lunes, 19 de marzo de 2018

Los prolegómenos del Mayo del 68 francés: El "Movimiento 22 de Marzo"

Henri Weber

Daniel Bensaid

18/03/2018
Hace cincuenta años, 150 estudiantes se encerraban en la Universidad parisina de Nanterre y constituían el "Movimiento 22 de Marzo". La historia de como se llegó a este encierro y como se convertiría en la chispa que haría estallar el Mayo del 68 francés la recogieron poco después en un libro, "Mayo del 68: Un ensayo general", dos de los protagonistas de aquellos acontecimientos: Daniel Bensaïd y Henri Weber. El paso del tiempo muestra inclemente todas las limitaciones de los análisis de la época, pero no obvia la importancia del testimonio "en caliente" de lo que pensaba un sector significativo de los jóvenes revolucionarios del Mayo del 68 francés. De ese libro hemos extraido una serie de capítulos sobre como nació el "Movimiento 22 de Marzo". SP
Movimiento estudiantil antiguo y nuevo
Durante mucho tiempo, los estudiantes militantes de vanguardia, preocupados por la difícil dialéctica de las relaciones entre partido y sindicato, se esforzaron en calcar en la UNEF el modelo de los sindicatos obreros. Ese mimetismo estrecho, víctima del vocabulario y a veces de los esquemas estalinianos, trataba de confirmar a la vanguardia en su papel. Se habla de huelga, de lucha sindical, más por voluntad de identificación que por afán de análisis.
En verdad, la UNEF captó la atención de las masas en función de acontecimientos políticos sucedidos fuera del campo universitario. Durante la guerra de Argelia, mientras el PC caía en el oportunismo más adocenado, la UNEF pasaba, al contrario, de asociación corporativa, conservatorio del folklore estudiantil, a la organización política de masas, gracias a la firmeza de sus posiciones.
Acabada la guerra de Argelia, algunos dirigentes de la UNEF, cuidando de evitarle las fluctuaciones de la coyuntura internacional y de darle una plataforma permanente de acción, idearon una línea y una ”pedagogía” sindicales, partiendo de los intereses universitarios de los estudiantes para inducirlos, sin apriorismo político, a entender la función social de la universidad burguesa. Como el todo determina la parte, esa función era perceptible en el contenido y los métodos de enseñanza, y de ahí debía salir la impugnación.
Entró entonces la UNEF en un periodo de estancamiento y hasta de deterioro. Fuera de toda lucha, era el momento de interminables debates escolásticos sobre la virtud revolucionaria, ”no integrable”, de tal o cual consigna. La UNEF se convertía en el refugio de los militantes de vanguardia que habían roto con la UEC. Allí no podían hacer otra cosa que rumiar un programa revolucionario para el movimiento estudiantil y comprobar la incompatibilidad de ese programa con el reformismo del movimiento obrero. Pensando que la UNEF era un sindicato no se podía pensar en enlazar las luchas estudiantiles y las luchas obreras sino en términos de intersindicalismo. O sea partiendo de ”problemas comunes” considerados como temas de conexión: el empleo, la formación, el seguro social. Además, desentrañar las raíces económicas comunes a las luchas obreras y estudiantiles parecía propio del marxismo más ortodoxo...
El vicio de razonamiento, como hemos visto, reside en el postulado inicial que concibe a la UNEF a imagen y semejanza del sindicato obrero, la politización progresiva de los estudiantes a partir de sus intereses económicos, a imagen y semejanza de la politización de los obreros. Sin embargo, la UNEF, como ”organización de defensa de los intereses homogéneos de los estudiantes”, pronto deja ver su incoherencia. No puede reducirse el conjunto de los estudiantes a un factor común: su presencia en la Universidad. Eso sería mutilar la complejidad de su posición. No todos tienen el mismo origen, y sobre todo no todos tienen el mismo porvenir. Sin embargo, en todas las facultades y en todas las disciplinas se halla la bipartición del movimiento estudiantil en ”derecha” e ”izquierda”. La verdad es que la clave del movimiento estudiantil se halla en otra parte que en la Universidad: en el contexto político general.
Muy pronto se ve que la UNEF no constituye ya la estructura de movilización de masas del estudiantado. La nueva generación estudiantil ha llegado a la política en un contexto específico, nacional e internacional, muy diferente del contexto de 1962. Su marco de referencia política está por ello considerablemente cambiado. En particular, la nueva generación estudiantil no comparte el mimetismo estrecho de las mayores respecto de las organizaciones obreras. Su rebeldía política no está expresada en el diario y rutinario ajetreo de la actividad ”sindical”. Su voluntad de acción, de réplica, de debate, no se halla a gusto en las estructuras sindicales, propicias a las emboscadas de tendencias, a las batallas de mociones, a las maniobras en los pasillos. La organización sindical, la clase de conflictos que implica, la práctica militante que permite, no responden ya a lo que esperan los estudiantes.
En el marco del reflujo, ese estado de hecho se manifestaba simplemente por la desafección masiva. En el contexto general de incremento de las luchas, se manifiesta por la aparición espontánea de nuevas formas de organización. Los comités de acción de las secundarias rechazan ya categóricamente el juego del sindicato. Los CAL no quieren ser una sección sindical de la secundaria; se afirman inmediatamente como organización política que agrupa a los estudiantes de secundaria de extrema izquierda que están de acuerdo con cierto tipo de acción. El nuevo movimiento estudiantil se forma en Nanterre en la primavera de 1968. En rebeldía ante las estructuras ”sindicales”, es de la misma naturaleza que los movimientos berlinés o italiano. Los dos movimientos estudiantiles, la UNEF y el ”22 de Marzo” coexisten algunos meses, sin entenderse. Y a principios de mayo, el ”22 de Marzo” va a París.
El modelo nanterrés y el ”22 de Marzo”
Durante el año, la prensa ha tratado de exorcizar el ”fenómeno nanterrés” presentándolo como una excentricidad casi exótica; en cuanto a la estación de la ”Folie” (Locura), servía para sugerir una sombría fatalidad procedente de lo más recóndito de la historia. La facultad de Nanterre, de construcción reciente, no tiene tradiciones, ejemplos ni rodajes bien rodados; en ese terreno privilegiado, las luchas estudiantiles recorrieron en un año, con una pureza que nos deja estupefactos retrospectivamente, la evolución política tipo.
La escalada reivindicativa y sus callejones sin salida
No es posible comprender el ”22 de Marzo” sin volver a la ”gran huelga” reivindicativa de noviembre de 1967. Mientras una semana antes, en un mitin de la UNEF se congregaban 500 personas, la huelga partió de la base, casi espontáneamente. Dos grupos de TP (Trabajos Prácticos) de primer año del segundo ciclo de sociología suspendían las labores ante la incoherencia de las equivalencias. Los militantes que habían puesto en marcha el movimiento recorrían la sección de Ciencias Humanas, y pronto se extendía el movimiento como una mancha de aceite. La UNEF, embrionaria y balbuciente, quedaba subsumida. Diez mil estudiantes estuvieron ausentes de los cursos durante ocho días, para organizarse sobre el terreno y elaborar cuadernos de reclamaciones.
La plataforma reivindicativa era políticamente modesta: revisión de las equivalencias, máximo de 25 estudiantes por grupo de TP para conseguir un encuadre pedagógico decente, oposición al control administrativo de la asiduidad, más reivindicaciones materiales relativas a la biblioteca y la piscina... Una plataforma tan poco ambiciosa, tan razonable incluso iba a poner al descubierto lo que era el mecanismo administrativo cuando se planteaba el problema de la negociación en los diversos niveles.
En el nivel de la disciplina, los delegados de TP elegidos se reunían con los profesores; en el nivel de la facultad, un comité de huelga en el que había sindicados y no sindicados se reunía con la asamblea de facultad. Algunos de los profesores más avanzados pensaban hacer de esas comisiones paritarias ejemplos de renovación de la Universidad, capaces de quitar peligrosidad al movimiento y de integrarlo. Pero hubiera sido necesario tener algo que negociar...
En un artículo de Le Monde se quejaba el sociólogo Touraine de la centralización del poder y pedía que los centros de decisión se desmultiplicarán con el fin de que las comisiones paritarias pudieran tomar en consideración las reivindicaciones estudiantiles y tuvieran algo con qué tratar; porque sin eso resultarían ellos impotentes, inútiles, y lanzarían el movimiento estudiantil hacia otras soluciones. Sin poder y sin medios, cada ”responsable” se escudaba en su superior jerárquico. La escalada reivindicativa debía pasar por el consejo de sección, el consejo de facultad y el decano para llegar a aplastarse, ya sin aliento, contra el todopoderoso ministerio, atrincherado fuera del alcance del ghetto nanterrés.
Desde ese momento una sencilla lógica de sentido común, aunque fuera aristotélica, escolástica, universitaria y no dialéctica, permitía sacar las dos grandes lecciones de aquel asunto.
a) El movimiento reivindicativo se había atascado tras haber obtenido satisfacción en algunos puntos mínimos. Argumentando con las estadísticas oficiales, con los imperativos a breve plazo de la economía, con gallos de pelea, con V Plan y reglamentos, el ministerio (el Estado) respondía ‘niet’ en lo esencial. De donde deducían los más avisados que el problema era ”en última instancia un problema político”: el de la elección (por la burguesía) de los objetivos prioritarios de la economía (capitalista) a que debía subordinarse la Universidad. O bien se inclinaba uno ante la razonable argumentación del ministerio (y muchos estudiantes lo hicieron así, porque veían en ello la expresión de ”sus intereses bien comprendidos”) o bien rechazaba el principio último (el beneficio capitalista) que le asestaban y cavilaba cuáles serían los medios de la lucha, consciente ya, en el terreno político donde se planteaba a todas luces.
b) De esta primera lección se deducía una segunda: luchar políticamente contra las prioridades capitalistas del gobierno significa luchar junto a la fuerza realmente resuelta a derribar el sistema, o sea la clase obrera. Pero la clase obrera no es una esencia metafísica, y se manifiesta por medio de sus organizaciones. Ahora bien, las directivas obreras actualmente reconocidas por las masas no tienen por objetivo derribar el sistema sino ser admitidas en él. Todavía lo probaban al día siguiente de la huelga de Nanterre replicando (tardíamente) a las ordenanzas... con el 13 de diciembre.
Se planteaba aquí dolorosa y concretamente el problema de la conexión entre las luchas estudiantiles y las obreras: para derribar la universidad burguesa es necesario luchar junto a las organizaciones obreras contra la sociedad capitalista en su conjunto; pero las organizaciones obreras... La huelga presentaba claramente la gama de las posibilidades:
—O bien la UEC es lo bastante fuerte para ponerse a la cabeza de las luchas estudiantiles y reintegrarlas al seno de las fuerzas democráticas. Pero la UEC es débil...
—O bien las direcciones obreras vuelven de repente a ser revolucionarias y reconocen a las vanguardias estudiantiles como posibles interlocutoras. Pero esto es prestidigitación, no política...
—O bien, fieles a una línea teóricamente justa de acuerdo con el incremento de las luchas obreras, los militantes tratan de practicar, dentro de la lógica ”sindical”, el intersindicalismo a partir de temas convergentes, como la oposición a la rentabilidad capitalista de la Universidad y el derecho a una instrucción polivalente y completa. Y aquí, el margen de maniobra es escaso y casi paralizante...
—O bien el movimiento estudiantil se desarrolla según su propia dinámica de impugnación de la universidad burguesa y de la sociedad capitalista... con riesgo de aislarse de las ”masas”, ”del pueblo”, de las ”capas laboriosas” y de sus organizaciones. Entre el callejón sin salida y el círculo vicioso, los hechos, de tiempo atrás muy tercos, ayudaron a decidir.
El segundo aliento
El reflujo no se los llevó a todos. Los militantes nacidos con la huelga y que la sobrevivieron se interrogaban, deseosos de asegurar la continuidad del movimiento. Y como el fuego oculto acaba por asomar en algún lugar, el segundo trimestre del año universitario estuvo constantemente sembrado de leves escaramuzas.
El final de la huelga se había señalado por una anécdota que hacía adivinar los acontecimientos ulteriores. En una asamblea deliberativa a que asistía el comité estudiantil de huelga, H. Lefebvre declaró que en el debate había trampa, ya que en el mismo momento en que se discutía con los estudiantes se hacían a espaldas de ellos ”listas negras”. El decano Grappin respondió que aquello de las listas negras era una fábula. Y H. Lefebvre: ”Si es una fábula, uno de los dos es un mentiroso. ¡Pido un jurado de honor! ” A lo cual repuso un profesor de historia, reaccionario lleno de celo: ”La actitud de H. Lefebvre demuestra que fue él quien fomentó la huelga.” y H. Lefebvre: ”No tuve ese honor, señor.”
El incidente quedó así. Pero la idea de represión policiaca se abrió camino entre los estudiantes. En enero, en la inauguración de la piscina, Cohn-Bendit interpelaba a Misoffe acerca del libro blanco de la juventud, y el ministro respondía como un vulgar fascista... con amenazas a Cohn- Bendit de expulsión del territorio francés. El 29 de enero, los militantes replicaban exponiendo en los vestíbulos de la facultad tableros con fotos de la represión donde figuraban entre otras esas caricaturescas figuras con sombrero flexible que recorren los pasillos de la facultad. Fue entonces cuando el decano Grappin cometió su garrafal desacierto: envió a la facultad dos camiones de polizontes para ilustrar en carne, hueso y uniforme el concepto abstracto de represión policiaca. Los sacaron vigorosamente de los edificios a bancazos, y del terreno de la Universidad a pedradas y estacazos.
