martes, 18 de septiembre de 2012

Cacerolazo modelo 2012



Por Norma Giarracca * y Miguel Teubal **

El jueves salieron nuevamente miles de argentinos a las calles de Buenos Aires y de muchas ciudades de las provincias. La convocatoria, por los medios informáticos, fue apoyada por sectores de poder en situación de confrontación con el gobierno nacional. Los cacerolazos siempre remiten a 2001-2002, no obstante consideramos que, más allá de cierta estética de personas formando mareas humanas por las calles, no hubo nada en común. Más bien, a nuestro juicio, hubo ciertas similitudes organizativas y de composición social con los cacerolazos y marchas que acompañaron el conflicto del campo en 2008. En los dos casos (2008 y 2012) en el vértice superior del conflicto, si se nos permite esta imagen, aparecen sectores empresariales nacionales de gran capacidad económica confrontando por demandas corporativas con el Gobierno. En 2008, fue la Mesa de Enlace (la Sociedad Rural Argentina fue su símbolo); en la del jueves, en el vértice estaban los grandes medios de comunicación con su conocida demanda. En ambas, además, todo el arco opositor político apoyó a quienes protestaban. Y en tercer lugar, entre ese vértice de poder y los miles y miles de personas que salieron no se puede registrar con seriedad una conexión directa en la convocatoria.
Tanto en 2008 como el jueves marchó una importante cantidad de ciudadanos que votaron en forma diferente, que pertenecen a esa abigarrada clase media argentina que va desde un vendedor ambulante de baratijas importadas de China, que manda a sus hijos a una escuela privada, hasta empresarios, comerciantes o profesionales. En 2008 todos se sentían aunados por “un campo” que remitía al utópico (y pasado) trabajo sobre la tierra y a personajes que supuestamente hablaban con un lenguaje sencillo (a diferencia del poder). El jueves no había un signo unificador más allá del malestar con el Gobierno, pero la cuestión de la comunicación, de las palabras, estaba presente.
Las personas que entrevistamos habían sido convocadas por Internet o por el boca a boca. Los motivos de la acción eran muchos y todos confluían en un malestar con la gestión gubernamental. Basamos nuestro análisis en aquellas motivaciones que hacen al malestar por perder lo que se logró en años de bonanzas y que refieren a cierta regulación del dólar que dificulta ahorrar y viajar, políticas de importación que limitan esos consumos, aumento del control social en política impositiva, inflación, etc., que en definitiva apuntan a la reducción de los consumos. Habían votado a Binner, a Duhalde y a la propia Fernández de Kirchner o hacía rato que no lo hacían por decepción con los políticos; sin embargo, independientemente de la conducta electoral de octubre pasado, se manifestaban en contra de la reelección presidencial. Estaban en contra de distribuir dinero a los sectores populares por todos los prejuicios que suelen tener las clases medias sobre esta otra parte de la población (mensajes de la convocatoria por las redes lo corroboran). No descartamos la presencia de grupos que manifestaran claramente un “fascismo societal”, pero no los encontramos alrededor del Obelisco.
La Argentina es un país con una franja muy importante de sectores medios y, si bien el reclamo es sectorial, tiene a nuestro juicio algunas dimensiones (no todas) ancladas dentro de los discursos hegemónicos. El Gobierno propone “un modelo” altamente productivo dentro de las reglas del capitalismo global; optó por las tecnologías de punta; promovió el consumo, que por supuesto fue desigual dentro del conjunto social; algunos creyeron verse actores de un mundo “moderno” consumista. Ahora estos sectores medios reclaman por acceder libremente, sin regulaciones ni trabas, a esos consumos (viajes, dólar, “high tech”). ¿Acaso entre ellos están quienes cuidan y aman un cerro, el agua, critican la soja, la biotecnología, la megaminería o que ponen en duda el modelo “modernizador” y consumista? Una excelente declaración de la Asamblea por el Agua de Mendoza “Que tu bronca no te ciegue” (asambleapopularporelagua.blogspot) nos inclina a pensar que no. Nadie desde el poder les habló de una “vida sencilla” cuidando los bienes comunes (Vandana Shiva), ni de “vivir con lo nuestro” como alguna vez propuso Aldo Ferrer. Por eso ahora los “caceroleros” reclaman en el registro de la cosmovisión de la vida que el discurso capitalista/moderno “del crecimiento económico” marcó, y si no lo consiguen con este Gobierno, buscarán opciones políticas que les “vendan espejitos de colores” y el peligro es que, nuevamente, terminen en propuestas ortodoxamente neoliberales en lo económico y decididamente de derecha en lo social, lo político y lo cultural.
* Socióloga, UBA
** Economista, UBA.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Alberti ,Capusotto y un enfoque de la Inseguridad


“Reconoce los cambios de la época”:UN ESPECIALISTA DE FLACSO EN JUVENTUD HABLA DEL VOTO DE LOS JOVENES DE 16 Y 17 AÑOS







Sergio Balardini se manifiesta de acuerdo con el proyecto que se debate en el Congreso y sostiene que el sufragio a esa edad debe ser optativo. También marca una “coherencia” entre el derecho a votar optativamente y el régimen penal juvenil.
 

