jueves, 10 de octubre de 2019

El progresismo ya no es lo que era


Si algo tiene de distinta la última versión neoliberal en Argentina, la de Macri, es que enamoró a amplios sectores de clase media, como el gobierno de Menem, pero también sedujo en su momento a muchos intelectuales progresistas que fueron enemigos de Menem en los '90, y que en 2015 llegaron a saludar a Cambiemos como una “derecha moderna”.
¿Cómo lo logró? En gran parte hay que atribuirlo a un enemigo común, el peronismo kirchnerista, que es tanto el fenómeno maldito de la sociedad burguesa que hoy hablamos de progres de derecha. En otras palabras, el peronismo de los primeros 15 años del milenio provocó reacciones no sólo en la oligarquía y en clases medias aspiracionales sino también en izquierdas y en gente frustrada de las izquierdas.
¿Qué clase de categoría es progres de derecha?
Lo define Nancy Fraser, que es una filósofa política y feminista estadounidense de quien acaba de publicarse entre nosotros el libro “¡Contrahegemonía ya!”.
En una conversación celebrada el año pasado con Shray Mehta, sociólogo de South Asian University, en Nueva Delhi, Fraser plantea que la agenda de justicia social de la izquierda fue secuestrada por lo que ella llama el “neoliberalismo progresista”. Y cree que, como solución, una economía política marxista matizada puede guiar a la izquierda para reconquistar a las masas con una agenda adaptada a nuestro tiempo.
El hindú le habla de lo que califica como “alarmante” ascenso de líderes populistas en el mundo, pero está pensando en los votos masivos que dieron triunfos a Trump, el Brexit, a Modi1o al Movimiento Cinco Estrellas en Italia.
Es decir, un populismo de derecha.
Y Fraser define que el populismo es síntoma de una crisis hegemónica del capitalismo --o, mejor dicho, de una crisis hegemónica de la forma específica que hoy presenta el capitalismo: una variante globalizante, neoliberal y financiarizada--.
Dice que este régimen capitalista financiarizado sustituyó al modelo anterior de capitalismo gestionado desde el Estado, y redujo las conquistas de las clases trabajadoras.
Afirma Fraser: “He llamado a este bloque 'neoliberalismo progresista'”. Como poder dominante, el neoliberalismo progresista se centró en los estados más poderosos del norte global, aunque hizo avanzadas en todas partes, incluyendo América y el Asia Meridional. Son ejemplos el Nuevo Laborismo de Tony Blair, el Nuevo Partido Demócrata de Clinton, el Partido Socialista en Francia y los gobiernos recientes del Partido del Congreso en la India.
¿Cómo identificarlos? Porque combinan políticas económicas regresivas y de cuño liberal con políticas de reconocimiento aparentemente progresistas. Su política económica se centra en el “libre comercio”, lo que significa, en realidad, el libre movimiento del capital, y en la desregulación de las finanzas, que da más poder a inversores, bancos centrales e instituciones financieras globales para dictarle políticas de austeridad al Estado por decreto y mediante el arma de la deuda (Lagarde en Argentina).
Mientras tanto, esta derecha seduce y gana reconocimiento con una comprensión liberal del multiculturalismo, el ecologismo y los derechos de mujeres y LGBTQ [lesbianas, gays, bisexuales, transgénero, queer].
Son plenamente compatibles con la financiarización neoliberal. ¿Por qué? Porque estas comprensiones son meritocráticas, esto es, no igualitarias. Orientando la discriminación, tratan de asegurar que unos cuantos individuos “con talento” de “grupos poco representados” --sólo unos cuantos-- puedan llegar a la cima de la jerarquía corporativa ¡y lograr puestos por los que les paguen como a los hombres blancos heterosexuales de su misma clase!
Lo que no se dice, en cambio, es que mientras esta minoría “rompe el techo de cristal”, todos los demás siguen atrapados en el sótano.
El reconocimiento ha funcionado como coartada del lado económicamente regresivo. Ha facilitado que el neoliberalismo se presente como cosmopolita, emancipatorio, progresista y moralmente avanzado --en oposición a unas aparentemente provincianas, retrógradas e ignorantes clases obreras--.
Muy bien, agrega Fraser: el neoliberalismo progresista fue hegemónico durante un par de décadas. Presidiendo grandes aumentos de la desigualdad; entregó una gran prosperidad principalmente al 1% más rico, pero también al estrato profesional directivo.
Quienes fueron atropelladas fueron las clases trabajadoras del norte, que se habían beneficiado de la socialdemocracia; los campesinos del sur, que sufrieron un renovado despojo por medio de deudas a escala masiva. Y también sufrió un creciente sector urbano sometido a la precariedad en todo el mundo.
Lo que se ha llamado populismo es una revuelta de estos estratos contra el neoliberalismo progresista. Votando a Trump, el Brexit, a Modi1o al Movimiento Cinco Estrellas en Italia han manifestado que no quieren seguir siendo corderos sacrificados en un régimen que no tiene nada que ofrecerles.
Y el liberalismo tiene una larga historia en lo que se refiere a intentar deslegitimar su oposición --estigmatizando a su oponente por ser, por ejemplo, “estalinista”, “fascista”, lo que sea--. Esto es sin duda lo que está ocurriendo en la actualidad con el término “populismo”.
Desde luego que Cambiemos ha sido una muy adulterada versión de aquel neoliberalismo progresista. Tienen mucho mayor impacto sus diatribas contra el populismo que sus escasos tintes “progres”, pero estos también forman el combo: el ambientalismo simbolizado por las bicisendas y vaciado por el rabino Bergman; el apoyo a Margarita Barrientos y sus comedores; la nueva mirada de género apenas esbozada al estimular el debate sobre la legalización del aborto, debate rápidamente abortado por Macri; las ideas de “libertad” y “República”, retóricas e insípidas pero útiles para descalificar al populismo peronista.
La naturaleza esencialmente retrógrada del modelo de Cambiemos, concebido casi exclusivamente para los grandes grupos de negocios, ha producido un colapso que deja a la intemperie a esos sectores progres que sucumbieron en 2015. Pero el ímpetu revulsivo del peronismo de la inclusión sigue siendo un factor de rechazo para estos liberales tardíos.
No cederán. En todo caso, emprenderán su viaje por el desierto, a la espera de un nuevo canto de sirena.
Fuente:Pagina/12

lunes, 7 de octubre de 2019

Ojo con el fraude, segunda parte


En medio de cierta euforia triunfalista –para esta columna desaconsejable y peligrosa– no son pocos los lectores que reclaman renovar advertencias ante la posibilidad de un nuevo fraude electoral por parte del Gobierno.
Desde ya que no hay ninguna evidencia de que lo haya habido el 11 de agosto pasado. Nadie puede asegurarlo. Pero tampoco desmentirlo. Y no son pocos los convencidos de que fue providencial que a la hora del conteo al gobierno le fallara la trampa preparada.
No se sabrá jamás si hubo verdaderos "problemas técnicos" o acaso un "hacker bueno" que les escupió el asado. Pero lo cierto es que cuando se les detuvo todo a las 7 de la tarde de ese domingo asombroso, el macrismo entero estuvo tres horas en pelotas –para decirlo en criollo– hasta que la presión de propios y extraños los forzó a divulgar y admitir los números verdaderos del comicio. Fue así como la paliza los dejó colita al aire.
¿Que ahora son sólo conjeturas? Ciertamente, pero harto probables. Y en base a las cuales conviene reencender todas las alertas para el ya inminente domingo 27 de este mes. Porque es seguro, y parece obvio, que van a reintentar el fraude. Mucho más difícil, claro está, pero recuérdese que estos tipos no se curan. No tienen moral, son estafadores seriales y han dado sobradas muestras de caradurismo de traje y corbata, de manera que es esperable cualquier nuevo intento de trampear la elección presidencial.
Cabe por lo menos preguntarse: ¿y si esta vez el software de Smartmatic "corregido" no falla? ¿Y si, aunque pierdan, se lanzan a esgrimir argumentos marrulleros para ensuciar la cancha? ¿Y si empañan el triunfo popular con recursos sucios, como estilan? Es por lo menos dudoso que sean buenos y dignos perdedores; nada de lo andado hasta aquí autoriza a pensarlo.
Veáse nomás el comportamiento de estos tipos en el gobierno, y de los ceos y mafiosos que los rodean, ahora mismo, en estas horas. Ya están inventando todo tipo de recursos para enturbiar, ensuciar, cuestionar, deslegitimar el casi seguro triunfo del Frente de Todos, o sea el triunfo de Alberto y Cristina. Ahí está el sincericidio de Elisa Carrió: "Nosotros vamos a decir ganamos, aunque no sabemos si ganamos”. Nadie la desmintió ni corrigió. Y véanse otras evidencias: las movilizaciones macristas son flacas, pero la prensa canalla las agranda. Se agita el gorilismo arcaico de fósiles y dinosaurios todavía activos y con dinero, decisión de lucha y resistencia. Por eso aunque todas las encuestas los dan perdiendo por paliza, los mentimedios no las publican. Y en cambio agrandan las poquísimas que "dicen" o "sugieren" que están creciendo y que sí habrá ballottage.
La última semana fue gracioso el esfuerzo de La Nación titulando en grande: "¿Qué chances hay de un ballottage? Simulá el resultado de las elecciones de octubre y verificá si habrá o no segunda vuelta entre Alberto Fernández y Mauricio Macri en función de tus previsiones. Redistribuí los votos de las PASO y obtené los posibles escenarios". Un método para ilusionar a su adelgazada tropa.
Ahí el charlatanaje televisivo juega a fondo, desde luego, ya recompuestos de las "autocríticas" oportunistas que balbucearon después del 11 de agosto y que por supuesto nadie les creyó.
La mentira, se sabe, no sólo es la esencia de comunicadores degradados. También es muchísimo el dinero que los conmueve, y demasiados los negocios que van a perder con el nuevo gobierno. Que es de esperar –todo hay que decirlo– que no cometa el error de creer en arrepentimientos camaleónicos como tantas otras veces. Basta recordar a los muchísimos empresarios y periodistas que siempre lamieron botas de milicos, pero rápidamente se reposicionaron en cada amanecer democrático.
Lo cierto es que con el fraude no se juega, y conviene no distraerse. Ni mucho menos negarlo, como todavía hacen algunos dirigentes. No hay que olvidar que la propia empresa Smartmatic asegura haber "corregido errores" y ahora garantiza "mejoras técnicas" para evitar demoras en la carga de los resultados; ni que ha sido ratificada por la Justicia Electoral para realizar el conteo; ni que a Smartmatic le paga el gobierno, por lo que no hay ninguna razón para descartar abominables tramoyas que alteren los resultados y desvirtúen o ensucien el triunfo electoral popular del 27.
El fraude sigue siendo posible porque no hay ninguna razón para confiar en el gobierno, en el voto electrónico ni en Smartmatic. En consecuencia es muy probable que con la audacia que ya mostraron en otras cuestiones salgan a proclamar falsos resultados, diciendo que "las mejoras técnicas funcionaron" y cosas por el estilo.
Van a intentarlo. Es demasiado lo que se juegan y el 27 es su última carta. Ahí está el "debate" entre candidatos, que será controlado por una selección de "moderadores" amigos, casi todos prebendarios del macrismo en los últimos tres años. Y lo harán en la ciudad de Santa Fe el domingo que viene, y en la Capital Federal el 20, no casualmente las dos grandes ciudades argentinas gobernadas por el macrismo duro.
La respuesta que cabe a todo esto es estar alertas, participar activamente en las fiscalizaciones, controlar cada telegrama y cada mesa, y salir a protestar masiva, democrática y pacíficamente si estos tipos llegan a ser capaces de seguir incendiando la república como lo vienen haciendo desde hace 1397 días de hambre y saqueo.
Fuente:Pagina/12

