lunes, 28 de septiembre de 2020

La obscena protesta de los privilegiados cuando crece la desigualdad por la pandemia

 

Fuente:Página/12

Los mercaderes de la angustia y la política de las tensiones cambiarias


El grupo social que más se queja de la peor crisis global de la era moderna es el más acomodado en la pirámide de ingresos. En este mundo al revés, el manejo del mercado cambiario, con medidas de control como también la forma de instrumentarlas y comunicarlas, es clave para orientar las expectativas económicas y eludir la profundización de la crisis que busca el poder devaluador.
Imagen: Kala Moreno Parra

Existen varios aspectos sorprendentes del impacto económico de la pandemia pero uno, a esta altura, es desconcertante: el grupo social que más se queja de la peor crisis global de la era moderna es el más acomodado en la pirámide de ingresos y en el acceso a los cuidados de la salud y a la atención sanitaria del coronavirus.LEER MÁS

Convoca a movilizaciones con autos de alta gama, circula por los noticieros cuestionando las políticas sanitarias de la protección de vidas, protesta porque los muy ricos tendrán que hacer un pequeño aporte según el patrimonio declarado, cuestiona la desesperación de familias que no tienen viviendas o fueron expulsados de alquileres de piezas miserables, y se queja por las restricciones cambiarias.Clases medias acomodadas y altas con todas las necesidades básicas satisfechas se quejan de una crisis global que se montó sobre la debacle económica que dejó el macrismo, como si fueran los únicos afectados, cuando en términos relativos no integran los grupos más castigados por la pandemia.

Concentración

Este escenario de lamentos de privilegiados, que gran parte de los medios de comunicación convalidan sin pudor, se despliega cuando se conocen los últimos datos de la distribución del ingreso: aumentó la concentración de la riqueza en estos meses.

En el segundo trimestre, en los peores meses de la pandemia y cuando hubo más expresiones de descontento de mimados por un sistema desigual, el 10 por ciento de la población ubicado arriba de la pirámide de riquezas pasó a percibir 19 veces más ingresos que el 10 por ciento de la base. La brecha se amplió en ese período y es tres veces más que hace un año, cuando la diferencia era de 16

Otro indicador de aumento de la desigualdad del ingreso per cápita lo ofreció la evolución del coeficiente Gini, que se mide entre 0 y 1, en donde 0 se corresponde con la igualdad perfecta y 1, con la desigualdad extrema. Ese índice aumentó de 0,434 a 0,451 en el segundo trimestre de 2020 en relación al mismo período del año anterior.

Estas cifras hubiesen sido peores sin la oportuna y efectiva intervención del gobierno de Alberto Fernández con la instrumentación del IFE, ATP, subsidios, congelamiento de tarifas, la tarjeta alimentaria y otros programas sociales.

La pandemia dejó al descubierto la desigualdad estructural de un sistema que concentra riquezas, con acceso desigual o directamente sin acceso a servicios básicos, como el agua potable para el cuidado sanitario o a la conectividad para alumnos y familias de barrios marginados. El coronavirus no sólo dejó en evidencia esas inequidades sino que acentuó el reparto desigual del ingreso.

Desempleo

En estos meses de protestas y movilizaciones de grupos sociales acomodados, no sólo hubo aumento de la desigualdad, sino que además hubo un impacto sociolaboral fulminante debido a la pandemia: el desempleo subió a 13,1 por ciento en el segundo trimestre, 2,5 puntos por encima de igual período del año pasado.

Ese incremento se produjo pese al esfuerzo oficial de proteger el empleo con el decreto de prohibición de despidos, el acuerdo sobre suspensión de trabajadores y el decreto que fijó la doble indemnización. El saldo de pérdidas de empleos hubiese sido aún peor sin esas medidas de emergencia y el marco normativo laboral que, pese a las olas neoliberales que buscaron desarmarlo durante las últimas décadas, continúa siendo un potente dique defensivo frente a las presiones de precarización del empleo.

En ese aumento del desempleo, los trabajadores informales y por cuenta propia fueron los más castigados, lo que expone en forma más dramática el impacto desigual del coronavirus.

Hubo también un alza en el indicador que mide la cantidad de trabajadores que dejaron de buscar empleo. El porcentaje de inactivos fue record al anotar el 61,6 por ciento de la población urbana, universo que está conformado por quienes no están en edad de desempeñarse en el mercado laboral o, bien teniendo edad para hacerlo, optan por no trabajar ni buscar trabajo porque las condiciones son desfavorables para conseguirlo.

En ese contexto general de un mercado laboral negativo hubo una impresionante y exitosa campaña del mundo empresarial de privilegiar el funcionamiento de las fábricas sobre el cuidado sanitario de trabajadores.

La mayoría de las corporaciones aplicó estrictos protocolos de seguridad sanitaria. Otras ocultaron casos de contagios y muertes para evitar frenar la producción. El caso extremo es el del Ingenio Ledesma de la familia Blaquier, con cientos de trabajadores contagiados y decenas de fallecidos por la covid-19.

La presión sobre los trabajadores se da en condiciones de vulnerabilidad extrema ante el miedo que tiene la mayoría de perder el empleo en medio de la peor crisis económica de la era moderna.

Miedo

El premio Nobel Joseph Stiglitz escribió en El precio de la desigualdad (2012) una descripción que, si bien es en referencia a Estados Unidos, vale para estos tiempos de pandemia.

El mentor del ministro Martín Guzmán señaló: "El gran enigma es cómo en una democracia supuestamente basada en el principio de 'una persona, un voto', el 1 por ciento había podido tener tanto éxito a la hora de condicionar las políticas en su propio beneficio. Hay otro método por el que los grupos económicos consiguen lo que quieren del gobierno: convencer al 99 por ciento de que tienen intereses compartidos. Esta estrategia exige un impresionante despliegue de prestidigitación. El hecho de que el 1 por ciento haya condicionado con tanto éxito la percepción del público atestigua la maleabilidad de las convicciones".

Stiglitz advierte sobre la trampa en que puede caer una mayoría asustada. En pandemia, la queja de los grupos privilegiados ocupa un lugar predominante y, si no se la atiende, aparece que toda la sociedad se perjudicaría. 

En  cambio, cuando aparecen situaciones críticas que viven grupos vulnerados, como la falta de servicios básicos en las villas o la desesperación por no tener una vivienda digna, el mensaje dominante en el espacio público es estigmatizador de esa población.

Disciplinar

Para lograr ese comportamiento social, la amenaza de perder el empleo o, en esta última semana, la posibilidad de afectarse los depósitos en dólares forman parte de la estrategia de disciplinar a una mayoría vulnerable para que acepte situaciones que serían rechazadas si fueran ofrecidas en una situación normal, para terminar defendiendo intereses que no son propios. Por ejemplo, convalidar una brusca devaluación.

El miedo es el vehículo para condicionar el comportamiento colectivo. En una era de incertidumbre global y más aún hoy con la pandemia, el propósito es imponer de ese modo políticas impopulares. Estas consisten en ajustar el gasto público o recortar la red de protección a grupos sociales vulnerados.

Las dudas sobre lo que está sucediendo y el temor sobre lo que vendrá en la economía provocan intranquilidad. Gran parte de la sociedad se encuentra así indefensa para absorber teorías conspirativas, escenarios apocalípticos y análisis de caos inminentes.

Los mercaderes de la angustia ocupan el centro de la escena, circulando por medios de comunicación con pronósticos de catástrofes económicas. Se requiere de una firme voluntad política y convicciones para desenmascarar sus intenciones y neutralizarlos.

Expectativas

El manejo de las expectativas juega un rol fundamental en este contexto de incertidumbre, puesto que permite definir consensos sobre cómo se desarrolla la economía local en una crisis global.

Las fuerzas en pugna sobre la orientación de las expectativas determinan si la economía ingresa en un círculo vicioso de las exageraciones o en uno virtuoso de recuperación colectiva.

