miércoles, 28 de mayo de 2014

De Sandino al Sandinismo: La experiencia nicaragüense en la lucha por la liberación nacional.



    
 Por Dionela Guidi

Tras la huella de Morazán
                                                       “… Resucitar de la Tumba de Morazán a Centroamérica
                                                                                                                               José Martí
 A lo largo de su historia, Centroamérica fue una codiciada tierra de disputa imperial. Su importancia geopolítica radicaba (y radica) en su posición Intercontinental e Interoceánica, vital para la circulación de mercancías. Con la decadencia colonial de España en América y la expansión capitalista mundial producida a partir de siglo XIX, Inglaterra como  potencia de ultramar, fija su mira en el Caribe como vía marítima para el transporte rápido y económico de materias primas, en el que Nicaragua sería el territorio para la construcción de un canal interoceánico.
  En 1821, los países que conformaban el Reino de Guatemala, declaran su independencia y casi de inmediato comienza el enfrentamiento por estas tierras entre Inglaterra y el naciente poderío de Estados Unidos, afectando desde el inicio el curso de la vida política interna de sus provincias, devenidas mas tarde en países[1].
  Luego de una breve anexión al Imperio de Iturbide en México, las Provincias Unidas de Centroamérica, conformadas por Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y Costa Rica, proclaman en Asamblea General la primera constitución de la República Federal de Centroamérica. Se concretó el 22 de noviembre de 1824, y se instituyeron entre otras medidas, la independencia de España, México o cualquier otra Nación, la eliminación de los títulos nobiliarios y la abolición de la esclavitud. Es en este momento cuando se definen con claridad los grupos políticos en Centroamérica delineándose dos partidos antagónicos: los Liberales y los Conservadores. Los primeros abogaban por el desarrollo de un Estado Capitalista, basado en un sistema político federal en dónde las distintas provincias contaran con igualdad de derechos. Los Conservadores, encarnados en caudillos regionales, defendían los privilegios provenientes de la época de la colonia y tendieron a fracturar la unidad en América Central.[2]
 En 1825, Manuel José Arce es elegido como el primer presidente de la Republica Federal. De tendencia liberal, intentó aplicar un programa de reformas fuertemente resistidas por los conservadores, quienes impidieron a través de su poder político, económico y de control del Congreso la concreción de las mismas, lo que llevó a la claudicación del presidente y su posterior alianza con su otrora oposición.
  Arce decidió disolver el Congreso federal, decisión que desató una guerra civil y condujo a una ola de levantamientos en todo el territorio centroamericano. En este convulsionado momento ingresa la figura de Francisco Morazán.
  Este político y militar, olvidado por la historiografía del continente, protagonizó desde Honduras la rebelión contra las medidas de Arce, y resistió la destitución del jefe de Estado hondureño y tío político de Morazán, Dionisio de Herrera. En 1827, tras fugarse de la prisión, organiza una fuerza militar a lo largo y ancho del Istmo con el objetivo de reconstruir la Federación Centroamericana. Desde aquí protagoniza una serie de victorias militares que lo posicionarán como líder de los liberales y que lo conducirán a la presidencia de Honduras primero y más tarde, en 1830, a la presidencia de la República Federal de Centroamérica derrotando en las elecciones al conservador José Cecilio del Valle.[3]  
  Morazán encabezó una serie de transformaciones que buscaban romper con los antiguos vestigios del colonialismo y construir un Estado Nacional soberano e independiente, intentando avanzar contra el latifundio en manos de la oligarquía terrateniente y la Iglesia Católica. Dirigió esfuerzos en la creación de una clase burguesa nacional para el desarrollo un modelo autónomo, y protegió la incipiente industria impidiendo la apertura indiscriminada a los productos extranjeros. Promovió la producción local exportable fomentando a su vez el mercado interno.
  En materia educativa, entendió a la misma como piedra angular para la conformación de una Nación, la que se constituyó como responsabilidad del Estado, gratuita y obligatoria.
  Sabiendo que se erguían sobre Centroamérica los colmillos imperiales ingleses y norteamericanos, luchó constantemente por la soberanía de Belice, Islas de la Bahía y demás territorios del Caribe  en manos de la corona británica, quien  como conocemos ampliamente  en nuestras tierras del sur, no perdió el tiempo, cosechando permanentemente la división de la Unión Federal.
  Sin embargo, las fuerzas de la reacción (la vieja oligarquía y los diferentes imperios) socavaron las bases de este proyecto emancipador, que por otro lado no pudo consolidar fuerzas económico –sociales que sostuvieran dicho proyecto. Se presentaron profundas dificultades a nivel organizacional, esto es, qué grado de soberanía le correspondía a cada estado, tendiendo a reproducir los viejos recelos entre cada uno, así como los gastos que la defensa  requería para mantener la integridad eran elevadamente costosos y se hicieron insostenibles a lo largo del tiempo.
  Al término de su segundo mandato la Federación se encontraba colapsada y las fuerzas oligárquicas  se encontraban en plena ofensiva, asentada ya en Guatemala, Nicaragua, Honduras. A pesar de apostar el proyecto unionista reorganizando fuerzas desde su presidencia en El Salvador, no pudo contra la feroz oposición de sus contrincantes y partió al exilio primero a Costa Rica y luego al Perú. Retornó en 1841, con la idea de refundar la federación, desembarcando en territorio costarricense obteniendo una rápida victoria política sin enfrentamiento armado, convirtiéndose en Jefe de Estado. Este acontecimiento convulsionó a las oligarquías regionales y por sobre todo al consulado inglés. La contrarrevolución se hizo sentir de inmediato, con una invasión de tropas nicaragüenses a Costa Rica con el fin del derrocamiento político y físico del Presidente y patriota centroamericano. El 15 de septiembre de 1842 es fusilado este hombre de la patria grande, sin juicio ni posibilidad de defensa alguna. Con él muere también el proyecto confederal.
  ¿Por qué empezamos a hablar de Francisco Morazán para hablar de Sandino y del pueblo sandinista?  Porque entendemos que los sueños de unidad, soberanía y libertad de nuestros libertadores se reflejan en todas las luchas populares nuestroamericanas y porque también se unen y se enhebran en la historia en la medida en que esos proyectos inconclusos retornan como asignaturas pendientes a  la vida de los pueblos. Las unen además similares adversarios, encarnados en las élites terratenientes o propietarias de los principales recursos, y el imperialismo ya sea europeo o estadounidense, que operó siempre como factor disgregante y deformador de las economías y las instituciones latinoamericanas (y de toda la periferia). Morazán y Sandino, fueron, son, líderes y mártires de la misma causa, en distinto momento.

Nicaragua: de patriotas, gerentes y filibusteros.

                                                              ¿Verdad que da escalofrío? ¿Dónde comienza y dónde termina el “Gobierno” del Estado Yanqui?
Juan José Arévalo
                                                                              
 Nicaragua sufrió particularmente las guerras civiles luego de desmembrada la Federación. Tenía dos ciudades relativamente desarrolladas y enfrentadas entre sí: Granada y León. Organizaban su vida económica y política  de forma independiente, mientras el resto del país era una extensión territorial en dónde se asentaba la población mestiza pobre, mano de obra de las haciendas de añil y cacao[4].Granada era una rica ciudad de comerciantes conservadores, que se opusieron a la independencia y a las reformas liberales, y León era una ciudad conformada por agricultores, cuna del partido liberal. Rota la Federación, ambas ciudades reclamaban para sí la capitalidad del Estado Nacional. Los campesinos eran arrastrados a la guerra civil que enfrentaba a estas ciudades antagónicas. 
 Inglaterra pronto comenzó a competir con el reciente poderío norteamericano por la hegemonía continental, y en Nicaragua por la construcción del canal interoceánico. A través de un tratado denominado Clayton-Bulwer, Inglaterra le reconoce a Estados Unidos el derecho canalero sobre Nicaragua, dónde, por supuesto, las autoridades nicaragüenses ni siquiera fueron consultadas.
  El hecho de que en 1848 se descubra oro en California, despierta ávidamente la sed de la piratería, que obliga a innovar las rutas de acceso y es Nicaragua un punto neurálgico por dónde pasaran los filibusteros. Se fagocitan a su vez, las internas entre granadinos y leoneses, en dónde los segundos deciden contratar mercenarios norteamericanos para derribar el gobierno conservador de Chamorro. William Walker, esclavista del sur estadounidense, arrebatador de tierra mexicana para su anexión al país del norte, será la cabeza del ejército mercenario.
  Es recibido con júbilo por los leoneses, toma la Ciudad de Granada, fusila a sus dirigentes políticos, y tal fue el impulso de su victoria, que termina proclamándose Presidente de la República. Decreta el idioma inglés como lengua oficial, restituye la esclavitud, los Estados Unidos reconoce su mandato y establece relaciones diplomáticas.
  Sin embargo, la aventura del pirata será breve, y los ejércitos centroamericanos lo derrotaran y expulsaran del país. A pesar de ser derrotado, perseveró en su empresa, e intentó conquistar nuevamente el territorio en varias oportunidades, hasta que en 1860 es arrestado y fusilado en Honduras.
 Granadinos y Leoneses firmaron un acuerdo de paz que permite a los conservadores gobernar 30 años el país en un clima relativamente apacible.[5]
 Llegando a los últimos años del Siglo XIX, el capitalismo mundial dio un nuevo salto expansivo, y Centroamérica, como todo el continente fue insertada en el mercado mundial como proveedora de materias primas para los centros manufactureros. Café y Bananos son los nombres de las cadenas centroamericanas.
  El nuevo orden agrario ligado a las necesidades del mercado mundial, es la veta que encuentran los liberales para llevar a cabo revoluciones contra los conservadores, estableciendo en el poder un gobierno militar liberal presidido por José Santos Zelaya en 1893. En paralelo son ocupadas enormes extensiones de tierras por parte de compañías norteamericanas como la United Fruit para la producción del banano.
  Zelaya llevó a cabo reformas liberales que no fueron vistas con buenos ojos por el vecino del Norte, quien no le perdonó el intento de la construcción del canal en asociación con otras potencias extranjeras como Alemania y Japón. Esta “desobediencia” le costó el gobierno al militar en 1909 y a Nicaragua la ocupación del territorio por parte de la Marina de Guerra estadounidense.
  De aquí en más, las fuerzas de ocupación vigilarán los gobiernos conservadores que se suceden en una calesita entre parientes, que de los rangos gerenciales de las empresas yanquis pasan a la Presidencia de la República.
  El colmo de la infamia se vería retratado en el tratado que Emiliano Chamorro firma con el secretario de estado norteamericano en 1914 en torno a la construcción del canal. En su triste letra dice: “El gobierno de los Estados Unidos tendrá la opción de renovar por otro lapso de noventa y nueve años, el arriendo y concesiones referidos, a la expiración de los respectivos plazos; siendo expresamente convenido que el territorio que por el presente se arrienda y la base naval que pueda ser establecida en virtud de la concesión ya mencionada, estarán sujetos a las leyes y soberana autoridad de los Estados Unidos[6]. En este tratado se manifiesta la absoluta venta de la soberanía en el que Estados Unidos consiguió que ninguna otra potencia conserve y explote un canal en Nicaragua, al que por otra parte no le interesa construir porque ya concretó el de Panamá.
  Los liberales, que permanecían en segundo plano en esta relación simbiótica entre el imperio y los conservadores, volvieron al ruedo bajo la accidental presidencia de Bartolomé Martínez, quien asume por la muerte del jefe de Estado. Martínez mantenía cierta independencia de criterio por no provenir directamente de una familia de la oligarquía granadina. Fue así como buscó la confluencia con el partido Liberal y dirigió una alianza para las siguientes elecciones entre un conservador (Solórzano) y un liberal (Sacasa). Entre revueltas y contrarrevueltas, son puestos y depuestos, promulgados y derrocados  presidentes liberales y conservadores en el lapso de meses, hasta que la bendición norteamericana nombra a un antiguo amigo suyo, ex contador de una empresa minera: Adolfo Díaz. Los liberales, expresados en Sacasa, desconocen esta decisión y  establecen un gobierno en Puerto Cabezas, lo que trae aparejada una crisis militar que desemboca en un nuevo desembarco de marines de guerra y también de la diplomacia estadounidense dispuesta a negociar con los liberales el precio de su rendición. El Ministro de Guerra, General Moncada, se sintió tocado por la varita mágica y creyó ver en los acuerdos de rendición con Estados Unidos su salto a la presidencia. Reparto de cargos para los insurgentes y la Presidencia para su General era el punto culmine  del alegre pacto.

Sandino: Una Pedagogía de la Dignidad

                                                                  
                                                                                                       En Nicaragua, señores,
                                                                                                         Le pega el ratón al gato.”

