miércoles, 10 de septiembre de 2014

Indicadores de pobreza de la uca "inconsistentes"

 
 
"Años donde la pobreza aumenta pese a que los hogares mejoran su ingreso y la distribución no cambia, dispersión entre los ingresos de los hogares contradictorios con otros indicadores de desigualdad publicados, dan cuenta que nos encontramos ante un caso de manipulación metodológica con el intento de mostrar una situación social ajena a la realidad", alertaron Estefanía Manau y María Sfeir, integrantes del CESO.

Manau y Sfeir dieron cuenta que "en las publicaciones realizadas por el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA, resultaron cuestionables varios aspectos, entre ellos, el sesgo muestral que aplica a través de la Encuesta de la Deuda Social Argentina para obtener los ingresos".

Al respecto subrayaron que en la muestra del Observatorio "los hogares con los ingresos medios-altos y altos, fueron captados deficientemente", ya que destacaron que "todos aquellos ingresos que superaban los $20.000 eran subestimados al considerarse no representativos ante el tamaño de la muestra".

Así remarcaron que como consecuencia de ese sesgo metodológico se generó "un mayor porcentaje de pobres en relación a la muestra, de 27,5% que estima la UCA, mientras que a igual canasta básica total, surge un 18,3% de población pobre".

Además, las expertas pusieron de relieve que "ese sesgo muestral implica también una sobrestimación de la igualdad, arrojando un coeficiente de gini de aproximadamente 0,273", que se traduciría en "un valor escandinavo, contra el 0,413 obtenido a partir de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH)".

Señalaron que "con el intento de salvar las incongruencias que sufren sus estimaciones", la UCA volvió a publicar un trabajo sobre pobreza "presentando índices de distribución del ingreso cercanos a los del INDEC, y lejanos de los escandinavos informados anteriormente por su director".

Sin embargo, indicaron que "lejos de lograr su cometido, desde el documento 'Un régimen consolidado de
bienestar con desigualdades persistentes', surgieron nuevos datos que contribuyen a confirmar el manejo discrecional de la información que surge de las Encuestas del Observatorio de la UCA".

Al respecto consideraron que "es paradójico que a pesar de que informan una mejora importante del ingreso, en términos reales o de poder de compra, con un aumento del 17%, y una distribución del ingreso que casi no cambia, con un coeficiente de gini que aumenta un leve 0,02%, la disminución del índice de pobreza sea poco significativa, de solo 2 puntos porcentuales".

En ese sentido pusieron de relieve que "los valores se ponen más en duda al relacionar el período 2012 y
2013: el ingreso real aumenta levemente en 1,3% y la distribución del ingreso mejora, con el índice de Gini que cae 0,6%, mientras que la pobreza ¿¡aumenta!?".

"Como vemos, la información brindada por el Observatorio de la UCA, en lugar de aclarar las polémicas mediciones de ingresos que utiliza, parecen oscurecer aún más sus estadísticas sociales", aseguraron Manau y Sfeir.

Evaluaron que "la inviabilidad de la obtención por parte del Observatorio de un coeficiente de Gini cercano al de la EPH, queda también en evidencia al observar sus datos de dispersión en la distribución del ingreso".

"Teniendo en cuenta que una mayor igualdad en la distribución del ingreso suele ir acompañada de una menor distancia entre el ingreso promedio de todos los hogares (media) y el ingreso del hogar que se encuentra justo ubicado entre el 50% que más gana y el 50% que menos ingresos tiene (mediana), los indicadores que surgen de las Encuestas de la UCA parecen confirmar las críticas realizadas por el CESO de una subestimación de la desigualdad y una sobrestimación de la pobreza", remarcaron las expertas.

Señalaron que "de acuerdo al cuadro, la diferencia entre media y mediana en la Encuesta de la UCA, del cuarto trimestre de 2013 es más acotada, en 6,51 porcentuales, respecto a la informada por la EPH", con lo cual estimaron que "es válido afirmar que los integrantes de la muestra relevada por el Observatorio percibieron un ingreso más similar entre sí, comparado con la muestra de la EPH".

Con todo concluyeron que "esos indicadores de dispersión de ingresos no son compatibles con los índices de Gini que novedosamente informó el Observatorio tras las críticas del CESO".

El informe del Centro de Estudios que conduce el economista Andrés Asiain, remarcó que en la última década "la pobreza pasó de valores superiores al 45% a ubicarse por debajo del 15% de la población, mientras que la indigencia se redujo del casi del 19% de comienzos de 2003 a cifras por debajo del 5% en los últimos tres años".

Asimismo, subrayó que "el coeficiente de desigualdad de Gini se redujo de 0,494 a 0,413 entre 2004 y 2013, lo que significó una mejora distributiva del 16%, mientras que el índice de bienestar de Sen muestra una mejora del 70% en igual período".

El informe del CESO sostuvo que "la creación de empleo y mejora salarial en una primera etapa, y la ampliación de la cobertura y mejora de haberes de la seguridad social en un segundo momento, se muestran como las claves que permitieron mejorar los indicadores de ingreso de la población entre 2003 y 2014".

El trabajo, que no toma las cifras oficiales del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), igualmente concluyó que "durante el período 2003-2014, los indicadores de distribución del ingreso muestran una mejora sensible".

Nota Relacionada

Hablas de mi y no sabes quién soy - Nuevas correrías del Observatorio Social de la UCA (OSO)

Los índices privados de pobreza, con el elaborado por la Universidad Católica (UCA) a la cabeza, son utilizados por el discurso opositor como verdad estadística que, sin embargo, distan bastante de la realidad y carecen de un mínimo aceptable de seriedad técnica.
Fuente: ramble tamble

martes, 2 de septiembre de 2014

FORJA y Perón. Radicalizar la revolución, revolucionar el radicalismo. La influencia de FORJA en Perón

FORJA y Perón. Radicalizar la revolución, revolucionar el radicalismo. La influencia de FORJA en Perón Juan Godoy*





Juan Godoy*
 “FORJA cree que sólo del pueblo argentino, de la masa innumerable sin voz y sin más conocimiento que la certeza de sus propias dificultades, puede surgir la salvación entera de la nación” (FORJA, 16/8/41)


“Si hemos guerreado durante 20 años para conseguir la independencia política, no debemos ser menos que nuestros antecesores y debemos pelear otros veinte años, si fuera necesario, para obtener la independencia económica. Sin ella seremos siempre un país semi-colonial” (Perón, 7/8/45)
            Las distintas influencias que tuvo Juan Perón en su ascenso a la presidencia, y como líder de masas es un tema recurrente en los estudios históricos, se destaca la influencia del catolicismo, del sector industrialista de las FF.AA., del nacionalismo de los años 30’s, del sindicalismo, etc. Sin soslayar estas influencias, vamos a abordar aquí otra que (con algunas excepciones), no ha sido muy tratada por la historiografía. Esta es: la influencia de un sector del radicalismo yrigoyenista, la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina (FORJA), en el ascenso del líder popular entre los años 1943 y 1945, y la desintegración de la agrupación en el peronismo. La influencia, como veremos, es tanto directa, por relaciones concretas de los forjistas con Perón, y también indirecta, ya que Perón incorporó gran parte del ideario forjista.