Pero fue la detención de Xavier Langlade y de varios miembros del CVN, después de la incursión del 20 de marzo contra el ”American Express”, la que sacó a la luz pública este proceso oculto de maduración. El 22 de marzo, para exigir la libertad inmediata de Xavier Langlade, los militantes se apoderaban de la emisora central de la facultad, pintaban consignas en las paredes interiores, organizaban varios mítines durante el día y terminaban ocupando en la noche la gran sala del consejo de facultad. Y allí, 142 de los 150 participantes votaban un día de acción para el viernes 29, que consistiría en reemplazar los cursos por debates sobre:
— luchas antimperialistas,
— luchas estudiantiles, luchas obreras,
— luchas estudiantiles en las democracias populares, — universidad y universidad crítica.
El jueves 28, cuando se estaba en plena preparación para el día siguiente, el decano anunció solemnemente por micrófono la suspensión de los cursos por dos días. (Su primera intención había sido cerrar por completo la facultad, pero el ministro Peyrefitte se había negado... por quedar bien...) Inmediatamente se celebró un mitin espontáneo en que los residentes, que ya habían abolido de hecho hacía más de un mes el reglamento interno de la ciudad universitaria acerca de la libertad de circulación por los cuartos y de la libertad de expresión, ponían sus locales a disposición del movimiento para que en ellos se celebrara la jornada prevista de debates.
El viernes 29, quinientos estudiantes participaban en esos debates en un ”campus” desierto, estrictamente vigilado por dos columnas de CRS (Compañías Republicanas de Seguridad). Y como hacía buen tiempo, se esparcieron por los prados.
Aquella jornada era ya un éxito y demostraba que el puñado de ”exaltados” no estaba tan aislado como querían dar a entender. Además, el nivel político de las comisiones revelaba una politización que ninguna estructura existente hasta entonces había permitido expresar. Pero el objetivo no se había logrado todavía: se intentaba presentar la expresión política como un accidente anormal en la vida de la Universidad, mientras nosotros queríamos que se desarrollara en las condiciones normales, cotidianas de la facultad. De ahí la organización de una nueva jornada, el martes 2 de abril, en que se vieron desde las 10 de la mañana y en presencia de K. D. Wolff, presidente de la SDS, 1 200 estudiantes, amasados en un anfiteatro, canturreando ”;Che! ¡Che! ¡Guevara! ” y ” ¡Ho! ¡Ho! ¡Ho Chi Minh! ”, y dispuestos a defender su jornada contra los fascistas, la policía y la administración. Hubo un instante en que se quedaron sin luz; la administración, ante la amenaza de represalias si no la restablecían en cinco minutos, se apresuró a obedecer. Y la jornada fue otro éxito.
Tal es el resumen, por desgracia privado de la buena presentación estilística y las anécdotas que le dan sabor, de los acontecimientos que dieron origen al ”22 de Marzo”.
Las primeras enseñanzas del ”22 de Marzo”
a. la libertad política
La consecuencia inmediata de la movilización de marzo en Nanterre fue la instauración, gracias a una relación de fuerzas determinada, de la libertad de expresión política en el seno de la facultad... Las buenas conciencias se indignaban entonces de las pinturas murales, y nosotros respondíamos que los carteles pegados en las paredes los destrozaba la administración, y las pinturas, no. Cuando tuviéramos libertad de expresión, los periódicos murales reemplazarían a los ”graffiti”.
El decano Grappin acabó por ceder ante el hecho consumado. Al tolerar explícitamente la libertad de expresión política en la facultad creaba un precedente nacional susceptible de hacer escuela. Y precisamente en un momento en que la burguesía, consciente del peligro, hacía cuanto podía por sofocar el menor germen de agitación en la juventud escolarizada (como por ejemplo, en el asunto del Condorcet).
b. el modelo organizativo
En Alemania, la SDS representa una corriente política de masas donde tienden a diferenciarse familias políticas. En Francia, las familias políticas están ya estructuradas y se neutralizan en el tablero de la UNEF, transformando cada asamblea general en un interminable concurso radiofónico popular. En Nanterre, por el contrario, se ha constituido un movimiento de masas en que participan muchos elementos no organizados y algunos grupos (principalmente ”anarquistas” y JCR) a costa de concesiones recíprocas y sobre la base de una experiencia política común que es el punto de partida en el debate, sin que sea cuestión previa para la acción el acuerdo sobre una ”línea”.
En ese movimiento, los militantes realizaban la experiencia de la democracia directa, los ”no organizados” censuraban el sólito afrontamiento intergrupuscular, de modo que se produjo un desvanecimiento de las fronteras que separaban a los grupos, y sobre todo un ensanchamiento considerable de la esfera de influencias de los militantes vanguardistas. Eso era lo que no habían previsto ni el gobierno ni el PC. Tal cosa se hizo posible en un periodo de intensificación de las luchas:
— por el consenso de los grupos de vanguardia no sectarios dispuestos a ver el interés del movimiento antes del suyo propio;
por el fenómeno de autocensura de masas.
Pero en el periodo de reflujo, con la deserción de los no organizados o su adhesión a un grupo dado, el movimiento tiene tendencia a estallar o a grupuscularizarse, como lo confirma la evolución del ”22 de Marzo”.
En un primer tiempo no puede tener línea ni dirección. No puede tener dirección porque no está estructurado (la estructuración se efectúa progresivamente en forma de equipos o comisiones), porque la dirección no podría entonces ser otra cosa que la emanación de un grupo hegemónico o de un acuerdo entre grupos, lo que en ambos casos es como quebrantar el movimiento por la exclusión de los no organizados. No puede tener línea porque la línea emerge lentamente, ”por la acción”, de los debates en comisión, sin que ninguna de las líneas competidoras pueda imponerse totalmente.
Lo que funda entonces la unidad de tal movimiento es el acuerdo sobre un tipo de acción más que sobre tesis políticas. Las mismas siglas del ”22 de Marzo” son reveladoras, porque aluden a una intervención precisa y no a un contenido político. En un periodo de reflujo provisional, cuando se requieren perspectivas a mediano o largo plazo, ”la preeminencia de la acción” que al principio fue la que dio al movimiento éxito y excelencia, lo conduce al activismo sin debates, porque es el único modo de conservar artificialmente su unidad.
c. la universidad crítica
Jamás fue ambiguo el debate en Nanterre acerca de la función de la ”universidad crítica”. No se trata de declarar que la clase obrera ya no existe, de hacer de la Universidad el campo de la lucha de clases en forma de conflicto entre educador y educado, de fundar, so pretexto de universidad crítica, una universidad socialista, alternativa de la universidad burguesa. La universidad crítica en cuestión no es una institución sino un hogar y un proceso permanente de agitación según el principio ”de la impugnación de la universidad a la impugnación de la sociedad capitalista”. Para los estudiantes en lucha está claro que no transformarán la Universidad, que esa transformación depende de la del conjunto de la sociedad por la acción revolucionaria de la clase obrera.
Lo que queremos es que en la universidad crítica la política no se evacúe con poco gasto en forma de mociones rápidamente olvidadas. En los primeros días del movimiento de Nanterre se produjo un evento ejemplar al respecto. Unos sesenta estudiantes invadieron un coloquio de profesores de español para pedirles que tomaran posición acerca de la lucha de nuestros camaradas españoles. Los profesores, con mucha indignación paternalista, les explicaron que en diversas ocasiones, en sus congresos, sin esperarles a ellos, habían votado mociones que... etc. Pero no se trataba de eso. Eso era desembarazarse un poco a la ligera de la política. Pedir cuentas a esos profesores no era una simple medida terrorista. Se trataba de probar que en Nanterre no toleraríamos que se hablara de España en una sala adornada con banderas franquistas y carteles que ensalzaban el turismo en Andalucía sin tomar posición en favor de nuestros camaradas encarcelados por el régimen franquista.
Arrancamos carteles y banderas. En la universidad crítica, cada evento en el seno de la facultad debe ser ocasión para una intervención política.
Después de la huelga reivindicativa de Nanterre nos preguntábamos: cuando no existe un partido revolucionario y cuando un partido socialdemocratizado pero poderoso tiene todavía la confianza de la clase obrera y sigue siendo su portavoz, ¿qué puede hacer el movimiento estudiantil? ¿Someterse'? ¿Suicidarse?
El ”22 de Marzo” decidió que escoger una de las dos respuestas sería aceptar responder al problema en los términos legados por el PC. La imagen de la capa pequeñoburguesa indecisa entre la burguesía y el proletariado es aquí insuficiente. No comprendemos el estalinismo como un fenómeno cuyas consecuencias no obrarían sino dentro de los límites de las organizaciones estalinianas. Si es cierto que desde hace tiempo están archimaduras las condiciones para la revolución; si es cierto que únicamente la clase obrera dirigida por un partido revolucionario puede resolver las contradicciones del imperialismo y el capitalismo mediante una transformación radical de la sociedad de todo el mundo, la capacidad o la incapacidad de sus direcciones para resolver esas contradicciones es la que determina el conjunto de la sociedad. El estalinismo ha aplastado durante cuarenta años a la clase obrera y sus posibles aliados en el campo teórico e ideológico.
En esas condiciones es natural que el dominio ideológico del estalinismo sea destruido en sus eslabones más débiles. Y el movimiento estudiantil, como permitía suponerlo la experiencia del PUA, es uno de esos eslabones preferidos, uno de esos puntos de desequilibrio coyuntural donde son rechazados conjuntamente la sociedad capitalista y el movimiento estaliniano.
La actitud del poder: del ”dejar hacer” a la represión directa
El 9 de noviembre de 1967, importantes personajes del Ministerio del Interior presenciaban la operación del cierre del Barrio Latino. Desde su punto de observación pudieron medir de visu las transformaciones que se operaban en el movimiento estudiantil. Unos meses después confesarían hasta qué punto les había impresionado la organización y la combatividad de los manifestantes. La manifestación antifascista del 7 de febrero de 1968, organizada por los CVB en respuesta a un mitin del ”Frente Unido pro Vietnam del Sur”, confirmó sus temores. Su periódico habitual los tenía al corriente de las ”increíbles violencias” que agitaban las universidades italianas, españolas, belgas, alemanas... Las consignas fueron, pues, estrictas: evitar toda medida susceptible de precipitar la erupción del volcán universitario...
Los guardias móviles volvieron a sus largos camiones enrejados. Durante cerca de ocho meses, la Prefectura de Policía se las ingenió para reducir lo más posible el contacto entre movimiento estudiantil y agentes de policía. Aparte de algunas ”torpezas”, en torno a los barrios universitarios se hizo el vacío. Hecho sin precedente, la libertad de manifestación se restableció tácitamente incluso en el Barrio Latino.
El 21 de febrero, el 14 de marzo y el 19 de abril, varios millares de estudiantes recorrían despaciosamente el centro de París sin ver un solo uniforme policial. Las autoridades lo tomaban con calma, porque vendría la bendita época de los exámenes, en que toda aquella gente abandonaría las facultades y los ”campus” para entregarse al estudio intensivo. La calma volvería a los distritos universitarios. Con el tiempo, la generalización de la Reforma permitiría lograr la calma definitiva, y el grano quedaría separado de la cizaña.
Vino el tercer trimestre, mas no la calma esperada. A la vuelta de las vacaciones de Pascua, el ”22 de Marzo” no se desmoronaba. Al contrario, su actividad se ampliaba y empezaba a inspirar a los estudiantes de provincia. En la mayoría de las ciudades universitarias se desarrollaban manifestaciones de solidaridad con Rudi Dutschke y la SDS. En Toulouse había aparecido un movimiento del ”25 de Abril”, por el estilo del ”22 de Marzo”. En Marsella, en Estrasburgo, en Caen, en Besanzón se gestaban movimientos del mismo tipo. En la Sorbona se implantaban poco a poco las nuevas formas de organización y de lucha. Unos ex militantes de la ”izquierda sindical” fundaban el MAU (Movimiento de Acción Universitaria), microgrupúsculo sin público, pero iniciador de una propaganda chistosa y provocativa contra los exámenes. La campaña del MAU tuvo la virtud de hacer perder la cabeza a la administración, que persuadida antes de que la proximidad de los exámenes calmaría la agitación, veía ahora que era la agitación la que ponía en peligro los exámenes. Ya no cabía la paciencia. Había que reaccionar, y pronto. A fines de abril cambió la actitud de las autoridades, que abandonaban su prudencia inicial y se disponían a aplastar a los agitadores. El 28 de abril detenían a Daniel Cohn-Bendit. En una publicación mimeografiada, el movimiento del ”22 de Marzo” había dado la receta del coctel Molotov. Se abrió un proceso contra X. Inmediatamente, los representantes de las organizaciones de extrema izquierda (”22 de Marzo”, JCR, UJCml, FER, ESU, UNEF y otros varios) se reunieron para preparar la respuesta. Cohn-Bendit, puesto en libertad tras unas cuantas horas de interrogatorio, participaba en la reunión. La inconsistencia del expediente hacía que la información judicial se interrumpiera. La discusión se limitaba, pues, a un intercambio de opiniones, por lo general poco ameno, acerca de la naturaleza de la represión y los modos de contestar. No tardó en darse el inevitable altercado entre delegados de la FER y de la UJCml, y éstos dejaron la sala. De todos modos se decidió lanzar una campaña política contra la represión, campaña que debía ser esencialmente ofensiva. Según una propuesta del MAU se decidió editar un anuncio manuscrito en que se denunciaba la poca tecnicidad del procedimiento de fabricación del coctel Molotov propuesto por el ”22 de Marzo” y se preconizaba otro más perfeccionado y eficaz... Nuevo incidente después de esto: los delegados de la FER se indignaron sobremanera con aquellas provocaciones irresponsables y tomaron nota de que una vez más se negaban a poner a los sindicatos obreros entre la espada y la pared. Dicho lo cual, se marcharon a su vez... La JCR, el ”22 de Marzo” y el MAU se pusieron de acuerdo acerca del proyecto de anuncio y las modalidades de la campaña contra la represión. Unos días después, 8 militantes de Nanterre iban a parar ante el Consejo de la Universidad y los amenazaban con la exclusión. La audiencia se fijaba para el lunes 6 de mayo de 1968...
