martes, 22 de febrero de 2022

Murió Susana Torrado, la científica a la que Cavallo mandó a lavar los platos:La socióloga había revelado las consecuencias sociales de la política neoliberal del menemismo

 

Fue una de las figuras intelectuales más importantes de las ciencias sociales en Argentina y América Latina. Investigó los cambios demográficos en el país y el impacto de las políticas de ajuste.

“¡Que se vaya a lavar los platos”, dijo el entonces superministro de Economía, Domingo Cavallo, en septiembre de 1994. El exabrupto sexista --que quedó en la historia como sinónimo de ajuste económico y menosprecio hacia la mujer-- estaba dirigida a la socióloga y demógrafa Susana Torrado, investigadora del Conicet y profesora universitaria, quien había advertido que el aumento de la desocupación era consecuencia directa de las políticas neoliberales del gobierno de Carlos Menem. Torrado, una de las figuras intelectuales más importantes de las ciencias sociales en Argentina y en América Latina, murió en la misma ciudad en la que nació, fecha que ocultaba “por coquetería”, como cuenta el editor Daniel Divinsky, que publicó en Ediciones de la Flor ese gran clásico de la socióloga, Estructura social de la Argentina (1945-1983), un texto de lectura obligatoria en todas las carreras de ciencias sociales del país.

Licenciada en Sociología por la Universidad de Buenos Aires (UBA) en 1963, Torrado inició su vida académica como asistente del Instituto de Sociología de la UBA, dirigido entonces por el “padre fundador” de la sociología en Argentina, Gino Germani, inmigrante italiano expulsado por el fascismo, a quien identificaba como uno de sus maestros, junto con José Luis Romero y la socióloga panameña Carmen Miró. Sus principales filiaciones teóricas estaban en el materialismo histórico y el pensamiento de Pierre Bourdieu. Viajó a París, donde se doctoró en 1970 en la Ecole Pratique des Hautes Etudes de la Université de París, con una tesis sobre la evolución demográfica en la Argentina entre 1870 y 1960. Después residió en Montreal (Canadá), donde trabajó como profesora de demografía, y entre 1971 y 1978 vivió en Santiago de Chile, donde fue funcionaria del Centro Latinoamericano de Demografía (Celade), y se destacó por desarrollar los estudios de las clases sociales en América Latina.

El golpe de Pinochet la alejó de Chile y decidió regresar a Buenos Aires en 1979. A partir de la recuperación democrática, Torrado participó activamente en la reapertura de la carrera de sociología de la UBA, que había sido cerrada por la dictadura cívico militar. La socióloga inició la cátedra de Demografía Social en la Facultad de Ciencias Sociales, materia de la que fue Profesora Titular Regular hasta 2006, cuando fue nombrada Profesora Emérita; en paralelo fue designada directora de la carrera de Sociología durante la gestión de Francisco Delich al frente de la UBA. Mucho antes de volverse famosa por la frase de Cavallo, quien la llamó, encolerizado, “esa mujer”, Torrado fue protagonista de un momento luminoso de reorganización y actualización de la carrera de Sociología.

Que Cavallo la mandara a lavar los platos marcó un antes y un después en la vida pública de la socióloga. “Era una situación muy especial, un científico se animaba a contradecir lo que nadie discutía, y encima una mujer. La gente joven del Conicet lo tomó como un insulto a los científicos, más allá de Susana Torrado. A la vez era el Conicet el que venía a señalarle a Cavallo las consecuencias de su modelo económico. Para él resultó insoportable, por eso buscó todas las formas posibles para desacreditarnos”, planteaba Torrado en una entrevista de Página/12. “Me acuerdo de un acto muy bueno que llamamos ‘Enseñándole al ministro’, que funcionó como una radio pública en Plaza de Mayo frente a la ventana de su despacho del Ministerio de Economía; recuerdo que estuvo Pérez Esquivel y otra gente, vino mucha gente a la Plaza y se habló de política, de ciencia y de libertad académica”.

La socióloga publicó Familia y diferenciación social. Cuestiones de método (1998, Eudeba), donde sistematizó sus desarrollos metodológicos en torno del estudio de las familias, los hogares y la fuerza de trabajo; Historia de la familia en la Argentina moderna (1870-2000) (2003, Ediciones de la Flor); Población y bienestar en la Argentina del primero al segundo Centenario. Una historia social del siglo XX (2007, Edhasa), un compendio, en dos tomos, de las transformaciones sociodemográficas de la población del país a través de un conjunto de artículos propios y de especialistas; La herencia del ajuste. Cambios en la sociedad y en la familia (2004, Capital Intelectual) y El costo social del ajuste (Argentina 1976-2002), editado en dos tomos (2010, Edhasa).

Varias generaciones se formaron con sus clases en la UBA, en el Instituto de Altos Estudios Sociales (IDAES) de la Universidad Nacional de General San Martín; en el Programa de Posgrado de Ciencias Sociales y en Políticas Sociales de Flacso; y en el Instituto de Desarrollo Económico y Social (IDES), entre otros. Torrado fue distinguida con el Premio “Reconomiento a la trayectoria” de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires y con el Premio Bernardo Houssay a la Trayectoria en Investigación Científica y Tecnológica (SECYT, 2003). De la mano de una pionera como Torrado, el estudio de la demografía resultó fundamental en la vida de la sociedad. Las ciencias sociales están de luto.

miércoles, 16 de febrero de 2022

Impuestos: ¿la Argentina un edén impositivo para los más ricos?

 Fuente:rambletamble


Mientras el IVA es el principal aportante a los recursos del Estado (30%), el impuesto a los bienes personales (directo y progresivo) sólo recaudó un 0,6% y el inmobiliario apenas 0,37%. la imperiosa necesidad de una reforma tributaria progresiva.




La Alameda

Por Julián Corvaglia

Decir hoy que hay que subir impuestos en Argentina es ir contra la corriente. En la mayoría de los medios masivos de comunicación se repite hasta el hartazgo el mito de que vivimos en un infierno tributario. Al comparar datos con otros países sobre la estructura tributaria se ve que es otra la realidad.

¿Por qué nuestro sistema impositivo es regresivo? Mientras el IVA (Impuesto sobre el Valor Agregado), indirecto, es el principal aportante a los recursos del Estado argentino (con 30,5% del total en 2019), el mismo año el impuesto a los bienes personales (directo y progresivo) sólo recaudó un 0,6%. Sobre éste impuesto, cuya alícuota bajó Macri y subió Alberto Fernández, el diputado oficialista Itaí Hagman afirmó recientemente que los autos se toman a valor de mercado y los inmuebles a valor fiscal, por lo que se puede dar el caso de que alguien con dos autos pagué más que alguien con varias propiedades.

En Canadá la recaudación del impuesto a las ganancias de personas físicas equivale a un 12,2 % del PBI. En los países nórdicos europeos, los de mayor calidad de vida e igualdad social del mundo, la cifra es mayor. En Argentina en 2019 la cifra llegó al 7 % del Producto Bruto Interno. Cuadro comparativo con otros 9 países:




En los países de la OCDE, conocido como “el club de los países ricos” el impuesto a las ganancias lo pagan más las personas físicas que las empresas; cerca del 75% del impuesto es aportado por las personas humanas. En Argentina el 58,8% lo pagan las empresas. ¿Por qué es peor el sistema argentino? Porque las empresas trasladan los impuestos a los costos y termina siendo pagado por los consumidores, y alimentando la alta inflación.

El abogado y politólogo José Nun (ex secretario de Cultura de Néstor Kirchner) en 2018 sostenía que hay que subir la presión impositiva, pero no a la clase media ni a las empresas, sino a las grandes fortunas personales. Consideraba que actualizando el valor fiscal de las propiedades inmobiliarias, restableciendo el impuesto a la herencia, creando un impuesto al patrimonio neto que exceda los 2 millones de dólares y poniendo un impuesto a los bienes suntuarios en un par de años el déficit fiscal desaparecería.

¿Se puede bajar la presión sobre las empresas (sobre todo las pymes) y sobre el consumo, y subirla a la vez sobre las personas con mayor poder adquisitivo? Sí. Ahondaremos ahora en dos de las ideas de Nun:

1) subir los impuestos inmobiliarios,

2) restablecer el impuesto a la herencia (que eliminó la última dictadura militar en 1976)
Inmobiliarios sub-valuados

En Argentina la recaudación del impuesto inmobiliario representó en 2015 apenas el 0,41% del PBI. En Estados Unidos y Canadá el impuesto inmobiliario el mismo año significó en torno al 3% del PBI. En Francia fue 2,6%; en Estados Unidos fue el 2,5% y en Uruguay fue el 0,92 %. El promedio de la OCDE (que reúne a casi todos los países más desarrollados) es 1,7% del PBI.






Ya en 2014 un documento del CIPPEC (centro de estudios independiente) mencionaba que la recaudación del impuesto sobre la propiedad en Argentina se fue reduciendo casi 50% durante los últimos 10, y recordaba que este impuesto es considerado uno de los menos distorsivos, menos procíclicos y potencialmente más progresivos.

