que de determinadas y concretas políticas públicas; idea que -por cierto- también se ha aplicado a los años kirchneristas. 

La generalidad de las encuestas dan cuenta de una instalación privilegiada en la grilla de preferencias de los candidatos "moderados" (incluso del propio oficialismo, como Scioli); lo que sería congruente con la idea del "hartazgo" social del conflicto. Esos candidatos incluso refuerzan la idea, al decir que para comenzar a resolver los problemas pendientes, es imprescindible "pacificar los espíritus", o promover diálogos y consensos "para arribar a políticas de Estado perdurables en el tiempo".

Ideas que -dichas en el contexto actual- más que afirmaciones con las que en abstracto pocos podrían estar en desacuerdo, parecen una teorización implícita de que la política y el Estado en la post crisis han llegado a un determinado punto, más allá del cual no pueden pretender avanzar. Aplíquese la idea -por caso- a la discusión por los cambios a las leyes de abastecimiento y defensa del consumidor, y se entenderá mejor de lo que hablamos. 

Por supuesto que puede apelarse al diálogo y los mecanismos de concertación social para dotar de mayor consenso y legitimidad a las políticas públicas: ahí están sino a la mano los mecanismos (revitalizados en los años de la crispación kirchnerista) de las paritarias y el Consejo del Salario, para demostrarlo.

Sin embargo, cuando surgen los límites concretos del modelo de desarrollo (el fantasma recurrente de la restricción externa, el proceso inconcluso de sustitución de importaciones, el alto grado de concentración y extranjerización de la economía), y se impone avanzar más en el proceso de reparación social (profundizando las políticas de redistribución del ingreso y  de ampliación de derechos), los conflictos y las confrontaciones indefectiblemente aparecerán; más temprano que tarde y aun cuando uno no se los proponga: Porque como se dijo antes, esos límites no son casuales: son la cristalización de determinadas relaciones de fuerza que zanjaron conflictos anteriores, en un sentido bien concreto.

En ocultar esto radica la trampa que encierra el discurso predominante en la oposición, según el cual la política (entendida como intento de transformación de la realidad) no sería la solución a los problemas pendientes de abordaje, sino el problema mismo; y con su repliegue (en la modalidad de conflicto) y el del Estado, se establecería un pre-requisito indispensable para comenzar a resolverlos.

La idea del repliegue del Estado (en definitivas, la expresión institucional de la política, para tener perduración en el tiempo) como solución comienza a aparecer cada vez con mayor nitidez, porque el neoliberalismo ha leído los indicadores de la macroeconomía en clave de oportunidad para relegitimarse socialmente; luego del incendio de la convertibilidad.

Habrá que reconocer que el engaño de sustraer al conflicto de la dimensión política es efectivo, y supone un desafío para el kirchnerismo de cara a la futura instalación electoral de un candidato propio: no está tan claro hoy que muchos sectores de la sociedad perciban claramente que algunos logros de los últimos años podrían estar en zona de riesgo a futuro; y en esa línea, la consigna "irreversible" del acto de la Cámpora -si no se la explicita debidamente- podría sumar a la confusión.  
Una confusión en la que se naturaliza en forma creciente la idea de que se pueden encarar las transformaciones estructurales necesarias para resolver a futuro los principales problemas pendientes, sin afrontar ciertos niveles de conflicto; tanto mayores cuando más fuertes sean los intereses que se afecten.

Como si nos dijeran que en la imagen de apertura del post lo que estamos viendo es en realidad una tortilla.
Fuente: Nestornautas

viernes, 19 de septiembre de 2014

“La sociedad siempre tiene antagonismo”



CHARLA DE CHANTAL MOUFFE SOBRE POLITICA, AGONISMO Y ARTE EN LA UNIVERSIDAD ARTURO JAURETCHE
La filósofa belga participó de una mesa de diálogo con Mocca, Rinesi y otros intelectuales locales. Desarrolló su idea sobre los antagonismos y su resolución en democracia. Además, reivindicó al arte como transformador del sentido común.

La filósofa belga Chantal Mouffe está en Buenos Aires, donde ayer, en la Universidad Nacional Arturo Jauretche, dio una suerte de reportaje público en una mesa de diálogo con el politólogo Edgardo Mocca y otros intelectuales locales. Estudiosa de los nuevos modelos de democracia, habló de política y agonismo y reivindicó el papel del arte –especialmente del activismo que utiliza prácticas artísticas– en la lucha por la hegemonía.
Mouffe hizo esta visita al país –al que muchas veces había venido acompañando a quien fue su marido, el argentino Ernesto Laclau– invitada por la UNAJ. Laclau llegó a dar clases en esta universidad que tiene sólo cuatro años de historia, y poco antes de morir había sido nombrado director de su Instituto de Política. La UNAJ quedó así vinculada con Mouffe, que aceptó dar en sus aulas un curso de una semana. Ubicada en Florencio Varela, la UNAJ fue creada en el 2011, como parte del proceso de apertura de nuevas universidades que tienen como alumnos mayoritariamente a jóvenes de sectores populares.
El rector Ernesto Villanueva cuenta que en el primer año de funcionamiento, el 97 por ciento de los incriptos eran los primeros de sus familias en llegar a la universidad. El porcentaje sigue hoy en un 90 por ciento, es decir, está apenas matizado por algunos estudiantes de clase media. La UNAJ integra la red de universidades nacionales del conurbano.
La mesa de anoche fue el cierre de un taller que Mouffe dictó para una treintena de profesores y alumnos avanzados. La especialista compartió el panel con Eduardo Rinesi y José Fernández Vega (filósofos), Mocca y el rector Villanueva, que comentaron su obra y le hicieron preguntas.
Mouffe empezó por explicar su idea de democracia agonista, como parte de una teoría que pone el acento en el carácter conflictual propio de toda sociedad. “La sociedad siempre tiene antagonismo”, señaló en el panel. “Existe una negatividad radical, que no puede ser superada. Una vez que uno parte esa perspectiva, la cuestión es cómo uno se va a manejar con el conflicto. Yo digo que la política democrática tiene que reconocer ese carácter irreductible del antagonismo, pero no puede darle la posibilidad de que se exprese en términos de amigo-enemigo, porque eso llevaría a una guerra civil. Para que haya una política democrática es necesario que se reconozca ese antagonismo, pero pensando al otro no como un enemigo a eliminar, sino como un adversario legítimo”, planteó. En ese marco, “la lucha agonística va a consistir en buscar una conversión en la subjetividad del adversario, lograr que se identifique con la visión del mundo que uno propone. No se trata de destruir al oponente, sino de ganarlo para el propio proyecto”.
Mocca hizo un cruce entre agonismo y kirchnerismo y apuntó que nunca como en los últimos diez años “se politizaron y expresaron como conflicto político temas que eran patrimonio de los expertos”. Puso en la lista la concentración de los medios de comunicación, la independencia del Banco Central y el sistema jubilatorio. “Gracias a la existencia de 30 años de democracia, o gracias a que en el 2003 teníamos 20 años y ahora tenemos 30 años de rutinas democráticas, pudimos no solamente darle espacio al funcionamiento pacífico y democrático de los antagonismos, sino permitir que el antagonismo se despliegue en toda su intensidad. En la Argentina moderna nunca ha habido un proceso de instalación tan radical y tan intenso del antagonismo político.”
Con los panelistas Fernández Vega y Rinesi, Mouffe habló de arte y política. Contó que le interesa especialmente pensar el papel del “artivismo” (combinación de arte y activismo que tiene entre los ejemplos argentinos al Grupo de Arte Callejero o el colectivo Etcétera). Poniendo como caso a los norteamericanos Yes Men, que haciéndose pasar por portavoces de corporaciones o funcionarios satirizan al sistema, Mouffe defendió el rol del “artivismo” en la lucha por la hegemonía.
“Tiene un papel fundamental para transformar el llamado sentido común”, apuntó la filósofa, quien le dedicó al tema un capítulo de su último libro porque quería “afirmar su importancia”. “No me gusta la distinción que surge al hablar de arte político, porque no existe un arte que no sea político”, aclaró sobre el punto. “Todo arte tiene una dimensión política, porque reproduce la hegemonía existente o la pone en cuestión. Me gusta hablar, en lugar de arte político, de prácticas artísticas críticas.”
Mouffe también defendió la lucha en el campo tradicional del arte. “Creo que los museos, las instituciones, pueden jugar un papel importante en la construcción de subjetividad.” En ese sentido, llamó a tener una mirada flexible y a la vez atenta: “No creo que participar en una bienal signifique ser cooptado”, sostuvo. Para advertir que las expresiones artísticas “más transgresoras”, en cambio, son generalmente las que el capitalismo toma de manera inmediata, neutralizándolas. “El arte tiene un lugar fundamental en la manera como nosotros vemos al mundo. Esto se forma por las películas que hemos visto, por los libros que hemos leído. Hay que tener una multiplicidad de estrategias, es importante pensar en intervenir en el campo del arte público, pero también en el de las instituciones”, señaló.
Fuente: Pagina\12