Atreverse a pelear...
Los militantes estudiantes esperaban una explosión de rebeldía para el inicio del curso universitario de 1968-69. No creían desencadenar un movimiento de gran amplitud cinco semanas antes de los exámenes. Ni siquiera pensaban poder impedir el curso de las pruebas, porque juzgaban desfavorable la relación de las fuerzas. La propaganda contra el sistema de exámenes no debía acabar en acciones de sabotaje en junio. Todos estaban de acuerdo en que un bloqueo implicaba una movilización masiva y presuponía una seria campaña de explicación política. El movimiento estudiantil pensaba poner los primeros jalones nada más; la batalla sería al iniciarse el siguiente curso.
Las prodigiosas metidas de pata de la administración universitaria modificaron por completo este programa. La rectoría había tomado el camino de la represión sobre la base de un postulado clásico: la agitación universitaria la mantenía artificialmente un puñado de extremistas irrecuperables, cuya histeria chillona irritaba a la masa estudiantil. Unas semanas antes de los exámenes, la eliminación de los ”instigadores” no provocaría ninguna inquietud. Esta fábula policiaca era el credo de todas las formaciones políticas, con el PCF a la cabeza. En realidad, las ”minorías activas” no estaban nada separadas del medio estudiantil. Durante todo el año, sus tesis y sus acciones habían hallado una simpatía creciente. El estudiantado se reconocía parcialmente en su intervención. Su situación objetiva le hacía receptivo a su propaganda. Lejos de desolidarizarse de los ”exaltados” se sentía directamente agredido por la represión que llegaba hasta él. Era necesario ser tan ciego como un rector para no comprender que una mayor represión provocaría un levantamiento general.
”París, ¡vamos a vernos las caras!”
El arresto de Daniel Cohn-Bendit el sábado 28 de abril había suscitado viva emoción en Nanterre. El anuncio de la comparecencia, el lunes 6 de mayo, de 8 militantes nanterreses ante la Comisión Disciplinaria del Consejo de la Universidad de París aumentó aún más la agitación. Mítines, ocupaciones, manifestaciones de todo orden se multiplicaban en la facultad.
Internamente, el ”Movimiento del 22 de Marzo” era objeto de un asalto en toda regla por parte de la UJCml. Al principio, ésta había condenado sin reservas el movimiento nanterrés: el ”22 de Marzo” se negaba a ponerse al servicio del pueblo; apartaba a los estudiantes del buen camino; era ”100% reaccionario”. Ese porcentaje bajó algo en vísperas de las vacaciones de Pascua: el ”Movimiento del 22 de Marzo” había impuesto la libertad política en la facultad. Esa libertad política favorecía la propaganda de los ”estudiantes progresistas” al servicio de los trabajadores. Por lo tanto, el ”Movimiento del 22 de Marzo” ya no era más que ”80% reaccionario”...
Detrás de esta casuística debemos ver la intervención del Buró Político de la UJCml, que rechazaba el sectarismo de su sección nanterresa.
En realidad, la dirección de la UJ estaba fascinada por Nanterre: concentración gigantesca nacida en el cogollo de las ”villamiserias”, la facultad de Nanterre era un terreno ideal para la aplicación de la línea ”servir al pueblo”. A las puertas del ”campus” universitario vegetaba el proletariado más explotado de la región parisina. En lontananza se perdían las chimeneas de las fábricas del ”cinturón rojo”. De modo más ”natural” que en ninguna otra parte, los estudiantes podían expandirse por las empresas y someterse a la autoridad de la clase obrera. Costara lo que costara, había que conquistar el movimiento nanterrés y transformar la facultad en primera base roja.
Por eso, a la vuelta de las vacaciones de Pascuas los nanterreses vieron maravillados una verdadera invasión de ml. Aplicando el precepto del presidente Mao, ”Para lograr la victoria en un punto, atacar concentrando sus fuerzas”, la UJCml envía a Nanterre varias decenas de militantes, sacados de todas las facultades de la región parisiense. El estado mayor de la UJCml entero dirige las operaciones directamente. Hecho sin precedente, el jefe supremo ha juzgado bueno desplazar- se y lleva las riendas en persona. No muy bien recibidos al principio por los militantes anarquistas, JCR y ”no organizados”, que forman la espina dorsal del movimiento, los ml restablecen la situación al final de una autocrítica estruendosa y de una declaración de intenciones.
Pronuncia oficialmente la autocrítica ante una asamblea general, del ”22 de Marzo” Roland Castro, militante de Bellas Artes. Con ayuda de muchas citas del presidente Mao recusa la actitud anterior de la UJCml y demuestra que el movimiento nanterrés es globalmente progresista porque desea ligarse a los trabajadores. Formula la declaración de intenciones la dirección de la UJCml en el curso de una reunión unitaria: la UJCml no tiene de ningún modo la intención de llenar de células suyas el movimiento; al contrario, piensa ponerse bajo su autoridad y a su servicio. Porque el ”22 de marzo” es depositario de una experiencia que los ml quieren asimilarse y propagar.
Poco sectarios, los nanterreses no reparan en pelos y acogen favorablemente a los militantes. Pero el idilio será breve. El ”22 de Marzo” comprende pronto lo que la dirección de la UJCml entiende por ”ponerse a su servicio”. En principio se trata de aprender de los nanterreses, de popularizar su experiencia y aplicar colectivamente sus decisiones. Concretamente, se trata de imponer la interpretación ml de la experiencia nanterresa y de utilizar el ”22 de Marzo” para los fines propios de la UJC.
Muy significativo es al respecto el episodio de Juquin. La UEC de Nanterre había invitado al diputado comunista de Yvelines a dar un mitin en el aula ”Che Guevara” acerca de los problemas de la reforma universitaria. El ”Movimiento 22 de Marzo” había decidido, de acuerdo con su tradición, ir a contradecirle en masa. Pero no se trataba de expulsarlo por principio negándose al debate. Los dirigentes de la UJCml aprobaron la decisión de los nanterreses. Pero el día del mitin, la UJCml parisina llenaba la sala y expulsaba al ”revisionista” a pesar de todos los acuerdos. Ese procedimiento era fundamentalmente contrario al espíritu del ”22 de Marzo”, cuya táctica consiste precisamente en polemizar con quienes se autoproclaman representantes de la clase obrera y de la revolución, para confundirlos delante de la masa estudiantil. Innecesario es decir que este método es mucho más demostrativo e instructivo que la expulsión de principio. Al quebrantar los acuerdos tomados, la UJCml imponía su estilo y su línea. A medida que los ml se sentían fuertes iban olvidando la humildad de sus primeras declaraciones y multiplicaban esa clase de ”incidentes”. Entonces, los aires cambiaron una vez más. A fines de abril se levantó un airecillo de irritación; a principios de mayo era ya una tempestad.
El domingo 29 de abril, el servicio de orden de la UJCml y de la CVB había saqueado una exposición de fotos del “Frente Unido pro Apoyo a Vietnam del Sur”  (1) y herido a una decena de fascistas, entre ellos a René 0llaindre, alto dignatario del movimiento Occident (Occidente). Aquella misma noche, la extrema derecha anunciaba una semana de represalias. ”A la policía le costará mucho sacar todos los cadáveres marxistas que taparán las cañerías”, pregonaba Occident en un comunicado de prensa. La verdad era que la extrema derecha francesa se hallaba extremadamente débil. El año universitario de 1967-68 había sido uno de los más ”tranquilos” desde el final de la guerra de Argelia. Mientras en 1966-67 se habían enfrentado la extrema izquierda y la extrema derecha en violentísimos encuentros (en particular Occident y JCR), ahora no se observaba ningún incidente serio en París ni en provincia. Las ”represalias” de Occident se limitaron a unas cuantas agresiones a militantes aislados y al saqueo, el jueves 2 de mayo, a las 8 de la mañana, de los locales de la FGEL, que estaban desiertos. Para el 3 se había anunciado algo ”gordo”. El ”Movimiento 22 de marzo” había organizado para los días 2 y 3 de mayo dos jornadas de acción antimperialista en Nanterre. La extrema derecha reunida había anunciado su participación... Y llamaba a sus militantes de provincia para constituir una fuerza que pudiera ir a Nanterre y aguantar...
Con el prestigio que le había dado su hazaña del domingo, la UJC propuso sus servicios a los nanterreses para sacar al invasor fascista. Desdichadamente, sus dirigentes no pudieron dejar de aprovechar las circunstancias para ejercitarse en la guerra del pueblo. En un plan de defensa que sin duda pasará a la posteridad, se esforzaron en aplicar a la situación concreta de Nanterre las lecciones universales que les enseña el presidente Mao. El resultado no dejaba de ser divertido.(2) Los nanterreses, incrédulos, se dejaron disponer, mover, desplegar, concentrar, todo el día del jueves, en un desorden indescriptible. No nos atrevemos a imaginar lo que hubiera sucedido si efectivamente hubiera atacado Occident en aquellos momentos. La exasperación de los nanterreses era tanto mayor cuanto que los cabecillas que presidían aquellas grandes maniobras se tomaban trágicamente en serio. Aquella misma tarde, pues, fue sometida la dirección de la UJCml al fuego graneado de la crítica en la asamblea general del ”22 de Marzo”. Xavier Langlade, militante de la JCR y dirigente del servicio de orden nanterrés que había parado en seco la ofensiva nacionalista en 1967, criticó punto por punto el plan de defensa y propuso un proyecto menos grandioso pero inmediatamente practicable.
Rápidamente, la asamblea general se transformó en psicodrama antichino; los militantes se sucedían en la tribuna y sacaban a relucir todas las quejas acumuladas. Pero esta vez no hubo autocrítica, antes bien, los dirigentes ml contestaban de mal humor y con arrogancia. Denunciaban la creciente influencia de los pequeñoburgueses trotskistas, anarquistas y de otros enemigos del pueblo en el ”Movimiento 22 de Marzo”, que corría peligro de caer otra vez en poder de la reacción. A estas cosas ya por sí bastante desacertadas añadieron un ultimátum: o el ”22 de Marzo” se sometía a la ”dirección militar” de la UJCml o su servicio de orden salía de allí y no se volvía a preocupar del enfrentamiento esperado. Esta amenaza hizo derramarse la copa y los nanterreses, con mucha elegancia, hicieron saber a los UJCml que no les inquietaba nada la perspectiva de tener que privarse de sus servicios. Entonces, dignamente, los ml abandonaron la sala. Unos instantes después, un emisario volvía a proponer a los nanterreses replegarse hacia París escoltados, porque aquellos lugares no eran seguros. Pero nadie se dignó aprovechar aquella última oferta. La UJCml salió, pues, definitivamente de allí y recibió la consigna de boicotear la movilización antifascista del viernes 3 de mayo.
Los militantes del ”22 de Marzo” preparaban su ”jornada antimperialista” cuando supieron que el decano había decidido cerrar la facultad hasta los exámenes por los incidentes que constante- mente turbaban su tranquilidad. Inmediatamente se decidió organizar un mitin de protesta para el día siguiente a las 12 horas en el patio de la Sorbona. Obligado a salir de su bastión nanterrés, el ”Movimiento 22 de Marzo” lanza a su vez el necesario desafío: París, ¡vamos a vernos las caras!
Notas:
(1) Organización de extrema derecha fundada por Tixier-Vignancourt.
(2)Cfr. el relato hecho por miembros del ”22 de Marzo” en el No. 42, p. 205, de Partisans: ”Han venido a defender la facultad de Nanterre, pero a defenderla según modelos totalmente chinos, diciendo: 'Ustedes los estudiantes de Nanterre se constituyen en la facultad en grupos de autodefensa... etc. Nosotros arrojaremos desde los techos toda clase de materiales con nuestras hondas.' Habían previsto cavar trincheras, poner troncos de árbol para que los fafs cayeran en ellas si llegaban en coche. Querían también verter cosas liquidas para que se resbalaran. Y decían: 'Podríamos utilizar tablas que dispararíamos desde los techos con un artificio elástico muy resistente. —Pero ¿ya saben ustedes que eso sirve? —Pues lo hicieron en la Universidad de Pekín, así que debe servir.' En la noche del 1° al 2 de mayo, los militantes que quedaron discutiendo con los prochinos se dejaron enredar por completo... La psicosis era tal que los pocos militantes responsables de las jornadas antimperialistas de Nanterre no se atrevieron a continuar; y no se continuó...”
Militantes de las JCR durante los acontecimientos de Mayo del 68, Weber fue posteriormente senador del PS y Bensaid dirigente de la LCR francesa. 
 