                                                                                                          Cántico guerrillero sandinista

                                                                                                          

Augusto César Sandino emergió a la escena pública en el marco de esta rebelión de los liberales contra los conservadores y su alianza imperial. Sandino había trabajado en plantaciones y haciendas, había sido guardalmacén en la United Fruit de Honduras y minero en Nicaragua. Comenzó su prédica entre los mineros en 1926, enfatizando en la causa nacional, a tal punto que conformó una pequeña columna de soldados al norte de Nicaragua, que se plegó al combate de los liberales de insurrectos. Entendía que en esa rebelión se estaba combatiendo la intervención extranjera y fue así como se incorporaron a su ejército además de los obreros de las minas, los campesinos desharrapados de las selvas nicaragüenses. Con armas viejas e insuficientes, con equipamiento rudimentario pelearon enarbolando la bandera de Libertad o Muerte.
 Como la insurrección de los liberales no era otra cosa que una disputa oligárquica, el pacto con Estados Unidos era motivo suficiente para aceptar la rendición. Pero para las huestes sandinistas, se estaba librando una lucha por la liberación nacional que empezaba a ser plenamente tal y que terminaría con la expulsión del Imperio: “transformarían una guerra de soldados reclutados a la fuerza y de generales oportunistas, en una guerra en que generales serían todos pobres y soldados serían todos pobres e hijos de pueblo, que andarían en harapos (…) y aquella guerra convencional de montoneras, se transformaría en la primera guerra de guerrillas librada en el continente americano” [7].
Entre 1927 y 1933 este ejército del pueblo libra a brazo partido la guerra contra el invasor ocupante obligando su retirada el 1 de enero 1933, día en que el último contingente de marines se embarca y abandona Nicaragua.
El pensamiento de Sandino
Sandino entendió desde siempre su lucha como una lucha por la nacionalidad, por la necesidad de dejar de ser colonos de una potencia extranjera. Desde sus columnas en la selva, los soldados aprendían a combatir y también a leer y escribir para poder emitir sus propios telegramas, cartas y  comunicados. El ejército del pueblo pobre también era una escuela. Dice Sandino: “Los yanquis solo pueden venir a nuestra América Latina como huéspedes; pero nunca como amos y señores, como pretenden hacerlo. No será extraño que a mí y a mi ejército se nos encuentre en cualquier país de la América latina donde el invasor asesino fije sus plantas en actitud de conquista[8].
 Sandino convirtió la causa nicaragüense en una causa latinoamericana. En todo momento enlazó la defensa de la soberanía con la defensa de los oprimidos, los indígenas, los campesinos, los obreros explotados en las plantaciones y haciendas. Proclamó a viva voz que lo que en Nicaragua se estaba librando no era solo incumbencia de los nicaragüenses, sino de todo el mundo latinoamericano, y se vinculaba a los proyectos que nuestros libertadores habían concebido en el siglo anterior: “Los Hombres dignos de América latina debemos imitar a Bolívar, Hidalgo, San Martín, y a los niños mexicanos que el 13 de septiembre de 1847 cayeron acribillados por las balas yanquis en Chapultepec, y sucumbieron en defensa de la patria y de la raza, antes que aceptar sumisos una vida llena de oprobio y de vergüenza, en que nos quiere sumir el imperialismo[9].
 En la senda de Simón Bolívar, enarbola el proyecto de unidad continental como una necesidad histórica. En su manifiesto Plan de Realización del Supremo Sueño de Bolívar sostiene: “Variadas y Diversas son las teorías concebidas para lograr, ya sea un acercamiento, ya una Alianza, o ya una Federación que comprendiendo a las veintiún fracciones de Nuestra América, integren una sola Nacionalidad. Pero nunca como antes se había hecho tan imperativa y necesaria esa unificación, unánimemente anhelada por el pueblo latinoamericano, ni se habían presentado las urgencias, tanto como las facilidades que actualmente existen para tan alto fin, históricamente prescrito, como obra máxima por los ciudadanos de la América Latina”[10].
 También rescata el proyecto morazanista de la Federación Centroamericana, elaborando un Plan de Unión en el que otorga a cada provincia -estado una cartera y función específica de acuerdo a su grado de organización y desarrollo, poniendo énfasis en la creación de un Ejército Autonomista Centroamericano para la defensa de toda América Latina: “El Ejército Autonomista de Centroamérica declarará abolida la farsante Doctrina Monroe. Y, por lo mismo, anula el vigor que dicha doctrina pretende ejercer, para cobardemente inmiscuirse en la vida política, interna y externa, de las Repúblicas Indo-Hispanas”[11].
Una vez expulsado el invasor, el Ejército Defensor de la Soberanía Nacional de Nicaragua depuso las armas y se dispuso a negociar la paz. El gobierno del liberal Sacasa, electo en 1932 había aceptado el pliego de condiciones impuesto por Estados Unidos tanto como a liberales como conservadores, que requería que al retirarse las tropas de ocupación se llegara a “ común acuerdo” para designar al jefe de la Guardia Nacional. Por primera vez sería un nicaragüense, aunque no por eso menos adicto a Norteamérica: Anastasio Somoza García.
El Ejército profesional, se convirtió tras años de lucha contra el sandinismo en un ejército armado y entrenado para combatir a su propio pueblo, y a ejercer como una fuerza de ocupación en su propio territorio.
 En el año 1934, cuando se estaban realizando los acuerdos de paz entre Sandino y el gobierno, el héroe de Las Segovias es asesinado a balazos junto a varios compatriotas, tras una emboscada. Somoza es quien ejecuta la criminal empresa, pero es el Imperio quién da la orden de fuego.

La semilla de Sandino se siembra en la lucha del pueblo nicaragüense

                                                                               “…Vos estás resucitando 
en cada brazo que se alza
para defender al pueblo
del dominio explotador.
Porque estás vivo en el rancho,
en la fábrica, en la escuela,
creo en tu lucha sin tregua,
creo en tu resurrección…”

                                                                                                                                                        Hermanos Mejía Godoy
                                                                                                                                 Credo Nicaragüense. Misa campesina.

 
Cuarenta años de dictadura familiar padeció el pueblo de Nicaragua. El somocismo, como era de esperar, favoreció el control monopólico de las empresas norteamericanas a la vez que garantizó el orden social vía represión y persecución política.
 Con el auge del cultivo de algodón y café, se generó una concentración abrumadora de tierras en favor de los terratenientes, en detrimento del campesinado quien se vio desprovisto de los terrenos de cultivo. Esta situación trajo aparejada más desocupación y pobreza. Por otra parte, el crecimiento industrial favoreció la consolidación del Grupo Somoza, quién comenzaba ya a asegurarse para sí el control de la banca nacional.
 Para la década del ’60, el clima de malestar en que se vivía manifestaba profundas tensiones sociales. En 1962 nace le Frente Sandinista de Liberación Nacional. Los hijos de Sandino emprendían la lucha por la recuperación de su dignidad. Confluyeron en él la masa de obreros campesinos agrícolas desarrollada bajo el funcionamiento del esquema agroexportador. De aquí que en un primer momento el FSLN llevara a cabo su estrategia en base a la guerrilla rural. Ya entrada la década del ’70 se suman al frente los trabajadores urbanos lo que permitió la articulación de demandas de amplios sectores de la población en contra de la dictadura. El FSLN supo apoyarse de las contradicciones de la sociedad dictatorial para dar el salto a la toma del poder. Carlos Vilas argumenta: “la contradicción fuerzas productivas (pueblo)/relaciones de producción (clases dominantes), estuvo presente siempre en el desenvolvimiento de la dialéctica social, pero fue la acción política de las masas, su incorporación a la lucha sandinista, la que hizo de ella una crisis revolucionaria[12]
  Con el asesinato de Pedro Chamorro, dirigente liberal, en el año 1978, se recrudeció la movilización popular y se aceleraron las condiciones para el estallido social. La Revolución Sandinista triunfa el 10 de julio 1979 abriendo una etapa de rica experiencia de transformación social, con participación popular pero también plagada de incertidumbres, iniciando un camino  minado de obstáculos provenientes tanto de la estructura socio-económica preexistente, la amenaza permanente de los Estados Unidos,  como del propio marco de alianzas al interior del bloque popular.
El programa desplegado por el gobierno revolucionario llenó de esperanza a Nicaragua  y a América Latina. En materia económica se creó un Área de Propiedad del Pueblo en base a los bienes confiscados al somocismo. El objetivo era desarrollar una moderna industria que impulsara la producción de café, algodón, azúcar, banano como principales productos de exportación. Se nacionalizaron la banca, el comercio exterior y se impulsó una Reforma Agraria. Se llevó a cabo un Plan Nacional de Alfabetización en el que toda la sociedad se vio comprometida tomando forma de causa nacional. De alguna u otra forma los y las nicaragüenses formaron parte de este Plan que pretendía terminar con el analfabetismo en el país.[13]
Retomando el análisis realizado por Carlos Vilas, la Revolución Sandinista abre varias cuestiones que pueden ser utilizadas para pensar los procesos de liberación nacional en América Latina. Con similares desenvolvimientos históricos, estructuras económicas dependientes y una pluralidad de actores sociales, la liberación tal cual es entendida por los movimientos populares aborda por lo menos cuatro cuestiones principales:
a)       La cuestión de clase o de la situación de los sectores oprimidos. Aquí se manifiesta la necesidad de eliminar la explotación de las masas populares por parte de pequeñas élites propietarias.
b)       La cuestión nacional. Esto es la supresión del Imperialismo como factor dominante en las sociedades latinoamericanas a nivel interno y externo. La autodeterminación es condición necesaria para la conquista de la soberanía.
c)       La cuestión del Desarrollo. En esta cuestión se refleja la superación del atraso derivado de la posición en la que se colocó a América Latina en el mercado mundial, como economías netamente agrarias y dependientes de las manufacturas exportadas. La expansión de las fuerzas productivas deriva generalmente en la necesidad de que el Estado sea quién se ponga a la cabeza de este desarrollo, al no existir una clase que lidere dicha expansión. Las alianzas policlasistas son intentos de llevar a cabo esta expansión.
d)       La cuestión democrática. Aquí se plantea la necesidad de refundar instituciones y canales para la participación en las decisiones de Estado de las amplias mayorías y no sólo de un reducto oligárquico.[14]
La Revolución sandinista como proyecto emancipador pone sobre el tapete los desafíos que se le presentan a América Latina en su lucha por el camino de la liberación, y también nos habla de la importancia que ese camino nos encuentre unidos, ya que en soledad los gobiernos populares suelen naufragar a la deriva, a merced del imperialismo siempre atento al sabotaje y a sus aliadas nativas representadas en los núcleos reducidos de las élites económicas y políticas.   
   
                                                         A Néstor y Hugo. Patriotas del Bicentenario.

                                                     
















Bibliografía

Pérez Cruz, Felipe de J. (2010). Centroamérica en Morazán. Morazán en Centroamérica. En Son Tiempos de Revolución. De la Emancipación al Bicentenario. Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo.
Ramírez, Sergio. (2007). El muchacho de Niquinohomo. Buenos Aires: El Andariego.
Sandino, Augusto César. (2007). Escritos y Documentos. Buenos Aires: El Andariego
Selser, Gregorio. (1955). Sandino. General de hombres libres. Buenos Aires: Ediciones Pueblos de América
Torres, Rosa María. (1980). Nicaragua: Revolución y Alfabetización. En Revista Nueva Antropología. Año IV N15. Distrito Federal: Universidad Nacional Autónoma de México.
Vilas, Carlos. (1987). Perfiles de la Revolución Sandinista. Liberación Nacional y transformaciones sociales en Centroamérica. Buenos Aires: Legasa


  

 
    
 


 
 
 



[1] ver Ramírez, Sergio. (2007). El muchacho de Niquinohomo. Buenos Aires: El Andariego.
[2] Pérez Cruz, Felipe de J. (2010). Centroamérica en Morazán. Morazán en Centroamérica. En Son Tiempos de Revolución. De la Emancipación al Bicentenario. Buenos Aires: Ediciones Madres de Plaza de Mayo.
[3] Ibídem
[4] Ramírez, Sergio. (2007). Op. Cit.

[6] Selser, Gregorio. (1955). Sandino. General de hombres libres. Buenos Aires: Ediciones Pueblos de América, página 63.
[7] Ramírez, Sergio. Op.Cit., página 34.
[8] Sandino, Augusto César. (2007). Escritos y Documentos. Buenos Aires: El Andariego, página 94.
[9][9] Ibídem, pp. 99.
[10] Ibídem, pp.106.
[11] Ibídem, pp.186.
[12] Vilas, Carlos. (1987). Perfiles de la Revolución Sandinista. Liberación Nacional y transformaciones sociales en Centroamérica. Buenos Aires: Legasa, página 135.
[13] Torres, Rosa María. (1980). Nicaragua: Revolución y Alfabetización. En Revista Nueva Antropología. Año IV N15. Distrito Federal: Universidad Nacional Autónoma de México.             
[14] Vilas, Carlos. (1987). Op. Cit.

lunes, 19 de mayo de 2014

El capitalismo ha fallado y seguirá fallando, por lo que se ve...