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Indicadores de pobreza de la uca "inconsistentes"

 
 
"Años donde la pobreza aumenta pese a que los hogares mejoran su ingreso y la distribución no cambia, dispersión entre los ingresos de los hogares contradictorios con otros indicadores de desigualdad publicados, dan cuenta que nos encontramos ante un caso de manipulación metodológica con el intento de mostrar una situación social ajena a la realidad", alertaron Estefanía Manau y María Sfeir, integrantes del CESO.

Manau y Sfeir dieron cuenta que "en las publicaciones realizadas por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, resultaron cuestionables varios aspectos, entre ellos, el sesgo muestral que aplica a través de la Encuesta de la Deuda Social Argentina para obtener los ingresos".

Al respecto subrayaron que en la muestra del Observatorio "los hogares con los ingresos medios-altos y altos, fueron captados deficientemente", ya que destacaron que "todos aquellos ingresos que superaban los $20.000 eran subestimados al considerarse no representativos ante el tamaño de la muestra".

Así remarcaron que como consecuencia de ese sesgo metodológico se generó "un mayor porcentaje de pobres en relación a la muestra, de 27,5% que estima la UCA, mientras que a igual canasta básica total, surge un 18,3% de población pobre".

Además, las expertas pusieron de relieve que "ese sesgo muestral implica también una sobrestimación de la igualdad, arrojando un coeficiente de gini de aproximadamente 0,273", que se traduciría en "un valor escandinavo, contra el 0,413 obtenido a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH)".

Señalaron que "con el intento de salvar las incongruencias que sufren sus estimaciones", la UCA volvió a publicar un trabajo sobre pobreza "presentando índices de distribución del ingreso cercanos a los del INDEC, y lejanos de los escandinavos informados anteriormente por su director".

Sin embargo, indicaron que "lejos de lograr su cometido, desde el documento 'Un régimen consolidado de
bienestar con desigualdades persistentes', surgieron nuevos datos que contribuyen a confirmar el manejo discrecional de la información que surge de las Encuestas del Observatorio de la UCA".

Al respecto consideraron que "es paradójico que a pesar de que informan una mejora importante del ingreso, en términos reales o de poder de compra, con un aumento del 17%, y una distribución del ingreso que casi no cambia, con un coeficiente de gini que aumenta un leve 0,02%, la disminución del índice de pobreza sea poco significativa, de solo 2 puntos porcentuales".

En ese sentido pusieron de relieve que "los valores se ponen más en duda al relacionar el período 2012 y
2013: el ingreso real aumenta levemente en 1,3% y la distribución del ingreso mejora, con el índice de Gini que cae 0,6%, mientras que la pobreza ¿¡aumenta!?".

"Como vemos, la información brindada por el Observatorio de la UCA, en lugar de aclarar las polémicas mediciones de ingresos que utiliza, parecen oscurecer aún más sus estadísticas sociales", aseguraron Manau y Sfeir.

Evaluaron que "la inviabilidad de la obtención por parte del Observatorio de un coeficiente de Gini cercano al de la EPH, queda también en evidencia al observar sus datos de dispersión en la distribución del ingreso".

"Teniendo en cuenta que una mayor igualdad en la distribución del ingreso suele ir acompañada de una menor distancia entre el ingreso promedio de todos los hogares (media) y el ingreso del hogar que se encuentra justo ubicado entre el 50% que más gana y el 50% que menos ingresos tiene (mediana), los indicadores que surgen de las Encuestas de la UCA parecen confirmar las críticas realizadas por el CESO de una subestimación de la desigualdad y una sobrestimación de la pobreza", remarcaron las expertas.

Señalaron que "de acuerdo al cuadro, la diferencia entre media y mediana en la Encuesta de la UCA, del cuarto trimestre de 2013 es más acotada, en 6,51 porcentuales, respecto a la informada por la EPH", con lo cual estimaron que "es válido afirmar que los integrantes de la muestra relevada por el Observatorio percibieron un ingreso más similar entre sí, comparado con la muestra de la EPH".

Con todo concluyeron que "esos indicadores de dispersión de ingresos no son compatibles con los índices de Gini que novedosamente informó el Observatorio tras las críticas del CESO".

El informe del Centro de Estudios que conduce el economista Andrés Asiain, remarcó que en la última década "la pobreza pasó de valores superiores al 45% a ubicarse por debajo del 15% de la población, mientras que la indigencia se redujo del casi del 19% de comienzos de 2003 a cifras por debajo del 5% en los últimos tres años".

Asimismo, subrayó que "el coeficiente de desigualdad de Gini se redujo de 0,494 a 0,413 entre 2004 y 2013, lo que significó una mejora distributiva del 16%, mientras que el índice de bienestar de Sen muestra una mejora del 70% en igual período".

