martes, 4 de mayo de 2021

Represión policial de protestas sociales en Colombia deja 27 asesinados

 


Los dirigentes del paro aseguraron que, pese al retiro del proyecto de reforma tributaria, las protestas continuarán contra la militarización.

Los dirigentes del paro aseguraron que, pese al retiro del proyecto de reforma tributaria, las protestas continuarán contra la militarización. | Foto: EFE

Publicado 4 mayo 2021

 FuenteTelesur



 
 
 
 
 

 

Este balance es provisional, debido a que la represión continuó la noche del lunes con un saldo extraoficial de dos personas muertas.

El Comité Nacional del Paro de Colombia denunció el lunes que la represión por parte de las fuerzas de seguridad durante las manifestaciones en contra de la reforma fiscal ha dejado un saldo provisional de 27 asesinados y unos 124 heridos.

 

En un balance que comprende el periodo del 28 de abril al pasado 2 de mayo, la entidad indicó que fueron reportados 1.089 casos de violencia policial y 27 manifestantes asesinados, 12 de ellos en Cali, capital del surocidental departamento del Valle del Cauca.

Sin embargo, este balance es provisional, debido a que la represión continuó la noche del lunes en diversos sectores de Cali, en especial en Siloé, donde organismos humanitarios reportaron la muerte de al menos dos personas.

El Comité Nacional del Paro agregó en su informe que de las personas heridas, 13 presentaron lesiones oculares. También se reportaron seis hechos de violencia sexual, 726 detenciones arbitrarias y 45 defensores de derechos humanos limitados en el ejercicio de sus funciones.

Los dirigentes del paro aseguraron que, pese a que el presidente Iván Duque retiró el polémico proyecto de reforma tributaria, las medidas de protesta continuarán contra la militarización de las ciudades.

Exigen además el retiro de la reforma de salud, la desarticulación del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) de la Policía Nacional, responsabilizados de innumerables abusos de poder, y una vacunación masiva contra la Covid-19, entre otras demandas.

Para este miércoles 5 de mayo fue convocada una nueva jornada nacional de protestas, en la que participarán diferentes plataformas sociales y las centrales obreras.

La noche del lunes, la Oficina de Naciones Unidas para los Derechos Humanos en Colombia denunció en su cuenta de la red social de Twitter que varios miembros de la comisión recibieron amenazas y agresiones en la ciudad de Cali.

“Mientras dábamos seguimiento a situación de DDHH en Cali no hubo disparos directos contra equipo ONU Derechos Humanos. Sin embargo, otros miembros de la comisión recibieron amenazas y agresiones, así como disparos por parte de la policía, sin que nadie resultara impactado”, destacó el organismo internacional.

lunes, 3 de mayo de 2021

Alcira Argumedo:Esa mujer que me salvó la vida

 

"A los 16 años, luego de un intento de suicidio me llevaron a verla", empieza este conmovedor abrazo escrito que la cineasta le dedica a la que llamaba "madre putativa". Sabe que se publicarán muchas notas sobre su pensamiento crítico y compromiso, pero elige contar esta "pequeña anécdota" que da una idea de su dimensión humana.

Alcira Argumedo.
Alcira Argumedo.
 

A los 16 años, luego de un intento de suicidio me llevaron a verla. Fui con un importante malhumor porque esperaba un nuevo sermón. Ahora más de izquierda, menos severo, tal vez un poco más humano, pero sermón al fin. Alcira me preguntó si María Elisa, la tía con la que vivía en ese entonces, se portaba bien. Esa fue su entrada triunfal, me puso de su lado y me hizo su cómplice. Me reí. Siempre me preguntaban si yo me portaba bien, dando por sentado que no lo hacía. Ella dejó claro que el problema no era mi conducta. El asunto era cómo se portaban los adultos que me rodeaban. Algo que yo tenía claro y que repetía de diversas formas, pero que nadie era capaz de escuchar en aquel entonces, cuando las rémoras de la dictadura no eran aún memoria ni distancia, sino vida cotidiana, palabras soeces y castigo habilitado.

Ese mismo año mi familia de sangre me echó de todas sus casas y a mí me quedaba un año de secundario. Estaba por irme a vivir a una pensión, fantasía que había construido con las historias que circulaban sobre la juventud y la rebeldía de mi padre, pero Alcira me dijo que vaya a vivir a su casa hasta al menos terminar el colegio. Así, mi adolescencia empezó a ser menos traumática y nos quedábamos charlando, fumando y tomando café durante horas. Aprendí que Roberto era un pensador brillante y Ana María una mujer bravísima. Que Roberto nunca hubiese soportado irse del país y dejar en banda a las personas que dependían de él. Que mamá estaba más asustada pero que nunca hubiera podido dejarlo a él a gamba.

Que la militancia armada fue una consecuencia de 18 años de proscripción. Que era un aire de época y que sus ejemplos eran el Che y la revolución cubana. Que no se aguantaba más tanta política cipaya y tanto hambre para el pueblo. Que a mis dos años ella me hacía bailar al ritmo de “yo no soy leninista, yo no soy leninista y que le voy a hacer“, y que a mi padre se le desviaba el ojo de la bronca que le daba. Que hicieron un viaje a Chile para ver la experiencia de Allende y que mi madre se la pasó con vértigo y con asma. Que Perón no los había traicionado y ahí era cuando peleábamos y me contaba alguna historia sobre los chinos y cómo se organizaban, para que saliéramos del embrollo del peronismo. Siempre trayendo quilombos.

Alcira tenía dos hijos dos años menores que yo. De un día para el otro yo tuve dos hermanos más chicos, unos adolescentes peleones que cada tanto hablaban en mejicano y se amaban entre ellos con locura. Vivimos los cuatro juntos durante tres años. Cuando terminé el secundario me dijo que no me fuera, también habló con uno de mis tíos y le aclaró que ella estaría a cargo de mi manutención pero que él se ocupe de comprarnos una casa a cada una de nosotras. A mis dos hermanas que ya eran grandes, y a mí que estaba empezando a despuntar autonomía. Hasta aquel momento mi abuela y ese tío nos habían mantenido a las tres a través de mensualidades que entregaban a quienes fuera que estuvieran a cargo de nosotras. Así fuimos pasando de casa en casa, según las necesidades económicas de cada familia. Y aquí venía esta mujer de voz ronca y humor ácido a dar un batacazo en nuestro destino. No todo se trata de guita, éstas chicas necesitan amor y un lugar dónde estar.

Alcira reconstruyó la confianza, el lazo primordial para no querer morir.