Por Sebastian Abrevaya
Sergio Balardini es uno de los mayores especialistas en juventud de Argentina. Es licenciado en Psicología y miembro del Programa de Estudios de Juventud de Flacso, entre otros puntos de un largo currículum vinculado con adolescencia, juventud y políticas públicas. En diálogo con Página/12, Balardini apoyó el proyecto que amplía el derecho al voto de los jóvenes de 16 y 17 años, señaló que debería ser optativo y remarcó que países como Brasil e, incipientemente, Uruguay, marcan antecedentes en ese sentido. “La ley no debería ser punto de llegada sino punto de partida”, asegura Balardini, que marca una “coherencia” entre el derecho a votar optativamente y el régimen penal juvenil.
–¿Qué opina del proyecto que se debate en el Congreso?
–Estoy de acuerdo porque reconoce los cambios de la época, las nuevas relaciones sociales entre generaciones y las responsabilidades y posibilidades que hoy tienen chicos y chicas. También hay una tendencia de ampliar hacia la baja los derechos políticos. Sucedió en Brasil, donde existe el voto optativo. En Uruguay, hay un estado previo donde en el partido de gobierno, el Frente Amplio, se eligen sus autoridades en la elecciones internas a partir de los 14 años. Son dos antecedentes interesantes. Pero, además, si miramos hacia adentro, hay tres ciudades que ya tienen el voto en autoridades locales: Córdoba, Colonia Caroya y Zapala. En el presupuesto participativo en el que participa la ciudadanía, en una cantidad importante de municipios votan jóvenes también desde los 16. Es algo que viene madurando en nuestra región.
–¿Debe ser optativo u obligatorio?
–Es preferible optativo porque es una franja de edad que recién está ingresando al sistema político. Y al mismo tiempo así se respetan los tiempos de los jóvenes. Habrá quienes tengan interés en ejercer este derecho, otros que dirán todavía no estoy preparado o quisiera tener más información. Me parece más oportuno respetar esos tiempos de maduración y apropiación del derecho y al mismo tiempo ir acompañando con programas.
–Con el debate respecto del voto también resurgió la discusión sobre un aumento en la responsabilidad penal...
–Hay que buscar una coherencia en la conceptualización, aproximándose gradualmente a una normativa con una concepción orgánica. El voto optativo es más afín a tener una definición en el tema de la responsabilidad penal vinculada con un régimen penal juvenil específico. Es coherente decir que entre los 16 y los 18 hay un régimen electoral específico, donde los jóvenes tienen el derecho de ejercer el voto, pero se dan condiciones específicas para que puedan apropiarse de ese derecho. En cuestiones penales es lo mismo, un régimen específico, donde no es la edad para tratarlos como adultos. Los reconocés como sujetos y los hacés responsables. En ningún caso se los iguala a los adultos y al mismo tiempo no se los infantiliza ni se dice que no tienen ninguna responsabilidad. Además, todo esto está amparado en la Convención de los Derechos del Niño y la Ley de Protección de Niñez y Adolescencia.
–Algunos sectores señalan que los jóvenes no están preparados y que la escuela no da los contenidos necesarios para que puedan votar...
–Una cosa es una currícula pensada para ir dando elementos para jóvenes que no van a ejercer el derecho al voto y otra si tienen el derecho. Se trata de una cuestión de calidad. Hay que repensar la formación. El primer lugar, desde la responsabilidad estatal, es la escuela, pero no es el único. También hay que pensar la comunicación gubernamental, no sólo nacional sino provincial. También podría ser la Dirección Nacional Electoral la que aporte capacitación y formación de jóvenes de 16 y 17. La ley no debería ser punto de llegada sino punto de partida. Incluir otra serie de cuestiones que ayuden a que ese voto sea más apropiable tempranamente y de mayor calidad al mismo tiempo.
–¿Pero eso puede darse en paralelo o debería ser anterior al otorgamiento del derecho?
–Hay que reconocer que los jóvenes son tan heterogéneos como los adultos. Desde luego hay quienes estarán en mejor condición que otros. Pero no es un juego de suma cero en el que primero hacemos tal cosa para después hacer otra. Estamos hablando de ampliación de derechos y, al mismo tiempo, de consolidación de derechos. Son responsabilidades que tienen que ser asumidas al mismo tiempo.
–¿El interés que ahora hay en la política también incluye a los jóvenes?
–Por supuesto. Es parte del tiempo y la época que les toca vivir y que incide en toda la sociedad. En los ’90 la política era minimalista, tecnocrática, su-bordinada a la economía y era poco lo que se le podía pedir. No se la pensaba como un lugar de transformación social, entonces era un ámbito muy poco atractivo para los jóvenes. Había participación pero no desde una concepción clásica sino en circunstancias puntuales y en organizaciones socioculturales, porque la política en términos partidarios no generaba expectativas. Hay dos hechos que marcaron un cambio. Uno en el 2000, donde la crisis marca una preocupación por lo público pero un rechazo hacia lo partidario. Y otro a partir de 2003, donde gradualmente las iniciativas del gobierno le dan un nuevo rol al Estado, que empuja a la transformación en vez de limitarse a administrar lo que encuentra. Si la política puede operar sobre la realidad y confrontar sobre los poderes fácticos, cambiar lo que estaba dado, vuelve a ser atractiva. Si se trata de gestionar mejor algo dado que no se puede cambiar, es más difícil. En todo caso se sumarán los que llaman “militancia de gestión”, profesional, más próxima a la idea de un militante PRO. La lógica que se genera es esa.
–¿Por qué a los 16 y no antes o después?
–Hay ciertos acuerdos de que en esa edad se está en determinado grado de maduración que permite ejercer ciertos derechos y llevar adelante determinadas responsabilidades. Son jóvenes con mucha mayor autonomía que antes, los padres están mucho menos presentes, cada vez se definen más cosas entre pares, se hacen cargo de muchas responsabilidades. Hay mayor madurez y mayor complejidad. No se puede decir que es homogéneo, pero tiene que ver con construir una herramienta que permita que suceda. Finalmente es una definición política, que construye una sociedad, que se organiza alrededor de ciertas definiciones donde propone roles a determinados sectores sociales, por género o por generación, roles productivos, culturales, económicos.
Fuente: Página/12

“¿Cómo va a morir un verbo que tenía 3000 años de edad?:LITERATURA › EL ESCRITOR FERNANDO VALLEJO, DE NUEVO EN LA ARGENTINA”




En su libro más reciente, El cuervo blanco, el autor “canoniza” la figura de Rufino José Cuervo, un “loco” al que califica como “el más grande de los filólogos de este idioma y el más noble de los colombianos”. El escritor se presenta hoy en el Filba.