jueves, 3 de octubre de 2019

Hugo Yasky: "Necesitamos una central obrera unificada y fuerte"


Hoy sesiona el congreso de la CTA de los Trabajadores y aprobará el regreso de sus sindicatos a la CGT.
 
 
"El camino que fuimos forjando en estos casi cuatro años de enfrentar a este modelo económico fue acercando las posiciones que teníamos. Pero también participar en la construcción de una salida política como es el Frente de Todos, desde la Mesa de Acción Política del PJ, en la que participamos (uno de los secretarios generales de la CGT, Héctor) Daer, (el dirigente camionero, Hugo) Moyano, (el secretario general de SMATA, Ricardo) Pignanelli y yo, iba a decantar en un reencuentro en la central obrera", señaló a PáginaI12 el secretario general de la Central de Trabajadores de la Argentina, Hugo Yasky. Esta tarde realizarán un congreso en el que, después de 28 años de haberse retirado de la CGT para construir una central de trabajadores opuesta al neoliberalismo, quedará allanado el camino para integrar nuevamente la central obrera unificada. El acto se cerrará con el candidato presidencial del Frente de Todos, Alberto Fernández.
"Vamos a ir por la unificación de las CTA con la CGT. Hoy vamos a volver a la CGT, necesitamos una central obrera unificada y fuerte", destacó Yasky anticipando lo que será el cierre del Congreso que se realizará en el microestadio de Lanús a partir de las en el que los delegados y congresales de la central obrera de todo el país votarán el reingreso a la CGT. "Es un mandato que ya fue discutido y debatido en las distintas regionales que integran la CTA", aseguró y agregó que "van a participar más de trece representantes de centrales obreras del mundo, además de integrantes de la CGT, la Corriente Federal de Trabajadores, intendentes bonaerenses y dirigentes políticos de distintos partidos".
La CTA se formó en 1991, a partir de que los dirigentes de la CGT comulgaron con el entonces presidente Carlos Menem. A esa altura ya se sabía que el riojano no traía bajo el brazo la revolución productiva y el salariazo como había prometido en su campaña de tinte peronista, sino el neoliberalismo de laboratorio importado de Estados Unidos y las grandes potencias mundiales que promovían el concepto del fin de las ideas con la caída del capitalismo dos años antes. El acuerdo con los dirigentes de la CGT era beneficios para algunos dirigentes a cambio de silencio e inacción frente a la flexibilización laboral, la venta del patrimonio nacional con la privatización indiscriminada de las empresas estatales, y una reforma del Estado que dejó a miles de trabajadores en la calle. Con el estatal Germán Abdala a la cabeza, un grupo numeroso de sindicatos abandonaron la CGT para enfrentar las políticas del menemismo.
"Entendimos que si (el presidente Mauricio) Macri continuaba un mandato más el movimiento obrero era el que más iba a sufrirlo. Empezamos a compartir espacios en la calle donde enfrentamos juntos la reforma previsional, los intentos de la reforma laboral y los despidos. Ese camino fue construyendo los lazos con los que hoy vamos al Congreso de la central", aseguró el dirigente sindical que es docente y fue secretario general de Ctera durante años. "En América Latina y el mundo las centrales obreras sufrieron un proceso de atomización y fractura del que Argentina no es ajeno.  Una central obrera que nos exprese a todos, que se fuerte y unificada es la mejor manera de enfrentar esta situación", detalló el diputado de Unidad Ciudadana. En la sesión del Congreso se ratificarán las mociones en las que se apoya a la fórmula del FdT integrada por Alberto Fernández y Cristina Kirchner, además del regreso a la CGT.
Para el acto de cierre se espera que hablen los candidatos a intendente de Lanús, Edgardo Depetri, dirigente sindical que fue secretario de Organización de la CTA, la fórmula del FdT para gobernar la provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof y Verónica Magario, y el cierre final quedará en manos del candidato presidencial del FdT. Además entre los invitados se encuentran Máximo Kirchner, unos treinta intendentes bonaerenses entre los que figura el presidente del PJ de la provincia de Buenos Aires, Fernando Gray, además del presidente del PJ nacional, Jorge Luis Gioja . Hugo y Pablo Moyano también estarán, además del líder de la Corriente Federal de Trabajadores, el bancario Sergio Palazzo, y el secretario adjunto de SMATA, Mario Roberto Manrique, entre otros.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Lula y Cristina, Alberto y Haddad: contrastes de dos experiencias sucesorias