Después de esos años, seguimos tomando café por horas, cada vez que a mí la vida se me hacía aciaga o la confusión del presente me arrasaba. Me encantaban nuestras charlas largas y nuestras escandalosas presentaciones frente a los otros cuando la llamaba mi mamá putativa, siempre repitiendo en sorna puta-tiva un par de veces. Un chiste nuestro que solo nos hacía reír a ella y a mí. Ella me decía Soberbi y yo le decía Argu, la mula. Entre la terquedad y la soberbia construimos un fuerte de amor y bromas pesadas. Le encantaba decir que si seguía haciendo películas porno ella iba a tener que ir con pasamontañas a los estrenos. Pero me prestaba plata para producirlas. Todo lo que llegaba de Alcira era un estímulo de vida, un apoyo a los sin-razones para seguir. Anoche mismo, cuando el duelo final estaba suspendido por esas pocas horas que habían vaticinado hasta la despedida, se despertó del sueño de la morfina y gritó ¡Viva Perón! creyendo que estaba del otro lado. Me regaló la última carcajada.

Me enseñó a querer a esos jóvenes militantes que habían sido mis padres y me enseñó a darle una vuelta de humor a la impotencia y a la injusticia. Supongo que en estos días surgirán muchos escritos sobre su militancia y su incorruptible ética. Sobre su pensamiento crítico, su lucidez y su brillante oratoria. Pero para mí, hoy es importante contar esta pequeña anécdota sobre su paso en esta tierra. Porque esa dimensión humana es una de las potencias vitales que hacen de la muerte un imposible. Es una obviedad decir que ella vivirá en su hijo, mi hermano Juan Pablo, en mis hermanas Andrea y Paula, en sus nietos Brunito, Furito, Joaquín y Mateo, en mí y en todas las personas que la amamos.

Pero lo que hace imposible su muerte es esa vida de ejemplar compromiso afectivo con los muertos y con los vivos. Con los que se fueron temprano y con los que nos quedamos acá, aún sin convicción. Porque la vida es sagrada si vale la pena vivirla y ella nos deja ese legado. Hagamos que la vida sea algo vivible para la mayor cantidad de personas posibles. Hoy mi hijo me abrazó llorando y me dijo que él también la va extrañar mucho. Yo no sé si la voy a extrañar, todavía no es eso, es más bien unas ganas de correr hasta su casa y que me haga un café batido y me explique algo de lo que me está pasando. No puedo creer que eso no sea posible, pero te juro, Argu, que voy a honrar tu legado.

*Cineasta, hija de Roberto Carri y Ana María Caruso, secuestrados y desaparecidos en 1977. Alcira Argumedo actuó junto a Analía Couceyro en su película Los Rubios.

La sociedad anestesiada por la fobia al dolor:El sociólogo Miguel Ángel Forte analiza La sociedad paliativa, nuevo libro de Byung-Chul Han

 

Un reciente ensayo del filósofo surcoreano mete el bisturí en el concepto de dolor, un sentimiento que se pretende eliminar en una sociedad entregada a los paliativos optimistas y la dictadura del like.

En su libro La sociedad paliativa (Herder) el filósofoByung-Chul Han parte de la idea del dolor para atravesar los conceptos de toda su obra. Su tesis es que en la sociedad impera una fobia al dolor, el cual se trata de eliminar a toda costa, incluso allí donde es constituyente de la existencia humana como en el amor, la política, el arte y la psicología. Miguel Ángel Forte es profesor titular plenario de Sociología General (UBA) y director de la Maestría en Ciencia Política y Sociología de Flacso, donde dicta el seminario Byung-Chul Han y Carlos Marx: las cadenas radicales del panóptico digital.

--Según Han, en la actual sociedad del rendimiento el dolor es considerado síntoma de debilidad. El reino del “me gusta” no da cabida al sufrimiento: todo lo alisa y pule, hasta eliminarle su aspereza y resultar agradable. “El like es el signo y el analgésico del presente”. Y desde Facebook pasaría a todos los ámbitos de la cultura, donde nada debe doler.

--Facebook con sus selfies y likes da una solo apariencia de las cosas: tengo 5000 amigos ¿pero qué puede salir de ahí más allá de algunos encuentros concretos? Casi todo queda allí. El covid fue el virus justo para esta época que se nutre de vínculos digitales. El tuiteo era la forma de hacer política de Trump. Pues el secreto del poder contemporáneo es no generar ningún tipo de vínculo interpersonal. Una de las cosas que puso de relieve la pandemia es el individualismo radical de cierta gente, capaz de desafiar a la propia biología: no se cuidan ni a sí mismos.

--En su reivindicación de la negatividad del sufrimiento, Han dice que olvidamos que el dolor purifica y opera como catarsis: “el exceso de positividad aplasta y asfixia”. Y terminaríamos aplanados por la cultura de la complacencia sumidos en el infierno de lo igual, esa zona paliativa de bienestar. Plantea que “el dolor ha dejado de ser un cauce navegable que lleva al hombre al mar: es un callejón sin salida”. Lo trágico sería necesario para afirmar la vida, a pesar del dolor.

--En tanto el dolor es paradigma de la negatividad, el sujeto de rendimiento contemporáneo pretende eliminarlo. Ignora que el padecimientote lleva a una dimensión metafísica que permite dar sentido y ubicar tu posición en el cosmos y la sociedad. Para Han, no hay felicidad sin dolor, ya que esta aparece fragmentada: el dolor se sostiene en la felicidad, que es también algo doliente: “si se ataja el dolor, la felicidad se trivializa en confort apático”. Lo necesitamos para una felicidad profunda. La vida es un juego de opuestos: sos feliz de alguna manera, porque una vez no lo fuiste. Sin conocer el sufrimiento no podés conocer a su Otro, que es la felicidad. Ciertas psicologías positivas --u optimistas-- trabajan sobre la negación del sufrimiento. En cambio, el psicoanálisis necesita que el paciente reconozca su padecer para comenzar el tratamiento. El otro camino para alcanzar la tranquilidad en la sociedad paliativa son los psicofármacos: el sujeto no quiere sufrir y en lugar de enfrentarse al sufrimiento, lo obtura con medicación.

--Freud descubrió la necesidad de abrir la herida.

--Si no tenés capacidad de enfrentar ese sufrimiento profundo, solo están a tu alcance las psicologías rápidas que buscan reemplazar pensamientos negativos por “positivos”. Pero apenas desplazan el problema, vuelve. Son técnicas funcionales al neoliberalismo: buscan la eficacia del sujeto que debe volver a la producción. Para eso inflacionan el narcisismo en lugar de escarbar y replantearse: te ponen en mejores condiciones para rendir sacándote del apuro, apelando al “vos podés” escribiendo metas cada mañana en el espejo del baño. El gran descubrimiento de Han es que el capitalismo entendió que es mucho más productivo el individuo autoexplotado, que el explotado clásico en la fábrica de la sociedad disciplinaria. Se pasa de la coacción del “tú debes”, a la libertad del “tú puedes”.