Hace dos años la CEPAL (La Comisión Económica para América Latina y el Caribe) organismo dependiente de la ONU) estimó que con un sistema de valuaciones más actualizado los países latinoamericanos podrían generar ingresos extras de hasta el 2% del PIB. El hecho de que la propiedad rural esté inadecuadamente gravada es muy relevante para América Latina ya que muchos países cuentan con un gran sector de productos básicos primarios y ganaderos.

Para dimensionar el nivel de sub-valuación fiscal de la tierra basta nombrar el ejemplo de la provincia de Buenos Aires. Según datos del especialista e investigador Martín Mangas (profesor de la Universidad Nacional de General Sarmiento) en términos recaudatorios, todos los vehículos (automotores, yates, embarcaciones, aeronaves) patentados en la provincia de Buenos Aires (que suman más de 6 millones de unidades) recaudan el 9% del total de ingresos fiscales bonaerenses, mientras que toda la tierra rural bonaerense (que se agrupa aproximadamente en 300 mil partidas rurales) recauda el 3%".


http://argentinainvestiga.edu.ar/

La recaudación del impuesto inmobiliario en Argentina pasó de representar un 0,63% del PBI entre 1993-2001 a un 0,37% entre 2008-2016, y mientras el valor de las propiedades mostró un comportamiento inverso. Por ejemplo, el valor de la tierra rural aumentó más del quíntuple que la recaudación por el impuesto inmobiliario que grava.

Impuesto federal a la herencia (o sucesiones)

Warren Buffet, millonario estadounidense que en 2017 ocupó la tercera posición en la lista de Forbes de personas más ricas del mundo, entrevistado por el New York Times en 2001, dijo que "sin el impuesto a la herencia habrá una aristocracia de la riqueza, lo que significa que la capacidad de controlar los recursos de la nación se transmite en función de la herencia en lugar del mérito".

En el mismo sentido, Joseph Stiglitz, Premio Nobel de Economía, sostiene que "sin un impuesto sobre sucesiones, estamos creando una nueva plutocracia, que se caracteriza por unas dinastías que se autoperpetúan. El impuesto está concebido para limitar el alcance de la desigualdad heredada para crear un terreno de juego ligeramente más nivelado".

En EE. UU el impuesto a la herencia está vigente desde 1916. Y hay muchos países desarrollados que tienen vigente un impuesto a la herencia y bastante alto:

En Japón 55%, Corea del Sur 50%, Francia 45% Reino Unido y Estados Unidos 40%.

En América Latina los países con impuesto a la herencia vigente son: Ecuador (tasa de 35%); y Chile y Venezuela (25%) y Brasil (8%).

En Argentina sólo existe en la provincia de Buenos Aires y es bajo (5% aproximadamente).

lunes, 14 de febrero de 2022

ACUERDO FMI: RETOMAMOS EL ARTICULO RECOMENDADO POR CRISTINA SOBRE LAS RETENCIONES.

En momentos de negociaciones con el FMI, recordamos el articulo recomendado por Cristina meses atras, donde nos muestra las claves para poder salir del fondo en un camino de recuperacion y crecimiento para todos.

La clave, los derechos de exportación, mas conocidos como retenciones, las cuales nos permitirian desacoplar los precios internacionales de los locales,reduciendo la inflación y a su vez consiguiendo los dolares para evitar una corrida cambiaria y poder pagar la deuda externa ,a por lo menos 100 años, que Juntos por el Cambio(UCR-PRO-CC) nos dejo .

 

Investigación exclusiva: La mejor cosecha del siglo

Las fabulosas ganancias con maíz, soja y girasol en la Provincia de Buenos Aires

El margen bruto es el más elevado de los últimos veinte años. Se explica por precios internacionales en alza, devaluación de la moneda, costos internos en dólares atrasados y retenciones bajas. Resistencia a un gobierno que facilitó ese resultado positivo.

Las fabulosas ganancias con maíz, soja y girasol en la Provincia de Buenos Aires
Las fabulosas ganancias con maíz, soja y girasol en la Provincia de Buenos Aires

Datos clave del agro en la Provincia de Buenos Aires son impresionantes: en la última cosecha, tres de los cuatro cultivos más importantes ofrecieron cada uno el margen bruto más elevado en lo que va del siglo. En promedio, productores bonaerenses de soja, maíz y girasol nunca registraron una rentabilidad tan importante en los últimos veinte años. El trigo les entregó una buena ganancia pero no fue máxima como en los otros.

Un aspecto que no debería pasar desapercibido es que esa ganancia record ha sido contabilizada en el año de la pandemia del coronavirus, la crisis económica, social, laboral y sanitaria más brutal de, por lo menos, los últimos cien años. El complejo agrario, en materia económica, está transitando un periodo excepcional que contraste fuertemente con gran parte del resto de las actividades.

Existe un factor evidente que explica ese resultado extraordinario superior a la bonanza del superciclo de commodities de la primera década del nuevo siglo: el alza de los precios internacionales.

Hay otro que es fundamental y que tiene mucha incidencia en el resto de la dinámica de la economía, teniendo en cuenta su rasgo bimonetario: el tipo de cambio real en dólares se ha ubicado en niveles elevados en este período, lo que redujo los costos en dólares (gran parte de los insumos y salarios) y el precio en dólares de los bienes de capital (cosechadoras y sembradoras, entre otros).

Pero el componente esencial para fortalecer este escenario global favorable para el productor es que los derechos de exportación (denominados retenciones) son más bajos que en el anterior ciclo de bonanza del agro.

Resistencia política con billetera cargada

El combo para los productores ha sido fenomenal: impacto positivo externo por precios en alzas más medidas públicas beneficiosas para el sector. Esto conforma una política oficial muy proagro, que puede considerarse necesaria puesto que es una actividad central para una economía dependiente de divisas y cuyas crisis más traumáticas estallaron cuando la restricción externa irrumpió sin vías de escape.

La política económica del macrismo durante cuatro años agudizó esa dependencia, al agotar la fuente de dólares vía deuda y dejando un Banco Central con un stock débil de reservas en una economía megaendeudada.

En este panorama general aparece una cuestión político-electoral, independiente de los datos duros del negocio agrario, que, a esta altura, no debería sorprender pero igual no deja de ser un comportamiento que merece ser señalado. Gran parte de la dirigencia del campo expresa una oposición militante al gobierno de Alberto Fernández, en línea con manifestaciones de protesta de grupos de productores a la fuerza política en la administración nacional que les permite engordar sus billeteras como nunca antes en las últimas dos décadas.

El rechazo tiene su origen en motivaciones ideológicas y políticas que encuentran explicaciones buceando en la historia de la relación traumática de los dueños de la tierra con los sectores populares y sus líderes políticos.

Con los números de la última cosecha y con las previsiones para la próxima, saldo que no es mérito exclusivo de los productores, no debería existir semejante resistencia al Gobierno puesto que ha facilitado la obtención de esos resultados, pero la impugnación es independiente de la extraordinaria marcha de la actividad en medio de la pandemia.

El negocio fabuloso del maíz (también el de la soja y el girasol)

El cuadro excepcional para la producción de maíz en la Provincia de Buenos Aires que se detalla a continuación se replica para la soja y el girasol. La comparación de los números de abril de este año se realiza respecto a abril de 2008, mes y año estupendos para el agro y cuando, además, estaba creciendo el conflicto por la resolución 125 de retenciones móviles.

Las variables clave para analizar el resultado del negocio con el maíz son las siguientes:

Margen bruto de explotación, en dólares por hectárea, según rinde medio de la PBA.

Abril 2008: 534 dólares.

* Abril 2021: 620 dólares.

El saldo positivo es superior en 16,1 por ciento en relación al máximo histórico de este siglo.

Índice de Precios de las Materias Primas Agropecuarios, serie elaborada por el Banco Central.

* Abril 2008: 247,87 puntos.

* Abril 2021: 251,56 puntos.

La diferencia positiva de 1,5 por ciento refleja que el actual ciclo de los commodities agrarios es tan favorable como el anterior. En particular, el precio internacional del maíz se ha ubicado en 260 dólares por tonelada en ambos períodos.

Tipo de Cambio Real con Estados Unidos (paridad peso-dólar), serie elaborada por el Banco Central.

* Abril 2008: 111,65 puntos.

Abril 2021: 124,64 puntos.

La ventaja cambiaria resulta 11,6 por ciento superior en el pasado abril a partir de una política oficial deliberada de mantener en umbrales elevados el tipo de cambio.

¿Qué se deduce de estas cifras?

1. La rentabilidad de la producción de maíz (también la de la soja y el girasol) es fabulosa, máxima en lo que va de este siglo.

2. La fuerte alza de los precios internacionales, que se inició a mediados del año pasado y se mantiene en niveles altos en lo que va de éste, es un factor importante para definir la bonanza del sector pero no explica por sí sola las ganancias record de esta cosecha.