Por Pablo Papini
Fuente:ramble tamble
La deriva brasileña desde el estallido del Lava-Jato es un elemento muy presente en los análisis, diagnósticos y definiciones de Cristina Fernández de Kirchner. Ella siempre ha interpretado al proceso que terminó con Jair Bolsonaro en la presidencia del país vecino como un espejo que podría adelantar el futuro argentino. Sobre todo, claro, por el encarcelamiento de Lula da Silva, a quien ubica junto a Rafael Correa y a sí misma en un grupo objeto de persecución aleccionadora de los procesos populares, destinado a revertir los avances que conoció la región en el comienzo del siglo XXI. Pero también por el peligro de que emergiese una variante aún más ultra que la encabezada por Mauricio Macri luego de su fracaso, que acertó en pronosticar, ante una posible frustración con el sistema de partidos tradicional si se lo juzgaba incapaz de producir resultados satisfactorios. Nuestra democracia, es cierto, cuenta con otros resortes para repeler dichos peligros. Pero asimismo es verdad que en esta elección han aparecido opciones corridas hacia el extremo derecho del arco ideológico que se hacen eco de la decepción que en varias franjas de esa familia se siente respecto del gobierno CEO, y que el propio Presidente y otros, como su compañero de fórmula en la empresa reeleccionista Miguel Pichetto y Patricia Bullrich (otra que fuera mencionada para esa candidatura), coquetean cada vez más frecuentemente con el bolsonarismo discursivo.
La lección más influyente de todas las recogidas del caso Brasil, sin embargo, es la de la designación del reemplazante de Lula en la boleta presidencial 2018, cuando el jefe del partido de los trabajadores fue encarcelado y debió resignar su postulación. Donde algunos creyeron ver el argumento más poderoso para descartar cualquier alternativa a CFK, “porque esto prueba que la copia no vale lo mismo que el original”, tanto ella como Alberto Fernández (para entonces ya llevaban casi un año de reconciliados) entendieron que el problema con Fernando Haddad estuvo en los modos y en los tiempos del nombramiento.
Quizá nunca se sepa con exactitud cuándo Cristina tomó la decisión de correrse y designar a Alberto, pero es muy probable que haya sido antes del día que presentó su libro Sinceramente en la Feria del Libro, en la Sociedad Rural Argentina, cuando lo ubicó en primera fila (el único en ese sitio entre los dirigentes que asistieron). Reconocimiento por haber sido quien le dio la idea de escribir ese texto. Minutos después, lo galardonó con la mención más destacada de la tarde-noche. Aquella jornada comenzó la transfusión de votos kirchneristas duros mediante esa muestra de afecto. Una semana más tarde, cuando se hizo el anuncio, faltaba todavía más de un mes para el cierre de listas, en los que el Frente de Todos creció y ganó solidez.
Cuando el Fernández varón repite que el gesto debe ser valorado porque la senadora habría ganado igual, más que un halago, está soldando como concepto que se trató de una jugada que no surgió como último recurso desesperado, sino como el mejor en una paleta de varios posibles. Lula, en cambio, aún ya dentro de la celda siguió intentando estar en la boleta del PT. Entre otros ingredientes, el plan b del viejo líder obrero careció de tiempo de horneado.
Aunque ambos son profesores universitarios, y más allá del parentesco ideológico, Alberto y Haddad se parecen poco y nada. Es difícil imaginarse al argentino, un roscaholic hecho y derecho que se expande por toda la botonera del poder con comodidad, transmitiendo la imagen que dio el brasileño al día siguiente de su derrota contra Bolsonaro en el balotaje, yendo a dar clases como un día más, aun cuando sigue con su cátedra de Derecho Penal en la UBA mientras encabeza una campaña presidencial. El dos veces jefe de gabinete es de otra estirpe, una para la cual el día posterior a una caída es el primero de la revancha. Para Fernández, la política es full life, independientemente de resultados y/o de cargos.
Ahora cosecha los frutos de lo que vino sembrando desde que una tarde de diciembre de 2017, mientras las fuerzas de seguridad del macrismo respondían con palos y gases a las protestas de dirigentes y pueblo contra el ajuste jubilatorio enviado por Macri al Congreso, se acercó al Instituto Patria, ubicado a pocos metros del desastre, para reconciliarse con su antigua amiga, luego de casi diez años de distanciamiento. De ahí en más, funcionó como operador primerísimo de la unidad del peronismo en nombre de Cristina, a quien le correspondía la iniciativa por ser quien individualmente más votos propios posee y por los reparos que muchos guardaban para con ella por la cerrazón que vieron de su segundo período en Casa Rosada.
Los vínculos con el justicialismo, el diálogo con empresarios y jueces, la vocería mediática e incluso la agenda económica. Todo pasaba por Alberto, como un ministro coordinador de oposición, pero yendo todavía más allá: con poder de decisión en la mesa cristinista, que pasó a ser de dos porque la presidenta mandato cumplido comprendió que sola no podía, e incorporó en consecuencia a un alter ego de lujo, que sin demora comenzó a desplegar todas sus artes en materia de armado. Cuando al final del camino le tocó ponerse al frente de la arquitectura, lo hizo con la naturalidad de quien había estado en el corazón de su diseño.
Fernández es ideal para conducir la herramienta adecuada a la vuelta de página que se impone porque pensó, probablemente antes que nadie, que en los tiempos que se vienen el país precisaba, más que una receta económica, una coraza política.
Un par de ejemplos: la noche de la derrota del candidato a gobernador del peronismo en Río Negro, en diálogo con C5N en vivo durante el conteo de votos, estuvo astuto para, rápidamente, señalar que al interior de Juntos Somos Río Negro, el partido provincial del mandatario local Alberto Weretilneck que se estaba imponiendo cómodamente dejando al macrismo tercero, había muchos que nacionalmente se expresarían por la opción justicialista. Y el involucramiento mayor al esperado en campaña de los gobernadores de Entre Ríos, Gustavo Bordet; y de Santa Fe, Omar Perotti, responde a la oportunidad que les brinda el vacío dejado por su par cordobés Juan Schiaretti (ídem para muchos de los intendentes de La Docta), con quien comparten la región centro. Fernández interviene sobre esos detalles con la ventaja de conocerlos de memoria, obsesivo como es de la articulación de partes.
Con nada de esto contaba Haddad a la hora de convertirse en candidato, y no es algo menor. No muchos lo saben, pero allá lejos y hace tiempo, en el amanecer del macrismo, Alberto les confesaba a algunos pocos que se pondría a trabajar en la reunificación del peronismo con la expectativa de terminar donde hoy está. En algún momento de ese recorrido, desistió, aconsejado por amigos que le dijeron “si vos armas, no vas a poder ser “. No contaban con el guiño final de Cristina, a quien el vencedor de las recientes PASO intentó aproximarse primero vía la candidatura senatorial de Florencio Randazzo en 2017, que quiso tramitarse, recordemos, vía primarias. La negativa de la jefa de Unidad Ciudadana y la derrota con la que Cambiemos parecía adueñarse del país prohijaron el “con Cristina, no alcanza; sin Cristina, no se puede”, desde el que se disparó la poderosísima construcción del FdT.
Por último, a diferencia de Haddad, con cuya postulación no se consiguió el acuerdo con Ciro Gomes que habría sido vital para el PT, el encumbramiento de Fernández fue, precisamente, el eje central de una avalancha de adhesiones a la ruta que venía señalando la dupla que el 11 de agosto reunió el 49,5% de los votos. Debe destacarse también, en este sentido, la responsabilidad con que, luego de varias aventuras, actuó esta vez Sergio Massa, quizá el símbolo más potente de la unidad, el mejor valor que le aportó, más aún que el cuantitativo.
Si es cierto que el gobierno de Macri es tan dañino, con su deriva irracionalmente dogmática al FMI en una fuga hacia adelante que persigue ciegamente llegar a la fecha de la elección como exclusivo horizonte (lo que amenaza con llevarse puesto todo), debe destacarse que, en esta oportunidad, nuestra dirigencia política, tan castigada a veces (muchas de ellas con justicia), estuvo a la altura del desafío, superando diferencias y antiguas mezquindades.
En efecto, de confirmarse, el del 27 de octubre sería, en esencia, un triunfo de la más pura tradicionalidad de la política. De la rosca y la negociación bien entendidas. Puestas en función de darle soporte a un universo de ideas distinto que saque al país de su enésima crisis. La política como antídoto de un proyecto que pretendió negarla, reformulándola de raíz.
Orgulloso de su condición de político de carrera, Alberto era número puesto para guiar el giro.

martes, 1 de octubre de 2019

Los gremios de la CTA de los Trabajadores preparan su vuelta a la CGT


"Vamos a iniciar las tratativas para reunificar el movimiento sindical", dijo Hugo Yasky. El objetivo, agregó, es fortalecer al movimiento obrero después de los embates sufridos durante el gobierno de Macri.
Imagen: Télam
La CTA de los Trabajadores comenzará las tratativas para unirse a la CGT. El jueves, durante el congreso nacional de la CTA liderada por Hugo Yasky, que se realizará en el microestadio de Lanús, se anunciará oficialmente la decisión. En diálogo con PáginaI12, Yasky expresó que “los representantes de todas las provincias van a llevar un mandato al congreso para facultar al consejo ejecutivo y de ese modo poder iniciar las tratativas para reunificar el movimiento sindical, con la decisión de la CTA de ingresar con sus organizaciones sindicales en la CGT”. Por ahora, la definición no se extenderá a otras ramas de la central: Pablo Micheli, secretario general de la CTA Autónoma, se mostró en desacuerdo con la iniciativa, a menos --dijo-- que la conducción de la CGT esté a cargo de "alguno de los compañeros o compañeras que encabezaron la resistencia al ajuste del gobierno de Mauricio Macri".
El motivo por el cual los sindicatos de la CTA de los Trabajadores quieren volver a formar parte de la CGT, a casi treinta años de su ruptura, “tiene que ver --explicó Yasky-- con la Argentina que pasó, es decir, la de los cuatro años de ajuste, la que atacó a los trabajadores, la que intentó avanzar con la reforma laboral, privatizar la jubilación, y la que tiene índices de pobreza cercanos a los de países africanos". Según el dirigente, "ese escenario nos fue planteando la necesidad de fortalecer el núcleo de lo que fue la resistencia social a las políticas de Cambiemos durante estos años: el movimiento sindical”.
Para Yasky, la necesidad de la unidad se da en el contexto de un debilitamiento de los procesos democráticos en la región: “En América Latina ha habido grandes retrocesos y todo tiene su explicación en la atomización y fragmentación que promovieron gobiernos de derecha y neoliberales”, dijo. “En ese sentido, mirando lo que fueron estos últimos años de gestión neoliberal, no queremos que nos vuelvan a decir ‘los une el espanto’”.
Sobre el posible triunfo del Frente de Todos en las próximas elecciones, Yasky planteó: “Queremos que nos una la voluntad de construir un protagonismo de la clase trabajadora. Los tiempos que vienen van a ser de disputa política intensa y por eso tenemos que tratar de ser capaces de constituir una fuerza sólida, con una propuesta consistente, para que el gobierno de Alberto y Cristina Fernández sea fuerte. Eso es lo que va a necesitar toda la sociedad y el pueblo trabajador”, agregó.
En el cierre del congreso nacional de la CTA de los Trabajadores estarán presentes el candidato a presidente por el FdT, Alberto Fernández; así como los candidatos a gobernador y vice de la Provincia de Buenos Aires, Axel Kicillof y Verónica Magario, y el diputado Máximo Kirchner. También participarán dirigentes de la CGT y de los movimientos sociales, como Hugo Moyano, quien asumió la semana pasada su octavo mandato como titular de Camioneros; Sergio Palazzo, secretario general de la Asociación Bancaria; Víctor Santa María, titular del Suther, y Facundo Manrique, dirigente del Smata. Según explicó Yasky, todos ellos son representantes de “sectores con los que venimos trabajando en escenarios complejos y en distintos episodios de unidad en la acción y que por supuesto están de acuerdo con esta decisión de unificación de las centrales”.
Desde la CTA Autónoma, Pablo Micheli dijo que no está de acuerdo con llevar adelante un proceso de unidad “si quienes van a conducir el proceso son los mismos que hace unos años atrás le estábamos diciendo ‘poné la fecha’”. "Que la CTA pierda identidad para ir a una unificación en la que se impongan las políticas dubitativas y posibilistas como las que han tenido 'los gordos' durante el gobierno de Macri no nos parece correcto, más allá de que vayamos a tener un gobierno nacional y popular por el que incluso hemos peleado", definió Micheli, en diálogo con este diario.
"Queremos en todo caso discutir cómo se conformaría la conducción de ese reagrupamiento. Y ni hablar de que sea -Héctor- Daer o alguno de 'los gordos', porque eso significaría una domesticación". Sin embargo, el dirigente de la CTA-A aclaró que "si la conducción es de alguno de los compañeros o compañeras que encabezó la resistencia al ajuste de Macri nosotros participaríamos con gusto". Finalmente, subrayó que asistirá al congreso de la CTA el jueves ya que es una tradición y porque fue invitado personalmente por Yasky. "Vamos a acompañar --dijo--, al margen de la decisión que ellos van a tomar y que obviamente vamos a respetar."
Informe: Melisa Molina.
Fuente:Pagina/12