--Toda coincidencia con la política argentina es mera casualidad.

--Je je... Si hay alguien que entendió bien esto, fue Durán Barba. Dice Han que hoy predomina una política paliativa: comprar y votar se parecen cada vez más. En las democracias paliativas --al menos en el primer mundo que parece analizar él-- no se enfrentan posturas políticas ni grandes disputas de sentido. Tenderíamos a elegir entre tecnócratas parecidos que solo gestionan: no hay polis, en el sentido griego. La política busca satisfacer el deseo del votante: no hay verdaderos opuestos y el infierno de lo igual ingresa en la política, que pretende evitar el conflicto que produce dolor. El Big Brother con su cámara de tortura muta en Big Data amable que bucea en los deseos del votante inmerso en su smartphone como confesionario móvil, quien se expone a la vigilancia: en este nuevo panóptico se siente libre y quiere que lo vean. La minería de datos permite conformar un producto político que se le ofrece al votante-cliente. La pugna central consiste en ganar el centro político limado de asperezas para conformar las necesidades del “comprador”.

--Las derechas entienden bien esto: en lugar de hacer eje en cuidar la salud, se ofrecen como guardianes de su libertad.

--Es una degradación de la política a ver quién me deja ir a la cervecería o a correr. La búsqueda de soluciones profundas es dolorosa. Lo contrario son meros tranquilizantes, una política analgésica. Dice Han que no hay más revolución: hay depresión y antidepersivos. Todo lo que te sucede no sería un problema social sino personal, un tema psíquico que tenés que resolver sólo. La política paliativa implica “no puedo solucionarte nada de fondo pero intento darte tranquilidad”.

--El concepto “infierno de lo igual” sugiere que vamos perdiendo el espacio para la exploración fenomenológica --el darle sentido a las cosas-- y el lugar para una dialéctica, entendida como juego de opuestos que en el enfrentamiento genera una síntesis superadora. Iríamos hacia una homogeneización que expulsa lo distinto en rechazo a su negatividad. También el arte sería aplastado por lo paliativo.

--La lisura de la positividad se traslada al arte y lo termina anestesiando, al someterlo a la presión del consumo: busca ser siempre agradable, lindero con lo decorativo. Es un arte indoloro, sin conflicto ni ruptura estética. Y el diseño de los productos pasa a ser más importante que su valor de uso: los bienes de consumo se presentan como obra de arte. El filósofo subraya que los artistas se ven obligados a registrarse como marca. Pero el dolor y el comercio se excluyen, y la complacencia conduce siempre a lo mismo. Han rescata la definición de Adorno: “el arte consiste en causar extrañeza respecto del mundo”. El arte tiene que poder doler. La negatividad de lo distinto entra por el espacio que abre el dolor.

--En su genealogía del dolor, Hanremite a Foucault. En tiempos monárquicos existía un teatro de la crueldad que torturaba y exponía ejecuciones: el dolor era un medio de poder. Pero la sociedad disciplinaria industrial cambió su relación con el dolor: lo aplicó de manera discreta y limitada a las prisiones, más acorde a la necesidad productiva. Había que sujetar al trabajador a la máquina mediante la obediencia, sin cadenas. Pero en la sociedad de rendimiento, uno termina siendo su propio panóptico y se infringe dolor. La violencia no ha desaparecido: es neuronal y se interioriza e invisibiliza, desde que se la hace coincidir con la idea de libertad y autosuperación, motivando la productividad a través del consumo. Pasamos de una biopolíticadel cuerpo a una psicopolíticade la mente basada en el autocontrol.

--En la era posindustrial hay un cuerpo hedonista que se gusta y rechaza el dolor: no le ve utilidad. El sujeto de rendimiento carece de obligaciones y prohibiciones: tiene motivaciones. Los espacios disciplinarios como la escuela, el manicomio o la fábrica son sustituidos por formas y rincones de bienestar. Y desde la pandemia, la oficina tiende a ser reemplazada por la casa. El dolor es despolitizado y queda reducido a asunto médico. El poder se vuelve elegante, desvinculado del dolor. No se impone: es permisivo y seductor.

--Pero el dolor está siempre. Dice Han que las enfermedades paradigmáticas del siglo XXI --antes de la pandemia-- eran la depresión, el síndrome de burnout, el déficit de atención. El dolor brota de adentro. Lo que duele es el persistente sinsentido de la vida; si el dolor es reprimido, se acumula pero no desaparece.

--El dolor es autoproducido por la violencia de la positividad. No solo viene de los otros sino del superrendimiento y la hipercomunicacion: “son dolores de sobrecarga”. El sujeto autoexplotado no se detiene hasta derrumbarse de cansancio, como un siervo que arrebata el látigo al amo para flagelarse. Esto explicaría la costumbre global de autolesionarse para subir el video a Internet. Son personas que se generan cortes profundos o se someten a retos suicidas. Estas serían las nuevas imágenes del dolor, intentos vanos de librarse de la carga de un ego hipernarcisista, el reverso sangriento de las selfies; intentos desesperados de un Yo depresivo embotado en el infierno de lo igual, que necesita sentir su cuerpo. Sin dolor se aliviana la sensación de existir. Esas personas buscan algo intenso que los reviva. Por eso el auge de deportes extremos: la sociedad paliativa genera extremistas. Es una sociedad anestesiada que necesita estimulantes cada vez más enérgicos para despertar la experiencia del yo.

--¿Hay un dispositivo de felicidad inherente al neoliberalismo?

--Hay un imperativo de ser feliz. Esa positividad de la felicidad debe suplantar a la negatividad del dolor. La felicidad “es un capital emocional que aumenta el rendimiento”, muy eficaz en términos productivos: genera una presión más devastadora que la antigua obediencia. Pero ese sujeto queda corriendo en una rueda de hámster. El sometido no es consiente del sometimiento y se explota voluntariamente: cree que se está realizando. La felicidad estaría en la absolutización del trabajo, o sea,de la vita activa en desmedro de la contemplativa. Es vivir para trabajar: la jornada se extiende sin límite por el carácter coactivo de las tecnologías que convierten a todo momento y lugar, en un tiempo y ámbito de trabajo. Esto se potenció con la pandemia. La psicopolítica neoliberal convierte al trabajo en una fiesta y ese discurso neocorporativo se traslada a la política.

--Dice Han que el dispositivo neoliberal de felicidad invisibiliza el dominio, llevándonos a la introspección anímica como reacción ante el dolor por exceso de explotación. No hay que mejorar las relaciones laborales sino el estado anímico.