            FORJA surge en plena década infame el 29 de junio de 1935, y se desintegra luego de dos meses del 17 de octubre, y por éste, dejando que sus afiliados se incorporen al “nuevo movimiento”. Se funda en un subsuelo en Buenos Aires. Participan: Jauretche, Manzi, Dellepiane, Del Mazo, Scalabrini Ortíz, Ortiz Pereyra, etc. Nace como una fractura con el radicalismo que había traicionado, con Alvear a la cabeza, el ideario de Yrigoyen. FORJA va a levantar las banderas del yrigoyenismo, y sostenemos, en su lucha, las va a profundizar. Aparece también para denunciar la entrega a las garras del imperialismo británico de los gobiernos vende-patria. El forjismo denuncia que Argentina es una semi-colonia británica. Arregui argumenta que FORJA realiza la primera denuncia profunda y sistematizada del accionar del imperialismo británico en nuestra nación (Hernández Arregui, 2004).

            La agrupación actúa como un eje entre los dos movimientos nacionales: el yrigoyenismo y el peronismo. Jauretche escribe en una carta del año 42: “yo no creo que estén agotadas las posibilidades morales del pueblo y del ejército. La que está agotada es la bandera del radicalismo, de tanto arrastrarla por el barro” (Jauretche, 1976: 140). Confía Jauretche en la unidad del pueblo y las FF.AA. En este sentido es que cuando con el golpe del 4 de junio de 1943 se termine con los años infames, FORJA movilizará al Congreso 300 militantes, y Darío Alessandro le dará el réquiem a la década infame. (Scenna, 1983). El forjismo pretende influir en la dirección de la política del nuevo gobierno, procurando profundizarlo, y tiñéndolo de pueblo. Sostienen que es necesario radicalizar la revolución, y revolucionar al radicalismo.

            Es aquí que Jauretche y Manzi le “echan el ojo” a un joven Coronel: Perón. Se reúnen con él, y se convencen que es el hombre que puede liderar un proceso de transformación. Perón había leído los cuadernos que editaba FORJA mientras estaba en Italia, se los mandaban dos militares vecinos de Manzi (Galasso, 2003). Otro testimonio de esta influencia directa es que en el año ’44 Perón da un discurso en La Plata, allí van los forjistas, y Scalabrini Ortíz le manda un “papelito” al Coronel donde le pide por los trencitos, éste que había leído historia de los FF.CC. de Scalabrini le dice: “confíe Scalabrini en que una de las primeras medidas que tomaremos será la recuperación de los ferrocarriles”. (Orsi, 1985: 131) Sabemos Perón cumplió su palabra.

            Otro lazo estrecho entre Perón y el forjismo es que el Coronel se reunía entre el 43y el 44 (1 año), prácticamente todos los días con Jauretche, éste señala: “sobre la vieja política argentina creo haberle sido muy útil para informarle, pero le aseguro que pronto sabía más que yo” (Jauretche, 2010:161). Otro contacto directo con el peronismo es que en las reuniones de la CGT previas al 17 de octubre, en las cuales se vota la huelga para el 18, cumple un rol fundamental Libertario Ferrari (ATE), sosteniendo dicha posición, y marchan los forjistas con el pueblo el 17. FORJA saca un comunicado de apoyo ese mismo día, y finalmente se disuelve, afirman en el acta: “que el pensamiento y las finalidades perseguidas al crearse F.O.R.J.A. están cumplidos al definirse un movimiento popular en condiciones políticas y sociales que son la expresión colectiva de una voluntad nacional de realización” (Jauretche, 1976: 177)

            Así FORJA que había planteado “la restauración argentina sólo podrá cumplirse sobre la base de la soberanía popular, la emancipación económica y el imperio de la justicia(Volante FORJA), como así también la solución integral a las problemáticas nacionales contenidas en las cuatro P: PATRIA, PAN Y PODER AL PUEBLO, sostenido una posición nacional que enfrente a todos los sectores nacionales contra la oligarquía y el imperialismo, que supo ver, dejando de lado el anti-militarismo abstracto, la importancia de la unidad del pueblo y las fuerzas armadas, que sostuvo una posición latinoamericanista y democrática, que su programa llevaba implícita la industrialización, que resaltó la importancia del papel de las masas trabajadoras en la historia, etc. nutre al peronismo tanto directa como indirectamente, y de esta forma las reivindicaciones, ideas que se habían comenzado a gestar en un subsuelo de la ciudad de Buenos Aires por un puñado de muchachos militantes en la oscuridad de la década infame, serán las que aflorarán luego en millones de personas, cuando el subsuelo de la patria se subleve.     
    

* Sociólogo (UBA). Becario CIC. Miembro del Centro de Estudios Hernández Arregui (CEHA). Publicado en Aluvión Popular. Expresión de la Argentina que Trabaja. Año 7. Nº 42. Julio 2014.

Bibliografía

Galasso, N. (2003). Jauretche y su época. Buenos Aires: Corregidor.

Hernández Arregui, J. J. (2004). La formación de la conciencia nacional. Buenos Aires: Continente.

Jauretche, A. (1976). Forja y la década infame. Buenos Aires: Peña Lillo.

Jauretche, A. Escritos inéditos. Corregidor, Buenos Aires, 2010.

Orsi, R. Jauretche y Scalabrini Ortíz. Peña Lillo, Buenos Aires, 1985

Scenna, M. A. FORJA. Una aventura argentina (de Yrigoyen a Perón). Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1983.