3. El factor determinante para colocar en el tope del ranking de rentabilidad al ciclo agrario 2020/2021 es la combinación de un tipo de cambio real elevado con retenciones más bajas en esos meses de comparación. Los derechos de exportación del maíz hoy son 12 por ciento, cuando en abril de 2008 eran 25 por ciento.

Los dueños de los dólares comerciales

La bonanza del agro y la política oficial hacia el sector ofrecen una serie de derivaciones analíticas que permiten comprender restricciones de política económica, como también algunos efectos no deseados sobre la macroeconómica.

Se señaló arriba que el alza de los precios internacionales con una muy buena cosecha 2020/2021, aunque con un área sembrada, producción y unos rindes un poco por debajo de la anterior, aportó un flujo adicional de dólares comerciales.

Ese ingreso de divisas ha sido muy importante para que el Banco Central incrementara el stock de reservas y pudiera ganar espacios de intervención en el mercado de cambio. Esto último constituye una estrategia primaria de estabilización, puesto que la volatilidad de la paridad al igual que las corridas cambiarias son fuertes perturbadores de la economía.

O sea, la dependencia de los dólares comerciales provenientes exclusivamente de la actividad primaria exportadora es una potente restricción para la autonomía relativa de la política económica.

Más inflación y menos recursos fiscales potenciales

A esto se le ha sumado la limitación para intervenir en el mercado con un alza de retenciones para amortiguar el impacto en los precios domésticos del incremento de los precios internacionales de las materias primas.

Las ganancias fenomenales del agro se explican porque, derivado del triunfo conservador en el conflicto de 2008 y la consolidación de la idea de la eliminación de las retenciones en el gobierno de Mauricio Macri, existen firmes obstáculos políticos para aplicar un alza de los derechos de exportación.

No aumentar las retenciones tiene dos efectos negativos. Por un lado, una recaudación potencial menor para el Tesoro y, por lo tanto, la pérdida de recursos para fortalecer el crecimiento económico vía el gasto público. Por otro, provoca la absorción plena en la tasa de inflación del aumento del precio internacional de materias primas, lo que termina perjudicando el poder adquisitivo de los ingresos de los sectores populares por el alza de los precios de alimentos, como sucede desde mediados del año pasado.

Se le suma que los ajustes periódicos del tipo de cambio por encima de la tasa de inflación durante el 2020 (casi cinco puntos más) y en el primer trimestre de este año actuaron también como una fuente de tensión inflacionaria.

El escenario no pudo ser más favorable para el productor: precios internacionales en alza, devaluación de la moneda por encima de la inflación, costos en dólares atrasados y retenciones bajas.

La próxima cosecha será muy buena pero no será igual

El escenario para la cosecha 2021/2022 se presenta muy bueno pero no sería tan espectacular como el anterior. El motivo es que otros eslabones significativos del negocio agrario quieren participar con un mayor margen de la actual bonanza.

Los dos actores que están buscando incrementar sus ingresos son los dueños de tierras alquiladas y los productores de insumos.

De acuerdo a los dos últimos censos agropecuarios 2002 y 2018, en el capítulo sobre el régimen de tenencia de la tierra, los arrendamientos subieron de 21 a 35 por ciento del total, al pasar de 5,4 a 8,2 millones de hectáreas en la Provincia de Buenos Aires.

El reciente reporte sobre Argentina de la USDA (United States Department of Agriculture) de Estados Unidos hace referencia a la presión en los costos vinculados al alquiler de campos. Explica que para la nueva campaña los productores "se enfrentan a aumentos sustanciales de los alquileres a medida que los propietarios buscan beneficiarse de los precios más altos de los cultivos".

Menciona las regiones centro, de Santa Fe y de Córdoba, precisando que los aumentos son menos pronunciados en el noroeste de la provincia de Buenos Aires, donde la sequía redujo los rendimientos. Sin embargo, aclara que "se informan aumentos más sustanciales (en términos porcentuales) en la renta del 15 al 20 por ciento en tierras agrícolas del suroeste de la provincia de Buenos Aires".

El informe destaca que estos aumentos de renta (si se realizan) probablemente "reducirán la rentabilidad de los agricultores y los alentarán a plantar más maíz, que en los escenarios de precios actuales ofrece mayores rendimientos esperados y ha demostrado ser más tolerante a la sequía en los últimos años".

Para agregar que otro factor afectará la rentabilidad de los agricultores: "el aumento de los costos de los insumos, principalmente fertilizantes, debido a que los precios de los agroquímicos también han aumentado".

El conflicto ideológico de las almas bellas del campo

Existe una confusión habitual entre protagonistas del sector agropecuario y de la secta de economistas conservadores cuando afirman que quienes describen rentabilidades extraordinarias en un determinado contexto político y económico general, en este caso de la producción agraria en el año de la pandemia, están promoviendo la destrucción de la actividad o postulando que está mal que el empresario/productor ganen dinero. No es así. Es obvio que el sistema funciona en la búsqueda del máximo lucro y lo relevante entonces es explicarlo sin maquillaje.

Al desviar este debate, el aspecto que buscan ocultar es cuáles son las derivaciones a favor (más dólares en el Banco Central) y en contra (más inflación) de esas rentas fabulosas y las políticas públicas que las permitieron (devaluaciones y menos retenciones).

La otra cuestión desplazada de esos análisis rústicos es que existe un componente ideológico-político básico a evaluar. A esos actores económicos les resulta insoportable para sus almas bellas que los mejores años del negocio en el campo coincidan con gobiernos que ellos detestan.

lunes, 31 de enero de 2022

Murió Roberto Digón. Fue parte de los 25 ,quienes dirigieron el primer paro general a la ultima dictadura militar

 

31 de enero de 2022 - 09:26

Murió el sindicalista y dirigente de Boca Roberto Digón (Fuente: Télam)
Murió el sindicalista y dirigente de Boca Roberto Digón. Imagen: Télam

El vicepresidente tercero de Boca Juniors y ex líder sindical Roberto Digón murió en la noche del domigo, tras una semana internado por covid-19. Digón fue parte de la primera gestión de Mauricio Macri en el club de La Ribera, pero luego se alejó, denunció los negociados de Gustavo Arribas en la entidad e integró la lista de unidad que sacó a Daniel Angelici del club, que le puso fin a la gestión macrista en Boca.  

Tras su partida recibió saludos de hinchas, periodistas y celebridades a través de las redes sociales. "Lamento profundamente el fallecimiento de Roberto Digón, un amigo, un gran dirigente y, sobre todo, una enorme persona. Acompaño en este doloroso momento a toda su familia y seres queridos", escribió en sus redes el presidente de Boca, Jorge Amor Ameal.   

La noticia se conoció cerca de la medianoche del domingo y hasta mañana el predio de Boca en Ezeiza --donde el equipo termina la pretemporada-- amaneció con las banderas a media asta para homenajear al vicepresidente tercero de la entidad.  La presentación del jugador Pol Fernández, última incorporación del club fue suspendida. 

Quién era Roberto Digón

Digón no fue solo un dirigente xeneize --club del que era socio desde 1961 y lideraba la agrupación Nuevo Boca-- sino que era militante peronista con un largo recorrido en el mundo sindical. Llegó a ser secretario general del Sindicato Único de Empleados del Tabaco de la República Argentina (Suetra) en dos periodos entre 1970 y 1976, y de 1983 a 1993. 

También llegó a ser secretario de Relaciones Internacionales de la CGT entre 1981 y 1989 e integró la "Comisión de Los 25", que resistió la política antisindical de la dictadura militar, época en la que llegó a ser detenido por su actividad gremial. Su relato sobre aquella época quedó inmortalizado en el documental "Se va a acabar" de  David "Coco" Blaustein y Andrés Cedrón. 

Las denuncias de Digón contra Macri y Arribas

Con esa impronta, Digón supo integrar la agrupación que impulsó la primera presidencia de Mauricio Macri en Boca. Durante los primeros años de la gestión macrista en el club estuvo la Comisión Directiva para luego alejarse y denunciar los negociados armados durante el mandato del expresidente. En particular, denunció los manejos de Gustavo Arribas como representantes de jugadores antes de llegar a ser el titular de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), nombrado durante el macrismo. 

"El escribano Arribas era el testaferro", denunció Digón cuando precisó que los jugadores del equipo profesional de fútbol no cobraban el 15 % de lo que les correspondía por sus transferencias, dinero que "iba a parar a una cuenta en Suiza donde estaba el escribano Arribas".

"Me acabo de enterar de la muerte de Roberto Digon. Dirigente del Movimiento Obrero, del Peronismo y de Boca Jrs. Poseedor de una lucidez única y una generosidad ejemplar, sus amigos siempre sentíamos que estaba ahí para cuidarnos", le dedicó el diputado nacional del Frente de Todos Leandro Santoro. Digón también supo ocupar una banca en la Cámara baja del Congreso entre 1993 y 1997. 

Por su parte, el periodista Diego Brancatelli le dedicó un sentido mensaje por redes sociales: "Amigo. Referente. Sin dudas Roberto marcó mi vida. Mi antes y después. Ya (casi) no quedan cuadros como él. Honesto. Enfrentó a la mafia de Macri. Un ejemplo de vida. Torturado durante la dictadura. ¡Q.E.P.D querido Roberto!".

