lunes, 10 de junio de 2019

Crítica de la Teoría Monetaria Moderna



Michael Roberts 



Fuente:ramble tamble


1- El Chartalismo y Marx
La teoría monetaria moderna (TMM) se ha convertido en una moda entre muchos economistas de izquierda en los últimos años. La nueva representa demócrata de izquierdas en EEUU, Alejandra Ocasio-Cortez es al parecer una de sus partidarias; y un destacado exponente de la TMM ha debatido recientemente la teoría y sus implicaciones políticas con el portavoz para economía y finanzas del Partido Laborista, John McDonnell.
La TMM tiene cierto atractivo en la izquierda, porque parece ofrecer apoyo teórico a las políticas de gasto fiscal financiadas con dinero del banco central y para aumentar el déficit presupuestario y la 2 pública, sin miedo a la crisis. Y por lo tanto para defender políticas de gasto público en proyectos de infraestructura, creación de empleo e industrias, en contraste directo con las principales políticas neoliberales de austeridad y mínima intervención del gobierno.
Por lo tanto, en esta nota voy a ofrecer mi opinión sobre el valor real de la TMM y sus implicaciones políticas para el movimiento obrero. En primer lugar, voy a tratar de hacer una descripción general de la misma para señalar sus similitudes y diferencias con la teoría monetaria de Marx.
La TMM se fundamenta en las ideas de lo que se llama el “Chartalismo”.  Georg Friedrich Knapp , un economista alemán, acuñó el término “chartalismo” en su Teoría Estatal del Dinero, que fue publicada en Alemania en 1905 y traducida al Inglés en 1924. El nombre deriva del latín 'Charta', en el sentido de una ficha o billete. El Chartalismo argumenta que el dinero se originó con los intentos del estado de dirigir la actividad económica y no como una solución espontánea a los problemas con el trueque o como un medio para mediatizar la deuda.
El Chartalismo sostiene que el intercambio de mercancías generalizado solo se generó históricamente después de que el estado fuese capaz de crear la necesidad de utilizar su moneda soberana mediante la imposición de impuestos a la población. Para los chartalistas, la capacidad del dinero para actuar como unidad de cuenta para el crédito/deuda depende fundamentalmente de la confianza depositada en el soberano o el poder del soberano para imponer su voluntad sobre la población. El uso del dinero como unidad de cuenta de las deudas/créditos es anterior a la aparición de una economía basada en el intercambio generalizado de mercancías. Así, el chartalismo argumenta que el dinero surgió primero como una unidad de cuenta de la deuda y no del intercambio. Keynes fue en gran medida un admirador del chartalismo, pero esta teoría se opone claramente a la visión de Marx de que el dinero es analíticamente inconcebible sin entender el intercambio de mercancías.
¿Puede la Teoría chartalista / Teoría Monetaria Moderna (TMM) y la teoría marxista del dinero ser compatibles o complementarias o es una de ellas errónea? Mis respuestas serían: 1) el dinero es anterior al capitalismo, pero no por la acción del estado; 2) Sí, el estado puede crear dinero, pero no controlar su precio. Así que la confianza en su dinero puede desaparecer; y 3) una posición chartalista estricta no es compatible con la teoría del dinero marxista, pero además la TMM tiene características complementarias.
Ahora quisiera tratar de ampliar estos argumentos.
La Teoría Monetaria Moderna y la teoría marxista del dinero son complementarias en la medida en que ambas son teorías endógenas del dinero. Ambas rechazan la teoría cuantitativa del dinero, es decir, que la inflación o la deflación depende de las decisiones de los bancos centrales de inyectar o no dinero-crédito. Por el contrario, es la demanda de dinero la que determina la oferta: es decir, los bancos hacen préstamos y como resultado se crean depósitos y deuda para financiar los préstamos, no al revés. En ese sentido, tanto la TMM como la teoría marxista reconocen que el dinero no es un velo sobre la economía real, sino que la economía moderna (capitalista) es una economía monetaria de cabo a rabo.
Tanto Marx como los partidarios de la TMM coinciden en que la llamada teoría cuantitativa del dinero, como la desarrollaron en el pasado el economista de la Escuela de Chicago Milton Friedman y otros, que guió la política de los gobiernos en la década de 1980, es errónea. Los gobiernos y los bancos centrales no pueden influir en las bonanza y crisis del capitalismo mediante el control del la oferta de dinero. El triste récord de los actuales programas de flexibilización cuantitativa (QE) adoptados por los principales bancos centrales para tratar de impulsar la economía lo confirma. los balances de los bancos centrales se han disparado desde la crisis de 2008, pero el crecimiento del crédito bancario no tiene; y ninguno de ellos tiene el crecimiento del PIB real.
Pero la teoría marxista de dinero hace una distinción importante que no incluye la TMM. El capitalismo es una economía monetaria. Los capitalistas comienzan con el capital dinero para invertir en la producción de productos básicos y de capital, que a su vez, a través del empleo de la fuerza de trabajo (y su explotación), con el tiempo ofrece un nuevo valor que se realiza en mayor capital-dinero. Por lo tanto, la demanda de capital-dinero impulsa la demanda de crédito. Los bancos crean dinero o crédito como parte de este proceso de acumulación capitalista, pero no el capital financiero separado de la producción capitalista. Los defensores de la TMM / chartalistas argumentan que la demanda de dinero es impulsado por los “espíritus animales" de los agentes individuales (los keynesianos) o por el estado que necesita crédito (los chartalistas). Por el contrario, la teoría marxista del dinero estima que la demanda de dinero, y por lo tanto su precio, es finalmente determinada por el ritmo de acumulación del capital y el consumo capitalista.
La teoría y la historia del dinero 
Esto plantea la cuestión de fondo de las diferencias entre la Teoría Monetaria Moderna, sus orígenes chartalista, y la teoría marxista del dinero. La teoría del dinero de Marx es específica del capitalismo como modo de producción, mientras que la TMM y el Chartalismo son ahistóricos. Para Marx, bajo el capitalismo, el dinero es la representación del valor y, por lo tanto, de la plusvalía. En la fórmula D-C-P-D’, D puede intercambiarse con C porque D representa C y D' representa C'. El dinero no podría hacer el intercambio posible si la intercambiabilidad no fuera inherente a la producción de mercancías, si no fuera una representación del trabajo abstracto socialmente necesario y por lo tanto del valor. En ese sentido, el dinero no surge en el intercambio, sino que es la representación monetaria del valor del intercambio (RMVI), o del tiempo de trabajo socialmente necesario (TTSN).
La teoría de Marx analiza las funciones del dinero en una economía capitalista mercantil. Es una teoría históricamente específica, no una teoría general de la moneda a lo largo de la historia, ni una teoría del dinero en las economías pre-capitalistas. Así que, si bien es cierto que el dinero aparece por primera vez en la historia como una unidad de cuenta de los impuestos y los pagos de la deuda (como los chartalistas y Keynes señalan), ello no contradice la teoría del dinero de Marx en el capitalismo .
De todos modos, tengo grandes dudas de que, históricamente, la deuda del estado fuese la razón de la aparición del dinero (volveré a abordar este tema en futuras nota). David Graeber, el antropólogo anarquista, parece sostener esto en su libro, 5000 años de la deuda. Pero no me acaba de convencer. Marx sostiene que el dinero surge naturalmente en la medida que la producción de mercancías se generaliza. El estado simplemente valida la forma dinero, no la inventó. De hecho, creo que la cita de Locke que utiliza Graeber en la p.340 de su libro resume bien el argumento. “Locke insiste en que no se puede hacer valer más una pequeña pieza de plata si se la denomina 'chelín' que hacer a un hombre de baja estatura más alto por declarar que en la actualidad un pie tiene quince pulgadas”.
En la exposición clásica del Chartalismo, Knapp argumentó que los estados han designado históricamente la unidad de cuenta y que, al exigir que los impuestos se pagarán en una forma particular, garantizó que esa forma circularía como medio de pago. Todo contribuyente tendría que conseguir el dinero suficiente definido arbitrariamente por el estado y tendría que recurrir al intercambio monetario. Joseph Schumpeter refutó este enfoque cuando dijo: “Si Knapp se hubiera limitado a afirmar que el Estado puede declarar un objeto o un documento judicial o una ficha (con un signo) moneda de curso legal y que la declaración a este efecto de que un determinado documento de pago o ficha sería aceptado como satisfacción de los impuestos hubiera supuesto un importante avance en la asignación de algún valor a ese documento de pago o ficha, hubiera implicado una verdad aunque fuera obvia. Pero si hubiera afirmado que dicha acción del Estado determinaría el valor de ese documento de pago o ficha, hubiera sido una propuesta interesante, pero falsa”. [Historia del Análisis Económico, 1954]. En otras palabras, el Chartalismo es obvio y está en lo cierto o es interesante e incorrecto.
El dinero como mercancía o surgido de la nada 
Marx argumentó que el dinero en el capitalismo tiene tres funciones principales: como medida de valor, como medio de intercambio, y “el dinero como dinero”, que incluye el pago de la deuda. La función de medida de valor se deduce de la teoría del valor trabajo de Marx y esta es la principal diferencia con los Chartalistas / TMM, que (por lo que se) no tienen ninguna teoría del valor y, por lo tanto, ninguna teoría de la plusvalía.
En efecto, para los exponentes de la TMM, el valor es ignorado a favor de la primacía del dinero en las relaciones sociales y económicas. Véase esta explicación de uno de los partidario de la TMM de su relación con la teoría del valor de Marx: “El dinero no es una mera ‘expresión’ o ‘representación’ de la creación de valor agregado privada. En su lugar, la TMM supone que el dinero como columna vertebral fiscal y flujo macro-económico implican juntos un horizonte material compartido de producción y distribución ... Al igual que el marxismo, la TMM basa el valor en la construcción y mantenimiento de una realidad material colectiva. En consecuencia, rechaza la  teoría de la utilidad neoclásica, que basa el valor en el juego de las preferencias individuales. Pero, en contraste con el marxismo, la TMM sostiene que la producción de valor está condicionada por la capacidad fiscal abstracto del dinero y la jerarquía de la mediación que soporta. La TMM no descarta de ningún modo la fuerza de la gravitación física en la realidad humana. Más bien, de manera implícita de-prioriza la causalidad de la gravedad en los procesos políticos y económicos, mostrando las condiciones ideales en las que el dinero real se distribuye a través de la estructura piramidal“.
Si se abre uno paso en esta jerga escolástica, creo que significa que la TMM difiere de la teoría del dinero de Marx afirmando que el dinero no está vinculado a ninguna ley del valor que la arrastra como la 'gravedad', sino que tiene la libertad de expandirse y, de hecho, cambiar por si mismo de valor. ¡El dinero es la fuerza causal principal del valor, no al revés!
En mi opinión, esto no tiene sentido. Se hace eco de las ideas del socialista francés Pierre Proudhon en la década de 1840 que afirmaba que el problema del capitalismo era el sistema monetario en sí, no la explotación del trabajo y el modo de producción capitalista. Esto es lo que Marx pensaba del argumento de Proudhon en su capítulo sobre el dinero en los Grundrisse: “¿Pueden las relaciones de producción existentes y las relaciones de distribución que les corresponden ser revolucionadas por un cambio en el instrumento de la circulación?” Para Marx, “la doctrina que propone trucos en la circulación como una forma de, por un lado, evitar el carácter violento de estos cambios sociales y, por otro, de hacer estos cambios aparezcan no como una condición previa, sino resultado gradual de estas transformaciones en la circulación” comete un error fundamental y es una interpretación errónea de la realidad del capitalismo.
En otras palabras, la separación del dinero del valor y hacer del dinero la principal fuerza de cambio en el capitalismo es no reconocer la realidad de las relaciones sociales en el capitalismo y la producción con fines de lucro. Sin una teoría del valor, los partidarios de la TMM entran en un mundo económico ficticio, donde el estado puede emitir deuda y convertirla en créditos a cuenta del estado por un banco central, a voluntad y sin límite o repercusiones en el mundo real del capital productivo,  aunque nunca es tan simple como parece.
Para Marx, el dinero hace dinero a través de la explotación del trabajo en el proceso de producción capitalista. El nuevo valor creado se materializa en productos para la venta; el valor obtenido está representado por una cantidad de dinero. Marx comenzó su teoría del dinero como una mercancía como el oro o la plata, cuyo valor puede ser intercambiado con otras materias primas. Así que el precio o el valor del oro anclan el valor monetario de todos los bienes. Sin embargo, si el valor o el precio del oro cambian debido a un cambio en el tiempo de trabajo necesario para la producción de oro, entonces también lo hace el valor del dinero como precio de otros productos básicos. Una fuerte caída en el tiempo necesario para la producción de oro y por lo tanto una caída en su valor darían lugar a un fuerte aumento de los precios de otros productos (oro español de América Latina en el siglo XVI) - y viceversa.
La siguiente etapa en la naturaleza del dinero fue el uso de papel o monedas fiduciarias fijadas por el precio del oro, el patrón oro y, finalmente, la etapa de las monedas fiduciarias o 'dinero de crédito'. Pero, contrariamente a la opinión de los TMM o Chartalistas, esto no cambia el papel o la naturaleza del dinero en una economía capitalista. Su valor todavía está ligado a la SNLT en la acumulación capitalista. En otras palabras, el dinero mercancía tiene / contiene el valor mientras que el dinero no mercantil representa / refleja el valor y, debido a esto, puede medir el valor de cualquier otra mercancía como expresarlo en forma de precios.
Los estados modernos son claramente cruciales para la reproducción de dinero y el sistema en el que circula. Sin embargo, su poder sobre el dinero es bastante limitado - y como dijo Schumpeter (y Marx habría dicho), los límites son más claros a la hora de determinar el valor del dinero. La Casa de la Moneda puede imprimir el número de billetes y monedas que quiera, pero no puede decidir lo que representan. Esa relación se determina mediante un sinnúmero de decisiones de fijación de precios de las empresas privadas, principalmente, que reaccionan de manera estratégica a la estructura de costes y la demanda a la que se enfrentan, en competencia con otras empresas.
Esto hace que el valor del dinero respaldado por el estado sea inestable. En realidad, la teoría chartalista lo reconoce. Según esta, el principal mecanismo por el cual el Estado proporciona valor a la moneda fiduciaria es mediante la imposición de obligaciones fiscales a sus ciudadanos y proclamando que aceptará sólo una cierta forma de pago (sea la que sea) para satisfacer esas obligaciones fiscales. Pero Randall Wray, uno de los escritores más activos de esta tradición, admite que si el sistema de impuestos se rompe, “el valor del dinero caería rápidamente hacia cero.” De hecho, cuando la solvencia del estado está seriamente cuestionada, el valor de las monedas nacionales colapsa y exige cambios en los productos reales, tales como el oro, como forma de acumulación para almacenar el valor. El precio del oro se disparó en el inicio de la actual crisis financiera en 2007 y otro aumento aún mayor tuvo lugar a principios de 2010, cuando la crisis de la deuda de los países del sur del Euro, agravó la situación.
Las conclusiones de política económica
A menudo escucho a distintos defensores de la TMM decir que “el dinero puede ser creado de la nada" . El ‘Dinero bancario no existe como resultado de la actividad económica. En cambio, el dinero bancario crea actividad económica'. O esto: ' El dinero para un préstamo bancario no existe hasta que nosotros, los clientes, solicitamos un crédito. (Ann Pettifor). La respuesta breve a esta idea es que “sí, el estado puede crear dinero, pero no puede fijar su precio”, o valor. El precio del dinero se decide en el tiempo mediante el movimiento del capital fijo así como el tiempo de trabajo socialmente necesario. Si un banco central ‘imprime’ dinero o acepta créditos a cuenta del Estado, facilita al Estado el dinero que necesita para poner en marcha programas de empleo, infraestructuras, etc., sin sin tener que recurrir a medidas fiscales o la emisión de bonos. Esta es la conclusión de política económica de la TMM. Esa es la 'salida' a una crisis capitalista causada por una caída en la producción del sector privado.
La TMM y los chartalistas proponen que la inversión del sector privado se sustituya o complemente la inversión del gobierno 'pagada' mediante la 'creación de dinero de la nada'. Pero este dinero pierde su valor si no guarda ninguna relación con el valor creado por los sectores productivos de la economía capitalista, que determinan la SNLT y todavía dominan la economía. En lugar de ello, el resultado será el aumento de precios y / o la caída de la rentabilidad que a la larga ahogará la producción del sector privado. A menos que los proponentes de la TMM estén dispuestos a aceptar una propuesta política marxista: es decir, la apropiación del sector financiero y los 'altos mandos' del sector productivo a través de la propiedad pública y un plan de producción, frenando o poniendo fin a la ley del valor en la economía, sin lo que la política de gasto público mediante la creación ilimitada de dinero fracasará. Hasta donde se, los exponentes de la TMM evitan cuidadosamente y hacen caso omiso de esa conclusión política. Tal vez porque al igual que Proudhon no entienden la realidad del capitalismo, prefiriendo los 'trucos de circulación'; o tal vez porque en realidad se oponen a la abolición del modo de producción capitalista.
Por supuesto, nada de esto ha sido probado en la vida real, porque la política de la TMM nunca se ha aplicado (ni por supuesto, la política económica marxista en una economía moderna). Así que no sabemos si la inflación se dispararía por la creación ilimitada de dinero para financiar programas de inversión. Los partidarios de la TMM defienden que  la 'monetización del déficit' concluiría una vez que se alcanzase el pleno empleo. Pero eso plantea la cuestión de si el sector privado en una economía puede ser sometido a la fina manipulación del Banco Central y la política de estado. La historia ha demostrado que no es así y no hay manera de que los gobiernos puedan controlar el proceso de producción capitalista y los precios de producción “de una manera tan afinada”.
Incluso el principal exponente de la TMM, Bill Mitchell, es consciente de este riesgo. Como dice él mismo en su blog, “Piense en una economía que está saliendo de una recesión y en fuerte crecimiento. Los déficits presupuestarios todavía podrían expandirse en esta situación, lo que los haría obviamente procíclicos, pero aún así la estrategia fiscal seguiría siendo la correcta debido a que el crecimiento del gasto público neto es el motor del crecimiento y de la economía hacia el pleno empleo. Incluso cuando el crecimiento del gasto no gubernamental es positivo, los déficits presupuestarios son apropiados si apoyan el movimiento hacia el pleno empleo. Sin embargo, una vez que la economía alcanza el pleno empleo, no sería apropiado para el gobierno seguir impulsando la demanda agregada nominal mediante la expansión de los gastos discrecionales, ya que correría el riesgo de inflación.” (El subrayado es mío).
Parece que la TMM, al final, se reduce a ofrecer una teoría para justificar el gasto público sin restricciones para mantener y / o restaurar el pleno empleo. Esa es su tarea, no otra. Es por esto que atrae la simpatía de la izquierda del movimiento obrero. Pero esta aparente virtud de la TMM oculta su lado negativo como un obstáculo para el cambio real. La TMM no dice nada acerca de por qué existen convulsiones en la acumulación capitalista, excepto que el estado puede reducir o evitar los ciclos de auge y caída mediante un uso juicioso del gasto público en un proceso de acumulación dominado por el capitalismo. Por lo tanto, no tiene una política de cambio radical en la estructura social.
La explicación marxista es más completa, ya que integra dinero y crédito en el modo de producción capitalista, pero también muestra que el dinero no es el problema decisivo en el modo de producción capitalista y que el control de las finanzas no es suficiente.  Por lo tanto, puede explicar por qué las soluciones keynesianas no funcionan bien para sostener la prosperidad económica.

