lunes, 23 de diciembre de 2013

Respuestas del campo nacional-popular a los profetas del odio




Por Juan Godoy[1]

Tres meses más tarde que el odio oligárquico arrojara bombas sobre la Plaza de Mayo, dejando un tendal de casi cuatrocientos muertos, se producía (finalmente) el golpe de estado contra la Revolución Nacional acaudillada por Juan Domingo Perón, “entonces el cielo entero se nos vino encima. El mundo que conocíamos, el mundo cotidiano, cambió por completo. La gente, los hechos, el trabajo, las calles, los diarios, el aire, el sol, la vida se dio vuelta. De repente entramos en un mundo de pesadilla en que el peronismo no existía”[i]. No obstante esta aseveración de uno de los artífices de la Resistencia, César Marcos, el peronismo seguiría vigente justamente por la Resistencia que emprenden los trabajadores de la patria, y sumado a esto, un conjunto de pensadores nacionales (que no por ello dejaban de conspirar contra los golpistas), lanzarán profundas críticas al aparato oficial donde se sustentaba el terror, y una Argentina semi-colonial. Esto último es lo que trataremos, brevemente con algunos ejemplos, en estas líneas.
Atrás quedaba el “ni vencedores, ni vencidos” lanzado por Lonardi, recordando a Justo José de Urquiza, se lanzaba una feroz represión sobre el pueblo peronista llegando incluso el 9 de junio de 1956 a fusilar a compatriotas, Salvador Ferla al respecto afirma que “la misma noche del 17 (de octubre de 1945), se la tiene jurada al pueblo. Esa misma noche la oligarquía empezará a soñar con la hora de la impunidad para la venganza”.[ii] La Resistencia peronista entonces contemplaba un amplio repertorio que incluía desde un grito fuerte en una noche fría de Buenos Aires… “¡Viva Perón, Carajo!” como forma de enfrentar el Decreto 4161 que prohibía nombrar a Perón y a Eva Perón entre otras cosas, el trabajo a desgano, el panfleto, el volante, la “flor del no me olvides” como identificación, la bomba casera, el levantamiento cívico-militar, un conjunto de publicaciones periódicas como El Líder, El 45, El Guerrillero, Rebeldía, Lucha Obrera, La Causa, Palabra Argentina, De Frente, El soberano, Mayoría, etc. [iii] hasta libros que denunciaban la represión, la entrega de la economía nacional (destruyendo la obra de los diez años de peronismo), y el accionar de una superestructura cultural de colonización pedagógica donde se asentaba la represión, y el coloniaje económico. En algunos ejemplos que sostenemos se articular entre sí, avanzaremos en nuestro escrito.
El primero de esos trabajos en realidad es producido un año antes del golpe de estado, pero como se encuentra en la misma lógica de análisis, y “dialoga” con los otros que pondremos en consideración, consideramos pertinente su inclusión aquí. Ese escrito es “Crisis y resurrección de la Literatura Argentina”, cuya autoría le pertenece al “colorado” Jorge Abelardo Ramos. En ese libro, luego re-editado por Coyoacán a principios de los 60’s, Ramos conceptualiza la noción (central para el pensamiento nacional) de semi-colonia. ¿A qué se refiere Ramos con este concepto? Veamos… Sostiene el autor: “en la medida que la “colonización pedagógica no se ha realizado (…), solo predomina en la colonia el interés económico fundado en la garantía de las armas. Pero en las semi-colonias, que gozan de “status” político independiente decorado por la ficción jurídica, aquella “colonización pedagógica” se revela esencial”.[iv] Es decir, en las colonias la dominación está asegurada por las armas y la presencia del ejército invasor, mientras que en las semi-colonias, al no existir esta garantía (no obstante en momentos puedan utilizarse), la continuación del dominio imperial sobre esas naciones se asegura con un aparato cultural de “colonización pedagógica”[v].
Poco tiempo después -en 1957-, Arturo Jauretche va a editar “Los Profetas del Odio”, al que ese mismo año le agregaría “La Yapa”. En este escrito, basándose en estas consideraciones de Ramos, Jauretche va a profundizar en la cuestión. Argumenta que fruto de esa superestructura cultural de colonización pedagógica va a emergen una intelligentzia (no inteligencia), la cual es conformada por sujetos que se autodefinen como intelectuales, e identifican a los valores universales con la cultura, procurando su incorporación como valores absolutos y no relativos. Es decir, incorporan acríticamente un pensamiento realizado en otras latitudes y/o en otros tiempos. No toman los valores universales y los incorporan en tanto las necesidades nacionales, sino lo hacen bajo el esquema “civilización y barbarie”, donde todo lo bueno vendría de afuera, y todo lo malo sería lo autóctono, lo local. Esta intelligentzia así, no cumplió el papel de conformar una cultura nacional, “de aquí que la crítica a una “cultura” establecida sobre dichas bases, consiste en el primer paso para restituir los valores sumergidos de la cultura colonizadora”[vi].