El influyente Martin Wolf, jefe de análisis del Financial Times, ha dicho con razón que Thomas Piketty ha escrito "un libro extraordinariamente importante".Le Capital au XXIe siècle (Seuil), publicado en 2013 en Francia y traducido al inglés -Capital in the Twenty-First Century (Belknap Press, 2014)- el pasado marzo lo es. Sin duda.
Se trata de una obra clave por sí misma y por el momento en el que se ha escrito. Es undocumentadísimo trabajo sobre el capitalismo y la desigualdad social... que ha aparecido justo cuando la mayor crisis económica desde el crack bursátil de 1929 ha ahondado las diferencias sociales que existen en algunos de los países más desarrollados. Hablar de capitalismo, liberalismo, rentas del capital, del trabajo y desigualdad social en este tiempo postrecesión es demasiado apetitoso.
Por eso, el dominical británico The Observer titulaba así una larga entrevista que hizo a Piketty el pasado 13 de abril: "Occupy tenía razón: el capitalismo ha fallado al mundo". En otras palabras, ¿ha proporcionado Piketty el cuerpo doctrinal que necesitan los movimientos antiglobalización y antisistema, desde Occupy Wall Street al 15-M, que han proliferado en todo el mundo con la crisis? ¿Se debe a ello que el economista francés haya generado la mayor discusión académica y mediática sobre economía en los últimos años? ¿Por qué The Economist le ha llamado "el moderno Marx"?
Veamos lo que dice Piketty, después de un exhaustivo análisis de millones de datos y estadísticas en una veintena de países desarrollados en los últimos tres siglos:

1.  El capitalismo es un buen sistema económico para generar riqueza, pero no corrige automáticamente los incrementos de desigualdad.
2.  Los ricos son cada vez más ricos. La relación entre el valor generado por las rentas de capital (el patrimonio) y el creado por la renta nacional (el trabajo, básicamente) no es constante a lo largo del tiempo. Cuanto más bajo es el crecimiento económico, más peso tienen en la riqueza de un país las rentas de capital. Es decir, los ricos son cada vez más ricos respecto al resto de la población. Lo formuló con su famoso r > g (donde r es el rendimiento del capital y g, la tasa de crecimiento económico)
3.  La riqueza se concentra. Las rentas de capital tienden a agruparse mucho más que las rentas del trabajo, por lo que con el paso del tiempo los hijos de los ricos serán más ricos que sus padres, mientras que la renta del resto de la sociedad crece mucho más lentamente.
4.  Un parón en el siglo XX.Piketty comprueba este fenómeno en sus análisis de los siglos XVIII y XIX y dice que en el siglo XX el incremento de la desigualdad se ha frenado por las dos guerras mundiales y por la política económica fuertemente redistributiva que aplicaron todos los gobiernos posteriores a las conflagraciones. El acelerado crecimiento económico mundial de la segunda mitad del siglo XX, la implantación de políticas fiscales progresivas y la generalización de los sistemas de protección social redujeron la diferencia entre el retorno de las rentas de capital y el de las del trabajo.
5.  Vuelta a la desigualdad en el XXI. El economista francés observa cómo las diferencias de renta se han acentuado desde los años 70 hasta ahora. Las economías desarrolladas han vuelto al crecimiento sostenido, pero débil, de forma que se reproduce su argumentación: la riqueza se concentra en cada vez menos manos. Piketty dice que si no se corrige, las sociedades desarrolladas podrían alcanzar niveles de desigualdad similares a los de épocas anteriores a la revolución industrial. Si las diferencias son demasiado elevadas, dice Piketty,  se reduce la igualdad de oportunidades y, por tanto, se pone en riesgo la democracia. El economista pone como ejemplo lo sucedido en Rusia desde el desmoronamiento de la Unión Soviética, donde una oligarquía cada vez más reducida y adinerada controla el país...

domingo, 11 de mayo de 2014

Ya quisiera el cerebro que le vaya como el culo

 

Por Marcelino Cereijido
Hubo una vez una Argentina en que las cosas comenzaron a “ir como el cerebro”. Domingo F. Sarmiento viajó al extranjero para hacerse una idea de cómo manejaban la instrucción pública por Europa, y Norte y Sudamérica. A su regreso informó que los países del norte europeo (Gran Bretaña, Alemania, Suecia, Holanda, Suiza, Francia, etc.) y del norte americano (Canadá y Estados Unidos) progresaban con base en el fervor por el conocimiento que había encendido la Ilustración; por el contrario, España y sus colonias americanas seguían estancadas en su penumbra cuasi medieval. Sus paisanos estaban muy al tanto de las ideas que se debatían en Europa, y hasta iban forjando sus propias posiciones. Juan Bautista Alberdi opinaba: “La riqueza no reside en el suelo ni en el clima (...), es el hombre mismo”. La forma en que Nicolás Avellaneda relataría su propia trayectoria revela claramente sus valores: “Después de presidir la Argentina me elevaron al cargo de rector de la Universidad de Buenos Aires”. Más tarde Juan B. Justo dejaría escrita la visión que impregnaba sus cenáculos, y que debería cincelarse en el frontispicio de la Casa de Gobierno: “...Aplicar el bálsamo religioso a los males colectivos es declararlos sin remedio”. Pergeñaron un ideario: los argentinos tendrían que interpretar su propia realidad mejor que nadie. (Hoy decimos que si quienes mejor interpretan la realidad japonesa no fueran los japoneses, Japón sería un país subdesarrollado.)
Para generar al argentino que deseaban fundaron escuelas, institutos de profesorado, bibliotecas, observatorios, zoológicos, botánicos, trajeron maestros, técnicos y científicos europeos, y obligaron a las huestes de inmigrantes a transformar a sus hijos en argentinos mandándolos a la escuela, y en una generación pasaron del analfabetismo a la educación. Argentina empezó a “andar como el cerebro”: en la década de 1920-30 el grado de alfabetización se ubicó entre el 4º y 8º lugar del mundo, muy por encima de casi todos los países de Europa.
De puro franco que era, Nicolás Avellaneda condenó a muerte aquel brote de Ilustración criolla cuando aconsejó que no se aceptaran inmigrantes españoles, porque a su juicio eran el pueblo más atrasado de Europa, también lo eran sus colonias, y se correría el riesgo de que trajeran curas católicos. Por fortuna, las autoridades migratorias no le hicieron caso, pues la mitad de mis ancestros no hubiera llegado y yo no estaría garrapateando estos ensayos, pero en cambio la Iglesia lo tomó muy en serio, pues venía siendo desertada por los protestantes a medida que convertían sus países en Primer Mundo. Si la alternativa de la Iglesia Católica era optar por apoyarse en el atraso latinoamericano, debía mantener a Centro y Sudamérica en tinieblas: desbalanceó en Argentina el equilibrio entre militares liberales vs. militares católicos, y el 6 de septiembre de 1930 pergeñó un golpe de Estado que instaló en el gobierno un nazicatolicismo, y se lanzó a organizar profusas misas de campaña y congresos religiosos multitudinarios, uno de los cuales presidió el cardenal Eugenio Pacelli, a la sazón cónsul vaticano en la Alemania de Hitler 1. Luego se apoderó del aparato educativo, lo oscureció reimplantando la enseñanza religiosa en las escuelas, separando alumnos no-católicos en aulas de concentración, entronizando estatuitas de la Virgen en comisarías, hospitales y lugares públicos, llegaría a colgar crucifijos en las dependencias del Consejo Nacional de Ciencia y Técnica 2, y obstaculizó la obra de Sarmiento a Sáenz-Peña todas las veces que juzgó necesario. Interventores universitarios derechistas como Alberto Ottalagano y Luis Botet y decanos que comenzaron por exorcizar las instalaciones para librarlas del Diablo, provocaron un éxodo científico-técnico hacia el Primer Mundo con el denuedo suficiente para generar una Provincia Argentina de Ultramar 3, que llegó a tener un Premio Nobel (César Milstein), varios candidatos, legiones de honor (Gregorio Weber, Eduardo de Robertis) y hasta un asteroide al que llamaron Pedro Elías Zadunaisky en honor al matemático rosarino formado con el calladamente eminente Beppo Levi 4.

Cerebro vs. culo

Las tendencias de la Evolución parecen concordar con Alberdi, Sarmiento y Avellaneda, pues hicieron del cerebro el órgano fundamental de nuestra especie, cuyo papel le ha dado un lugar en la taxonomía: Homo sapiens. Ni el mismísimo corazón habita un refugio óseo inexpugnable como la bóveda craneana que alberga el encéfalo, lo mantiene hidráulicamente suspendido para que amortigüe sacudones y topetazos, y conoce una inmensa realidad comenzada hace 13.700 millones de años, integrada por objetos pequeños como quarks o descomunales como galaxias. Su corteza creció tanto que se tuvo que corrugar para que le cupieran los billones de somas neuronales que contiene. El encéfalo genera una flecha temporal que nos permite hacer modelos dinámicos de la realidad y adecuarnos al futuro. Es además nuestro principal órgano ¡sexual!, pues pone en juego verdaderos festivales endocrinos que transforman el cuerpo infantil en adolescente, regula el ciclo menstrual, husmea feromonas que emanan de hembras en celo, y prepara el cuerpo y las conductas del macho, que de ahí en más no tolera que nada se interponga a su frenesí por copular.
En cambio, ahí tenemos el misterioso culo. Estudios de las veces y el tiempo que un hombre observa las partes de una mujer demuestran que el culo es el órgano más contemplado y más erótico, muy por encima de los pechos, los labios y la entrepierna. Hoy, estudios en todos los países, capas sociales y rango de edades demuestran con estadísticas inobjetables que el coito anal es un magneto erótico universal, aunque no por eso sea tan practicado como fantaseado, y sigue sumando adeptos con cada homosexual que sale del armario. Sabemos por qué el elefante es tan trompudo, la jirafa tan cogotuda y qué ventaja le dan al cóndor sus alas, pero no tenemos idea de por qué el trasero humano resultó tan desmesurado, por qué la grasa en los glúteos lo magnifican tan clara y profusamente, cuál es el mecanismo filogénico que nos ha dotado con semejante atributo, y por qué destaca tan prominentemente en el sexo femenino, puesto que las funciones que le conocemos no lo justifican. Desde ya no es siquiera un órgano reproductor. El tamaño del cerebro está obstétricamente restringido 5 al punto que, como acabamos de mencionar, el aumento desmesurado de la corteza humana tuvo que ser acompañado de un forzado plegamiento; en cambio el tonelaje glúteo de una mujer puede alcanzar con toda habitualidad cinco veces el tamaño del panero de una flaca. Estamos muy lejos de decodificar el programa genético que lo construye y sacraliza.
Se le llegan a atribuir incluso funciones mágicas. Un equipo de fútbol puede convertir un gol y un señor sacarse el premio mayor en la lotería, y atribuirle dichos golpes de fortuna al culo. Bastaría un sutil cambio en la voz y con decir “me fue como el culo” nos convencerá de que su suerte se ha trastrocado en fatalidad. Pero desde Sigmund Freud sabemos que no es sólo una manera de hablar, porque detrás de las metáforas y chistes hay manojos de razones determinantes.

Restricciones

Necesito introducir aquí un concepto que viene cobrando inusitada importancia científica: restringir. Consiste en impedir que un sistema haga cosas que bien podría llevar a cabo, para forzarlo a realizar otras rayanas en lo imposible. Así, los grados de libertad de una parra son tantos que la probabilidad de que alcance una pérgola a tres metros del piso es prácticamente nula. Pero si restringimos sus grados de libertad, atándola a una caña, la alcanzará inevitablemente. Las restricciones juegan un papel biológico crucial: nuestros genes están tan tenazmente restringidos que no se pueden expresar en cualquier momento. Así, todas nuestras células tienen el gen para producir insulina, pero sólo las células ß de los islotes de Langerhans del páncreas saben cómo des-restringirlo, decodificarlo y sintetizarla. Las restricciones juegan un papel central para que la información genética nos construya como organismos. Con estos conceptos, pasemos al papel religioso de las restricciones.