Por Silvina Friera
Los locos abren caminos. Fernando Vallejo se mira en el espejo del pasado, en la desmesura de un “loco” del siglo XIX –“el más grande de los filólogos de este idioma y el más noble de los colombianos”– que ha sido elevado a la categoría de santo: Rufino José Cuervo, árbitro de la lengua que “enseñó a hablar bien”. El santo en cuestión es el protagonista de El cuervo blanco (Alfaguara), una biografía que el genial narrador colombiano escribió para honrar su amor por la lengua española y por Cuervo, ese erudito que no vaciló en llevar a cabo la empresa más descabellada: un diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana que quedó inconcluso. “Los géneros literarios son tan insignificantes e inapropiados para decir lo compleja que es la vida que seguir recurriendo a la novela en primera persona –porque en tercera para mí es despreciable– no alcanza. La literatura dice muy poco del dolor de la vida”, subraya Vallejo, invitado al Festival Internacional de Literatura (Filba), que empezó anoche (ver aparte).
Alguien golpea la puerta del salón de un hotel con nombre y estilo francés, donde se hospedan los autores que participan en la cuarta edición del Filba Internacional. Entra la moza con una bandeja. Trae café y agua sin gas. Hay que verlo sonreír y agradecer a Vallejo; es como si la rabia demencial del personaje, la voz belicosa que vocifera un sinfín de diatribas en sus novelas –La virgen de los sicarios o El desbarrancadero– deviniera pura caricia y amabilidad. “Nomás un poquito”, le indica a la joven que comienza a servirle agua. “Ya se me olvidó contra quién estaba hablando mal”, bromea el narrador colombiano en la entrevista con Página/12.
–¿Qué rol le asigna a empresas “locas” como el diccionario de Cuervo? Haber querido dar cuenta de toda la construcción del idioma es un gran delirio. ¿Estos delirios son necesarios?
–Nada es necesario, pero estas empresas iluminan un poco la miseria de la vida del ser humano, porque escribir un libro de filología, de gramática y de lingüística sobre un idioma que es algo inasible, cambiante –un idioma es un río–, tiene más ribetes de locura que de sensatez. Por lo demás, en el tiempo de Rufino José Cuervo todavía el idioma importaba. Era cuando se empezaron a fundar las distintas Academias de la lengua. La primera fue la española; cien años después fundaron la colombiana, después la ecuatoriana y la mexicana. La que ni siquiera se llama Academia de la lengua es la Argentina, que nunca tuvo la pasión por el idioma que pudo tener Colombia, porque éste fue un país de inmigrantes que se le vinieron a sumar al núcleo fundador español; un país que quedó en manos de los italianos, los polacos, los judíos, los alemanes. Entonces nunca vivieron ese purismo idiomático que pudieron tener Colombia y España, que son los dos países en que hubo puristas del idioma que trataban de conservar lo que llaman la “casticidad”. Eso se perdió para todos; es imparable la mezcla de las lenguas y la predominancia del inglés sobre todos los idiomas del planeta. Detrás de la imposición del idioma viene la imposición de una cultura y de una forma de ver el mundo. Si Cuervo escribió un libro loco que era el Diccionario de construcción y régimen de la lengua castellana, yo estoy más loco que él porque estoy escribiendo un libro sobre Cuervo cuando a nadie le importa ni la gramática ni la filología ni este idioma. Para un loco, uno peor (risas). No les interesa el idioma, lo van a acabar... Ah, yo doy cuenta de que detrás de la colonización del idioma viene la colonización del alma anglosajona, que estamos padeciendo en todos los órdenes. ¡Pero qué más da que tengamos un alma anglosajona o un alma hispánica! Al final de cuentas, somos la misma especie, sometida a la misma tragedia en el mismo mundo-desastre en el que vivimos.
–Pero su interés por el idioma viene de mucho antes de la publicación de El cuervo blanco.
–Siempre me interesó. A contracorriente de todos en Colombia, que pretendían que era un país de gramáticos y donde se hablaba muy bien el español. Lo cual es una tontería porque el español se habla como se puede en todas partes, en todos los ámbitos del idioma. Puesto que la vida humana es tan sinsentido, yo no pretendo darle ninguno, pero sí llenar la mía. Entonces la lleno con esta biografía. ¿A quién se le ocurre escribir un libro sobre un gramático y sobre la lengua, sobre un idioma en bancarrota? Yo no sé si el inglés está en bancarrota, pues como se convirtió en una lengua universal, unos lo atropellan de una forma y otros de otra. Ellos no tienen academias de la lengua, y sin embargo es el idioma que se ha impuesto como lingua franca en los negocios, en la diplomacia –reemplazando al francés– y en la ciencia. El idioma nuestro es un idioma de 22 países subdesarrollados, tercermundistas, pobres, entre los cuales contamos a la pobre España, que se convirtió en un país de mendigos. España es una provincia del idioma anómala porque nosotros estamos unidos por muchas cosas y separados de ellos. Era explicable después de doscientos años de independencia y con un mar de por medio.
–¿Qué ventajas cree que tiene el hecho de que los países latinoamericanos compartan la unidad lingüística?
–Como no le busco utilidades prácticas a las cosas de la vida, me da lo mismo que el idioma sirva como fuente de comunicación. Qué más da la unidad si todo el tiempo estamos uniéndonos y desuniéndonos: uniéndonos para separarnos y nos separamos para volvernos a unir. La Unión Europea se hizo para unir, ahorita se desintegra y después verá cómo la vuelven a armar. Vivimos para eso: para llenar el vacío de la vida, uniendo para desunir. Pero más allá de las razones prácticas, de la utilidad de que estos 22 países conserven un vínculo que los une, el desastre va más lejos que el idioma.
–¿En qué dirección?