El informe del CESO sostuvo que "la creación de empleo y mejora salarial en una primera etapa, y la ampliación de la cobertura y mejora de haberes de la seguridad social en un segundo momento, se muestran como las claves que permitieron mejorar los indicadores de ingreso de la población entre 2003 y 2014".

El trabajo, que no toma las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), igualmente concluyó que "durante el período 2003-2014, los indicadores de distribución del ingreso muestran una mejora sensible".

Nota Relacionada

Hablas de mi y no sabes quién soy - Nuevas correrías del Observatorio Social de la UCA (OSO)

Los índices privados de pobreza, con el elaborado por la Universidad Católica (UCA) a la cabeza, son utilizados por el discurso opositor como verdad estadística que, sin embargo, distan bastante de la realidad y carecen de un mínimo aceptable de seriedad técnica.
Fuente: ramble tamble

martes, 2 de septiembre de 2014

FORJA y Perón. Radicalizar la revolución, revolucionar el radicalismo. La influencia de FORJA en Perón

FORJA y Perón. Radicalizar la revolución, revolucionar el radicalismo. La influencia de FORJA en Perón Juan Godoy*





Juan Godoy*
 “FORJA cree que sólo del pueblo argentino, de la masa innumerable sin voz y sin más conocimiento que la certeza de sus propias dificultades, puede surgir la salvación entera de la nación” (FORJA, 16/8/41)


“Si hemos guerreado durante 20 años para conseguir la independencia política, no debemos ser menos que nuestros antecesores y debemos pelear otros veinte años, si fuera necesario, para obtener la independencia económica. Sin ella seremos siempre un país semi-colonial” (Perón, 7/8/45)
            Las distintas influencias que tuvo Juan Perón en su ascenso a la presidencia, y como líder de masas es un tema recurrente en los estudios históricos, se destaca la influencia del catolicismo, del sector industrialista de las FF.AA., del nacionalismo de los años 30’s, del sindicalismo, etc. Sin soslayar estas influencias, vamos a abordar aquí otra que (con algunas excepciones), no ha sido muy tratada por la historiografía. Esta es: la influencia de un sector del radicalismo yrigoyenista, la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA), en el ascenso del líder popular entre los años 1943 y 1945, y la desintegración de la agrupación en el peronismo. La influencia, como veremos, es tanto directa, por relaciones concretas de los forjistas con Perón, y también indirecta, ya que Perón incorporó gran parte del ideario forjista.

            FORJA surge en plena década infame el 29 de junio de 1935, y se desintegra luego de dos meses del 17 de octubre, y por éste, dejando que sus afiliados se incorporen al “nuevo movimiento”. Se funda en un subsuelo en Buenos Aires. Participan: Jauretche, Manzi, Dellepiane, Del Mazo, Scalabrini Ortíz, Ortiz Pereyra, etc. Nace como una fractura con el radicalismo que había traicionado, con Alvear a la cabeza, el ideario de Yrigoyen. FORJA va a levantar las banderas del yrigoyenismo, y sostenemos, en su lucha, las va a profundizar. Aparece también para denunciar la entrega a las garras del imperialismo británico de los gobiernos vende-patria. El forjismo denuncia que Argentina es una semi-colonia británica. Arregui argumenta que FORJA realiza la primera denuncia profunda y sistematizada del accionar del imperialismo británico en nuestra nación (Hernández Arregui, 2004).

            La agrupación actúa como un eje entre los dos movimientos nacionales: el yrigoyenismo y el peronismo. Jauretche escribe en una carta del año 42: “yo no creo que estén agotadas las posibilidades morales del pueblo y del ejército. La que está agotada es la bandera del radicalismo, de tanto arrastrarla por el barro” (Jauretche, 1976: 140). Confía Jauretche en la unidad del pueblo y las FF.AA. En este sentido es que cuando con el golpe del 4 de junio de 1943 se termine con los años infames, FORJA movilizará al Congreso 300 militantes, y Darío Alessandro le dará el réquiem a la década infame. (Scenna, 1983). El forjismo pretende influir en la dirección de la política del nuevo gobierno, procurando profundizarlo, y tiñéndolo de pueblo. Sostienen que es necesario radicalizar la revolución, y revolucionar al radicalismo.

            Es aquí que Jauretche y Manzi le “echan el ojo” a un joven Coronel: Perón. Se reúnen con él, y se convencen que es el hombre que puede liderar un proceso de transformación. Perón había leído los cuadernos que editaba FORJA mientras estaba en Italia, se los mandaban dos militares vecinos de Manzi (Galasso, 2003). Otro testimonio de esta influencia directa es que en el año ’44 Perón da un discurso en La Plata, allí van los forjistas, y Scalabrini Ortíz le manda un “papelito” al Coronel donde le pide por los trencitos, éste que había leído historia de los FF.CC. de Scalabrini le dice: “confíe Scalabrini en que una de las primeras medidas que tomaremos será la recuperación de los ferrocarriles”. (Orsi, 1985: 131) Sabemos Perón cumplió su palabra.

            Otro lazo estrecho entre Perón y el forjismo es que el Coronel se reunía entre el 43y el 44 (1 año), prácticamente todos los días con Jauretche, éste señala: “sobre la vieja política argentina creo haberle sido muy útil para informarle, pero le aseguro que pronto sabía más que yo” (Jauretche, 2010:161). Otro contacto directo con el peronismo es que en las reuniones de la CGT previas al 17 de octubre, en las cuales se vota la huelga para el 18, cumple un rol fundamental Libertario Ferrari (ATE), sosteniendo dicha posición, y marchan los forjistas con el pueblo el 17. FORJA saca un comunicado de apoyo ese mismo día, y finalmente se disuelve, afirman en el acta: “que el pensamiento y las finalidades perseguidas al crearse F.O.R.J.A. están cumplidos al definirse un movimiento popular en condiciones políticas y sociales que son la expresión colectiva de una voluntad nacional de realización” (Jauretche, 1976: 177)

            Así FORJA que había planteado “la restauración argentina sólo podrá cumplirse sobre la base de la soberanía popular, la emancipación económica y el imperio de la justicia(Volante FORJA), como así también la solución integral a las problemáticas nacionales contenidas en las cuatro P: PATRIA, PAN Y PODER AL PUEBLO, sostenido una posición nacional que enfrente a todos los sectores nacionales contra la oligarquía y el imperialismo, que supo ver, dejando de lado el anti-militarismo abstracto, la importancia de la unidad del pueblo y las fuerzas armadas, que sostuvo una posición latinoamericanista y democrática, que su programa llevaba implícita la industrialización, que resaltó la importancia del papel de las masas trabajadoras en la historia, etc. nutre al peronismo tanto directa como indirectamente, y de esta forma las reivindicaciones, ideas que se habían comenzado a gestar en un subsuelo de la ciudad de Buenos Aires por un puñado de muchachos militantes en la oscuridad de la década infame, serán las que aflorarán luego en millones de personas, cuando el subsuelo de la patria se subleve.     
    