Fuente:Sinpermiso

jueves, 15 de marzo de 2018

Asesinan a tiros a una conocida activista crítica con la intervención del Ejército en Río


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La concejala Marielle Franco fue tiroteada en el centro de esta ciudad brasileña tras asistir a un acto político | Su carrera se caracterizó por la defensa de los derechos humanos
Un grupo de mujeres llora cerca del lugar en el que ha muerto tiroteada la concejala Marielle Franco, en Río de Janeiro (Ricardo Moraes / Reuters)
La concejala del izquierdista Partido Socialismo y Libertad (PSOL, oposición) Marielle Franco, convertida en una dura crítica de la intervención del Ejército en la seguridad de Río de Janeiro, fue asesinada a balazos hoy en el centro de esta ciudad brasileña, informaron fuentes oficiales.
Marielle Franco, conocida activista de los derechos humanos que fue la quinta más votada en las elecciones de 2016 para el Concejo de Río de Janeiro, fue tiroteada cuando transitaba en su vehículo por una calle del centro de la ciudad anoche tras haber participado en un acto político.
El ataque se produjo un día después de que la concejala volviera a criticar la intervención en la seguridad de Río de Janeiro en un mensaje en las redes sociales

En el ataque también murió el conductor de su vehículo mientras que una asesora de la política identificada como Fernanda Chaves sufrió heridas sin gravedad. La Policía Civil de Río de Janeiro informó de que el ataque lo efectuaron pistoleros que estaban en otro vehículo y que dispararon indiscriminadamente y huyeron sin robar nada.
El ataque se produjo un día después de que la concejala volviera a criticar la intervención en la seguridad de Río de Janeiro en un mensaje en las redes sociales.
Una niña observa el vehículo en el que viajaba la concejala Marielle Franco cuando ha sido tiroteada
Una niña observa el vehículo en el que viajaba la concejala Marielle Franco cuando ha sido tiroteada (Mauro Pimentel / AFP)
Franco, que se caracterizó en la carrera política por su trabajo en defensa de los derechos humanos, especialmente de las mujeres negras como ella, ya había publicado otros mensajes cuestionando la violencia de la Policía en Río de Janeiro.
La legisladora, una socióloga de 38 años procedente de las favelas de Maré, una de las áreas más violentas de Río de Janeiro, era la relatora de la comisión del Concejo creada para fiscalizar las operaciones policiales en el marco de la intervención militar.
El crimen ocurrió casi un mes después de que el presidente brasileño, Michel Temer, decretara una intervención federal en la seguridad de Río de Janeiro para combatir la ola de violencia que afecta al estado más emblemático de Brasil desde los Juegos Olímpicos de 2016.
La decisión cede a los militares el control de la seguridad en Río hasta finales de 2018 tras la ola de violencia que el año pasado causó 6.731 muertes, entre las que se cuentan las de más de 100 policías y diez niños alcanzados por “balas perdidas”.
El PSOL, uno de los partidos más críticos de la intervención, presentó esta semana un recurso en el que le solicitó a la Corte Suprema que declare la medida como inconstitucional.
Fuente :ramble tamble

María O’Donnell desenmascaró a Lombardi "Están alimentando una caza de brujas"