Las previsibles consecuencias de una teoría perversa

Para sobrevivir y dejar descendencia fértil una especie debe adaptarse a los alimentos, humedad, temperatura e innumerables ingredientes que encuentra en el lugar que habita, de lo contrario se extingue. En cuanto la vida dio con la forma sexual de reproducirse, las especies que vinieron dotadas de sexo tuvieron un éxito realmente fenomenal, porque les permitió procrear una variedad muy grande de descendientes, entre los cuales rara vez falta alguno con capacidad de adaptarse. Es que la esencia del sexo consiste en que cada progenitor genere células especiales (óvulos, espermatozoides) a través de una verdadera tómbola de combinaciones de genes, que al unirse con las del sexo opuesto produce una amplia gama de descendientes y, como digo, no faltará entre ellos uno que porte una mixtura que le permita sobrevivir y procrear hijos fértiles.
La Naturaleza pudo imponer la reproducción sexual, gracias a que también generó un ferviente deseo de los padres de ponerse a conjuntar óvulos y espermatozoides (fecundación). Y no siempre sus resultados fueron ventajosos, pues ese frenesí por satisfacer el deseo sexual generó machismo, prostitución e hijoputez 6. La situación empeoró cuando el sexo despertó el interés de la religión y de la política por controlarlo, y enloqueció cuando en el año 313, por razones estrictamente políticas, Constantino combinó el flamante judeocristianismo con el milenario paganismo, engendrando el Catolicismo Romano. Si bien el sexo en la cultura católica continuó siendo sublime desde muchos puntos de vista, atormentó a la gente en un marasmo sexual que lleva durando mil quinientos años.
¿Cómo justifica el catolicismo su sistemática guerra contra nuestros atributos sexuales? Según parece, Agustín de Hipona (San Agustín) juzgó que el pecado original pasa de generación en generación a través del coito, de ahí la necesidad de que la madre de Jesús fuera virgen antes, durante y después del parto, y requirió que el 8 de diciembre de 1854 el papa Pío IX proclamara la bula Ineffabilis Deus en la que declara retrospectivamente que también la Virgen María había sido concebida sin mediar coito alguno entre Ana y su marido Joaquín, abuelos maternos de Jesús. A partir quizá del concilio de Elvira (Concilium Eliberritanumen) en el siglo IV, se distinguió el celibato sacerdotal del monacal, y se prohibió que los curas tengan pareja sexual. Las malas lenguas lo asocian al hecho de que al morir sacerdotes y monjes sus descendientes reclamaban sus bienes, siendo que la Iglesia prefería heredarlos ella. La Iglesia exige que un cura no solamente se abstenga de tener actividad sexual carnal, sino también de fantasear con ejercerla. Más tarde la regla benedictina Ora et Labora exigió que los monjes dejaran de compartir la cama.

Las consecuencias patológicas del tupé eclesiástico de querer restringir el sexo

Hay que tener en cuenta que la fuerza de las restricciones radica en que potencian los grados de libertad que quedan sin restringir, y éstas suelen producir patologías y monstruosidades. La perversa restricción del sexo de seminaristas y curas los hacía desfogarse entre ellos, con monaguillos y cuanto feligresito lograran manejar coercitivamente. Entre ellas se incluyen culparlos de haber provocado la lascivia del cura, y prevenirles que la culpa se castigaría con el Infierno en caso de que los delataran. Tampoco sorprende que la situación enloquezca a un adolescente y lo lleve al suicidio. Por ejemplo en Massachusetts la Iglesia ha sido condenada a pagar una suma del orden de 30 millones de dólares en concepto de reparación a los padres de muchachos atormentados que han llegado a cometerlo. Mientras pudo, la Iglesia fingió tomarlo como rarezas demasiado mundanas para merecer la atención de un clero que declaraba tener asuntos muchísimo más elevados. Pero cuando la indignación se hizo colectiva, y sobre todo los familiares la denunciaron y censuraron públicamente, pasó a manifestar su bochorno y dolor, y a pedir perdón pudibundamente. No bastó. Recientemente la Unesco ha reclamado oficialmente que los delincuentes sean entregados a la Justicia común.

¿Y la pederastia contra el cerebro?

Desde Darwin sabemos que el mecanismo que opera la evolución es la selección natural: las circunstancias simplemente favorecen a los organismos que tengan cierto rasgo, se puedan adaptar mejor a ciertas circunstancias y dejen una descendencia capaz de sobrevivir y procrear. Pero, acaso no sea tan conocido el papel de las selecciones complementarias, mediante las cuales la selección de un rasgo central es favorecido mediante la selección en paralelo de otros atributos. Por ejemplo, las jirafas han sido seleccionadas por su elevada estatura, que les permite comer hojas de los árboles sin necesidad de treparlos. Pero estos pobres bichos se desmayarían y morirían si no se hubiera seleccionado paralelamente un poderoso corazón de unos seis kilogramos que puede bombear sangre con la presión necesaria para llegar a irrigarles un cerebro ubicado un par de metros más arriba. Pero esto no bastó, porque cuando la jirafa baje su cabeza para beber el agua de la laguna, cambiando así seis metros de presión hidrostática, los capilares del cerebro reventarían. De modo que tuvieron que coseleccionarse animales que, además de elevada estatura y poderoso corazón, vinieran dotados de sistemas de válvulas en el interior de sus vasos sanguíneos que amortiguan la presión sanguínea.
En nuestro caso, los Homo sapiens, la capacidad cerebral fue complementada por la selección del creyente, que favorece la selección de una especie que está haciendo del conocer su herramienta para luchar por la vida, porque la dota de una suerte de embudo cognitivo que le vierte en su cerebro todo lo aprendido por todos los individuos de generaciones anteriores. Yo, por ejemplo, no conocí a Tutankamón, ni estuve en la Revolución Francesa, ni inventé el idioma castellano, pero los tengo atesorados en mi patrimonio cognitivo gracias a que se los creí a mis padres, maestros y a la sociedad en general.

La evolución de las maneras de interpretar la realidad

En general, los textos y enciclopedias habituales dan una idea errónea de qué son la ciencia y las religiones, porque tienen un enfoque esencialmente creacionista, e insisten en la necedad de que sólo el ser humano es capaz de interpretar la realidad y lo hace conscientemente. Se trata de un viejo sinsentido, pues todo organismo sobrevive siempre y cuando sea capaz de interpretar su realidad eficazmente, se trate de una bacteria, una ballena, un rosal o un ser humano. Así, si una bacteria fuera incapaz de interpretar que este ion es sodio y debe gastar energía libre para expulsarlo de su interior, y aquel otro es potasio y debe incorporarlo, muere en minutos. Y si en un campo de girasoles hubiera uno orientado hacia donde el Sol no está en ese momento, la selección natural se encargaría de extinguir la progenie de ese girasol chapucero. Hasta donde sabemos, esas interpretaciones son inconscientes. Por supuesto, también la vida del ser humano depende de que interprete eficientemente que su realidad contiene Fe, Ca, Mg, glucosa, vitaminas, etc., y debe captarlos con un asombroso grado de especificidad, sólo que hace unos 50 mil años brotó en la Tierra algo que llamamos conciencia y, desde entonces, a esas interpretaciones inconscientes el Homo sapiens les viene sumando las que hace conscientemente. Veamos algunas:
El Universo resulta algo tan descomunal y complejo que todos pueblos admitieron que había sido creado por deidades. Las formas de interpretarlo han ido evolucionando a través de etapas de animismos, politeísmos y monoteísmos. Pero desde hace unos pocos siglos los humanos han desarrollado una nueva manera de interpretar la realidad, la ciencia moderna, que si bien es producto evolutivo de las anteriores, prescinde de deidades, milagros, revelaciones, dogmas y del principio de autoridad. De manera que, para un evolucionista, esos enfrentamientos aparentes entre religión y ciencia resultan tercamente planteados: si no hubiera habido religiones hoy no habría ciencia.
Desgraciadamente, menos del 10 por ciento de los países (Primer Mundo) han logrado evolucionar hacia la manera científica de interpretar la realidad. El resto (Tercer Mundo) se sigue manejando con interpretaciones religiosas y se hunde en un espantoso analfabetismo científico. Por eso, si bien Argentina ha logrado desarrollar una excelente comunidad de investigadores, todavía carece de una ciencia moderna al estilo del Primer Mundo y su cultura sigue estando vertebrada por la religión católica. Así como llamamos “analfabetismo” a secas a la incapacidad de interpretar el texto escrito, llamamos “analfabetismo científico” a la incapacidad de interpretar la realidad con base en la manera científica de hacerlo, esto es, sin recurrir a milagros, revelaciones, dogmas ni al principio de autoridad. El analfabetismo científico es una de las tragedias más espantosas del mundo moderno, porque nos sume en la pobreza, deudas, dependencias de todo tipo y humillaciones. Es muy difícil cambiarle a una sociedad su manera religiosa de interpretar la realidad, porque aunque esté plagada de falsedades, éstas fueron incorporadas en la niñez, y se considera casi imposible borrar con razonamientos algo que no ha sido incorporado razonadamente. Además, las religiones siguen siendo necesitadas en trances emotivos (v. gr. muerte) y para dar sentido a la vida. A sabiendas de estas influencias, el clero eterniza su desmesurado poder, y sigue contaminando el cerebro del subdesarrollado, que es aplastante mayoría.
La transición de una visión del mundo religiosa a una compatible con la ciencia moderna es entorpecida o imposibilitada por las intoxicaciones cognitivas. Causa estupor que en un país como Argentina, donde a una persona no se la puede procesar por deudas contraídas por sus abuelos o tatarabuelos, se permita poner a un niño de rodillas y darse de golpes en el pecho hasta que admita ser culpable de una transgresión cometida por una pareja mítica (Adán y Eva), o se lo embote en una inadmisible disonancia cognitiva obligándolo a amar a una deidad genocida que asesinó a la humanidad entera durante el Diluvio Universal. Las leyes argentinas no permiten que un prisionero –en realidad nadie– pueda ser sometido a torturas, pero se permite que se convenza a los niños que, si pecan, serán quemados eternamente en un Infierno. Esa deidad a la cual, sin embargo, se debe amar (Mateo 4, 10), condenó a todo el género humano por la transgresión de Adán y Eva, y sólo lo perdonó a condición de que torturáramos y asesináramos en una cruz a su hijo Jesús. No es que yo crea semejantes desatinos, pero sucede que los niños sí llegan a creerlo, pues la Iglesia tiene libertad para torturar su cerebro tanto o más atrozmente que su trasero. ¿Dónde están nuestros juristas especializados en leyes de protección a la niñez?, ¿dónde los expertos en pedagogía y psicología? ¿Dónde nuestros filósofos que luego pontifican sobre ética? Dado el inmenso analfabetismo científico nacional, entre nuestros intelectuales abundan los cómplices de que Argentina carezca de una cultura compatible con la ciencia 7.

El cerebro discriminado

En días pasados, la Unesco tronó contra el alto clero vaticano exigiendo que entregara a los pederastas que violaron criaturas para ser procesados por la Justicia común. Que yo sepa ninguna nación del planeta debe su atraso, dependencia, deudas y discriminaciones a fallas en el extremo final del aparato digestivo, pero es el abuso sexual contra ese segmento el que atrae la protección de las autoridades. ¡Ah si nuestros pueblos protegieran al cerebro como se protege al culo! Lo único que reconforta es que justamente en el actual tramo de la historia argentina los gobiernos han incrementado significativamente el apoyo a la ciencia moderna y a la tecnología. En este aspecto ningún otro país de Latinoamérica supera a la Argentina. Que la Argentina haya establecido todo un ministerio para atender los asuntos científicos a cargo de Lino Barañao, y el mismísimo Instituto Max Planck de Alemania haya fundado en Argentina una de sus tres sucursales fuera de Alema-nia 8, a cargo de nuestro paisano Eduardo Artz, suena muy promisorio, pero el analfabetismo científico y nuestra cultura incompatible con la ciencia seguirán siendo cómplices de que el cerebro de los argentinos siga siendo vilmente abusado sin que la Unesco ni nuestros intelectuales sean capaces de percibirloF
1 La posición oficial argentina llevó a las autoridades del Plan Marshall, para reparar y alimentar a las víctimas de la guerra, a prohibir que se usara un solo dólar para comprarle nada a la Argentina.
2 Cereijido, M., La Ignorancia Debida. Ediciones del Zorzal, Buenos Aires.
3 Cereijido, M., La Nuca de Houssay. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires.
4 Ahí lo atestigua su significativo Leyendo a Euclides. Ediciones del Zorzal, Buenos Aires.
5 Si el feto humano siguiera madurando in utero, de modo que alcance el grado de madurez que tiene un mono al nacer, llegaría a tener un tamaño incompatible con el parto y morirían tanto el feto como la madre. La bipedestación de la madre seguramente adelantó el parto, por eso un bebé humano “nace verde” y totalmente indefenso: moriría así se le ponga a su alcance un biberón. Concomitantemente, el cerebro “inmaduro” de un bebé humano es de una plasticidad pasmosa, de modo que resulta muy sensible a la crianza y educación tempranas.
6 Cereijido, M., Hacia Una Teoría General sobre los Hijos de Puta. Tusquets, Barcelona, México, Buenos Aires.
7 Cereijido, M., La Ciencia como Calamidad. Gedisa, Barcelona, Buenos Aires.
8 Las otras dos están en Estados Unidos y China.
Fuente: Pagina/12

lunes, 5 de mayo de 2014

“Es prejuicio decir que las lenguas indígenas no son comunicativamente eficientes”

Pionera en el desarrollo local de la lingüística antropológica, su foco de atención son las lenguas que se hablaban aquí antes de la llegada de los españoles. “Cuando empecé, a los chicos que hablaban una lengua indígena en la escuela les hacían lavar la boca”, dice para recordar que hasta no hace tanto tiempo imperaba lo que llama la “ideología del desprecio”. Las actuales políticas, la tarea de recuperar las lenguas en peligro.