2- Los trucos de la circulación

Como he señalado, la TMM es hija de lo que se llama Chartalismo, a saber, la teoría de que el dinero es históricamente creación del estado y no, como afirma la teoría neoclásica, una extensión del comercio de trueque; o la visión marxista de que el dinero aparece con el surgimiento de los mercados y la producción de mercancías (“El dinero cristaliza necesariamente del proceso de intercambio, en el que los diferentes productos del trabajo son, de hecho, equiparados entre sí, y por lo tanto convertidos en mercancías .... En la medida en que la transformación de los productos del trabajo en mercancías se lleva a cabo, una mercancía en particular se transforma en dinero.”- Marx capital Vol 1).
No abordaremos si el Chartalismo es un relato histórico preciso de la aparición del dinero. En su lugar, me refiero a una excelente exposición corta de la historia del dinero del economista marxista argentino, Rolando Astarita (aquí). Astarita también ha analizado la TMM en varios artículos, y me apoyaré en algunos de sus argumentos. Baste decir que argumentar que el dinero sólo surgió debido al papel del Estado en las economías precapitalistas no se corresponde con los hechos.
Sin embargo, la TMM parte de la convicción de que es el estado (no las relaciones mercantiles capitalistas) las que establecen el valor del dinero. Randall Wray, uno de los  principales exponentes de la TMM sostiene que el dinero toma su valor no de la mercancía “sino más bien de la voluntad del Estado de aceptarla como forma de pago”. El fundador del Chartalismo, Knapp, dice: “el dinero es una criatura de la ley” ; “La denominación de medios de pago de acuerdo con las nuevas unidades de valor es un acto libre de la autoridad del Estado”; y “en los sistemas monetarios modernos la decisión [del Estado] es siempre suprema”. De este modo, el sistema monetario moderno “es un fenómeno administrativo” y nada más.
Keynes también apoyó este punto de vista chartalista. En su Tratado sobre el dinero, Keynes afirma: “se alcanzó el dinero chartalista o estatal cuando el Estado asumió el derecho de declarar que forma de dinero acepta en un momento dado” . Así que “el dinero contable, especialmente aquel en el que las deudas, los precios y el poder adquisitivo general se expresan, es el concepto básico de la teoría del dinero”.  No creo que sea correcto decir que la TMM bastardiza a Keynes (como hizo un comentario a mi primera parte) - por el contrario, la TMM y Keynes están de acuerdo en que el dinero es un producto de la creación del estado en la medida en que el estado decide la unidad de cuenta de todas las transacciones.
Pero decidir la unidad de cuenta (por ejemplo, si dólares o euros) no es lo mismo que decidir su valor para las transacciones, es decir, como una medida o depósito de valor. La TMM supuestamente apoya el enfoque del dinero 'endógeno', es decir, que el dinero es creado por las decisiones de los empresarios para invertir u hogares para gastar, y de los préstamos que los bancos les otorgan para ese propósito. Así que los bancos hacen préstamos y así crean dinero (emitido por el estado). El dinero es depositado por los receptores de préstamos y pagan impuestos al estado. Según la TMM, los préstamos son creados por los bancos y los depósitos son absorbidos por los impuestos, en ese orden. En un nivel simple, la TMM se limita a describir cómo funcionan las cosas en la banca y el dinero. Y esto es lo que muchos partidarios de la TMM argumentan: 'todo lo que estamos haciendo es hacer una descripción'.
Pero la TMM va más allá. Se argumenta que el Estado crea el dinero con el fin de recibir el pago de los impuestos. El Estado puede imponer impuestos a los ciudadanos y puede decidir la naturaleza de la moneda de curso legal que sirva de dinero. Así que el dinero es un producto del estado. Por lo tanto, la TMM tiene un circuito de dinero que sería: dinero del estado - otros (entidades no estatales) - impuestos - dinero del estado. El estado inyecta dinero en el sector privado, y el dinero es luego reabsorbido con la recaudación de impuestos. De acuerdo con la TMM, contrariamente a lo que pensamos la mayoría de nosotros de forma simplista, la emisión de dinero y la recaudación de impuestos no son alternativas contrapuestas, sino acciones que ocurren en diferentes momentos del mismo circuito. Así que si un gobierno tiene un déficit fiscal y gasta más de lo que recibe en impuestos, el sector no estatal tiene un excedente que se puede utilizar para invertir, gastar y emplear a más asalariados. El déficit del Estado por lo tanto se puede financiar mediante la creación de más dinero. Los impuestos no son necesarios para financiar los gastos del estado, sino para generar demanda de dinero (¡pagar impuestos!).
Pero el circuito de la TMM no muestra lo que sucede con el dinero que los capitalistas y los hogares tienen. En la TMM, M (en valor) se puede aumentar a M' puramente mediante un dictat del estado . Para Marx, M sólo puede ser aumentado a M' si la producción capitalista incrementa el valor de las materias primas que se venden por más dinero. Esta fase es ignorada por la TMM. El circuito de la MTT se inicia desde el estado a los sectores no estatales y de nuevo al estado. Pero esto ocurre al revés, causalmente. El circuito capitalista comienza con el capitalista y el dinero a través de la acumulación y la explotación del trabajo y llega de nuevo al capitalista, que paga después al estado los impuestos, etc. La TMM hace caso omiso de esto. Pero demuestra que el dinero no es exógeno a la actividad económica capitalista. Su valor no es controlado por el estado.
La TMM crea la ilusión de que todo este proceso se inicia y termina con el gobierno cuando realmente comienza dentro del sector capitalista, incluyendo el sistema bancario. Los impuestos no pueden absorber por completo el dinero porque los impuestos lógicamente se producen después de un cierto nivel de gasto en la producción privada. Los impuestos son generados cuando el sector privado gasta y los gobiernos deciden utilizar los impuestos para movilizar algunos recursos para el estado. Los ingresos privados y el gasto en recursos preceden a los impuestos.
Otra chartalista, Tcherneva escribe: “Los chartalistas argumentan que, puesto que el dinero es un monopolio público, el gobierno tiene a su disposición una forma directa para determinar su valor. Recuerde que para Knapp los pagos con la moneda miden un determinado número de unidades de valor. Por ejemplo, si el Estado requiere que para obtener una unidad muy potente de dinero una persona debe proporcionar una hora de trabajo, entonces el dinero tendría un valor exactamente de una hora de trabajo. Como emisor monopolista de la moneda, el Estado puede determinar el valor que la moneda tendrá mediante el establecimiento de los términos en los cuales se obtiene el dinero de alta potencia “(página 18). Política estatal de 'precios exógenos' de Tcherneva es bastante similar a las del socialista utópico del siglo XIX John Gray  que creía que mediante la emisión de bonos que tuvieran un precio determinado exógenamente para representar el tiempo de trabajo,  las economías podrían favorecer el crecimiento y el pleno empleo - una opinión que Marx criticó .
La TMM difiere del gasto público mediante déficit fiscal keynesiano es que sus defensores defienden déficits públicos permanentes con el fin de impulsar la economía y lograr el pleno empleo de los recursos. De esta manera, el estado se convierte en el “empleador de última instancia”. De hecho, los partidarios de la TMM afirman que el paro puede ser resuelto dentro del capitalismo. Así que no hay necesidad de cambiar las formaciones sociales basadas en el capital privado. Todo lo que se necesita es que los políticos y los economistas reconozcan que el gasto público 'financiado' mediante la creación de dinero puede resolver el problema y alcanzar el pleno empleo.
Tcherneva escribe: “Los chartalistas proponen una política de pleno empleo en la que el estado establece exógenamente un precio importante para la economía, que a su vez sirve como un ancla para todos los demás precios .... Esta propuesta se basa en el reconocimiento de que el Estado no se enfrenta a limitaciones financieras operativas, que el desempleo es el resultado de la restricción de la emisión de moneda, y que el Estado puede ejercer una fijación de precios exógena (fijación de precios exógena)”. Esta conclusión política es bastante irónica. Conduce a la opinión de que el pleno empleo se puede lograr mediante la emisión “exógena” de moneda a un precio fijo. Y, sin embargo, la TMM rechaza el argumento monetarista de que un aumento exógeno de la cantidad de dinero debe conducir a un aumento de la actividad económica. ¡Pero pareciera que la TMM también tiene una teoría exógena de dinero!
Como Cullen Roche, un keynesiano ortodoxo, resume : “ La TMM trata de reinventar la rueda y argumentar que es culpa del gobierno (e implícitamente, del resto de la sociedad) que no se pueda encontrar trabajo ... La TMM defiende una causalidad invertida, comenzando con el estado y elaborando a partir de él”.  Roche continúa :“la causalidad real es que los recursos privados necesariamente preceden a los impuestos. Sin un sector privado de generación de ingresos altamente productivo no hay nada especial acerca de los activos creados por un gobierno y es literalmente imposible que estos activos sigan siendo valiosos. Creamos equidad cuando producimos bienes y servicios reales o aumenta el valor de mercado de los activos con respecto a sus pasivos a través de la producción. Es completamente ilógico y tonto argumentar que uno puede simplemente “imprimir” equidad de la nada. La deuda pública es, lógicamente, un pasivo de la sociedad que la crea. La deuda pública agregada es una responsabilidad que debe ser financiada por el rendimiento productivo de esa sociedad “.
Un comentario recibido a mi primera parte cuestionó mi afirmación de que los partidarios de la TMM creen que el dinero puede ser creado de la nada - que esto era una distorsión de la TMM. El argumento real de la TMM es que el gasto público puede financiarse mediante el aumento de la actividad económica y por lo tanto más impuestos. Yo cito algunos economistas que hablaron de 'la nada', pero al parecer estos no son verdaderos partidarios de la TMM. Pero el experto fiscal británico y economista, Richard Murphy, es sin duda un defensor de la TMM. Y según él “los gobiernos pueden hacer dinero de la nada, a voluntad ... La TMM defiende que todo el gasto público está, de hecho, financiado por dinero creado de esta manera, creado por los bancos centrales en nombre del gobierno ... La TMM argumenta lógicamente como consecuencia que no hay tal cosa como impuestos y gastos cuando se considera la actividad del gobierno en la economía; sólo puede haber gasto e impuestos.” Del mismo modo, Stephanie Kelton es actualmente la economista más popular de la TMM. Ella defiende que los gobiernos pueden expandir el gasto cuanto sea necesario para lograr la plena utilización de los recursos productivos en una economía gracias al dinero del estado, porque este tipo de gasto es 'autofinanciado'.
El dinero sólo tiene valor porque hay un valor en la producción que lo respalde. El gasto público no puede crear ese valor - de hecho, algunos gastos del gobierno pueden destruir valor (armamento, etc). El valor productivo es lo que da credibilidad al dinero. Un sector privado productivo genera el producto interno y los ingresos pasivos que dan credibilidad crediticia al gobierno en el primer lugar. Cuando esa credibilidad no existe, esa confianza en la moneda del Estado puede desaparecer rápidamente, como vemos en Venezuela o Zimbabwe, e incluso Turquía en este momento (volveré a ello en una nota futura).
Para citar de nuevo a Cullen Roche: “la producción productiva, necesariamente, precede a los impuestos. En este sentido, es apropiado decir que la producción productiva sostiene al dinero. Y si la producción productiva colapsa no hay grupo armado de hombres que puedan obligar a la gente a pagar impuestos ... Así que el punto importante es que un gobierno tiene efectivamente limites en su gasto. Está limitado por la cantidad y calidad de la producción productiva de su sector privado. Y la cantidad y calidad de los ingresos que el sector privado puede crear es la cantidad de ingresos que limita la capacidad del gobierno para gastar“. Esta es una terminología keynesiana: pero si cambiamos la palabra 'ingresos' o 'producción' por 'valor', es similar en términos marxistas.
La teoría del dinero de Marx coincide con el enfoque endógeno en la medida en que es el sector capitalista el que crea la demanda de dinero; para actuar como medio de cambio y depósito de valor. Los bancos hacen préstamos y crean depósitos, y no viceversa. De hecho, la teoría del dinero de Marx es más consistentemente endógena que la de la TMM porque reconoce la primacía del proceso de acumulación capitalista (con bancos y mercados) a la hora de decidir el valor del dinero, no ningún papel 'exógeno' del estado. Como dice Astarita: “la diferencia fundamental entre el enfoque marxista del dinero y el enfoque chartalista gira alrededor de este único punto. En la concepción de Marx, el dinero sólo puede ser entendido como una relación social. En el enfoque chartalista, es un artificio en el que las determinaciones sociales esenciales están ausentes ...“barre debajo de la alfombra” la centralidad del trabajo productivo, y la explotación del trabajo, la verdadera base sobre la que se asienta la sociedad capitalista“.
El Estado no puede establecer a voluntad el valor del dinero que se emite por la sencilla razón de que, en una economía capitalista, no es dominante y omnipotente. Las empresas capitalistas, los bancos e instituciones dominan y toman decisiones sobre la base de la ganancia y la rentabilidad. Como resultado, de forma endógena determinan el valor de las mercancías y el dinero. La ley del valor de Marx defiende que el valor está anclado en el tiempo de trabajo socialmente necesario para la producción global de mercancías (bienes y servicios), es decir, mediante la productividad media del trabajo, las tecnologías y la intensidad del trabajo. El estado no puede superar o ignorar esta realidad.
Y es una realidad. Permítanme ofrecer algunas pruebas empíricas simples (algo que los defensores de la TMM no hacen). El gasto público en las economías modernas, en particular las que son objeto de la reflexión de la TMM (que no tienen mucho que decir sobre las denominadas ‘economías emergentes’ - pero volveré a ello en una nota futura), como los EE.UU. o el Reino Unido o el G7, es alrededor de un 30-50% del PIB. La inversión pública es sólo alrededor del 3-5% del PIB. Que hay que compar con la inversión del sector capitalista de un 15-25%, mientras que el gasto de los hogares varía entre el 55-70% del PIB. El volumen de bonos del gobierno nacional en manos privadas en los EE.UU. es sólo el 4% del patrimonio neto del sector privado.
Hice un pequeño análisis empírico de la relación entre el gasto público y el desempleo. De acuerdo con la TMM, se podría esperar que cuanto mayor es la proporción del gasto público en una economía, más bajo es el desempleo. Pero !la evidencia demuestra lo contrario! El gasto público en Francia es de más del 55% del PIB, del 39% en Japón y un 38% en los EE.UU.. Pero ¿cuál de estos tres países tiene la mayor tasa de desempleo? Francia 9%; Japón 2,4% y los EE.UU. 4%. La mayoría de las economías capitalistas avanzadas con los coeficientes de gasto público más altos tienen mayores tasas de desempleo. Esto demuestra que hay otras razones que la falta de gasto público para explicar el nivel de desempleo en las economías capitalistas.
Así que la emisión de dinero por el estado no es un motor clave de la economía y el empleo. Por supuesto, los defensores de la TMM a veces argumentan que este es el problema: basta con ampliar el gasto público, en particular las inversiones, financiarlas con 'emisión de dinero' y el estado de forma exógena superará o evitará las dificultades de la acumulación capitalista. Sin embargo, esta respuesta nos lleva inmediatamente a la cuestión, conscientemente ignorada por la TMM, de que es el sector capitalista el dominante en las economías modernas, para bien o para mal, no el dinero emitido por el estado.