--Cuando el sujeto de rendimiento se deprime al fracasar --y no ve un posible cambio en el afuera--, implota en lugar de rebelarse. Se responsabiliza a sí mismo. Los nuevos líderes no son revolucionarios, sino entrenadores motivacionales que atajan el descontento con técnicas de autoayuda que intentan convertirlo en oportunidad. También los calmantes proscritos masivamente taponan situaciones sociales causantes de dolor. Las redes sociales y los videogames adictivos operan como paliativos que aíslan. El dispositivo de felicidad aísla y despolitiza, atenuando la solidaridad. Cada quien se preocupa de su felicidad como un asunto privado: “el fermento de la revolución es el dolor sentido en común”. En la sociedad del cansancio, ese agotamiento es apolítico, es un cansancio del Yo emprendedor. Este es el auge de la idea “todos somos empresarios”, cuando somos meros monotributistas de un Estado.

--Para Han, el sujeto de rendimiento narcisista abocado al éxito --expuesto al panóptico digital para aumentar su valor-- solo puede amarse a sí mismo y sufre el dolor de la agonía de su Eros. En tiempos de Tinder, así como el trabajo es positivado para quitarle su rasgo de explotación, lo mismo sucede en el amor: se elimina el riesgo de la herida.

--El dolor brota cuando un vínculo auténtico de pertenencia está amenazado. No se puede vivir ni amar sin dolor. No existe posibilidad de una relación profunda, si se rechaza de plano la posibilidad de sufrir. Por eso se busca llevar al Eros a una zona paliativa y controlada. El Otro es cosificado como objeto, al que solo se lo puede consumir. El Eros es el anhelo de lo distinto. La pretensión de un mundo sin dolor y anestesiado conduce al infierno de lo igual. El dolor es necesario para percibir la realidad, es esa resistencia que duele, sin la cual no sentiríamos nada. El mundo desmaterializado en la digitalidad reduce esa resistencia eliminando la fricción, llevándonos a una era posfáctica y apática: “El orden digital es anestésico y provoca el olvido del ser”.

--Lo único que nos puede sacar de allí es un gran shock, como en la película Melancolía de Lars von Trier: una joven sufre el dolor de no poder amar y sale de su depresión al enterarse que un meteorito está por destruir la tierra.

--O un shock como el virus actual que nos regresó de lleno a una realidad antes muy paliativa --que ocultaba la muerte--, la cual ahora se nos apareció de lleno con millones de muertos. Dice Han que hoy la realidad se nos hizo notar en la forma de una fricción viral. Y toma la historia de Simbad, el marino que cree estar en una isla, pero pisa el dorso de un gran pez. Esta sería la metáfora de la ignorancia humana. Nos creemos a salvo, pero de golpe somos arrastrados al abismo. La pandemia subrayó esto: la violencia que ejercemos contra la naturaleza contraataca con una fuerza mayor. El virus conmociona al capitalismo pero no lo elimina. La globalización había levantado todas las barreras para acelerar el flujo del capital. El shock pandémico paralizó las economías y los gobiernos en pánico cerraron las fronteras. Su efecto fue como el del terrorismo. El peligro sería que, a la larga, se instaure a nivel global un régimen policial biopolítico de control a la manera china: este sería el fin del liberalismo, que habrá sido un mero episodio histórico: “la psicolítica digital hace fracasar la idea liberal de libertad”.

--Han reivindica la vida contemplativa, el amor profundo y el Eros por sobre el porno, los rituales ante la instrumentalidad, el contacto físico y la política como espacio de conflicto. No es ningún posmoderno sino un romántico, un hombre de la modernidad algo fuera de época que no usa celular ni tiene redes sociales. Y un hipercrítico del neoliberalismo con su coacción digital. Hasta parece un continuador de la escuela crítica de Frankfurt. Y es un poco absolutista en sus afirmaciones.

--Sí. Su postura pasa por la ruptura de la homogeneización del mundo y la búsqueda de superar el narcicismo para encontrarse con los otros, de manera colectiva en el ritual. Reivindica la política y lo comunitario como polarización de opuestos. En Europa los partidos dejaron de ser clubes de amigos cuando ingresaron al parlamento los socialistas y trajeron la diferencia. Hasta entonces, habían sido todos aristócratas que vivían de otra cosa. El político profesional surgió con los parlamentarios de clase obrera diciendo algo distinto que incomodaba al status quo: introdujeron la negatividad opuesta. Creo que Han es un romántico, un romántico algo pesimista y apocalíptico, que dice cosas interesantísimas.

martes, 6 de abril de 2021

La inflación y la cadena cárnica

 Por Pedro Peretti *

Fuente:Pagina/12




Con el 42 por ciento de pobreza, para un Gobierno que se precie de nacional y popular el objetivo no puede ser otro que generar trabajo y “del bueno”. Y en el mientras tanto, atender la situación social. Para revertir estos niveles de penuria es necesario, como dice el ministro de Trabajo ,Claudio Moroni: “aplicar un modelo que genere empleo en todo el país”. Y completa el secretario de Economía Social, Emilio Pérsico “…la economía argentina tiene que crecer de abajo”.


Esto debería ser así pero no lo es. La “Logia primarizante” que domina las exportaciones argentinas hace exactamente lo contrario. Su único objetivo es transformar el volumen a secas, en el valor absoluto de sus prácticas exportadoras. Nada de lo que pueda agregar al volumen trabajo, les interesa.

Para un gobierno popular es la receta contraindicada: es muy mal negocio asentar la política agraria y de alimentos pactando con monopolios que, por su propia naturaleza, carecen de una mirada social inclusiva. El camino es otro: es con pymes, trabajadores y pequeños y medianos productores, como lo expresa el Encuentro del Trabajo y la Producción que lideran Hugo Yasky y Héctor Amicheti.


Tomemos por ejemplo la cadena cárnica, tal vez uno de los segmentos concentrados que más influye en los índices de inflación. Y con el cual el Gobierno acordó una política de precios internos y de exportaciones, que por supuesto -como lo hace siempre- dicho sector ya incumplió a poco de andar. Los frigoríficos, todos integrados verticalmente, no solo son grupos monopólicos que agreden el salario, sino que además podrían generar mucho más empleo formal y no lo hacen, porque solo se les interesa la ganancia fácil.

Caso 1: Walter Correa, el secretario general de la Industria del Cuero y Afines (Fatica), está reclamando la derogación del decreto 549/2020, que permite a los frigoríficos la exportación de cueros crudos (sin elaborar). Como si esto fuera poco, les bajaron del 15,0 al 4,5 por ciento los aranceles que incentivaban la industrialización local. Según Fatica fue a causa del intenso lobby de la industria frigorífica que, además de aumentar los precios de la carne al consumidor, también reprimariza la economía. Un dislate que no hemos heredado del macrismo: es todo nuestro.