La diva Moria Casán también recordó a Digón como un "compañero de la vida" del ex dirigente menemista y padre de la actual titular de Aysa, Fernando "Pato" Galamarini, de quien ella es pareja.  "Nuestro más sentido pésame a la partida de un gran amigo del Pato Galmarini, Roberto Digón", lo saludó. 

lunes, 10 de enero de 2022

“La verdadera ecología hoy sólo puede ser de izquierda”

 








Ignacio Ramonet

Entrevista Julia Rosemberg
Fuente CCK


“La verdadera ecología hoy sólo puede ser de izquierda”
Los países desarrollados no tienen ninguna autoridad para decirle a gobiernos en América Latina lo que deben hacer con respecto a la naturaleza, declara el sociólogo y periodista especializado Ignacio Ramonet. ¿Quién defiende la Amazonia? Es un pulmón del planeta que habilita al mundo a pasar por sobre el gobierno de Brasil? Hablemos de la tierra y su relación con el Estado. Pero no olvidemos que una salud pública y el acceso a servicios públicos, como transporte, agua, y educación, son parte de un sistema ecológico que debemos defender. Gran analista de la realidad latinoamericana Ramonet vislumbra en la historia de las luchas campesinas y en el futuro, la posibilidad de un nuevo mundo, con mayor respeto a la tierra, con la incorporación política de las comunidades indígenas y campesinas.
Entrevista: Julia Rosemberg


Sos español, te formaste en Europa, también trabajaste en Francia,  pero tu mirada crítica siempre ha estado relacionada con esta otra parte del mapa…  ¿Cuál dirías que es la razón que te lleva a interesarte particularmente por América Latina? 

Ocurre que entre esos dos países que tú citas, falta un eslabón fundamental, y es que, efectivamente, yo nací en España, pero no me crié España, ni crecí en España, ni estudié en España, ni siquiera viví. En realidad, soy español de pasaporte español, pero nunca he sido residente en España. Yo residía en Marruecos, en Tánger y en Rabat. He pasado mi infancia en Tánger. He hecho mis estudios en Rabat y luego en Francia. Y he vivido mucho tiempo en Marruecos. Y cuando, como yo, se ha vivido en un país colonizado – cuando yo era niño Marruecos aún era un país bajo colonia – pues, evidentemente, todo lo que es el racismo, el desprecio, el avasallamiento, la marginalización, todo esto se ha visto de manera muy palpable, porque además yo pertenecía a una familia republicana española que vivía en el exilio allí y vivíamos muy modestamente. Mi padre era artesano, por consiguiente, convivíamos con familias marroquíes musulmanas y también judías musulmanas en la Medina, en la Kasbah, lo que serían los cascos antiguos de la ciudad, en particular en Tánger. Y evidentemente, en esa época, ya estando yo en la escuela primaria, nos interesábamos por lo que pasaba en América Latina. En un país de América Latina, en Cuba. Porque, sencillamente, un amigo de mi padre había regresado de Cuba y seguía suscrito a revistas de allí, en particular a Bohemia. Y Bohemia, que es una revista, un semanario cubano místico, contaba lo que ocurría en los años ‘50 allá. Era una un semanario relativamente progresista y contaba los atropellos de la dictadura de Batista y también la aparición de este personaje, que para nosotros era como un Robin de los bosques, que fue Fidel Castro, tan jovencito. El asalto al Moncada, la guerrilla. Teníamos una simpatía particular porque, al ser nosotros gallegos de cultura, al ser Castro hijo de gallegos, teníamos una simpatía particular. Desde muy pequeño, yo debía tener 9 o 10 años, empecé a interesarme por esto, por la situación en particular de Cuba y más tarde de América Latina. Y cuando luego hice estudios de sociología en Ciencias Sociales, me interesé naturalmente por la situación más ampliamente de América Latina y fui profesor de sociología de América Latina. Y claro, luego ya conocía América Latina más directamente como analista, como periodista y esta es la razón fundamental. Digamos, una razón ligada a la biografía, por una parte, que crea el interés más tarde universitario, académico, periodístico. Luego, hice una tesis sobre Cuba como doctorado. 

La conocías antes de haberla visitado…

Efectivamente, había desarrollado un saber, una aproximación al conocimiento de la región. Tuve la suerte de tener a profesores que eran profundamente conocedores, tanto en Rabat como en Burdeos, sobre todo, que era la capital francesa de los estudios latinoamericanos. He conocido a profesores que eran pozos de ciencia social, pero también cultural, también histórica, sobre América Latina y su inmensa diversidad. 

Y pensando en la historia política de América latina en el siglo XX hasta , pensando en TIERRA como un anhelo, desde las resistencias indígenas a la conquista, pasando por las corrientes inmigratorias que vinieron en busca de las tierras, a la actualidad, donde hay mayorías que viven hacinadas, imposibilitadas de acceder a la tierra. Desde esa perspectiva podrías hacer un balance de esta primera hora de los gobiernos nacionales y populares en América Latina respecto de estos dos temas: la mayoría sociales y la tierra.

Bueno, habíamos empezado a hablar de la Revolución Cubana, ¿verdad? Hay que recordar que la primera ley que hace la Revolución Cubana, apenas dos meses después del triunfo de 1959, es la ley de reforma agraria. Hay que recordar, también, que en América Latina una de las experiencias que más han marcado la historia social es la experiencia de Jacobo Árbenz, en particular en Guatemala. Y Jacobo Árbenz, como sabemos, fue derrocado por un golpe de Estado teledirigido por la CIA, por Estados Unidos, en 1954. Jacobo Árbenz había sido elegido democráticamente, era un oficial del Ejército, pero con ideas avanzadas y, esencialmente, fue derrocado porque hizo una reforma agraria. La reforma agraria ha sido algo fundamental. No podemos olvidar que la primera gran revolución del S. XX es una revolución que tiene lugar en América Latina, la Revolución Mexicana de 1910, que se hace en nombre de tierra y libertad. O sea que la tierra está muy ligada a la reivindicación fundamental en América Latina, en todos los periodos. También es, a la vez que una reivindicación, una fatalidad. La economía de la mayoría de los países latinoamericanos está basada ya sea en el suelo o en el subsuelo. Es decir, sigue siendo una economía del suelo, es decir de la agricultura, en el caso de Argentina es obvio, en caso de Uruguay, ya sea por la producción agrícola, ya sea por la producción ganadera.  Y también del subsuelo, países como Perú, como Chile, países petroleros también por el subsuelo. Y no se ha desarrollado una economía de servicios, no se ha conseguido una verdadera industrialización. En este sentido hay una fatalidad. Y hay países que ni siquiera han hecho, evidentemente, una reforma agraria, entre ellos Colombia. En Colombia, donde se están viviendo los acontecimientos que conocemos y que, en parte, son la consecuencia del largo enfrentamiento que hubo durante 50 años, desde 1948, porque los sucesivos gobiernos, esencialmente representantes de la oligarquía de la tierra, no han querido hacer reforma agraria. Entonces, en particular a partir del año ‘99, cuando es elegido por primera vez Chávez, pero luego todos los sucesivos gobiernos de los que tú hablas, que son representantes de fuerzas populares y democráticas, en particular el de Evo Morales en Bolivia, de Rafael Correa, el de los Kirchner en Argentina, también el Frente Amplio en Uruguay, todos estos gobiernos tratan de llevar a cabo estas aspiraciones fundamentales que son de, por una parte, consolidar el Estado, el Estado y el Estado de Derecho, los servicios públicos. 

Y aquí la TIERRA es algo fundamental…

La tierra es fundamental, evidentemente, y la idea de repartir las tierras, que la tierra sea para los que la trabajan, es una reivindicación histórica en toda la región, ya sea América Central, ya sea el Caribe, ya sea América del Sur propiamente dicho, pero también otra reivindicación fundamental es que el Estado tenga unos servicios públicos que estén a la altura de lo que la ciudadanía necesita, recordando una cosa sencilla: los servicios públicos son el patrimonio de los que no tienen nada. Cuando alguien no tiene nada, tiene una escuela pública gratuita. Cuando alguien no tiene nada, tiene un hospital gratuito, con asistencia sanitaria gratuita. Cuando alguien no tiene nada, tienen transporte público subvencionado y barato. Entonces, ha habido esta reivindicación y esta primera ola, digamos, de gobiernos progresistas, que llevaron a cabo con mucha coherencia esta consolidación del Estado. Y esto de manera tanto más sorprendente o contrastada que estábamos en el apogeo del neoliberalismo. Y el neoliberalismo significa, esencialmente, la reducción del Estado, la contracción del Estado. La reducción del número de funcionarios, la supresión de puestos, la reducción de todo lo que es el gasto público. Y, al reducir el gasto público, pues se reduce la dimensión, la talla, la maqueta del Estado. 