Anunciar que existen riesgos sobre los depósitos en dólares refuerza los miedos preexistentes por traumas pasados (el corralito de Cavallo) o incluso puede desencadenar el pánico de una corrida. No existe ningún elemento objetivo, en términos de solvencia y liquidez de los bancos y de disponibilidad de dólares en el Banco Central para atender retiros, para convalidar ese peligro. 

La generación de expectativas y la profecía autocumplida están íntimamente conectadas. Como la economía es un espacio de disputa de poder, la construcción de expectativas es uno de los terrenos de la batalla política más importante donde participan diferentes actores económicos y políticos.

Si se propaga que va a escasear determinado alimento o el combustible, muchos probablemente corran a comprarlo. El previsible comportamiento de acopio contribuirá a que aquella sentencia inicial se convierta en realidad. Es, en sus comienzos, un anuncio falso de una situación que conduce a una nueva conducta que convierte en “verdadera” la mención inicialmente falsa.

La construcción de esas profecías está muy ligada al manejo de las expectativas sociales sobre acontecimientos económicos. Por eso en esa puja intervienen en forma activa diferentes actores políticos y económicos, con los medios de comunicación actuando como los principales canales de propagación.

Crisis

La economía mundial está transitando la crisis más extraordinaria de la era moderna. El derrumbe de la actividad en Occidente es impactante. China es la única gran potencia que terminará el año del coronavirus con crecimiento económico.

A comienzos de este año, el FMI esperaba un crecimiento del ingreso per cápita en más de 160 países, mientras que ahora más de 170, equivalente a casi el 90 por ciento de la economía mundial, registrarán una caída en ese indicador.

El saldo monetario de esta crisis calculado por el Fondo es impactante: una pérdida acumulada para la economía mundial durante dos años (2020-2021) de más de 12 billones de dólares.

Esta referencia parece innecesaria porque no es un dato desconocido, pero resulta esencial reiterarlo puesto que el análisis vulgar acerca de las fuentes de la crisis local ignora uno de sus principales componentes: la debacle de la economía global.

Al sumar en esa evaluación sesgada el ocultamiento del desastre económico que dejó el macrismo, queda así conformado el combo de la confusión deliberada.

En ese terreno hostil para manejar las expectativas económicas, el frente cambiario es hoy el de mayor tensión que debe enfrentar el Gobierno. En esa tarea lo primero es entender el problema, cuestión en la que no hay dudas de que ha sabido identificarlo: cuidar las reservas del Banco Central, privilegiar las divisas para la producción y evitar una brusca devaluación.

En la siguiente instancia, que consiste en la instrumentación de las medidas defensivas frente al poder devaluador y, en especial, en la forma de comunicarlas, ha mostrado debilidades que están agudizando las tensiones.

Para evitar interpretaciones extraviadas, las deficiencias estructurales de la economía por la escasez relativa de divisas no se salvarán con una mejor comunicación, pero sin ésta se complica el manejo de la coyuntura relacionada con la construcción de las expectativas económicas.

Pocos dudan de que la economía local deberá convivir con brecha cambiaria durante un tiempo. Por lo tanto, el objetivo es administrarla y estabilizarla en un nivel que disminuya las expectativas de devaluación. Ampliarla en las actuales circunstancias, como ha sucedido con las últimas medidas cambiarias, sólo alimenta a los promotores de rumores y generadores de miedo en la economía.

miércoles, 5 de agosto de 2020

Hiroshima por Osvaldo Bayer

Qué podemos decir. Bajar los brazos. No creer. Llorar por la Tierra y sus hijos. Llamar a los estadounidenses por su verdadero calificativo. Maldecir hasta el fin de los siglos al señor presidente Truman y al secretario de Defensa, Stimson. Los norteamericanos llevarán una culpa ilevantable por los siglos de los siglos. No se los podrá perdonar jamás. Los turcos mataron a un millón de armenios a cuchillo limpio: niños, mujeres y hombres. Fue tanto el horror que uno ve a un turco y cree descubrirle un cuchillo ensangrentado en las manos y una sonrisa cínica en el rostro. Sus gobiernos jamás pidieron perdón por sus cobardes crímenes.


Acaba la humanidad de descorrer el telón del Holocausto. La muerte científica masiva ideada por el nazismo alemán: la muerte en cámaras de gas. La suma crueldad, de la maldad, de la perversión. También: niños, mujeres, hombres. Se aprieta una válvula y ya está: se mata al otro ser que no es igual, por pura superficialidad, por interpretar mejor la palabra maldad. Por la obscenidad de dar satisfacción a los bajos instintos, por la superficialidad de obedecer órdenes.

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Y ahora esto que ya es lo inimaginable. Una ciudad, Hiroshima, vive y de pronto un rayo del cielo les confirma que están todos muertos. Destruidos hasta la última célula. No existen más; borrados.

Los nuevos SS son ahora los científicos y los pilotos de un avión que llevó –casi divirtiéndose– el rayo mortífero y lo lanzó en el centro de una ciudad. En la telefoto, se ve a los aviadores de regreso sonriendo a la norteamericana, como Robert Taylor o Clark Gable en el cine. Están junto a la carlinga del “Enola Gay” como quien hubiera ganado un campeonato olímpico. Junto a ellos están miles y miles de muertos sin sombra. Así de sencillo es cambiar la moral, la ética que les enseñaron en sus iglesias católicas, protestantes, metodistas. Luego cantaron a coro un agradecimiento a nuestro señor Jesucristo.

En Hiroshima habían matado definitivamente a la vida. La ciencia utilizada para matar. Einstein, qué desgraciado, para qué habrá nacido si se usó todo su saber para lo contrario de lo que él soñó tanto.

Nada quedó en un segundo. Cayó el rayo y el niño por nacer, en el vientre de su madre, quedó suelto, dando vueltas, mientras su madre ya era ceniza; el niño debe haber nacido de pronto y ya sus ojos quedaron obnubilados y ya secos y ya cenizas. El asesinato de la inocencia. Las adolescentes que pensaban cómo iban a besar esa tarde en el parque quedaron con los labios entreabiertos por donde pasó el fuego que las convirtió en nada y en nadie. Mister Truman toma un whisky con sus generales; están plenamente satisfechos. La guerra está ganada. Para el cataclismo necesitó apenas mover el dedo y sonreír a la prensa. Harry Truman, el rey de los verdugos. Apenas con un dedo, la muerte de ochenta mil, de cien mil, de doscientos mil, qué importa. La muerte ya está allí entre ruinas quemadas que no soportan ningún hueso humano, ninguna calavera. Jamás se encontrará la calavera de una abuela, ni de una maestra, ni de un poeta. A todos los quemó Harry Truman por intermedio de sus pilotos. Truman concurrirá a una Acción de Gracias. Los sones del órgano le darán estatura de héroe y de hijo predilecto de Dios. Y el pueblo norteamericano se tranquilizará y los padres hablarán a sus hijos sobre la bandera de las barras y estrellas.

Los desesperados de la moral y la ética se preguntarán si no había otra manera. ¿Por qué no se habló claramente? ¿O no se llamó a una asamblea mundial, o se mostraron los efectos de la bomba en el desierto y se dio un plazo al enemigo para que comprendiera que el único camino que le quedaba era la rendición incondicional para salvar lo más preciado: las vidas humanas. No, Truman decidió con una crueldad máxima primero la bomba, después vamos a hablar. Doscientos mil muertos para que aprendan a razonar. Total son amarillos.

Se hubiera podido enviar un ultimátum a Tokio diciendo que se evacuara Hiroshima porque en veinticuatro horas se iba a lanzar un arma fulmínea que iba a hacer desaparecer a todos los habitantes. Nada se hizo, la piedad no valía nada. Si Estados Unidos ya estaba absolutamente seguro de que la guerra estaba ganada. No. Primero quiso experimentar para ver si resultaba el arma poderosa que cambiaría la política de todo el mundo. Se decía que esa arma, después del experimento de Hiroshima iba a traer la paz eterna. Pero lo que va a traer es sólo el poder omnímodo para el país del Norte.