* Sociólogo (UBA). Becario CIC. Miembro del Centro de Estudios Hernández Arregui (CEHA). Publicado en Aluvión Popular. Expresión de la Argentina que Trabaja. Año 7. Nº 42. Julio 2014.

Bibliografía

Galasso, N. (2003). Jauretche y su época. Buenos Aires: Corregidor.

Hernández Arregui, J. J. (2004). La formación de la conciencia nacional. Buenos Aires: Continente.

Jauretche, A. (1976). Forja y la década infame. Buenos Aires: Peña Lillo.

Jauretche, A. Escritos inéditos. Corregidor, Buenos Aires, 2010.

Orsi, R. Jauretche y Scalabrini Ortíz. Peña Lillo, Buenos Aires, 1985

Scenna, M. A. FORJA. Una aventura argentina (de Yrigoyen a Perón). Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1983.

jueves, 21 de agosto de 2014

“Default y crisis”:MITOS ECONOMICOS: PROFETAS DEL MIEDO



Por  Andrés Asiain y Lorena Putero
La campaña para que la Argentina ceda a la presión de los fondos buitre y les pague la sentencia Griesa aun a costa de poner en riesgo las reestructuraciones de deuda del 2005 y 2010 por una posible activación de la cláusula RUFO, tenía como uno de sus ejes el pronóstico de la llegada de un apocalipsis económico el 31 de julio de 2014. La profecía buitre se amparaba en que ese día era el límite legal para que los bonistas que ingresaron a los canjes cobraran la cuota que Argentina les depositó en el Banco de Nueva York, y que el juez Griesa mantiene secuestrada. De esa manera, si llegado ese día los holdings no recibían el dinero, Argentina ingresaba en un nuevo default, desatando una crisis similar a la del 2001.
Montados sobre esa operación, el “Grupo de Tareas” buitre (American Task Force Argentina) colgó en su página web un cronómetro tomando el tiempo hasta la detonación del default. Completando la actuación, el elenco estable de economistas “serios” salió de gira mediática, presagiando el advenimiento de 10 plagas económicas que aterrorizarían a la población: caída estrepitosa del valor de los bonos y acciones, falta de crédito, mayor inflación, disparada del dólar, congelamiento de depósitos, derrumbe de la inversión, el consumo y la producción, despidos en masa y empobrecimiento general.
Frente a semejante campaña, el 1º de agosto, los argentinos salieron con cuidado a la calle, con temor a ver un país asolado por un cataclismo económico, para descubrir que los negocios estaban abiertos, el colectivo y el tren seguían llevando a la gente a su lugar de trabajo, y hasta los bancos atendían normalmente. Una baja no muy pronunciada de los bonos y acciones acompañada de una ya habitual suba del dólar blue eran las únicas secuelas concretas que informaban los medios de comunicación ante un escenario que ni siquiera las calificadoras más amigables con los buitres se animaban a calificar como de default.
El hecho concreto de que Argentina no saliera a colocar deuda en los mercados desde la crisis de la convertibilidad aislaba al país del impacto que pudiera tener el mentado default sobre las condiciones de colocación de deuda. Para el caso, Argentina ya se encontraba en cesación de pagos con el 7 por ciento de los bonistas que no entraron al canje desde 2001. Justamente, el mayor daño que puede provocar la sentencia Griesa es incrementar ese monto de reclamo, tanto por la valorización de las tenencias de los holdouts, como por un eventual pedido de aceleración de los holdings a los que el juez norteamericano impide el cobro. Situación que, si bien hay intentar evitarla, en el plano más concreto de las cuentas externas sólo disminuiría el flujo de salida de dólares por pagos de intereses (a costa de un incremento en las demandas pendientes de resolución).
Mientras tanto, los problemas económicos asociados a la suba de los precios, el estancamiento de la actividad y el consumo, la falta de créditos para la inversión o la vivienda, por nombrar algunos, no difieren en magnitud de los que existían antes del 31 de julio. Tampoco una solución favorable del conflicto buitre generaría una solución mágica de los mismos, por más dólares que prometan los profetas del regreso a los mercados. Como bien señaló el economista Aldo Ferrer en una reciente entrevista publicada en este diario, “los problemas reales de la economía argentina siguen siendo exactamente los mismos el día antes que el día después del fallo del juez Griesa. No se arreglan ni empeoran por el resultado de estas negociaciones.
Fuente: Página/12

miércoles, 6 de agosto de 2014

LA LUCHA DE ESTELA DE CARLOTTO Y SU TRAYECTORIA JUNTO A LAS ABUELAS DE PLAZA DE MAYO

Una búsqueda que empezó hace 36 años

La vida de la titular de Abuelas cambió en 1977, cuando fueron secuestrados primero su marido y luego su hija Laura. Al año siguiente sabría que ella había sido asesinada y que había tenido un hijo, Guido, su nieto, el origen de su militancia.