–La música es para mí el arte que más llega al corazón. Mire la música hispanoamericana, que era tan hermosa, ¿en qué quedó? Una música muy hermosa de porros, de guarinas, de guarachas, de cumbias, de tangos, de milongas, de boleros, más los pasadobles españoles. En qué quedó esta música, colonizada por el ruido anglosajón que no sabemos cómo se llama porque no he podido entender qué es música disco, qué es música tecno... La literatura no llega al corazón como la música.
–El cuervo blanco tiene un comienzo muy literario, en el cementerio parisiense de Père Lachaise, donde el protagonista encuentra la tumba, sencilla y llena de musgo, de Rufino José Cuervo. ¿Por qué eligió empezar la biografía por el cementerio?
–Así me nació hacerlo. Pensé que sería un buen comienzo empezarlo en la tumba y acabarlo igual –en la tumba–, para que se cerrara rotundamente. ¿Quién de los escritores de este idioma quiere al idioma? Borges no creo que lo quisiera, parecía que era un escritor inglés que escribió en español porque no le quedaba más remedio. ¿Quién lo quería? Y sin embargo, la prosa que escribió Manuel Mujica Lainez es la más hermosa del idioma. Esa, con la de Azorín, es la más rica, lexicográfica y sintácticamente. Lo cual no quiere decir que Azorín y Mujica Lainez fueran grandes escritores, porque una cosa es ser un gran prosista y otra cosa ser un gran escritor.
–En este sentido, ¿Borges sería un gran prosista de la lengua o un gran escritor para usted?
–Hay dos Borges: uno el poeta y el otro el prosista. Del poeta ni hablemos porque es lamentable. No tenía el sentido de la poesía, entendida como la poesía hecha por versos. No era su momento, ya había pasado el momento para que se hicieran grandes poemas en el idioma. Que por lo demás son muy pocos; los versos buenos de la lengua española caben en un cuadernito de escolar. El otro Borges es un escritor de relatos cortos. Uno un poco largo, “El aleph”, es un magnífico relato lleno de sentido del humor y desmesurado, escrito en buena prosa, con riqueza sintáctica. Todos los otros relatos chiquitos, pequeñitos, son una literatura más de divulgación del mundo árabe, por ejemplo “Los traductores de las 1001 noches”. No creo que eso haga un gran escritor a nadie; Borges puede ser un gran divulgador o un buen tratadista de literatura. Son curiosidades de erudito con las que ya acabaron Google, Internet y Wikipedia. Eso que era inaccesible en el tiempo de Borges, ahora con un clic lo tenemos al alcance de la mano. Borges es un personaje bonito por su amor a los libros y a la literatura. Y por su tragedia de quedarse ciego, con lo cual se escapó de leer mucha basura.
De repente, como entusiasmado por el repentino optimismo que le genera su devoción por Cuervo, vuelve a ese amor imperecedero por el filólogo colombiano. El romance comenzó en la infancia, cuando Vallejo leyó Apuntaciones críticas sobre el lenguaje bogotano. “He ascendido de biógrafo a hagiógrafo, del que cuenta la vida de un simple mortal al que cuenta la vida de un hombre bondadoso que debe estar levantado en los altares. Ya canonicé a Cuervo. ¿Cuántos canonizó Wojtyla, la alimaña polaca canonizadora? Unos 4000 entre beatos canonizados. Yo nomás uno. Pero el mío hace milagros y los 4000 de él no sirven para un carajo.” No escamotea las palabras. No se las aguarda en el reservorio de la mente. No se deja amedrentar por aquello que, en el manual de usos y costumbres, conviene no decir en voz alta. “Cuervo escribió un diccionario loco, disparatado. Nunca precisó qué entendía por construcción y por régimen. No abarcaba todas las palabras, sino las que tenían régimen y construcción, verbos o adjetivos. Era un diccionario sui géneris que no lo había hecho nadie. Si hacer un diccionario ya tiene mucho de desmesura, hacer uno de construcción y de régimen iba más allá. Y en última instancia, arma una historia de la lengua porque estaba implicado con autores del idioma desde los comienzos, desde el año 1100, hasta fines del siglo XIX. Era una empresa sin sentido, lo cual está bien. Qué más sin sentido puede haber que la vida humana.”
–Quizás el gusto que muchos sienten por los diccionarios tenga que ver con cierta fascinación por los cementerios de la lengua, ¿no?
–Sí, tiene mucho de cementerio porque todo diccionario está lleno de arcaísmos. Pero si no tuviera arcaísmos, al cabo de unas décadas los diccionarios se vuelven cementerios porque se mueren las palabras que estaban vivas en el momento en que los hicieron. Nosotros siempre decíamos “oír” y el verbo “escuchar” casi nunca se usaba, pese a que los dos son igual de viables, puesto que vienen del latín, de audire y auscultare. “Escuchar” es “oír con atención”. Pero uno no escucha un trueno. Uno oye un trueno, ¿no? Entonces el verbo “escuchar”, en todo el ámbito de la lengua española, reemplazó a “oír”. Es insólito. Ya no quedan comentaristas del idioma y yo señalo estas cuestiones por molestar.
–¿Qué palabras que se perdieron le generan una profunda tristeza o nostalgia?
–La muerte del verbo “oír” se me hace terrorífica. ¿Cómo un verbo que venía de audire, que tenía 3000 años, puede morirse? Si se muere el verbo “oír”, ¡qué va quedar de mí mañana cuando me muera! Cómo se puede morir una palabra que estaba incorporada en las neuronas, en el código genético. Palabras como el verbo “escampar”, ¿en Argentina se usa?
–Sí, pero en la ciudad rara vez. Es más frecuente en las zonas rurales, y también se usa en Uruguay.
–Ah, no importa que sea en zonas rurales, ¡fíjese qué maravilla! En México nunca se usa; en Colombia sí porque llueve todo el tiempo y prescindir de un verbo como “escampar” sería imposible. Si me pusiera a hacer memoria, la lista de palabras que se han dejado de usar y me duelen sería muy grande. Muchos son localismos de mi tierra de Antioquia, aunque por ser localismos tienen menos dolor para mí. Lo que me duele más es el idioma entero. No quiero decir que no se deban usar localismos en la literatura, porque una novela tiene que estar llena del idioma de la vida, que es el local. Y en mis novelas uso muchos localismos pero de una manera maliciosa, para que se entiendan sin necesidad de un glosario (risas).
Fuente: Página/12