Por Verónica Engler
Cuando empezó a ocuparse de las lenguas indígenas hace ya tres décadas, quienes se dedicaban a la lingüística antropológica –un campo en el que comulgan varias disciplinas académicas– eran apenas una minoría que se podía contar con los dedos de una mano. Fue en plena primavera alfonsinista cuando, entre otras cuestiones, se empezaba a reconocer positivamente a esas voces silenciadas de la América profunda. Desde entonces, la doctora Cristina Messineo ha recorrido diferentes zonas de la Argentina y países limítrofes para encontrar los sonidos del wichí, del toba, del quechua y del maká, entre otras lenguas. Pero para esta lingüista, un idioma no es un gramática compendiada en un libro, “es la manifestación, la construcción de un individuo, de un grupo, de una identidad. En ese sentido, es un aporte a la riqueza de un territorio, de un pueblo”, sintetiza su visión.
La situación de las lenguas indígenas, la forma de estudiarlas y de incluir a sus hablantes en los proyectos de investigación, las políticas lingüísticas, la ideología del desprecio que imperaba hasta no hace mucho sobre estos idiomas vernáculos, la recuperación de las lenguas que están en peligro y la función social de la ciencia son algunas de las cuestiones que aborda Messineo en la entrevista que sigue.
–¿Cómo empieza a trabajar con las lenguas indígenas desde la lingüística antropológica? –Fue en un momento bastante especial de nuestro país, al inicio de la democracia. Yo me contacté con una profesora de Letras que estaba trabajando con un grupo de antropólogos en el oriente boliviano con una lengua de esa zona. Ella dio un seminario en un instituto de antropología al que yo asistía, en el que hubo una clase abierta que dio ella con un hablante toba. Fue muy interesante porque él enseñó lo que es un consejo qom. Un consejo en realidad es una práctica lingüística comunicativa de los ancianos a los jóvenes, de los padres a los hijos, que regula la conducta de los tobas, pero tiene una forma y una estructura especial. Es el medio o instrumento por excelencia de educación, pero no sólo pedagógico, sino para transmitir los valores culturales, las conductas: qué es lo que se puede comer, qué se debe hacer cuando la persona va al monte a cazar, cómo debe ser el matrimonio. Es un compendio jurídico de toda la cultura. Eso fue lo primero que vi de este idioma. Así es como empecé. Pero en la Facultad de Filosofía y Letras (de la UBA) no hay una especialidad que sea Lingüística antropológica, sino que es un amplio campo de disciplinas. A quienes nos dedicamos a esto lo que nos interesa es relacionar fenómenos de la lengua con la cultura, ver cómo las personas se comportan lingüísticamente.
–¿Cuál es la situación actual de las lenguas indígenas en Argentina? –A partir de los años ’90, de la reforma de la Constitución nacional, lo que se ve es que hay un interés especial desde varios campos, por ejemplo la educación, que ha puesto mucho la mirada en los pueblos y las lenguas indígenas, y la investigación académica también. Antes éramos cuatro o cinco los que investigábamos esto y ahora hay muchos estudiantes y equipos de investigación dedicados a estos temas. En cuanto al número de lenguas indígenas que se hablan hoy en Argentina, la cifra va a depender de qué se denomine lengua, o variedad dialectal, y si se consideran las lenguas de un solo hablante o lenguas cuyos hablantes sólo recuerdan palabras sueltas. Por eso es difícil hablar con números absolutos. Teniendo esto en cuenta, se puede decir que existen catorce lenguas, de unas treinta y cinco que se hablaron en lo que es hoy el territorio argentino antes de la llegada de los españoles a América. Las lenguas son: toba, pilagá, mocoví, wichí, nivaclé, chorote, tapiete, ava-guaraní, mbya, guaraní (familia tupí-guaraní), quechua, tehuelche y mapuche. Gracias a investigaciones recientes, se pueden agregar a la lista las lenguas vilela, considerada extinta desde la década de 1960, y chaná, oculta durante casi doscientos años.
–¿Y en qué estado se encuentran estas lenguas que han sobrevivido? –Hay de todo tipo, hay lenguas que tienen muy pocos hablantes, como el caso del tehuelche. También hay lenguas indígenas que no las habla la población indígena, por ejemplo el quichua santiagueño, la población que la habla es criolla, lo mismo el guaraní, que es una lengua indígena y se habla en todos lados. Desde el punto de vista de sus hablantes hay lenguas indígenas que se hablan cotidianamente y tienen un número importante de hablantes, como el quechua que hablan los bolivianos migrantes a la Argentina, pero también se consideran dentro de las lenguas indígenas que se hablan en el país. Y hay lenguas que tiene un solo hablante, como por ejemplo el vilela, que es una lengua de la región chaqueña, de la que se ha encontrado a un solo hablante. Y también hay grupos indígenas que se reivindican como tales y están buscando su identidad, están tratando de recuperar su idioma, como es el caso del huarpe, que para los científicos había desaparecido en el siglo XVII.
–¿Cómo se recupera una lengua después de tanto tiempo en el que no fue utilizada por hablantes? –Es una pregunta a la que no sé muy bien cómo contestar. Técnicamente no puedo decir cómo se recupera, pero lo importante no es si se recupera técnicamente, sino que es el deseo de los descendientes de huarpe, que intentan recuperar su identidad y con eso su idioma. Quizá recuperan una palabra, dos oraciones o un pequeño texto. Para la antropología lingüística, el idioma no son sólo las palabras, las oraciones o la gramática, el idioma está ligado a un sentimiento de identidad muy profundo, de recuperar el pasado, un pasado que ha sido silenciado, ocultado durante años, durante siglos. No hay un técnica de recuperación, pero cuando hay un deseo, sobre todo de gente joven, descendientes, que hacen el esfuerzo por recuperarlo, eso ya es algo importante.
–En el caso del vilela, que tiene un solo hablante, ¿cómo es una lengua cuyo único hablante no la puede hablar con nadie? –Es muy interesante porque es una lengua sin comunidad lingüística, sin comunidad de habla. Para eso está el trabajo de los lingüistas, es el trabajo de documentación, que es una de las tareas del lingüista. En este caso se trata de documentar una lengua cuyo hablante es un recordante de la lengua, no es un hablante, no se comunica con esa lengua. Y eso es un paso, trabajar con la recuperación de las palabras, de las formas verbales, de textos.
–¿Y ese registro, esa recuperación, es una especie de legado, de objeto museístico? –Yo no trabajo con lenguas en “extremo peligro”, como el vilela. Pero en realidad son lenguas que tienen un solo hablante que no es hablante, sino que recuerda de sus abuelos o de su infancia. Entonces, el trabajo puede ser de dos tipos: o de museo, de archivo y documentación, o puede tener el otro apoyo, que es el de producir material en esa lengua para transmitirlo: por ejemplo, esa persona se lo puede transmitir a sus nietos, y les puede enseñar a los nietos o a los hijos algunas palabras, y eso puede llegar a tener en el futuro cierto efecto. Los idiomas no son meras palabras, sino que conllevan todo un significado y un conocimiento del mundo. Por ejemplo, en el toba, que es una lengua que tiene un número importante de hablantes, hay muchas palabras que refieren a especies naturales, y hay un nombre para un árbol que es el eucalipto, que se llama “domiaGai”. Esta palabra en toba significa “el que zumba”, “el zumbador”, porque en determinada época del año se acerca una especie de abeja que produce una miel especial, y que hace que el árbol zumbe. Ligada a esa palabra hay un montón de conocimiento acerca de la producción de la miel, de la época en que recolecta esa miel. Hay una serie de conocimientos entrelazados que si se pierde la palabra se pierden también.
–Usted investiga el qom l’aqtaqa (lengua toba) desde hace varios años. ¿Qué cuestiones le parecen relevantes o significativas de esta lengua? –A mí siempre me interesó la relación lengua-cultura, poner el foco en ese aspecto. De todos modos, como mi formación es en lingüística, empecé trabajando con la gramática, con los aspectos más formales de la lengua. La perspectiva mía era la de ver cómo funcionaba la gramática con el significado. Porque todos los hallazgos que uno puede hacer en la gramática de una lengua no europea o no de las mayoritarias, pueden aportar a la teoría lingüística general. Y, justamente en ese sentido, las lenguas indígenas de América, sobre todo las latinoamericanas, tienen la particularidad de codificar ciertos aspectos del significado que las lenguas europeas no hacen de la misma manera. Entonces, en ese sentido, se tornan interesantes científicamente. Algunas tienen la particularidad de que en un verbo, además de tener todo lo que tiene un verbo en español, como el tiempo y la persona, codifica si el hablante lo vio o no lo vio, si fue testigo o no, si lo escuchó. Eso es lo que se llama “evidencialidad” en las lenguas, sería como el conocimiento del hablante sobre lo que sucedió, sobre lo que está relatando, la fuente del conocimiento. Eso es algo que en las lenguas europeas no existe codificado en la gramática, uno puede decir “me dijeron que está por llover”, pero la relación entre lo que se dice y el conocimiento de quién lo dice no está en el verbo.
–¿Por qué en el ámbito académico se hace referencia a las lenguas indígenas como lenguas “minorizadas”? –Tiene que ver con una concepción prejuiciosa acerca de que esas lenguas no son comunicativamente eficientes, porque no pueden comunicar conceptos abstractos o teorías, o que no son gramaticalmente completas. Nada de esto es cierto. Está la idea de que son dialectos, que no tienen el status de lengua. Pero en realidad no hay ninguna diferencia lingüística entre dialecto y lengua, es sólo política. Un sociolingüista muy conocido decía que la lengua es un dialecto con ejército, por eso el castellano es una lengua y el chorote es un dialecto. Hay una autora, que se llama Nancy Dorian, que hizo un trabajo interesante sobre ideologías lingüísticas, y habla de la ideología del desprecio, que es una ideología muy europea que vino con la conquista, y que adoptó esa mirada respecto de las lenguas en América. La ideología del desprecio tienen mucho de estos rasgos que comenté: supone que las lenguas indígenas no tienen una gramática, no pueden expresar el conocimiento abstracto, la idea de que si un hablante habla el español y una lengua indígena es nocivo para su aprendizaje, en cambio si habla inglés y español es bárbaro.
–Con la reforma de la Constitución nacional en 1994 parece expresarse un interés desde el Estado de revalorizar las lenguas indígenas y desarrollar una política lingüística más ligada a un bilingüismo vernáculo. ¿Hubo cambios reales en la educación desde entonces? ¿Los maestros y maestras pudieron prepararse para enfrentar esta situación y que no termine siendo un “problema” en clase que el niño o la niña hablen guaraní en su casa? –Creo que hubo cambios. Hay muchas escuelas preparadas. Me dediqué mucho tiempo a este tema de la educación bilingüe intercultural. En este momento no tengo cifras exactas sobre la situación porque no me estoy dedicando a eso, puedo dar una apreciación muy general. Cuando yo empecé, en el año ’89, en lo que fue el Programa Bilingüe Intercultural de la provincia de Chaco, se venía de una época en la que a los chicos que hablaban una lengua indígena en la escuela les hacían lavar la boca o los ponían en penitencia. Ahora ya hay muchas experiencias de educación bilingüe intercultural, mucho camino recorrido, están lo que se llaman “auxiliares docentes”, los maestros indígenas. Antes uno veía que el auxiliar docente barría el patio de la escuela. Creo que ahora hay mucha gente que tiene incluso formación terciaria como maestros, veo que hay un gran avance en la formación de los propios indígenas como maestros.
–¿En qué momento comienza a darse este cambio en la valoración de las lenguas indígenas? –Yo creo que empieza con la democracia, como tantas otras cosas que estaban ocultas, que eran consideradas denigrantes. Estas lenguas eran consideradas como yendo en contra de un proyecto de país que miraba la unidad. Cuando se unifica este país como Estado-nación a lo primero que se hace referencia es al puro idioma español, que no debe mezclarse con esos híbridos dialectos, y ahí también incluían a los dialectos que traían los italianos y los españoles inmigrantes, y a las lenguas indígenas. A partir del comienzo de la democracia, de alguna manera, empieza a romperse ese proyecto tan europeizante.
–Usted realizó un proyecto de investigación colaborativa en la comunidad toba de Derqui (Pilar, provincia de Buenos Aires). ¿Me puede contar qué características tiene una iniciativa de este tipo en la que los propios hablantes nativos colaboran activamente con la investigación? –Es un proyecto que empezó en 2001 y duró hasta 2006. Fue un proyecto que surgió bastante del interés de los científicos e investigadores de volcar o de transferir los conocimientos a una comunidad que recién se estaba organizando. Investigación colaborativa significa que el interés de la investigación se traslada a los propios actores, a los propios hablantes. Ese fue un trabajo muy lento. Cuando yo terminé mi tesis de doctorado, que es una gramática sobre la lengua toba, tuve el impulso de llevar la tesis a la comunidad y ver qué pasaba, qué podíamos hacer en ese lugar donde se estaba nucleando un grupo de gente que venía de distintos lugares del Chaco y que además tenía una problemática muy importante desde el punto de vista lingüístico, que era que los niños ya no hablaban más la lengua nativa, aprendían el español como primera lengua. Y eso es grave, porque el síntoma de que una lengua se pierde es cuando los niños ya no la hablan, cuando los padres ya no la transmiten. Se estaba dando esta situación ahí, yo había escuchado la preocupación de los mayores, de algunos ancianos, y pensé que quizás era un buen momento para empezar a trabajar en este sentido. Una comunidad urbana bilingüe, pero con niños monolingües en español, era una situación muy peculiar, distinto de lo que pasaba en el Chaco, en donde los niños eran monolingües pero en una lengua vernácula. Entonces empezamos unos talleres en los que se incorporaron muchos adultos y adolescentes. Y en esos talleres en realidad empezamos juntos a ver qué podíamos hacer. La primera cuestión que surgió es que querían aprender a hablar mejor el español, para poder desempeñarse mejor en el mundo laboral y educativo. Y mi idea era que eso estaba bien pero que también necesitaban recuperar su idioma, porque eso iba a ser positivo. Esta es una idea que a la gente le costaba entender. Pensaban que aprendiendo en toba se atrasaban en su aprendizaje del español. Pero mi hipótesis era que recuperar el toba también iba a servir para que se afianzara la confianza en uno mismo y fuera posible aprender el otro idioma. Entonces empezamos con los talleres en los que teníamos sesiones de gramática, de relatos sobre la historia, sobre las costumbres, de dramatizaciones de algunas situaciones comunicativas. En un proyecto colaborativo las personas no son estudiadas como objetos, sino que se incorporan a ese interés de la investigación y, justamente, se interesan por su propio idioma, y empiezan a encontrarle la belleza, la estructura, y se interesan en trasmitírselo a sus hijos.
–Y de esa experiencia colaborativa surgió un material que luego publicó el Ministerio de Educación de la Nación, ¿verdad? –Sí, fue muy lindo porque se hizo un acto de presentación en el Palacio Pizzurno, y en el acto estaba el ministro de Educación, que era Daniel Filmus, el director del programa, un anciano toba y yo. Cada uno habló, y fue hermoso porque el ministerio había puesto a disposición micros, y así pudo venir gente de todos lados. La plaza de enfrente del palacio estaba llena de gente qom, que llegaban al ministerio, y se llenó de whipalas, eso fue muy lindo. Otra cosa muy interesante es que una de las personas adultas que venía al taller, con un conocimiento y una sabiduría increíble, empezó a dar clase como maestro de lengua toba en la Facultad de Filosofía y Letras. Se llama Mauricio Maidana. Ahora va a salir un libro que hicimos, que incluye textos de él: Arte Verbal Qom: consejos, rogativas y relatos de El Espinillo (Chaco). Textos bilingües anotados.
Fuente: Página/12