¿Es realista que la TMM afirme que la única razón de las economías modernas sufran desempleo se debe a que los políticos no aplican la TMM y que los gobiernos gasten tanto como sea necesario, respaldados por la emisión de dinero controlado por el Estado? Ese no era el punto de vista de Keynes o Marx. Keynes creía que la causa del desempleo era la falta de inversión de los capitalistas; Marx dijo lo mismo (aunque el ejército de reserva de mano de obra es el resultado del sesgo pro-capital en la acumulación capitalista). La diferencia entre Marx y Keynes era lo que provoca cambios en la inversión. Para Marx era la rentabilidad; Para Keynes los 'espíritus animales' o la 'confianza empresarial'. Ambos vieron las líneas de falla dentro del capitalismo: Keynes en el sector financiero; Marx en el capitalismo en su conjunto. Por el contrario, la TMM cree que es sólo ¡el hecho de no permitir que el estado amplíe la emisión de dinero!
Pero tal vez la crítica más elocuente de la TMM es que, dado que no reconoce la importancia del sector capitalista en su circuito de dinero y sólo la dicotomía estado/'sector no estatal', no puede decirnos nada acerca de por qué y cómo hay depresiones regulares de la producción y la inversión en las economías modernas. Sobre esta cuestión, los partidarios de la TMM tienen la misma posición que los keynesianos ortodoxos: que puede ser debido a una falta de 'demanda efectiva' o a causa de los 'espíritus animales' y no con ninguna contradicción en el modo capitalista de producción. Pero para los defensores de la TMM esta cuestión es irrelevante. Los partidarios de la TMM tienen la misma visión que el economista ortodoxo keynesiano Paul Krugman, a saber, que en realidad no importa cuál sea la causa de una depresión: lo más importante es salir de ella mediante el gasto público. En el caso de Krugman través del gasto público gracias a una emisión de bonos juiciosa; en el caso de la TMM con gasto público financiado por la emisión de dinero.
Llámenme anticuado, pero creo que la ciencia avanza mejor mediante la búsqueda de las causas de porque las cosas suceden para entender mejor qué medidas se pueden aplicar de forma útil para evitar las consecuencias indeseadas (la vacunación de enfermedades, por ejemplo). Esperar ciegamente a ver si el gasto público funciona no es científico. De hecho, los economistas marxistas han trabajado mucho para demostrar que las grietas en la rentabilidad del capital es la explicación más convincente de las crisis recurrentes, no la falta de demanda ni la austeridad en el gasto público. Y eso implica medidas para reemplazar completamente la economía monetaria con fines de lucro.
La respuesta al desempleo o para acabar con las crisis no radica en el simple recurso a la emisión de dinero, como afirma la TMM. La TMM se basa en lo que Marx llamó “los trucos de la circulación”: “la doctrina que propone trucos de circulación como una forma de, por un lado, evitar el carácter violento de estos cambios sociales y, por otro, de hacer que estos cambios no aparezcan como una condición previa sino el resultado gradual de estas transformaciones en la circulación”.
La TMM alega que tiene una teoría endógena del dinero, pero en realidad defiende una exógena, basada en la emisión de dinero del estado. Afirma que el gasto público puede ampliarse cuanto sea necesario para alcanzar el pleno empleo a través de la emisión de dinero, sin ninguna referencia a la actividad productiva de la economía no estatal, en particular, la rentabilidad del sector capitalista. De hecho, de acuerdo con la TMM, el capitalismo puede sobrevivir y lograr un crecimiento armónico y pleno empleo mediante "trucos de circulación”. La TMM ignora u oculta las relaciones sociales de explotación de la mano de obra con fines de lucro. Y al vender 'aceite de serpiente' en su lugar, la TMM desorienta al movimiento obrero sobre cuales deben ser los cambios fundamentales.
3- Un respaldo al capitalismo
Voy a intentar abordar ahora los aspectos prácticos, en otras palabras, ¿cuáles son las propuestas de política económica que los partidarios de la TMM proponen que un gobierno aplique con el fin de crear más puestos de trabajo y mejores salarios sin provocar inflación?
Desde la Gran Recesión, los economistas de izquierda han tratado de refutar las teorías de la económicas neoliberales dominante que exigen presupuestos gubernamentales equilibrados y una reducción de los altos niveles de deuda pública.  Las políticas de austeridad neoliberales han significado recortes de las prestaciones sociales, de los servicios públicos, el estancamiento de los salarios reales y un aumento del desempleo. Naturalmente, el movimiento obrero quiere revertir estas políticas que hacen que los trabajadores paguen por el fracaso de los bancos y el capitalismo.
La alternativa habitual suele venir del keynesianismo tradicional, es decir, más gasto público (mediante la ejecución de déficit en los presupuestos anuales) para impulsar la demanda efectiva en la economía capitalista, crear puestos de trabajo y aumentar los salarios. Y aquí es donde entra en juego la TMM. Como el portavoz de la TMM Randall Wray escribe, lo que la TMM aporta a la política de estímulo fiscal keynesiano es el argumento teórico de que “un gobierno soberano no puede quedarse corto de su propia moneda”. Dado que el estado tiene el monopolio de fijar la unidad de cuenta (dólares o euros o pesos), puede crear tanto dinero como sea necesario, distribuir ese dinero a entidades no estatales, y así impulsar la demanda y crear puestos de trabajo e ingresos. Como dice Stephanie Kelton, una de las principales exponentes de la TMM y asesora de Bernie Sanders, “El emisor de la moneda nunca puede quedarse sin dinero, ya que siempre puede imprimir más dólares, pesos, rublos, yenes, etc.”
Por lo tanto, los déficits presupuestarios del estado (y el aumento de la deuda del sector público) no son un problema. Y debido a que casi siempre hay 'holgura' en las economías capitalistas, es decir, desempleo y recursos infrautilizados, siempre hay espacio para impulsar la demanda, no sólo temporalmente hasta que el sector capitalista se recupere de nuevo (como en las políticas keynesianas), sino de forma permanente. Esto suena muy atractivo a la izquierda en el movimiento obrero.  He aquí una justificación teórica del gasto público y los déficits presupuestarios ilimitados para lograr el pleno empleo sin tener que tocar las complicadas limitaciones del sector capitalista de la economía. Todo lo que se necesita es que los políticos y los gobiernos reconozcan el simple hecho de que el Estado no puede quedarse sin dinero.
La política económica de la TMM implícita en esa premisa teórica es lo que llaman “trabajo garantizado” por el gobierno. A todo el mundo se le garantiza un puesto de trabajo si quiere o lo necesitan; el gobierno los empleará en proyectos; o pagará por ellos para conseguirles un trabajo. La mayoría de las personas trabajan para las empresas capitalistas o el gobierno, pero el desempleo se mantiene y puede engullir a un sector considerable de la población activa. Así que el gobierno debe actuar como un “empleador de última instancia”. No reemplazar a las empresas capitalistas, sino movilizar a las personas en edad de trabajar que el capital no emplea. Según Randall Wray: “Bastaría con gestionar un programa colchón de mano de obra”.   Se podría definir como un respaldo del gobierno al capitalismo.
Bill Mitchell es un destacado economista de la TMM de Australia y ha hecho campaña incansablemente por el trabajo garantizado por el gobierno.  Él lo describe como “‘un programa de empleo público permanente que ofrece un trabajo con un salario digno (mínimo) a cualquier persona que quiera trabajar pero no puede encontrar empleo” ....  Los empleos del programa de trabajo garantizado movilizaría el ‘fondo’, en el sentido de que los salarios mínimos no competirían con la estructura salarial del mercado de trabajo. Al no competir con el mercado de trabajo privado, el trabajo garantizado evitaría las tendencias inflacionarias del viejo keynesianismo, que intentó mantener plena utilización de la capacidad mediante la 'contratación de la parte superior'“.
Garantizar un trabajo a todos suena muy bien. Pero, al parecer, no va a ser un trabajo con un salario digno (un salario con el que las personas puedan vivir dignamente). No, sólo será un 'salario mínimo' para asegurarse de que no “compite con la estructura salarial del sector privado”. En otras palabras, con Amazon o Wal-Mart, o las pequeñas empresas comerciales y de ocio, que seguirán pudiendo pagar a sus trabajadores salarios muy bajos (en o cerca del mínimo) sin interferencias del trabajo garantizado, porque dichos empleos tendrán que pagar menos.
Así, el trabajo garantizado actúa como un respaldo para el sector privado: no lo reemplaza. Bill Mitchell otra vez: “El Gobierno opera una reserva de estabilización de puestos de trabajo para absorber a los trabajadores que no pueden encontrar empleo en el sector privado. Esa reserva se expande cuando disminuye la actividad del sector privado. El TG cumple esta función de absorción para reducir al mínimo los costes asociados con el flujo de la economía. Así que el gobierno absorbe continuamente a los trabajadores desplazados del sector privado. Los trabajadores de la “reserva de estabilización” tendrían el salario mínimo, que establecería un piso salarial para la economía”.
En cierto modo, esto me recuerda a la idea de la Renta Básica Universal. La RBU también es un respaldo al capitalismo, al proporcionar ingresos básicos a las personas, incluso si no trabajan. El TG ofrece un salario mínimo si desean trabajar. Pero ninguno de ellos amenaza o reemplazar la estructura salarial del sector capitalista o las decisiones del capital sobre a quién emplear y en qué condiciones. Como dice Mitchell: “Para evitar afectar a la estructura salarial del sector privado y para asegurar que el TG es consistente con una inflación estable, la tasa salarial del TG debe ajustarse al nivel del salario mínimo”.
Y ¿qué tipo de empleos serán? Por definición no serán puestos de trabajo cualificados dado que el gobierno “contratará en el fondo”. Pero serán en proyectos útiles sin ánimo de lucro, como la construcción de carreteras, puentes, etc:  “muchas actividades socialmente útiles, incluyendo los proyectos de renovación urbana y otros programas ambientales y de construcción (reforestación, estabilización de dunas de arena, control de la erosión del valle del río, y similares), la asistencia personal a los pensionistas, y otros programas comunitarios. Por ejemplo, los creadores podrían contribuir a la educación pública como artistas itinerantes”.
Cuando leí esa lista, me recordó al New Deal de Roosevelt de la década de 1930. Con Roosevelt, la Works Progress Administration  (WPA) puso a trabajar a muchos desempleados en una amplia gama de programas de obras públicas financiados por el gobierno, con la construcción de puentes, aeropuertos, presas, oficinas de correos, hospitales y cientos de miles de millas de carreteras. Todo a cambio de ingresos muy básicos. ¿Resolvió el problema del altísimo desempleo durante la Gran Depresión? En 1933 la tasa de desempleo alcanzó el 25%; en 1938 fue el 19%; así que no fue un gran éxito. Los defensores de la TMM dirán que fue debido a que no se aplicó correctamente, dado que Roosevelt seguía tratando de equilibrar el presupuesto del gobierno, no incurrir en un déficit permanente.
El objetivo del programa de TG es proporcionar puestos de trabajo sólo con un salario mínimo. Lo que también me recuerda las famosas 'reformas' laborales de Hartz en Alemania en la década de 2000, que crearon programas para los desempleados con el salario mínimo estricto. La tasa de desempleo se redujo pero los salarios reales se estancaron. Aunque el desempleo está en su nivel más bajo desde la reunificación alemana en 1990, 9,7% de alemanes con trabajo todavía viven por debajo del umbral de la pobreza, definido como un ingreso de alrededor de € 940 por mes, mas o menos. De hecho, la cifra de trabajadores pobres ha crecido del 7,5% en 2006 e incluso supera la media del 9,5% en la UE, según datos de Eurostat.
Los salarios reales alemanes y el PIB per cápita
Si quiere saber cómo se sienten los empleados remunerados con el salario mínimo en el contexto alemán, lea esto.
El otro problema con el gasto público sin límite defendido por la TMM es la inflación. El estado puede controlar y emitir la moneda y los gobiernos nunca puede quedarse sin ella, pero el sector capitalista controla la tecnología, las condiciones de trabajo y el nivel de calificación y la intensidad de la fuerza de trabajo. En otras palabras, la productividad del trabajo (valor real) no está bajo control del estado a pesar de su monopolio de la impresión de moneda. Así que una economía está limitada por la productividad y el tamaño de la fuerza de trabajo cuando está totalmente ocupada. Si el gobierno sigue inyectando dinero cuando no se puede aumentar la producción, habrá inflación de los precios de los productos y/o inflación en los activos financieros especulativos.
Los partidarios de la TMM son conscientes de este problema. Bill Mitchell dice:  “cuando el nivel de actividad del sector privado es tal que las presiones de precios y salarios se convierten en el precursor de un episodio inflacionario, el gobierno puede manipular los ajustes de política fiscal y monetaria (mejor política fiscal) para reducir el nivel de la demanda del sector privado”.  En otras palabras, el gobierno va a recortar el gasto o aumentar los impuestos y/o las tasas de interés como la teoría económica dominante.  Como resume Randall Wray: “La solución es evitar gastar más una vez se alcanza el pleno empleo; y controlar cuidadosamente el gasto incluso antes de alcanzar el pleno empleo para evitar cuellos de botella”.  
Así que estamos de vuelta a la gestión macro keynesiana tradicional, algo que abismalmente fracasó en la década de 1970 cuando las economías capitalistas experimentaron estagflación, es decir, un aumento de la inflación y del desempleo al mismo tiempo. La razón fue que la inflación y el empleo no están bajo el control del Estado en una economía capitalista, sino que dependen de la rentabilidad del capital y de las decisiones de inversión de los capitalistas. La TMM sólo ofrece un respaldo a la inversión y al empleo capitalista, no una alternativa.
Si hay inflación a nivel nacional que frene las exportaciones de un país, los defensores de la TMM proponen hacer flotar la moneda. Así no hay controles de capital ni interferencias en los mercados de divisas. Randall Wray: “dejaría que dólar flotase”. Lo que podría ser aceptable para los EE.UU., cuya moneda, el dólar, es la moneda de reserva internacional y tiene que ser sostenida por los estados extranjeros y las empresas para hacer negocios. Pero esa no es la situación de las economías capitalistas más pequeñas, sobre todo de los llamados países emergentes. Si la inflación se afianza porque el gobierno está imprimiendo pesos, liras o bolivares sin parar para tratar de mantener el pleno empleo, mientras que la producción capitalista colapsa, el resultado será la hiperinflación. Y si las monedas están flotando sin ningún tipo de control, el valor de las monedas se desplomará, como en Turquía, Argentina, Venezuela, etc.
Lo que esto demuestra es que la TMM es en gran medida una teoría orientada a Australia  y EE.UU. y que sus prescripciones de política económica no tienen ninguna aplicación viable en la mayoría de las economías globalmente, al igual que la teoría y la política keynesianas. El Estado puede controlar la emisión de su moneda, pero no puede controlar su valor frente a otras monedas o al oro, el dinero mundial. Si los tenedores o compradores potenciales pierden la confianza en el valor de una moneda, su valor colapsará, lo que aumenta la inflación.
La mayoría de los dirigentes sindicales se oponen a la austeridad. Pero no quieren una política que signifique la destrucción de las relaciones económicas capitalistas: algo demasiado aterrador, arriesgado y no 'realista', por lo que buscan políticas que ofrezcan revertir la austeridad sin poner en peligro el capitalismo, como la financiación keynesiana del déficit. La TMM ofrece una justificación teórica novedosa para la financiación del déficit permanente: el Estado controla el dinero como unidad de cuenta y no hay límite, por tanto, al gasto público y el aumento de la deuda pública no es ningún problema. La única restricción es cuando los recursos se agotan y la inflación pueden sobrevenir. Entonces es el momento de gravar fiscalmente.
De esta manera, la TMM actúa como un respaldo del capitalismo: el Estado es el empleador de último recurso, pero no el principal empleador. Busca compensar (apañar) los fracasos de la producción capitalista, no reemplazarla.