Caso 2: Nada más nacional y popular que el rioplatense choripán: carne de cerdo (que también solemos importar) embutida en una tripa. La tripa que se usa es de novillo o sintética y su elaboración demanda gran cantidad de mano de obra. Según la Secretaría de Industria, en 2020 importamos más de 20 millones de dólares en tripas. Se sigue así con la política de “compre extranjero” del macrismo. En el mismo año se faenaron 14 millones de cabezas bovinas, la cifra más alta desde 2009 y record de exportaciones. También fue el año de menor consumo de carne per cápita desde 1920 (49,7 kg/año). Cada novillo que se faena tiene 23 metros de tripa aproximadamente. Lo que indica que tenemos disponible 322 millones de metros de tripa para embutir chorizos. Se puede proveer de tripas a “media humanidad” y, sin embargo, la importamos. 

Caso 3: La Argentina tiene habilitada la exportación de “animales en pie”. Esta es una herencia neta del macrismo y representa el sumun de la primarización de la economía agraria. Fue una iniciativa militada por Luis María Etchevehere y simboliza volver a la Argentina colonial. No es una metáfora: es literal. Hoy esta exportación no es significativa en números, pero es una ventana que el gobierno popular debe cerrar ya, porque se puede abrir en cualquier momento. Y es una pésima señal del rumbo que nos interesa tomar como país, a la hora de exportar con valor agregado.


La generación de empleo debe ser una obsesión de cualquier gobierno, y más del nuestro. Además de ser la única forma de salir de la pobreza, es un punto angular para la supervivencia electoral del campo nacional y popular. Y es “por abajo”, como dice Enrique Martínez. Para semejante desafío no se puede confiar en los monopolios. Estos se referencian en la Cadena Agroindustrial Argentina, que encarna un modelo que prescinde del mercado interno y del mejoramiento salarial como forma de progreso social. Es un paradigma que solo busca exportar, bajando salarios y consumo interno, y pagando menos impuestos. Así, lo único que va a crecer es la miseria.





martes, 30 de marzo de 2021

30 DE MARZO DE 1982 / Un movimiento obrero resistente

 



Fuente: Sindical Federal

En la vereda de enfrente estaban los colaboracionistas: la Comisión de Gestión y Trabajo (luego CNT, luego CGT Azopardo) con Ramón Baldassini (Telepostales) a la cabeza, que nucleaba los gremios de Comercio (Armando Cavallieri), Plástico (Jorge Triaca), Bancarios (Juan José Zanola).

En el marco de la dictadura cívico-militar «Los 25» convocaron al primer paro general para el 27 de abril de 1979. Cuatro días antes sus dirigentes fueron citados al Ministerio de Trabajo, lo que resultó ser una emboscada ya que fueron detenidos e interrogados, para ser trasladados posteriormente a la cárcel de Caseros donde estuvieron tres meses.

Ese mismo año, durante la anual peregrinación a Luján se «infiltraron» miles de trabajadores con carteles que pedían «Paz y Trabajo».

Los pequeños conflictos y reivindicaciones, y sobre todo el mantener viva la llama de la organización de los trabajadores fueron las características de la época por lo que se pagó un alto costo: el 30% de los desaparecidos eran trabajadores y que el 7% fue secuestrado en su lugar de trabajo, sin contar con la cantidad de delegados, miembros de comisiones internas, activistas y militantes obreros que fueron perseguidos y encarcelados para acallar las protestas y doblegar al MO.

Disputando los espacios, ganando palmo a palmo la calle, con pequeñas victorias se llega a la huelga general del 22 de julio de 1981 convocada por la CGT Brasil, más exitosa que la del 79, con manifestaciones reprimidas en Mendoza, San Miguel de Tucumán, Rosario, Córdoba y Avellaneda.

La infaltable presencia de Saúl Ubaldini en el peregrinaje a San Cayetano convirtió el día del patrono del trabajo en un hecho político de resistencia, y tal vez por eso la Iglesia ubicada en el barrio de Liniers fue elegida como el epicentro de un acto de mas de 20 mil personas que culminó en represión y cientos de detenidos el 7 de noviembre de 1981.

La feroz Guardia de Infantería y sus «cabeza de tortuga», la montada, los hidrantes, los gases, las balas de goma y de las otras fueron una constante cada vez que el MOO ganaba la calle. Y aquel 30 de marzo de 1982 no fue la excepción. ¿Las consignas? «PAZ, PAN y TRABAJO», y «LUCHE Y SE VAN».

Dice Elena Luz González Bazán en su libro 30 de Marzo de 1982, UNA GESTA OLVIDADA que esa fecha «debe ser rescatada como una de las grandes gestas de la lucha popular», y allí (una vez más) ¡ESTUVIMOS!

El Ministerio del Interior presionó para que la marcha no se hiciera, argumentando que la CGT no había solicitado la autorización correspondiente y que el acto podría producir alteraciones a la seguridad y el orden público, a la vez que recordó que seis dirigentes sindicales, entre ellos Saúl Ubaldini, se encontraban procesados por haber declarado otras huelgas generales.

Ese día la ciudad de Buenos Aires amaneció sitiada. El centro porteño parecía estar listo para recibir la tercera invasión.

Desde temprano los trabajadores se iban agrupando para encolumnarse tras la dirigencia. Avenida de Mayo y 9 de Julio. El objetivo: entregar un documento en la Casa Rosada. La columna avanzaba al grito de «Se va a acabar, se va a acabar la dictadura militar» y «Pueblo Unido jamás será vencido».

Vinieron unas tres horas de violentos enfrentamientos entre los manifestantes, que intentaban llegar hasta la Plaza de Mayo y centenares de policías desplegados, pero los focos en la zona de Tribunales, Paseo Colón, el Centro se extendieron hasta tarde.

¡Qué manera de correr! Una esquina, llegaba la cana, dispersión para encontrarse unas cuadras después y otra vez el ciclo.

Desde algunos balcones les tiraban cosas a la cana. Algunos se refugiaban en bares que cerraban sus puertas a los policías (a una de ellos le arrojaron una granada de gas lacrimógeno a través de la vidriera). De una manera u otra no sólo los que habíamos pretendido marchar éramos los que nos manifestábamos en contra de la dictadura.

Entre piquete y piquete, fuerzas represivas arremetían con todo lo que se les cruzaba. Pero si con caías herido o detenido, seguías.

La jornada que había empezado temprano, terminó ya entrada la madrugada del día siguiente hasta que se ubicó al último compañero.

Mientras, nos íbamos enterando que en Mendoza, Rosario, Mar del Plata y San Miguel de Tucumán había ocurrido mas o menos lo mismo. Que en Córdoba, el Tercer Cuerpo del Ejército patrulló las calles con columnas de hasta siete vehículos militares por temor a la movilización de los trabajadores.

El saldo en todo el país: el compañero trabajador y sindicalista textil, José Benedicto Ortiz, asesinado en Mendoza, más de 2.500 heridos y unos 4.000 detenidos.