Fuiste parte del Foro Social Mundial de Porto Alegre, también de esta asociación llamada ATTAC, que son dos instancias diferentes, pero que parecen tener en común esta idea de que otro mundo es posible. Queríamos preguntarle entonces, ¿qué otro mundo cree que es posible poner, en un horizonte un futuro, distinto respecto de la tierra?

No sólo participé, sino que estoy, aunque sea de inmodesto decirlo, entre los creadores del Foro Social Mundial y primero de ATTAC (Asociación por la Tasación de las Transacciones financieras y por la Acción Ciudadana). Habíamos creado primero ATTAC y  yo fui quien propuso ese nombre para darle un sentimiento de avanzada, no de defensa, sino de iniciativa Y también fui quien propuso el lema del Foro Social Mundial: «Otro mundo es posible». 

Por otra parte, es muy importante esto que dices porque, por ejemplo, el primer Foro Social Mundial tuvo lugar en Porto Alegre en el 2001 y se hizo, sobre todo, con organizaciones ligadas al campesinado, organizaciones sindicales de América Central y de toda América del Sur. Vino Evo Morales al primer Foro Social Mundial como sindicalista cocalero de la región de Cochabamba. Vino Rafael Alegría. Vino José Bové, no sé si te acuerdas de que era un líder campesino francés que defendía precisamente las atribuciones del campesinado contra las ideas neoliberales de privatización, en particular, la privatización del agua. Había habido una gran revuelta en Cochabamba, precisamente en Bolivia, contra la intención de privatizar el agua. Y se decía, el agua es un bien público y no se puede privatizar, pertenece a todo el mundo. Entonces efectivamente ha habido una lucha muy importante y una participación del campesinado mucho más de lo que se cree. Considero que es importante subrayarlo, porque a veces se habla del Foro Social Mundial como de un encuentro de intelectuales, y es verdad que había muchos intelectuales, estaba nuestro amigo Saramago, estaba Galeano, estaba Pérez Esquivel, había muchísimos intelectos, estaba Chomsky. Pero globalmente los actores y las actrices reales del foro eran, en gran parte, las organizaciones sindicales campesinas y las organizaciones indígenas. La batalla por el Indigenismo, la batalla de los pueblos originarios, la batalla por una autoctonización de la historia, de la cultura, una reivindicación de la identidad de los pueblos originarios. Eso también fue un elemento muy importante y vemos cuánto ha cambiado esto en estos 20 años que han transcurrido desde aquel Foro Social Mundial.  Hoy es una batalla central, evidentemente. Lo estamos viendo en Chile, lo estamos viendo en Perú en este momento, lo estamos viendo en México, de igual manera lo hemos visto en Ecuador en las elecciones recientes. Es una dimensión fundamental y siempre hemos considerado que estas organizaciones debían estar a la vanguardia de estas luchas. 

 ¿Y verdaderamente “otro mundo es posible”? De alguna manera, ¿podría significar una articulación política con este tipo de comunidades campesinas, indígenas, que hay algo en ese entramado político que le pude hacer disputar con el neoliberalismo, el latifundio, la forma de extractivismo sobre la tierra actual?

Claro, cuando decimos «otro mundo es posible» tiene una dimensión ecológica. Hoy más que nunca, ¿cuál es la principal amenaza contra la humanidad? Es el cambio climático. El cambio climático está amenazando a la humanidad como ningún otro peligro. Aunque, efectivamente, la pandemia también amenaza bastante a la humanidad. Pero la propia pandemia es una creación, es una consecuencia del tratamiento tan inmoral que le damos a la naturaleza. Estos virus que están surgiendo ahora, están surgiendo precisamente del choque entre los seres humanos que penetran en territorio salvaje, en territorios vírgenes para transformarlos. Entonces, efectivamente, un equilibrio milenario se rompe y surge, esta vez, el virus. Pero si no, otro mundo es posible. Otro mundo con mayor respeto hacia la naturaleza. Los mejores guardianes de la naturaleza, lo dirá todo el mundo, todos los expertos, son globalmente los campesinos y los pueblos indígenas, que tienen una relación mucho más cosmológica, casi, con la tierra. Forman parte de una cultura mucho más identificada con la propia identidad del grupo social. Entonces, otro mundo es posible hoy, si se transforma el modelo económico en el que estamos, que es un modelo depredador, es un modelo muy destructor. Un modelo que lo que hace es despilfarrar las extraordinarias riquezas de la tierra. Un modelo más austero, más económico, para preservar la naturaleza que es la que nos protege, en definitiva, y la que nos dará continuidad. 

 Álvaro García Linera, el ex vicepresidente de Bolivia, siendo funcionario, siendo vicepresidente, discutía un poco con algunas miradas que, desde cierta mirada ambiental, desde cierta mirada ecologista, ponían el dedo señalando críticamente sobre los gobiernos progresistas de América Latina, por continuar con modelos extractivistas. Y Álvaro García Linera ahí respondía diciendo algo interesante. Hablaba de una plusvalía ambiental mundial, diciendo que en los países desarrollados, que son los que más generan contaminación, los que más generan sobreexplotación de los recursos naturales, son después sus organizaciones, sus medios de comunicación y demás los que acusan a los países pobres de no prestarle atención a un modelo económico distinto. Y, además, García Linera pone atención en que estos Gobiernos, además, se tienen que hacer cargo de desigualdades sociales muy profundas, pobreza, hambre. ¿La mirada ambiental desde el primer mundo sobre América Latina tiene sesgos injustos de alguna manera?

Yo no creo que los países desarrollados tengan ninguna autoridad, y menos autoridad moral, para decirle a gobiernos democráticos y populares en América Latina lo que deben hacer con respecto a la naturaleza. No cabe duda de que muchos gobiernos de países desarrollados han sacado la conclusión de lo que fue el saqueo de la naturaleza en la era industrial: una gran parte de las enfermedades modernas, como estábamos diciendo, de la destrucción del planeta, vino del modelo que ha permitido el desarrollo de los países del norte, el modelo industrial que ha sido terriblemente depredador. Pero eso no da autoridad para decirle ahora a los países del sur: «Bien, ustedes tienen ahora, como vocación, transformarse en jardineros de su país para que yo pueda respirar un aire de calidad». Bueno, ustedes también lo van a respirar, pero no se van a desarrollar, eso no es posible. Es posible ese debate, evidentemente existe desde hace tiempo. Es un debate en particular al que son muy sensibles nuestros amigos brasileños porque, claro está, el planeta entero considera que Brasil, y la Amazonía en particular, es como un pulmón del planeta. Pero el hecho de que sea un pulmón del planeta no autoriza, claro está, al señor Bolsonaro a destruir la Amazonía, pero tampoco autoriza a crear una especie de extraterritorialidad de la Amazonía, que va a ser ahora dirigida por Naciones Unidas. Ellas mismas están dirigidas por cinco países que ganaron la Segunda Guerra Mundial hace 60 años. Entonces, hay un debate. Quizá, García Linera tiene perfectamente razón en lo que dice con toda la sensibilidad ecológica que le conocemos. La sensibilidad ecológica que fuera del gobierno de Evo Morales y la del actual gobierno boliviano, pero quizá la personalidad que explicó mejor esta problemática fue el presidente Rafael Correa cuando descubrieron una reserva muy importante de petróleo en una región Yanomami, precisamente donde había poblaciones indígenas que eran como las guardianas de este territorio. Y Rafael Correa le propuso al mundo el contrato, en particular a los países desarrollados, «No voy a explotar este petróleo para no contribuir a destruir la naturaleza que lo protege, ni para contribuir a producir mayor energía carbonatada, pero en cambio soy un país que está en vías de desarrollo. Tengo a 1112 millones de habitantes a los que les estoy ofreciendo servicios públicos de calidad. Estoy lanzándome en una serie de grandes trabajos para estructurar el país. Entonces, pensemos un acuerdo, yo no exploto ese petróleo, pero ustedes me indemnizan de alguna manera. Muchas organizaciones humanitarias o ecológicas sí contribuyeron, pero ningún gobierno se comprometió a ayudar y, menos aún, el conjunto de los gobiernos. Entonces, Rafael Correa también se vio obligado a proseguir en cierta manera algún extractivismo. Cosa que le fue bastante reprochada y, aún en la última batalla electoral, fue uno de los temas que salieron. Es un tema fundamental, claro está. Por qué, si los países del Norte lo hicieron, los del sur no lo pueden hacer. No conviene hacerlo porque vemos cómo se destruyó una parte del planeta y no solo los países del Norte, pero esto solo se puede hacer mediante el diálogo, mediante la negociación y mediante la compensación.

Sucede algo en América Latina, específicamente en Argentina, pero me parece que en otros países también pasa: ante algunas crisis económicas, sociales, empieza a surgir dentro de determinados sectores sociales la idea de la fuga. La idea de abandonar la tierra, siempre pensando en irse a vivir a Europa, España, a otros países. Ha pasado en el 2001. Pasa con bastante frecuencia que, cuando estamos en momentos críticos, aparece el sueño de irse, abandonar la tierra propia y mudarse a otro país, a otro continente.  ¿Por qué cree que puede pasar esto en América Latina, que ante las crisis aparece la idea de abandonar la propia tierra? 