jueves, 21 de agosto de 2014

“Default y crisis”:MITOS ECONOMICOS: PROFETAS DEL MIEDO



Por  Andrés Asiain y Lorena Putero
La campaña para que la Argentina ceda a la presión de los fondos buitre y les pague la sentencia Griesa aun a costa de poner en riesgo las reestructuraciones de deuda del 2005 y 2010 por una posible activación de la cláusula RUFO, tenía como uno de sus ejes el pronóstico de la llegada de un apocalipsis económico el 31 de julio de 2014. La profecía buitre se amparaba en que ese día era el límite legal para que los bonistas que ingresaron a los canjes cobraran la cuota que Argentina les depositó en el Banco de Nueva York, y que el juez Griesa mantiene secuestrada. De esa manera, si llegado ese día los holdings no recibían el dinero, Argentina ingresaba en un nuevo default, desatando una crisis similar a la del 2001.
Montados sobre esa operación, el “Grupo de Tareas” buitre (American Task Force Argentina) colgó en su página web un cronómetro tomando el tiempo hasta la detonación del default. Completando la actuación, el elenco estable de economistas “serios” salió de gira mediática, presagiando el advenimiento de 10 plagas económicas que aterrorizarían a la población: caída estrepitosa del valor de los bonos y acciones, falta de crédito, mayor inflación, disparada del dólar, congelamiento de depósitos, derrumbe de la inversión, el consumo y la producción, despidos en masa y empobrecimiento general.
Frente a semejante campaña, el 1º de agosto, los argentinos salieron con cuidado a la calle, con temor a ver un país asolado por un cataclismo económico, para descubrir que los negocios estaban abiertos, el colectivo y el tren seguían llevando a la gente a su lugar de trabajo, y hasta los bancos atendían normalmente. Una baja no muy pronunciada de los bonos y acciones acompañada de una ya habitual suba del dólar blue eran las únicas secuelas concretas que informaban los medios de comunicación ante un escenario que ni siquiera las calificadoras más amigables con los buitres se animaban a calificar como de default.
El hecho concreto de que Argentina no saliera a colocar deuda en los mercados desde la crisis de la convertibilidad aislaba al país del impacto que pudiera tener el mentado default sobre las condiciones de colocación de deuda. Para el caso, Argentina ya se encontraba en cesación de pagos con el 7 por ciento de los bonistas que no entraron al canje desde 2001. Justamente, el mayor daño que puede provocar la sentencia Griesa es incrementar ese monto de reclamo, tanto por la valorización de las tenencias de los holdouts, como por un eventual pedido de aceleración de los holdings a los que el juez norteamericano impide el cobro. Situación que, si bien hay intentar evitarla, en el plano más concreto de las cuentas externas sólo disminuiría el flujo de salida de dólares por pagos de intereses (a costa de un incremento en las demandas pendientes de resolución).
Mientras tanto, los problemas económicos asociados a la suba de los precios, el estancamiento de la actividad y el consumo, la falta de créditos para la inversión o la vivienda, por nombrar algunos, no difieren en magnitud de los que existían antes del 31 de julio. Tampoco una solución favorable del conflicto buitre generaría una solución mágica de los mismos, por más dólares que prometan los profetas del regreso a los mercados. Como bien señaló el economista Aldo Ferrer en una reciente entrevista publicada en este diario, “los problemas reales de la economía argentina siguen siendo exactamente los mismos el día antes que el día después del fallo del juez Griesa. No se arreglan ni empeoran por el resultado de estas negociaciones.
Fuente: Página/12

miércoles, 6 de agosto de 2014

LA LUCHA DE ESTELA DE CARLOTTO Y SU TRAYECTORIA JUNTO A LAS ABUELAS DE PLAZA DE MAYO

Una búsqueda que empezó hace 36 años

La vida de la titular de Abuelas cambió en 1977, cuando fueron secuestrados primero su marido y luego su hija Laura. Al año siguiente sabría que ella había sido asesinada y que había tenido un hijo, Guido, su nieto, el origen de su militancia.

La historia de Enriqueta Estela Barnes de Carlotto fue hasta fines de 1977 la historia de una madre común de clase media: platense, ama de casa, maestra de escuela primaria, bajo perfil, abocada al marido y a sus cuatro hijos. Ese año, primero con el secuestro de su esposo, Guido, luego con el de Laura, su hija mayor, marcaría un quiebre en su vida y en la de su familia. Poco después, en abril de 1978, con la certeza de que su hija secuestrada estaba embarazada de seis meses, se acercaría por primera vez a Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos, como se llamó antes de que la prensa internacional las rebautizara Abuelas de Plaza de Mayo. Ya nada sería igual. No sólo por la certeza del asesinato de Laura, el entierro de sus restos, el exilio de sus hijos, el terrorismo de Estado en el centro de su existencia, sino también porque Estela comenzó de forma gradual una militancia que nunca había imaginado y que la llevaría a recorrer el mundo, a reinventarse y reinventar la institución para hacer realidad el objetivo de las Abuelas: reencontrarse con sus nietos. Con los años la historia personal y la de Abuelas se funden, son una sola. Hasta ayer, cuando su presidenta volvió al centro de la escena por su tragedia personal, por su lucha, al fin coronada con el hallazgo de Guido.
Los primeros movimientos de Estela fueron para recuperar a su esposo, secuestrado días después de que Laura se trasladara de La Plata a Buenos Aires. Se contactó con abogados vinculados con militares que no dudaron en extorsionarla y se reunió por primera vez con el futuro dictador Reynaldo Bignone, hermano de una amiga. El 25 de agosto, tras ser liberado, Guido le contó que lo habían torturado para saber sobre sus hijas, ambas militantes y en la clandestinidad. También le confirmó que los militares asesinaban a sus víctimas con una inyección en la espalda.
El secuestro de Laura fue a fines de noviembre de 1977. Sus padres no sabían que estaba embarazada. Entonces recomenzó el peregrinaje y volvió a reunirse con Bignone, que la recibió con un arma sobre el escritorio. “Vea, señora. Uno les dice que se entreguen voluntariamente, pero siguen desprestigiándonos en el exterior. Acá hay una cárcel modelo para que se recuperen”, mintió. Estela pidió que no la mataran, que si había cometido un delito la juzgaran y condenaran. Bignone dejó en claro que no era una alternativa. “Vengo del Uruguay, donde los tupamaros que están en cárceles se fortalecen en sus convicciones, crean problemas, convencen a los guardiacárceles. Acá no queremos esto. Acá hay que hacerlo”, dijo en tácita referencia a la muerte clandestina y cobarde. “Eso fue la lápida”, explicó alguna vez Estela. “Si la mataron quiero recuperar el cuerpo, no quiero volverme loca como tantas madres buscando en cementerios y tumbas anónimas”, le pidió. Bignone le pidió apodos y todos los datos de Laura.
El 31 de diciembre de 1977 recibirían un anónimo donde les informaban que Laura estaba bien, en manos de fuerzas de seguridad y con su compañero. En abril del ’78, una mujer aterrada se acercó al negocio de Guido para transmitirle un mensaje de Laura. Le describió el lugar donde había estado secuestrada y le dijo que Laura estaba embarazada de seis meses, que daría a luz en junio y si era varón lo llamaría Guido. Buscarlo en Casa Cuna fue el último pedido de Laura. Lejos de imaginar el plan sistemático, Estela se alegró de saber que su hija vivía y esperaba un hijo y empezó a tramitar la jubilación para poder criar al nieto. Todavía tenía la ilusión de que la iban a liberar o a poner a disposición del Poder Ejecutivo. Leía cada día las listas de presos a disposición del PEN con la esperanza de ver el nombre de Laura, mientras buscaba a Guido en Casa Cuna como le había pedido. Fue entonces que se acercó a Licha de la Cuadra y a Abuelas, donde se alegraron de contar con una docente que escribía cartas y documentos de un tirón con prolijidad. Las gestiones comenzaron a ser colectivas y llegaron las marchas. En Plaza de Mayo, entre caballos y militares, temblaba como una hoja, contó alguna vez.
El 25 de agosto de 1978 los Carlotto fueron citados a una comisaría de Isidro Casanova para entregarles el cadáver de Laura. Estela no dudó en asociar el hecho con Bignone. “Un torcido gesto de honor podrido”, diría años después. En 1980, en San Pablo, en una visita del Papa, una sobreviviente le habló de una tal Rita, que había sido madre de un varón y a quien en teoría habían liberado. Cuando le dijo que el padre tenía un negocio de pinturas, supo que hablaba de su hija y le explicó que la habían matado. Luego aparecería un conscripto que había sido testigo de un nacimiento en el Hospital militar Central y otra pareja de sobrevivientes que también había visto a Laura. En 1985 hizo exhumar el cuerpo y los antropólogos confirmaron que había tenido un bebé.
La causa ya era colectiva: la búsqueda no era sólo por Guido. Con Chicha Mariani impulsaron las primeras campañas internacionales. La lucha de Abuelas la llevó a recorrer el mundo. Desde entonces todo fue militancia, creatividad ante la adversidad, idear estrategias para recibir pistas de los chicos robados, para contactarlos, para buscar indicios de sus orígenes, producir materiales para denunciar en todos los ámbitos y judicializar casos con la esperanza de la identificación y la restitución. Todo mientras daban pelea contra la historia oficial que durante años equiparó a los desaparecidos con el demonio mismo. Carlotto recibió innumerables premios, distinciones y doctorados honoris causa. Su nombre asociado a Abuelas se mencionó una y otra vez entre los candidatos al Premio Nobel de la Paz. Hasta una película cuenta su vida, que ayer sumó su capítulo más importante, lo que ella llamó “el premio para todos los que no dejamos de buscar”: el encuentro con Guido, por el que peleó durante 36 años.
Fuente: Página/12