La historia de Enriqueta Estela Barnes de Carlotto fue hasta fines de 1977 la historia de una madre común de clase media: platense, ama de casa, maestra de escuela primaria, bajo perfil, abocada al marido y a sus cuatro hijos. Ese año, primero con el secuestro de su esposo, Guido, luego con el de Laura, su hija mayor, marcaría un quiebre en su vida y en la de su familia. Poco después, en abril de 1978, con la certeza de que su hija secuestrada estaba embarazada de seis meses, se acercaría por primera vez a Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos, como se llamó antes de que la prensa internacional las rebautizara Abuelas de Plaza de Mayo. Ya nada sería igual. No sólo por la certeza del asesinato de Laura, el entierro de sus restos, el exilio de sus hijos, el terrorismo de Estado en el centro de su existencia, sino también porque Estela comenzó de forma gradual una militancia que nunca había imaginado y que la llevaría a recorrer el mundo, a reinventarse y reinventar la institución para hacer realidad el objetivo de las Abuelas: reencontrarse con sus nietos. Con los años la historia personal y la de Abuelas se funden, son una sola. Hasta ayer, cuando su presidenta volvió al centro de la escena por su tragedia personal, por su lucha, al fin coronada con el hallazgo de Guido.
Los primeros movimientos de Estela fueron para recuperar a su esposo, secuestrado días después de que Laura se trasladara de La Plata a Buenos Aires. Se contactó con abogados vinculados con militares que no dudaron en extorsionarla y se reunió por primera vez con el futuro dictador Reynaldo Bignone, hermano de una amiga. El 25 de agosto, tras ser liberado, Guido le contó que lo habían torturado para saber sobre sus hijas, ambas militantes y en la clandestinidad. También le confirmó que los militares asesinaban a sus víctimas con una inyección en la espalda.
El secuestro de Laura fue a fines de noviembre de 1977. Sus padres no sabían que estaba embarazada. Entonces recomenzó el peregrinaje y volvió a reunirse con Bignone, que la recibió con un arma sobre el escritorio. “Vea, señora. Uno les dice que se entreguen voluntariamente, pero siguen desprestigiándonos en el exterior. Acá hay una cárcel modelo para que se recuperen”, mintió. Estela pidió que no la mataran, que si había cometido un delito la juzgaran y condenaran. Bignone dejó en claro que no era una alternativa. “Vengo del Uruguay, donde los tupamaros que están en cárceles se fortalecen en sus convicciones, crean problemas, convencen a los guardiacárceles. Acá no queremos esto. Acá hay que hacerlo”, dijo en tácita referencia a la muerte clandestina y cobarde. “Eso fue la lápida”, explicó alguna vez Estela. “Si la mataron quiero recuperar el cuerpo, no quiero volverme loca como tantas madres buscando en cementerios y tumbas anónimas”, le pidió. Bignone le pidió apodos y todos los datos de Laura.
El 31 de diciembre de 1977 recibirían un anónimo donde les informaban que Laura estaba bien, en manos de fuerzas de seguridad y con su compañero. En abril del ’78, una mujer aterrada se acercó al negocio de Guido para transmitirle un mensaje de Laura. Le describió el lugar donde había estado secuestrada y le dijo que Laura estaba embarazada de seis meses, que daría a luz en junio y si era varón lo llamaría Guido. Buscarlo en Casa Cuna fue el último pedido de Laura. Lejos de imaginar el plan sistemático, Estela se alegró de saber que su hija vivía y esperaba un hijo y empezó a tramitar la jubilación para poder criar al nieto. Todavía tenía la ilusión de que la iban a liberar o a poner a disposición del Poder Ejecutivo. Leía cada día las listas de presos a disposición del PEN con la esperanza de ver el nombre de Laura, mientras buscaba a Guido en Casa Cuna como le había pedido. Fue entonces que se acercó a Licha de la Cuadra y a Abuelas, donde se alegraron de contar con una docente que escribía cartas y documentos de un tirón con prolijidad. Las gestiones comenzaron a ser colectivas y llegaron las marchas. En Plaza de Mayo, entre caballos y militares, temblaba como una hoja, contó alguna vez.
El 25 de agosto de 1978 los Carlotto fueron citados a una comisaría de Isidro Casanova para entregarles el cadáver de Laura. Estela no dudó en asociar el hecho con Bignone. “Un torcido gesto de honor podrido”, diría años después. En 1980, en San Pablo, en una visita del Papa, una sobreviviente le habló de una tal Rita, que había sido madre de un varón y a quien en teoría habían liberado. Cuando le dijo que el padre tenía un negocio de pinturas, supo que hablaba de su hija y le explicó que la habían matado. Luego aparecería un conscripto que había sido testigo de un nacimiento en el Hospital militar Central y otra pareja de sobrevivientes que también había visto a Laura. En 1985 hizo exhumar el cuerpo y los antropólogos confirmaron que había tenido un bebé.
La causa ya era colectiva: la búsqueda no era sólo por Guido. Con Chicha Mariani impulsaron las primeras campañas internacionales. La lucha de Abuelas la llevó a recorrer el mundo. Desde entonces todo fue militancia, creatividad ante la adversidad, idear estrategias para recibir pistas de los chicos robados, para contactarlos, para buscar indicios de sus orígenes, producir materiales para denunciar en todos los ámbitos y judicializar casos con la esperanza de la identificación y la restitución. Todo mientras daban pelea contra la historia oficial que durante años equiparó a los desaparecidos con el demonio mismo. Carlotto recibió innumerables premios, distinciones y doctorados honoris causa. Su nombre asociado a Abuelas se mencionó una y otra vez entre los candidatos al Premio Nobel de la Paz. Hasta una película cuenta su vida, que ayer sumó su capítulo más importante, lo que ella llamó “el premio para todos los que no dejamos de buscar”: el encuentro con Guido, por el que peleó durante 36 años.
Fuente: Página/12

miércoles, 30 de julio de 2014

Sos un antisemita, sabelo.



Y ningún argumento servirá para contradecirlo...

Si las partes sobre las que versara la reflexión fueran, supongamos, los Estados Unidos y Granada, o la Triple Alianza y Paraguay,  o el Imperio Otomano y los armenios, en cualquiera de estos casos emergería fácil el repudio. La balanza se inclinaría sin dudas ni atenuantes a favor del más débil, del que soporta la agresión, del que sufre la masacre en su territorio invadido. Se volcarían sin pudor las condenas y no existiría ninguna obligación de dar razón ni excusas por la parcialidad.     

Sin embargo, cuando en el debate aparecen el Estado de Israel y el Pueblo Palestino (sin Estado), a pesar de la notoria asimetría de fuerzas, la cuestión se dificulta. Sin dudas esto es la prueba más contundente de que el “Escudo de Acero” más eficaz con que cuenta el primer protagonista, consiste en cosificar a cualquier crítico de sus políticas, fulminándolo con la calificación de antisemita, y enrostrarle una genérica responsabilidad en su trágica historia o (peor) en un hipotético futuro que la reedite.  
  



Un escudo ideológico trabajosamente construido desde que quedara en evidencia que David había dejado de serlo, para transformarse en la filial de Goliat en el Medio Oriente, como quedara explicitado en la Guerra de los Seis Días (1967) y en todo conflicto bélico o retorsión militar que la sucedieron. La evidencia del poderío militar incomparable en la región, la autosuficiencia defensiva y la permanentemente amenazante capacidad ofensiva del Estado de Israel, tuvieron el efecto de empezar a desvanecer el sentimiento de culpa que (con justicia) se  instaló en los pueblos de occidente, producto de la irresponsable despreocupación (cuanto menos) con que actuaron (o se abstuvieron de hacerlo) mientras el régimen nazi enderezaba sus acciones al exterminio del pueblo judío. Y no me refiero sólo a la ausencia o debilidad de condenas, sino también al retaceo de colaboración a la hora de colaborar con aquellos que intentaban escapar a la condena a muerte masivamente impuesta (1).      
Hace un mes, escuchaba a Eduardo Jozami disertar sobre las variadas formas “politización de la memoria”, hacía referencia al caso argentino, y lo comparaba con los procesos españoles y judío (entre otros). Respecto a este último señalaba que la centralidad de la rememoración, durante las primeras décadas de post guerra, radicó en la heroicidad de la resistencia en el Gheto de Varsovia. Luego, afirma Jozami, se inclinó el eje hacia la trascendencia del Genocidio, de la Shoá. A la vista de los recientes acontecimientos, sería fácil establecer un paralelismo entre la situación sufrida por los judíos del Gheto y la actual de la Franja de Gaza, por lo que cualquier mal dispuesto podría creer en la inconveniencia de mantener demasiado vívido ese retazo de la memoria.
En respaldo de aquella afirmación encontramos que en 1978 es establecida por Jimmy Carter la “Comisión Presidencial del Holocausto”, sobre cuya base el Congreso de EEUU autoriza la construcción del Museo del Holocausto en Washington D. C., primer eslabón de una larga cadena de “Memorials” que se extendieron rápidamente por el mundo.  En la página web del museo encontramos que su finalidad no es sólo mantener vivo el recuerdo del genocidio ocurrido durante el nazismo, sino también “enfrentar el antisemitismo”  entendido como “prejuicio contra los judíos u odio hacia ellos”. Idea que claramente deja fuera del objeto de la institución combatir toda otra forma de prejuicio u odio racial, religioso, étnico, de género o político que han sido frecuentes inspiradores de crímenes genocidas, excluyendo asimismo a otros pueblos semitas no-judíos (por ejemplo, a los palestinos o árabes en general). En cambio, sí podemos encontrar sentencias que aplican al término antisemitismo, malversando su sentido original, a cualquier crítica a las políticas israelíes respecto a los palestinos, tales como "El presidente de Venezuela acusó a Israel de intentar un “genocidio” contra el pueblo palestino".