No es un tema sobre el que he reflexionado, pero me da la impresión de que eso se aplica. Es un fenómeno que conocemos, que conocemos bien, que es cíclico, que afecta a muchos países. Pero es un fenómeno, yo no diría de América Latina, es un fenómeno urbano, que afecta a las clases medias urbanas de América Latina que, de hecho, no tienen contacto con la tierra, que, para decirlo de manera caricatural, descendieron del barco, se quedaron en la ciudad y no han ido más allá. Por consiguiente, ahora los nietos o los bisnietos de los que llegaron en el barco ven las dificultades y ven que los países de donde procedieron, estamos pensando en países como Italia, como España, como Irlanda en otros casos, ahora son países más prósperos, en parte de los quince o veinte países más desarrollados del mundo, cuando eran países tremendamente pobres cuando llegaron sus antepasados. Entonces, hay como el deseo de regresar a una identidad perdida. Pero yo creo que perdida definitivamente. No se puede encontrar de nuevo esa raíz. Y no creo yo que sea un fenómeno en América Latina de, por ejemplo, los pueblos originarios. Ningún indígena perteneciente a los pueblos originarios tiene la nostalgia de regresar a Irlanda, a Sicilia, a Andalucía, a Castilla. Creo que es un fenómeno muy de clase media y muy de crisis. También ligado a este desequilibrio que hay actualmente, cuando no cabe duda de que el porvenir de América Latina está en América Latina. Porque el desarrollo de América Latina no puede seguir siendo un futuro inalcanzable. América Latina lleva ya dos siglos queriendo apropiarse de su porvenir y ese porvenir pasa por el desarrollo económico. Pero las oligarquías de la tierra, del suelo y del subsuelo, hasta ahora, han sido el freno principal, como lo hemos dicho antes. Y yo pienso, también, que la democratización muy reciente en América Latina va a ayudar enormemente a tener gobiernos que van a pensar más en el largo plazo, no en los próximos 4 años o en el próximo mandato, sino en el largo plazo. Un poco como lo hicieron los gobernantes de los que hablábamos antes. Pienso en particular en Lula, como presidente de Brasil, cómo le dio una proyección internacional a Brasil, cómo lo inscribió en el largo plazo, cómo de repente Brasil estaba en el G20. Igual ocurrió con Argentina con el presidente Kirchner y con Cristina. Hasta el mundo, podríamos decir, estaba esperando que estos países tomasen el puesto que le corresponde en el concierto de las naciones. 

Por supuesto que no le pido un análisis a futuro, pero sí, sabiendo que el Siglo XXI va a estar, de alguna manera, atravesado por las disputas de los recursos naturales, el agua, por decir el más inmediato, le pido que se explaye un poquito nada más. ¿Cree que es posible entramar las corrientes nacionales y populares con los reclamos ambientales? Y digo esto porque estamos viendo en el presente que los reclamos ambientales están siendo captados también por agrupaciones ideológicamente opuestas. Sobre todo, en Europa, en Alemania, en diversos países, corrientes ideológicas más de derecha, más conservadoras también están haciendo de lo ambiental una bandera propia. Entonces, le pregunto si cree que esta tradición nacional y popular progresista de América Latina puede entramarse con las corrientes ambientales y disputarles estas banderas a las corrientes más conservadoras.

Sí, yo pienso que sí, el debate ecológico ahora ya tiene unos 40 años, quizá más de 40 años, a nivel amplio. Históricamente, además, cualquier antropólogo, cualquier sociólogo de la reivindicación medioambiental, diría que son corrientes conservadoras, históricamente conservadoras, de la conservación del patrimonio. La conservación del patrimonio natural viene de una tradición conservadora. Las fuerzas reaccionarias que desencadenaron la Segunda Guerra Mundial en el centro de Europa tenían veleidades ecológicas, pero el ecologismo hoy ha alcanzado una dimensión política muy diferente. Y la verdadera ecología hoy solo puede ser de izquierda, por lo que decíamos antes. Porque una reivindicación auténtica, de una ecología diferente pues solo puede poner en causa el modelo dominante, que es una característica contemporánea del capitalismo: el neoliberalismo que, probablemente, esté en reflujo, sobre todo con las medidas que está tomando actualmente Biden. Pero no cabe duda de que, por ejemplo, la decisión que se ha tomado hace unos días de imponer a las grandes empresas un impuesto universal es contrario en la lógica misma del neoliberalismo, que ha sido siempre reducir los impuestos. Entonces, evidentemente, un pensamiento ecológico auténtico sólo puede ser de izquierda, porque hay que articular la liberación del ser humano y la liberación de la naturaleza. Esto supone una verdadera revolución. Hay una revolución ecológica que realizar. También hay que decir que las fuerzas de derecha están en progreso a través del mundo. Fuerzas que están desarrollando todo un relato que pone en causa el relato científico actual. Estamos en la era del conspiracionismo. Lo hemos visto con Donald Trump en Estados Unidos y esto se está extendiendo por todas partes. Es una crisis también de la comunicación, de la información, del periodismo. Una verdad, una mentira, son equivalentes hoy día. Por consiguiente, esto es racionalmente, filosóficamente, algo que perturba a todo el mundo. Cómo podemos afirmar tal cosa, si lo que afirmamos está basado en hechos concretos y en demostraciones científicas y alguien que me dice lo contrario, basado en una teoría totalmente especulativa, tiene más éxito que la mía. Entonces, en qué tipo de mundo estamos desde el punto de vista racional. Entonces sí, las fuerzas progresistas en América Latina deben seguir defendiendo una concepción del medio ambiente, una concepción de la ecología mucho más exigente. Pero también eso va con consideraciones sobre la sociedad. Argentina ha dado el ejemplo con el aborto, pero hay aún países progresistas que tienen una actitud muy conservadora sobre ese tema o sobre el matrimonio entre personas del mismo sexo. Cosas de estos elementos que hasta ahora no se leían en términos de clase, porque no se pueden leer en términos de clase, pero que forman parte del patrimonio de la nueva izquierda o la izquierda que está en el Siglo XXI y se dispone, precisamente, a establecer una concepción total y global de la gestión de la sociedad. 

martes, 31 de agosto de 2021

ÁLVARO GARCÍA LINERA: LA GLOBALIZACIÓN NEOLIBERAL EN CRISIS

 







Fuente:Página/12
La suspensión del tiempo
El desgaste de la hegemonía neoliberal conservadora
Ruptura del consenso neoliberal político y económico
Tendencias de la suspensión del tiempo en el futuro inmediato

Vivimos la articulación imprevista de cuatro crisis que se retroalimentan mutuamente: una crisis médica, una crisis económica, una crisis ambiental, y una crisis política. Una coyuntura de enorme perplejidad y angustia. Pareciera que la sociedad y el mundo hubieran perdido el rumbo, una dirección hacia dónde ir, su destino. Nadie sabe lo que va a pasar en el corto y mediano plazo, ni puede garantizar si habrá un nuevo rebrote o si surgirá un nuevo virus, si la crisis económica se intensificará, si saldremos de ella, si tendremos trabajo o ahorros. Esto da lugar a una parálisis del horizonte predictivo, no solamente en los filósofos, que es algo normal, sino en la gente común, en los ciudadanos y ciudadanas, en las personas que van al mercado, en los trabajadores, obreros, campesinos, en los pequeños comerciantes. El horizonte predictivo es la capacidad imaginada de proponernos cosas a mediano plazo, cosas que muchas veces no suceden, pero guían nuestra acción y nuestro comportamiento. El horizonte predictivo se ha roto, se ha desintegrado. Nadie sabe lo que va a suceder.

Es en este sentido que propongo la categoría de un “tiempo suspendido”. A pesar de que suceden cosas, a pesar de que brotan conflictos, problemas, novedades, cada día estamos viviendo una suspensión del tiempo. Hay un movimiento del tiempo cuando hay un horizonte, cuando podemos al menos imaginar hacia dónde vamos, hacia dónde nos dirigimos. Se trata de una experiencia muy desgarradora, una experiencia nueva que estamos viviendo, en el sentido de que no existe una dirección hacia dónde ir, lo cual es angustiante.

La suspensión del tiempo arrastra un conjunto de síntomas y consecuencias. La primera de ellas es lo que podríamos denominar “un ocaso de época”. El mundo está asistiendo al prolongado, conflictivo y agónico cierre de la globalización neoliberal. Estamos en un proceso emergente de desglobalización económica que se ha ido acentuando, pero que comenzó hace cinco o diez años atrás con idas y vueltas. La primera oleada de globalización se dio en el siglo XIX, hasta principios del XX, y la segunda a finales del siglo XX, entre 1980 y el 2010. Esta segunda oleada de globalización ha entrado en un proceso de una deshilachamiento parcial, en un proceso de desglobalización económica parcial. Hay cuatro datos que permiten afirmar esta hipótesis:

Primero, el comercio mundial tenía una tasa de crecimiento, entre 1990 y 2012, de dos a tres veces por encima de la tasa del crecimiento del PIB global. Desde el 2013 hasta el 2020 es menor o, en el mejor de los casos, igual a la tasa del crecimiento del PIB. El comercio, que es la bandera de los mercados globalizados, se ha reducido, según informes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, OCDE.