miércoles, 30 de abril de 2014

Hablas de mi y no sabes quién soy - Nuevas correrías del Observatorio Social de la UCA (OSO)

 Por Artemio Lopez

 

Los índices privados de pobreza, con el elaborado por la Universidad Católica (UCA) a la cabeza, son utilizados por el discurso opositor como verdad estadística que, sin embargo, distan bastante de la realidad y carecen de un mínimo aceptable de seriedad técnica.

 

Leo García - Tesoro


Ya señalamos oportunamente cuando se afirmaba que la pobreza superaba el 35% que la utilización del discurso opositor bajo el formato estadístico es otro fetichismo de estos días sin oposición político-partidaria sólida. Una de las más prolíficas en visibilidad en medios opositores advierte sobre la evolución de la pobreza reciente y puebla habitualmente diarios y revistas que adversan al gobierno nacional.

Es “la Iglesia” la que hoy divulga cifras de pobreza generadas en la universidad privada UCA, aprovechando el imaginario que supone a la institución católica “comprometida con los que menos tienen” y el impulso adicional que, según suponen, se sucede tras la asunción del papa Francisco. Marketing celestial, pero arbitrario y contradictorio, veamos su extravagante periplo.



En noviembre de 2011, el Observatorio de la Deuda Social de la UCA le hacía decir al diario opositor La Nación: “Un cóctel preocupante de pobreza, inseguridad, riesgo alimentario, empleo precario y déficit de viviendas envuelve a gran parte de los 12,8 millones de personas que viven en el área metropolitana de Buenos Aires, formada por la Capital Federal y treinta municipios aledaños”.

Así lo reflejaba un informe de Cáritas, brazo social de la Iglesia, y el Observatorio de la Deuda Social, que señalaba que el 34,9% de la población, unos 4,4 millones de personas en esa área metropolitana, vive bajo la línea de pobreza.

Señalábamos en 2011 al respecto: "Se conoció recientemente en la tapa de un importante matutino nacional un estudio sobre pobreza realizado en el área metropolitana de Buenos Aires, formada por la Capital Federal y treinta municipios aledaños, donde residen 12,8 millones de personas. Fue presentado por Cáritas, el brazo social de la Iglesia, y realizado por el Observatorio de la Deuda Social Argentina. El estudio afirma que actualmente, en esa región metropolitana, el 34,9 por ciento de la población residente es pobre por ingresos.

"El brazo social de la Iglesia se equivoca. Erraba en 2009 cuando insistía en que la pobreza era del 30,9%, y seguía equivocándose en 2011 cuando suponía que haía trepado cinco puntos adicionales tras descenso en el desempleo y fuerte crecimiento del lapso 2009-2011."

"Es 'la Iglesia' la que divulga cifras de pobreza generadas en la universidad privada UCA, aprovechando el imaginario que supone a la institución católica 'comprometida con los que menos tienen' y el impulso adicional que, según suponen, se sucede tras la asunción del papa Francisco.”

Seis meses después, el mismo Observatorio Católico privado le hacía publicar al mismo matutino opositor: “Contra lo que dice el INDEC y pese al crecimiento a ‘tasas chinas’ de los últimos años, casi el 22% de la población vive aún bajo la línea de pobreza, con un ‘núcleo duro’ de indigencia del 5,4%”.

Sostuvimos entonces que, al contrario del informe anterior del Observatorio Católico privado que mostraba un nivel de pobreza delirante del 34,9%, no existía ningún ejemplo planetario de reducción tan drástica de la pobreza en tan corto lapso como el que señalan ahora los informes de la UCA que la ubicaban en el 22%: ¡Una baja en la pobreza del 34,9% al 22% de la población en un semestre!

Trece puntos de pobreza menos en seis meses. Según el Observatorio privado en aquel semestre abandonaron la pobreza  5,2 millones de personas. A razón de 860 mil pobres menos por mes, 28.600 por día, 1.192 por hora, casi veinte por minuto. Medalla de Oro Olímpico en baja de la pobreza. Si fuera cierto, pero !ay! Tampoco lo fue.

Nos enteramos luego que según la misma entidad vinculada a la UCA, que la pobreza volvió a trepar de manera apabullante.

Se leía entonces en el opositor matutino Clarín, que le asignaba su tapa catastrófica al informe: Según un relevamiento de la Universidad Católica, a finales de 2012 la pobreza alcanzaba a unos 11 millones de personas, el 26,9% de la población.

Esto suponía que en seis meses nuevamente la pobreza había crecido, esta vez cinco puntos, cifra módica respecto a los barquinazos que nos tiene acostumbrado el Observatorio de la UCA. Se trataba de dos millones de personas adicionales respecto al último valor informado por el mismo Observatorio privado a mediados del año 2012, donde decían que había caído 13 puntos respecto a la medición del mismo Observatorio Católico de un semestre anterior.

Ahora mismo se señala una nueva suba en la pobreza y se fija la indigencia en 5,5% en el mismo momento en que el mismo Juan Carr y un grupo de expertos afirman que uno de cada 22 argentinos es indigente, esto es el 4,5% de la población un 25% por debajo de los valores de la UCA.

Hay inconsistencias tan notables en el nivel de incidencia de la pobreza e indigencia que informa el estudio que hasta pareciera increíble que se las propale sin medir las consecuencias políticas que supone que una institución de connotación religiosa distorsione datos sobre cuestiones tan sensibles a la comunidad como los niveles de pobreza. Veamos las pifias más de cerca.

Según el Observatorio de la Deuda Social Argentina, consultora opositora, vinculada con la universidad privada UCA, existen hoy un 27,5 por ciento de pobres. Esto es un nivel similar de pobreza que el de 2006, más precisamente la existente en el segundo semestre de aquel año, cuando la pobreza, según el impoluto INDEC de entonces, ascendía a 26,9% por ciento a nivel nacional.

En ese momento concurrían cuatro factores que, analizados en conjunto, desbaratan de raíz el cálculo falaz del Observatorio de la Deuda Social.

El 6,4 por ciento de desocupación de hoy contrasta con el 8,7 en 2006, en tanto el subempleo se ubica hoy dos puntos por debajo de los niveles del año 2006.

El trabajo informal, hoy del 34 por ciento, en 2006 llegaba al 44,5%

Hoy existe la Asignación Universal por Hijo, que transfiere el equivalente al 25% del total de ingresos de hogares beneficiarios, cuando en 2006 no existía.

Existen hoy 2,7 millones de nuevos jubilados el equivalente al 45,5% del total de la base previsional y en el año 2006 se lanzaba la moratoria se habían incorporado apenas 400.000.

Apoyada por las cifras de la universidad privada UCA, tendríamos los mismos niveles de pobreza que en el segundo semestre de 2006, cuando se observaba un 30% más de desempleo abierto y trabajo informal que en la actualidad y aún no existía la Asignación Universal por Hijo y 2,2 millones menos de ciudadanos cubiertos por el sistema previsional.

Un disparate por donde se lo mire que, sin embargo, se propala con furia por el sistema de medios opositores en busca de cubrir con ello el gran bache que supone no disponer de una oposición político partidaria que tenga chances de unificarse para ser competitiva de cara a las elecciones del año próximo. Lástima grande, conmueve (poco) tanto ruido de medios.
Fuente: Telam

martes, 22 de abril de 2014

Las patadas en el alma


El sábado pasado, los vecinos del barrio de Once lograron frenar un linchamiento, irónicamente un día antes del Domingo de Resurrección, y mientras se celebraba, a pocas cuadras de allí, el día de San Expedito, patrono de las causas justas y urgentes.



La violencia que sufrió ese joven parecía la relatada en el Vía Crucis cuando Jesús cae varias veces en su camino hacia la cruz, aunque esta vez se trataba de alguien que había robado una cadenita, con la particularidad histórica de la presencia de un poderoso relato que esfuma la idea del “victimario” y fomenta el espíritu heroico de los que atacan violentamente a quien comete un hurto menor.

El sábado a las cuatro de la tarde, el barrio de Once vivía la tradicional celebración a San Expedito, como todos los 19 de abril, en la Parroquia Nuestra Señora de Balvanera. Miles de personas de todo el país, especialmente de la Capital Federal y el Conurbano bonaerense, hacían cola para ver al Santo, presenciaban las misas o recorrían los puestos en donde se vendían estampitas, velas, altares, y todo tipo de objetos religiosos. Muchos de los presentes asistieron además porque el espíritu religioso aflora durante Semana Santa, que recuerda el calvario que vivió Jesucristo hacia su destino en la cruz, su muerte y su resurrección. Pero las ironías del destino quisieron que a unas cuadras de allí, un arrebatador, con una cadenita en la mano, fuese una nueva víctima de esa particular y violenta idea del linchamiento.