¿Qué va a hacer la humanidad con esos muertos? Asesinados con absoluta impunidad. Después de Hiroshima ya no es necesario leer la Biblia. Truman, cuando supo los resultados fue al templo a orar. Dicen que al entrar tuvo la actitud de quien entra en la eternidad, de quien se siente protagonista de un oficio divino. Mientras, la bomba atómica seguirá comiendo célula tras célula con sus radiaciones atómicas. Todo aquel que haya estado cerca o se atreva a entrar a esa zona maldita correrá la suerte de quienes recibieron el rayo en los ojos. El cáncer y los daños genéticos vendrán montados con los caballeros de la muerte que recorrerán por años la zona maldecida por el Dios yanqui.

¿Por qué la bomba, es la pregunta, si los japoneses ya se estaban por rendir? Fue una especie de gustazo final. Un mostrar al mundo y principalmente a los comunistas: ojo, vean lo que tenemos, Dios, como siempre está con nosotros. Japón se merecía perder la guerra por la agresión efectuada en Pearl Harbor. Pero la humanidad, principalmente los niños y los adolescentes y las flores no merecían el fuego del castigo del dios americano. Fue algo gratuito que satisfizo a quienes se sienten dueños del mundo y ejercen la pena de muerte como algo natural.

La clase constituida de ese país violento encontró enorme satisfacción. Era la Justicia de Dios que viajó en un avión americano. El “Enola Gay” llevó la mano del castigo. No había que lamentar nada. Era el triunfo de los justos. Ellos fueron nada más que los ejecutores de la voluntad de Dios.

Quien repase la historia de la eliminación de los habitantes naturales de Estados Unidos verá que no hay ninguna diferencia –salvo en el método– con la política racial de Hitler. Se mataba a un piel roja con la misma decisión y asco con que se exterminaba a las víboras venenosas. Y esto no fue sólo en Estados Unidos, véase la misma política en los españoles que conquistaron las tierras del sur, y también la política de los gobiernos independizados. El caso argentino, con la llamada “conquista del desierto” es un caso notorio que todavía hoy la sociedad argentina se niega a revisar.

Ojalá que Hiroshima sirva de ejemplo para que nunca más se ataque con tanta saña e irresponsabilidad a poblaciones civiles. Nunca más la muerte desde el cielo. Es el crimen de lesa humanidad más oprobioso.

*Esta nota fue publicada originalmente en Página/12 del 6 de agosto de 2005. El historiador y periodista Osvaldo Bayer fue columnista de este diario hasta el día de su muerte el 24 de diciembre de 2018 .

miércoles, 29 de julio de 2020

¿El fin del reinado del dólar?


Fuente:Pagina/12
La política exterior agresiva de Estados Unidos ha impulsado a que Rusia y China y también Europa tomen rápidamente medidas para desarrollar mecanismos alternativos para pagos y liquidaciones internacionales.

El oro superó los 1900 dólares por onza la semana pasada y en el año acumula una ganancia del 25 por ciento. 
El oro superó los 1900 dólares por onza la semana pasada. Se trata de niveles que no se veían desde 2011. La cotización de este metal alcanzó nuevamente picos históricos. El precio del oro -usado a lo largo de los siglos como un resguardo de valor- se aceleró en los últimos meses y en el año acumula una ganancia del 25 por ciento.

El aumento del precio del oro desde enero no es una tendencia aislada. La evolución de la cotización en los últimos 20 años es sorprendente. La onza de oro tenía un valor de 300 dólares a inicios del 2000; o sea, subió más de 6 veces en 20 años.
La interpretación de estos movimientos –al igual que ocurre con gran parte de los fenómenos de la economía- requiere pensar en múltiples causas. Lo más simple es relacionar la fuerte emisión de la Reserva Federal con la intención de los inversores de protegerse en oro.
Pero existen otros argumentos que plantean que los movimientos de precios de este metal se adelantan a cambios estructurales de la economía global. Se trata de transformaciones profundas que implican el reemplazo del dólar como la moneda global.
El investigador de Princeton Harold James escribió la semana pasada algunos puntos interesantes para pensar el final del dólar como moneda hegemónica. Su artículo en Project Syndicate plantea en forma intuitiva los factores que aceleran la caída de la divisa norteamericana.

Fin del reinado

James sentencia que “el largo reinado del dólar en el sistema financiero internacional dependía de que Estados Unidos permaneciera económicamente estable, financieramente creíble y culturalmente abierto. Ahora que los problemas del sistema quedaron al descubierto, el resto del mundo comienza a cuestionar su competencia básica”. Es una predicción arriesgada que despierta puja de intereses y respuestas de distintos sectores del establishment. El investigador aprovechó la oportunidad para criticar a los economistas que aseguran que su lectura es contraintuitiva.
“Cuando el sistema soviético colapsó, muy pocos pensaron que realmente podría suceder. Al evaluar el estado del sistema estadounidense, es importante recordar que los economistas no son muy buenos para predecir”, dijo. La crítica contra la profesión económica fue todavía más ácida y planteó que no abrirse a la posibilidad de la caída del dólar es suponer un mundo estático.

Apuntó que “los economistas a menudo emulan a los teólogos medievales vistiendo sus pronósticos en lenguaje arcaico o complejo. Pero no se necesita saber latín para invocar ceteris paribus (“con todo lo demás constante”) como premisa de sus pronósticos”.

Catalizadores

Entre los elementos políticos que plantea James que están acelerando la pérdida de centralidad del dólar se encuentra la agenda internacional de Donad Trump. “Las sanciones financieras contra Irán, Rusia y las empresas chinas han resultado contraproducente. No solo Rusia y China sino también Europa han tomado rápidamente medidas para desarrollar mecanismos alternativos para pagos y liquidaciones internacionales.”
James menciona que el principal factor se vincula con los cambios de la tecnología. “Los sistemas de pagos digitales no estatales están experimentando un rápido desarrollo en lugares donde existe un Estado débil, que genera desconfía o carece de credibilidad”, indicó. Es una tendencia que se potencia por efecto de la pandemia. Concluyó con que “la centralidad de larga data del dólar reflejó la demanda global de un activo líquido y confiable. La condición desaparece en la medida que aparecen activos alternativos seguros (gracias a las innovaciones de la tecnología en pagos digitales), los que pueden estar respaldados por proveedores no estatales”.
Enrique Milan: Analista financiero.

Nueva ley para trabajadoras de Apps en la Ciudad: "Nos dejaron sin normas laborales, de seguridad y de higiene"