sábado, 15 de septiembre de 2012

La historia de las plantas y las plantas de la historia:DIALOGO CON PABLO PICCA, DOCTOR EN BIOLOGIA DE LA FACULTAD DE CIENCIAS EXACTAS Y NATURALES DE LA UBA






Los restos de plantas, flores y semillas revelan pequeños pero interesantes detalles para reconstruir la vida en tiempos lejanos, por ejemplo a bordo de un barco del siglo XVII. La reconstrucción e identificación de las especies es un trabajo minucioso.


Por Leonardo Moledo
–Cuénteme qué hace.
–Bueno, mi formación es una formación en botánica clásica. Trabajo en el laboratorio de plantas vasculares. En este momento estoy trabajando en un par de líneas de investigación. Por un lado, en sistemática de plantas vasculares. Estoy trabajando con un grupo de cactus del centro-norte de la Argentina, tratando de dilucidar las relaciones de parentesco entre las especies de cactáceas que se conocen. Mi tesis la hice en un grupo de plantas patagónicas, también estudiando un poco la evolución de algunos caracteres dentro de las especies sudamericanas. Esas plantas tienen distribución en todo el hemisferio austral, son los árboles que uno más comúnmente puede observar en los bosques en la zona de Bariloche y San Martín de los Andes.
–¿Qué árboles son?
–Los colihues, las lengas, los ñires. Hay unas nueve especies sudamericanas y unas 25 especies extraamericanas distribuidas en Australia, Nueva Zelanda y Nueva Guinea. Es un grupo muy interesante, porque es bastante antiguo y el conocimiento de las relaciones de parentesco entre esas especies puede decirnos cómo fue la historia natural en el hemisferio austral.
–¿Y la otra línea de investigación?
–Estoy colaborando con algunas personas de la facultad que son ecólogos vegetales. Hay algunos, por ejemplo, que están estudiando cómo varían algunos parámetros de la biodiversidad en algunas montañas de la Argentina. Yo estoy trabajando en la parte de las plantas, en colaboración con otras personas que se ocupan de ver cómo varía la colaboración de otros grupos de organismos como aves, reptiles, anfibios, insectos. Y después trabajo, lateralmente, con gente que hace arqueología subacuática.
–¿Y en qué consiste?
–Esta gente está estudiando naufragios de algunos barcos en las costas patagónicas. La doctora Elkin es la directora, y funciona en el Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano. Dentro de ese proyecto estamos colaborando en algunos temas, como por ejemplo la identificación de restos botánicos que encuentran en esos barcos. Han traído, por ejemplo, restos de semillas o de frutos para que nosotros ensayemos una identificación de esos restos.
–¿Cuál fue el último naufragio que analizó?
–No recuerdo. Pero siempre me traen algunas semillas de alguna especie de planta desconocida. Lo primero que se hace es tratar de rescatar algunos caracteres macroscópicos muy evidentes, como puede ser la forma o el tamaño. Si uno es capaz de rescatar esos atributos muy básicos, ya puede ir orientando hacia una identificación. Después hay que hacer algunos análisis un poco más minuciosos, pueden ser análisis estructurales internos, para lo cual uno tiene que utilizar técnicas más sofisticadas, como pueden ser observaciones con microscopios electrónicos, o realizar cortes histológicos para ver cómo es la disposición de los tejidos en esas estructuras. Incluso se pueden hacer algunas pruebas histoquímicas para ver la presencia de algunos compuestos, u otros que son característicos de algunos tipos de plantas, y de esa manera uno va acotando las posibilidades.
–¿Y siempre se pueden identificar?
–No, no siempre. En algunos casos, las identificaciones pueden ser muy precisas, pero en otros puede ocurrir que sean más bien generales. Pueden ser a nivel específico o a nivel de familia botánica, dependiendo de la calidad de los restos que uno cuenta. Ahora estoy colaborando, también, con un arquitecto que está haciendo su tesis, estudiando las tipologías arquitectónicas vernáculas en unos valles andinos en La Rioja. El está estudiando todos los materiales de construcción de los ranchos antiguos, y me ha traído restos de plantas que forman parte de esos ranchos (algunos como materiales principales, para vigas por ejemplo y otros componentes vegetales que forman parte de las enramadas) para tratar de identificar también los restos botánicos. Ahí también uno trata de buscar los descriptores que le permiten a uno decir a qué familia y especie de planta pertenecen. A veces, por ejemplo en las enramadas, se pueden encontrar restos de semillas o de frutos, que son los que más información pueden brindar para determinar la identidad de una planta. Hay otros restos de planta que son menos informativos, como por ejemplo las hojas o la madera. Los caracteres, si bien permiten una identificación, son menos específicos. Por ejemplo, si nosotros tenemos dos maderas de distintas especies de eucalipto, nos son muy fácilmente diferenciables. Pero si uno tiene las flores, o las semillas o los frutos de esas plantas, es mucho más fácil, de acuerdo con los restos que uno tenga para trabajar, el tipo de identificación que va a alcanzar.
–¿Y sabe qué hace la gente con la que colabora, con la información que usted les da?
–En el caso de los barcos, la idea es reconstruir la historia acerca de las costumbres y la vida en los navíos de aquella época. Por ejemplo, qué alimentos consumían, porque se supone que algunos son restos alimenticios, aunque en otros casos suponemos que pudieron haber sido semillas o frutos de algunas plantas de interés comercial para llevar a otros lados e iniciar cultivos. Son barcos de los siglos XVII y XVIII. Esas son las cosas que se van tratando de entender a medida que el estudio progresa.
–¿Qué naufragios son?
–Los dos son barcos holandeses. Uno de ellos es interesante porque formaba parte de la expedición que terminó descubriendo el Cabo de Hornos. Estaban buscando rutas alternativas hacia Oriente más allá del cabo de Buena Esperanza y el estrecho de Magallanes, que estaban dominados por otras compañías. Se hundió a la altura de Santa Cruz, en la Patagonia.
–¿Y el otro?
–Es un barco posterior, del siglo XVIII, que estaba haciendo unas rutas entre las Islas Malvinas y las costas de la Patagonia.
–¿Y qué les pasó a esos barcos?
–El primero se incendió y el segundo se hundió.
–¿Y qué encontraron en esos barcos?
–Varias cosas. Encontramos, por ejemplo, unas semillas de pimienta, unos frutos de zapallo, pudimos averiguar estrictamente cuál era la especie de zapallo de la que se trataba esta semilla, encontramos nuez moscada, unos frutos de ajíes y pasas de uva, unas semillas de mostaza. Son cosas interesantes, sobre todo porque al principio uno no tiene ni la menor idea de lo que se trata. Y cuando uno puede llegar a la identificación, resulta que son especies habituales, conocidas por todos nosotros. Acaso no sea un descubrimiento espectacular, pero es una manera de reconstruir todas las piezas, con el trabajo de distintos especialistas, de lo que ocurría en un barco.
–¿Y a qué dan lugar estos descubrimientos?
–Es una cuestión que puede resultar curiosa para una persona interesada en el estudio de la historia. Nos permite saber qué es lo que estaba pasando allí. Y nos obliga a hacernos la pregunta de por qué estaban esas cosas ahí.
–¿Y por qué?
–Aparentemente era parte de las vituallas del barco. Porque después también se encontraron algunas referencias a productos que se habían embarcado en algunos puertos de Inglaterra para el consumo de los marineros que iban en el barco, y coincidía con lo que habíamos encontrado nosotros.
–¿Y las maderas del barco?
–Las estudió otra persona de la facultad. En general, esos navíos grandes son construidos con dos o tres especies distintas de madera; no hay una variedad tan grande de posibilidades. Lo que se hace es comparar las maderas de las muestras con los materiales conocidos. La verdad es que no sé cuáles son esas maderas.
–¿Qué clases de barcos eran?
–Galeones, barcos a vela.

En los límites de la realidad:LA CONJETURA DE MALDACENA EXPLICADA POR... MALDACENA



 