miércoles, 30 de julio de 2014

Sos un antisemita, sabelo.



Y ningún argumento servirá para contradecirlo...

Si las partes sobre las que versara la reflexión fueran, supongamos, los Estados Unidos y Granada, o la Triple Alianza y Paraguay,  o el Imperio Otomano y los armenios, en cualquiera de estos casos emergería fácil el repudio. La balanza se inclinaría sin dudas ni atenuantes a favor del más débil, del que soporta la agresión, del que sufre la masacre en su territorio invadido. Se volcarían sin pudor las condenas y no existiría ninguna obligación de dar razón ni excusas por la parcialidad.     

Sin embargo, cuando en el debate aparecen el Estado de Israel y el Pueblo Palestino (sin Estado), a pesar de la notoria asimetría de fuerzas, la cuestión se dificulta. Sin dudas esto es la prueba más contundente de que el “Escudo de Acero” más eficaz con que cuenta el primer protagonista, consiste en cosificar a cualquier crítico de sus políticas, fulminándolo con la calificación de antisemita, y enrostrarle una genérica responsabilidad en su trágica historia o (peor) en un hipotético futuro que la reedite.  
  



Un escudo ideológico trabajosamente construido desde que quedara en evidencia que David había dejado de serlo, para transformarse en la filial de Goliat en el Medio Oriente, como quedara explicitado en la Guerra de los Seis Días (1967) y en todo conflicto bélico o retorsión militar que la sucedieron. La evidencia del poderío militar incomparable en la región, la autosuficiencia defensiva y la permanentemente amenazante capacidad ofensiva del Estado de Israel, tuvieron el efecto de empezar a desvanecer el sentimiento de culpa que (con justicia) se  instaló en los pueblos de occidente, producto de la irresponsable despreocupación (cuanto menos) con que actuaron (o se abstuvieron de hacerlo) mientras el régimen nazi enderezaba sus acciones al exterminio del pueblo judío. Y no me refiero sólo a la ausencia o debilidad de condenas, sino también al retaceo de colaboración a la hora de colaborar con aquellos que intentaban escapar a la condena a muerte masivamente impuesta (1).      
Hace un mes, escuchaba a Eduardo Jozami disertar sobre las variadas formas “politización de la memoria”, hacía referencia al caso argentino, y lo comparaba con los procesos españoles y judío (entre otros). Respecto a este último señalaba que la centralidad de la rememoración, durante las primeras décadas de post guerra, radicó en la heroicidad de la resistencia en el Gheto de Varsovia. Luego, afirma Jozami, se inclinó el eje hacia la trascendencia del Genocidio, de la Shoá. A la vista de los recientes acontecimientos, sería fácil establecer un paralelismo entre la situación sufrida por los judíos del Gheto y la actual de la Franja de Gaza, por lo que cualquier mal dispuesto podría creer en la inconveniencia de mantener demasiado vívido ese retazo de la memoria.
En respaldo de aquella afirmación encontramos que en 1978 es establecida por Jimmy Carter la “Comisión Presidencial del Holocausto”, sobre cuya base el Congreso de EEUU autoriza la construcción del Museo del Holocausto en Washington D. C., primer eslabón de una larga cadena de “Memorials” que se extendieron rápidamente por el mundo.  En la página web del museo encontramos que su finalidad no es sólo mantener vivo el recuerdo del genocidio ocurrido durante el nazismo, sino también “enfrentar el antisemitismo”  entendido como “prejuicio contra los judíos u odio hacia ellos”. Idea que claramente deja fuera del objeto de la institución combatir toda otra forma de prejuicio u odio racial, religioso, étnico, de género o político que han sido frecuentes inspiradores de crímenes genocidas, excluyendo asimismo a otros pueblos semitas no-judíos (por ejemplo, a los palestinos o árabes en general). En cambio, sí podemos encontrar sentencias que aplican al término antisemitismo, malversando su sentido original, a cualquier crítica a las políticas israelíes respecto a los palestinos, tales como "El presidente de Venezuela acusó a Israel de intentar un “genocidio” contra el pueblo palestino".

Lejos de mi intención está restar mérito a la importancia que este recurso tiene a la hora de mantener viva la memoria de los acontecimientos sucedidos durante el nazismo, o desconocer la magnitud del mismo como fuente de conocimiento, de estudio o herramienta de divulgación y prevención. Como tampoco pretendo ignorar la existencia de núcleos de pensamiento, de acción y de propaganda que siguen estigmatizando y satanizando “lo judío”.

Pero no puedo eludir relacionar la  iniciativa con una respuesta al planteo de un brote de “nuevo antisemitismo” (o “judeofobia”) que se afirma estalló a posteriori de la Guerra de los Seis Días ocurrida en 1967, y se fue incrementando con los sucesivos éxitos militares israelíes (como Yom Kipur - 1973) y las sucesivas arremetidas (y colonización) sobre los territorios reservados en 1948 a la población palestina. La expansión territorial, la evidente asimetría militar del estado de Israel (alimentada desde  los EEUU, Inglaterra y Francia) respecto a sus vecinos, y la opresión y el desplazamiento sufridos por los palestinos argumentando razones defensivas, sustituyó en la opinión pública internacional la imagen de estado débil rodeado de enemigos por la de una superpotencia militar que sirve de cabeza de playa para los intereses occidentales. La invocación recurrente de la tragedia común sufrida en el pasado, y la alerta permanente sobre una hipotética reiteración del intento de eliminación de la raza (que progresivamente se fue confundiendo y asimilando con el intento de eliminación del estado de Israel), puede ser vista entonces como un elemento disciplinador de consciencias críticas al accionar del estado Israelí.