viernes, 7 de junio de 2019

"Este gobierno vino a escarmentar a la ciencia, a destruir sus bases sociales"

Lo dijo Alberto Kornblihtt para explicar el "cientificidio" impulsado por Cambiemos, durante una conferencia que compartió en el Centro Cultural de la Cooperación con otros referentes de la producción de conocimiento científico.
 
7 de Junio de 2019
 
“Hacer ciencia es irreprimible”, desafió Alberto Kornblihtt, en directa alusión a la política represiva desplegada en diversos ámbitos por el gobierno de Cambiemos. La presencia de Jair Bolsonaro en el país todavía flotaba en el aire este jueves por la noche, cuando el prestigioso biólogo molecular, nuevo miembro del directorio del Conicet, elegido por sus colegas y nombrado hace unos días por el presidente Macri tras un año de postergaciones, comenzó a describir en qué consiste, para él, el “cientificidio” que se procura cometer en la Argentina.
Para debatir esa ominosa figura se reunieron en el Centro Cultural de la Cooperación “Floreal Gorini” el propio Kornblihtt; el diputado nacional y ex director del Conicet Roberto Salvarezza; Gabriel Diker, rectora de la Universidad Nacional de General Sarmiento; y los investigadores del Conicet Nuria Giniger y Martín Cortés, presentados por Juan Carlos Junio, director del CCC, quien inició el encuentro describiendo la resistencia desplegada por la comunidad científica en estos tres años y medio, alertando sobre una situación que no se limita al ajuste presupuestario en Ciencia y Tecnología, “sino que apunta a un rediseño del modelo de país que exige la liquidación orgánica del sistema científico”.
Kornblihtt, que cerró la conferencia, invitó a preguntarse “no para qué hacemos ciencia, sino para quién la hacemos”. “El proyecto científico del macrismo –dijo– se reduce al concepto de emprendedurismo: un joven investigador descubre la pólvora en un garage, o en el laboratorio que dirige en una universidad, luego comercializa ese descubrimiento y monta una empresa con la que gana mucho dinero y se lo celebra como a Mark Zuckerberg. Esta concepción destruye las bases sociales de la ciencia, que es un proyecto colectivo, y que debe tener un sentido de transformación social.
Para Kornblihtt, el macrismo supuso “una restauración conservadora pero también escarmentadora”. Sin nombrarlo, criticó duramente al ex ministro y ahora secretario de Ciencia y Tecnología Lino Barañao, que “ha circunscripto el Conicet, digámoslo porque es así, a la producción de cosas útiles para las empresas”, además de banalizar a los científicos como “publicadores de papers”. “Esas son las características del escarmiento en Ciencia y Técnica, pero aún más grave es el escarmiento que se ha practicado, para que no vuelva el populismo en la mejor de sus acepciones, frente a una sociedad sometida por el odio. Este gobierno naturalizó el asesinato. Nos quiere hacer creer que está bien matar a alguien por la espalda si corta una ruta. Estas son las cosas que tenemos que desterrar del gobierno, pero también de nuestra sociedad”.
Kornblihtt dedicó unos minutos de su reflexión a la presencia de Bolsonaro, a quien llamó “monigote fascista, reivindicador de la ignorancia”, agradeció a Mauricio Macri haberlo lanzado a la “vibrante experiencia de una lucha que yo no imaginaba, en la calle”, en defensa de la ciencia pero fuera de los institutos y los laboratorios, y señaló un dato central sobre el Premio Princesa de Asturias que recibió esta semana la científica cordobesa Sandra Díaz: “La doctora Díaz, que investiga el papel de la biodiversidad para contrarrestar los efectos del cambio climático, es un ejemplo de pensamiento crítico, inteligencia y perseverancia. Ella compartió el premio con Joanne Chory, una destacada bióloga estadounidense, que recibe, ella sola, más financiamiento para sus investigaciones que todo el sistema científico argentino”.
Antes, Nuria Giniger había precisado los alcances concretos del “cientificidio”: el brutal ajuste presupuestario, los doctores que quedan fuera de la carrera de investigador del Conicet, los fondos para investigación congelados, la degradación del Ministerio a Secretaría y la consecuente fuga de cerebros. Giniger puso el acento en el carácter propositivo del movimiento de investigadores que se generó en defensa de la ciencia, y en el hecho de que, por encima de las reivindicaciones específicas del sector, lo que está en juego es una articulación política al servicio de volver a tener un gobierno popular, que revierta la destrucción del sistema científico para pensarlo como pilar de un proyecto de desarrollo.
A su turno, Gabriela Diker aconsejó evitar reduccionismos peligrosos, y entender que, “si bien el ajuste es la expresión material más contundente del vaciamiento del sistema científico, este gobierno ha procurado instalar en la opinión pública que ese ajuste es legítimo”. Describió la campaña sistemática de desprestigio contra la ciencia “inútil y superflua” y en particular contra la producción de conocimiento en las universidades. Pidió no reducir el aporte que la ciencia y la técnica pueden hacer al desarrollo entendido como un todo económico, social y humano, a una concepción que las orienta estrictamente al sector productivo, mensurándolas en términos de rentabilidad.
En la misma línea, Roberto Salvarezza insistió en las razones últimas del vaciamiento: “Detrás del ataque al sistema científico hay un grupo empresarial que ha capturado el Estado y que compra un modelo llave en mano para aplicar la reforma laboral, la reforma previsional, etc, y devolver a la Argentina a su antiguo rol en el mundo de una economía primaria, en la que lo tecnológico productivo no tiene lugar”. Recorrió el desmantelamiento de los planes satelital y nuclear, entre otros avances del gobierno anterior, como parte de esa lógica. E invitó a preguntarse qué se considera ciencia útil o inútil.
“Los países desarrollados financian toda la ciencia, toda la producción de conocimiento, porque no saben qué conocimiento van a necesitar de aquí a cuatro años”, dijo Salvarezza. Y pidió, como el resto de los panelistas, extender a toda la sociedad, no sólo a los científicos, el debate respecto de la política científica que debería impulsar el próximo gobierno, a partir de un plan de desarrollo consensuado. Pero antes, como dijo Kornblihtt, “debemos lograr que se vaya Macri, eso será un triunfo para el país y para toda la región”.
Fuente:Tiempo Argentino

miércoles, 5 de junio de 2019

Las trampas electorales de Cambiemos


La posible habilitación de las colectoras que el mismo Macri prohibió hace un mes es el último capítulo en la saga de cambios electorales que impulsó el Gobierno. El peronismo bonaerense contabilizó once intentos de cambio de las reglas de juego.
El Partido Justicialista (PJ) bonaerense se plantó frente a las modificaciones en las reglas electorales que planteó Cambiemos en el último año y cuyo último capítulo es el posible intento por habilitar las listas colectoras que el mismo Mauricio Macri prohibió hace un mes. "Es inadmisible todos los cambios que han intentado hacer desde Cambiemos al sistema electoral faltando tan poco tiempo para las elecciones", destacó el presidente del Partido Justicialista (PJ) bonaerense, Fernando Gray. El partido sacó un comunicado en el que denunció que el macrismo y sus aliados ya intentaron "el desdoblamiento de las elecciones, el adelantamiento, intentaron sacar las primarias, eliminar las actas de escrutinio", entre muchas otras acciones del oficialismo para mejorar la intención de voto que sigue siendo desfavorable.

"Ya intentaron de todo. No solo prohibieron las colectoras pensando que los iba a favorecer y ahora se arrepienten, sino que intentaron bloquear el voto de los jóvenes y a través de decretos el voto de extranjeros, por mail. Han intentado de todo", apuntó Gray ,denunciando las artimañas de las que trata de valerse el macrismo para trartar de restarle votos a la oposición. "Son todos temas muy serios estando a horas de cerrar el frente y las listas. Está claro que las encuestas no le dan a la gobernadora (María Eugenia Vidal) y esta es su respuesta", agregó el intendente de Esteban Echeverría apuntando a la fecha límite para la presentación de alianzas el 12 de junio y el cierre de listas diez días después.
Ante los intentos de cambiar las reglas electorales en un año electoral, el PJ bonaerense emitió un comunicado titulado "Ni con un millón de trampas el gobierno va a volver a engañar a la gente". En el documento plantea que "la gobernadora Vidal y el presidente Macri parecen dispuestos a cualquier cosa para intentar manipular el resultado de las urnas", y apunta que "como siempre, Cambiemos subestima a los argentinos si piensa que de esa forma va a poder torcer la voluntad popular que ya tiene decidido dejar atrás este modelo económico que trae inflación, pobreza, desempleo, recesión y endeudamiento". Los justicialistas bonaerenses denunciaron en el texto que "además de las noticias falsas, el marketing engañoso y la desinformación a los que nos tienen acostumbrados, el Gobierno ya intentó once cambios a las reglas de juego a solo dos semanas de que inicie el calendario electoral". 

El PJ bonaerense enumeró todas las modificaciones que el macrismo trató de hacerle al sistema electoral en los últimos doce meses: "Intento de desdoblamiento, intento de adelantamiento, intento de sacar las primarias, decretos de argentinos en el exterior, fuerzas de seguridad y privados de la libertad". 

En el caso de los decretos, el PJ acudió a la Justicia y logró que la jueza electoral María Romilda Servini de Cubría declarara su inconstitucionalidad por entender que "el Ejecutivo se excedió en sus facultades". En el decreto original firmado por Macri también establecía que se anticipara el voto de los integrantes de las Fuerzas de Seguridad y de los presos, pero la firmeza de la oposición hizo que el propio gobierno diera marcha atrás porque "implicaban organizar una elección anticipada para estos dos sectores, pero como estamos con poco tiempo, lo estamos posponiendo", dijo en aquel momento el secretario de Asuntos Políticos, Adrián Pérez.
El justicialismo bonaerense enumeró once intentos de cambio de ley electoral de parte de Cambiemos. En su detalle consignó también "intento de eliminar las actas de escrutinio, telegramas de transmisión electrónica de resultados, cambio de la empresa de recuento Indra por Smartmatic, trampas para evitar que voten los mayores de 16 años, modificación al sistema de financiamiento de los partidos políticos, eliminación por decreto de las colectoras, intento por dar marcha atrás con la eliminación de las colectoras". 