 Por Jordana Dorfman
Juan Martín Maldacena, el físico argentino, volvió a ser noticia en los diarios por haber recibido 3 millones de dólares concedidos por el premio de la Fundación Milner a la Física Fundamental. Pero éste es sólo el último de una lista de más de 10 distinciones desde 1997, año en que revolucionó la física teórica con su Correspondencia AdS/CFT o Conjetura de Maldacena. La investigación se encuentra entre las más citadas por sus colegas, que, dicho sea de paso, le dedicaron una canción en honor a su trabajo. ¿Qué hizo para merecer esto?
Todo comienza con la dificultad de dos grandes teorías para ponerse de acuerdo en un punto, ¡casi literalmente hablando! Sucede que los físicos explican a partir de la Relatividad General (de Einstein) cómo interactúan entre sí los objetos grandes –más grandes que los átomos–, es decir, cómo funciona la gravedad, que mantiene nuestros pies sobre la Tierra, la Tierra girando alrededor del Sol y al Sol alrededor del centro de nuestra galaxia. Por otro lado, con la Mecánica Cuántica explican qué interacciones rigen la vida de las partículas subatómicas, para entender, por ejemplo, cómo se mantienen unidos protones y neutrones dentro del núcleo del átomo.
Todo funciona bien, hasta que se intenta aplicarlas a objetos con mucha masa (punto a favor de la Relatividad General), pero que se encuentran comprimidos en un punto mínimo (punto a favor de la Mecánica Cuántica), como son los agujeros negros; esas estrellas supermasivas que al final de sus días colapsan y se comprimen por su propio peso. No es un tema menor. Son dos teorías cuya efectividad fue comprobada, pero que no logran unirse y hablar de lo mismo en zonas críticas, como los agujeros negros o el principio del Universo. Y entender la gravedad en esas circunstancias es clave. Desde hace unos 40 años los investigadores trabajan sobre la Teoría de Cuerdas, que permitiría explicar la gravedad desde un punto de vista cuántico. Pero las cosas aún no cerraban hasta que llegó Maldacena con su Conjetura, que aquí explica.
–¿Qué ocurre cuando se aplica la Relatividad General a objetos cada vez más pequeños?
–Llega un momento en que las ecuaciones ya no tienen sentido, y no se pueden aplicar.
–Pero la Mecánica Cuántica, la reina de lo pequeño, tiene dificultades con la gravedad, y el principio del Universo, por ejemplo. Y ahí llega Maldacena y dice...
–Bueno ¡ahí no! Después se desarrolló la que se llama Teoría de Cuerdas, que modifica las ecuaciones de la gravedad.
–¿En el ámbito de la Mecánica Cuántica?
–Sí, sí. Modifica las ecuaciones de la gravedad a distancias pequeñas y las reemplaza por otras que tienen la propiedad de que podés calcular correcciones matemáticamente consistentes. Una teoría esencialmente única.
–Entonces, ¿cuándo llega tu Conjetura?
–La Conjetura lo que hace es relacionar teorías de partículas con teorías de cuerdas. O sea, relaciona teorías de partículas interactuantes, similares a las teorías que describen las interacciones fuertes. Y cuando tenés interacciones muy fuertes en las partículas cuánticas, pueden dar origen a nuevos objetos y uno puede pensar que estos objetos se mueven en un espacio de más dimensiones. En ese espacio de más dimensiones uno tiene gravedad también, o uno tiene cuerdas y gravedad, ésa es la relación...
El hecho de que haya teorías que dan origen a cuerdas era conocido. Hay objetos que se comportan como cuerdas, que son como cadenas de estas partículas que se llaman gluones, y se ven en los experimentos y todo.
–Es decir que estableciste un vínculo, un puente.
–Y sí, la Conjetura relaciona las dos. Estas cuerdas de la cromodinámica –que están hechas con gluones– cuando las interacciones son grandes se comportan como cuerdas, fundamentales en la teoría que también tiene la gravedad cuántica y que vive en más dimensiones.
–A ver... ¿dimensiones al mejor estilo Star Trek?, ¡¿ésas para poder visitar?!
–¡Ah!, ¡probablemente no te permita viajar a velocidad mayor que la de la luz! Pero sí son dimensiones extra, y dependiendo del contexto tienen distintas interpretaciones. Por ejemplo en el caso de la cromodinámica, la dimensión extra tiene que ver con el tamaño de las partículas; el protón tiene un cierto tamaño y si uno lo hiciera más chico se vería como una partícula en una quinta dimensión, que siempre tiene un mismo tamaño, pero se está moviendo en una quinta dimensión, por ejemplo.
–¿Y esto tiene que ver con la fantasía de viajar a otras dimensiones, o es todo tan chiquitito que no vamos a caber ahí?
–En este caso es todo tan chiquitito que no veo cómo se puede realizar la fantasía de viajar, ¡por el momento no sirve para viajar!
–Volviendo a la Teoría de Cuerdas y tu Conjetura, ¿se la puede hacer “crecer” hacia la Relatividad General?
–Cuando el acoplamiento se hace muy grande entre las partículas, la Teoría de Cuerdas se reduce a una teoría similar a la Relatividad General.
–Esto gracias a la Conjetura.
–Sí, eso es lo que dice básicamente. Es una Relatividad General, pero, no sé, en 5-10 dimensiones, es una generalización –debería considerar– de la Relatividad General, no es en 4... pero también hay versiones en 4. Pero tiene las características de la Relatividad General, hay agujeros negros, tiene un espacio-tiempo dinámico de la misma manera que en la Relatividad General.
–Sin querer incomodarte, pregunto, ¿por qué tu trabajo es trascendente?
–Bueno, a partir de esta conjetura inicial muchos trabajaron este tema y lo fueron de-sarrollando más, por eso tiene más aplicaciones este tema, gracias al trabajo de muchos otros. Quizá la utilidad es que –había indicios antes– se entendió mejor cómo es la relación entre los dos tipos de teorías, y se pudo usar para entender mejor aspectos de la gravedad, como también de física de partículas, de sistemas de partículas interactuantes.
–¿Son relaciones matemáticas?
–Sí, son vínculos entre dos teorías bien determinadas de la matemática, es como decir que dos más dos es igual a tres más uno. Sólo que en lugar de sumar números se suma sobre configuraciones de partículas o sobre espacios-tiempos.
–¿Alguna vez comentaste que tu motivación es entender el origen del Universo?
–Sí, ésa es la motivación más importante para entender la gravedad cuántica, la versión cuántica del espacio-tiempo. Porque, al principio del Universo, las curvaturas eran muy grandes, las cosas ocurrían tan rápido que las ecuaciones usuales no funcionan y hay que reemplazarlas por otras.
–En 2010, comentaste a Futuro que el Gran Colisionador de Hadrones (HLC según sus siglas en inglés) no había generado nueva información aún. ¿Qué ocurre dos años después?, ¿sus resultados colaboran con tu investigación?
–Ciertamente nos ayuda a entender cómo es la naturaleza a esas escalas. Ya se está entendiendo mejor, se eliminaron muchas teorías alternativas, y eso va a seguir ocurriendo. En el LHC hay un experimento que consiste en hacer chocar iones pesados –núcleos de átomos muy grandes–, y se produce una nueva fase de la materia, que a veces se la llama plasma de quark y gluones, que es lo que ocurre cuando uno calienta la materia a temperaturas muy altas.
–¿En estrellas?
–No, más todavía. En ciertos períodos, el Universo estuvo tan caliente como eso, y se estudian las propiedades de esta nueva fase y se puede utilizar la conjetura para modelar con ciertas teorías, para entender algunas propiedades, al menos en esas teorías. Bueno, es más complicado, pero es un área donde se aplica un poco la relación.
–Los hallazgos en el mundo subatómico generaron en tiempos de Einstein, y antes también, discusiones filosóficas, además de las físicas. ¿Te interesa incursionar en esas áreas, estudiar los alcances desde lo filosófico de tu trabajo o sólo lo concreto de la física?
–La verdad es que me interesa lo concreto de la física.

viernes, 14 de septiembre de 2012

“La Cacerola del Hombre Común”


 

 Federico Estévez
APUBA
 


¿Nuevo movimiento político? ¿Expresión de lo viejo? ¿Añoranza noventista? ¿Cómo leer la manifestación de anoche?

Siempre es temprano para una lectura acabada y el presente es particularmente complejo y rico, políticamente denso, en el mejor sentido de la palabra, en su acepción más positiva y feliz. Pero nada podrá evitar que lo intentemos, que nos aproximemos a un primer análisis, por encima de la bronca, el asco o la adhesión que pueda despertarnos el episodio vivido este jueves en algunas ciudades de nuestro país.

En el principio, la mera descripción del fenómeno: clases medias y altas, dato que nada tiene de peyorativo, sino que se desprende de sus vestimentas, lenguajes y métodos de protesta. Numerosos, provienen de distintas reuniones vecinales desarrolladas estos últimos meses, mucho más reducidas y de menor significancia. La de ayer asoma como distinta, porque esa manifestación casi de consorcio alcanzó a confluir de a miles en la Plaza de Mayo, en un número todavía escaso, pero mayor que el producido en las últimas escaramuzas de lata.