La ley que se sancionó en la legislatura porteña para repartidores y repartidoras de aplicaciones como Pedidos Ya, Rappi o Glovo no habla de trabajo y solo se refiere a la regulación vial. Borradas como empleadoras, estas empresas están exentas de deberes de pago, no ofrecen insumos necesarios en la pandemia ni ART. La situación es global y después de tres paros internacionales, trabajadores y trabajadoras siguen poniendo el cuerpo a destajo sin aguinaldo, vaciones o licencias por enfermedad o accidentes. "Y si encima menstruás no tenés un baño disponible, mucho menos en cuarentena".
Imagen: Jose Nicolini
Laura va. Pedalea tan rápido en la bici para entregar su pedido a tiempo, que de la cintura para abajo todo parece habérsele esfumado. Sólo le quedan los brazos sujetando manubrios y celular, y los nudos de la espalda soportando el peso de una caja que alguna vez tuvo que comprar a la aplicación para la que reparte. Lo último que recuerda de ese espacio -un kilómetro en tres minutos para no perder “beneficios”- son las rodillas estrelladas contra el asfalto mojado de la ruta 25, en Pilar. Maldice al auto que se le cruzó, al coronavirus, al mango con cincuenta que recibe por cada pedido y a todos aquellos que le dicen “trabajadora esencial”. “Esencial es mi vida y todos los días me mandan al muere”, le recrimina a un algoritmo, a un robot, a esa cosa invisible para la que se desloma.
El jueves 16, el oficialismo porteño y bloques aliados sancionaron en la Legislatura una ley que regula la actividad de trabajadores de deliverys, califica a las empresas de plataformas como “intermediarias” de oferta y demanda, y las exime del cumplimiento de toda normativa laboral y tributaria. Lejos de definir categorías para poder regular derechos y obligaciones, el proyecto de Vamos Juntos fue un camino de ida por la Comisión de Tránsito y Transporte para modificar el Código de Tránsito y el Régimen de Faltas de la Ciudad, y en definitiva adecuar la modalidad de reparto por aplicaciones. Se estableció un Registro Único de Transporte en Motovehículos en la Ciudad como repartidorxs y se impuso un régimen “societario e impositivo” para quienes se inscriban. Traducido, lxs repartidorxs tienen más cargas, siguen sin ser reconocidxs como trabajadorxs y no se configuraron deberes de pago de las plataformas, que seguirán cobrando a los comercios una comisión de entre 20 y 30 por ciento por encargo. Pura ganancia para empresas enmascaradas como “plataformas colaborativas” y una retribución salarial en picada, en momentos que se necesita un ingreso de 43.000 pesos para no caer en la línea de pobreza en la Ciudad.
Mica, ese nombre, y sus 27 años, será todo lo que sabremos de ella para proteger su identidad por temor a represalias, además de reconocerle una voz capaz de demoler paredes, y de que integra la Agrupación de Trabajadores de Reparto, ATR, una sigla que la enorgullece por la construcción lograda en tres años de lucha, desde las tomas y movilizaciones por los despidos masivos de la plataforma PedidosYa. Sabe que la desregulación de las aplicaciones de delivery impacta directamente sobre sus compañerxs, creándoles más endeudamiento y obligaciones. “Es un golpe muy duro para lxs trabajadorxs y un fraude laboral. Nos redujeron a una ley vial, cuando el Ministerio de Trabajo es el que debería intervenir y exigirles a las empresas el cumplimiento de normas laborales, de seguridad y de higiene, sobre todo en esta pandemia de coronavirus.” El peso de la carga cotidiana, dice Mica, es un fuego que le mantiene vivos el enojo y el nervio. Y el cuerpo, un mutante diseñado la medida de las empresas y no de los deseos y la autonomía. “Es el capitalismo de plataformas, qué más”, interpela.
Laura Cáceres y Mica se movilizaron aquel jueves a la Legislatura con sus agrupaciones, que fueron atacadas por personas identificadas con Asimm, la Asociación Sindical de Motociclistas y Mensajeros. “Nosotrxs les pedimos que amplíen la lucha contra esta precarización que nos imponen las patronales, pero responden con patotas que sólo quieren amedrentarnos a lxs que no estamos afiliadxs a sus sindicatos”, lamenta Laura, que milita en la Asamblea Nacional de Trabajadores de Reparto (ANTR) y en la Red de Trabajadores Precarixs. “Llamamos a todxs lxs trabajadorxs a repudiar estos métodos típicos de la burocracia sindical, y hacemos responsables al Gobierno de la Ciudad y al Gobierno nacional de las agresiones sufridas”, alerta Mica.
Se estima que existen unxs 160.000 trabajadorxs de plataformas digitales en todo el país: cerca de 60.000 son de reparto. La legisladora Myriam Bregman, del Frente de Izquierda -único bloque junto con AyL que votaron en contra del proyecto-, sostiene que mientras tribunales de todo el mundo establecen una relación de dependencia entre las plataformas y lxs trabajadorxs, en la Argentina los grandes empresarios intentan imponer una reforma laboral de hecho, y parte de ese objetivo es ir a una “uberización” de la economía, reforzando las cadenas de desigualdad. “Quieren cortar la responsabilidad de las empresas con sus dependientes mediante el uso de plataformas, algo que hoy es ilegal porque lo prohíbe la Ley de Contrato de Trabajo, aunque no la hagan cumplir. El ´capitalismo de plataformas´ es austero porque con sólo invertir en software ganan millones. Esta ley favorece a las empresas que se están llenando de dinero con la pandemia, pero quienes apuestan a ese negocio saben que el gran límite a su rentabilidad es la organización de lxs trabajadores.”
Plataformas de precarización
La Ciudad de Buenos Aires no es el mejor lugar del mundo para trabajar, pero al menos no hay tantas zonas liberadas. “Lxs compañeros de provincia vienen para tener mayor garantía de trabajo, bancándose pagas de miseria.” Mica remarca la situación, denunciada en la historia de los tres paros internacionales de repartidorxs de apps y en el conteo de las siete muertes de repartidores, cinco en lo que va de la cuarentena, que le pone carnadura a la virtualidad de esa explotación. Reclaman justicia por los compañeros fallecidos, ART a cargo de las empresas, seguros “de verdad”, ciento por ciento de aumento de las tarifas, reactivación de todas las cuentas cerradas en represalia y que sus voces sean escuchadas para regular la actividad.
La nueva ley considera intermediarias a las empresas y establece el tope de comisión que deben cobrarles a los comercios, pero no habla de cuánto deberían pagarles a lxs trabajadorxs.
-Es que de arranque esta ley se trata de motos y bicicletas, no de trabajadorxs de reparto. Exige nuevo empadronamiento, nuevos seguros, nueva ropa, nuevos gastos que los descarga sobre lxs trabajadorxs y no sobre las empresas de aplicaciones, que son las que prestan el servicio y las que deberían garantizar derechos. La regulación legitima una relación de dependencia encubierta a través del monotributo. En el Ministerio de Trabajo presentamos expedientes que no pasan de la mesa de entradas. Cada día salimos a trabajar por dos mangos y hace años que no nos aumentan el monto base del pedido, de entre 40 y 70 pesos. El sistema de contratación es la nebulosa desde donde te bajás una aplicación.
¿Cómo es cada día de trabajo?
-Tenés días buenos y días malos, depende de la hora y la zona. Y no es tan así que te manejás como quieras, porque si por cada pedido te llevás 40 pesos, tenés que trabajar más de doce horas promedio. Hay compañerxs que trabajan hasta dieciséis horas diarias para llegar a un sueldo digno. Algunas empresas tienen bono por lluvia o te pagan 5 pesos por cierta cantidad de kilómetros. No hay licencias por enfermedad, ni aguinaldo, ni vacaciones. Todo es muy arbitrario.
Y en esa arbitrariedad se les va la vida.
-Nosotrxs decimos que no son accidentes de tránsito, son asesinatos laborales. Cada uno de esos compañeros murieron en jornadas de más de diez horas cargados, manejando cansados, mirando el teléfono todo el tiempo porque si no contestás rápido te suspenden y te bloquean, y no podés trabajar. La sexta muerte en lo que va de la pandemia fue en La Paternal. El Gobierno porteño aprovechó esa desgracia para tratar una ley de regulación vial y hacer creer que va a frenar las muertes, cuando lo que se hizo fue aplicar un ataque a los ingresos de lxs trabajadorxs. Por ende, tenés que trabajar más horas y va a haber más muertes. Es una cagada, porque todos los días salimos con la soga al cuello, no sabemos si vamos a volver. Y las familias de esos muertos, además de haberlos perdido, tienen que pagar el sepelio, porque no tenemos ningún tipo de cobertura.
Laura Cáceres (foto: Estefanía Demarin)
¿Cómo recae el peso de esta precarización sobre mujeres y disidencias?
-Son las más perjudicadas. En el caso del colectivo lgbti+, terminan teniendo las salidas laborales más precarias, porque en los lugares formales no lxs contratan sólo por pertenecer a ese colectivo. Venimos construyendo reivindicaciones de género desde antes de la emergencia sanitaria, y obviamente las discriminaciones se profundizaron en esta cuarentena. Además, como no existe un convenio colectivo ni somos consideradas trabajadoras, si alguna una compañera decide tener un hije o está gestando debe dejar de repartir, lo que equivale a dejar de percibir un ingreso, porque no podés pedalear diez horas diarias, a riesgo de perder ese embarazo. Para estos casos no se contemplan puestos administrativos o pasivos, ni tampoco licencias pagas por maternidad. Si no entregás, no cobrás. Te cercenan la posibilidad de tener una familia, ¿porque cómo hacés para parar la olla?
Mica enumera cuestiones vitales. Las empresas no garantizan lugares de aseo o de descanso para esas jornadas leoninas, ni locaciones con baños para trabajadoras y trabajadores, que siempre dependen de la buena voluntad de los comercios donde retiran o entregan la mercadería. “Y ni siquiera. Encima te la pasás mirando con un ojo que no te choreen la moto o la bici. Es perjudicial para todxs, pero en particular para las compañeras que menstruamos. No tenemos sitios de higiene, y ni hablar de insumos sanitarios. Vivimos expuestas a infecciones. Ahora dicen que nos van a entregar alcohol en gel y barbijos. Me gustaría saber quiénes y dónde.”
El acoso sexual es uno de los grandes problemas asociados a un triple vector de ajuste sobre los cuerpos, silenciamiento y falta de autonomía. Las denuncias por acoso “son terribles”, detalla Mica, porque, entre otros disgustos, las aplicaciones habilitan los números personales de los celulares de repartidorxs a clientes y comercios. “Todos los días los tipos de los locales o los clientes se zarpan, desde tirándote onda o invitándote a salir, hasta mandándote fotos que ni podés ver de lo horribles. Son situaciones espantosas y no hay una plataforma adonde podamos recurrir o denunciar lo que nos hacen. Sin embargo, los clientes tienen el poder de calificarnos, y si nos califican mal, nos caen sanciones o nos suspenden.”
Están expuestxs a una extorsión y un sometimiento permanentes.
-Exacto. Tenés que tratarlos bien aunque se zarpen. Muchas veces salen a recibir el pedido en calzoncillos. Nos exponen todo el tiempo y el protocolo soporte de cualquiera de las empresas sólo protege al pedido y al cliente. Ni hablar que el soporte está en otros países, ni siquiera puede responder a cosas concretas que tengan que ver con la Argentina. No tienen idea de lo que les estamos hablando. Compañeros que fueron atropellados le hablaban al soporte, y éstos, en lugar de llamar a una ambulancia, les preguntaban cuándo iban a llevar el pedido porque si no se lo descontaban. 
¿Y si te contagiás coronavirus en la jornada laboral?
-Somos “esenciales” para el trabajo pero no para los derechos laborales. Ahora las aplicaciones sumaron pedidos para retirar productos de los supermercados, donde se registra una altísima tasa de contagios entre su personal, pero no hay protocolos de resguardo o aislamiento para la piba o el pibe repartidor que retiran productos de sucursales donde hubo casos de coronavirus. Tampoco hay protocolos de cuidado para los shoppers, los pibes que hacen las compras adentro del supermercado. Un compañero tuvo que ir por su propia voluntad a hacerse un test, por la falta de cobertura. Le confirmaron que tenía coronavirus, lo mandaron a hacer la cuarentena y dejó de cobrar. Punto.
Es una bomba de tiempo.
-Sí, porque además si una piba o un pibe no tienen las condiciones para cuidarse y están yendo de supermercado en supermercado, van a distribuir coronavirus a todas las casas donde entreguen. Para les usuaries es un riesgo enorme. Al final es más peligroso pedir delivery que salir a comprar. Tenemos un slogan que dice “mientras nosotros contamos los muertos, las empresas cuentan sus ganancias”.
Al final, los cuerpos nunca cuentan.
-¿Y a vos qué te parece?
                                                                        ***
La revuelta repartista