El PJ señaló que "en su desesperación para tapar la realidad, los gobiernos nacional y provincial se tropiezan contra sus propias trampas y entre marchas y contramarchas, contradicen las medidas que ellos mismos tomaron", e indicó que el partido asumirá "la responsabilidad de defender la democracia y el voto de los argentinos. Por tal motivo avanzaremos en todas las medidas judiciales pertinentes así como solicitaremos la presencia de veedores internacionales para prevenir cualquier intento de hacer fraude por parte de Cambiemos".
Fuente:Pagina/12

martes, 4 de junio de 2019

El futuro del trabajo, uno de los ejes en la agenda del Gobierno, pero no en su política

“El camino no es bajar costos laborales”
 
“Detrás del discurso sobre el futuro del trabajo, está la ideología que convierte a todos en emprendedores”, advirtió Marta Novick, sherpa laboral del gobierno anterior. “El futuro del trabajo y el déficit cero son incompatibles”.
“Formar parte de Glovo, Uber o Rappi no es emprender sino una estrategia de supervivencia”, advierte Novick.
“Formar parte de Glovo, Uber o Rappi no es emprender sino una estrategia de supervivencia”, advierte Novick. 
Uno de los tres ejes elegidos por el gobierno argentino para su presidencia del G-20 es el futuro del trabajo. No se trata de diseñar estrategias para hacer frente al proceso de precarización, flexibilización y destrucción de los puestos de trabajo. La declaración realizada durante la reunión ministerial de empleo sostiene que frente a los cambios presentados por la digitalización, la automatización, la globalización, las transiciones demográficas y la migración, se busca “maximizar las oportunidades y permitir que los trabajadores y empleadores se beneficien de ellas”. “El futuro del trabajo y el déficit cero son incompatibles. No se trata de bajar los costos laborales como hace el gobierno sino de planificar, formar y regular”, señaló a PáginaI12 la socióloga Marta Novick, que entre 2009 y 2015 se desempeñó como sherpa laboral.
 “Existe una visión apologética vinculada a las nuevas tecnologías y las plataformas digitales que ignora los riesgos y desafíos. Detrás del discurso sobre el ‘futuro del trabajo’ está la ideología que convierte a todos en emprendedores. Formar parte de Glovo, Uber o Rappi no es emprender sino una estrategia de supervivencia”, expresó la ex secretaria de Estudios Laborales del Ministerio de Trabajo. “Es cierto que existen oportunidades vinculadas a las transformaciones que experimenta el mundo del trabajo que te permitirían acercarte más a los países centrales. Pero para eso hace falta política industrial y educativa. Tenés que invertir mucho y fortalecer las instituciones laborales. Hay que tener un proyecto que se ocupe de eso. Este gobierno no tiene un plan. El ajuste no es compatible”, consideró Novick en diálogo con este diario.
Si bien la declaración ministerial destaca elípticamente la necesidad de regular las nuevas formas de trabajo –“marcos institucionales innovadores”–, la investigadora del Conicet y miembro de la UMET advierte que “el eje dejó de estar en la promoción y protección del empleo que junto con el rechazo a la flexibilización fueron puntos centrales en anteriores cumbres. La agenda del desarrollo inclusivo fue desplazada por el debate sobre las barreras comerciales y la obsesión por los equilibrios fiscales, o sea la austeridad”.
 La declaración realizada a comienzos de septiembre en Mendoza durante la reunión ministerial de empleo sostiene que “abordar las desigualdades de ingresos es central para lograr mejores trabajos, sociedades más inclusivas y un crecimiento económico más sólido”. Sin embargo, Novick advierte que “la discusión sobre el futuro del trabajo ignora la necesaria articulación entre las políticas económicas, laborales, financieras, comerciales y educativas para promover la creación de puestos de trabajo registrados”. 
 “El empleo perdió jerarquía en Argentina y en el G-20. A nivel local se degradó el área laboral para jugar al libre mercado dejando de lado la necesaria regulación en una relación asimétrica como son el capital y el trabajo. En el G-20 que ahora encabeza el país, los ministros de trabajo ya no se reúnen con sus pares de finanzas para discutir sobre la distribución del ingreso y la articulación entre las políticas para impulsar la creación de puestos de trabajo”, lamentó Novick.
 Los otros dos ejes impulsados por Argentina son la infraestructura y el futuro alimentario sostenible. Los países del grupo discuten alternativas para convertir a los proyectos de infraestructura en activos financieros atractivos para el sector privado. La herramienta promovida por el gobierno argentino son los proyectos de participación público-privada (PPP).
 La inversión pública es uno de los componentes del gasto más expuesto al ajuste fiscal comprometido con el Fondo Monetario Internacional. A través de las obras licitadas bajo el esquema de PPP, el gobierno intentará amortiguar esa merma financiando las iniciativas con nueva deuda. La perspectiva privatizadora soslaya el rol central que jugó a lo largo de la historia la inversión pública.
Fuente:Pagina/12

Fondo Macrista Internacional


Como nunca antes, el FMI está interviniendo en forma abierta en la política electoral de Argentina. Christine Lagarde, la número uno del Fondo, se lanzó a participar de la campaña criticando a la principal figura de la oposición a Macri.
 
Si al plan de gobierno-negocios del macrismo, que ha provocado el naufragio de la economía, se le agrega un escenario financiero y comercial internacional bajo tensión, el panorama no se presenta muy alentador para el gobierno 2020-2023. La herencia M ya es de por sí demoledora. Si Macri se autohereda, la crisis se profundizará en línea a la promesa del oficialismo de avanzar con más velocidad en la actual dirección, cuyos resultados devastadores para el bienestar general no son un misterio después de cuatro años. Si la principal fuerza de la oposición, que hoy es liderada por CFK con la candidatura a presidente de Alberto Fernández, es la que triunfa en las próximas elecciones, la herencia M será un potente limitante para la política económica. El callejón a transitar es tan estrecho que la promesa de mayor ajuste de unos y el voluntarismo de otros colisionarán contra el muro del FMI. 
El Fondo Monetario Internacional siempre ha intervenido en el diseño y control de la política económica de los países con los cuales mantiene acuerdos de auxilio financiero. En casi todos los casos de su larga historia de créditos stand by ha evitado participar abiertamente de la vida política interna de los países, y mucho menos de las campañas electorales. Con la administración Macri, el FMI ha abandonado esa aparente neutralidad. Financia la campaña de la alianza Cambiemos al entregar un paquete total de 57 mil millones de dólares destinado a pagar la deuda y evitar el default de la economía macrista. También autorizó al Banco Central a vender dólares en el mercado y, de ese modo, evitar la disparada del dólar que pondría en jaque mate la aspiración de reelección de Macri.
Además de financiamiento, el Fondo ingresó de lleno en el barro de la campaña electoral. La directora gerente, Christine Lagarde, criticó con ironía a la principal líder de la oposición a Macri. Afirmó que “la gente cambia con el paso del tiempo dependiendo de si están haciendo campaña o están en sus cargos”, en referencia a Cristina Fernández de Kirchner. Lagarde envió de ese modo el mensaje al mercado y a la sociedad argentina de que el FMI no le cree a CFK y que piensa que ella miente porque se encuentra en campaña electoral.  
Con la activa participación que está teniendo el FMI en estos meses de elecciones, la Alianza Cambiemos no debería dar muchas vueltas respecto a la fórmula presidencial. Macri tendría que imitar a CFK, bajar al lugar de vicepresidente y designar como candidata a presidente por el oficialismo a Christine Lagarde. Participaría en los próximos comicios como el Fondo Macrista Internacional. 

Otra vez

Héctor Torres es miembro del Programa de Investigación de Derecho Internacional del Centro para la Innovación en Gobernabilidad Internacional. Su opinión es interesante por haber sido representante de Argentina ante el FMI entre 2004 y 2008 durante la gestión de Roberto Lavagna en el Ministerio de Economía, y luego designado en ese mismo cargo por Alfonso Prat-Gay en 2016 y 2017. Escribió en el portal Project Syndicate el artículo “El FMI está alimentando una crisis argentina, otra vez”. 
Recuerda que el país solicitó el primer crédito al Fondo Monetario en 1958. Vale señalar que fue el gobierno de facto autodenominado Revolución Libertadora el que en 1956 adhirió a la Argentina a ese organismo internacional, luego de derrocar al gobierno constitucional de Juan Domingo Perón, que resistió esa membresía. Torres detalla que en las seis décadas posteriores se han firmado 22 acuerdos con el Fondo, para sentenciar que “la mayoría se descarriló posteriormente o terminó en fracaso”. Especula que el rubricado por la administración “pro mercado” de Macri tendría ese mismo destino, sumándose “a ese desfile de decepciones”. Advierte que “los acontecimientos recientes sugieren que la problemática historia de Argentina con el Fondo podría estar a punto de repetirse”. 
Por lo pronto, el primer acuerdo firmado en junio pasado por 50 mil millones de dólares fue un fiasco con una duración record, por lo breve, de apenas tres meses. Ahora está en vigencia el segundo, con un monto que se amplió a 57 mil millones de dólares y con plazo de expiración no más lejano que la primera mitad de 2020, cuando el próximo gobierno tenga que buscar la renegociación del programa financiero inviable de repago. Este fue definido por una tecnoburocracia de Washington, dominada por los intereses geopolíticos de los Estados Unidos de Trump, y por la desesperación de la alianza macrismo-radicalismo para no declarar el default de la deuda.
Ese acuerdo evitó la cesación de pagos en la segunda mitad del mandato de Macri, pero instaló esa probabilidad, con elevada chance de ocurrencia, para después, evalúan grandes fondos de inversión internacional. Esta estimación queda reflejada en el índice de riesgo país navegando entre los 900 y los 1000 puntos desde hace varios meses, nivel que deja al descubierto que a la economía macrista le han cerrado las puertas de acceso al mercado voluntario de crédito. No sólo se lo han clausurado en Wall Street desde marzo del año pasado, sino que, como parte de la herencia M, el grifo quedará cerrado, por lo menos, en la primera etapa del próximo gobierno.
Cuando se realiza un análisis riguroso acerca del ciclo de la debacle de la economía macrista, queda expuesto con claridad que la fuga de activos argentinos con el consiguiente derrumbe de las cotizaciones no está motivada en la posibilidad de la derrota del gobierno de Cambiemos y el regreso a la Casa Rosada de una fuerza política calificada como populista. Esa debilidad económica y financiera se reconoce fundamentalmente en el fiasco de otro programa neoliberal. 

Preferencial

El gobierno de Macri y el FMI pretendían que con sólo anunciar un plan financiero extraordinario se ahuyentarían los fantasmas que se posaron sobre la economía macrista. Por eso lo denominaron “crédito precautorio”, o sea que no sería necesario utilizar esos recursos, sino que los poseedores de títulos públicos sólo supieran que ese dinero estaba a su disposición. Pero los inversores han preferido llevarse los dólares; no simplemente saber que estaban disponibles.
Aquí aparece una cuestión de volumen. Cuando el préstamo del FMI es pequeño, actúa como señal para que bancos e inversores continúen con el flujo de financiamiento al país. La respuesta es diferente cuando el crédito es de tal magnitud, como el caso argentino, que termina asustando a los inversores. Estos evalúan que si fue necesario una asistencia tan importante significa que esa economía está quebrada y los bonos que acumulan en sus carteras están en riesgo de caer en la insolvencia.
En ciertos círculos de la ortodoxia económica y analistas del mercado existe la idea de que firmar un acuerdo con el FMI es un sello de confianza. Este alteraría las expectativas negativas de los agentes económicos, que se lanzarían entonces a un ciclo de inversión –productiva y financiera– impulsor del motor del crecimiento. Pero no es así. Por dos vías no se verifica esa falsa promesa. Por un lado, el acuerdo con el FMI implica un ajuste recesivo por la exigencia de recortes del gasto público y de contracción monetaria con alza de la tasa de interés. La consiguiente caída de la demanda interna retrae la inversión productiva. Por otro, fondos y bancos del exterior se alejan de países que firman stand by porque ese tipo de acuerdos es sinónimo de una economía quebrada, lo que los inhibe de destinar capitales a la compra de títulos públicos; más bien los incentiva a desprenderse de esos papeles de deuda soberana.
Este comportamiento se consolida todavía más cuando el Fondo se convierte en uno de los principales acreedores, puesto que la posibilidad de que un país le declare default es muy baja. Esa eventualidad convertiría esa economía en un paria del mercado internacional, ya que el no pago del capital e intereses no sería a un grupo de bancos e inversores, sino a los países miembros del FMI, siendo Estados Unidos el principal aportante de recursos de ese organismo.
En el mencionado artículo, Torres indica que el FMI tiene “el estatus de acreedor preferencial”, lo que le asegura estar primero en la línea para cobrar. En esas condiciones, si el cálculo del mercado es que no habrá suficientes dólares el año próximo, cuando se acaben casi todos los dólares del FMI (quedarán disponibles apenas 6800 millones del total), para hacer frente a todos los vencimientos de deuda y con el acceso al mercado de crédito todavía vedado, evalúan como escenario probable una reestructuración de la deuda con quita de capital. Esa pérdida eventual los coloca ante la urgencia de aprovechar estos meses, cuando el flujo de dólares está garantizado por el Fondo, para desprenderse de bonos argentinos. Por eso, ante cada repunte de la cotización de los títulos, aparece una corriente vendedora que interrumpe esa recuperación. Torres lo dice del siguiente modo: “Los inversores tienen una oportunidad limitada para salir de Argentina y pueden usarla pronto”. 

Locuras

El Ministerio de Hacienda, a través del Banco Central, está liquidando 60 millones de dólares diarios para cubrir parte de las necesidades de recursos del fisco. En una negociación directa con el Departamento del Tesoro de Estados Unidos, consiguió que éste obligara a la conducción del Fondo a permitir al Banco Central la intervención en el mercado vendiendo dólares para evitar saltos bruscos del tipo de cambio. El Fondo está violando de ese modo una de las normas de su estatuto que prohíbe la utilización de los dólares que presta para financiar la fuga de capitales. 
Conociendo la historia financiera reciente de la economía argentina, con la experiencia adquirida por su tránsito en el FMI y señalando que esa medida es para “aumentar las posibilidades de reelección de Macri”, Torres afirma que el organismo no debería haber aceptado ese pedido por las siguientes razones:
  1. “Para empezar, al respaldar tales locuras y argumentos falsos de endeudarse para frenar la corrida contra el peso, el FMI pondrá en peligro los esfuerzos (incluso los míos) para normalizar las relaciones entre Argentina y el Fondo”. 
  2. “Además, los dólares que el Gobierno se propone vender para apuntalar el peso este año serán muy necesarios para la próxima administración para hacer frente a los pagos de deuda e intereses que vencen en 2020”.
  3. “Mientras más deuda tenga la Argentina con un acreedor privilegiado como el FMI, más difícil será convencer a los inversores privados ‘no privilegiados’ de reinvertir y continuar financiando el país en 2020 y posteriormente”.
Torres no es optimista, y lo expresa sin inhibiciones al afirmar que “lamentablemente, la historia puede estar a punto de repetirse”. Se refiere a la crisis de 2001, cuando en octubre de ese año, dos meses antes de la declaración del default, el país solicitó un préstamo de 8000 millones de dólares al FMI. Recuerda que la mayor parte de esos recursos fueron utilizados para facilitar la fuga de la plaza local de inversores institucionales. Torres sentencia que “el FMI está a punto de volver a cometer el mismo error” y, por lo tanto, “no debe esperarse un resultado diferente”.