La confluencia masiva debe hacernos pensar en un segundo elemento, también trascendente: las consignas. Y allí, en el plano más verbal de la protesta, es donde aparecen una multitud de quejas, difícilmente aunables en un proyecto propio, pero identificables, cuantificables, y en las que reluce con claridad una fuerte influencia mediática. No obstante ello, el universo de esa queja sigue siendo simple y contradictorio. El odio que une a esa pequeña multitud exhibe, deja ver, poderosas contradicciones, desprolijidades del sentido que saltan a la vista y que son también, fácilmente listables:

-Portan prolijas banderas argentinas, pero piden dólares y se quejan de la imposibilidad de comprar moneda extranjera.

-Afirman, desde sus banderas y sus cánticos, que vivimos en una dictadura, pero gritan “que se vaya” a una presidenta electa en democracia por el 54% de los votos

-Piden mayor libertad de expresión, pero su queja es transmitida y auspiciada antes, durante y luego de la protesta por las principales cadenas de noticias.

Y así ingresamos, en este inicial primer análisis, al tercer elemento, absolutamente primordial, ineludible: lo programático, lo que en todo caso tiene esto de porvenir. Porque la política es siempre una orientación hacia el futuro. Aquí vamos entonces: Los medios masivos que ayer enaltecieron la convocatoria, festejaban como principal fortaleza, que no había en la Plaza “banderías políticas”. Curiosa paradoja. El elemento destacado es justamente la mayor debilidad de la manifestación de anoche.

No había en la Plaza de este jueves seres humanos decepcionados por un proyecto nacional que de pronto, imprevistamente, hubiera dejado de cobijarlos. Nada de eso. Ayer en la Plaza había huérfanos. No había banderas partidarias porque sus propios partidos los avergüenzan y los han dejado solos y desesperados. La sola exhibición de una ideología partidaria partiría, haría añicos, la pretendida homogeneidad del “hombre común”, “espontáneo” y cacerolero. Y no hay hoy un referente opositor capaz de recoger los trozos de ese espejo roto. De ahí la multiplicidad de consignas y el gastado tridente de palabras vacías, como “Libertad”, “Seguridad” y “Respeto”, ahuecadas de tanto pronunciarlas.

Permítaseme, por estas horas febriles, una última apostilla: Nada hay más convocante que el rechazo. Tampoco nada más inútil y peligroso. Quienes orquestaron y disfrutaron el nuevo episodio de esta saga, saben, mejor que nadie, que el debate es hoy la libertad del mercado o el dirigismo estatal que aborrecen y combaten, no sólo acá, sino en el mundo entero. Y frente a ello no hay espontaneidad posible, ni “Hombre común”, inocente y apolítico. Tendrá que haber carnadura, sigla, bandera, asunción de una tradición y un estandarte. En esa cancha… todavía no juegan.

Federico Estévez, 14 de septiembre de 2012

“En el reino del amor”:LA MUJER COMO PRODUCTORA DE SUJETOS



Por Mabel Burin *

Hacia el siglo XVIII, en los comienzos de la Revolución Industrial, se expandió la producción extradoméstica y sólo esa actividad pasó a ser reconocida como verdadero trabajo. La constitución de familias nucleares y el cambio en las condiciones de trabajo trajeron efectos de largo alcance en la subjetivación de hombres y mujeres. La familia se tornó una institución básicamente relacional y personal, la esfera personal e íntima de la sociedad (Edward Shorter, El nacimiento de la familia moderna, Crea, 1977). Esta familia nuclear fue estrechando los límites de la intimidad personal y ampliando la especificidad de sus funciones emocionales. Junto con el estrechamiento del escenario doméstico, también el entorno de las mujeres se redujo y perdió perspectivas: las tareas domésticas, el consumo, la crianza de los niños, lo privado e íntimo de los vínculos afectivos se convirtieron en su ámbito naturalizado.
He analizado anteriormente (“Trabajo y parejas. Impacto del desempleo y de la globalización en las relaciones entre los géneros”, en Reflexiones sobre masculinidades y empleo, de María Lucero Jiménez Guzmán y Olivia Tena Guerrero, CRIM/UNAM, 2007) algunos rasgos de la construcción de la subjetividad femenina centrada en el trabajo reproductivo. La finalidad principal del trabajo reproductivo pasó a ser la producción de sujetos, con la convicción social de que, en tanto los producían, las mujeres se autoconfirmaban como sujetos, porque con la maternidad creaban las bases de su posición como sujetos sociales y psíquicos. El trabajo maternal remite a analizar la lógica de la producción de sujetos como diferente de la de la producción de objetos.
La lógica de la producción de sujetos se rige por las leyes del intercambio afectivo estrecho, por la relación bipersonal íntima, exclusiva. La deuda contraída es deuda de gratitud: esto supone que la constitución de un ser humano como sujeto psíquico entraña una deuda que sólo se puede saldar creando a la vez otro sujeto psíquico. Es una deuda personal, única e intransferible, y se mide sólo a través de la prestación de servicios afectivos. Se rige predominantemente por la lógica de los afectos, especialmente del amor.
La lógica de la producción de objetos, por su parte, se rige principalmente por el intercambio de dinero o de bienes objetivos, y la deuda que se contrae se salda con la devolución de bienes materiales o de objetos, fácilmente mensurables. Se rige, de modo predominante, por las leyes de la lógica racional.
Con la configuración de las familias nucleares y la división sexual del trabajo, la valoración social del trabajo resulta muy distinta si se trata de la producción de objetos o de sujetos: en el primer caso, se producirán bienes materiales; en el segundo, el trabajo producirá bienes subjetivos que quedarán naturalizados y se tornarán invisibles.
A partir de este período histórico-social, el ideal constitutivo de la subjetividad femenina se afirmará en la producción de sujetos, en “el reino del amor”; detentará el poder de los afectos, en tanto que el ideal que configura la subjetividad masculina estará basado en la producción de bienes materiales, en el poder racional y económico. La polarización genérica que deviene de esta condición sociohistórica y político-económica dará como resultado la afirmación de una división sexual del trabajo en el que las mujeres se ocuparán del trabajo reproductivo y los varones del trabajo productivo. El ideal maternal será el eje fundador de la feminidad, en tanto la masculinidad se fundará sobre el ideal de hombre de trabajo, o sea, de ser proveedor económico de la familia.
* Fragmento del trabajo “Masculinidades y femineidades: identidades laborales en crisis”, incluido en La crisis del patriarcado.

jueves, 13 de septiembre de 2012

“GENERAR MÁS Y MEJOR EMPLEO”:REPORTAJE Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepa


 