martes, 28 de julio de 2020

La crisis del Poder Judicial y la necesidad de su reforma

El Poder Judicial tiene la función de garantizar el Estado de derecho, resolver los conflictos que se presentan en toda comunidad y asegurar la vigencia de los derechos. Desde hace ya muchos años padece tres órdenes de problemas que dificultan el cumplimiento de estas funciones.

Estos problemas –de orden institucional, funcional y cultural– han provocado una grave crisis de legitimidad del Poder Judicial. Según diversos estudios, alrededor del setenta por ciento de los argentinos descree del Poder Judicial. Estos números son más preocupantes respecto de la Corte Suprema, que exhibe un nivel de insatisfacción que ronda el ochenta por ciento, según un estudio de la Universidad de San Andrés. Lo cierto es que el desprestigio de una parte del Poder Judicial se derrama sobre el resto de los magistrados que cumplen adecuadamente sus funciones.
Ningún órgano de gobierno puede funcionar adecuadamente con semejantes niveles de desconfianza ciudadana. A diferencia de lo que ocurre con los poderes políticos, el Poder Judicial no puede resolver sus problemas de legitimidad en las urnas. Se trata, además, del único órgano de gobierno en el que la opacidad es la regla tanto para su administración como respecto de la forma en que construye y hace públicas sus decisiones. En efecto, carece de las instancias de vigilancia y control ciudadano de los poderes políticos.
Entre los problemas de orden institucional son particularmente graves la falta de independencia externa, respecto del poder político, económico y mediático; como interna, respecto de tribunales superiores o magistrados influyentes; la opacidad de su administración y la ausencia de mecanismos de rendición de cuentas. Por otro lado, la carencia de una cultura de diálogo interinstitucional –el viejo sistema de frenos y contrapesos– obtura la posibilidad de arribar a decisiones judiciales con mayor respaldo democrático.
La excesiva concentración de poder es inadmisible en una república. En la Corte solo cinco personas tienen la última palabra sobre la constitucionalidad de leyes, decretos y actos administrativos emanados de autoridades elegidas por el voto popular. Si consideramos que los fallos suelen ser divididos, la mayoría se logra con apenas tres votos, y en consecuencia la jurisprudencia tiende a ser más variable. Por otro lado, una Corte reducida ofrece menos posibilidades de pluralidad de género, de especialidad, de carrera profesional, de procedencia geográfica, etc. Es tiempo además de que la cabeza del Poder Judicial tenga una integración con paridad de género.
Es necesario revisar el funcionamiento de la Corte. Desde 1909 y por una construcción pretoriana, se atribuyó la competencia de revisar hechos y derecho de las sentencias de tribunales inferiores, convirtiéndose en una instancia más tanto en materia federal como de derecho común. Esta competencia autoatribuida representa la mayor actividad de la Corte y la razón del abarrotamiento de causas. En busca de una solución, en 1990 se introdujo otro problema: el artículo 280 del Código Procesal Civil y Comercial de la Nación, que permite al tribunal rechazar sin fundamento alguno las causas que no quiere resolver.
La concentración de poder en la justicia penal federal porteña –un fuero que fue reconfigurado en la década del noventa para ser garante de la impunidad de los hechos de corrupción, al tiempo en que se profundizaba su connivencia con los servicios de inteligencia– se ha revelado como un grave problema institucional en los últimos cuatro años, en los que se han armado causas penales con testigos guionados, pericias fraguadas, imputados extorsionados o remunerados por el poder político, y se ha hecho un uso abusivo de la prisión preventiva.
El Consejo de la Magistratura es una institución fallida que no ha cumplido adecuadamente las funciones de selección, sanción y remoción de magistrados, que continúa disputando la administración del Poder Judicial con la Corte, y que no tiene una integración equilibrada tal como prescribe la Constitución.
Los problemas de orden funcional se manifiestan en los obstáculos materiales y simbólicos para el acceso a la justicia, como la ausencia de un patrocinio gratuito en todos los fueros para quienes lo necesiten, los elevados costos de litigar, el problema de la centralización geográfica, las deficiencias de infraestructura y digitalización, la incapacidad para resolver problemas comunes de los ciudadanos en forma eficiente, en plazos y con costos razonables; la lejanía del Poder Judicial respecto de la ciudadanía en general y, en particular, de las necesidades e intereses de los sectores populares y vulnerados.
Más difíciles de contrarrestar, en cambio, son los problemas de orden cultural: el corporativismo, la endogamia, el nepotismo, el elitismo, la escasa fundamentación de buena parte de sus sentencias, el uso de un lenguaje críptico, la resistencia al cambio, el machismo y la misoginia; la reticencia al examen, al control del desempeño, a la rendición de cuentas y a la implementación del ingreso democrático; el verticalismo, el apego a los privilegios y, en general, la falta de un proceso de incorporación de valores y prácticas como los que fueron adoptando los otros órganos de gobierno a partir de la transición democrática.
El Presidente ha demostrado que conoce estos problemas y las reformas que se discuten van en la dirección correcta. Es importante que este proceso de reforma sea participativo e inclusivo, que las políticas que se impulsen tengan un sustento empírico y que, cuando se carezca de los datos suficientes, se los produzca.
Más allá de las distintas políticas públicas que pueden impulsarse para resolver estos problemas del Poder Judicial, las reformas a encarar deben promover un servicio de justicia basado en el acceso igualitario, la proximidad, la transparencia y la eficiencia, con el fin de potenciar las capacidades del sistema para ofrecer soluciones concretas a los problemas de los ciudadanos, con una mayor sensibilidad por las necesidades de los sectores más vulnerados. Se trata, en definitiva, de garantizar la efectividad de los derechos.
Hoy estamos muy lejos de eso. Bienvenido sea este primer paso.
* Roberto Carlés es Doctor en Derecho. Secretario de la Asociación Latinoamericana de Derecho Penal y Criminología.