Entre los detenidos estaban el Secretario General de la CGT, Saúl Ubaldini y cinco integrantes de la Comisión directiva; el Premio Nobel de la Paz, Adolfo Pérez Esquivel y un grupo de Madres de Plaza de Mayo.

Al día siguiente, la CGT en un documento afirmó que el proceso militar estaba «en desintegración y desbande» y reclamó por un gobierno cívico militar de transición a la democracia. Ese texto nunca llegó a difundirse, estaba empezadlo la Guerra de Malvinas.

CPSF /

lunes, 29 de marzo de 2021

Una de Neustadt para entregar el Paraná

 



Por Mempo Giardinelli

Fuente:Página/12


La cuestión del río Paraná se ha convertido en el debate medular de la verdadera independencia contemporánea de la República Argentina, hoy amenazada de manera tan sutil como evidente, debate que se concentra en el ministro de Transportes, Mario Meoni, cuya interpretación del DNU 949/2020 implica la continuación disimulada del descontrol absoluto de los casi 30 puertos de salida de todos los productos agropecuarios y de entrada de importaciones, lo que incluye el contrabando de todo lo contrabandeable.


Cabe todavía la esperanza de que el próximo 30 de abril, cuando venza la nefasta concesión dispuesta por el gobierno menemista hace 25 años, el río Paraná no será entregado nuevamente en administración, ni privatizado bajo formas jurídicas encubiertas al servicio de los mismos intereses que desde 1845 vienen limitando nuestros derechos soberanos.

La lucha cívica por la reafirmación de la soberanía nacional sobre nuestro río es clave de irrenunciable potestad territorial y no mera defensa de la autoridad formal, vacua, anodina que es solamente colocar la bandera sobre edificios y navíos que no son argentinos. No nos interesa un río con símbolos patrios de cobertura, si sólo sirve para engordar balances de empresas depredadoras que abusan de nuestras riquezas y destruyen directa e indirectamente bosques, pampas, montañas y nuestras aguas y acaparan el comercio exterior sin controles fiscales ni sanitarios.

Parece hora de entender que el verdadero y sano concepto de soberanía es el que no sólo defiende la propiedad territorial sino también lo que el territorio produce para beneficio de todos y todas. O sea, soberanía es trabajo y cuidado del ambiente. De ahí la inconveniencia de que se renueve toda concesión a capitales, empresas y operadores extranjeros, máxime cuando el trabajo argentino es probadamente capaz de realizarlo en todas las etapas y con calidad y limpieza.


Y menos aún convienen concesiones si no se tienen: a) claras garantías de cuidado ambiental por parte de todos los barcos que circulen por el Paraná y todos nuestros ríos y costas marítimas, que solamente controles del Estado pueden dar; b) componente nacional mayoritario en la construcción y mantenimiento de todas las dragas, que se deben seguir construyendo en suelo y astilleros argentinos, lo que de por sí asegura más de 20.000 puestos de trabajo: c) que la AFIP controle la veracidad de pesaje de todo lo que circule por el Paraná y cobre los impuestos correspondientes, además de los de cada provincia; d) que la UIF (Unidad de Información Financiera) analice y controle toda la información a efectos de prevenir e impedir el lavado de activos provenientes del indudable contrabando que impera en la actualidad y de modo descontrolado; e) que el SENASA ejecute libremente el control de todos los barcos, aplicando las políticas nacionales en materia de sanidad y calidad animal y vegetal y la inocuidad de los alimentos que salen y entran por el río, así como el control de las importaciones y exportaciones de origen animal y vegetal,


De lo anterior deriva la propuesta creciente de crear un Ente Nacional del Río Paraná, que reporte directamente a la Jefatura de Gabinete de la Nación y esté constituído, como fue la original idea del Presidente Alberto Fernández, por el gobierno federal y los de las 7 provincias ribereñas. Y cuya cabecera no debiera estar en la CABA sino en alguna ciudad de la costa del Paraná.


Todo esto se vincula también con el tráfico intenso y ya vital para la vecina república del Paraguay, hoy potencia naviera fluvial con sólo dos ríos (Pilcomayo y Paraguay) pero dueña de hecho de la inmensidad acuífera extranjerizada que es nuestro Paraná y cuyas barcazas llenas de soja de contrabando no pagan impuestos en la Argentina. En ese contexto se puede explicar la activísima furia radical-macrista contra el gobierno formoseño. Y es que guste o no, Insfrán y Capitanich parecen ser los únicos gobernadores, junto con Kicillof, que se oponen al renovado viento privatizador Menem-Style.


El proyecto de Meoni ­sigue la lógica menemista de privatizar todo lo que se pueda. Y por eso mismo hay cada vez más patriotas reclamando que no se entregue el río ni el sistema fluvial, que se recuperen todos los controles, y que se acabe la dictadura de la Bolsa de Comercio de Rosario, que licita sus autoridades entre millonarios y que controla y protege a las corporaciones y a los barcos extranjeros cuyas cargas nadie pesa, nadie conoce sus verdaderos contenidos, y no hay poder de policía fluvial que valga. Porque hoy el Paraná ya no es navegado por barcos argentinos, pues casi no quedan, y todas son banderas extranjeras enseñoreadas sobre nuestro río, mientras la Prefectura Naval anda en barquitos viejos que sólo persiguen pescadores y a veces turistas.

También hay fuentes que informan que hay un fuerte retroceso respecto del Canal Magdalena, aparente verdadera intención del ministro Meoni, que preferiría patear la cuestión hasta por lo menos 2025, no se sabe si por intereses inconfesados o porque desconoce el hecho esencial de que los estudios ya están hechos y sólo falta llamar a audiencia pública, preparar los pliegos y llamar a licitación para ejecutar la obra. De otro modo no se explica su intención de "empezar a hacer estudios" que ya están hechos, como si quisiera volver todo al principio para que no se haga el Magdalena, que es lo que viene impulsando la Bolsa de Comercio rosarina, que es una de las instituciones más cuestionadas del interior del país y por el mundo agropecuario pero que insólitamente sigue siendo la principal referencia en asuntos granarios, portuarios y relacionados.

Es evidente que nuestro país está siendo cercado para la colonización de sus recursos, además, por razones geoestratégicas, que es la gran comprensión histórica que han tenido Gran Bretaña y los Estados Unidos, para cuyos gobiernos mirar los mapas y rutas de navegación han forjado su gran tradición para afirmar dominios en todos los mares del mundo. Ellos saben perfectamente la importancia de dominar el Atlántico Sur desde Malvinas y el sur continental.

La soberanía nacional no es un vacío retórico, sino la afirmación de una postura necesaria y posible frente al mundo. Nuestra independencia tampoco es retórica. La soberanía nacional es posible, es necesaria y es el camino de crecimiento y felicidad de nuestro pueblo porque Soberanía es Trabajo y Cuidado de la casa común. Todo lo demás es mentira, cuento, fabulaciones pagadas desde el extranjero.