Hace unos días el Papa Francisco había dicho que “sentía las patadas en el alma” cuando recordó la brutal golpiza a la que un joven de Rosario, David Moreira, se vio sometido por robar una cartera. Esta vez, cuando el ladrón fue interceptado y tumbado en seco por un hombre que lo perseguía, las patadas en la cabeza que recibía por parte de su perseguidor, junto a dos hombres más y una nenita de buzo rosa, de unos seis o siete años, retumbaban sobre el asfalto de la calle Bartolomé Mitre casi en su intersección con Paso. La escena duró hasta que el llanto de quien había robado una cadenita que arrojó al piso -como una especie de pedido de misericordia-, fue interrumpido por decenas de personas que se acercaron al ladrón para impedir que lo muelan a golpes.
"A veces, el mensaje estigmatizador que determina morales y buenas costumbres según el barrio y/o la clase social, se torna irónicamente contradictorio."

La nena desapareció de la escena -quizás, feliz de haber participado en ese episodio tan comentado en la televisión-; y los tres hombres interrumpieron ese placer cuasi criminal en el que estaban absortos al ser tratados por la gran mayoría de transeúntes como “asesinos”, acusación que parecía contradecir el espíritu heroico del que se sentían dueños. Entonces el ladrón volvió a correr, ya sin su botín, para salvarse de la paliza.

A la media cuadra fue tumbado nuevamente, pero esta vez no fueron los gritos de todos sino una joven de veintitantos años la que puso el cuerpo para que dejen de golpear a ese desconocido cuyo mayor pecado había sido cometer un hurto menor. Aturdidos los linchadores, asustado el delincuente, esa situación violenta se tornó un debate callejero que protagonizó la chica que, entre los nervios improvisados de una escena tan repentina como brutal, les pedía que comprendan que es “uno de nosotros”. (“Un ser humano”, explicó luego, puesto que los violentos parecían no captar su mensaje).

“Hijos de puta como este pueden matar a mi vieja”, se justificaba uno de ellos, como si ese potencial fuese tan certero que la fuerza real de la violencia puede ser ejercida. Y que quede claro: el chico era considerado un asesino en potencia sólo por el hecho de haber robado una cadenita. (Y, seguramente, por la discriminación a la que se vio sometido por ser morocho, usar zapatillas deportivas y gorra; un trío estético que define el estereotipo más estigmatizante).

Entre todos los presentes que buscaban su lugar en el debate callejero, una señora mayor, de nombre Ramona, los trataba tan enojada de “asesinos” y “criminales”, que un hombre de grandes dimensiones, al grito de “vieja de mierda, seguro que vos también sos delincuente”, intentó pegarle un sopapo que la mujer, con enorme dignidad, frenó inmediatamente. “Nosotros no tenemos derecho a sacarle la vida a nadie”, decía entre lágrimas luego de ser contenida por tres personas que evitaron que salga herida.

A los cinco minutos llegó la policía y demoró al joven, porque para eso existen las fuerzas de seguridad. Y lentamente todos aquellos que presenciaron el hecho, desde familias enteras hasta viejitos solos, señoras con las bolsas del supermercado o con la figura de San Expedito en la mano, volvieron a sus rutinas habituales, pero con esa escena dolorosa para contar, casualmente el sábado de Semana Santa.

Sería un exceso suponer que los métodos violentos de esa supuesta defensa ciudadana son parte de un dispositivo mediático que hipnotiza a las masas y las lleva a cometer las mayores atrocidades, como por ejemplo, moler a golpes a un simple ladronzuelo: la heterogeneidad de los relatos que circulan en las cotidianidades excede toda explicación determinista. Pero sería también imposible suponer que, en esas historias, el punto de vista de los medios de comunicación no forma parte del mensaje. Y los linchamientos han sido últimamente alentados con gracia por algunos de ellos, especialmente cuando sugieren tácitamente que la figura del “victimario” no existe cuando el golpeado es un ladrón, morocho, usa gorra y, peor aún, es adolescente.

Pero la manera en que los receptores captan ese mensaje puede adoptar formas diversas: en Palermo, cuando un delincuente fue linchado, fueron mayoría los golpeadores y sólo la policía, que llegó 25 minutos después, logró frenar la violencia. En el barrio Once, muy cerca de la parroquia en donde se veneraba al santo popular de las causas justas, fueron los propios vecinos los que impidieron la golpiza: a veces, el mensaje estigmatizador que determina morales y buenas costumbres según el barrio y/o la clase social, se torna irónicamente contradictorio.
Fuente:Telam

miércoles, 16 de abril de 2014

El lugar de las minorías

 ROBERT BURT, LA RELACION OPRESOR-OPRIMIDO Y UN NUEVO ORDEN SOCIAL
Es profesor en la Facultad de Derecho de Yale. Su trabajo académico parte de esa disciplina y se combina con la historia, la sociología, el psicoanálisis y la medicina para indagar cómo las normas impactan en la sociedad. Dice que los momentos en los que ciertos grupos logran emanciparse son sólo intervalos de una estigmatización que no cesa. Negros, mujeres, gays e hispanos en la sociedad estadounidense.