Esta realidad no pasó desapercibido para intelectuales de indubitable alineamiento con la causa judía. En su ensayo “Ser Judío” en 1967 León Rozitchner se preguntaba “¿Qué extraña inversión se produjo en las entrañas de ese pueblo humillado, perseguido, asesinado, como para humillar, perseguir y asesinar a quienes reclaman lo mismo que los judíos antes habían reclamado para sí mismos? ¿Qué extraña victoria póstuma del nazismo, qué extraña destrucción inseminó la barbarie nazi en el espíritu judío? ¿Qué extraña capacidad vuelve a despertar en este apoderamiento de los territorios ajenos, donde la seguridad que se reclama lo es sobre el fondo de la destrucción y dominación del otro por la fuerza y el terror?”.

El mismo autor, en 2006, elige un párrafo de la misma obra (ratificando su plena vigencia),  para comenzar un artículo publicado por Página 12  en ocasión de otra ofensiva israelí sobre Gaza: “No tomo partido sólo por el pueblo palestino sino también por el pueblo judío. Reafirmo al mismo tiempo que la situación histórica de los judíos, que culminó durante el nazismo en el aniquilamiento, hizo necesario que también los judíos fueran una nación más entre las naciones del mundo: ése es el derecho moral irrenunciable, es cierto, del pueblo judío. Pero este hecho también impone necesariamente a los judíos respetar la vida de otros pueblos como ningún otro pueblo puede quizá sentirlo. Al hacerlo estoy planteando mi derecho a seguir siendo un judío argentino sin avergonzarme de serlo frente a lo que está también haciendo de nosotros el Estado de Israel en Palestina: si cumple su mandato ético e histórico o sirve a otros designios extraños a nuestra propia historia milenaria”. El artículo concluye con una acusación a la derecha que gobierna Israel: “Para hacer lo que hacen en Palestina los judíos que están en el poder deben mantener el secreto moral del origen de su derecho a una patria y prolongar allí los valores inhumanos de sus propios perseguidores milenarios... Debieron convertirse en cómplices de sus asesinos, no denunciarlos, ya no decir nunca más que el cristianismo y el capitalismo fueron sus exterminadores porque ahora ambos se habían convertido en su modelo y en sus aliados.

Ayuda para ilustrar la idea de “Nueva Alianza” expresada,  el hecho de que en el sitio del “Memorial” (o al menos la funcionalidad del parcelamiento de la construcción de significados), la versión que se replica de aquel famoso  poema de Martin Niemöller (habitualmente atribuido a B. Brecht), ha sido mutilada en su primer verso, aquel que dice “Primero (los nazis) vinieron a llevarse a los comunistas, guardé silencio, porque yo no era comunista”. También ayuda esta relación de Norman Filkenstein (2): “la comunidad judía organizada norteamericana se olvidó rápidamente de la desquiciada declaración de Ronald Reagan en 1985, en el cementerio de Bitburg, cuando dijo que los soldados alemanes (incluyendo a los miembros de las Waffen SS) allí sepultados habían sido tan seguramente víctimas de los nazis como las víctimas de los campos de concentración. En 1988 Reagan fue galardonado con el premio al “Humanitario del Año” otorgado por una de las más prominentes instituciones del Holocausto, el Centro Simon Wiesenthal, por su “firme apoyo a Israel”; y en 1995 con la “Antorcha de la Libertad” por la pro-israelí ADL” (“La industria del Holocausto” 2000).

Norman Filkenstein, intelectual judeonorteamericano, explora la tesis de que el “Holocausto” está siendo explotado por fines políticos pro-israelíes y para financiar a los actores políticos, en desmedro de los verdaderos sobrevivientes: “Una vez reformulado ideológicamente, El Holocausto, demostró ser el arma perfecta para desviar la crítica de Israel... Lo más obvio es que la evocación de la persecución histórica permitió desviar la atención de las críticas actuales. Los judíos hasta podían hacer referencia al “sistema de cuotas” que habían padecido en el pasado como un pretexto para oponerse a los programas de acción afirmativa. Más allá de ello, sin embargo, el esquema del Holocausto concibió al antisemitismo como un odio gentil estrictamente irracional hacia los judíos. Excluyó la posibilidad de que la animadversión contra los judíos podría estar fundada sobre un real conflicto de intereses. El invocar al Holocausto fue, por lo tanto, una maniobra para deslegitimar toda crítica a los judíos: cualquier crítica sólo podía surgir de un odio patológico” (del mismo libro).

Sobre la construcción de esa desmesurada y éticamente desmoralizante ofendícula, es lógico concluir que se esperase que nadie cuestione que, sin investigación previa para atribuir responsabilidades ciertas, ni argumento de peso valedero, el asesinato de 3 jóvenes (en circunstancias nunca aclaradas y sin autor determinado) pueda ser tenida como argumento válido para justificar la impiadosa lluvia de misiles sobre la población civil palestina. Incluso resultaría aceptable que, desde las filas proisraelíes, se llegue a bastardear el significado del concepto “desproporción”. En respaldo, un prodigioso aparato de propaganda siempre estaría dispuesto a saturar de acusaciones de “antisemita” a cualquiera que se animara a levantar su voz en repudio a las políticas de apartheid, de ejecuciones sumarias, de detenciones “administrativas”, de bloqueo a ayuda humanitaria y sanitaria, de bombardeo a población civil, escuelas, hospitales e instalaciones de suministro de servicios básicos.

Así, en virtud de una extorsión sentimental, de un relato que victimiza al agresor, de la desnaturalización de los símbolos, de las palabras y de la apropiación de un legado universal,  el discurso de cualquier militante anticolonialista o antiimperialista que se solidariza con cualquier pueblo del mundo oprimido o agredido, o la reacción indignada de cualquier persona de buena voluntad frente a los asesinatos masivos de civiles indefensos, es estigmatizado, sin más, con la acusación de antisemita, lo que significa, lisa y llanamente, simpatizante de los genocidas, cuando el agresor tiene la particularidad de ser el Estado Israelí.

(1) Aludo, por ejemplo, a la Circular Secreta Nº11 de la Cancillería Argentina en 1938 (otra infamia de la década infame), que denegaba el acceso al país a migrantes declarados “indeseables” en su país de origen, término con el que el Reich había calificado a los judíos (entre otros) en la Ley de Desnacionalización de 1933. O a las exigencias formales exigidas por el Dpto. de Estado norteamericano para otorgarles la visa del país del Norte, como certificado de buena conducta expedido por la policía alemana o prueba de permiso para salir de Alemania (en 1939).

(2) Hasta donde sé, el primero en ser coronado por la comunidad judía organizada de EEUU con el singular mote de “judío que se odia a sí mismo”, el mismo que Sergio Szpolsky le dedicó recientemente a Pedro Brieger. Aquellos lograron que el académico perdiera su trabajo como docente universitario, Szpolsky todavía no. 

Fuente: Blog de Rucio

jueves, 24 de julio de 2014

De cliente a ciudadano coproductor

Economía colaborativa

Un nuevo modelo de producción, consumo y financiación propone reemplazar el concepto de posesión por el de acceso, para optimizar el aprovechamiento de los recursos en una sociedad de pares. Es una reacción al hiperconsumismo que recrea los lazos comunitarios, potenciados por internet y la cultura p2p. 



¿De qué sirve mantener un auto que se usa una vez por semana, pero cobra cuota, seguro, garage y patente cada mes? ¿Es razonable comprar esquíes para usarlos una vez y ponerlos a juntar polvo ocupando lugar durante años? ¿Por qué sacrificarse para acumular montones de cosas si en vez de disfrutarlas nos convertimos en sus esclavos?