El segundo dato es que los flujos transfronterizos de capital, que entre 1989 y 2007 habían crecido del 5% al 20% respecto al PIB mundial, pasaron a tener una tasa menor al 5% entre 2009 y la actualidad.

El tercer dato es la salida de Inglaterra de la Unión Europea, el Brexit, que ha establecido un límite a la expansión, al menos por el lado de Occidente, de esta articulación de mercado, economía y política europea. Por su parte, Estados Unidos inicia con el gobierno de Trump un proceso gradual de repatriación de capitales bajo el lema “América Primero”. En su gobierno, Trump desplegó una guerra comercial contra China, pero también contra Canadá y luego contra Europa. Destapó viejos fantasmas de seguridad nacional para intentar impedir que China tome el liderazgo mundial y controle la red 5G. Además, el COVID-19 ha acelerado los procesos de reagrupación de las cadenas de valor esenciales, para que no se repitan procesos que se dieron en Europa cuando, entre países supuestamente pertenecientes a la misma unión comercial, se peleaban en la frontera por los respiradores e insumos médicos. Este control les permite no depender de insumos de China, Singapur, México o Argentina, o del país que fuera. Entonces, tenemos un escenario paradójico con China y Alemania aliadas por el libre comercio y Estados Unidos e Inglaterra aliados en una mirada proteccionista de la economía y del mundo. En los años 80, estos dos últimos países encabezaron la oleada globalizadora con Ronald Reagan y Margaret Thatcher, y ahora son sus líderes los que encabezan una mirada proteccionista y los comunistas, a la cabeza de China, los que convocan a todo el mundo a abrir fronteras y a no impedir que la globalización se detenga.

Un último dato de esta desglobalización parcial que estamos viviendo es el documento que acaba de publicar el Fondo Monetario Internacional. Hay un monitor fiscal y un reporte de la economía mundial que presenta un conjunto de recomendaciones sorprendentes, paradójicas, e incluso chistosas viniendo del FMI: “hay que prorrogar los vencimientos de la deuda pública”. Es decir, están proponiendo que los países no paguen su deuda pública, que prorroguen y que establezcan mecanismos de repagos para los siguientes años. No se olviden que el FMI junto con Merkel y el Deutsche Bank fueron los que se impusieron sobre Italia, luego sobre Irlanda y finalmente sobre Grecia, para obligar a que asuman sus compromisos de endeudamiento. El informe sugiere “incrementar los impuestos progresivos a los más acaudalados”, no es el programa de un partido de izquierda radical, es la recomendación del Fondo Monetario. También, propone impuestos “a las propiedades más costosas, a las ganancias de capital, y a los patrimonios”, siendo incluso más radical que algunas propuestas que se habían manejado en los grupos de izquierda del continente. Sigue con “modificar la tributación de las empresas para asegurarse de que paguen impuestos”. Es decir, pide ser más audaces y modificar el sistema tributario porque hay muchos ricos que han evadido los impuestos. Cierra con una sugerencia para la tributación internacional a la economía digital, apoyo prolongado a los ingresos de los trabajadores desplazados e incremento de la inversión pública. Se trata de un programa de reformas que hace un año era impensable, era una herejía que viniera de estos organismos internacionales que funcionan como el cerebro del capitalismo mundial.

Esto está marcando una modificación del espíritu de la época. Algo está cambiando. Se acabó el recetario de austeridad fiscal, la amenaza de que espantar a los ricos imponiéndoles impuestos nos hará perder riqueza y empleos. Hay una modificación de los parámetros epistemológicos con los que este sector del capital mundial estaba mirando lo que se viene en términos de esta articulación de la crisis ambiental, médica, económica y social. Evidentemente, hay un miedo a las clases peligrosas y a los estallidos sociales que está llevando a un cambio de 180º de las posiciones de políticas económicas que impulsan estos ideólogos del capitalismo mundial, y que habían comandado todo el neoliberalismo desde los años 80 hasta el 2020, en términos de reducción del Estado, de la inversión pública, de los impuestos a la gente rica y de apoyos sociales a los trabajadores. No sabemos si será temporal, pero se trata de un giro sustancial.

Un segundo efecto de este tiempo suspendido es lo que podemos calificar como un estupor y cansancio de la hegemonía neoliberal conservadora implementada en los últimos 40 años. No es que se acabó, puede durar un buen tiempo más, pero ha perdido su capacidad de regeneración, de impulso irradiador y de articulación de esperanzas. El neoliberalismo se mantiene por la inercia, por la fuerza de la herencia pasada. Esto lo visualizamos en la crisis de los instrumentos que habían sido fetichizados para organizar el futuro.

El neoliberalismo utilizó tres instrumentos para crear un relato, un imaginario, falso en los hechos, pero creído por mucha gente sobre quiénes organizaban el futuro: el mercado, la globalización y la ciencia. El mercado globalizado ha mostrado que no es un sujeto cohesionador. Frente a la crisis del virus y a la expansión de los contagios, ningún mercado hizo nada. Al contrario, los mercados escondieron la cabeza como avestruces y lo que salió a relucir como la única y última instancia de protección social fueron los Estados. La globalización, como un ideario de modernización, mejora de la vida y de expansión ilimitada de las oportunidades, ya no tiene la capacidad para contener a los descontentos, para organizar a la gente que tiene miedo ni para calmar las preocupaciones de los angustiados. La ciencia, en la que se depositó de manera imaginada y tergiversada una potencia ilimitada y una capacidad infinita para transformar y resolver los problemas de la humanidad, ahora muestra sus límites. Hay cosas que los humanos no podemos resolver, enfrentar o remontar, fruto de nuestras propias acciones. La ciencia también tiene un horizonte de época, puede resolver muchas cosas y otras no. Se requiere mucho tiempo, esfuerzo, recursos y una modificación de los comportamientos para que la ciencia pueda abarcar y resolver los problemas que estamos ocasionando, especialmente por nuestra manera de haber roto metabólica, orgánica y racionalmente nuestra relación con la naturaleza.

Todo esto significa que la hegemonía neoliberal ha perdido el optimismo histórico. Ya no se presenta ante el mundo como portador de certidumbres imaginadas, horizontes plausibles, conquistables y realizables a mediano plazo. Las certezas imaginadas del futuro se han quebrado y este es ahora el nuevo sentido común. Ahora nadie puede decir cuál es el destino de la humanidad. La humanidad nunca tiene un destino, siempre es una incertidumbre, pero las grandes hegemonías lo que hacen es crear un imaginario del destino de la humanidad. Las ideologías y las hegemonías tienen una facultad performativa: la capacidad de crear lo que enuncian. Esta capacidad es la que perdió la hegemonía neoliberal planetaria porque ya no tiene la fuerza de despertar entusiasmo, crear adherencias duraderas, ni proponer un horizonte factible en el tiempo. Es un momento de cansancio y de estupor hegemónico, un momento que habilita una nueva materialidad de la hegemonía, que se vuelve porosa. Ya no se presenta como un caudal imbatible que va hacia un lado, sino como aguas estancadas, donde se filtran otro tipo de sustancias, otro tipo de elementos. Por lo tanto, estas aguas estancadas de la hegemonía conservadora hablan de la parálisis del horizonte predictivo. Repito: no es el fin ni del neoliberalismo económico ni de la hegemonía neoliberal. Es un momento de cansancio, de agotamiento y debilitamiento que puede arrastrarse incluso todavía años, cada vez con más dificultades, con menos irradiación, con menos entusiasmo, con menos capacidad de generar adherencias duraderas y legitimidades activas.


La tercera característica de este ocaso es la ruptura del consenso neoliberal político y económico. Desde los años 80, la hegemonía neoliberal pudo desarrollarse en los ámbitos económicos y discursivos porque fusionó dos cosas: la economía de libre mercado y la democracia representativa. Esto le dio mucha fuerza. Había una retroalimentación entre el horizonte económico que buscaba reducir el Estado, entregar los bienes públicos a los actores privados, regular y fragmentar la fuerza laboral, reducir salarios y derechos, con un sistema de democracia representativa. Luego de la caída del muro de Berlín y del comunismo como una alternativa a la sociedad capitalista, todas las élites, sean de izquierda o derecha, habían apostado por el neoliberalismo, con un sentido un poco más social o más empresarial, porque compartían el mismo horizonte sobre el destino de la humanidad.

Luego de 40 años, ese núcleo de economía de libre mercado y democracia representativa comienza a dislocarse y disociarse, mientras surge un neoliberalismo cada vez más enfurecido. Esta es una de las características de la época. Cada año vamos a tener un replanteamiento de la propuesta neoliberal, cada vez más enfurecida, autoritaria, racista, xenofóbica, antiliberal, antifeminista, cada vez más vengativa, cada vez más fascista. Es lo que ha pasado en América Latina y en otras regiones del mundo. El caso del golpe en Bolivia, la situación de Brasil, Estados Unidos, Polonia y muchos otros países. Hay un neoliberalismo cada vez más autoritario, como una manera de atrincherarse, cuando sus fuerzas y su capacidad de atracción van menguando.