El "Milagro de China", una oportunidad para América Latina


La República Popular China celebra los 70 años de su fundación. 
La República Popular China celebra los 70 años de su fundación.  
Imagen: AFP

Cuando la comunidad latinoamericana e internacional felicita a la República Popular China, la Nueva China, por los enormes logros alcanzados desde su fundación hace 70 años, en general se pregunta: ¿De dónde viene China y a dónde irá? ¿Qué tipo de mundo está promoviendo China? ¿Cómo se llevará con el mundo?
En respuesta a estos problemas, el gobierno chino publicó el viernes pasado su primer libro blanco integral "China y el mundo en la nueva era". Utilizando ejemplos y datos, revisó exhaustivamente los logros del desarrollo y las importantes contribuciones al mundo. Expuso de manera integral y sistemática las relaciones de China con el mundo, respondió a las principales preocupaciones de la comunidad internacional y declaró claramente que China siempre ha sido firmemente constructor de la paz mundial, contribuyente al desarrollo global, defensor del orden internacional, demostrando la sinceridad, la determinación y la responsabilidad de un gran país,
En el curso del desarrollo humano, 70 años es solo una gota en el océano, pero para la Nueva China, significa un gran cambio. El pueblo chino se ha apoyado en la autosuficiencia y el trabajo duro, y ha experimentado décadas en el proceso de desarrollo que los países desarrollados han experimentado durante cientos de años, creando un milagro de desarrollo sin precedentes en la historia humana e inyectando energía positiva en la paz y el desarrollo mundial. El libro blanco revisa con orgullo la historia de la fortaleza económica del país, la mejora de la calidad de vida de las personas y la influencia significativa del estatus internacional desde el 18° Congreso Nacional del Partido Comunista de China, señalando que China ha crecido interactuando con el mundo, promoviendo la paz y el desarrollo mundial.
China, como país de gran escala, avanzará hacia la modernización de manera pacífica, lo que inevitablemente traerá una influencia general al mundo. En este sentido, el libro blanco se ha elaborado tanto sobre el concepto de desarrollo como sobre la acción real.
En primer lugar, China se ha embarcado en un camino adecuado para su propio desarrollo. La elección del camino es crucial para el éxito o el fracaso de un país. En los tiempos modernos, muchos países en desarrollo han llevado a cabo arduas exploraciones al respecto y algunos han copiado el modelo occidental, pero tal vez este modelo no corresponde con sus características locales y esto ha causado serios problemas económicos y sociales. Bajo el liderazgo del Partido Comunista de China, la Nueva China ha encontrado un camino de desarrollo correcto para el socialismo con características chinas.
Otro aspecto de la historia de 70 años de la Nueva China ha sido acompañado por una "teoría de la amenaza de China". En este sentido, el libro blanco señaló que este argumento tiene malentendidos cognitivos, prejuicios profundamente arraigados, desequilibrios psicológicos causados por el crecimiento del poder y distorsiones deliberadas para salvaguardar sus propios intereses.
"Cuando el mundo es bueno, China puede ser buena; cuando China es buena, el mundo es mejor". Esta es la verdad que ha demostrado la práctica de desarrollo de China en los últimos 70 años, y también es la tendencia de los tiempos. No importa cómo cambie la situación internacional, no importa cómo se desarrolle, China nunca buscará la hegemonía, nunca se expandirá, nunca buscará la esfera de influencia, y estará decidida a contribuir a construir un mundo mejor.
Desde la fundación de la Nueva China, las relaciones con América Latina están sin duda en su mejor momento. En los últimos años ha aumentado la cooperación comercial, financiera, tecnológica, educativa, y con los años seguramente la cooperación será cada vez más profunda.
En los últimos años más países latinoamericanos establecieron relaciones diplomáticas con la República Popular China como ser Panamá, República Dominicana y El Salvador.
A pesar del gran avance en las relaciones, sabemos que esto no es fácil ni sencillo debido a las grandes distancias geográficas, diferencias culturales y al desconocimiento mutuo que todavía aún persiste.
Pero el crecimiento de las relaciones ha sido rápido y constante. Por ejemplo desde la entrada de China en la Organización Mundial del Comercio (OMC), las exportaciones latinoamericanas a China han pasado de representar un 1,5 % del total en 2001 a un 10 % en 2017. Y con respecto a lo educativo, es considerable el aumento de la cooperación entre universidades que permiten que en un futuro cercano haya más intercambios de alumnos, docentes y de investigadores. Cada vez más latinoamericanos estudian el mandarín en China a través de becas de grado y postgrado para cursar en China, como el crecimiento de chinos que estudian español, habiendo al día de hoy casi 90 universidades que lo enseñan en todo el país.
China debe ser vista como una oportunidad y no como una amenaza para América Latina y el mundo, el avance del país en estos 70 años lo ha demostrado.
Yin Xiaotong es Directora del Departamento de Español de la Radio Internacional de China
Fuente:Pagina/12