  A partir de la crisis económica de 2008 y 2009, que derivó en crisis social y política, miles de ciudadanos de Europa y Estados Unidos empezaron a hacerse estas preguntas. ¿Qué sentido tiene esforzarse por comprar, para tirar y volver a comprar? Una preocupación financiera individual –cómo llegar a fin de mes– se unía con una social –reconstituir los lazos comunitarios– y una ecológica –cuidar los recursos no renovables del planeta reduciendo la huella de consumo. De la mano de movimientos como el comercio justo, la producción sustentable y la cultura libre, apareció en el horizonte la economía colaborativa, que propone reemplazar el concepto de posesión por el de acceso, y el de consumidor o cliente por ciudadano productor o proveedor en una sociedad de pares (p2p).


La idea es compartir, intercambiar, alquilar o comprar de segunda mano bienes y servicios, en vez de salir corriendo al shopping o el supermercado cada vez que se necesita algo. Además de ahorrar dinero y recursos se refuerza el sentido de comunidad, y pasamos a definirnos por lo que compartimos, en lugar de por las marcas que podemos pagar. Tener menos puede ser la clave para disfrutar más.

  Se habla de economía colaborativa, en colaboración, del compartir, de la red, de pares y p2p; también de consumo colaborativo. No son términos equivalentes, pero tienen un núcleo común: la intención de usar de forma más eficiente los recursos existentes para evitar más producción, gasto y contaminación, y también de fomentar el intercambio horizontal y descentralizado entre pares, minimizando al intermediario y las ganancias abusivas. Se busca un triple valor económico, ecológico y social.

De la aldea a los vecinos globales

  Esto no es nuevo sino tradicional: el mejor ejemplo de consumo colaborativo son las bibliotecas, donde se puede disfrutar de un libro sin poseerlo. Pero tendió a diluirse en la sopa individualista del último medio siglo: a medida que las ciudades crecían y el hiperconsumismo avanzaba, pedirle una herramienta prestada al vecino se fue convirtiendo en una excepción a la regla absurda de comprarla para usarla quizás una sola vez. Rachel Botsman popularizó el ejemplo del taladro: en Estados Unidos cada taladro se usa un promedio de 13 minutos en toda su vida útil.

“La idea es compartir, intercambiar, alquilar o comprar de segunda mano bienes y servicios, en vez de salir corriendo al shopping cada vez que se necesita algo”.


  Ahora, internet y las redes sociales le dan otra escala a las comunidades: ayudan a hacer visible y difundir lo subutilizado, simplificar los intercambios entre miles de personas, y también a acuñar la gran moneda virtual: la confianza entre extraños, basada en la reputación online. No es lo mismo subirse al auto de un desconocido –el viejo y conocido “hacer dedo”– que viajar con alguien a quien ocho amigos de Facebook calificaron como confiable.

  En realidad, el papel de internet va más allá de un salto de escala. Toda la cultura libre y abierta, basada en la circulación del conocimiento y la colaboración entre pares, se alimenta de la filosofía del software libre y la ética hacker, que pone el valor social por encima del económico. Internet es el espacio natural de la colaboración: puede verse en proyectos autogestivos como Wikipedia, un “pequeño emprendimiento que es el quinto sitio web más visitado del mundo”, construida por unos 71 mil editores voluntarios que se autorregulan.

  Algunos ejemplos de las plataformas de economía colaborativa más conocidas son Airbnb, el sitio global para alquilar habitaciones o departamentos entre particulares, que ya superó a la cadena hotelera Hilton en camas ocupadas; BlablaCar o Carpooling para compartir viajes en auto; y sitios de compraventa de bienes usados como eBay o Mercado Libre. También hay finanzas descentralizadas, con el modelo de Kickstarter para financiamiento colectivo o crowdfunding, y plataformas de préstamos de persona a persona que le están quitando público a los bancos; espacios de trabajo compartido o coworking, y todo un universo de producción colaborativa conocido como movimiento maker, que toma nuevo impulso con la impresión 3D. No es un fenómeno marginal: la revista Forbes estimó que en 2013 la economía colaborativa movió unos U$ 3500 millones solo en Estados Unidos.

  También hay toda una vertiente independiente del dinero, como la red de alojamiento gratuito Couchsurfing, las gratiferias donde todo se regala, los bancos de tiempo o las plataformas educativas como Coursera: lo que se conoce como economía del regalo o del don. Gran parte de estas iniciativas, con y sin pagos de por medio, están compiladas en el libro What’s Mine is Yours: the Rise of Collaborative Consumption (Lo tuyo es mío: el ascenso del consumo colaborativo), publicado en 2010 por Rachel Botsman y Roo Rogers.

  En Argentina hay  plataformas locales como Ideame (crowdfunding), Educabilia (cursos), Zukbox (alojamiento), Afluenta (préstamos), Carpoolear (viajes en auto) y muchas otras; se puede consultar una lista en el sitio el plan C. En mayo pasado, Buenos Aires fue el epicentro de la primera Semana de la Economía Colaborativa, organizada por Minka, que se celebró con 75 actividades en ciudades de América latina. Coincidió en el tiempo con el OuiShare Fest, una conferencia de tres días que reunió a los principales teóricos del movimiento en París, y la Sharing Spring, un abanico de eventos colaborativos en Estados Unidos, promovidos por la revista online Shareable.

Tensiones y debates

  Por supuesto que la economía colaborativa, entendida como intercambios descentralizados entre pares en busca de la optimización de los recursos y el bien común, no nació en 2008 en Europa. Acá mismo, en 2002 florecieron los clubes de trueque y el trabajo en red. Las cooperativas llevan todo el siglo XX desarrollando un modelo autogestivo como alternativa a la explotación capitalista. Y la producción campesina, sobre todo en América, se apoyó durante siglos en modelos de colaboración e intercambio, como la minga incaica, mucho antes de que el diccionario de negocios acuñara el término “sinergia”.

  Pero la economía colaborativa no es siempre sinónimo de cooperativismo ni de economía social: mucho dinero baila en las start-ups de Silicon Valley. En 2013, Google invirtió 366 millones de dólares en Uber, una plataforma para conseguir taxis conducidos por sus dueños, y Homejoy, para contactarse con personal de limpieza. La tradicional compañía de alquiler de autos Avis compró Zipcar, una plataforma de coches por horas, y Airbnb recibió más 120 millones de inversión. En Europa, BlablaCar acaba de recibir 100 millones de euros, y está migrando de un esquema gratuito a otro en el cual la plataforma maneja los pagos y se queda con cerca de un 10% por intermediación. En casi todos los casos, el modelo de negocio es cobrar una comisión por el servicio brindado por particulares.