Además, por primera vez, la democracia comienza a presentarse como un estorbo para las perspectivas neoliberales. Se perdió el optimismo de los años 80 y ahora se miran con sospecha las banderas democráticas porque hay una divergencia entre las élites. Es decir, por un lado, hay élites que propugnan por continuar con el neoliberalismo: hay que enriquecer a los ricos, voltear de arriba abajo a los pobres, seguir privatizando y manteniendo la austeridad fiscal; y, por otra parte, hay élites y bloques sociales dispuestos a implementar otro tipo de políticas más híbridas: preocuparse de los pobres, replantearse los temas de la propiedad, los impuestos, el potenciamiento de lo común, entre otras cuestiones. Esta divergencia y la falta de un mismo horizonte de expectativas compartido preocupan a las élites neoliberales que comienzan a mirar con sospecha, recelo y distancia a la propia democracia y a los procesos electorales.

En este tiempo suspendido y de quiebre del horizonte predictivo podemos identificar cuatro tendencias para el futuro inmediato.

La primera está sucediendo en el debate de los grandes centros pensantes del capitalismo mundial: la revitalización de los Estados como sujeto protagónico. Esto ocurre bajo dos modalidades. La primera es la revitalización de la utilización de recursos públicos para atenuar las pérdidas o ampliar las ganancias empresariales. Esta es la vieja modalidad neoliberal que busca achicar el Estado, pero para agrandar sus riquezas con los bienes comunes que están bajo control o bajo propiedad del Estado. Actualmente, se está utilizando dinero público para la compra de acciones de las grandes empresas que han visto afectada su producción o comercialización por el confinamiento de los últimos meses.

Según un informe del Fondo Monetario Internacional, en octubre de 2020 las economías avanzadas habían utilizado capital propio de los Estados equivalente a un 11% de sus PIB en préstamos y garantías, y un 9% en gasto adicional. Es decir, las economías avanzadas, como Estados Unidos, Inglaterra, España, Italia, Alemania, Noruega, Suecia, Dinamarca, Japón o Canadá han utilizado entre el 15% y el 20% de sus PIB para comprar acciones de empresas, nacionalizar las pérdidas corporativas, entregar crédito a los bancos o amortiguar la reducción de ganancias de las empresas. Se trata de una revitalización del Estado, pero en términos de monopolios privados.

Otra modalidad de revitalización que pugna también por sobresalir es la del Estado en su dimensión de comunidad, que busca la protección social, mejorar salarios, ampliar derechos, aumentar la inversión pública, proteger a los más débiles, invertir en salud y en educación, crear empleos o nacionalizar empresas privadas para generar recursos públicos en favor de la gente.

Todo Estado tiene estas dos dimensiones. Como señala Marx, “el Estado es una comunidad ilusoria”, que tiene la dimensión de los bienes comunes (la riqueza es un bien común, los impuestos son un bien común, las identidades son bienes comunes), pero son bienes comunes de administración monopólica. Lo que están haciendo las fuerzas conservadoras es utilizar los bienes comunes para beneficio privado, a través del potenciamiento de lo monopólico del Estado; en tanto que las fuerzas sociales progresistas se esfuerzan por la ampliación del Estado como comunidad con bienes para ser distribuidos y utilizados por la mayoría de la población. Hacia dónde se incline el Estado dependerá de las luchas sociales, de la capacidad de movilización, de gobernabilidad vía parlamento y en las calles, de la acción colectiva, etcétera.

Una segunda tendencia del momento actual es el uso del excedente económico de cada sociedad. En los siguientes meses y años se van a incrementar las luchas sociales, políticas e ideológicas entre los distintos partidos, conglomerados, grupos de presión, clases y movimientos sociales, para determinar quién se va a beneficiar con los recursos públicos que son escasos. Con necesidades muy grandes y bienes escasos, ¿se beneficiará al sector empresarial, trabajador, campesino, obrero, medio? ¿A la burocracia, a los terratenientes, a los hacendados o a los banqueros? Los Estados se están endeudando una o dos generaciones por delante y están emitiendo más dinero para que haya circulante y movimiento económico. Ahí aparecen dos querellas: por el uso de ese dinero y por quién va a pagar ese dinero.

La tercera tendencia es lo que podemos definir como apertura cognitiva de la sociedad. En la medida en que las viejas certidumbres se vuelven más rudimentarias y ásperas, y que el horizonte predictivo de la sociedad neoliberal se achica, la gente comienza a abrir su capacidad y disposición para recibir nuevas ideas, creencias y certidumbres. Los seres humanos no pueden permanecer indefinidamente sin horizontes de predicción más o menos estables y de mediano plazo. Es una necesidad humana porque necesitamos “terrenalizar”, necesitamos anclar la proyección de nuestras vidas, acciones, trabajo, esfuerzos, ahorros, apuestas académicas y amorosas en un tiempo más o menos previsible. Cuando eso no se da, se busca por donde sea. Esta es la base para el surgimiento de propuestas muy conservadoras, cuasi fascistas, que es lo que está sucediendo en algunos países del mundo. En Bolivia, los perdedores de las elecciones han ido a rezar ahí, han ido a hincarse ante los cuarteles para pedir que los militares tomen el gobierno. La salida ultraconservadora, fascistoide reunió a toda la gente que se metió en el golpe de Estado: Añez, Carlos Meza, Tuto Quiroga, la Organización de Estados Americanos, OEA. Esto es algo nunca había sucedido en el continente, ni en los años 70, en el continente. Ahora vemos esas imágenes patéticas del abandono de la racionalidad política para pedir este tipo de salidas.

La cuarta tendencia son los gigantescos retos para las fuerzas progresistas y de izquierda del planeta para enfrentar la gravedad de este horizonte predictivo quebrado y diluido. Simplemente voy a mencionar los seis temas que cualquier propuesta debería abordar al momento de asumir la batalla por el sentido común y por el horizonte predictivo de la sociedad en los siguientes meses y años:

1. La democratización política y económica, y sus distintas variantes. Esto es lo que algunos denominan la posibilidad de un socialismo democrático.

2. La lucha contra la explotación, incluyendo no solamente la distribución de la riqueza sino también la democratización de las formas de concentración de la gran propiedad.

3. La desracialización y la descolonización de las relaciones sociales y de los vínculos entre los pueblos y entre las personas incluidas al interior de las organizaciones.

4. Los procesos de despatriarcalización y la reivindicación de la soberanía de las mujeres sobre la gestión de sus cuerpos y de sus vínculos.

5. Un ecologismo social que no mire a la naturaleza como un parque, sino que vea la naturaleza en su relación con la sociedad. Se requiere un enfoque que restablezca el metabolismo racional entre el ser humano y la naturaleza, tomando en cuenta la satisfacción de las necesidades básicas imprescindibles de la gente más humilde, de los pobres y de los trabajadores.

6. Un internacionalismo renovado. Los retos de la izquierda y de las fuerzas progresistas en los siguientes años van a radicar en la capacidad de impulsar propuestas de democratización política y económica cada vez más radicales.

Creo que estamos ciertamente ante tiempos sociales muy estremecedores. Paradójicamente, a pesar de que hablamos de un tiempo paralizado, se están desarrollando local y tácticamente un conjunto de luchas, convulsiones e inestabilidades permanentes que nos indican que las victorias del lado conservador y las victorias del lado progresista o de la izquierda, tampoco han de ser duraderas. Es un tiempo en que nada ha de ser duradero durante un periodo prolongado. Cada victoria de las fuerzas conservadoras tendrá pies cortos y podrá derrumbarse, y cada victoria de las fuerzas de izquierda podrá tener pies cortos si es que no sabe corregir errores e impulsar un conjunto de vínculos con la sociedad.

Este es el conjunto de ideas que quería compartir con ustedes sobre nuestro tiempo presente.

 

El presente texto es una adaptación de la clase que Álvaro García Linera realizó en el Curso “Estado, política y democracia en América Latina”, donde fue presentada por Victor Santa María. La clase completa puede encontrarse en: www.americalatina.global

El Curso Internacional “Estado, política y democracia en América Latina” es una iniciativa destinada a militantes y activistas sociales, funcionarios públicos, docentes, estudiantes universitarios/as, investigadores/as, sindicalistas, dirigentes de organizaciones políticas y no gubernamentales, trabajadores/as de prensa y toda persona interesada en los desafíos de la democracia en América Latina y el Caribe. Ha sido promovido por el Grupo de Pueblael Observatorio Latinoamericano de la New School Universityel Programa Latinoamericano de Extensión y Cultura de la Universidade do Estado do Rio de Janeiro y la UMET. Fue organizado por la Escuela de Estudios Latinoamericanos y Globales, ELAG, y contó con el apoyo de Página12.

Coordinación general: Carol Proner, Cecilia Nicolini y Pablo Gentili