lunes, 10 de junio de 2013

Conceptualizar el Neoliberalismo: “Tratados de Libre Comercio”




Por Andrés Asiain y Lorena Putero

A casi ocho años del hundimiento del ALCA en las costas marplatenses, los apóstoles regionales del liberalismo no cejan en su esfuerzo por salir a flote. Comenzaron impulsando la firma de Tratados de Libre Comercio con Estados Unidos y diversas naciones del sudeste asiático por países como México, Colombia y Chile, que a partir de allí fueron catalogados como buenos muchachos dignos de la alabanza mediática y del favor de los organismos internacionales. Ahora buscan diluir las posibilidades de una integración económica regional, al fomentar la firma de un acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la Unión Europea que acentuaría las divisiones en el interior del bloque sudamericano y alejaría la posibilidad de supervivencia de gran parte de su aparato industrial.
Los argumentos en favor de la firma de dichos tratados son tan viejos como el liberalismo económico, y remontan a autores clásicos como Adam Smith y David Ricardo. En pocas palabras, la rebaja mutua de aranceles permitiría a cada país incrementar las ventas externas y la producción de aquello en que es más competitivo, importando barato aquello en lo que lo es menos. De esa manera, según los promotores de esos acuerdos, el nivel de ingreso real de cada nación se incrementaría, permitiendo mejorar el nivel de vida de sus respectivos habitantes. Quienes, en cambio, insistan en fomentar el proteccionismo, perderán mercados externos y se verán obligados a disminuir la producción en aquellos sectores en que son más competitivos, viéndose obligados a sustituir los productos importados por nacionales de peor calidad y mayor precio, empobreciendo sus economías y a sus habitantes.
La refutación de esos argumentos también fue formulada hace muchísimos años y remite a autores como List o Hamilton, teóricos de la industrialización alemana y norteamericana. En regiones que aún no han alcanzado un elevado grado de desarrollo económico como Sudamérica, la producción más competitiva (soja, cobre, oro, petróleo) se vincula a la disponibilidad de algún recurso natural, como ser tierras, yacimientos o reservas. La rebaja de aranceles puede generar una expansión de la producción sólo cuando aún no estén siendo explotados al máximo esos recursos naturales. Aun en ese caso, la expansión durará hasta alcanzar el máximo posible de producción y luego declinará a medida que se vaya agotando la fuente natural de la que brota la competitividad. Mientras tanto, el ingreso de bienes importados libre de aranceles implicará la quiebra de las industrias que no puedan competir con ellos, con lo que se reducirán las oportunidades de inversión y se generará el desempleo masivo de nuestras fuerzas productivas humanas, técnicas y naturales. El resultado, en el mediano plazo, será una región más pobre, con su población masivamente desempleada, dependiente de unos pocos rubros de exportación en decadencia que enriquecen a una pequeña oligarquía vinculada a ellos.
Para evitar ese destino, la región debe desestimar los cantos de sirena del liberalismo comercial, y aprovechar el ingreso de divisas que le generan sus exportaciones de productos primarios para importar insumos y maquinarias con los que diversificar una producción estimulada mediante la protección del mercado regional. Aprovechando las complementariedades entre los países de la región, ampliando las oportunidades de inversión, expandiendo el empleo y aprovechando al máximo las potencialidades productivas de que dispone, podrá afrontar con el menor sacrificio cualquier cambio de tendencia en la economía mundial o el paulatino agotamiento de sus recursos naturales.

Fuente: Página/12- CASH

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