  ¿Qué pasa cuando grandes corporaciones se convierten en accionistas de compañías colaborativas? ¿Existe un modo virtuoso de involucrar a las empresas en esta modalidad, o fagocitarán los beneficios de la horizontalidad? Nueva York, Barcelona y Berlín pusieron trabas legales a Airbnb para defender su industria hotelera. Casi en los mismos puntos, Uber enfrentó resistencia y generó huelgas de taxistas, que paradójicamente aumentaron su éxito. Los trabajos alternativos que este nuevo paradigma genera, como el alquiler de habitaciones, de coches o de tareas de forma autónoma, ¿vienen a ampliar el horizonte laboral, o a precarizar definitivamente el empleo con competencia desleal?


Esta nueva economía se mueve en zonas grises de la legislación, y los vacíos legales suelen desamparar a los más débiles. ¿Cómo legislar estos intercambios informales para prevenir conductas abusivas? ¿Cómo evitar el “collaborative washing”, donde la palabra “colaborativo” sirve como fachada para la explotación? ¿Qué rol queda a los estados en un esquema de autoorganización entre pares? ¿Cuál es la forma de hacer estos intercambios verdaderamente colaborativos y convertirlos en un camino hacia el bien común? ¿Cómo proteger a los analfabetos digitales de la exclusión?

El nuevo modelo viene cargado de debates. Pero viene. Tratado con criterio, puede ayudar a crear un mundo más responsable, más justo y horizontal, y, con suerte, más feliz.          
Fuente: Telam

lunes, 14 de julio de 2014

Acerca de la ocasión




Por Juan Sasturain
Un rasgo clave, que hace a la belleza y al interés del fútbol, reside en la dificultad que supone hacer un gol: es difícil, cuesta. Tienen que darse muchas cosas, sobre todo tres, solas o combinadas: virtudes del atacante, errores del defensor y cierta dosis del indefinible azar (el comportamiento del árbitro, entre otras). Los goles son los que determinan los resultados. Sólo ellos. Si lo sabremos.
Pero precisamente porque es difícil hacerlos se suelen computar, además de los goles, en una tabla más o menos equívoca que alimenta el devaluado “mereciómetro”, las llamadas ocasiones de gol. Es decir: la cantidad de veces que un equipo llega a esa instancia inminente durante un partido. Al respecto, uno de los criterios más válidos de evaluación de las virtudes de un equipo reside, precisamente, en dos cosas: una, que cree más ocasiones de gol que el rival; dos –y la más importante–, que concrete en goles un alto porcentaje de las ocasiones que genere. Y ahí es donde comienzan a operar, en el análisis, los tres factores intervinientes para que un gol se produzca, para que una ocasión se concrete: porque las ocasiones las produce, en general, el equipo, pero los goles los hacen o los impiden jugadores puntuales. Entonces es donde/cuando entra a tallar esa cosa tan difícil de definir que es la jerarquía, que redunda en la tan buscada eficacia.
Es obvio que es el doloroso desenlace de anoche lo que nos hace filosofar tan tonta, pajeramente: en el mereciómetro, tuvimos/creamos más oportunidades de gol que Alemania (variante uno) por virtudes del equipo, pero en el hecho de que no se hayan convertido en goles la variante principal no han sido virtudes del rival ni cuestiones de azar, sino la ineficacia propia (variante dos). Nada que decir, entonces. Si a la ocasión la pintan calva –por la dificultad de atraparla–, esta vez la hemos manoteado mal. Ya está.
Quedan para otra ocasión –perdonando la palabra– las reflexiones/discusiones acerca del plantel elegido y de la estrategia general de juego, las múltiples virtudes y las ocasionales defecciones. Además, ya hemos opinado al respecto largamente. La cuestión es que ha sido un Mundial muy bueno de Argentina y salimos del último partido con un equipo (sic: un equipo) mejor que el que llegó, con varios jugadores clave que estuvieron por encima de nuestras a veces mezquinas expectativas. Probablemente –bah, seguramente– lo que nos faltó fue, en el último tramo, ese plus que siempre teníamos con el mejor Messi y el Fideo fundamental. Pero no vamos a llorar por eso. Ni por nada.

Tal vez una lagrimita apenas porque se acabó el Mundial. Lo vamos a extrañar.
Fuente:Pagina/12

miércoles, 18 de junio de 2014

INVITACION ACTIVIDAD GENERO Y ACTIVIDAD SINDICAL

INVITA GRUPO SOCIOLOGIA

Imperio


 


Por Claudio Scaletta
Los defensores del capitalismo más salvaje suelen estar tan enamorados de la criatura que hasta exaltan sus excrecencias. El cine hollywoodense es un buen ejemplo: abundan los elogios a la codicia o a las diferencias extremas de clase como dinamizadoras del sistema. En la política estadounidense quienes apenas se apartan de la agenda ultracorporativa son acusados de “socialistas”, anatema que alcanza a cualquier propuesta meramente reformista, como el plan de salud de Obama. Muchos integrantes del Tea Party, la influyente corriente ultraconservadora del Partido Republicano, defienden el “creacionismo” frente al evolucionismo; insólito sesgo anticientífico de la clase política de una economía que envía naves interplanetarias al espacio y drones a sus enemigos. No es sólo un dato de color. Este es el país donde los jueces fallan con mayorías casi absolutas en favor de una de las excrecencias por antonomasia del sistema financiero global: los fondos buitre. El país al que quienes endeudaron por generaciones al Estado argentino delegaron la soberanía jurídica sobre sus instrumentos de deuda. Algo debe estar mal en el orden jurídico local si esta delegación fue posible con impunidad. Allí andan todavía los Cavallo, los Sturzenegger, repitiendo lo que la actual administración habría hecho mal y ellos bien.
El gran problema con los fondos buitre es que son malos, muy malos, pero son legales. Es verdad que uno de ellos pagó en 2008 poco más de 48 millones de dólares por instrumentos de deuda por los que ahora el Poder Judicial estadounidense le reconoce 830 millones, pero siguió las reglas del sistema. La tasa de ganancia implícita de la operación, suponiendo que reciba el pago, superaría, según detalló la presidenta Cristina Fernández, el 1600 por ciento, quizá no tanto si se suman los costos judiciales y de lobby para dinamizar el fallo. Para cualquier financista esto es señal de genialidad, no de maldad. Este es el capitalismo realmente existente, el que defiende la “muy independiente”, según el colonizado juicio de algunos analistas locales, Corte Suprema de Justicia estadounidense. Una independencia que le habría permitido ignorar no sólo las opiniones en contrario de su propio gobierno, sino del mismísimo FMI y otros Estados, como Francia, quienes verían en los buitre una amenaza para futuras reestructuraciones de deuda, una muestra más de la obsolescencia de las reglas de la “arquitectura financiera internacional”.
Un dato histórico; el tema de moda en el ambiente de las finanzas globales a fines de los ’90, cuando la Argentina se encaminaba al default y Anne Krueger comandaba el FMI, era la crítica a la ausencia de “riesgo moral”, dato ahora olímpicamente ignorado por la Corte estadounidense, que envía a los mercados mundiales la señal de que no importa la prima de riesgo de un bono soberano, pues todo acreedor siempre será respaldado por la metrópoli en su pretensión de recobrar el ciento por ciento nominal.
Debe destacarse que el fallo Buitre friendly difundido el lunes representa sobre todo un dato exógeno a la política argentina. Es decir, es un dato del que la política local es “tomadora”, que no puede modificar. Frente a esta realidad, al margen de los sentimientos involucrados por su manifiesta arbitrariedad, sólo queda la gestión. Todo lo emocional debe descartarse. El problema no es de Justicia, tampoco jurídico. Es un problema de poder puro y duro: de imperialismo. Frente a la potencia de este imperialismo, el margen del país es muy reducido.
Desde la recuperación iniciada a partir de 2003, a las finanzas globales les resulta intolerable que Argentina haya despegado por fuera de sus reglas. Es un mal ejemplo para el mundo. Quizá no se trate de una decisión centralizada, pero es la dirección en la que avanzaron el cúmulo de decisiones individuales. El país pudo evadirse de la presión imperial mientras fue independiente de los aportes del exterior; es decir, mientras no tuvo la necesidad de financiar un déficit de cuenta corriente. La aparición del déficit externo cambió el panorama.
En concreto, el rechazo de la Corte a tratar el pedido de revisión de Argentina, que significa la vigencia plena del fallo de primera instancia de Thomas Griesa, apunta contra todo lo realizado en materia de reestructuración de deuda desde 2005 en adelante. Como detalló ayer el ministro Axel Kicillof, no deja alternativas de pago bajo las actuales condiciones por más que exista la voluntad plena de hacerlo. Tampoco es opción negociar con quienes expresamente demostraron no querer negociar, con aquellos cuyo negocio es, precisamente, no negociar. La decisión judicial estadounidense empuja así a la Argentina a un nuevo canje de deuda como única opción para cumplir sus compromisos evitando embargos.
Pero el verdadero daño puede ocurrir en la macroeconomía. Como mínimo en el corto plazo, la presión imperial da por tierra con la iniciada estrategia oficial de financiar con la cuenta capital el déficit de cuenta corriente. El objetivo no era sólo contable, sino de sostenimiento de la demanda agregada y el crecimiento. El equipo económico había iniciado un camino de acercamiento a los mercados voluntarios de deuda a través del pago de algunos juicios en el Ciadi, del acuerdo con Repsol y del arreglo con el Club de París. Cuando la meta de regularización completa estaba al alcance de la mano, fue el mismo reticulado de intereses de las finanzas globales el que volvió a correr el arco. Una nueva muestra de que cualquier proyecto de desarrollo de largo plazo deberá exacerbar las herramientas de independencia ya conocidas que alejen, con recursos propios, las fuentes de la restricción externa; es decir: sustitución de importaciones, promoción de exportaciones, integración a cadenas de valor globales y, también, ingreso de capitales, aunque hoy la vía financiera parezca nuevamente cerrada. Nada de lo que viene será fácil.
Fuente Página/12