Por Patricio Porta

A lo largo de la historia existen momentos en los que ciertos grupos estigmatizados logran emanciparse o sortear la subordinación. Sin embargo, estos momentos son intervalos entre episodios recurrentes de nuevas degradaciones. Este es el tema principal de “Orden social y mentes desordenadas”, el trabajo que el profesor estadounidense de la Escuela de Derecho de Yale Robert Burt presentó recientemente en Buenos Aires, invitado por la Universidad de Palermo. Su apuesta es quebrar la relación opresor-oprimido para crear un nuevo orden social y que los momentos de emancipación se conviertan en la norma.
En diálogo con Página/12, Burt explicó que desde la guerra revolucionaria –que liberó a Estados Unidos del dominio de Gran Bretaña– hasta la actualidad, los afroamericanos, las mujeres y los gays fueron los que lograron el reconocimiento legal de sus derechos y convulsionar parcialmente el orden jerárquico establecido. Si bien el sistema judicial contribuyó a cambiar parcialmente el estatus de estas minorías –y la percepción social mayoritaria hacia ellas–, sostuvo que la verdadera transformación se producirá cuando los opresores comprendan que también son víctimas de la opresión que promueven.
–¿Qué cambios se produjeron en los últimos 50 años para que Estados Unidos tenga hoy un presidente negro? –El momento clave es la decisión de la Corte Suprema de Justicia en el caso Brown contra el Consejo de Educación en 1954, que declaraba inconstitucional la segregación racial en las escuelas del país. Esto tuvo un impacto profundo, particularmente en los estados del sur, y rompió las barreras que habían sido impuestas entre negros y blancos. La gente del norte no entendía cómo los blancos del sur podían sostener esta situación. La educación estaba segregada y la humillación hacia los negros era constante. Pero esto cambió en los ‘60. Primero con la Ley de Derechos Civiles de 1964, que terminó con la discriminación en lugares públicos y que cortaba la asistencia federal a los colegios que mantenían la segregación. La Corte obligó al Congreso a hacer esto porque había una empatía con el reclamo del movimiento negro. Los senadores de los estados sureños, sobre todo, practicaban el filibusterismo para extender el debate y evitar la votación. Todas las votaciones se perdían porque sumaban a todos los senadores de los antiguos estados confederados. Pero de pronto, por primera vez, el filibusterismo fue derrotado en la Ley de Derechos Civiles. Un año más tarde, en 1965, se aprobó el derecho a voto. Esta lucha explica el camino de Obama a la presidencia.
–Sin la lucha por los derechos civiles, Obama nunca podría haber llegado a la Casa Blanca. –Los negros tenían miedo. Era un miedo genuino. Era la época del Ku-Klux- Klan, que quemaban cruces y atacaban a los negros cuando desobedecían mínimamente el orden establecido. Un hombre negro podía ser asesinado por el solo hecho de mirar a una mujer blanca. El sur de Estados Unidos era un lugar horrible para vivir, aunque parecía tranquilo. En 1955, cuando Rosa Parks se niega a ir a la parte de atrás del colectivo, se produce la irrupción del movimiento por los derechos civiles. No sólo estaba la Corte para impulsar esos cambios, sino el movimiento negro que hacía oír su voz en las calles. Martin Luther King era partidario de una lucha no violenta, pero otros dentro del movimiento decían que esa estrategia no funcionaba y eso asustó a mucha gente. Pese a todo, la sociedad se iba abriendo. Las universidades, como Yale, Harvard y Princeton, reservaron vacantes para estudiantes negros. Antes, un negro no podía estudiar Derecho en Texas y tenía que mudarse a Oklahoma, donde los cursos estaban divididos entre blancos y negros. Y eso explica el porqué de Obama. Es un hombre muy inteligente que fue un estudiante destacado. Pero antes de 1954 nadie se hubiera fijado en alguien como él. Por su propia biografía, al ser hijo de un matrimonio mixto, tiene un manejo extraordinario de las relaciones entre negros y blancos y pudo despejar el temor de los blancos al Black Power.
–Del movimiento por los derechos civiles a la campaña por el matrimonio igualitario se observa la lucha y el empoderamiento de las minorías. ¿Qué papel juegan éstas en la sociedad norteamericana? –La Corte ha jugado un papel facilitador para atender estas demandas y la presión de estos grupos. Hasta 1954, la Corte no estaba interesada en suprimir el orden establecido. Alguien me preguntó por qué se produjo ese cambio. La respuesta es que no tengo idea, pero es maravilloso. Felix Frankfurter, que era defensor del orden opresor, era el único miembro de la Corte que no estaba de acuerdo con este giro. El consideraba que el patriotismo y el respeto a la autoridad eran extremadamente importantes y que no había diferencia entre cristianos y judíos, blancos y negros, hombres y mujeres. Lo cual no tiene sentido. En 1943, la Corte argumentó que era inconstitucional obligar a los estudiantes a saludar a la bandera y jurar lealtad al país porque iba en contra de la Primera Enmienda, que consagra la libertad de culto y de expresión. Este es un cambio fundamental. Esta decisión fue tomada en medio de la Segunda Guerra Mundial y en plena ola de patriotismo. A partir de ese momento, la Corte comenzó a escuchar los reclamos de las minorías.
–¿Cómo se resuelve entonces el conflicto de intereses en una sociedad diversa? –Ese problema no está resuelto. Sigue habiendo hostilidad hacia los negros. Pero ahora es hacia los negros que son pobres. Jesse Jackson se había presentado en las primarias en los ’80 pero nadie parecía prestarle atención. En cambio, cuando Obama apareció en escena, casi veinte años después de Jackson, lo tomaron en serio. Uno de los mayores retos cuando buscaba la nominación por el Partido Demócrata en las internas era el caucus de Iowa, un estado en donde casi no hay negros. Recuerdo que un alumno afroamericano me contó que su padre, un distinguido profesor universitario, le decía que Estados Unidos era un país profunda e incurablemente racista. Pero Eric, el alumno en cuestión, estaba en desacuerdo. Al día siguiente de las primarias en Iowa, Eric recibió un llamado de su padre: “Iowa es un estado asombroso. Un estado blanco votando a un hombre negro para presidente. Estaba equivocado, tenías razón. Aún hay racismo en nuestra sociedad y lo sabés. Pero hay esperanza de que haya una cura. No reconozco este país, es muy distinto al que conocí. Así que vos vivís en un país distinto, sos un afortunado”. Hay muchos problemas sin resolver. No es una sociedad abierta a los negros, a los convictos. No estamos en el paraíso. Pero es un país mucho mejor que décadas atrás, casi irreconocible.
–En su trabajo “Orden social y mentes desordenadas” usted afirma que hay momentos emancipatorios en los que algunos grupos consiguen liberarse de la estigmatización, pero que éstos no son definitivos. ¿Por qué? –En la historia estadounidense hay tres momentos en que el orden establecido explotó. La guerra revolucionaria destruyó el control de la época colonial. La consecuencia no fue un nuevo orden, sino que la sociedad vivía sin un orden determinado, porque todo había estallado y nada estaba en su lugar. Había mucha incertidumbre, tanto para los grupos mayoritarios como para los oprimidos. La legislación esclavista del antiguo orden era extremadamente opresora. De pronto, los esclavistas se dieron cuenta de que tenían algo en común con sus esclavos. No era consistente la opresión, aunque distinta, que habían experimentado antes de la revolución. Hubo un compromiso para liberar a los esclavos, tal como sus dueños se habían liberado durante el proceso revolucionario. Pero pasaron 30 años hasta que los estados del norte abolieron la esclavitud. Es mucho tiempo. Estos estados no volvieron a modificar el estatus de los esclavos, pero tampoco se preocuparon por lo que sucedía en los estados del sur, muy conservadores, donde los negros seguían siendo esclavos. Y muchos esclavos del norte fueron enviados al sur. Por eso los momentos emancipatorios no son definitivos.
–¿Cuál era la situación de los pueblos originarios durante la revolución? –Luego de la revolución, en vez de matar a los nativos, se decidió asimilarlos a la sociedad blanca y se firmaron tratados con ellos. Esto fue hasta la época de Andrew Jackson, que fue el primer presidente que no perteneció a la generación de los padres fundadores, como Washington o Jefferson. Jackson cambió la actitud hacia los nativos y comenzó a matarlos. Los despojó de sus tierras y emprendió un genocidio. A finales del siglo XIX, cerca del 80 por ciento de los indígenas había sido asesinado. Durante la guerra civil se produjo otra erupción. Los estados del norte decidieron luchar contra los del sur, pero no por la esclavitud sino por la unión. Durante la guerra, que comenzó en 1861 y terminó en 1865, se perdieron muchas vidas. Fue la guerra más sangrienta que vivió el país, en la que más civiles estadounidenses murieron, más que cualquier otra. Después de la guerra revolucionaria, los estados se habían unido voluntariamente, pero la guerra civil significó una integración forzada de 11 estados. Esta situación modificó dramáticamente el carácter de la sociedad, su impacto fue mayor que el producido luego de la guerra de independencia. Nuevamente hubo incertidumbre. Se esperaba un nuevo orden. En ese momento resurgió la empatía por los más débiles, los oprimidos, como los negros. Inmediatamente se produjo otro momento emancipatorio, cuando se aprobó la Constitución de 1865, que abolió la esclavitud, garantizó la ciudadanía para todos los esclavos liberados y la misma protección para todos. Este fue un cambio tremendamente importante. Después de la guerra civil, también cambió la estructura económica. El país se organizó a través de un sistema capitalista y comenzó entonces la lucha entre el capitalismo y los trabajadores. La Corte estaba del lado de los capitalistas, trataba de contener cualquier revuelta de los obreros. Todo esto para mantener el nuevo orden. Pero una vez que Franklin Roosevelt llegó a la presidencia, renovó la Corte y las cosas comenzaron a modificarse. Los jueces asumieron un nuevo rol al proteger especialmente a las minorías y a los trabajadores.
–¿Cómo impactó este cambio de la Corte Suprema en las minorías? –La Justicia tenía que proteger más agresivamente a las minorías de los prejuicios de la mayoría. Eso lo dijo Harold Hitz Burton, que fue presidente de la Corte entre 1945 y 1958. Pero esta idea estaba inspirada en los grupos religiosos minoritarios, no en los negros, en las mujeres o en los gays. De los momentos caóticos o de desorden emerge la empatía por los grupos oprimidos, que dura cierto tiempo, pero no para siempre. Por otro lado, si bien los negros y las mujeres no son completamente libres, su situación cambió radicalmente después de 1954. Por ejemplo, las mujeres debían permanecer en el hogar, ser madres, estudiar para ser maestras, enfermeras, pero nunca para ser directoras, doctoras o ser la cabeza de una compañía. Cuando me gradué, había sólo tres mujeres en mi clase y a nadie le parecía raro. Ahora hay más mujeres que varones en las universidades. Pasa lo mismo en Argentina, donde tengo entendido que son más de la mitad.
–En 2003, la Corte derogó la ley que criminalizaba las relaciones entre personas del mismo sexo en Texas. Ese fue un caso paradigmático para el colectivo lgbt en Estados Unidos. –Sí, la Corte dijo que esa ley violaba la Constitución por criminalizar a los adultos del mismo sexo que tenían relaciones sexuales en la privacidad de sus hogares. En 1986 la Corte sostenía que no había en la Constitución ningún elemento que aprobara o protegiera las relaciones entre dos personas del mismo sexo, que los homosexuales eran de una naturaleza diferente. En opinión de la Corte, por 5 votos a favor y 4 en contra, se criminalizó este tipo de relaciones. En 2003, en el caso Lawrence vs. Texas, la Corte revisó el fallo de 1986 y reconoció que fue un error en su momento.
–Esta decisión fue clave para comenzar la lucha por el matrimonio igualitario en todo el país. –Ahora hay 18 estados que permiten el matrimonio entre personas del mismo sexo. Hasta hace cuatro años, los abogados por los derechos lgbt se mantenían fuera de las Cortes federales porque creían que la Corte no extendería los derechos de esta minoría. Por eso luchaban estos casos en cada Corte estatal. Seis meses después del fallo de 2003, la corte de Massachusetts declaró que la Constitución estatal estaba más abierta a las minorías que la Constitución federal. Según la interpretación de la Constitución de Massachusetts –porque modificarla es virtualmente imposible–, el estado debía garantizar el derecho al matrimonio a las parejas del mismo sexo. Hago énfasis en el caso de Massachusetts porque demuestra que no es imposible. En Utah, Oklahoma y Virginia las cortes estatales están estudiando estos casos. Ante el silencio de la Corte Suprema, el trabajo lo están haciendo las cortes de cada estado. Si el tema llegara a la Corte Suprema, no sé cuál sería la votación.
–¿Por qué en un estado de derecho parece tan difícil llevar a la práctica el concepto de igualdad? –La palabra igualdad es curiosa. Si tomamos en cuenta el matrimonio gay, el concepto de igualdad, en uno de sus sentidos, supone tratar a todos de la misma forma. ¿Pero el matrimonio gay es lo mismo que el matrimonio heterosexual? Bueno, no lo es. El matrimonio heterosexual es entre un hombre y una mujer. Y el matrimonio gay es entre dos hombres o entre dos mujeres. Es un asunto complicado. El matrimonio gay busca la igualdad, pero no la libertad. Las personas que no creen en el matrimonio gay pueden decir: “Hagan lo que quieran, tengan sexo con un perro si quieren, pero no me pidan que celebre su matrimonio”. Las parejas gays le piden a la Corte que les otorgue el mismo estatus que a las parejas heterosexuales. Pero la Corte sabe que no puede hacer eso y es porque lleva tiempo cambiar la mentalidad de la gente. Pensemos en Utah, un estado mormón.
–Sí, pero lo que se discute en ese caso es la posibilidad de obtener los mismos derechos en el marco de una sociedad secular y de una Constitución que reivindica la igualdad legal de todos sus ciudadanos. ¿No cree que la Corte puede ayudar a acelerar ese cambio de mentalidad, como lo hizo en su momento con los derechos de los afroamericanos o las mujeres y la cuestión del aborto? –Sí, si la Corte toma una posición favorable, que es lo que debería hacer, también puede contribuir a un cambio de mentalidad. Y es que estamos cerca de un nuevo orden. La mayoría de mi generación aprueba el matrimonio entre personas del mismo sexo, pero tu generación está abrumadoramente a favor. En Estados Unidos, la mayoría está a favor. Cuando tengas 75 años, la mentalidad de toda la sociedad habrá cambiado. ¿Pero hay que esperar tanto? No lo creo, aunque hay que darle tiempo. Con esto no digo que las parejas gays sean completamente diferentes de las heterosexuales, pero la igualdad no te lleva a la libertad. Lo que te lleva a ese camino es el respeto por la igualdad, y eso se llama democracia.
–¿Cómo cree que los derechos lgbt o de otras minorías pueden contribuir a liberar al resto de la sociedad? –En la relación entre opresores y oprimidos, los opresores experimentan la opresión como los oprimidos. Parece algo cínico al decirlo. Los blancos del sur están tan oprimidos como los negros del sur. Pero esto no significa que debamos sentir simpatía por los opresores blancos. Lo que quiero decir es que a los blancos les costó mucho mantener una relación de subordinación con los negros. Es un desgaste psíquico. Lincoln decía que había que liberar a los esclavos para garantizar la libertad de los hombres libres. Los opresores tienen que entender que es por su propia integridad –la opresión los lastima– que se deben derribar esos muros. Una de las formas de que lo entiendan es que la Corte Suprema regule esta confrontación de una manera pacífica. Se deben suprimir las políticas que puedan ser herramientas para perpetuar esa opresión. ¿Pasa todo el tiempo? No. ¿Pasa fácilmente? No. ¿Es un cambio rápido? Nunca. Pero sucede. Pasa con los negros, con los gays, con las mujeres.
–¿Piensa que la relación entre opresores y oprimidos se dirime en términos legales, más allá de la norma cultural dominante? –Sí. De hecho, no mencioné la situación de otro grupo oprimido: los trabajadores. La Corte Suprema no ayudó a resolver ese problema. La bota está en el cuello de los trabajadores, porque Estados Unidos tiene problemas económicos serios, relacionados con la competitividad. Pero esto se puede sortear en parte por la opresión de los capitalistas sobre los trabajadores. La Corte ha jugado un papel negativo a la hora de regular estas relaciones.
–Algo parecido ocurre con los inmigrantes. –Se los deshumaniza y se les niega la ciudadanía. Lo mismo que pasaba con los negros. ¿Qué hacemos con los mexicanos o los guatemaltecos? Primero hay que reconocer que son grupos oprimidos. La Corte Suprema debe derribar el estatus del inglés como única lengua nacional y reconocer el español. Es un mundo competitivo, de flujos migratorios y movimiento constante. Mi opinión es que se les debe dar la ciudadanía. Es un mundo globalizado. Lo que pasa en Crimea, por ejemplo, puede afectar a Estados Unidos. Hace 70 años no hubiese tenido sentido. Pero un mundo de gobernanza global sí lo tiene. Las naciones están en una posición muy débil ahora. La Corte puede hacer algo al respecto. Y también el Congreso. Los padres de los chicos que nacen en Estados Unidos deberían acceder a la ciudadanía automáticamente.
–¿Por qué dice que los convictos son el nuevo grupo estigmatizado en su país? –La tarea principal es identificar a aquellos grupos que son perpetuos perdedores. Luego se los excluye. Parece una posición extrema, pero no lo es. Cuando ves cómo se trata a los negros, ves que se les niega virtualmente su condición humana. No se les reconoce la posibilidad de existir como seres humanos. Esto es válido para los criminales y también para los discapacitados y los homosexuales, que son relegados al margen de la humanidad. El caso de las mujeres es más complicado, pero se las ve como otro tipo de humanidad que necesita ser supervisada de un modo especial. Sin embargo, y vuelvo a mi ejemplo favorito, la sociedad estadounidense eligió a un presidente negro. Nadie elegiría a una persona que está fuera de la condición humana como presidente. Nadie votaría a un perro como presidente. Entonces, hemos decidido que no todos los negros son iguales. La paridad entre negros y blancos en las cárceles se está acercando desde el año pasado. La población carcelaria ya no es sinónimo de población negra. ¿Pero cómo tratamos a los convictos en Estados Unidos? Bueno, tenemos la pena de muerte, así que los matamos. Eso es poner a la persona por fuera de la condición humana. También está esta nueva política que les niega a los presos la libertad condicional, que significa que no tenés la capacidad de asociarte o relacionarte con las personas que están fuera de las cárceles y acorde a la ley. Pero incluso si llegás a obtener la libertad condicional cada estado se asegura de que no puedas, por ejemplo, votar. Y eso, en Estados Unidos, se parece bastante a negar la humanidad de las personas.
–Después de Obama, ¿imagina un presidente abiertamente gay, o judío o mujer? –No sé qué pasará con Hillary Clinton. Pero en las primarias que ganó Obama era increíble ver que los dos candidatos del Partido Demócrata eran un hombre negro y una mujer. Admiro a Hillary Clinton, creo que es una mujer muy inteligente y que fue una gran secretaria de Estado. Lideró la reforma de salud durante la presidencia de su marido, así que creo que tiene la capacidad para ser presidenta. Quizá sea una vuelta al pasado, porque probablemente compita con Jeff Bush. Será volver nuevamente a una alternativa Clinton-Bush. Pero creo que será nuestra próxima presidenta. Por otra parte, Joe Lieberman, que es judío, fue el candidato a la vicepresidencia de Al Gore en 2000. Eso quebró una barrera. Yo soy culturalmente judío, pero no en términos religiosos. Pero él es profundamente religioso. No hacía campaña los sábados, ni atendía el teléfono, que es algo que los judíos religiosos hacen. ¿Está preparado el país para un presidente judío? Lieberman se presentó nuevamente, aunque no es mi político favorito, no es mi judío favorito. Estoy en desacuerdo con él en la mayoría de los temas. Pero Hillary se lo ha ganado. Sé que la gente puede estar un poco cansada, pero la experiencia es algo importante. Dirán que sacó ventaja por estar casada con un ex presidente. Pero fue más que primera dama.
Fuente: Página/12