Abrazo de oso

La apuesta del FMI, bajo orden y supervisión de Estados Unidos, es inédita en la historia de ese organismo. Entregó el préstamo más grande jamás otorgado a un país. El Centro de Estudios Económicos y Sociales Scalabrini Ortiz detalló que Argentina representa el 61 por ciento del fondeo actual del Fondo, seguido muy lejos por Egipto con el 13 por ciento e Irak con el 6 por ciento. En su más reciente reporte evalúa que esa proporción ubica al FMI “en una posición de debilidad”.  
Esa debilidad relativa es compensada con el poder político que ejerce al ser una institución dominada por las potencias económicas, con Estados Unidos sobresaliendo entre ellas. Una de las máximas tradicionales en el mercado financiero dice que el acreedor tiene problemas cuando concentra gran parte de sus préstamos en un solo deudor. Este sería el caso del FMI con Argentina. Pero como se mencionó arriba, el Fondo es un acreedor privilegiado. En todo caso, las dificultades para cancelar el capital e intereses de la deuda, como las irregularidades formales en la rúbrica del acuerdo, como se detalló en esta columna el domingo pasado, servirían para mejorar un poco la relación desigual en la próxima instancia de renegociación del acuerdo financiero.
Se sabe que el Fondo recibirá con los brazos abiertos la propuesta de redefinir las condiciones financieras del stand by, para convertirlo en uno denominado Extended Fund Facility. Los grandes vencimientos del préstamo por 57 mil millones de dólares concentrados en los últimos tres años del próximo mandato presidencial podrían ser reestructurados a un plazo de 10 años. 
La predisposición a postergar el cobro de esa deuda no será desinteresada. Esos brazos abiertos se cerrarán como los de un oso cuando a cambio reclamen las reformas regresivas que figuran en el tradicional manual de ajuste que excitan a la grey de economistas ortodoxos: previsional (reducción de las jubilaciones y elevación de la edad de retiro), laboral (desregulación del mercado con pérdida de derechos de los trabajadores) e impositiva (eliminación de exenciones y mayor presión tributaria).
En ese paquete, es habitual que el Fondo incluya la sugerencia de una reestructuración de la deuda con el mercado, proceso que lo denomina “reperfilamiento” de los vencimientos de capital e intereses. Es una instancia amigable, sin grandes pérdidas para los inversores, con extensión de los plazos y modificación de la tasa de interés. El antecedente inmediato de esa propuesta fue la realizada por Ucrania con el aval del FMI.
Esta instancia de negociación, que agudizará la dependencia de la economía argentina al Fondo, podría ser menos dramática si el gobierno de Macri no estuviera rifando las reservas acumuladas con los dólares del FMI. Si las cuidaran, en lugar de liquidarlas con el mezquino objetivo político de intentar generar condiciones para que Macri pueda pelear con alguna chance la reelección, el próximo gobierno tendría un poco más aliviada la pesadísima mochila de la herencia M.
Fuente:Pagina/12

lunes, 3 de junio de 2019

Macriland


El neoliberalismo del gobierno de Macri ha sido respaldado por Estados Unidos desde su inicio. El presidente Donald Trump expresó su rotundo apoyo a esa agenda económica. Las medidas de ajuste son acompañadas por la mano dura represiva en la seguridad interior y por la violencia institucional bajo los lineamientos de la guerra contra las drogas. La administración Macri define una Argentina geopolíticamente alineada a los intereses del sector público-privado estadounidense. El objetivo es proteger las inversiones en sectores estratégicos y garantizar que el país sea “socio confiable” en la política de seguridad hemisférica de Estados Unidos.
 
Los presidentes Donald Trump y Mauricio Macri.
Los presidentes Donald Trump y Mauricio Macri. 
La subsecretaria de Asuntos Hemisféricos del Departamento de Estado, Kimberly Breier, visitó Argentina entre el 9 y el 12 de mayo. Según información oficial, el objetivo fue el de profundizar la cooperación “en materia de promoción de la gobernabilidad democrática, combate del terrorismo y el delito transnacional de alto nivel, y fomento del comercio libre, justo y recíproco”. La agenda incluyó reuniones con altos funcionarios del gobierno de Macri, como el ministro de Relaciones Exteriores, Jorge Faurie; el jefe de Gabinete, Marcos Peña; el secretario para Asuntos Estratégicos, Fulvio Pompeo; la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich; el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne; y el Secretario de Energía, Gustavo Lopetegui. También se reunió con la embajadora de Venezuela en Argentina designada por Juan Guaidó.
A contramano de sus antecesores recientes en la Presidencia, el viraje que ha impulsado Mauricio Macri hacia el neoliberalismo crudo ha sido respaldado por Estados Unidos desde su inicio. Este alineamiento se hizo visible desde los primeros días del Gobierno de Cambiemos y durante las visitas del ex presidente Obama en 2016, cuando se firmaron una serie de acuerdos de cooperación.
En reciente conversación por vía telefónica el mismo día en que llegaba  una misión del FMI a Buenos Aires, Donald Trump y Macri, dialogaron sobre la reforma económica y los “desafíos regionales” (léase, situación en Venezuela). Trump expresó su rotundo apoyo a la agenda económica de Macri “en pro del crecimiento y a los avances que ha logrado en la modernización de la economía argentina”. A su vez, MAcri aseguró el cumplimiento de los acuerdos con el FMI en el marco del préstamo de 56.000 millones de dólares.

Negocios

Breier firmó, junto al secretario de Energía, Gustavo Lopetegui, acuerdos para financiar obras de infraestructura en el sector energético. En el ámbito de la Cumbre de Líderes del G20, el secretario del Tesoro de Estados Unidos, Steven T. Mnuchin, y el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, firmaron un Acuerdo Marco para Fortalecer la Inversión en Infraestructura y Cooperación Energética, que incluye los objetivos de: desarrollar capacidad adecuada de almacenamiento de gas natural, adopción de tecnologías energéticas innovadoras con energías renovables y almacenamiento de baterías; desarrollar infraestructura midstream y downstream para productos refinados; invertir en infraestructura de transmisión eléctrica de alto voltaje y en interconexión nacional e internacional; desarrollar mercados profundos y líquidos para los commodities energéticos e instrumentos de deuda respaldados por infraestructura, y apoyo a inversiones en infraestructura.
También hay que destacar el préstamo de 45 millones de dólares por parte de la agencia de inversiones estadounidense OPIC (Overseas Private Investment Corporation, agencia gubernamental estadounidense que ayuda a empresas de ese país a invertir en mercados emergentes) para la empresa Plaza Logística que será utilizado para ampliar cinco parques logísticos ubicados en el Gran Buenos Aires. Este préstamo había sido acordado a fines de 2018 por Ray W. Washburne, presidente y director ejecutivo de OPIC, en una carta de intenciones que incluye, además, acuerdos con las siguientes empresas:
  • Tecpetrol y Transportadora de Gas del Sur por 350 millones de dólares en financiamiento para construir un gasoducto de gas natural en Argentina y apoyar el desarrollo de los recursos energéticos del país.
  • Astris Infraestructura inyectará 250 millones de dólares en financiamiento para la reparación y ampliación de una importante ruta que recorre desde Buenos Aires hasta Mendoza, con el objetivo de mejorar la conectividad regional y facilitar el comercio.
  • YPF Luz por un préstamo de 50 millones de dólares para respaldar 122 MW en energía eólica en Santa Cruz y agregar una fuente confiable de energía a la red nacional de energía eléctrica.
  • Genneia otorgará fondos por 118 millones de dólares para apoyar la construcción de una planta de energía eólica y solar que generará, en conjunto, 222 MW de energía sustentable en las regiones de Ullum (San Juan) y Chubut.
En ese contexto, vale la pregunta si en el marco del “escándalo Odebrecht” quiénes son los entes nacionales que están fiscalizando estos nuevos acuerdos para el desarrollo de infraestructura.
El 14 de marzo, el Inter American Dialogue, importante think tank estadounidense, realizó un evento con Lopetegui, quién destacó que la crisis económica de Argentina y el ajuste fiscal que exige han llevado a recortes graduales a los subsidios de electricidad y gas natural para consumidores y una liberalización de los precios de la energía en el transcurso de la administración Macri. Según el secretario de Energía, esto ha ayudado a hacer que “Argentina sea más atractiva como destino para la inversión energética a pesar de su tumulto económico”. Destacó allí que Vaca Muerta ha experimentado un fuerte crecimiento, con una producción de gas que aumentó 215 por ciento y de petróleo, 87 por ciento en 2018. El evento fue auspiciado por Chevron, Exxon Mobil, AES, Conoco Phillips, Shell, entre otros.
Vaca Muerta está en disputa. El 13 de mayo, la petrolera Tecpetrol reclamó en el ámbito de la Justicia el equivalente a 55 millones de dólares más intereses debido a la modificación a las condiciones en que deben liquidarse los subsidios destinados a la producción de gas no convencional. Estudios recientes informan que el yacimiento es el segundo de gas no convencional más grande del mundo y que, junto con los recursos de Estados Unidos, controlarían el 30 por ciento de la oferta mundial de gas no convencional. Se suman, además, los proyectos enmarcados dentro de Connecting the Americas 2022 que, desde 2012, pretende la conexión energética de todo el continente.

Garantizar la seguridad (estadounidense)

Macri remarcó recientemente el trabajo conjunto con Estados Unidos en temas de defensa y seguridad interna, sobre todo en la lucha contra el crimen organizado y el narcotráfico. Los compromisos fueron reiterados en la reunión entre Breier y Patricia Bullrich. Como manda el libreto (del norte), las medidas de ajuste económico son acompañadas de la mano dura en lo que se refiere a la seguridad bajo los lineamientos de la guerra antinarcóticos. En ese marco se inscribe el acuerdo con la DEA para instalar una Fuerza de Tarea en Misiones (emplazamiento geopolítico fundamental sobre el Acuífero Guaraní) y el acuerdo para crear un Centro de Inteligencia Regional en Ushuaia (clave por los recursos geoestratégicos del Atlántico Sur y su cercanía a la Antártida).
A lo anterior se suma la base de “asistencia humanitaria” en Neuquén, en las cercanías del mencionado yacimiento Vaca Muerta, de gran interés para petroleras estadounidenses. Ante el avance de Estados Unidos en esta zona, se percibe como inminente el cierre de la base aeroespacial china en Neuquén por “razones de seguridad para Estados Unidos”. El jefe del Comando Sur, el almirante Craig S. Faller, alertó hace un par de meses que la presencia china y sus actividades en la observación del espacio profundo en Argentina “son preocupantes, ya que Beijing podría tener la capacidad de monitorear y potencialmente apuntar a las actividades espaciales de los Estados Unidos y sus aliados”.
En la misma declaración, Faller afirmó que Argentina ha revitalizado la interacción militar-a-militar. Ejemplo de ello es el encuentro reciente en el Pentágono entre el jefe del Estado Mayor Conjunto, general Joe Dunford, con el jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas Argentinas, general Bari del Valle Sosa. En abril, la Armada de Argentina participó del Maritime Staff Talks (MST) en la Guardia Nacional de Florida. Los MST respaldan la estrategia global de los Estados Unidos mediante la creación y el fortalecimiento de las relaciones de trabajo con las naciones socias, mejorando la interoperabilidad a través de reuniones cara a cara. El año pasado Argentina fue sede (por primera vez del el 2008) de un MST, realizado en Puerto Belgrano. Según el Comando Sur, estos esfuerzos cooperativos (que incluyen a otros ejercicios como Unitas y Panamax) permitieron una interoperabilidad efectiva y ayudaron a la capacidad de cada armada para trabajar conjuntamente, lo que se vio en “los esfuerzos de búsqueda y rescate del submarino argentino ARA San Juan”.
Se suma a estas tareas de seguridad un taller realizado en marzo por la embajada de Estados Unidos en Argentina, con el auspicio del Departamento de Justicia estadounidense, para compartir experiencias sobre el combate al crimen trasnacional y el terrorismo. Al evento asistieron representantes del Poder Ejecutivo, jueces, fiscales y miembros de fuerzas de seguridad. Este tipo de iniciativa no es menor, considerando el escándalo en el sector judicial, que involucra a organismos de inteligencia de Estados Unidos e Israel que salió a luz a partir de las declaraciones del juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla.

El poder blando

En un escenario preelectoral de “vale todo”, con tal de frenar el retorno del progresismo representado por la figura de Cristina Fernández de Kirchner, cabe considerar una serie eventos realizados por think tanks y fundaciones estadounidenses con la presencia de políticos y funcionarios del Gobierno argentino.
El 14 de noviembre de 2018 el Inter American Dialogue realizó un evento con los gobernadores Gerardo Morales (Jujuy), Domingo Peppo (Chaco), Gustavo Valdés (Corrientes) y Alejandro Caldarelli, secretario de Provincias y Municipios del Ministerio del Interior, Obras Públicas y Vivienda. El pasado 8 de abril el Proyecto Argentina, del Wilson Center, llevó a cabo un evento titulado “El futuro de Argentina” con el gobernador de la provincia de San Juan, Sergio Uñac. El 27 de febrero el mismo think tank organizó una discusión con el ultraliberal y candidato por el Partido Libertario, José Luis Espert.
El 10 de mayo el Instituto Republicano Internacional (IRI) y Women’s Democracy Network (WDN) promovieron un evento sobre liderazgo político femenino con diputadas del Congreso Nacional. El año pasado, las mismas instituciones realizaron, en la Cámara de Diputados, un ciclo de capacitación sobre “mujeres y transparencia”. También hay que destacar que el mes pasado una delegación bipartidista del Congreso de Estados Unidos liderada por el representante Kevin McCarthy (del Partido Republicano, por California) estuvo en Buenos Aires con la viceministra de Defensa, Paola Di Chiaro. El encuentro se centró en cómo abordar las amenazas a la seguridad colectiva que enfrenta la región, desde el espionaje chino hasta el flujo transnacional de drogas y la crisis en Venezuela.
En definitiva, la administración Macri define una Argentina geopolíticamente alineada a los intereses del sector público-privado estadounidense que vislumbra proteger las inversiones en sectores estratégicos y garantizar que el país sea “socio confiable” en la política de seguridad hemisférica de Estados Unidos.
En su visita al país, Kimberly Breier halagó la actual gestión expresando que es un placer ver como el país ha cambiado en los últimos años y no descartó que Estados Unidos desembolse una línea de crédito a Argentina si la economía complica la reelección de Macri, aunque luego aclaró que su Gobierno está comprometido a trabajar con cualquier persona que gane las elecciones.
* Magister en Estudios Latinoamericanos por la Universidad Nacional Autónoma de México (Unam) y licenciada en Ciencias Sociales por la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ). Actualmente realiza el Doctorado en Ciencias Sociales en la Universidad de Buenos Aires (UBA) como becaria del Consejo Nacional de Investigaciones.
Fuente:Pagina/12