Lejos de mi intención está restar mérito a la importancia que este recurso tiene a la hora de mantener viva la memoria de los acontecimientos sucedidos durante el nazismo, o desconocer la magnitud del mismo como fuente de conocimiento, de estudio o herramienta de divulgación y prevención. Como tampoco pretendo ignorar la existencia de núcleos de pensamiento, de acción y de propaganda que siguen estigmatizando y satanizando “lo judío”.

Pero no puedo eludir relacionar la  iniciativa con una respuesta al planteo de un brote de “nuevo antisemitismo” (o “judeofobia”) que se afirma estalló a posteriori de la Guerra de los Seis Días ocurrida en 1967, y se fue incrementando con los sucesivos éxitos militares israelíes (como Yom Kipur - 1973) y las sucesivas arremetidas (y colonización) sobre los territorios reservados en 1948 a la población palestina. La expansión territorial, la evidente asimetría militar del estado de Israel (alimentada desde  los EEUU, Inglaterra y Francia) respecto a sus vecinos, y la opresión y el desplazamiento sufridos por los palestinos argumentando razones defensivas, sustituyó en la opinión pública internacional la imagen de estado débil rodeado de enemigos por la de una superpotencia militar que sirve de cabeza de playa para los intereses occidentales. La invocación recurrente de la tragedia común sufrida en el pasado, y la alerta permanente sobre una hipotética reiteración del intento de eliminación de la raza (que progresivamente se fue confundiendo y asimilando con el intento de eliminación del estado de Israel), puede ser vista entonces como un elemento disciplinador de consciencias críticas al accionar del estado Israelí.

Esta realidad no pasó desapercibido para intelectuales de indubitable alineamiento con la causa judía. En su ensayo “Ser Judío” en 1967 León Rozitchner se preguntaba “¿Qué extraña inversión se produjo en las entrañas de ese pueblo humillado, perseguido, asesinado, como para humillar, perseguir y asesinar a quienes reclaman lo mismo que los judíos antes habían reclamado para sí mismos? ¿Qué extraña victoria póstuma del nazismo, qué extraña destrucción inseminó la barbarie nazi en el espíritu judío? ¿Qué extraña capacidad vuelve a despertar en este apoderamiento de los territorios ajenos, donde la seguridad que se reclama lo es sobre el fondo de la destrucción y dominación del otro por la fuerza y el terror?”.

El mismo autor, en 2006, elige un párrafo de la misma obra (ratificando su plena vigencia),  para comenzar un artículo publicado por Página 12  en ocasión de otra ofensiva israelí sobre Gaza: “No tomo partido sólo por el pueblo palestino sino también por el pueblo judío. Reafirmo al mismo tiempo que la situación histórica de los judíos, que culminó durante el nazismo en el aniquilamiento, hizo necesario que también los judíos fueran una nación más entre las naciones del mundo: ése es el derecho moral irrenunciable, es cierto, del pueblo judío. Pero este hecho también impone necesariamente a los judíos respetar la vida de otros pueblos como ningún otro pueblo puede quizá sentirlo. Al hacerlo estoy planteando mi derecho a seguir siendo un judío argentino sin avergonzarme de serlo frente a lo que está también haciendo de nosotros el Estado de Israel en Palestina: si cumple su mandato ético e histórico o sirve a otros designios extraños a nuestra propia historia milenaria”. El artículo concluye con una acusación a la derecha que gobierna Israel: “Para hacer lo que hacen en Palestina los judíos que están en el poder deben mantener el secreto moral del origen de su derecho a una patria y prolongar allí los valores inhumanos de sus propios perseguidores milenarios... Debieron convertirse en cómplices de sus asesinos, no denunciarlos, ya no decir nunca más que el cristianismo y el capitalismo fueron sus exterminadores porque ahora ambos se habían convertido en su modelo y en sus aliados.

Ayuda para ilustrar la idea de “Nueva Alianza” expresada,  el hecho de que en el sitio del “Memorial” (o al menos la funcionalidad del parcelamiento de la construcción de significados), la versión que se replica de aquel famoso  poema de Martin Niemöller (habitualmente atribuido a B. Brecht), ha sido mutilada en su primer verso, aquel que dice “Primero (los nazis) vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista”. También ayuda esta relación de Norman Filkenstein (2): “la comunidad judía organizada norteamericana se olvidó rápidamente de la desquiciada declaración de Ronald Reagan en 1985, en el cementerio de Bitburg, cuando dijo que los soldados alemanes (incluyendo a los miembros de las Waffen SS) allí sepultados habían sido tan seguramente víctimas de los nazis como las víctimas de los campos de concentración. En 1988 Reagan fue galardonado con el premio al “Humanitario del Año” otorgado por una de las más prominentes instituciones del Holocausto, el Centro Simon Wiesenthal, por su “firme apoyo a Israel”; y en 1995 con la “Antorcha de la Libertad” por la pro-israelí ADL” (“La industria del Holocausto” 2000).

Norman Filkenstein, intelectual judeonorteamericano, explora la tesis de que el “Holocausto” está siendo explotado por fines políticos pro-israelíes y para financiar a los actores políticos, en desmedro de los verdaderos sobrevivientes: “Una vez reformulado ideológicamente, El Holocausto, demostró ser el arma perfecta para desviar la crítica de Israel... Lo más obvio es que la evocación de la persecución histórica permitió desviar la atención de las críticas actuales. Los judíos hasta podían hacer referencia al “sistema de cuotas” que habían padecido en el pasado como un pretexto para oponerse a los programas de acción afirmativa. Más allá de ello, sin embargo, el esquema del Holocausto concibió al antisemitismo como un odio gentil estrictamente irracional hacia los judíos. Excluyó la posibilidad de que la animadversión contra los judíos podría estar fundada sobre un real conflicto de intereses. El invocar al Holocausto fue, por lo tanto, una maniobra para deslegitimar toda crítica a los judíos: cualquier crítica sólo podía surgir de un odio patológico” (del mismo libro).