lunes, 30 de septiembre de 2019

El agotamiento de un modelo

Mauricio Macri, durante la conferencia de prensa que brindó tras las PASO
Mauricio Macri, durante la conferencia de prensa que brindó tras las PASO
Los resultados de las elecciones primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO) corrieron “un velo”. Quedaron expuestos modelos económicos históricamente antagónicos. Muchos de los votantes lo entendieron porque nunca perdieron de vista a la economía; otros reflexionaron seriamente y hoy contemplan con gesto adusto el malestar social; un tercer subgrupo “politizado y mediatizado”, apelaron al monólogo ante las cámaras, desplegaron un acting y se horrorizaron; el resto, por el contrario, se mantuvo inamovible en su posición (más de un lado que del otro). Mientras se producía este cambio express en la matriz de pensamiento del votante, el mercado ingresó en “modo sobreactuación” arrojando disparatados valores cambiarios y financieros basados en “discursos demodé” que anticipaban, por ejemplo, inminentes avances del comunismo y planes de expropiación y estatización si se modificaba la conducción política del Estado (recursos comunicativos típicos de los tiempos de la Guerra Fría entre Estados Unidos y URSS).
¿Qué teorías pugnaron hasta las PASO? De un lado se ubicaron quienes “timonearon el barco de la política económica”. Eliminando las regulaciones de la actividad productiva y fomentando la inversión en construcción y la oferta exportable, se suponía que automáticamente habría empleo, crecimiento y desarrollo económico. Por motivos exógenos (el impacto de la economía internacional) pero, principalmente endógenos, originados en errores de diagnóstico, un deficiente timing en la praxis y fallas de diseño en el modelo, hoy “la foto” muestra más retrocesos que progresos en aspectos vinculados a la inflación, la recesión y la pobreza.
El resultado de las paso dejó expuesto el antagonismo entre dos modelos económicos
En el extremo opuesto, se posicionó el grupo de los intervencionistas, defensores de la noción de un Estado activo e imbuidos en una abundante cultura política. Algo dispersos por (casi) cuatro años, “discursearon” sin “un norte” definido en términos de liderazgos hasta 2019. Sin embargo, no parecieron dar muestras de perder el afán por diseñar políticas públicas activas (aprendiendo de sus errores, supuestamente) y monitorear las inconsistencias del mercado. De afianzarse los resultados de las PASO, éstos tendrán que ser sumamente cuidadosos porque el votante le reclamará el cumplimiento de sus propuestas en un marco en el que, por la herencia que recibirán, tendrán que ser habilidosos para convivir entre las agudas necesidades sociales y la presión de los organismos financieros internacionales.
La política económica de estos años organizó el proceso de coordinación macroeconómica mediante la icónica figura de la libertad de mercado. Se suponía que siguiendo las señales de la “mano invisible”, encargada de coordinar el proceso macroeconómico de ahorro (de las familias) e inversión (de las empresas), la confianza de los participantes consolidaría en el futuro ámbitos económicos armónicos y estables. El interés por la estrategia alineada con la frase “cómo nos ven en el mundo”, implicaba mantener una economía completamente abierta a la competencia internacional (y expuesta al “humor global”) tanto en el orden comercial como financiero. Según su visión, este estadio se lograría afianzando la reputación y diferenciándose de las estrategias empleadas durante el período 2003-2015. Configurado este ambiente market friendly (amigable con el mercado), un proceso inversor endógeno (como si fuera un motor en permanente funcionamiento) impulsaría mecanismos de autorregulación que permitirían el acceso a adecuados estándares de productividad y competitividad, acompañados por indicadores sociales saludables y sustentables (entre ellos, una equitativa distribución del ingreso). Este proceso sería automático, se retroalimentaría sin la presencia “invasiva” de políticas activas (discrecionales) y se afianzaría en el largo plazo porque todo “progreso económico únicamente es posible a base de ampliar, mediante el ahorro, la cuantía de los bienes existentes de capital y de perfeccionar los métodos de producción (Von Mises, 1986)”.
En las elecciones se impuso el pensamiento político intervencionista y defensor de la noción de un Estado activo
Sin mencionarlo explícitamente, la teoría ensayaba con las necesidades de supervivencia de un “agente representativo” racional similar al “hombre promedio” propuesto en 1850 por el matemático y sociólogo belga Adolphe Quetelet. Ese individuo imaginario que se enfrentaría día a día con los desafíos y amenazas cotidianas provenientes de la coyuntura macroeconómica local, no tendría inconvenientes en negociar salarios cara a cara con su empleador (sin el respaldo del sindicato), no se atemorizaría por el desempleo porque estaría dispuesto a ajustar su salario a la baja cuantas veces sea necesario para ser productivo y competitivo (por su bien y el de su empresa contratante), pagaría gustosamente las tarifas ajustadas por inflación y se endeudaría a largo plazo aceptando actualizaciones automáticas del capital (de deuda). En esencia, elegiría voluntariamente momentos de ocio y trabajo (no habría amenazas de desocupación involuntaria keynesiana) y podría tomarse años sabáticos (incluso en el mercado de trabajo argentino). Así, la psiquis política le dio vida a un individuo (o una familia) que no tendría problemas para “llegar hasta la otra orilla” (su salario siempre sería suficiente para afrontar sus gastos).
El resultado de las PASO estuvo lejos de convalidar ese modelo. Por el contrario, confirmó la frase del asesor del ex presidente de EEUU Bill Clinton: “es la economía, estúpido (Carville, 1992)”. Sobreviviendo a una caída del poder adquisitivo del salario (más intensa en el sector público), conviviendo con inmensos ajustes tarifarios, sufriendo una corrosiva presión fiscal y adaptándose a créditos hipotecarios escalando al ritmo de una tortuosa inflación (dispuesta por el mercado), los votantes finalmente palparon el descalce entre sus ingresos y gastos (y la razón de su pérdida de bienestar) y lo demostraron en las urnas. Las necesidades por el gasto de consumo superaron a las que clamaban por obra pública, porque pudo haberse llegado a la conclusión que en el corto plazo: 1) empeoraría su calidad de vida ante más pérdidas de ingresos y conquistas sociales, 2) “la mano invisible” no les devolvería su empleo (aun imitando al “agente representativo”) y 3) su vida continuaría normalmente incluso con el mismo nivel de infraestructura pública.
En las urnas se vio que las necesidades por el gasto de consumo superaron a las que clamaban por obra pública
Pese al achatamiento salarial, la desocupación y la pérdida de valor del peso (y la mejora competitiva consecuente) y mayor rentabilidad empresaria consecuente, las inversiones reales no llegaron y las financieras entraron atraídas (y salieron expulsadas) por el carry trade. El consumo se desplomó, las cotizaciones del tipo de cambio y los niveles de las tasas de interés hicieron volatilidad, se instalaron en un sendero recurrentemente alcista y el crédito se desmoronó. La inflación y el desempleo se adentraron más en el terreno de la estanflación y la pobreza incorporó más elementos de fragilidad al tejido social. Los mercados liberados al cambio del “humor” global, la “demonización” de la cosa pública (el gasto y todo tipo de emisión de dinero), el fanatismo por generar ahorros y la visión de largo plazo (descuidando el corto plazo), constituyeron el meollo general del problema en un contexto en el que el paradigma hegemónico careció de una visión política amplia e imaginó que la macroeconomía respondería como lo haría la microeconomía de la empresa.
Siguiendo a Paul Davidson, quizás todo esto pudo preverse (o al menos entenderse). Hoy los resignados se reconocen (y sienten) defraudados (segundo grupo mencionado al principio). De haber estado vivo en aquel momento (cuando todo comenzó), el economista británico John Keynes quizás les habría advertido que “las fallas más sobresalientes de una sociedad empresarial son su incapacidad para proporcionar empleo pleno y sostenido y su arbitraria y desigual distribución del ingreso y la riqueza (Davidson, 2001)”.
El autor es profesor de la Universidad de Buenos Aires

Cómo enfrentar a Bolsonaro Entrevista a Carmen Ferreira Foro



Carmen Ferreira Foro, vicepresidenta de la Central Única de Trabajadores (CUT), habla sobre los incendios en la Amazonía, sobre la agresividad del gobierno de Bolsonaro y sobre los desafíos de la lucha sindical para enfrentar a la extrema derecha en Brasil.