martes, 21 de julio de 2020

Qué bien vendría un Consejo (Económico y Social)


El presidente Alberto Fernández anunció la creación de un Consejo Económico Social (CES) en sus dos discursos ante la Asamblea Legislativa, en diciembre de 2019 y en marzo de este año. La iniciativa se demoró por motivos variados, la pandemia no es el menor ni el único. Otro factor que frenó el impulso inicial fue el rechazo del exministro Roberto Lavagna a presidir el organismo. AF pensaba en que un dirigente de alto nivel, vasto reconocimiento y experiencia de gestión jerarquizaría y conduciría bien a la novedad. Pero esperar a Lavagna se mostró vano como pasaba con Godot en la obra teatral. O la carroza en el dicho popular.

Spoiler: esta columna mociona que el CES sería un aporte a la institucionalidad, una caja de resonancia útil durante la crisis. Un ámbito consultivo en el que confluirían representaciones gremiales, patronales, sociales, organizaciones de consumidores, autoridades políticas y varios etcéteras.
La tradición argentina es avara en ese tipo de experiencias. Nuestro país, aún tras la devastación macrista, cuenta con la legislación laboral y social más avanzada de América Latina. Sus instituciones superan en cantidad y en calidad a las de países vecinos y hermanos. La falta de CES constituye una excepción: en Brasil y México, sí funcionan, con características propias y color local.
Ventilar los conflictos o divergencias o proyectos es un primer paso para tramitarlos. Hacerlo en un espacio con reglas de juego, reuniones periódicas, cierto grado de paridad de los exponentes, airearía al sistema.
La experiencia mundial comparada ofrece ejemplos por doquier.
Tras la recuperación democrática hubo dos ensayos, en 2001-2002 y en la primera presidencia de Cristina Kirchner. El primero funcionó un cachito. El segundo quedó apenas en propuesta. Vale la pena recordarlos, brevemente.
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La mesa de Angulo: El Diálogo Argentino se convocó cuando el gobierno de Fernando de la Rúa transitaba sus últimos pasos hacia el abismo. Sobrevivió durante la presidencia provisoria de Eduardo Duhalde. Tal vez sea el episodio político más sobrevalorado del siglo XXI. Las loas excesivas que cosecha quizá tengan que ver con la obsecuencia que generan las movidas de la jerarquía de la Iglesia Católica.
El numen del Diálogo fue el español Carmelo Angulo representante en Argentina del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Un cuadro político vivaracho y fabulador, que llamaba “nuestra Moncloa” a las tan simpáticas como ineficaces instancias que se iban conformando. Un escollo insalvable era que, ante una crisis terminal, todos los asistentes estaban de acuerdo en una sola cosa: todos los sectores debían hacer sacrificios, menos el que ellos representaban.
Se hizo difícil progresar, salvo para Angulo que fue designado embajador por el presidente de su país, José Luis Rodríguez Zapatero. Se destacó por hacer lobby tenaz a favor de Telefónica exigiendo aumentos de tarifas y por haber recibido al obispo castrense Antonio Baseotto, aquel que proponía arrojar al mar con una soga atada al cuello al entonces ministro de Salud, Ginés González García por respaldar el aborto no punible. El entonces presidente Néstor Kirchner le pidió a su par hispano que lo removiera y así sucedió.
Se le atribuye a la Moncloa gaucha haber “instalado” la necesidad del Ingreso Ciudadano Universal. En verdad, el mérito fue de la CTA y las movilizaciones del Frente Nacional contra la pobreza (FRENAPO). Y hasta de Duhalde que llevó a la práctica el programa Jefes y Jefas de Hogar. Cristina Kirchner mejoró cualitativamente la movida al legislar la Asignación Universal por Hijo (AUH).
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La tentativa de Cristina: CFK prometió la creación de un CES durante la campaña electoral de 2007. Proyectaba un organismo consultivo que trataría todos los proyectos de ley referidos a cuestiones económico-sociales. Debía obligatoriamente producir dictámenes tras debatir. No vinculantes para el Ejecutivo o el Congreso. 
Cristina se inspiró en un órgano tripartito español que presidía el empresario José María Cuevas a quien conoció en una reunión de la Organización Internacional del Trabajo (OIT). Cuevas encabezaba la CEOE, una mega corporación empresaria más poderosa que la AEA y la UIA sumadas.
A pocos meses de asumir Cristina, principios de 2008, estalló el conflicto con las patronales agropecuarias que dinamitó los posibles puentes.
Se intentó reflotarlo un año después a despecho del veto “del campo”. Le faltó plafón y apoyo de los otros sectores productivos.
De cualquier modo, el formato menos “universalista” que la Mesa del Diálogo es sugestivo.
Volvamos a nuestro presente tormentoso,
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Para concretar el diálogo: Está de moda discutir acerca del diálogo. Numerosos exponentes de la oposición lo exigen. A menudo ante micrófonos amigables o anche serviciales, monologando a los gritos. El oxímoron casi siempre cuaja bien en la política doméstica.
El Congreso funciona con vicisitudes y estrépito. La coordinación y el trabajo conjunto entre el Presidente, gobernadores e intendentes alcanza niveles incomparables a los de cualquier otra etapa.
De cualquier modo, sumaría la creación de un marco regulado por ley para debatir, polemizar y proponer. La puesta en escena de las discusiones las realza y divulga. Un espacio en el que distintos sectores convivan y se enfrenten, con horarios, tiempos de exposición y metas concretas a cumplir innovaría institucionalmente.
Un grado de horizontalidad pondría a los lobbies ante un desafío inusual: dejarse ver, mostrarse, tener que atender a quien los contradiga. Bosquejaría controversias interesantes accesibles a la gente común.
Uno descree de la expresión “políticas de Estado” cuando se utiliza para negar las contradicciones que existen en la sociedad civil y en el sistema capitalista. Pero supone que encauzar la diversidad conlleva una virtud, un grado de ejemplaridad.
Los obstáculos imaginables son varios empezando por la lista de participantes en un sistema de representación fragmentado por donde se lo mire. Pero sería un paso adelante, infinitamente más promisorio que las charlas de quincho, las reuniones intermitentes y asistemáticas. Darle impulso al CES justo en la era del zoom sabe a poco pero ese es el contexto.
El CES expondría a grandes jugadores que claman por el diálogo. La visibilidad, connatural a la democracia de masas, constituiría una de sus virtudes.
En una de esas, un espacio organizado, inteligible, abierto a la mirada de la opinión pública contrapesaría la sobreoferta de sucedáneos mediáticos de Animales Sueltos. O a las charlas sigilosas, bajo el cono del silencio, género preferido de los poderes fácticos.
Fuente:Pagina/12