Es evidente que Meoni y los lobbies intentan convencer al Presidente de que el dragado del Paraná sólo puede ser hecho por pocos operadores, lo que no es verdad. Como no lo es que el Estado no tiene herramientas para hacerlo. No es confiable Meoni cuando sostiene que "en una grúa sacando arena no hay Soberanía", como le dijo por radio a Reynaldo Sietecase, en involuntaria evocación a Bernardo Neustadt cuando en los años 90 abrió un teléfono en cámara diciendo que ahí no había Soberanía.


Como señala Pedro Peretti, "en toda draga hay soberanía si se hace en la Argentina, con trabajo argentino, piezas de industria argentina y por ingenieros argentinos. Ahí está la soberanía que no veía Neustadt ni quiere ver Meoni". Son ojos colonizados, además, porque aquí se construyeron 88 dragas antes de regalar el río, según datos de la UBA, y es un hecho que la megaempresa belga Jan de Nul, administradora y superbeneficiaria hasta ahora, emplea dragas argentinas manejadas por argentinos. Con lo que son 20.000 puestos de trabajo los que están en disputa. 















viernes, 26 de marzo de 2021

Una reflexión sobre el populismo contra la cháchara liberal

 


Por Esther Díaz

Fuentes:Página/12

¿Qué es el populismo? No, por cierto, la simplificación burda que lo reduce a charlatanería. Tampoco una bolsa de gatos mezclados sin ton ni son. El populismo es una lógica política que les da entidad a los estratos comunitarios excluidos por los poderes hegemónicos, dice Ernesto Laclau, en La razón populista. El proyecto populista promueve estrategias para socavar la supremacía del capitalismo financiero, que le niega derechos al pueblo desde un individualismo extremo. Las minorías mega-enriquecidas y sus acólitos explotan y descartan a los sectores social y económicamente débiles. Revertir este estado de las cosas es la propuesta populista.


El historiador Federico Finchelstein, en su reciente libro Breve historia de la mentira fascista, afirma que existe una relación directa entre la mentira del fascismo histórico y los populismos de derecha, a lo Trump. ¿Denominador común? Desprecio por la democracia y culto de la falsedad que toman como verdad. Recién a partir de 1945, con la derrota de los fascismos tradicionales, surgieron populismos dispuestos a participar del juego real de las democracias.


El populismo progresista sostiene consignas sociales inclusivas: que las persona sin voz -por mujer, por diversidad sexual y de género, por carencia económica, por el color de la piel, por discapacidad, por migrante, por haber nacido en una villa- devengan sujetos de derechos; que existan restricciones a las prebendas de las elites. A este populismo es al que Macri le teme. De ahí su posverdad o, dicho en criollo, su mentira: “El populismo trabaja sobre destruir el futuro para vivir el presente, y cuando termina de fracasar, deja tierra arrasada”.


Macri se miró en el espejo y, como con sus CEOs y sus radicales conservadores no lograron lograr los logros, lo que vio reflejado -cambiar futuro por presente, dejar tierra arrasada- en lugar de asumirlo como propio (ya que es una selfie de su gestión) se lo atribuye al populismo que lo derrotó.

Analizar los diferentes populismos deconstruye tanto la hipótesis de la “bolsa de gatos”, inventada por cierta izquierda ilustrada, como la acusación de “demagogia” proveniente de la posderecha, tan astuta para transferir activos del Estado a sus cuentas privadas, como desprovista de ilustración. Sin mencionar que sus campañas electorales son burda demagogia tipo “pobreza cero”.

Un movimiento populista puede ser urbano o rural, de izquierda o de derecha, restaurador o revolucionario. Pero su verdadera identificación proviene de su manera de articular un discurso que define una noción de pueblo. El relato del populismo es performativo, al nombrar al pueblo le otorga entidad, atiende sus demandas y alienta la manifestación social. Los opositores al populismo levantan la bandera de la libertad individual. Defienden, por ejemplo, su derecho a no cuidarse en pandemia sin reconocer lo obvio: la covid 19 no es una enfermedad individual sino comunitaria. Pero el libertario desprecia las necesidades populares. ¿Uno de sus lemas? No cuidar, excluir.

Les antivacuna y antipopulismo tienen la solidaridad del escorpión, que le ruega a la rana que lo transporte hasta la otra orilla del río. Me picarás, replica ella. No tontuela, ¿no ves que si te ataco moriría yo también?, no sé nadar. Acepta llevarlo y el escorpión la envenena con el aguijón de su cola. La necropolítica está en la naturaleza de la derecha: viva el cáncer, bolsas mortuorias, que muera quien tenga que morir.

Otro obstáculo epistemológico para determinar el alcance de los movimientos populares: quienes fomentan políticas progresistas suelen no asumirse como populistas. Tal es la carga peyorativa que le han dado al término sus opositores, que contagiaron a los propios seguidores de las políticas populares, de modo tal que la mayoría no se autodenomina populista. Quizás esté llegando la hora de las marchas del orgullo populista, chori y moscato incluidos.


En la entrada “liberalismo”, de Wikipedia, la primera acepción es categórica: “doctrina política, económica y social, nacida a finales del siglo XVIII, que defiende la libertad del individuo y una intervención mínima del estado en la vida social; el liberalismo económico defiende la libertad de precios en el mercado”. La segunda opción para liberalismo, en realidad, refuerza y adorna a la primera: “calidad y actitud de la persona que es tolerante y abierta”.

Ahora bien, en la entrada “populismo” la primera acepción lo desestima como potencial político, dice: “tendencia o afición a lo popular en todos los ámbitos de la vida, en especial en el arte; (y pone por caso) la música de aquella época está impregnada de un melodismo directo y de un populismo que facilita el acceso del oyente desde una primer audición”. La segunda opción de populismo refuerza lo arbitrario e impreciso de la primera: “tendencia política que dice defender los intereses y aspiraciones del pueblo”.

Destaco lo taxativo del verbo defiende en la definición de liberalismo, y lo dubitativo de la proposición dice defender, en la de populismo. La comparación demuestra lo tendencioso de la definición presuntamente “objetiva” de dos conceptos contrapuestos. Se hacen cosas con las palabras. Mientras que sigamos creyendo en la gramática seguiremos creyendo en dios, evoca la sentencia nietzscheana. Quienes gozan del poder factico deciden sobre el significado, la ética y la ontología de lo que definen. La enciclopedia digital trata con respeto al liberalismo y ningunea al populismo.