Tuyutí en el recuerdo


La semana pasada, por otras urgencias periodísticas, esta columna no pudo abordar la planeada evocación de la Batalla de Tuyutí, quizás la más dolorosa expresión de un modelo de colonización que llega hasta nuestros días.
El 23 de mayo es por eso una fecha no sólo de anticipación a nuestro glorioso 25 en el 1810. También es la fecha más luctuosa y dramática de la historia sudamericana. Porque ese día, en 1866, en los campos del Paso de la Patria paraguayo, pocos kilómetros río arriba del Paso de la Patria correntino, tuvo lugar la batalla en la que las tropas paraguayas al mando de Francisco Solano López fueron derrotadas por el ejército aliado que comandaba Bartolomé Mitre, y la cual diversas fuentes coinciden en que fue la más cruenta librada en territorio sudamericano.
Y algunas, como Wikipedia, sostienen que se enfrentaron allí 35.000 aliados con 60 cañones, contra 23.000 paraguayos con sólo 4 cañones, y choque que algunos cálculos aseveran que produjo 30.000 muertos en total. Otras fuentes señalan que fueron 25 mil paraguayos lanzados contra 39 mil aliados (21.000 brasileños, 16.000 argentinos y 2000 orientales). Y otros más estiman el número de víctimas en 5000 del lado paraguayo, y 7000 en el aliado, con igual cantidad de heridos en ambos bandos. En cualquier caso, aquello fue un horror como pocas veces se vivió en este continente.
Algunas crónicas dicen que los paraguayos estuvieron al borde de una victoria que hubiese sido desastrosa y final para los aliados, pero debieron replegarse por los estragos que les causaba la artillería brasileña. Como fuere, el ataque paraguayo al campamento aliado pretendía ser el golpe final para inclinar la guerra a su favor, y quizás por eso la furia y decisión guaranítica, que buscaba acabar militarmente y de una vez con el enemigo, para así negociar la paz y la retirada de su territorio.
Batalla emblemática de esa guerra que se llamó “de la Triple Alianza”, hasta hoy Tuyutí es considerada la más sangrienta librada en América del Sur porque en algo más de cuatro horas lo mejor del ejército paraguayo fue destruido y López nunca más pudo reunir una fuerza semejante. Y las tropas aliadas se establecieron firme y definitivamente en territorio paraguayo.
En aquel tiempo los gobiernos de Argentina, Uruguay y Brasil se habían unido en ominosa defensa de los intereses de Gran Bretaña, imperialismo mundial de la época, en contra de una nación (Paraguay) que llevaba adelante un modelo propio y autónomo de desarrollo industrial y con decidida autodeterminación.
Ese pequeño país interior, en el corazón de la América del Sur y sin salida al mar, al decir de Juan Bautista Alberdi (hoy un argentino reconocido con amor en el Paraguay contemporáneo) tenía “por emblemas” sus propias líneas de navegación a vapor, energía y telégrafos eléctricos, fundiciones metalúrgicas, astilleros y arsenales, y hasta ferrocarriles propios. Por su parte Felipe Pigna sostiene que –bajo los gobiernos de Carlos Antonio López y su hijo Francisco Solano López– “la mayor parte de las tierras pertenecía al Estado, que ejercía además una especie de monopolio de la comercialización en el exterior de sus dos principales productos: la yerba y el tabaco. El Paraguay era la única nación de América Latina que no tenía deuda externa porque le bastaban sus recursos”.
Esa fue una guerra de destrucción, que enfrentó a Argentina, Brasil y Uruguay contra Paraguay, entre 1865 y 1870 respondiendo a los intereses británicos, pero además tuvo por objetivo acabar con un modelo autónomo de desarrollo como el paraguayo, que se estaba constituyendo en un pésimo ejemplo para el resto de América.
El conflicto se había originado en 1863, cuando el Uruguay fue invadido por un grupo de liberales uruguayos comandados por el general Venancio Flores, quienes derrocaron al gobierno blanco, federal y único aliado del Paraguay en la región. Esa invasión-provocación se había preparado en Buenos Aires y con aprobación brasileña. Y cuando Paraguay quiso intervenir en defensa del gobierno uruguayo aliado que había sido depuesto, y declaró la guerra a Brasil, el gobierno de Mitre no permitió el paso de tropas paraguayas por el puerto de Corrientes, lo que forzó a Solano López a declarar la guerra también a Argentina.
Quizás fue un error estratégico y de mensura del propio poder, pero cuando en mayo de 1865 se firmó el Tratado de la Triple Alianza la suerte de aquel Paraguay independiente y desarrollado quedó sellada. Y si entre 1865 y 1870 prácticamente se vació de varones, adultos y niños, y quedó en ruinas, fue a la vez por un mandato imperial que por una decisión sudamericana. El país que Felipe Pigna bien definió como “mal ejemplo para el resto de América latina” fue condenado para siempre, al menos hasta ahora un siglo y medio después, al subdesarrollo y la pobreza.
La impopularidad de esa guerra en la Argentina fue enorme. Y a los tradicionales conflictos generados por la hegemonía porteña, se sumaron levantamientos de caudillos locales en Mendoza, San Juan, La Rioja y San Luis. La oposición a la guerra se manifestaba de las maneras más diversas, entre ellas la actitud de los trabajadores de los astilleros correntinos, que se negaron a construir embarcaciones para las tropas aliadas. Y también en la prédica de pensadores que, como Alberdi y José Hernández, el autor del Martín Fierro, apoyaban decididamente al Paraguay. El caudillo catamarqueño Felipe Varela –el de la popular zamba– lanzó incluso una proclama llamando a la rebelión y a no participar en una guerra fratricida: “Ser porteño –sentenció– es ser ciudadano exclusivista, y ser provinciano es ser mendigo sin patria, sin libertad, sin derechos. Esta es la política del gobierno de Mitre”.
La guerra duró hasta 1870, cuando Sarmiento asumió la presidencia y justo las tropas aliadas lograron tomar Asunción. El Paraguay quedó destrozado, diezmada su población, arrasado su desarrollo y ocupado su territorio.
Tuyutí fue más que una primera y horrorosa batalla; fue el anuncio letal de una conducta que de diversos modos la América y nuestra Argentina han sufrido muchas veces.
Fuente:Pagina/12

jueves, 30 de mayo de 2019

La escuela, plataforma de la Patria

El sentimiento de alivio y esperanza se percibe en la calle, en las mesas de los cafés y entre la cada vez más amplia militancia dispuesta a trabajar para que se vaya el gobierno de la destrucción y se pueda abrir un camino a la reconstrucción/nueva construcción del país. La vereda de la injusticia y la represión se quedó pasmada, con su tecnoescenario destartalado por la histórica decisión de Cristina Kirchner, y la rapidez y acierto con los que Alberto Fernández asumió el lugar protagónico.
En tanto, Marcos Peña educa a sus dirigentes en los cursos de formación de Cambiemos. “El mundial aún no empezó. Aún no estamos en la cancha. La elección de agosto y octubre tiene que ver con la esperanza y resignación (…) y pide provocar “mucha emoción real”. La estrategia publicitaria del gobierno coincide con el programa con el que avanza en la formación docente. Autoriza a instalarse dentro de las instituciones educativas a fundaciones y ONG corporativas que preparan en escasos meses “líderes” destinados a sustituir a los docentes formados en los institutos y universidades. En los cursos prima una suerte de New Age donde se introduce una concepción pedagógica irracionalista, que trata de implantar emoción y conformismo, en lugar de enseñar saberes social y culturalmente válidos. La escena se completa con el material pedagógico digitalizado que tienen en venta en gran escala las plataformas corporativas (contenidos de todas las materias, protocolos para administración institucional, test de evaluación, entre otros productos) y desarticularon el programa estatal “Conectar Igualdad”. El gobierno mide la “calidad” de los alumnos y escuelas argentinos con la vara de los países ricos, mediante tests que adquiere en el mercado internacional. Se completa el “modelo” con la apuesta al estímulo cerebral, idea que sólo puede tener como destino la selección de los “más aptos”, siendo que la mitad de los niños del país padecen déficit alimentario. Afortunadamente es una fantasía creer que se podrá convencer a la población de las ventajas de que haya menos docentes, menos tiempo escolar, más actividades en el hogar y que sólo lleguen los más “meritorios”, siendo que el sistema educativo argentino es uno de los que se sostiene con más integridad en medio de la ola de destrucción que tiene como blanco a sus pares de la región y que la población está a años luz de poder adquirir equipos de computación para ejercer el “home schooling” (enseñanza en el hogar). Pero el objetivo último del modelo neoliberal sigue siendo que los órganos de gobierno oficiales de la educación tengan como función acreditar los conocimientos adquiridos en empresas y agencias privadas. Que los 25 ministerios del país sigan el modelo nacional, es decir que lleguen a ser ministerios sin escuelas, todo los cual significa una pérdida de soberanía nacional, así como lo es el abandono de los rituales patrios, símbolo de este gobierno.
Han sido dañados deliberadamente aspectos subjetivos del sentimiento nacional. Pero debemos ver también que hay una épica que está desactualizada. El otro día, 24 de mayo, en el subte, un buen músico tocó el himno nacional y nadie se dio por aludido. Las vistas siguieron en los celulares y las conversaciones no se interrumpieron. Cuando llegué a mi destino, que era una escuela, la observé vestida de fiesta y todos cantamos el himno. Me pregunté si la escuela es la última plataforma de la Patria. ¿Habrá que reinstaurar los rituales tradicionales? La escuela misma los ha venido cambiando y asociando a nuevos ritmos. Ha resistido la política de barrido de la simbología nacional de Macri, de su convocatoria “¡al mundooo!” ¿Se trata se abandonar nuestra identidad, nuestras canciones patrias, la Marcha, el conocimiento de la historia, cultivar el desentendimiento y la liviandad?  ¿O de recuperar la inscripción en la vertiente de la historia nacional y latinoamericana, en una geopolítica que vuelva a colocar al país en un lugar internacional digno y soberano, que dignifique al trabajador y garantice la justicia social, de una educación científica, tecnológica y ambientalista que acompañe la reconstrucción del país.
Partamos desde las escuelas. Allí encontraremos gérmenes de Patria. Comprobaremos que el sistema de educación pública argentino puede ser una poderosa plataforma capaz de poner límites al avance de las plataformas corporativas sobre nuestro presente y futuro. 
Adriana Puiggrós: Doctora en Pedagogía, ex diputada nacional.
Fuente:Pagina/12

Ayer y Hoy


Imagen: José Ardiles/AFC
 
No es arbitrario relacionar el Cordobazo con el 17 de octubre de 1945 y los hechos del 19 y 20 de diciembre en el 2001. En los tres casos se trata de episodios que aunque no eran totalmente imprevisibles sorprendieron por su alcance y marcaron un drástico cambio en la coyuntura política: la movilización de los trabajadores de 1945 instaló la hegemonía de Perón y marcó la participación  decisiva de los trabajadores en su movimiento y los hechos del 2001 mostraron el agotamiento del modelo político instalado en 1983 y generaron condiciones -aunque no era este un destino inexorable-  para el rumbo que siguió Néstor Kirchner después del 2003.

A diferencia de las otras dos grandes movilizaciones populares, los efectos políticos del Cordobazo se dilataron en un lapso de tiempo más largo. No tardó en renunciar el ministro de Economía Krieger Vasena, pero el dictador Onganía duró hasta el año siguiente y el retiro de la dictadura sólo habría de producirse con la victoria electoral peronista en 1973. Sin embargo, no exageramos si decimos que el repliegue de la pomposamente llamada Revolución Argentina empezó ese día de mayo del '69. Tanto el fugaz proyecto nacionalista del general Levingston-sucesor de Onganía- como el ambicioso intento de coronar a Lanusse presidente con el Gran Acuerdo Nacional terminaron en rotundos fracasos: la eclosión popular de Córdoba, precedida por las movilizaciones estudiantiles de Corrientes y Rosario,  marcaba una fuerte disposición de enfrentamiento a la dictadura que estimuló la sucesión de puebladas que se dieron en muchas de las ciudades argentinas. 

Como en los otros dos acontecimientos históricos citados, también se discutió mucho hasta qué punto el Cordobazo había sido planeado y organizado o si se trataba principalmente de una reacción espontánea. En los tres acontecimientos la respuesta es difícil porque no hay dudas de que existió un contexto político social que fue determinante y que hubo grupos que organizaron la presencia en las calles, pero, en todos los casos, los hechos alcanzaron una dimensión que superó las previsiones y la participación popular excedió también todas las expectativas. 

Fue protagónica la participación de los trabajadores mecánicos y el gremio de Luz y Fuerza y también importante el apoyo de la militancia estudiantil. Además,la presencia de muchos militantes que tiempo después integrarían las organizaciones revolucionarias jugó un papel en la resistencia a la represión. Pero todo ese potencial de organización no hubiera bastado si amplios núcleos de la sociedad cordobesa no hubieran compartido un fuerte rechazo a la dictadura. La intransigencia de la patronal automotriz y los proyectos facistizantes del gobernador de la provincia potenciaban  el hartazgo que generaba, en todo el país, la soberbia del general Onganía cuando afirmaba que su gobierno no tenía plazos sino objetivos y amenazaba con extender la dictadura por diez años. Así se entiende el amplio acompañamiento social que logró la movilización obrera y estudiantil.

Antes de mayo del '69, no se habían producido más que algunos hechos aislados de guerrilla urbana, pero la disposición de lxs trabajadorxs que enfrentaban masivamente a la policía preocupó a los jefes militares que no habían imaginado que la violencia popular pudiera alcanzar esas dimensiones. Por otra parte, quienes se organizaban para enfrentar por la fuerza al gobierno que nadie había elegido pudieron sentirse legitimadxs por los aires insurreccionales de la movilización cordobesa, pero también debieron advertir que era precisamente esa masividad del movimiento lo que le daba una importancia extraordinaria.

El Cordobazo potenció a la CGT de los Argentinos que poco después sufriría la clausura de su sede y la detención de algunos dirigentes. De todos modos, fue el aura del Cordobazo lo que permitió que esa Central, encabezada por Raimundo Ongaro-pese a que ya la habían abandonado algunos gremios importantes- pudiera declarar una huelga general contra la dictadura que tuvo un no desdeñable acatamiento. En otro aspecto, la combativa movilización cordobesa golpeó a los llamados gremios participacionistas que apoyaban a la dictadura y facilitó la reunificación de la CGT.

Esa unificación de la CGT permitió que Perón pudiera invocar el apoyo sindical en su proyecto de retorno, pero la central no cumplió un papel importante en la lucha por ese objetivo. Lxs militantes de la Juventud Peronista que tuvo un gran crecimiento en esos años fueron los que, heredando el espíritu del Cordobazo y retomando la senda de la Resistencia,impulsaron las puebladas que multiplicaron el repudio a la dictadura. La victoria electoral de Raúl Obregón Cano en 1973 mostró que el peronismo adoptaba en Córdoba su perfil más avanzado. Poco duró el gobierno de Obregón y su derrocamiento inició un giro represivo y reaccionario que más tarde con el general Benjamín Ménendez alcanzaría niveles inusitados en el exterminio de activistas políticos y sindicales. Toda una generación de militantes fue barrida y la vida política cordobesa desde los tiempos del gobernador Angeloz perdió esa característica de audacia y compromiso militante que marcara los tiempos del Cordobazo.

El recorrido que hemos hecho, señalando la relación con los sectores combativos del peronismo,  marca sólo una de las múltiples lecturas que pueden hacerse sobre el Cordobazo. Apoyada en los rasgos particulares del sindicalismo cordobés, la izquierda tuvo en la provincia un crecimiento significativo y con los años fue creciendo el reconocimiento a la figura de Agustín Tosco que desempeñó en la movilización de mayo un rol fundamental. También para los estudiantes todavía impactados por el Mayo francés, los hechos del '69 marcaron un antes y un después. Nunca olvidaré el orgullo con el que nuestros anfitriones cordobeses nos llevaban a recorrer las calles del Barrio Clínicas donde los universitarios, apoyados por muchos vecinos, habían resistido la represión.