Sobre la construcción de esa desmesurada y éticamente desmoralizante ofendícula, es lógico concluir que se esperase que nadie cuestione que, sin investigación previa para atribuir responsabilidades ciertas, ni argumento de peso valedero, el asesinato de 3 jóvenes (en circunstancias nunca aclaradas y sin autor determinado) pueda ser tenida como argumento válido para justificar la impiadosa lluvia de misiles sobre la población civil palestina. Incluso resultaría aceptable que, desde las filas proisraelíes, se llegue a bastardear el significado del concepto “desproporción”. En respaldo, un prodigioso aparato de propaganda siempre estaría dispuesto a saturar de acusaciones de “antisemita” a cualquiera que se animara a levantar su voz en repudio a las políticas de apartheid, de ejecuciones sumarias, de detenciones “administrativas”, de bloqueo a ayuda humanitaria y sanitaria, de bombardeo a población civil, escuelas, hospitales e instalaciones de suministro de servicios básicos.

Así, en virtud de una extorsión sentimental, de un relato que victimiza al agresor, de la desnaturalización de los símbolos, de las palabras y de la apropiación de un legado universal,  el discurso de cualquier militante anticolonialista o antiimperialista que se solidariza con cualquier pueblo del mundo oprimido o agredido, o la reacción indignada de cualquier persona de buena voluntad frente a los asesinatos masivos de civiles indefensos, es estigmatizado, sin más, con la acusación de antisemita, lo que significa, lisa y llanamente, simpatizante de los genocidas, cuando el agresor tiene la particularidad de ser el Estado Israelí.

(1) Aludo, por ejemplo, a la Circular Secreta Nº11 de la Cancillería Argentina en 1938 (otra infamia de la década infame), que denegaba el acceso al país a migrantes declarados “indeseables” en su país de origen, término con el que el Reich había calificado a los judíos (entre otros) en la Ley de Desnacionalización de 1933. O a las exigencias formales exigidas por el Dpto. de Estado norteamericano para otorgarles la visa del país del Norte, como certificado de buena conducta expedido por la policía alemana o prueba de permiso para salir de Alemania (en 1939).

(2) Hasta donde sé, el primero en ser coronado por la comunidad judía organizada de EEUU con el singular mote de “judío que se odia a sí mismo”, el mismo que Sergio Szpolsky le dedicó recientemente a Pedro Brieger. Aquellos lograron que el académico perdiera su trabajo como docente universitario, Szpolsky todavía no. 

Fuente: Blog de Rucio

jueves, 24 de julio de 2014

De cliente a ciudadano coproductor

Economía colaborativa

Un nuevo modelo de producción, consumo y financiación propone reemplazar el concepto de posesión por el de acceso, para optimizar el aprovechamiento de los recursos en una sociedad de pares. Es una reacción al hiperconsumismo que recrea los lazos comunitarios, potenciados por internet y la cultura p2p. 



¿De qué sirve mantener un auto que se usa una vez por semana, pero cobra cuota, seguro, garage y patente cada mes? ¿Es razonable comprar esquíes para usarlos una vez y ponerlos a juntar polvo ocupando lugar durante años? ¿Por qué sacrificarse para acumular montones de cosas si en vez de disfrutarlas nos convertimos en sus esclavos?

  A partir de la crisis económica de 2008 y 2009, que derivó en crisis social y política, miles de ciudadanos de Europa y Estados Unidos empezaron a hacerse estas preguntas. ¿Qué sentido tiene esforzarse por comprar, para tirar y volver a comprar? Una preocupación financiera individual –cómo llegar a fin de mes– se unía con una social –reconstituir los lazos comunitarios– y una ecológica –cuidar los recursos no renovables del planeta reduciendo la huella de consumo. De la mano de movimientos como el comercio justo, la producción sustentable y la cultura libre, apareció en el horizonte la economía colaborativa, que propone reemplazar el concepto de posesión por el de acceso, y el de consumidor o cliente por ciudadano productor o proveedor en una sociedad de pares (p2p).


La idea es compartir, intercambiar, alquilar o comprar de segunda mano bienes y servicios, en vez de salir corriendo al shopping o el supermercado cada vez que se necesita algo. Además de ahorrar dinero y recursos se refuerza el sentido de comunidad, y pasamos a definirnos por lo que compartimos, en lugar de por las marcas que podemos pagar. Tener menos puede ser la clave para disfrutar más.

  Se habla de economía colaborativa, en colaboración, del compartir, de la red, de pares y p2p; también de consumo colaborativo. No son términos equivalentes, pero tienen un núcleo común: la intención de usar de forma más eficiente los recursos existentes para evitar más producción, gasto y contaminación, y también de fomentar el intercambio horizontal y descentralizado entre pares, minimizando al intermediario y las ganancias abusivas. Se busca un triple valor económico, ecológico y social.

De la aldea a los vecinos globales

  Esto no es nuevo sino tradicional: el mejor ejemplo de consumo colaborativo son las bibliotecas, donde se puede disfrutar de un libro sin poseerlo. Pero tendió a diluirse en la sopa individualista del último medio siglo: a medida que las ciudades crecían y el hiperconsumismo avanzaba, pedirle una herramienta prestada al vecino se fue convirtiendo en una excepción a la regla absurda de comprarla para usarla quizás una sola vez. Rachel Botsman popularizó el ejemplo del taladro: en Estados Unidos cada taladro se usa un promedio de 13 minutos en toda su vida útil.

“La idea es compartir, intercambiar, alquilar o comprar de segunda mano bienes y servicios, en vez de salir corriendo al shopping cada vez que se necesita algo”.


  Ahora, internet y las redes sociales le dan otra escala a las comunidades: ayudan a hacer visible y difundir lo subutilizado, simplificar los intercambios entre miles de personas, y también a acuñar la gran moneda virtual: la confianza entre extraños, basada en la reputación online. No es lo mismo subirse al auto de un desconocido –el viejo y conocido “hacer dedo”– que viajar con alguien a quien ocho amigos de Facebook calificaron como confiable.

  En realidad, el papel de internet va más allá de un salto de escala. Toda la cultura libre y abierta, basada en la circulación del conocimiento y la colaboración entre pares, se alimenta de la filosofía del software libre y la ética hacker, que pone el valor social por encima del económico. Internet es el espacio natural de la colaboración: puede verse en proyectos autogestivos como Wikipedia, un “pequeño emprendimiento que es el quinto sitio web más visitado del mundo”, construida por unos 71 mil editores voluntarios que se autorregulan.

  Algunos ejemplos de las plataformas de economía colaborativa más conocidas son Airbnb, el sitio global para alquilar habitaciones o departamentos entre particulares, que ya superó a la cadena hotelera Hilton en camas ocupadas; BlablaCar o Carpooling para compartir viajes en auto; y sitios de compraventa de bienes usados como eBay o Mercado Libre. También hay finanzas descentralizadas, con el modelo de Kickstarter para financiamiento colectivo o crowdfunding, y plataformas de préstamos de persona a persona que le están quitando público a los bancos; espacios de trabajo compartido o coworking, y todo un universo de producción colaborativa conocido como movimiento maker, que toma nuevo impulso con la impresión 3D. No es un fenómeno marginal: la revista Forbes estimó que en 2013 la economía colaborativa movió unos U$ 3500 millones solo en Estados Unidos.