Imagen: Rafael Yohai
Tras la divulgación de la cantidad de personas que participaban en la producción del programa Ronda de editores, la conductora del ciclo que se emitía por la TV Pública entrevistó al titular de Medios, Hernán Lombardi, quien se escudó en el argumento de “la transparencia” para justificar lo que María O’Donnell calificó como “una caza de brujas”.
El contrapunto se produjo ayer en Radio con vos, durante el programa Tarde para mañana, también conducido por O’Donnell, quien le reprochó al funcionario público el “uso discresional de algunos datos”, que daban la pauta de “cierta persecución, según la conveniencia”, y recordó los casos de la meteoróloga Nadia Zycenko y del cocinero Guillermo Calabrese, la primera despedida y el segundo sancionado por haber calificado como “el hit del verano” la melodía con la que se insulta al presidente de la Nación en las canchas de fútbol y diferentes lugares públicos.
"Ustedes me conocen –comenzó afirmando la conductora- y saben que yo trato de no discutir cuestiones personales cuando de política se trata, pero como esto salió a la luz, prefiero que quede claro en público también cómo empezó esta cuestión: yo durante dos años hice en la TV Pública un programa que fue Ronda de Editores. Parece que Hernán Lombardi dijo en un programa que para ese programa trabajaban 55 personas. Esto generó una enorme cantidad de tuits con el dedo acusatorio planteando que esto es un despilfarro de las arcas públicas del cual yo soy la responsable”.
Durante la entrevista, Lombardi se defendió diciendo que estaba “orgulloso” del programa que se emitía los domingos por la noche, le propuso a O’Donnell la continuidad del ciclo, y aunque  aclaró que la conductora cobraba menos de lo que podría cobrar en los medios privados, O'Donnell respondió que compartía “la preocupación” de su colega Ernesto Tenembaum acerca del “uso discresional” de ciertos datos. “Entonces le saco el sueldo a Nadia, le saco el sueldo al cocinero...”, añadió.
Lombardi se volvió a defender afirmando que “en muchos casos, en la TVP ha habido un aprovechamiento brutal de los fondos del Estado”. “Si ustedes están queriendo discutir con los sindicatos cuestiones que tienen que ver con cuántas horas trabajan, cómo se pagan las horas extra… la señalización particular, una por una es un método bastante perverso (…) ¿Son fondos públicos? Entonces publiquen los sueldos de todos en una página web”, desafió la conductora, quien denunció “la difusión de información selectiva termina siendo una caza de brujas que ustedes están alimentando. Ustedes están generando la sensación de que son todos unos chorros dentro del canal”.
Fuente:Pagina/12

martes, 13 de marzo de 2018

El viejo truco de cerrar sin decirlo Más de seis mil estudiantes mayores de 18 años no pudieron empezar las clases ayer.

 El gobierno informó que dejarán de cursar el secundario tradicional y los derivará a centros de formación. Hoy se realizará una movilización en La Plata.
“Es imposible relocalizar a esa cantidad de estudiantes y docentes”, señaló Suteba.
“Es imposible relocalizar a esa cantidad de estudiantes y docentes”, señaló Suteba. 
Imagen: El Teclado
Los 441 Bachilleratos para Adultos de la provincia de Buenos Aires dejarán de existir por una resolución del gobierno de María Eugenia Vidal que afecta a más de 6000 estudiantes mayores de edad –que ayer debían empezar el secundario pero no pudieron hacerlo– y a cerca de 2000 docentes, estimaron miembros de Suteba. Fuentes de la Secretaría de Educación de la provincia indicaron a PáginaI12 que los estudiantes menores de edad podrán seguir en los mismos establecimientos, pero los adultos deberán continuar sus estudios en los Centros Educativos de Nivel Secundario (CENS) o a través del Plan Fines. Sin embargo, la Secretaria Gremial de Suteba, Marcela Escobar, aseguró que “es imposible relocalizar a esa cantidad de estudiantes y docentes que quedaron sin escuelas en las otras instituciones existentes”. Las comunidades educativas de los distintos bachilleratos realizaron ayer abrazos a las escuelas y hoy por la tarde se movilizarán a la Dirección de Secundaria de la Provincia en La Plata para reclamar al gobierno que suspenda la medida. 
“Es una medida del gobierno provincial que realmente no se entiende. O la gobernadora Vidal quiere que los adultos sean analfabetos, que no terminen la secundaria, o lo que quiere hacer es un ajuste sobre los puestos de trabajo de los docentes y trabajadores de estas escuelas”, sostuvo Escobar. “Es evidente que los alumnos y docentes de 441 bachilleratos no se pueden reubicar en 146 CENS, los números no cierran. Hay una enorme mayoría de los estudiantes que no pudieron arrancar hoy las clases que no van a tener opción de terminar el secundario y una enorme mayoría de docentes que no van a recuperar sus trabajos”, agregó. La gremialista consideró que se trata de un conflicto que “inventó el gobierno, no había necesidad de impulsar esta modificación. Las clases ayer no empezaron en los bachilleratos, incluso para los cursos que no fueron eliminados, por responsabilidad del gobierno”. 
Mediante la resolución 1657/17, publicada en el Boletín Oficial de la provincia a fines de diciembre, el gobierno bonaerense estableció que “los alumnos de 18 años o más que requieran iniciar o finalizar sus estudios, primarios y/o secundarios, deberán concretarlos bajo las diferentes ofertas educativas dependientes de la Dirección de Educación de Adultos, en sus distintos formatos y ámbitos de desarrollo”. La norma detalla que “los actuales Bachilleratos de Adultos, dependientes de la Dirección Provincial de Educación Secundaria, adoptarán la denominación ‘Bachilleratos Juveniles’. Los mismos atenderán la población estudiantil comprendida entre los 15 y 17 años”. Los alumnos que iniciaron sus estudios antes de 2018, en tanto, “proseguirán en los establecimientos educativos en los que venían desarrollando su escolaridad y mientras mantengan la regularidad, hasta su egreso del nivel y conforme el régimen académico para el Nivel Secundario”, expresa la resolución. Una vez que terminen esas camadas, en los bachilleratos no podrán cursar adultos. 
Escobar señaló que la resolución se publicó “cuando ya habían terminado las clases para que nadie la viera, y no notificaron de la medida a los directivos, ni a los inspectores, ni a los alumnos que se habían inscripto en diciembre”. “Recién a fines de febrero mandaron un comunicado para informar a los directivos, a días de que empezaran las clases”, añadió. De esta forma, indicó la gremialista, los estudiantes se enteraron de que no podían empezar a cursar el secundario cuando fueron a la escuela a consultar por el inicio de clases, o a anotarse en el turno de febrero. Muchos docentes, incluso, supieron ayer que los cursos que daban ya no existían. 
“La mayoría de los estudiantes adultos se anotan en febrero, porque en general no pueden proyectar con tanta anticipación que van a estudiar. Son muchos más los que se anotan en febrero que en diciembre”, apuntó. Por su parte, a los estudiantes que se habían inscripto en diciembre se los agregó a una “lista de preinscripción y teóricamente recién en abril serán reubicados en otras instituciones”, precisó Escobar. La gremialista señaló que, más allá de que la cantidad de alumnos desborda las capacidades actuales de los CENS, “hay distritos en los que no hay CENS ni posibilidad de estudiar en el Plan Fines, en donde los bachilleratos eran la única opción para terminar el secundario”. 
Según las estimaciones de Suteba, como mínimo 6000 estudiantes adultos no pudieron empezar las clases (la matrícula mínima en primer año por cada bachillerato es de 15 alumnos) y más de 2000 docentes perdieron sus puestos de trabajo. Para dar un ejemplo concreto, el sindicato calculó que sólo en la Región 1 –integrada por La Plata, Brandsen, Berisso, Ensenada, Magdalena y Punta Indio, en la que existen 33 bachilleratos– el cierre de los primeros años afecta a más de 1000 estudiantes y significará la pérdida de 572 módulos (858 horas cátedra), lo cual equivale al desplazamiento de 363 docentes.
Consultado por este diario, un vocero de la Secretaría de Educación indicó que “los menores podrán seguir en los mismos bachilleratos en cursos acelerados”, mientras que “para los adultos la oferta se va a ir abriendo a medida que suba la demanda en cada región, que crezca la matrícula”. Como ejemplo mencionó que ante la desaparición del Bachillerato para Adultos de la localidad de Ingeniero White, se abrió en la ciudad de Bahía Blanca “una extensión del CENS, en donde podrán cursar quienes estudiaban en el bachillerato de Ingeniero White. Una ciudad queda sólo a diez kilómetros de la otra”, explicó.  
El vocero aseguró, además, que “los docentes que son titulares van a mantener su cargo”, mientras que la situación de los docentes interinos o suplentes “dependerá de la demanda en las instituciones que vayan creando, o en las que se reubican a los estudiantes”. Por otro lado, aclaró que “no hay un motivo económico detrás de la medida, no tiene que ver con reducir el gasto en educación”. Para suplir las opciones que antes garantizaban los bachilleratos, el vocero destacó la implementación de la iniciativa Adultos 3.0. Se trata, según la página web de la Dirección General de Cultura y Educación, de “una web que facilita la accesibilidad de los adultos bonaerenses a la información sobre las ofertas educativas en cada distrito y que les permitirá terminar sus estudios primarios o secundarios”, a través de “planes de estudios articulados, en una plataforma virtual con tutorías”.
Docentes, estudiantes y gremialistas se movilizarán hoy hacia la Dirección de Secundaria de la provincia, en La Plata. Escobar aseguró que “la resistencia de las comunidades es muy fuerte”, y que “nuestro reclamo es que se suspenda la medida”.
Informe: Juan Funes.
Fuente:Pagina/12

El peronismo recordó el 45 aniversario del triunfo electoral de Cámpora



“El desafío es recuperarnos”
 