 Por Javier Lewkowicz

Orientar la inversión extranjera directa hacia sectores que el Estado considera prioritario desarrollar, captar una mayor parte de la renta que surge de la explotación de los recursos naturales y desplegar una política industrial definida que impulse el crecimiento de los sectores intensivos en tecnología. Esas son las claves que Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, destacó para alcanzar un cambio estructural en las economías de la región, que permita conjugar crecimiento con inclusión social en el largo plazo. En diálogo telefónico con Cash desde El Salvador, anticipó que Argentina cerrará el año con un crecimiento de 2,5 por ciento, por debajo del promedio de la región, que sería de 3,2 por ciento. Bárcena es bióloga, de origen mexicano, y dirige la Cepal desde mediados de 2008. Antes manejaba, en la sede de Nueva York, el gigantesco presupuesto de la Organización de Naciones Unidas (ONU).
¿Qué evaluación hace sobre la situación económica actual en la región?
–Hay una desaceleración económica vinculada con la situación internacional. Estados Unidos continúa con crecimiento lento y China también se desacelera, lo que impacta sobre otras economías emergentes, además de la debilidad de Europa. Lógicamente la dinámica de los precios internacionales es noticia, por la suba en petróleo y alimentos, debido a la sequía que afecta a Estados Unidos, Rusia y Brasil. Pero esto puede hacer subir la inflación y afectar a las poblaciones más vulnerables. La desaceleración puede continuar en 2013. Este año el crecimiento en la región no llegará al 3,2 por ciento en promedio, algo que nos preocupa. Eso tiene que ver mucho con el comercio y la caída de la demanda externa. Ojalá Europa y Estados Unidos puedan lograr acuerdos que nos ayuden a recuperar la demanda. Por el lado de China, aunque también el crecimiento se redujo, vemos que seguirá habiendo dinamismo, con subas del 8 por ciento anual. Creemos que el comercio sur-sur va a superar al norte-norte antes del 2020, porque los emergentes van a seguir creciendo. Es claro el cambio en el eje económico, del norte al sur y del Atlántico al Pacífico.
¿Cuáles son las perspectivas para Argentina?
–Hay una desaceleración en Argentina, y nuestra hipótesis es que el crecimiento de la economía sea de 2,5 por ciento este año. Esto tiene mucho que ver con la situación de la demanda externa, en particular con el desempeño de Brasil, que registra una desaceleración importante.
¿En qué consiste el concepto de cambio estructural que pregona la Cepal?
–Es el crecimiento con igualdad sostenible en el largo plazo. Se trata de transformaciones cualitativas en la estructura productiva para fortalecer sectores intensivos en conocimiento y el crecimiento de la demanda interna, de modo de generar más y mejor empleo. La llave de la igualdad y la sostenibilidad ambiental es un tejido productivo más diversificado y menos polarizado entre ramas tecnológicas y las de mayor informalidad.
¿Qué lugar ocupa el tipo de cambio en ese esquema? ¿Es una herramienta central del desarrollo o una variable más para definir la competitividad?
–Creo que se requiere una política macroeconómica del desarrollo, que implica superar el enfoque tradicional. Sin embargo, la tasa de cambio es la que proporciona las señales más importantes al sector productivo. Una apreciación cambiaria incentiva más las importaciones que las exportaciones, es una señal sobre la productividad. Por eso creo que hay que evitar el sesgo a la apreciación cambiaria y también preservar la autonomía en la política monetaria, junto a una administración decidida de los flujos de capital, de modo de minimizar los riesgos del sistema financiero, que son elementos que también dan señales. Debe haber un cambio en las rentabilidades relativas, mayor apoyo a sectores intensivos en conocimiento, sectores que se asocien al paradigma tecnológico vigente.
¿Considera importante conservar la estabilidad nominal, de precios?
–Es esencial. Hay que tener estabilidad nominal. Pero tampoco el control excesivo de la inflación puede ser un único objetivo. Hay que ampliar las herramientas a utilizar para que haya efecto sobre la estructura productiva. Este va a ser uno de los grandes temas. La macroeconomía no es neutral, manda señales a la producción. La noción de estabilidad nominal, además, sería necesario ampliarla a los mercados financieros. Queremos que haya mayor sinergia entre la macroeconomía y la política industrial.
¿La política industrial debe buscar el crecimiento de todos los sectores manufactureros o concentrar los esfuerzos en aquellos que sean, por ejemplo, complementarios a los principales socios comerciales?
–No proponemos un modelo único. Cada país tiene ventajas competitivas iniciales, una historia particular. Todo eso cuenta, también las capacidades institucionales. En general proponemos una política industrial que busque una diversificación productiva priorizando los sectores más intensivos en conocimiento. Argentina y Brasil han progresado mucho en este sentido. La política industrial es indispensable para insertarse en el mundo globalizado. Permite dotar de mayores capacidades y competitividad a las actividades existentes y crear ventajas comparativas dinámicas, como la nanotecnología, la biotecnología y los servicios de la información. Hay que invertir en ciencia y tecnología, para tener un proyecto de país con objetivos nacionales de desarrollo.
¿Qué rol cumple el capital extranjero en esa estrategia de desarrollo?
–La inversión extranjera directa (IED) tiene un papel muy importante. Pero cada país debe determinar la estructura productiva que desea para sí mismo. La IED tiene que jugar en favor de esa estructura, no puede estar divorciada del desarrollo nacional. Hay que adaptarla o reorientarla hacia sectores que juegan a favor del desarrollo. En Brasil, por caso, el año pasado la IED arribó en sectores más intensivos en manufacturas que en materias primas. Somos nosotros los que tenemos que plantear las prioridades para que el capital extranjero sea un instrumento.
¿Los castigos e incentivos fiscales pueden moldear la IED?
–Tiene que haber políticas, no es algo espontáneo. Ecuador decidió, por ejemplo, transformar acuerdos con las empresas petroleras para que el Estado pueda apropiarse en mayor medida de las ganancias de productividad, en un pacto concertado entre empresas y Estado. Creo que se debe invitar a las empresas y explicarles cuál es el proyecto, hacia dónde se intenta ir. Con conversaciones y reglas claras.
¿Cómo analiza la nacionalización de YPF, en la medida en que el accionar de Repsol iba a contramano de las necesidades de la economía nacional?
–No conozco los detalles. Dentro de la Cepal estamos hablando de generar pensamiento alrededor de la gobernanza de los recursos naturales. Debemos plantear un debate en la región sobre el papel soberano de los Estados para actuar sobre la propiedad y los mecanismos de ganancias de productividad. Tomando como base que los Estados tienen la soberanía sobre los recursos naturales, tienen que generar esquemas más acordes al desarrollo económico, en términos de propiedad, distribución de ganancias y transferencia de tecnología.
¿El Estado debe participar directamente en la producción de los bienes de carácter estratégico? –Más importante es ver cómo se dan las ganancias de productividad. Nadie está en desacuerdo con que haya ganancias, pero deben ser equilibradas para mantener una congruencia con la política de desarrollo. Es necesario que las empresas privadas sean socias de un proceso de desarrollo, no sirve que sólo extraigan riqueza. Aunque no necesariamente tiene que ser a través de la propiedad estatal el esquema de apropiación de renta.
Fuente: Página/12