Margaret Randall: "Estados Unidos es una república bananera"

La neoyorquina escribió los 38 poemas del volumen en un momento extraordinario, entre marzo y mayo de 2020, con el avance mundial de la Covid-19.
Randall es militante feminista, activista social y autora de más de 150 libros.
Randall es militante feminista, activista social y autora de más de 150 libros. 
A los 83 años, la poeta beat escribe poemas con el temblor indómito de las preguntas. Una constante en la prodigiosa vida de Margaret Randall -militante feminista, activista social, autora de más de 150 libros de poesía, ensayo e historia oral- ha sido la contracultura y la búsqueda de justicia. En México, adonde llegó a principios de los años '60 con Gregory, su primer hijo de 10 meses, fundó la revista bilingüe de poesía El corno emplumado - The Plumed Horn, junto al poeta mexicano Sergio Mondragón, su pareja entonces y el padre de dos de sus hijas, Sarah y Ximena. La revista difundió por primera vez en español a Allen Ginsberg y a Ernesto Cardenal en inglés.
La poeta neoyorquina -criada en Albuquerque- apoyó la lucha de los estudiantes mexicanos en el '68, y sufrió la represión cuando dos paramilitares entraron a su casa y le quitaron el pasaporte. Ella y sus cuatro hijos -la última es Ana, que tuvo con el poeta norteamericano Robert Cohen- se exiliaron en La Habana. Durante la intensa década que vivió en Cuba conoció a Rodolfo Walsh, fue amiga de Roberto Fernández Retamar y colaboró en la Casa de las Américas. Después del triunfo de la Revolución Sandinista, vivió en Nicaragua, hasta que en 1984 regresó a su país.
El gobierno estadounidense intentó deportarla porque sus libros “estaban en contra del buen orden y la felicidad de los Estados Unidos”. Acompañada por un gran número de escritores y otras personalidades, como Norman Mailer, Arthur Miller, Kurt Vonnegut y Toni Morrison, la batalla por la reintegración de su ciudadanía duró cinco años. También estuvo en Vietnam del Norte en 1974, durante los heroicos últimos meses de la guerra de los Estados Unidos en ese país, “donde los paisanos en bicicleta/ resistieron al ejército más grande el mundo/ y prevalecieron”, escribió en el poema “David contra Goliat, el invasor”. 
A los 50 años descubrió su lesbianismo, se enamoró de la pintora Barbara Byers -“el amor de mi vida”, la define-, su compañera desde hace 34 años, con la que se casó en 2013. “Con los pocos, me levanté/ contra los muchos./ Tomé mi puesto/ en batallas hercúleas/ mientras los camaradas caían/ a mi alrededor./ Combatí a un gobierno/ que intentó deportarme/ porque no le gustaba/ lo que escribía/ ni que fuera una mujer/ que no iba a pedir perdón./ En la lucha/ el propio movimiento/ impulsa/ y una no se detiene,/ porque movimiento/ es energía./ Pero esta ofensiva/ contra el virus/ es defensiva por naturaleza./ Hay que refugiarse en el lugar,/ mantener la calma, resistir/ en el silencio unísono/. Nuestro desafío: construir/ fuerza ofensiva/ a partir de/ una posición defensiva,/ como el polen de una flor/ cuando la abeja/ entra”, plantea la poeta en “Como el polen de una flor”, incluido en Estrellas de mar sobre una playa. Los poemas de la pandemia, edición bilingüe con traducción de Sandra Toro, que inaugura la colección “Concierto animal”, homenaje a la poeta peruana Blanca Varela, dirigida por el poeta colombiano Fredy Yezzed, de la editorial Abisinia. La bellísima edición de este - libro -que tiene mosaicos marroquíes y pinturas de Byersse- se presentará este miércoles 22 a las 21 por el Facebook Live de RITA (Red de Investigaciones de Tecnología Avanzada) de la bogotana Universidad Distrital Francisco José de Caldas.
En el prólogo del libro, Randall (Nueva York, 6 de diciembre de 1936) cuenta que escribió los 38 poemas en un momento extraordinario, entre marzo y mayo de 2020, con el avance mundial de la Covid-19. “Yo creo que la poesía -el arte en general- es tan necesaria para la vida como lo es el aire, el agua, el sustento, la salud. Quizás es mucho pedir que transforme al mundo, pero sensibiliza a la gente y la hace cuestionar, soñar, cambiar, transformar sus relaciones humanas, sus comunidades y naciones”, dice la poeta estadounidense desde Albuquerque en la entrevista con Página/12.
-“Queremos creer que este espanto/ va a cambiarnos el futuro para mejor./ Y no sabemos”, escribís en uno de los poemas. Como poeta, como militante feminista y activista social, ¿qué importancia tiene dar testimonio de este “no saber” a través de la poesía?
-Detesto esa absoluta seguridad que suelen tener los militantes de cualquier movimiento... o cualquier persona, realmente. Por eso, me interesan las preguntas más que las respuestas. Cuando digo que “queremos creer que este espanto / va a cambiarnos el futuro para mejor. / Y no sabemos” es que realmente no sabemos cómo esta pandemia va a cambiar al mundo, en cuanto a la salud, en cuanto a lo económico, en lo social y cultural. Los gobiernos han respondido de formas muy diversas. Lo que se ha evidenciado es que necesitamos profundos cambios sistémicos. Y no sabemos si esa necesidad va a quedar en promesas o si va a poder materializarse de alguna manera. Lograr ese cambio necesario es responsibilidad nuestra.
-“Quiero pasar por esto/ con dignidad también,/ con mis ideales pintados/ en carteles bien altos”. ¿Cómo estar con los otros en tiempos en que por cuestiones sanitarias se impone la distancia socia, cuando lo que hizo tu generación fue pelear para achicar las distancias que generan las desigualdades?
-Bueno, mi generación peleó por achicar las distancias que generan las desigualdades, es cierto. Pero ojo: no todas las desigualdades. Más bien, trabajamos por reducir las distancias de clase, pero no prestamos suficiente atención a las desigualdades de género, de raza. No consideramos la realidad de los homosexuales, los trans, las personas con discapacidades físicas o mentales. Siempre dejamos afuera algún grupo. El distanciamiento social, tan necesario en tiempos de pandemia, no es el problema, sino el hecho de dejar afuera grandes grupos sociales. Mi ideal es que todos y todas tengan voz y voto.
-¿Cuándo comenzó tu conciencia política y social, tu militancia? ¿Quiénes fueron los que te ayudaron a luchar?
-Nací en 1936 y crecí en los años '50, años terribles de una sofocante hipocresía social, sobre todo para la mujer. Creo que he sido luchadora desde mi infancia, pues fui víctima de incesto por parte de mi abuelo materno y creo que los que sufrimos la injusticia siempre buscamos la justicia. Después, participé en el movimiento estudiantil mexicano en el '68. La Revolución cubana fue muy impactante en mi vida, así como los sandinistas nicaragüenses de principios de los '80. Y tuve la suerte de tener mentores importantes: artistas, poetas, revolucionarios.
-En la década del '60 viviste en México y fundaste la revista bilingüe El Corno Emplumado - The Plumed Horn. ¿Qué perspectiva cultural y política te aportó la experiencia mexicana?
-Llegué a México como madre soltera con mi hijo de diez meses a fines del '61. Vivir en México me dio una fuerte lección en cómo mi país de origen, Estados Unidos, intenta controlar y explotar a los países dentro de su órbita. Además, México es un país muy rico en culturas indígenas y tiene la política de dar refugio a gente perseguida de todas partes. Vivir allí durante los turbulentos años '60 fue una experiencia muy rica. A través de la revista, además, conocí a poetas y artistas de muchas partes (durante la vida de la revista publicamos más de 700 personas de 35 países). Todo eso me aportó muchísimo.
-En el prólogo de Estrellas de mar sobre una playa recordás la solidaridad de larga data de Cuba, que suele enviar médicos a los países que más lo necesitan. ¿Cómo fue tu vida en La Habana y qué impacto tuvo en tu formación?
-Tuve la suerte de vivir en Cuba durante la segunda década de la revolución. Fueron los años gloriosos del proceso. Allí participé en un proceso de cambio social que me enseñó que la justicia es posible. No fue ni es un proceso perfecto, pero motivó una gran esperanza en toda América latina y en el mundo. La solidaridad de los médicos cubanos que viajan a los rincones más apartados con sus conocimientos es única. Escribí un libro, Exporting Revolution: Cuba's Global Solidarity, que Duke University Press publicó en 2017. Ese libro cuenta la solidaridad no solamente de los trabajadores cubanos internacionalistas de la salud sino de sus maestros, militares, ingenieros y científicos. Conocí personalmente a muchos internacionalistas cubanos: a la maestra de quinto año de primaria de mi hija menor, que fue por dos años a Nicaragua, a un amigo que peleó en Angola, a un científico social que trabajó en Haití y una doctora que fue a Eritrea. Todos brillantes, cariñosos y abnegados.
-Hay una foto muy bonita en la que estás con Rodolfo Walsh en Cuba. ¿Me contás el backstage de esa foto? ¿De qué estaban conversando?
-No me acuerdo de lo que estábamos hablando en el momento de tomar esa foto. Recuerdo que estábamos en el aeropuerto de La Habana. Walsh acaba de arribar para participar en el jurado Casa de las Américas de 1970. Yo tambien fui jurado ese año, aunque él estaba en el género de testimonio y yo en el de poesía. Allí nos conocimos y entablamos una amistad que duró hasta su muerte, aunque ya lo conocía por referencia, pues había leído su libro Operación masacre. Yo empezaba a escribir testimonio en aquellos años.
-¿Qué impacto tuvo en tu poesía, en tu escritura, leer a Vallejo, a Gelman, a Cardenal?
-Leer a Vallejo me cambió el concepto del lenguaje, a pesar de que yo escribo en inglés y leía a Vallejo en español. Ernesto Cardenal fue una de las grandes voces latinoamericanas de mi generación. Estuvo con nosotros desde los primeros números de El Corno Emplumado, y la revista lo publicó por primera vez en inglés. Y a Gelman le considero uno de los mejores poetas de todos los tiempos. Fue otro que cambió el lenguaje. Seguramente todos ellos, así como muchos otros, tuvieron una influencia en mi obra. Aunque debo decir que reconozco influencias diversas: del paisaje desértico del suroeste norteamericano, de las ideas y de la vida común.
-Tal vez uno de los momentos más dolorosos en tu vida fue cuando regresaste a Estados Unidos y quisieron deportarte invocando la ley MC Carran-Walter de Inmigración y Nacionalidad, de 1952. ¿Por qué el gobierno de Reagan consideró que las opiniones expresadas en algunos de tus libros estaban “en contra del buen orden y la felicidad de los Estados Unidos”?
-Fue doloroso, sí, pero más que nada fue un reto: luchar por la libertad de expresión frente a un gobierno de derecha que había negado la entrada a Estados Unidos a muchas personas valiosas. Esos cinco años me enseñaron mucho. Tuve mucho apoyo, así que me enseñaron también el valor de la solidaridad. La orden de deportación en mi contra fue por opiniones expresadas en algunos de mis libros. Esa lucha tuvo lugar durante la presidencia de Reagan, un presidente de derecha. Sin embargo, si tuviera que pelear hoy por lo mismo, dudo que ganaría. La administración de Trump sobrepasa cualquier otra en términos de fanatismo y criminalidad; es verdaderamente fascista.
-“Todo odiador tiene su momento/ en la historia”, se lee en otro poema de tu libro. ¿Pensaste en Trump cuando escribiste estos versos?
-Claro que pensé en Trump. Pero tambien en anteriores odiadores de la historia: los que lucharon en contra de los indios, los que trajeron a los esclavos, los que mantuvieron a ciudadanos de origen japonés en campos de concentración durante la Segunda Guerra Mundial, y los que dejaron caer las primeras bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, así como los policías que rutinariamente matan a hombres y niños negros hoy en día. A través de la historia, y en todos los países, han existido los que odian y manejan su odio matando a gusto.
-De cara a las próximas elecciones, y de acuerdo a las últimas encuestas que hablan de una ventaja de Biden (52%) contra Trump (37%), ¿cómo imaginás el futuro político de Estados Unidos?
-Yo temo que Trump gane, si no por las buenas, por las malas.
-¿Cómo sería ganar por las malas?
-Los republicanos han estado metiéndose con el voto por muchos años. Ha habido fraude con las máquinas de votar, intimidación a las comunidades negras y otras minorías, “gerrymandering” (no sé cómo decirlo en español, es una redistribución de las áreas votantes para favorecer a los republicanos) y muchos otros métodos. Un método que fue apoyado por la Corte Suprema esta semana es una ley en contra de los que salen de las cárceles después de haber cometido un crimen federal, que no tienen derecho al sufragio de por vida. Todos estos cambios favorecen a los republicanos, los blancos, los ricos. Cuando digo que puede ganar por las malas, me refiero a todo eso. Pero está el temor, también, de que aun ganando Biden, Trump podría negarse a salir de la presidencia. Un especie de golpe de estado sin sangre. Y es que el hombre tiene un sólido apoyo todavía en varios sectores, entre ellos los militares. De hecho, en 2016 Hillary Clinton ganó miles de votos más que Trump, pero perdió por la maniobras del Colegio Electoral. Es que, créase o no, vivimos en “una república bananera”.