El aniversario recordado en el teatro ND funcionó como excusa para que se muestren juntos dirigentes del justicialismo. Estuvieron los Moyano, Rossi, Filmus, Alberto Fernández y Menéndez, entre otros.
En la pantalla se reprodujeron fragmentos del documental de Favio, Perón, Sinfonía del sentimiento.
En la pantalla se reprodujeron fragmentos del documental de Favio, Perón, Sinfonía del sentimiento. 
“El peronismo se ha puesto en marcha.” Leído por la cantante de tangos, Adriana Varela, el documento que dirigentes de espacios diversos del peronismo escucharon en el teatro ND celebró la apertura política en la que se encuentra el debate y la construcción peronista. “Este es un disparador que surge luego de los encuentros que en pos de la unidad se hicieron el 21 de febrero y en la Universidad Metropolitana del Trabajo”, explicó el dirigente del gremio de los canillitas, Omar Plaini, uno de los organizadores del evento en el que se recordó el 45 aniversario de la victoria del Frente Justicialista de Liberación en 1973, que terminó con la proscripción de dieciocho años del peronismo.
“Los peronistas nunca nos imaginamos que la derecha iba a llegar por los votos. Esta es la primera vez que nos ganan en las urnas y nuestro desafío es recuperarnos de la misma manera que lo hicimos siempre: con debate hacia adentro, con discusión franca, con respeto por las diferencias y por encima de todo, con respeto por aquella idea de que por delante de todo está la Patria”, apuntó Varela desde una voz en off, oculta tras bambalinas en el teatro que tenía en la pantalla la imagen de Juan Domingo Perón y el cantante Leonardo Favio en una foto de la época. La idea central del acto era mostrar fragmentos de la película documental de Favio, Perón, Sinfonía del sentimiento.
En el pullman del teatro se agolparon los dirigentes, mientras que en las butacas generales quedaron para el público. El camionero Hugo Moyano y su hijo Pablo, llegaron temprano por separado sin hacer declaraciones. Ambos dirigentes gremiales fueron junto al ex secretario de Deportes Fernando Galmarini quienes motorizaron la idea del homenaje y se acercaron al ex secretario de Medios Enrique “Pepe” Albistur, quien abrió las puertas del teatro. En el pullman se mezclaban entre los asientos Plaini, Moyano, Galmarini, el cantante Ignacio Copani, el ex diputado kirchnerista Carlos Kunkel, el dirigente del Movimiento Evita, Fernando “Chino” Navarro y el ex jefe de Gabinete hoy en las filas del randazzismo, Alberto Fernández. 
“Estamos infinitamente mejor que hace un año. Eramos muchos pequeños grupos y hoy somos tres o cuatro grupos más grandes que estamos hablando entre nosotros”, señaló a PáginaI12 el presidente del Partido Justicialista bonaerense e intendente de Merlo, Gustavo Menéndez. La melodía de Ella ya me olvidó en la voz de Leonardo Favio sonaba mientras los invitados iban llegando poco a poco a la sala. Un avejentado Juan Destéfano, ex presidente de Racing y ladero del sindicalista de la UOM y la derecha peronista Victorio Calabró, estaba sentado, medio perdido en la sala hasta que alguien se dio cuenta y lo invitaron a subir al VIP. “Estamos en un proceso interesante. Donde yo veo que se juntan dos peronistas y me invitan ahí estoy”, apuntó Menéndez imbuído en la búsqueda de la unidad del peronismo bonaerense, que se prepara para realizar el Congreso Ordinario este sábado. 
El legislador kirchnerista Mariano Recalde se adscribe al mantra de Menéndez, al igual que la mayoría de los justicialistas. “Somos amplios. Queremos que en el 2019 haya cambios en el rumbo del país. Donde nos invitan vamos”, aseguró a este diario a paso apurado hacia las escaleras que llevaban a la zona de invitados. Detrás, Copani explicó que “ojalá no sea solo la lucha de la coyuntura. Es un gran paso y se está trabajando bien”. El empresario de la carne, Alberto Samid, se paseaba por los pasillos mientras llegó el diputado y espada del peronismo en la ciudad de Buenos Aires, Daniel Filmus. “Más allá del hecho simbólico hace falta construir un peronismo unido. Seguimos sumando esfuerzos para la unidad pero no solo pensando en el 2019, sino también en cómo frenamos las políticas de (el presidente) Mauricio Macri hoy, derogando el mega DNU y deteniendo otras medidas en el Congreso”, y agregó que el peronismo unido debe ir “tras un programa en el 2018 para poder llegar bien al 2019”. 
“La actual etapa exige pensar en el post macrismo”, indicó el jefe del bloque de diputados del Frente para la Victoria-PJ, Agustín Rossi, y agregó que el único límite “para la unidad de la oposición es Macri”. Ya adentro y a poco de comenzar la proyección Varela destacó que “la mayoría de nosotros y nosotras somos peronistas, tengamos presente la historia frentista de nuestro movimiento. Y tengamos la certeza de que si seguimos trabajando en el camino de la unidad, hay 2019”.
Fuente:Pagina/12

lunes, 12 de marzo de 2018

“Netflix o Spotify piensan que su mercado es el mundo”


El investigador analiza el proceso actual de la convergencia entre las telecomunicaciones y los contenidos y la aparición de grandes actores globales que no reconocen barreras nacionales. El avance de la concentración infocomunicacional en Argentina y América latina. Un balance de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
Imagen: Leandro Teysseire

¿Por qué pensamos, sentimos y vemos de una determinada manera? ¿Somos libres de leer, mirar y escuchar lo que queremos, o alguien define aquello a lo que accederemos para modelar nuestra mirada del mundo? En fin, preguntas que se pueden remontar hasta la alegoría de la caverna de Platón y más allá. Responder a estos interrogantes es una tarea nada sencilla. A comienzos del siglo XXI, para indagar estas cuestiones resulta ineludible reconocer qué diarios leemos, qué radios escuchamos, y qué programas de televisión y series miramos, entre tantos otros temas pertinentes que hacen a nuestra subjetividad. Pero también, y sobre todo, es imprescindible comprender cómo funciona la maquinaria de la industria cultural que trabaja incesantemente para llegar a nuestras mentes. En este sentido, el libro La concentración infocomunicacional en América Latina (2000-2015), de Guillermo Mastrini y Martín Becerra –ambos expertos en políticas de comunicación e investigadores del Conicet–, es un material ineludible para comprender el escenario regional y sus actores más relevantes. “Nosotros teníamos dos sectores con tradiciones económicas, políticas, regulatorias y de consumo totalmente diferentes. Por un lado estaban los medios de comunicación, y por el otro las telecomunicaciones. Para las telecomunicaciones lo único importante es la conexión, los contenidos no importan, mientras que para la radiodifusión es fundamental”, explica Guillermo Mastrini. Estas dos tradiciones señaladas por el investigador desde hace un tiempo tienden a ir por un mismo carril, es el llamado fenómeno de la convergencia. “Pero todo el proceso de transformar las representaciones simbólicas a través de una lógica digital hace confluir diferentes tradiciones en un mismo espacio, que es Internet”, aclara. En esta entrevista el especialista se explaya sobre la estructuración de un sector clave para la democracia, la socialización y la producción cultural, y analiza políticas como la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, hoy caduca debido a las modificaciones regulatorias realizadas por el gobierno de Cambiemos.
–¿Cuáles son los desafíos que plantea la convergencia?

–El primero es político, que tiene que ver con cómo en este entorno convergente se va a promover, toda la regulación que protegía la diversidad cultural. Algunos creemos, por la importancia que tienen los sistemas de comunicación en el mundo, que es necesario que haya algunas regulaciones que permitan los elementos básicos para que una sociedad sea plural y ese pluralismo esté representado en las formas de comunicación, sobre todo las formas de comunicación mainstream. Porque una cosa que ocurre hoy es que cualquiera puede publicar lo que quiera en las redes sociales, pero ¿quién ve eso? Los amigos de la persona que publicó, doscientos o quinientos, pero no cincuenta mil o más. En términos de representación social hoy todavía los procesos grandes de comunicación siguen pasando, salvo excepciones muy puntuales que se convierten en virales, por los grandes medios y algunos nuevos que se han formado con Internet. Entonces, ¿qué ocurre con la tradición regulatoria? ¿cuál de estas dos lógicas se va a imponer, la de conectamos o la de protegemos algunos contenidos que entendemos que son fundamentales para una sociedad plural y democrática? Es decir, la economía de las telecomunicaciones y de Internet tiene una lógica, la economía cultural tiene otra. 
–De hecho, la mayoría de las industrias culturales históricamente tuvieron una fuerte regulación de protección de parte del Estado. 
–Claro, porque su economía es tan inestable que, sin algún tipo de protección, en general, tienden a sobrevivir sólo los más grandes. Y desde el siglo XX, desde muy temprano, los Estados tuvieron políticas públicas para promover la diversidad, dicho muy genéricamente. Diversidad en contenidos políticos, culturales y lingüísticos; y además, algo que en América latina ocurrió muchísimo menos, contenidos federales, en el sentido de que en un país la cultura no sólo es la cultura de la capital. Nunca este sistema de protección fue pleno ni maravilloso, ni hubo una pluralidad absoluta, pero servía para promover algún nivel de diversidad, desde mi punto de vista lejos de lo óptimo, pero mucho mejor de lo que se hubiera dado sin esa política. Hoy la convergencia parece plantear una lógica de que ya no hay diferencias, porque cuando uno mira Netflix en el celular, ¿está mirando televisión o haciendo un proceso de telecomunicaciones? De esta manera, toda la lógica de protección que había en el ámbito de la radiodifusión tiende como a desaparecer en un lógica mucho más grande, tecnológica, y con otro agravante que es que, en general, la digitalización rompe con una barrera importante que tenían los mercados culturales que es el Estado nación.

–En este escenario en el que las barreras nacionales parecen diluirse, ¿de qué manera juegan actores globales como Netflix o Spotify?
–Netflix o Spotify piensan que su mercado es el mundo, ya no es Estados Unidos, aunque ellos tienen políticas comerciales en cada lugar. Sus modelos productivos y de rentabilidad están en el mercado mundial. Entonces, acá tenemos otro desafío que plantea la convergencia que es cómo interactúa la política nacional con mercados globales, porque Netflix no se reconoce limitado por el accionar estatal, y acá viene toda una cuestión de política pública, porque se empiezan a producir asimetrías regulatorias. A Netflix, por ejemplo, no se le puede poner una cuota de producción federal, una cuota de diversidad, su servidor está en Estados Unidos. Y los medios nacionales que tienen que cumplir con las cuotas de representación dicen “bueno, yo quiero lo mismo que Netflix”. La tendencia es a perder regulación. Este es un tema que, por lo menos, hay que discutirlo y plantearlo socialmente. Pero estas discusiones no suceden generalmente en nuestras sociedades sino en el escenario global, al que sólo llegan algunos: los muy poderosos siempre, y a veces algunas organizaciones sociales que logran insertarse en esos escenarios. Esto plantea una discusión sobre cómo se ejercen los derechos ciudadanos hoy, en el escenario global. Preguntarse por la concentración de los medios tiene que ver con estos procesos de cómo la ciudadanía se relaciona con el conocimiento y la información de las cosas que las afectan.

–En este escenario la cuestión de la libertad de expresión parece quedar limitada por la discusión acerca de la libertad de mercado.  
–Bueno, pero incluso en América latina hay escenarios interesantes como son algunas discusiones que se han planteado en el seno de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en la Relatoría Especial para la Libertad de Expresión. Ahí veo algunos aspectos muy positivos, en términos de que hay derechos y posiciones que tienden a consolidarse en un entorno supranacional, como pueden ser estos organismos multinacionales. En algunos casos lo que observo en estos lugares es una preocupación por algunos derechos individuales como protección de datos personales o privacidad, pero no tanto por los derechos colectivos, eso queda más en un segundo plano. Por ejemplo, el tema de la concentración es un tema que estos organismos mencionan como preocupante, pero su acción política es mucho más limitada, porque todavía están los gobiernos. Yo creo que estas discusiones se tienen que seguir dando y el desafío es traerlas a la cotidianidad. En ese sentido, una de las cosas que más rescato de todo el proceso que tuvo que ver con la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual en la Argentina es el nivel de debate público que hubo durante cuatro o cinco años en relación al rol de los medios de comunicación en la sociedad. Obviamente estamos en un momento en que ese debate ha desaparecido, pero sedimentó un conocimiento social y preguntas en las personas sobre cuál es el rol de los medios de comunicación. 