Más allá de la crónica que evoca tantos recuerdos pero también provoca muchas reflexiones, cabe preguntarse sobre el sentido con que hoy recordamos los episodios de Córdoba. El paro general que se cumplió este 29 de mayo fué un guiño, más o menos consciente, a la mejor historia del movimiento obrero argentino. La política económica y social que hoy se repudia con esta huelga de la CGT no es tan distinta de la que impulsara Krieger Vasena, con acuerdo del FMI, en beneficio del gran capital y en aras de la concentración y extranjerización de la economía. La memoria de las luchas populares es importante para discutir mejor el presente y nos da fuerzas para seguir adelante. 
Los jóvenes de hoy y los sobrevivientes de aquella generación hemos aprendido a defender una democracia que hasta entonces casi no habíamos vivido. Sabemos que la lucha no es sólo resistencia, exige también, como ahora, acuerdos amplios y gestos de renunciamiento, pero la buena política implica pensar siempre en los más pobres y gobernar con convicciones como lo evidenciaran los doce años kirchneristas. Por eso el homenaje a los caídos en mayo del 69 es para nosotros una ratificación de principios.


Fuente:Pagina/12

martes, 28 de mayo de 2019

Alberto Fernández: "Cambiemos construyó un sistema de manipulación social"

(Foto: Diego Martínez)
El precandidato presidencial del principal frente opositor traza un crudo diagnóstico sobre el país que dejará la gestión de Mauricio Macri. El desafío de "poner en orden" la vida de los argentinos.
 
 
26 de Mayo de 2019


En el vehículo lo acompaña Santiago Cafiero, miembro del Grupo Callao, nieto de Antonio e hijo de Juan Pablo, quien fuera embajador en el Vaticano en una etapa de la gestión kirchnerista. En otro tramo de la conversación, Fernández aclara su postura respecto del debate social por el aborto. La charla se completa entre carpetas, apuntes y papeles desordenados. Son informes y propuestas de asesores que quieren contribuir con su saber al triunfo de la fórmula presidencial del Frente con Todos. El precandidato está armando a toda velocidad su equipo de campaña, y en su entorno circulan nombres como el del consultor en comunicación política Juan Courel; el del vocero y relacionista público Juan Pablo Biondi; o del doctor en Antropología Alejandro Grimson.
Lo que define al universo de Alberto Fernández por estos días es el vértigo. Una hora y once minutos exactos de entrevista con el precandidato del principal polo opositor permiten conocer el pensamiento más profundo, las prioridades de un eventual nuevo gobierno, de quien puede ser el próximo presidente de la Argentina. Pero compartir un diálogo prolongado en una jornada como la del viernes, víspera del 25 de Mayo, implica también asomarse al mundo de un individuo que en una semana pasó de ser un eficaz polemista sin historia ni perfil electoral a convertirse, sin que nadie lo viera venir, en el nombre ("Alberto") al que millones de argentinos le asignan una tarea: vencer a Macri. A juzgar por sus acciones visibles, Fernández asimiló esa responsabilidad, esa carga, con una actitud que se caracteriza por la velocidad, la adaptación a escenarios cambiantes y la delegación a colaboradores de confianza. El vértigo, en fin.
Fernández será el candidato de una gran coalición que no se llamará Frente Patriótico, aunque entre sus simpatizantes sea habitual la apelación a los colores de la bandera y el uso de símbolos patrios en escarapelas, pins, aritos, prendedores y remeras. El espacio se llamará Frente con Todos, y esa revelación es apenas la primera de una serie de definiciones fuertes que el precandidato transmite a Tiempo en una entrevista que arranca en la galería del Museo Gauchesco Ricardo Güiraldes de San Antonio de Areco y sigue luego en el interior de un vehículo que lo traslada de regreso desde esa localidad tradicional de la provincia de Buenos Aires hasta el polo de oficinas de Catalinas Norte, entre Retiro y Puerto Madero, en pleno Bajo porteño.
Sentado en un sillón de madera bajo las arcadas de un casco de estancia o acodado en el asiento del acompañante de una camioneta, Fernández se explaya sobre su estrategia electoral, sobre Durán Barba y el uso de redes sociales, sobre cuáles serían sus primeras eventuales medidas en materia de deuda externa, empleo y salario, relación con el Poder Judicial, corrupción, vínculo con Sudamérica y el mundo en tiempos de guerras comerciales. También escucha, responde, discute y reafirma su posición cuando la charla gira hacia la concentración de medios, la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, el Grupo Clarín y el llamado "periodismo de guerra". Fernández desmiente haber compartido una cena con Héctor Magnetto, CEO del multimedios con sede central en la calle Tacuarí.

–Últimamente le hicieron varias entrevistas en las que parecía que usted ya era presidente...
–¿Sí? (ríe).
–Eso pasó también con (Daniel) Scioli, pero después perdió la segunda vuelta en 2015. ¿No hay que manejar los tiempos?
–No sé qué quiere decir "hablar como presidente". Yo hablo como soy yo. Mi mayor preocupación es transmitirle a la gente lo que tenemos que hacer. Transmitirle lo que nos está pasando. Y a partir de ahí ver cómo entre todos podemos empezar a resolver el problema. Pero si la pregunta es si yo me he predispuesto a hablar como presidente, la respuesta es no.
–Las encuestas marcan que la sociedad está entristecida y deprimida...
–Es muy razonable que la sociedad esté deprimida y bajoneada. Porque el gobierno la ha puesto en un pozo, pero además le dice que tiene que aprender a vivir en ese pozo. Que tiene que acostumbrarse a eso. La gente todos los días dice: "Cada día estoy peor, cada día estoy más pobre, cada vez disfruto menos". Y pasa lo que vemos hoy. Chicos que salen de un colegio para pasar a otro que sus padres puedan pagar, o familias que se olvidan de la medicina prepaga para pasar a la atención pública. La Argentina de Macri es un país de permanente caída aspiracional. Nos quieren convencer que es inmerecido que alguien haya tenido un aire acondicionado o un auto. Pero eso es mentira. Todos tienen derecho a vivir mejor de lo que viven. Macri construyó un país profundamente injusto, en el que ganaron los banqueros y los financistas, y el resto de los argentinos se fue para abajo. Salvo las empresas de servicios eléctricos y de gas. Tenemos que hacer una Argentina que incluya a todos los argentinos. Y ahí va a cambiar el humor de los argentinos. Cuando sepan que hay alguien que piensa en ellos.
–Usted mencionó varias veces el concepto de "unidad nacional". En los últimos días incluso elogió a dos figuras ligadas a Cambiemos, Emilio Monzó y Facundo Manes. ¿Hay otros nombres que forman o formaron parte del macrismo que podrían integrar parte de un nuevo gobierno, si usted gana?
–Monzó es un hombre que  hace política. Que no tiene problemas en enfrentar la decisión política. Eso me parece valioso, sobre todo en una época en la que Cambiemos degradó la política. Después, claro, Monzó no piensa necesariamente como yo. Y con Facundo (Manes), a quien conozco hace mucho tiempo, me vincula la idea de que el futuro está en el conocimiento. Facundo (Manes) puede ayudar mucho a construir un plan de ciencia y tecnología con todos los científicos que tiene el Conicet, con todos los científicos que hay en la Argentina. No sé si (Manes) estuvo vinculado a Cambiemos. Si es así, debe estar profundamente decepcionado. Porque sé cómo piensa.
–Manes es de impronta radical...
–Por eso. Como muchos radicales, debe estar absolutamente decepcionado. 
–Una de las innovaciones de Cambiemos es el uso intenso de las redes para difundir una "comunicación a la carta" para cada ciudadano: sabiendo cuáles son sus intereses, dónde "cliquea", dónde pone "like", y también creando información falsa, "fake news", que se emite a través de las cadenas de WhatsApp. ¿El Frente con Todos va a usar estas novedades?
–Yo quiero ser muy franco. Todos estos años muchos medios dijeron que Cambiemos tenía una capacidad comunicacional maravillosa. A esta altura tenemos que decir que Cambiemos construyó un sistema de manipulación social como pocas veces hemos visto. Eso es absolutamente deshonesto y antiético. Yo, la verdad, no quiero parecerme en nada a eso. Las redes son muy valiosas para comunicar. Pero no lo son cuando se convierten en sistemas de difamación o de manipulación. Sí creo que hay que saber llegar a lo profundo de la gente para decirle honestamente lo que uno cree. Y que la gente elija.
–Algo curioso de su trayectoria es que no ha sido candidato. Casi nunca.
–Una vez en una lista (NdR: en 2000 fue electo legislador porteño por la lista que encabezaban Domingo Cavallo y Gustavo Béliz).
–Ahora, paradójicamente, se enfrenta al desafío más importante de un político. ¿Qué características tendrá usted como candidato? 
–Para mí la política es algo serio. No es algo liviano ni trivial. Yo tomo con esa seriedad la política. No quiero parecerme a un producto fashion del momento. La Argentina muchas veces confió la política y el manejo del Estado a gente que no estaba dedicada a la política. Y fue un enorme fracaso. La política a mí me permitió conocer el Estado, saber cómo funciona, entender cómo es la botonera del Estado: qué resorte hay que tocar para que los problemas empiecen a resolverse. Sé cómo se administra el Estado. Eso demanda años de estudio y de dedicación. Eso es lo que puedo ofrecer. Soy un político que nunca dejó de ser ciudadano. Que vive de su trabajo de abogado. Que anda por las calles sin custodia, sin chofer. Y hay algo que también le puedo ofrecer y garantizar a la gente: mi honestidad.
–¿Cuál va a ser su propuesta en materia de lucha contra la corrupción?
–Todos vivimos intranquilos pensando que alguien que gobierna puede corromperse. Yo no voy a aceptar un solo corrupto en el gobierno. Definitivamente. Y lucharé contra todos los que se corrompan. Y el que se corrompa, que rinda cuentas ante la Justicia. También me voy a preocupar porque los sistemas de control del Estado funcionen bien.
–El gobierno de Macri, apenas asumido, se involucró en el inicio de causas penales o impulsó causas ya existentes contra exfuncionarios de Cristina y de Néstor Kirchner. ¿Usted haría lo mismo en relación a los hechos delictivos, de corrupción, que se pueden haber cometido en estos años?
–No. Para eso están los fiscales y los jueces. No voy a dedicar ni un minuto a perseguir a nadie. Voy a dedicar todo mi tiempo a sacar a los argentinos del pozo. Para lo otro está la Justicia. Los fiscales, los jueces y los organismos de control. Yo estoy para darles a los argentinos el optimismo que han perdido. Las ganas y la fuerza que les han minado. Yo no voy a permitir que el Poder Judicial haga lo que hizo todos estos años: ponerse al servicio de un gobierno como guardia pretoriana para perseguir opositores. De ninguna manera.
–Sergio Massa no suele ser demasiado previsible en sus movimientos. ¿Qué certezas tiene usted de que él, finalmente, vaya a sumarse a este frente?
–Lo que Sergio (Massa) y Alternativa Federal no advierten es que la gente ya tomó una decisión. Ya se abroqueló detrás de una candidatura. La acompañó a Cristina y ahora nos acompañan a mí y a Cristina. Eso es una decisión social. Ese tercer espacio empezó con una decena de gobernadores y terminó con dos. Sergio es alguien valioso: yo no quisiera que el Estado nacional lo desperdicie. Porque es alguien que puede aportar y mucho. Pero también quisiera que comprenda que es necesario que especule menos y decida más rápido.


–El salario promedio en dólares de la Argentina cayó muchísimo en los años de Macri en comparación con el resto de Sudamérica. La recuperación que usted pretende, ¿se basa en la creación de empleo pero también en la suba del poder adquisitivo? Otra alternativa es tratar de crear empleo pero con los sueldos igualmente deprimidos.
–Ese no es el método. Es lo que hace Macri. Seguir deprimiendo a los argentinos. Lo que nosotros tenemos que hacer es recuperar el salario real. Que la gente, con su salario, tenga cada vez más capacidad de compra. En 12 años de kirchnerismo el salario real creció el 19 por ciento. Y en tres años de Macri el salario real cayó el 22 por ciento. Hoy un argentino, con su salario, compra menos cosas que las que compraba en el año 2003. ¡En 2003! Eso es lo imperdonable de Macri. Lo que no se le puede tolerar.
–¿Y cómo pueden influir las condicionalidades del mega-endeudamiento contraído por Macri, tanto con los privados como con el Fondo?
–Nosotros queremos pagar y vamos a pagar. Pero no podemos pagar en estas condiciones, con la gente pobre. A los acreedores hay que explicarles que, para poder pagarles, tenemos que producir dólares. Para lo cual hay que volver a poner en marcha el aparato productivo argentino. No es empobreciendo a los argentinos que vamos a generar esos dólares. La intención y el deseo de pagar son absolutos. Pero no a costa de seguir empobreciendo argentinos, ni de seguir  teniendo paralizada la economía.
–¿Cristina se puede bajar de la fórmula que integra con usted?
–No.
–¿Por qué?
-Porque ya acordamos que yo voy como candidato a presidente y ella candidata a vicepresidenta. Y cuando yo me pongo de acuerdo con ella todo funciona.  
–Un ejercicio de imaginación o de proyección: ¿cómo le gustaría que los argentinos recuerden un gobierno suyo?
–Que le devolvimos el orden a la vida de los argentinos. Que no es garantizar que vamos a pegar palos a los manifestantes. Ordenar la vida es que el argentino sepa cuánto va a pagar de luz y de gas el mes que viene, que sepa que si trabaja su salario va a crecer y cada vez va a poder vivir un poco mejor. Ordenarle la vida al argentino es que, si tiene proyectos, pueda cumplirlos. Que si tiene un hijo sepa que tiene educación pública para mandarlos. Que si tiene viejos, sepa que tiene salud pública para cuidarlos. Eso es ordenarles la vida a los argentinos. Me encantaría que después de tanto desorden y de tanto maltrato a los argentinos la sociedad diga: "llegó alguien que me ordenó". «
Venezuela, medios y aborto
Desde los aires criollos de Areco, escenario de un encuentro con los intendentes del interior bonaerense, hasta los edificios high-tech de Catalinas Norte, Fernández desliza en la conversación con Tiempo todo tipo de definiciones. Respuestas sin eufemismos, reveladoras de lo que puede venir. "La ampliación de la Corte es un tema que no está entre las prioridades. Tampoco creo que sea necesario andar poniéndole plazos al procurador", dice sobre el frente judicial. "En materia de aborto, la sociedad argentina está dividida en dos. Por eso no salió la ley. A veces por querer lo óptimo no conseguís lo posible. Y lo posible hoy, y además bueno, es despenalizarlo: que deje de hacerse clandestinamente", subraya. "Maduro ha cometido abusos y no podemos seguir haciéndonos los distraídos. Pero la solución no es la intervención militar o la acción directa. Hay que ayudar a los venezolanos a ponerse de acuerdo: como plantean Uruguay y México", sostiene. "En la sociedad moderna los medios son negocios. Ese fue uno de los errores de la Ley de Medios. No podés dejar en manos de una entidad sin fines de lucro un proyecto comercial", afirma. "El Grupo Clarín compró Telecom y el Estado convalidó todo. Cuando eso ocurre los derechos empiezan a adquirirse. La verdad, conmigo, la guerra terminó", asegura.
Fuente:Tiempo Argentino