La ficha

Margaret Randall, matriarca sabia e incansable, ha sido reconocida en 1990 con el Premio Lillian Hellman y Dashiell Hammett para escritores víctimas de la represión. En 2019 ganó el premio Poeta de Dos Hemisferios de Poesía en Paralelo Cero (Quito, Ecuador) y recibió la Medalla Haydée Santamaría de Casa de las Américas (La Habana, Cuba). En 2020 fue merecedora del Premio George Garret Prize de la Asociación Estadounidense de Escritores y Programas de Literatura (AWP). En 2018 salió su poesía reunida en el libro Time’s Language: Selected Poems 1959-2018 (Wings Press, San Antonio, Texas). En español están publicados varios de sus libros, como Las mujeres, Todas estamos despiertas hoy. Testimonios de la mujer nicaragüense hoy; Contra la atrocidad y la antología poética Esto sucede cuando el corazón de una mujer se rompe y Como si la silla vacía, doce poemas que hablan con claridad y precisión acerca de la realidad de los desaparecidos en América Latina. En 2002 se filmó The Unapologetic Life of Margaret Randall (La vida sin complejos de Margaret Randall), un documental de una hora de duración, dirigido por las cineastas Lu Lippold y Pam Colby.

Textual

La pandemia mira y elige

Una está confinada en una casa amplia y luminosa
con una alacena bien surtida,
otra en un sótano húmedo
o en una carpa indigente.
Una se sienta frente a la pantalla
de su pc a disfrutar de la explosión
cotidiana de hilaridad
que genera esta plaga mortífera.
Otras no pueden escapar de la mano
Traicionara de un tío o del cinturón del
papá: su cuarentena personal de
pesadilla diurna.
Uno se queja de su incapacidad para
trabajar desde la casa, mientras la vecina
se prepara con lágrimas en los ojos
para una guardia de hospital.
En esto estamos todos juntos
pero no somos iguales.
Como todo atacante, la pandemia
mira y elige.
*Poema publicado en Estrellas de mar sobre una playa (Abisinia).