–Pero en lo seis años posteriores a la sanción de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (2009) prácticamente no se pudo modificar el escenario de concentración que había en la Argentina. ¿Por qué no se pudo cambiar esta situación?
–Esto no es un fenómeno que se registró sólo en la Argentina. Si bien los procesos no fueron iguales,  la situación se dio en diferentes lugares de la región, hubo leyes y discusiones fuertes en Venezuela y Ecuador, por ejemplo. Pero en realidad el impacto de toda esta discusión y de todas las políticas fue bajo. Por un lado, no hay que negar la capacidad de los grandes grupos de resistir estas nuevas políticas, porque efectivamente, y como es lógico, todo interés afectado procura defenderse. Y (el sector de los medios concentrados) tienen muchos recursos económicos y políticos para limitar el efecto de esta transformación. Por otra parte, y esto sí lo pienso más específicamente para el caso argentino, creo que de hubo una confusión entre lo táctico y lo estratégico en la aplicación de la ley. Es decir, se quedaron en lo táctico, en la batalla contra un grupo particular, el grupo Clarín, y no en lo estratégico que era la transformación del sistema. En ese sentido, lo que no veo, y creo que es uno de los problemas, es que con las leyes de medios en América latina se hayan promovido cambios en la vida cotidiana de las personas. Entonces, la legitimidad es menor. Por eso Macri con un decreto transforma el corazón de la ley y socialmente eso no tiene costo político, no tiene impacto, salvo en los grupos que están participando en este tema, pero que son muy pequeños en términos sociales. Y hay otra cuestión que tampoco hay que negar y que es el tiempo. Porque no se transforma un sistema audiovisual en quince minutos. Obviamente, tal vez se hubiera requerido más tiempo, pero yo creo que se podría haber hecho más en el tiempo que hubo.

–¿Qué más se podría haber hecho en esos seis años?
–En Argentina concretamente creo que tendría que haber habido un plan técnico, tendrían que haberse dado muchas más licencias de las que se dieron, y me parece que habría que haber promovido un sistema de medios del Estado mucho más fuerte y plural del que efectivamente hubo. También creo que el no haber terminado con los procesos de readecuación de los grupos fue un error importante. Estaba todo listo para hacerlo. 

–¿Cuáles son las consecuencias de la concentración en este marco de convergencia global para nuestras sociedades?
–Yo diría que hay como dos grandes consecuencias: una es económica, porque cuando las empresas tienden a ser más grandes, desalientan la competencia, porque los nuevos actores ven cada vez más difícil competir con los actores que ya están. Esto pasaba en cualquier área de la economía, tanto para las telecomunicaciones como para el sector audiovisual. Hoy hay una gran discusión, porque cuando aparecen los grandes jugadores globales, los grupos nacionales creen que eso también los afecta. Para decirlo claramente: Clarín al lado de Netflix es como un “medio comunitario”. Entonces, esos medios crecen o desaparecen. En este sentido, la estrategia de crecimiento del grupo Clarín, más allá de que yo no lo comparta en términos de lo que eso representa para la sociedad, tiene una lógica económica muy razonable y son jugadores que leen el mercado mundial de la comunicación y que tratan de adaptarse a él: o se crece o se tiende a desaparecer. Desde mi punto de vista, la concentración genera una eficiencia económica en términos de ahorro de costos para las empresas, pero una ineficiencia económica general en términos de que limita la competencia.

–Ustedes señalan en el libro que el éxito en la distribución o comercialización de los productos culturales es improbable ya que en este sector se verifica la regla del 80-20 que supone que el 80 por ciento de todo el contenido de los medios no es redituable, y que el mayor beneficio es generado por el 2 por ciento de los productos. En esta lógica del capital, ¿quiénes sobreviven? 
–La regla de que muy poco genera todo el beneficio y la mayoría de los productos no son consumidos está presente desde que hay industrias culturales. Existió, existe y existirá; la lógica del consumo cultural es así, porque tiene que ver con las características de los bienes simbólicos. ¿Por qué consumimos lo que consumimos? No hay un patrón, nadie sabe qué va a ser un éxito y qué no, y entonces el mercado necesita lanzar veinte mil cosas para encontrar el éxito. Pero sólo los muy grandes pueden soportar esa característica. Por eso la política cultural fue también un límite a esa tendencia económica. La política cultural lo que hace es limitar los efectos de la concentración. Por distintos motivos, no hay una concentración buena. Pero en el mercado cultural, en el sector audiovisual específicamente, en los medios de comunicación la concentración es doblemente mala, es mala porque es ineficiente económicamente y es mala porque genera problemas en términos de diversidad, de pluralismo. Entonces, frente a esa cuestión, la política cultural del siglo XX fue que el Estado interviene para generar algún nivel de diversidad. Por ejemplo, esto en el cine se ve claramente, Argentina produce 150 películas anuales, si el Estado mañana se retira del apoyo a la producción de cine pasamos a generar entre 3 y 15 películas anuales. Es decir, el 90 por ciento de la producción cinematográfica depende de que el Estado intervenga. Entonces, hay un problema económico y hay un problema político. Ser diversos, plurales, representar las culturas regionales, la diversidad de opiniones, la diversidad de lenguas, todo eso es caro.

–¿Qué tan dispuestos/as estamos a pagar la diversidad?
–Ese es un debate complicado en términos sociales. Tampoco la política pública cultural es sólo la del Estado. La del Estado es la más visible y la que en general cuenta con más recursos, pero también hay política pública social, no estatal. Mientras en el siglo XX había una legitimidad de todas estas políticas, yo creo que en el siglo XXI aparecen preocupaciones en términos más individualistas, y esto genera un riesgo. Muchos entendemos que sigue siendo central para las sociedades democráticas la cuestión de los contenidos, de quiénes tienen prioridad, el problema de la diversidad cultural. Ahora, en esta etapa de crisis lo que veo es que quienes estaban mejor parados antes de la crisis tienen más capacidad de respuesta. Un ejemplo remanido es el de la BBC (British Broadcasting Corporation). La BBC también está en crisis, pero tiene una crisis que ya me gustaría a mí tenerla, porque tiene presupuestos consolidados, capacidad productiva, lógicas de inserción en el mercado internacional, y además plantea estándares, lógicas comunicativas, que también desafían al privado. Por supuesto que no creo que hay que repetir la experiencia de la BBC, nunca sirve eso. Pero veo como un error no haber fortalecido los medios públicos en términos de una lógica que trasciende el partidismo, porque si los medios públicos se hubieran legitimado socialmente, hubiera sido mucho más difícil hacerlos desaparecer. Porque los medios públicos siguen todos formalmente vigentes pero en los hechos, en la Argentina, si algo ha logrado Cambiemos en materia de medios públicos es que nadie los mire ni los escuche, que nadie los consuma.

La inseguridad social ¿Qué es estar protegido?

Publicado en Sin Permiso el 24/03/2013

Robert Castel

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[El pasado 12 de marzo murió a los 79 años el gran sociólogo y activista social francés Robert Castel, autor de obras fundamentales como Las metamorfosis de la cuestión social y La inseguridad social ¿Qué es estar protegido?, cuyo epílogo reproducimos de la traducción publicada por Ed. Manantial de Buenos Aires, como un homenaje a su legado científico y militante-SP]
“¡Que Dios lo proteja!” Esta expresión tan popular en los siglos de creencia religiosa expresaba el sentimiento entonces compartido por toda la comunidad de que, para que la criatura humana estuviera verdaderamente protegida contra todas las contingencias de la existencia, era necesario que una Omnipotencia tutelar la tomara íntegramente en sus manos.

A falta de ese fundamento absoluto de la seguridad, ahora le corresponde al hombre social la ardua tarea de construir él mismos sus protecciones. Todo sucede, sin embargo, como si el retiro de un garante trascendente de la seguridad hubiera dejado subsistir, como su sombra, un deseo absoluto de estar amparado contra todas las incertidumbres de la existencia. La extensión de las protecciones es un proceso histórico de larga duración, que corre muy parejo con el desarrollo del Estado y las exigencias de la democracia, e indudablemente nunca estuvo tan omnipresente como hoy. No obstante, se impone la constatación de que estos dispositivos múltiples de protección no mitigan la aspiración a la seguridad, sino que, por el contrario, la relanzan. Con razón o sin ella (pero esta expresión no tiene demasiado sentido pues no se trata de un cálculo racional), el hombre contemporáneo aparece al menos tan atormentado por la preocupación de su seguridad como sus lejanos ancestros, a quienes, sin embargo, no les faltaban buenas razones para inquietarse por su supervivencia. Al dar cuenta de esta paradoja, la reflexión socio histórica aquí realizada culmina en dos proposiciones complementarias, aparentemente contradictorias: denunciar la inflación de la preocupación por la seguridad y afirmar la importancia esencial de la necesidad de protecciones.

Denunciar la inflación de la preocupación por la seguridad porque esta postura disuelve al fin de cuentas la posibilidad misma de estar protegido. Instala el miedo en el centro de la existencia social, y este miedo es estéril si tiene que ver con las contingencias incontrolables que constituyen la suerte o el destino propios de toda existencia humana. Se ha enfatizado que las desviaciones recientes de la reflexión sobre el riesgo alimentaban una mitología de la seguridad, o más bien de la inseguridad absoluta, que culmina en última instancia en una denegación de la vida. Hay que guardar en la memoria la lección profunda de Italo Svevo en La conciencia de Zeno:

La vida se parece un poco a la enfermedad, también ella procede por crisis y por depresiones; a diferencia de las otras enfermedades, sin embargo, la vida siempre es mortal, no soporta ningún tratamiento. Curar la vida sería obturar los orificios de nuestro organismo considerándolos como heridas. Apenas curados, estaríamos sofocados.
La vida es un riesgo porque lo incontrolable está inscripto en su desarrollo. Habría que interrogarse más sobre la inflación actual de la preocupación por la prevención, que es estrictamente correlativa de la inflación de la preocupación por la seguridad. Sin ninguna duda, más vale prevenir que curar, pero las tecnologías eficaces de prevención son limitadas, y rara vez infalibles. En consecuencia, la ideología de la prevención generalizada está condenada al fracaso. Pero el deseo desesperado de erradicar el peligro que conlleva mutre una forma de angustia probablemente específica, de la modernidad y que es inextinguible. Sin ceder al pathos, es muy saludable recordar que el hombre se caracteriza por su finitud, y saber que es mortal es para él el comienzo de la sabiduría.
Sin embargo, rechazar el mito de una seguridad total condice a defender simultáneamente que la propensión a estar protegido expresa una necesidad inscripta en el centro de la condición del hombre moderno. Como lo han visto los primeros pensadores de la modernidad, empezando por Hobbes, la exigencia de vencer la inseguridad civil y la inseguridad social está en el origen del pacto que funda una sociedad de individuos. Hace poco, tanto se dijo y se escribió en Francia sobre la inseguridad civil que me atendré en este punto a lo que anticipaba anteriormente: que la búsqueda de la seguridad absoluta puede entrar en contradicción con los principios del Estado de derecho y se desliza fácilmente a una pulsión de seguridad que persigue a los sospechosos y satisface a través de la condena de chivos emisarios. El fantasma de “nuevas clases peligrosas” que constituirían los jóvenes de los suburbios pobres ejemplifica este tipo de desviación. Pero, la búsqueda de la seguridad expresa una exigencia que no es solamente asunto de los policías, de los jueces y del Ministerio del Interior. La seguridad debería formar parte de los derechos sociales en la medida en que la inseguridad constituye una falta grave al pacto social.
Vivir en la inseguridad día a día es ya no poder hacer sociedad con sus semejantes y habitar en su entorno bajo el signo de la amenaza y no de la acogida y el intercambio. Esta inseguridad cotidiana es tanto más injustificable cuanto que afecta especialmente a las personas más desguarnecidas de otros recursos en materia de ingresos, de hábitat y de todas las protecciones que brinda una situación social segura  - todas también son víctimas de la inseguridad social-. Sin pronunciarse siquiera por la cuestión de las causas - ¿en qué medida la inseguridad civiles la consecuencia de la inseguridad social?-, existen al menos correlaciones fuertes entre el hecho de experimentar cotidianamente la amenaza de la inseguridad  y el de ser presa de las dificultades materiales de la existencia. Razón suficiente para rechazar el angelismo y pensar que la inseguridad civil debe ser enérgicamente combatida. Pero no por cualquier medio, y no resulta nada fácil encontrar el compromiso entre seguridad pública y respeto a las libertades públicas.
Sin embargo  no cabe duda hoy en día que la inseguridad debe combatirse también y en gran medida a través de la lucha contra la inseguridad social, es decir, desarrollando y reconfigurando las protecciones sociales. En efecto, ¿qué es estar protegido en una sociedad moderna? El esclavo muchas veces estaba protegido si no tenía un amo demasiado malo, y por otra parte los amos estaban interesados en procurar a sus esclavos al menos los recursos mínimos necesarios para asegurar su supervivencia. En la familia patriarcal, las mujeres, los niños y los sirvientes estaban protegidos, y a menudo el viejo servidor o la vieja servidora, cuando dejaban de ser útiles, no por ello eran abandonados. Las relaciones clientelistas, las mafias, las sectas y todas las Gemeinschaften  tradicionales procuran potentes sistemas de protecciones, pero que se pagan con una profunda dependencia de sus miembros. Es lo que da a la declaración de Saint-Just en el momento de la Revolución su resonancia profundamente moderna:
Brindar a todos los franceses los medios para satisfacer las primeras necesidades de la vida sin depender de otra cosa que no sean las leyes y sin dependencia mutua  en el Estado civil. (1)
Al cabo de dos siglos de conflictos y de compromisos sociales, el Estado, bajo la forma de Estado nacional-social, había “brindado” más allá “de las primeras necesidades de la vida”, los recursos necesarios para que todos, o casi todos, pudieran gozar de un mínimo de independencia. Eso es precisamente estar protegido desde el punto de vista social en una sociedad de individuos: que estos individuos dispongan, por derecho, de las condiciones sociales mínimas de su independencia. La protección social es así la condición de posibilidad para formar lo que he llamado, siguiendo a León Bourgeois, una sociedad de semejantes: un tipo de formación social en cuyo seno nadie está excluido porque cada uno dispone de los recursos y de los derechos necesarios para mantener relaciones de interdependencia (y no solamente de dependencia) con todos. Es una definición posible de ciudadanía social. Es asimismo una formulación sociológica de lo que en términos políticos se denomina una democracia.
Se sabe que desde hace un cuarto de siglo ese edificio de protecciones montado en el marco de la sociedad salarial se ha fisurado, y que sigue resquebrajándose bajo los golpes propinados por la hegemonía creciente del mercado. La profundidad y el carácter irreversible de estas transformaciones hacen que resulte imposible mantener sanos estos dispositivos. Pero la amplitud de los cambios señala también hasta qué punto es urgente intentar  reorganizarlos en la coyuntura nueva y tomarse en serio aquello a lo que conduciría su abandono. Al no tener recetas milagrosas que proponer, me esforcé sobre todo por precisar las líneas de fractura que hoy rediseñan la configuración de las protecciones hasta amenazar con cuestionar la posibilidad de seguir conformando una sociedad e semejantes. Para decirlo, en fin, de modo sintético, me parece que el desafío principal de la problemática de las protecciones sociales se sitúa hoy en la intersección del trabajo y el mercado. Se puede comprender a partir de la cuestión central que planteaba Karl Polanyi y que sigue siendo de candente actualidad: ¿se puede (y si sí, en qué medida y cómo) domesticar el mercado? En efecto, como se destacó al recordar el rol desempeñado por la propiedad social en la construcción de una sociedad de seguridad, fue cierta domesticación del mercado lo que, en gran medida, permitió vencer la inseguridad social. Y es también por supuesto cierta remercantilización del trabajo la principal responsable del alza de esta inseguridad social a través de la erosión de las protecciones que estaban ligadas al empleo, con la consiguiente desestabilización de la condición salarial.
Sin embargo, estas constataciones no deben conducir a la condena del mercado. “Condenar el mercado” es una expresión que por otra parte no tiene estrictamente ningún sentido. Centralidad del mercado y centralidad del trabajo son las características esenciales de una modernidad en la cual siempre estamos, aunque sus relaciones se hayan transformado profundamente desde que Adam Smith las afirmara simultáneamente. Probablemente estemos asistiendo al desarrollo de experimentos sociales interesantes que se inscriben en los márgenes o en los intersticios de la economía mercantil. Pero está descartado, y aún diría que no es deseable, que puedan representar una alternativa global a la existencia el mercado. Una sociedad sin mercado sería, en efecto, una gran Gemeinschaft, es decir, una manera de hacer sociedad cuya historia, tanto antigua como reciente, nos muestra que ha sido estructurada generalmente por relaciones de dominio despiadadas o por relaciones paternalistas de dependencia humillantes. Suprimir el mercado representa una opción propiamente reaccionaria, una suerte de utopía al revés, de la que Marx ya se burlaba al evocar “el mundo encantado de las relaciones feudales”. No hay modernidad posible sin mercado.

Entonces la cuestión es saber si es posible ponerle límites a la hegemonía del mercado: controlar o canalizar el mercado. Fue lo que se hizo  en el marco de la sociedad salarial gracias a esta gran revolución silenciosa que representó la constitución de la propiedad social, fruto de un compromiso entre el mercado y el trabajo bajo la égida del Estado. Ni el mercado ni el trabajo ni el Estado tienen hoy la misma estructura, pero la cuestión de su articulación se plantea siempre. Al trabajo devenido móvil y al mercado devenido volátil debería corresponder un Estado social devenido flexible. Un Estado social flexible y activo no es una simple fórmula retórica, sino la formulación de una exigencia (que no implica la certeza de su realización): más que nunca es necesaria una instancia pública de regulación para enmarcar la anarquía de un mercado cuyo reino sin rival culminaría en una sociedad dividida entre ganadores y perdedores, ricos y miserables, incluidos y excluidos. Lo contrario de una sociedad de semejantes.

Enfrentar las inseguridades es combatir a la par la inseguridad civil y la inseguridad social. Hoy en día existe un amplio consenso respecto de que, para asegurar la seguridad civil (la seguridad de los bienes y de las personas) se requiere una fuerte presencia del Estado: hay que defender el Estado de derecho. Lo mismo debería suceder para luchar contra la inseguridad social: habría que salvar el Estado social. En efecto, no puede existir una “sociedad de individuos”, salvo que estén divididos o atomizados, sin que los sistemas públicos de regulaciones impongan, en nombre de la cohesión social, la preeminencia de un garante del interés general sobre la competencia entre los intereses privados. Esa instancia pública – más bien habría que decir esas instancias, centrales y locales, nacionales y transnacionales – debería encontrar su modus operandi en un mundo marcado por el doble sello de la individualización y  de la obligación de movilidad. Es lo menos que se puede decir sobre ella, lo que no es poco, pues estamos acostumbrados a pensar los poderes del Estado a través de grandes reglamentaciones homogéneas que se ejercen en un marco nacional. Pero es quizá la única respuesta ajustada, en la coyuntura contemporánea, a la pregunta “¿qué es estar protegido?”.

Notas:
(1)  Saint-Just, Fragments sur les institutions républicaines, (Euvres complètes, París, C. Nodier (1831), 1984, pág. 969.
Robert Castel, sociólogo y activista social francés, fue director de estudios de la Escuela de Altos Estudios en Ciencias Sociales de Francia y autor, entre otros libros, de Las metamorfosis de la cuestión social (Paidos 1997) y La inseguridad social ¿Qué es estar protegido? (Manantial 2001).
Fuente:
www.sinpermiso.info, 24 de marzo 2013

viernes, 9 de marzo de 2018

MUJERES


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Atilio Boron
 
Este 8 de Marzo, día internacional de la mujer en recuerdo de aquellas que murieron en el incendio de la fábrica de camisas de Nueva York, debe hacernos reflexionar sobre la condición del grupo social de más larga historia de opresión, explotación y discriminación del planeta. Ninguna otra formación social ha padecido estas infamias durante tanto tiempo y tan profundamente. Por eso su emancipación es condición necesaria de la emancipación de todas las clases, grupos y categorías sociales. El proletariado sólo se librará de sus cadenas si al mismo tiempo lo hace la mujer. De no ser así su liberación será más ilusoria que real. Por lo tanto, si un proyecto socialista no instala la emancipación de la mujer como el primer ítem, no negociable, de su agenda revolucionaria estará condenado al fracaso. Lo que construirá será una caricatura de socialismo, pero no el verdadero socialismo.
Una breve referencia histórica puede ayudar a comprender este argumento. Entre los siglos XVI y XVIII se estima, de manera muy conservadora, que sólo en Europa fueron condenadas a la hoguera unas 60.000 mujeres. Sospecho que la cifra real de la “caza de brujas” seguramente fue bastante mayor debido al subregistro que caracteriza esta clase de crímenes. Es decir, prácticamente una mujer por día fue quemada viva durante dos siglos en el afán de someter y disciplinar a las clases y capas subalternas al naciente orden social burgués. No se conoce que lo mismo hubiera ocurrido con los varones, decapitados o ahorcados con esa estremecedora frecuencia cotidiana. Ese período de la acumulación originaria del capitalismo logró someter al naciente proletariado a su dominio en gran medida con el castigo ejemplar que se les aplicaba a las mujeres. Y es que para el capital, ayer tanto como hoy, el potencial subversivo, contestatario, transgresor que amenaza al orden burgués se encuentra mucho más en la mujer que en en el varón. Y los capitalistas actuaron, y actúan hoy, en consecuencia: por eso la perdurabilidad del patriarcado, reforzado con el advenimiento del capitalismo pese a que muchos pensaron que ocurriría lo contrario. De ahí nuestro homenaje a la mujer que porta en su seno las semillas de la revolución, la esperanza y la utopía de una nueva sociedad.