Los incendios en la Amazonía ocurridos en agosto hicieron de Brasil el centro de la atención mundial. Mientras tanto, el tema ya ha desaparecido de los medios de comunicación: ¿se han apagado los incendios o simplemente han dejado de llamar la atención?
El problema de los incendios no está resuelto, a pesar de que los medios hayan dejado de informar al respecto. Siempre ha habido incendios en la región amazónica, pero el actual gobierno de Brasil ha declarado la guerra a la opinión pública mundial y a los defensores del clima, lo que hace todo muy difícil. En el pasado se tomaron medidas para contener los incendios. Hoy tenemos un gobierno que echa nafta al fuego y busca su salvación en ver enemigos por todas partes y romper con el mundo.
El gobierno de Bolsonaro ha rechazado el debate internacional sobre la protección de la Amazonía calificándolo de intromisión colonialista. ¿Cuál es la postura del progresismo?
No consideramos imperialista la preocupación mundial. Debemos darnos cuenta de que los problemas ambientales son problemas globales y de que, obviamente, la Amazonía atrae la atención de todos. El gobierno brasileño quiere abandonar la región amazónica para que la exploten Estados Unidos y las corporaciones multinacionales. El gobierno debe actuar de forma antiimperialista y ser consciente de sus obligaciones. Pero claramente ha tomado partido, solo defiende los intereses de los agronegocios y las corporaciones que depredan la Amazonía. Están siendo asesinados indígenas, trabajadores rurales, gente que vive a orillas de los ríos y otros pueblos de la Amazonía, porque quieren convertir sus tierras en tierras de pastoreo. Queremos más que el fin de los incendios. Necesitamos un nuevo modelo de desarrollo para la Amazonía.
Cómo enfrentar a Bolsonaro  Entrevista a Carmen Ferreira Foro
Bolsonaro es homofóbico, difama a las mujeres y a las minorías. ¿Percibe usted como activista, como sindicalista, una amenaza creciente en la vida cotidiana?
Me afecta por varios motivos simultáneamente. Soy mujer, afrobrasileña, provengo del campo y de la región amazónica, así que doy perfectamente con su imagen de enemigo y soy un estereotipo humanizado de su rechazo. La misoginia y el racismo nos colocan en una posición muy difícil: debe recordarse que el presidente está tomando medidas contra la mayoría en nuestro país. Bolsonaro incluso pone en venta a las mujeres brasileñas, al decir que es bienvenido cualquiera que venga a Brasil y quiera tener sexo con una mujer. Las mujeres, las afrobrasileñas y los afrobrasileños somos la mayoría de la población. Al atizarse este tipo de prejuicios se divide la sociedad y se reaviva la mentalidad de los esclavistas.
En los últimos tiempos han aumentado en Brasil las protestas contra el gobierno por parte de, por ejemplo, el movimiento de mujeres, los estudiantes y los sindicatos. ¿Contra quién se está rebelando la gente?
En los nueve meses transcurridos desde que Bolsonaro asumió el cargo, se han destruido muchas cosas. Ha habido recortes presupuestarios, especialmente en educación, pero también se esperan retrocesos en todos los órdenes debido a la reforma de la legislación laboral y la reforma del sistema previsional. Por supuesto, sería bueno si la resistencia fuera aún mayor de lo que es hoy. Pero hay progresos. En los últimos meses hemos logrado llevar a las mujeres indígenas a Brasilia. Salieron a la calle. Los trabajadores y las trabajadoras rurales también protestaron en la Marcha de las Margaritas.
En 2000, tres de cada cuatro brasileños que vivían en el campo eran pobres. Esta situación había mejorado significativamente con los presidentes del Partido de los Trabajadores (PT), Luiz Inácio Lula da Silva y Dilma Roussef. El campo había dejado de ser considerado un lugar donde se pasaba hambre.
Ahora el retroceso es considerable, por lo que tenemos que volver a las calles. Luchamos por la democracia, por la soberanía nacional, por la libertad de las personas y contra la violencia contra las mujeres. Solo este año, la tasa de femicidios ha aumentado 84%. Entre otras cosas, atribuimos esto al hecho de que el presidente declara una política de absoluto laissez-faire, todo está permitido, hagan con las mujeres lo que quieran.
Ya bajo el anterior gobierno de derecha de Michel Temer se llevaron a cabo reformas que provocaron dolorosos recortes financieros en los sindicatos. ¿Cuál es la situación de los sindicatos hoy?
Con Bolsonaro, el ataque a los sindicatos se ha intensificado. Por el momento, entre bastidores, se está negociando una enmienda constitucional en el Congreso Nacional de Brasil. Se quiere derogar el artículo 8 de la Constitución brasileña, que establece la libertad de asociación, la libertad para formar sindicatos. Bolsonaro no solo nos privó de financiamiento, sino que ahora también se nos quiere quitar incluso la posibilidad de organizarnos y representar a los trabajadores. Para él, simplemente no se necesitan sindicatos. Esto nos preocupa mucho.
En el próximo congreso sindical lucharemos por la libertad de organización y asociación, un derecho sindical fundamental. Debemos resistir esta presión. No queremos ser mantenidos del Estado, como ocurrió en el pasado con la Constitución corporativa, pero exigimos el derecho a la libertad de asociación. Mientras tanto, nos han excluido parcialmente de las negociaciones colectivas. También solíamos estar involucrados en numerosos consejos, comités y foros y teníamos un diálogo con el gobierno. Esto no solo se aplica a nosotros, sino también a otros actores sociales. Hoy, el gobierno ya no consulta a la sociedad, no hay más espacios donde la sociedad civil pueda expresarse.
¿Qué apoyo puede dar el nivel internacional, la izquierda europea y los sindicatos, por ejemplo?
Inmediatamente después del golpe de Estado contra Roussef se produjo el segundo acto del golpe, cuando se le impidió a Lula presentarse a elecciones. Ahora estamos sufriendo el tercer acto, la supresión de los derechos de los trabajadores y la agitación del odio. Ya hay políticos que se han exiliado porque han sido amenazados. Por supuesto, ante esta persecución, no solo necesitamos declaraciones de solidaridad, sino cualquier tipo de ayuda, incluso en la campaña por la liberación de Lula. No funcionará sin solidaridad internacional con la sociedad y los sindicatos.
Un tema crítico es el acuerdo de libre comercio entre la Unión Europea y el Mercosur. Vemos que los capítulos sobre cláusulas sociales, derechos de los trabajadores y cuestiones ambientales tienen una formulación ciertamente interesante, pero no han sido sancionados, por lo que quienes violen estas cláusulas no sufrirán consecuencias.
El éxito de Bolsonaro también se debió a la fragmentación de la izquierda y la gran pérdida de confianza que enfrentó el PT de Lula y Roussef. ¿Volverán a unirse ahora las fuerzas progresistas en su protesta contra el gobierno de derecha?
En primer lugar, la victoria de Bolsonaro no se debe únicamente a problemas de la izquierda o del PT. Creo que la sociedad no estaba satisfecha, por eso Bolsonaro ganó las elecciones. ¿Cómo se puede esperar que Lula y Dilma resuelvan los problemas que han existido en Brasil desde hace 500 años? Se enfrentaron a una crisis económica y, además, a una conspiración de quienes finalmente querían recuperar el poder. Eran sectores del Congreso, pero también los máximos estamentos judiciales. La derecha se unió para volver al poder y ha utilizado todos los medios y vías para golpear.
¿Cómo logró Bolsonaro esta victoria contra la izquierda?
Bueno, la prensa tuvo su participación y el propio Bolsonaro ha alimentado el odio al PT con el objetivo de destruirlo. Hay algo que se le debe reconocer a Bolsonaro: ha jugado con los medios y las redes sociales de una manera de la que nosotros nunca hemos sido capaces, especialmente entre los más pobres, aquellos que más se beneficiaron con las políticas de Lula y Dilma. Ahí es donde hizo impacto su manipulación y logró que fuera elegido.
Pero no nos rendiremos y daremos vuelta el partido. Creo que podemos hacerlo, si nos unimos. Intentaron darnos un escarmiento y ver si podían eliminar a la izquierda de una vez. Sobrevivimos a este tsunami, este ataque de la derecha y los medios. Somos la bancada más numerosa del Congreso y tenemos también muchos gobernadores. Lejos está el PT de ser liquidado. ¿Si la fragmentación de la izquierda hizo posible la victoria electoral de Bolsonaro? Diría que no. Por supuesto, cometimos errores tácticos. Reflexionamos sobre estos errores y juntamos fuerzas nuevamente. Podemos dar vuelta el partido, estoy segura.
¿Qué consecuencias tiene la política económica y social neoliberal del gobierno?
Es fatal la enmienda a la Constitución, que fue utilizada ya por Temer, y que congela por 20 años los fondos para los servicios públicos, es decir, salud, educación, tratamiento de aguas residuales, etc. Por lo tanto, en los próximos 20 años, ya quedó establecido constitucionalmente que no es posible invertir un centavo en esas áreas; solo se compensará la inflación. La gente ha comenzado a sentir las consecuencias. Ya no tiene la oportunidad de ser atendida en el centro de salud comunitario o capacitada adecuadamente. El futuro brasileño está siendo finalmente malvendido, se quiere crear un ejército de mano de obra barata... Se han suprimido las clases de filosofía, se han suprimido las clases de educación física. Lo principal es que las personas puedan hacer trabajos simples.
También la reforma del sistema previsional, con la eliminación de las pensiones para los trabajadores rurales, que habían sido un logro importante de los últimos años, tendrá consecuencias dramáticas y hará que la gente se despierte. Cuando se eliminen las pensiones para quienes trabajan en el campo, faltará mucho poder adquisitivo en las zonas rurales y las comunidades verán afectada su supervivencia.
Recientemente se ha formado en Brasil una nueva alianza contra Bolsonaro. ¿Cuáles son las intenciones de esta agrupación?
Esta alianza contra Bolsonaro, que se creó la semana pasada, es difícil de evaluar. Son fuerzas del centro y del conservadurismo. Me da la impresión de que quieren deshacerse de Bolsonaro ellos mismos y reemplazar una cara por otra. Tal vez coloquen a uno que parezca un poco menos rudo y algo mejor educado, alguien cuyo estado mental no dé motivo para preocuparse y que uno no tenga que preguntarse si sufre algún trastorno de conducta o algún otro tipo de perturbación. Podrían ayudarnos, pero creo que el proyecto de esta nueva alianza apuesta tanto como Bolsonaro a las privatizaciones y a la pérdida de la soberanía nacional y de los derechos democráticos. Si realmente se trata de un nuevo proyecto, se podría hablar con ellos. Pero si solo se cambia una cabeza por otra, entonces soy bastante escéptica.
Traducción: Carlos Díaz Rocca

jueves, 26 de septiembre de 2019

Conquista de trabajadores: la fábrica de Mielcitas se convierte en una cooperativa y vuelve a producir

De la mano del Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas, un total de 66 mujeres y 22 varones se pusieron al frente de la empresa Suschen y seguirán adelante con la fabricación de alimentos. Ya volvieron a producir Naranjú, y girasol y buscan insumos para ampliarse.

Fuente:PRIMER PLANO ONLINE

Mielcitas
Manos a la obra: las trabajadoras de Suschen, pieza clave en la continuidad de la firma como cooperativa
Y un día vuelven las Mielcitas. Es que la fábrica Suschen, que fue abandonada por sus dueños, fue recuperada por las 66 mujeres y los 22 varones que pelean desde hace meses por la continuidad de la firma y recupera lentamente su proceso productivo. Se trata de un verdadero logro, una conquista que se celebra internamente con la gratitud hacia la comunidad de la zona, organizaciones sociales y políticas y al Movimiento Nacional de Fábricas Recuperadas, clave en el rediseño de la organización de los y las empleadas, que es válido recalcar nunca bajaron los brazos.
“Estamos en plena etapa de trámites, con la entrega de los últimos papeles para la conformación de la cooperativa”, indicó hace instantes a Primer Plano Online Silvia Ayala, trabajadora de la compañía y flamante presidenta, elegida por sus pares, de la estructura para seguir adelante.
Los clásicos Naranjú y las bolsas de girasol comestible ya están nuevamente en etapa productiva, mientras esperan por la materia prima para volver a fabricar las ponderadas mielcitas. El dinero que pudieron destinar a la compra de insumos surgió de festivales y de donaciones, que fue a parar todo a la compra de elementos para producir. Ya vendrá el momento de poder empezar a repartir dividendos en forma equitativa, tal cual el espíritu cooperativista indica.
Por lo pronto, el próximo lunes tendrán una reunión en el Municipio de La Matanza para ver cómo se puede hacer con el alquiler del lugar, que es una deuda que se acumula. El tema es que los propietarios anteriores se fueron sin pagar absolutamente nada, y ahora para seguir allí, además de los servicios, deben enfrentar meses adeudados por la ocupación del edificio, ubicado en Rafael Castillo.
“De los dueños lo único que sabemos es que hay una abogada presentándose en nombre de ellos. Pero eso va por otro carril, y nosotras estamos muy entusiasmadas con la posibilidad de continuar produciendo. Es algo que nos devuelve la esperanza”, concluyó Ayala.

martes, 24 de septiembre de 2019

El Salario Mínimo con Cambiemos: derrumbe del poder adquisitivo y (otro) cepo24 Septiembre 2019


El salario mínimo es una herramienta central del Estado nacional para la regulación global de los salarios. Entre 2015 y 2019 perdió más de 30% de su poder adquisitivo, cayendo aún más que el salario formal promedio. Además, la "garantía" del 82% del salario mínimo a la jubilación mínima, no constituye un avance para los jubilados, sino un "cepo" para los ingresos de los trabajadores.