martes, 3 de junio de 2014

Ideología e ideologías

 


Por Roberto Follari *
Todos tenemos ideología. La creencia de que la ideología es sólo cuestión de quienes se interesan en política es una ingenuidad. Como profesor de Teoría del Conocimiento, no puedo cansarme de enseñar a mis alumnos universitarios que la ideología más fuerte es la de aquellos que creen no tenerla.
Es que la ideología no es una idea acerca de la política, sino las nociones que todos tenemos –y no siempre de manera plenamente consciente– sobre qué es la sociedad, qué es el individuo, qué es la justicia social, qué es el poder, etcétera. Para sostener esas ideas, no se requiere pensar explícitamente en política. Todos vivimos en sociedad y tenemos un modelo implícito de qué es bueno y qué es malo para la sociedad, aunque jamás hayamos dicho una palabra específica sobre el sistema político.
De tal manera no existen las personas “independientes”, no hay quienes no respondan a ideología alguna. Todos dependemos de nuestras ideas, y –lo peor– es que no todos somos conscientes de que las tenemos y mucho menos de cuál es el origen de las mismas, no sabemos a menudo por qué pensamos como pensamos.
Las ideas no nos vienen del cielo ni del interior de nuestra cabeza. Son la resultante de una serie de influencias que hemos pasado en nuestra vida: el sector social al que pertenecemos, el género, la época, las escuelas a que fuimos, las iglesias a las que pudiéramos haber pertenecido, los clubes, los amigos. Todos ellos han hecho que seamos los que somos. Nadie se inventa a sí mismo: a lo sumo, cada uno recombina a su manera las ideas que no ha producido por sí solo.
Si hubiéramos nacido en Sudáfrica y no en Argentina, pensaríamos muy diferente. Si hubiéramos nacido en tiempos de Pericles en la Grecia Antigua, hubiéramos aceptado la esclavitud como natural. Si hubiéramos nacido en Arabia Saudita, seríamos muy probablemente musulmanes. Somos el fruto de nuestras concretas condiciones de vida, no el de nuestras individuales elucubraciones.
Entonces, no hay gente que tenga ideología y otra que pueda ufanarse de no tenerla; estos últimos suelen creer –erróneamente– que pueden ponerse “por encima” de quienes asumen explícitamente su ideología. Pero en verdad, ideología tenemos todos. Están los que saben que la tienen, y por ello pueden razonar sobre ella, modificarla. En cambio, los que se creen “independientes” ni siquiera se han enterado de la ideología que los atraviesa. Por tanto suelen creer, con ingenuidad conmovedora, que ellos dicen “cómo son las cosas”, que sus opiniones son neutras y objetivas. De tal manera, confunden el modo singular en que sus lentes les hacen ver la realidad, con la realidad misma.
Sucede con alguna veterana comensal de la TV que cree que la sociedad es igual a los rumbos de Recoleta o Barrio Norte, en Buenos Aires. Como ella vive allí y sus amigas son señoras adineradas que toman el té en ratos de ocio, ella vive en una burbuja, pero cree que todo el mundo piensa como se piensa en ese lugar. Ella habla con “la gente”, y esa gente –sólo ésa, claro– piensa igual que ella. De tal modo que cree que el mundo es idéntico a como ella lo ve, aunque lo mire por una rendija mínima que muy pocos –con ese poder adquisitivo– pueden compartir.
De modo que a no enorgullecerse de que “pienso por mí mismo”, “no soy militante de nada”, “digo las cosas como son” y parecidas muestras de desconocer cómo es que están formadas las propias ideas que todos llevamos. El que dice esas cosas y cree no ser dogmático por no adscribir explícitamente a una ideología política es doblemente dogmático: no solamente tiene un pensamiento determinado y una perspectiva parcial (jamás podría ser de otra manera, para los seres humanos), sino que ni siquiera se entera de ello. Cree que su singular mirada del mundo es igual al mundo mismo. Por ello no tiene la menor posibilidad de reaccionar frente a sus propias distorsiones, de modificar su pensamiento o de afinarlo. Confunde su propia mirada con los objetos que capta a través de ella.
Por lo dicho, aquellos que dicen no tener ideología y se creen libres de ella están instalados en el dogma y lo acrítico a total plenitud, en nombre de la pretendida “independencia de pensamiento” a que tantas veces se apela, sobre todo en una TV nacional cada vez más ignorante y atolondrada.
* Doctor en Folosofía. Universidad Nacional de Cuyo.
Fuente: Página/12