  También hay toda una vertiente independiente del dinero, como la red de alojamiento gratuito Couchsurfing, las gratiferias donde todo se regala, los bancos de tiempo o las plataformas educativas como Coursera: lo que se conoce como economía del regalo o del don. Gran parte de estas iniciativas, con y sin pagos de por medio, están compiladas en el libro What’s Mine is Yours: the Rise of Collaborative Consumption (Lo tuyo es mío: el ascenso del consumo colaborativo), publicado en 2010 por Rachel Botsman y Roo Rogers.

  En Argentina hay  plataformas locales como Ideame (crowdfunding), Educabilia (cursos), Zukbox (alojamiento), Afluenta (préstamos), Carpoolear (viajes en auto) y muchas otras; se puede consultar una lista en el sitio el plan C. En mayo pasado, Buenos Aires fue el epicentro de la primera Semana de la Economía Colaborativa, organizada por Minka, que se celebró con 75 actividades en ciudades de América latina. Coincidió en el tiempo con el OuiShare Fest, una conferencia de tres días que reunió a los principales teóricos del movimiento en París, y la Sharing Spring, un abanico de eventos colaborativos en Estados Unidos, promovidos por la revista online Shareable.

Tensiones y debates

  Por supuesto que la economía colaborativa, entendida como intercambios descentralizados entre pares en busca de la optimización de los recursos y el bien común, no nació en 2008 en Europa. Acá mismo, en 2002 florecieron los clubes de trueque y el trabajo en red. Las cooperativas llevan todo el siglo XX desarrollando un modelo autogestivo como alternativa a la explotación capitalista. Y la producción campesina, sobre todo en América, se apoyó durante siglos en modelos de colaboración e intercambio, como la minga incaica, mucho antes de que el diccionario de negocios acuñara el término “sinergia”.

  Pero la economía colaborativa no es siempre sinónimo de cooperativismo ni de economía social: mucho dinero baila en las start-ups de Silicon Valley. En 2013, Google invirtió 366 millones de dólares en Uber, una plataforma para conseguir taxis conducidos por sus dueños, y Homejoy, para contactarse con personal de limpieza. La tradicional compañía de alquiler de autos Avis compró Zipcar, una plataforma de coches por horas, y Airbnb recibió más 120 millones de inversión. En Europa, BlablaCar acaba de recibir 100 millones de euros, y está migrando de un esquema gratuito a otro en el cual la plataforma maneja los pagos y se queda con cerca de un 10% por intermediación. En casi todos los casos, el modelo de negocio es cobrar una comisión por el servicio brindado por particulares.

  ¿Qué pasa cuando grandes corporaciones se convierten en accionistas de compañías colaborativas? ¿Existe un modo virtuoso de involucrar a las empresas en esta modalidad, o fagocitarán los beneficios de la horizontalidad? Nueva York, Barcelona y Berlín pusieron trabas legales a Airbnb para defender su industria hotelera. Casi en los mismos puntos, Uber enfrentó resistencia y generó huelgas de taxistas, que paradójicamente aumentaron su éxito. Los trabajos alternativos que este nuevo paradigma genera, como el alquiler de habitaciones, de coches o de tareas de forma autónoma, ¿vienen a ampliar el horizonte laboral, o a precarizar definitivamente el empleo con competencia desleal?


Esta nueva economía se mueve en zonas grises de la legislación, y los vacíos legales suelen desamparar a los más débiles. ¿Cómo legislar estos intercambios informales para prevenir conductas abusivas? ¿Cómo evitar el “collaborative washing”, donde la palabra “colaborativo” sirve como fachada para la explotación? ¿Qué rol queda a los estados en un esquema de autoorganización entre pares? ¿Cuál es la forma de hacer estos intercambios verdaderamente colaborativos y convertirlos en un camino hacia el bien común? ¿Cómo proteger a los analfabetos digitales de la exclusión?

El nuevo modelo viene cargado de debates. Pero viene. Tratado con criterio, puede ayudar a crear un mundo más responsable, más justo y horizontal, y, con suerte, más feliz.          
Fuente: Telam

lunes, 14 de julio de 2014

Acerca de la ocasión




Por Juan Sasturain
Un rasgo clave, que hace a la belleza y al interés del fútbol, reside en la dificultad que supone hacer un gol: es difícil, cuesta. Tienen que darse muchas cosas, sobre todo tres, solas o combinadas: virtudes del atacante, errores del defensor y cierta dosis del indefinible azar (el comportamiento del árbitro, entre otras). Los goles son los que determinan los resultados. Sólo ellos. Si lo sabremos.
Pero precisamente porque es difícil hacerlos se suelen computar, además de los goles, en una tabla más o menos equívoca que alimenta el devaluado “mereciómetro”, las llamadas ocasiones de gol. Es decir: la cantidad de veces que un equipo llega a esa instancia inminente durante un partido. Al respecto, uno de los criterios más válidos de evaluación de las virtudes de un equipo reside, precisamente, en dos cosas: una, que cree más ocasiones de gol que el rival; dos –y la más importante–, que concrete en goles un alto porcentaje de las ocasiones que genere. Y ahí es donde comienzan a operar, en el análisis, los tres factores intervinientes para que un gol se produzca, para que una ocasión se concrete: porque las ocasiones las produce, en general, el equipo, pero los goles los hacen o los impiden jugadores puntuales. Entonces es donde/cuando entra a tallar esa cosa tan difícil de definir que es la jerarquía, que redunda en la tan buscada eficacia.
Es obvio que es el doloroso desenlace de anoche lo que nos hace filosofar tan tonta, pajeramente: en el mereciómetro, tuvimos/creamos más oportunidades de gol que Alemania (variante uno) por virtudes del equipo, pero en el hecho de que no se hayan convertido en goles la variante principal no han sido virtudes del rival ni cuestiones de azar, sino la ineficacia propia (variante dos). Nada que decir, entonces. Si a la ocasión la pintan calva –por la dificultad de atraparla–, esta vez la hemos manoteado mal. Ya está.
Quedan para otra ocasión –perdonando la palabra– las reflexiones/discusiones acerca del plantel elegido y de la estrategia general de juego, las múltiples virtudes y las ocasionales defecciones. Además, ya hemos opinado al respecto largamente. La cuestión es que ha sido un Mundial muy bueno de Argentina y salimos del último partido con un equipo (sic: un equipo) mejor que el que llegó, con varios jugadores clave que estuvieron por encima de nuestras a veces mezquinas expectativas. Probablemente –bah, seguramente– lo que nos faltó fue, en el último tramo, ese plus que siempre teníamos con el mejor Messi y el Fideo fundamental. Pero no vamos a llorar por eso. Ni por nada.

Tal vez una lagrimita apenas porque se acabó el Mundial. Lo vamos a extrañar.
Fuente:Pagina/12