Fuente:Pagina/12 

La Constitución Nacional, en el Art. 14 bis, consagra al Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) como una de las diversas formas en que el trabajo debe estar protegido por las leyes. La Ley de Contrato de Trabajo establece que un trabajador contratado no puede ser remunerado por debajo del SMVM y que el mismo corresponde a “la menor remuneración que debe percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia, en su jornada legal de trabajo, de modo que le asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión”.
Actualmente, la fijación periódica del monto del salario mínimo es una atribución del Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el SMVM. Se trata de un órgano integrado por representantes de los sindicatos, de los empleadores y del gobierno, que tiene potestad de laudo de no haber consenso. El monto del salario mínimo debe definirse “teniendo en cuenta los datos de la situación socioeconómica, los objetivos del instituto y la razonabilidad de la adecuación entre ambos”.
Aunque una de las funciones formales del Consejo es establecer lineamientos y metodologías para la definición de una canasta básica que sirva de referencia al SMVM, esto no ha llegado a ningún puerto. Por razones técnicas y políticas, la Canasta Básica Total (CBT) del INDEC, que define la línea de pobreza, no constituye una referencia, al menos oficialmente, para esta discusión. Así, el marco normativo carece de elementos concretos para determinar la cuestión central de cuánto debe ser el monto del SMVM.
Por tanto, el monto del SMVM constituye el producto de una definición política en la cual el Estado nacional tiene la última palabra. Y ello implica que para el Estado constituye una herramienta fundamental en su capacidad de incidir sobre los salarios: a partir del SMVM no solo fija el piso para los trabajadores legalmente contratados, sino que incide sobre la desigualdad salarial en el sector formal, y marca una referencia para el mercado informal (cuya efectividad varía según el contexto). Además, constituye un hito ineludible al momento de las discusiones paritarias.
La evolución del salario mínimo en los últimos 25 años
Con la inflación y las abruptas variaciones del tipo de cambio real, carece de sentido considerar el monto nominal del SMVM, tanto en pesos como en dólares. Lo que interesa es conocer su poder adquisitivo en distintos momentos del tiempo y para esto se lleva a “valores reales”, tomando como parámetro, por la naturaleza del salario mínimo, la variación del precio de la CBT (empleando índices de precios alternativos para el periodo 2007-2015 y considerando un incremento del 21% entre agosto y diciembre de este año). Por tanto, los montos de los distintos momentos se expresan en poder de compra de septiembre de 2019 (en este mes, el valor de la CBT para un hogar tipo del GBA ascendió a unos $35 mil).
Entre 1995 y 2001, años en los que prácticamente no hubo variación de precios, el salario mínimo se mantuvo en $200, monto equivalente unos $10.950 actuales (31% del valor de la CBT para un hogar tipo del GBA), representando en aquél entonces un 25% del salario promedio bruto del sector privado registrado.
Tras la salida de la Convertibilidad, el SMVM se derrumbó, cayendo a unos $7.300 entre mediados de 2002 y 2003 (21% de la CBT). A partir de ese momento, comenzó un acelerado y sostenido crecimiento, que llevó a que su poder adquisitivo casi se triplicara en solo tres años, alcanzando un valor promedio de $21.150 para el año 2006, representando el 44% del salario promedio (con picos de 48%) y un 60% de la CBT, el doble que durante la Convertibilidad.
En este periodo, el SMVM fue una herramienta central para la rápida recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores: ya a fines de 2005, el salario promedio retomó el nivel promedio de la Convertibilidad (tras haberse desplomado un 25% entre fines de 2001 y fines de 2002) y apenas un año después resultó 10% mayor que aquel. Pero, además, el impulso del salario mínimo (junto con los aumentos de “suma fija”) fue fundamental para lograr una mejor distribución del ingreso entre los asalariados registrados, acortándose la brecha entre quienes más y menos ganaban.
Entre 2007 y 2011 el poder adquisitivo promedió $23.100 (66% del costo de la CBT), con oscilaciones (entre $21 y $25 mil) y el peso del salario mínimo sobre el salario promedio se mantuvo en torno al 43%, aunque con una tendencia decreciente.
En el último gobierno de CFK el poder adquisitivo del SMVM mostró una tendencia levemente declinante, y promedió $21.650 (representando el 36% del salario promedio). En el último trimestre de 2015 alcanzó $21.400 (61% de la CBT), luego de recuperarse de una caída en 2014. En ese momento, el salario promedio privado formal alcanzó $58.800, un nivel similar al de 2011 y 2012, algo menor al de 2013 (máximo de la serie), y superior a los poco menos de $56 mil registrados a mediados de 2014; por otro lado, resultaba 33% superior al promedio de la Convertibilidad, 80% mayor que a fines de 2002 y 19% más alto que en el último trimestre de 2006.

¿Qué pasó con el SMVM durante el macrismo? Durante 2016 mostró una caída respecto a 2015, especialmente en la primera mitad (producto de la devaluación y consecuente salto inflacionario), y promedió en el año alrededor de $19.800 (57% de la CBT), manteniéndose en ese nivel durante 2017. 
Producto de la aceleración inflacionaria que comenzó con la devaluación de abril de 2018, en el segundo trimestre de 2018 empezó un fuerte deterioro del poder adquisitivo del salario mínimo que llevó a que desde fines de ese año y durante todos los trimestres de 2019 se ubique en torno o por debajo de $15 mil en términos reales. 

Aún con el adelantamiento a marzo del aumento previsto para junio de 2019, y con la reciente suba otorgada para agosto, septiembre y octubre, el promedio del poder adquisitivo SMVM apenas alcanzaría a $14.850 (42% de la CBT) durante este año ($15.400 para el último trimestre), lo que representaría una caída del 30% frente al poder adquisitivo promedio de 2015.

Entre el segundo trimestre de 2019 (último para el que se cuenta con datos de salario promedio) y el cuarto de 2015, el poder adquisitivo del SMVM se desplomó 33% (cayendo el valor más bajo desde mediados de 2004) frente al descenso de 18% del salario promedio (que retrocedió a un nivel cercano a la media de 2006, unos $48 mil actuales), lo que conllevó una brusca disminución de la participación del salario mínimo sobre el salario promedio, relación que se ubicó en 30% (menor valor de fines de 2003).

La reforma previsional y el “cepo” al salario mínimo
La medida más importante de Cambiemos con relación al SMVV no fue tomada en el marco del Consejo del Salario ni por el Ministerio/Secretaría de Trabajo. Y, de hecho, estuvo revestida de un discurso progresista, que vendría a saldar una reivindicación histórica.
La reforma previsional vigente desde marzo de 2018 (Ley 27.426) no solo modificó la fórmula de actualización de los haberes, sino que introdujo una “garantía” para aquellos jubilados que perciben el haber mínimo (o poco más) y cuentan con 30 años de aporte (algo más de un millón de personas): cuando el monto del haber quede por debajo del 82% del SMVM, habrá un pago extra hasta alcanzar dicho umbral.
Pero el SMVM no es un indicador objetivo sino normativo y cuya definición es eminentemente política. Por tanto, que la jubilación se ubique por debajo o por encima del 82% del SMVM no conlleva necesariamente un aumento del poder adquisitivo, y ni siquiera una mejora de la relación con el nivel salarial de los trabajadores activos.
Desde la vigencia de la reforma previsional hasta fines de 2019, la jubilación mínima representará en promedio el 83% del SMVM, oscilando entre el 77% en octubre y noviembre de 2019 (meses en los que abonará hasta $900 para alcanzar el 82%) y el 92% en junio y julio de este año. En 2018, durante varios meses la jubilación mínima quedó levemente por debajo del 82% del SMVM, con lo que la compensación fue ínfima (equivalente a unos $210 actuales por mes).
Ahora bien, en este periodo, el poder adquisitivo de la jubilación mínima cayó en forma drástica: en el último semestre previo a la reforma previsional, el poder adquisitivo de la jubilación mínima promedió, en términos reales, $15.500, mientras que en la segunda mitad de 2019 se ubicaría en torno a un promedio de $12.350, lo que implica un descenso del 20,2%. Para quienes reciben la “garantía” del 82% del SMMV, el poder adquisitivo del haber promediará en el semestre unos $12.650, con lo que la caída habrá sido de 18,5%. Seguramente, en este grupo de jubilados la desazón por esta enorme pérdida de poder adquisitivo empaña cualquier eventual festejo por saber que su haber pasó de representar del 80% al 84% del SMVM. Incluso si en los próximos meses la inflación comenzara a ceder y la jubilación recuperase parte del poder adquisitivo perdido, en nada habrá contribuido la cláusula del 82% del SMVM.
Si es claro que la garantía del 82% del SMVM es solo un cliche y que no ha contribuido en (casi) nada a sostener el poder adquisitivo de los jubilados, sí en cambio se ha mostrado sumamente eficaz para imponer un corset al salario mínimo y, con ello, a la política salarial, debido al enorme costo fiscal que conllevaría una recuperación de cierta magnitud del SMVM. Más que una garantía para (un grupo de) los jubilados y el honramiento de la “deuda histórica del 82% móvil”, la reforma previsional lo que garantiza es que el salario mínimo no se ubicará más de 22% por encima del haber mínimo jubilatorio (excepto por lapsos muy breves y por escaso margen, como en estos meses).
Solo a modo de ejemplo, si el gobierno de Macri hubiera decidido, tras las PASO, recomponer el salario mínimo al menos al nivel promedio de 2016/2017 ($19.800) y luego otorgar subas acordes a la inflación esperada hasta fin de año, para cumplir con la garantía del 82% del SMMV en las jubilaciones, el Estado debería haber desembolsado alrededor de $20 mil millones extra, lo que representa, por ejemplo, casi la mitad del costo fiscal de las políticas tomadas para “aliviar” la situación tras las PASO, y el doble de las erogaciones adicionales para este año previstas en la Ley de Emergencia Alimentaria.
En definitiva, si el nuevo gobierno decidiera que el Estado debe retomar una política salarial tendiente a recomponer el poder adquisitivo de los trabajadores con énfasis en quienes ocupan la base de la pirámide, sin dudas deberá recurrir a la fundamental herramienta del salario mínimo. Sin embargo, por las consecuencias que ello tendrá sobre las jubilaciones, la política salarial quedará atravesada por dilemas relacionados con su costo fiscal. Como alternativa, desarmar la indexación entre jubilaciones y salario mínimo no resultará nada sencillo en la arena política, a partir de lo socialmente extendida que está la falaz idea de que la garantía del 82% del salario mínimo constituye un paso adelante para los jubilados.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Cómo desdolarizar a la Argentina