Para coronarla, si en Wikipedia se busca sinónimos de demagogia, indica: “electoralismo, populismo”. El lenguaje no es inocente. La desconexión con la realidad mediante la no verdad junto al expolio de lo público en beneficio del capital privado es el hilo conductor del accionar neoliberal. Su contraparte, el populismo progresista, es inclusión, equidad, independencia económica, fortalecimiento estatal y soberanía nacional. El wawa de Troilo no quiere arrancar / Falta envido, truco, chiste nacional / “Estamos en vena”, grita el mayoral / Y pagás el vale un día después / ¿Qué ves? ¿Qué ves cuando me vez? / Cuando la mentira es la verdad. La canción de Divididos renueva su vigencia cuando el derrotado del primer tiempo (y de los entretiempos) se declara vencedor, como si su mentira fuese la verdad.  



María Domínguez, la feminista que volvió de la muerte







Por Guadalupe Treibel

Fuente: Página/12

“Mis padres eran unos pobres jornaleros del campo que no sabían leer ni escribir. Naturalmente, a mí también, en cuanto pude, me pusieron a trabajar. Iba a espigar, a vendimiar, arrancar trigo y cebada, a recoger olivas, a lo que salía. En los ratos libres deletreaba todos los impresos que caían en mis manos, romances de ciego, libros, cuentos de la escuela y cosas así. A mi madre en cambio, la enfadaba. ‘¿Pero le vas a consentir que aprenda a leer?’, le decía, escandalizada, a mi padre. Y mi padre, sonriendo, contestaba: ‘Ya no tiene remedio, mujer, ya sabe’”. Así hablaba de sus orígenes la autodidacta María Domínguez, nacida en Pozuelo de Aragón, en 1882. Recordaba también que su mamá le indicaba cuando aún era pequeña: “Mira, hija, por la calle se va siempre con la vista baja. A los hombres no se les mira”, y que por hacerle caso, los vecinos le endilgaron el mote “María la tonta”. Apodo desdeñoso que, años más tarde, ella usaría con ironía para firmar las notas incisivas que escribió para publicaciones como Ideal de AragónVida NuevaEl País

Luchadora republicana, socialista y feminista, su vida fue todo menos fácil, pero aún así se las apañó para salir adelante. A punto tal que esa joven muchacha devino, en 1932, primera alcaldesa democrática de España. Logro inédito que, por esos días, no dejó indiferente a la prensa. “¿Se figuraban ustedes que existiera en España un Ayuntamiento gobernado por una mujer?, ¿un Ayuntamiento donde en vez de alcalde hubiera alcaldesa? Pues existe. Y además en una tierra que hasta ahora no había manifestado, si hemos de juzgar por su folklore, demasiado entusiasmo feminista…”, dejaba entrever su asombro el entonces naciente diario gráfico Ahora en un artículo de ese mismo año. La tierra era “un pueblecito de Aragón que se llama Gallur”. La mujer, dicho está, María Domínguez, que así hacía historia durante la Segunda República. Nótese que, como indica el medio El Español, “en esas mismas fechas solo tres mujeres contaba con un escaño en las Cortes: Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken”. Nótese además que abogaban aún por el sufragio femenino: solo al año siguiente, en el ’33, las mujeres votarían por primera vez.

Retomando los hilos, aunque el nombre de MD pasó al olvido buena parte de la última centuria, ha vuelto a ser noticia los pasados días al informar rotativos ibéricos que, tras los análisis pertinentes, restos exhumados semanas atrás de una fosa de Fuendejalón, Zaragoza, tenían por fin nombre y apellido. Era ella, María Domínguez, desaparecida el 7 de septiembre de 1936 tras ser fusilada con un tiro en la nuca por soldados franquistas. Junto a sus huesos, se encontraron una peineta, cuatro horquillas, dos botones de nácar… “Merece reconocimiento y que reivindiquemos su legado”, tuiteó Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno y miembro del PSOE, nomás enterarse del tardío hallazgo.

En vida, María superó tantísimos obstáculos: su familia le escogió pretendiente y, a los 18 años, tuvo que casarse con Bonifacio Ba Cercé, un tipo que no trabajaba y bebía demasiado, y que le pegó durante 7 años. Cansada de las constantes vejaciones, “con lo puesto y a pie por el monte” -como ella misma más tarde relataría-, huyó de su marido en 1907, pero él la siguió hostigando, llegando incluso a denunciarla por abandono. María fue puesta en “busca y captura”, perseguida por la policía, pero afortunadamente no fue detenida. Pasó una temporada en Barcelona trabajando como limpiadora, para luego regresar a Zaragoza y, con sus magros ahorros, comprar una máquina de coser y ganarse la vida vendiendo medias. Por las noches, estudiaba en la Escuela de Artes y Oficios, y en los ratos libres, despuntaba el vicio de la escritura. Mandaba epístolas a diarios, y así logró convertirse en colaboradora de varias publicaciones, muy agradecida -por cierto- de que “me corrigieran las faltas de ortografía”.

Cuando consiguió, por fin, matricularse como maestra y ser fichada para un cargo, la mala suerte volvió a interponerse: cayó gravemente enferma durante la pandemia que aquejaba, la gripe española del ’18, y pudo sobrevivir gracias a la ayuda de sus amistades republicanas. A los 44, por cierto, murió el marido abusivo, y entonces pudo casarse nuevamente con Arturo Romanos, esquilador viudo y militante socialista, con el que se mudó a Gallur. Juntos desarrollaron una intensa actividad sindical, impulsando el movimiento obrero de la zona.

Acababa de cumplir los 50 cuando fue nombrada alcaldesa. “¿Le sorprende ver cada vez más mujeres en política?”, quiso saber un periodista, y ella: “No, de ningún modo. Hay que tener en cuenta que no es la persona ni el sexo, sino la representación de una autoridad legal, encargada de hacer cumplir las leyes”. Entre sus primeras medidas, saneó las arcas municipales, encomendó la construcción de un edificio donde pudieran estudiar niñas y niños por igual, aplicó legislación social frenando jornadas abusivas, generó puestos de trabajo. También dejó asentado que de ninguna manera consentiría “que a nadie se moleste, bajo ningún pretexto, por sus doctrinas ni creencias”. Cuando dejó su cargo al cabo de un año, siguió dando conferencias y escribiendo; por caso, el libro Opiniones de mujeres, donde defendía la equidad, la importancia del acceso a la educación y, por supuesto, el divorcio.

Hace unos pocos años, quiso la cineasta Vicky Calavia rendir homenaje a esta mujer prácticamente ignota a través del documental La palabra libre, donde ofrece una semblanza de quien defendiera a capa y espada valores inoxidables: “la igualdad de la mujer, la libertad de pensamiento, el voto femenino, la lucha contra la opresión, la liberación de los prejuicios culturales y religiosos, la enseñanza, la cultura como motor de cambio y superación, el amor no impuesto, elegido”. María -ni un pelo de tonta- Domínguez, en fin.