Los especialistas coinciden en que privarse de una moneda propia es eliminar uno de los principales instrumentos de política económica y dispositivo de flexibilidad del sistema. 
Producción: Javier Lewkowicz

No es un fenómeno natural

Por Noemí Brenta *
En las últimas semanas, a partir de la devaluación post PASO, hoy investigada por la justicia, y a medida que el gobierno reveló sus dificultades para atender la deuda, el público grande y chico busca hacerse de dólares. Algunos, para protegerse de la pérdida de valor del peso y de la eventual restricción de los depósitos bancarios; otros, para ganar con el arbitraje y negocios varios. Conforme aumenta la dolarización de las carteras las reservas del Banco Central caen, y crece la desconfianza de que alcancen para todos las obligaciones de pagos en divisas: importaciones, deudas, intereses y utilidades del capital extranjero, depósitos; el efecto manada lleva al embudo de la puerta 12. Pero hete aquí que apareció el Estado y ordenó un poco las cosas, con un broche en la nariz. Un control cambiario acá, una obligación de liquidar las divisas de exportación allá, las tasas en las nubes, y en ese estilo caótico que usa cuando el libreto escapa a las novelas de Ayn Rand, el gobierno logró frenar la devaluación y atenuar la sangría de reservas, sin conseguir que sus socios del norte repongan los verdes prometidos, insuficientes de todos modos para compensar las pérdidas y restablecer la confianza.
Los precios de todo lo directa o indirectamente exportable o importado y todos los demás treparon con el dólar, acelerando la inflación y la pobreza. Para amortiguar el sablazo en el bolsillo y en el resultado electoral, el gobierno eliminó transitoriamente el IVA de algunos alimentos y postergó los aumentos de los servicios públicos y los combustibles, todos dolarizados por esta misma administración. Imposible decir que esta inflación obedece a excesos de demanda o de emisión monetaria, sino al pass through y al altísimo costo del capital de trabajo de las empresas por las tasas de interés estratosféricas que el BCRA sostiene, con la excusa de domar al dólar.
Estos saltos retornaron al tapete la cuestión de la dolarización y la necesidad de recuperar la soberanía monetaria. La bimonetización no es un fenómeno natural, sino que depende del marco institucional que lo fomente o disuada, el que a su vez refleja los intereses en pugna y sus fuerzas relativas para validarse en las distintas coyunturas. En Argentina la dolarización empezó con la última dictadura, a través de las reformas institucionales que configuraron una economía rentística financiera, y se profundizó durante la convertibilidad y las relaciones carnales con Estados Unidos. Tras el default, y comprobar que la mayor parte del producto bruto argentino no es transable ni tiene relación con el dólar, y que de repartir las reservas al público a cambio de los pesos, el país se quedaría sin liquidez para los acreedores, llegó la hora de desdolarizar.
La dolarización volvió en la era Cambiemos, que reeditó el alineamiento con el tío Sam, redolarizó tarifas y precios básicos, facilitó las importaciones, volvió a privilegiar al capital financiero sobre la economía real, y agigantó la deuda. De nuevo fueron los cambios institucionales los que incentivaron la dolarización y su inestabilidad inherente. Incluso reaparecieron economistas ultraliberales conminando a dolarizar, a eliminar al Banco Central y a poner a los bancos bajo control extranjero. Dolarizar, dicen, eliminaría desde la inflación hasta las paritarias, para ellos, todos derivados de la mala moneda. También argumentan que el gobierno haría lo que el público pide al revelar sus preferencias por la moneda extranjera. Pero el público también prefiere tener trabajo y vida digna, ¿por qué conceder unas preferencias y negar las otras?
No es cierto que la historia inflacionaria argentina provoca la huida de la moneda doméstica, porque la mayoría de los países latinoamericanos tuvieron hiperinflaciones, y salvo unos pocos, conservan sus propias monedas hasta para las operaciones inmobiliarias. Pero también conservan la prudencia de regular la entrada y salida de capitales, y de mantener el endeudamiento en moneda extranjera en niveles acordes a su capacidad de repago.
En suma, el uso de moneda extranjera para transacciones dentro del país no es necesario ni inevitable, sino contingente y regulable. Privarse de una moneda nacional es eliminar uno de los principales instrumentos de política económica y dispositivo de flexibilidad del sistema. Hay que desdolarizar a la Argentina.
*Economista UBA y UTN FRGP

Incrementar las regulaciones

Por Genaro Grasso **
El Gobierno de Cambiemos parece una historia kármica que comienza con la liberalización total del mercado cambiario, el fomento de la dolarización de la economía (precios, ahorros, sistema bancario) y el endeudamiento externo, para terminar congelando precios de combustibles, defaulteando la deuda (en pesos y en dólares) e imponiendo controles de cambios. Aquí la literatura pondría un punto final en la historia; pero los argentinos debemos sobrevivir a la simetría poética, lo cual nos obliga a pensar cuáles son los efectos de largo plazo de dichas políticas y cómo se pueden remediar.
La principal herencia financiera para el próximo gobierno es la deuda externa, y en particular, la contraída con el Fondo Monetario Internacional, que deberá ser renegociada con mucho cuidado. En segundo lugar, la fuga de capitales, que, pese al actual control de cambios “mayorista”, posee un componente minorista muy importante, de clases medias y altas. Finalmente, la herencia más urgente es la de las escuálidas reservas que dejará el Gobierno para la próxima gestión.
Para intentar resolver este problema, debemos comenzar a comprender el proceso de fuga de capitales. La dolarización es un proceso estructural y persistente de los países periféricos. No depende solo del rendimiento relativo de los activos (pesos contra dólares), ni de la inflación, ni de la financiarización y extranjerización de las empresas de los ’70, ni de una “cultura del dólar”. No hay “simetría” entre monedas: el Estado argentino tiene capacidad de redimir pasivos en moneda local, más no así en moneda dura. Cambiar moneda mundial por pesos de Estado es fácil; no está garantizada, empero, la opción inversa.
La primera crisis de la convertibilidad de la moneda local a moneda dura con endeudamiento externo, fuga y corrida de depósitos ocurrió durante el gobierno de Bernardino Rivadavia. Siempre que el Estado eliminó los controles de cambios, la fuga de capitales consumió las reservas internacionales y obligó al Tesoro a tomar deuda externa. En todos los casos, se terminó en una crisis.
Teniendo en cuenta este escenario, el control de cambios se vuelve una necesidad, más que una decisión de política económica. Pero no cualquier control de cambios es bueno. El actual diseño es altamente negativo: favorece el “puré” (comprar al oficial y vender al ilegal) por hasta 10.000 dólares mensuales, y había generado un ciclo de “rulo” (comprar al oficial y venderlo vía bolsa) hasta que el Gobierno cortó el procedimiento, a costa de una disrupción radical en el mercado de capitales. Sería mucho más prolijo un esquema de desdoblamiento (formal o informal) en el cual el dólar que garantiza el Banco Central sea el de operaciones comerciales, mientras que el dólar para ahorro, turismo, y otras operaciones financieras, pueda comprarse sólo por el dólar bolsa o MEP, pudiendo los bancos ofrecer operaciones “sintéticas” de la compra de dólares.
En simultáneo, se deben ofrecer alternativas de ahorro en moneda local indexada, al tipo de cambio oficial, en UVAs, y por el precio del metro cuadrado promedio en CABA, que relevaría el INDEC, y desde los bancos se deben ofrecer tasas de interés reales levemente positivas. Un acuerdo social de precios y salarios, tarifas, tasas y tipo de cambio oficial debería ir ordenando y pesificando gradualmente los precios estratégicos de la economía, lo cual bajaría poco a poco la inflación.
También se debe ofrecer una batería de herramientas tributarias y legales “anti-dólar”: pesificar las escrituras y bancarizar las transacciones inmobiliarias, reestablecer el Impuesto a las Transacciones Inmobiliarias si éstas se realizan en dólares, incrementar el Impuesto a los Créditos y Débitos si las transferencias se realizan en dólares, reformar el impuesto a la Renta Financiera para gravar más la tenencia de dólares y activos en dólares vis a vis los que pagan en moneda local, incrementar el Impuesto a los Bienes Personales para las tenencias de dólares y activos en el exterior, entre otras.
El caso de Bolivia nos muestra que una combinación de medidas de restricciones, impuestos e incentivos económicos puede ayudar a pesificar la economía. Pero en Bolivia se dio en un contexto de relativa bonanza externa, que no parece ser el caso en la Argentina. Por ello, la piedra angular de toda la estrategia debe ser una propuesta de desarrollo exportador diversificado en productos y países que sea consistente con el cronograma de pagos de la deuda externa renegociada, que reduzca el miedo de que el tipo de cambio se dispare y rompa la estrategia de estabilización, crecimiento e inclusión.
**Economía (UBA) - Investigador CCC y Proyecto Económico.
Fuente:Pagina/12