Ese mismo año Hernández Arregui publica su primer libro[vii] que va a tener una profunda injerencia en las ideas nacionales argentinas. Estos libros son escritos en circunstancias particulares, en la descarnada persecución a todo lo que “olía a peronismo”, como ejemplo, mientas Arregui termina este trabajo, lo detienen por el levantamiento de Valle y Tanco que terminaría con los fusilamientos[viii]. Allí el autor, que había hecho su ingreso al peronismo de la mano de Jauretche, pone de relevancia el entramado de los golpistas que obturan la posibilidad de expresarse a las mayorías populares, con la función justificadora (ya sea por apoyo explícito, o por silencio cómplice) de la academia. Realiza una profunda crítica a la intelligentzia argentina, y sostiene que el imperialismo, conjuntamente con la oligarquía local se apoya en la superestructura cultural para “reforzar la conciencia falsa de lo propio y desarmar las fuerzas espirituales defensivas que luchan por la liberación nacional en los países dependientes”[ix].  
Hay en la visión de Hernández Arregui una relación entre los sucesos políticos-económicos y su injerencia en los ámbitos formadores de cultura. Revaloriza allí también el papel de la cultura nacional como resistencia a la penetración imperialista, y como manifestación de la comunidad autónoma. La propaganda imperialista apunta sobre todo a los sectores medios argumenta Arregui, y critica a la misma en tanto “convencida de su independencia, justamente porque carece de ella, se cree depositaria de los valores universales, sin comprender que detrás de ellos están los intereses particulares de la burguesía. El pequeño burgués (…) piensa siempre en términos absolutos (…) su minúscula situación social le hace perorar con frases de gigante”.[x]
Al otro año Jauretche daría a conocer la continuación de “los profetas…”, con el “Manual de zonceras argentinas”, allí afirma que esta intelligentzia es una de las principales difusoras de las zonceras.[xi] Es una tarea de descolonización pedagógica la que pretende el autor de “los profetas del odio”, y esa tarea se encuentra estrechamente ligada a la enseñanza de nuestro pasado nacional. Es por este motivo, que escribe “Política nacional y revisionismo histórico”. Allí Jauretche considera que lo que se nos ha impuesto como la HISTORIA, en realidad es una política de la historia, es decir un relato parcial de nuestro pasado, en el caso de la historiografía oficial-liberal se trata de la óptica de la oligarquía porteña, así al pretender arrojarse la noción de totalidad del relato histórico (y no decir que es una visión parcial, ésta es falsa). Se ha falsificado nuestra historia, y esta “falsificación ha perseguido precisamente esta finalidad: impedir, a través de la desfiguración del pasado, que los argentinos poseamos la técnica, la aptitud para concebir y realizar una política nacional”.[xii] Estos falsificadores no son individuos aislados, sino un entramado que procura mantener al país en la dependencia económica y cultural. Se trata entonces de construir un relato que rescate la historia desde la perspectiva de los oprimidos, para la conformación de una política nacional.
En esta lógica de trabajo que sostiene Jauretche es que, unos años antes, como varios de los trabajos que reseñamos aquí, en 1957, Jorge Abelardo Ramos avanza en sus planteos historiográficos con “Revolución y Contra-revolución en la Argentina”. En este libro, Ramos analiza nuestro pasado nacional desde una perspectiva marxista (aunque adaptada a nuestra realidad), haciendo énfasis en el papel de las masas en la historia, ya no será pues la historia realizada por grandes hombres, sino más bien a partir del conflicto entre las diferentes clases sociales[xiii].
No es nuestra intención ser exhaustivos en la rememoración de los libros publicados en ese periodo desde el campo nacional, sino solamente demostrar a través de algunos ejemplos que se articulan entre sí, cómo se enjuicia profundamente el aparato de colonización pedagógica de la oligarquía argentina. Cómo estas publicaciones ponen su “granito de arena” a los años de la Resistencia Peronista, y también de qué manera la lectura de éstos, y de tantos otros como José María Rosa, Fermín Chávez, Scalabrini Ortíz, John William Cooke, Rodolfo Puiggrós, etc. contribuyen a la nacionalización de los sectores medios que serán, conjuntamente con los sectores trabajadores actores centrales en los años ‘60’s y 70’s., y artífices de la vuelta de Juan Domingo Perón a nuestra patria.


[1] Sociólogo -UBA-, Docente UPMPM, UNAJ, UNLa. Artículo presentado en las III Jornadas de Historia de la Universidad Popular Madres de Plaza de Mayo (UPMPM).


[i] Marcos, César. La cosa fue así. En Revista Peronismo y Liberación (Dir. Juan José Hernández Arregui). Nº1, agosto de 1974, página 23. Este escrito es reproducido en Baschetti, Roberto. (2012). Documentos de la Resistencia Peronista. 1955-1970. Volumen 1. Buenos Aires: ediciones De la Campana, pp. 61-66.
[ii] Ferla, Salvador. (2008). Mártires y verdugos. La insurrección de Valle y los 27 fusilamientos. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente), página 23.
[iii] Para un análisis de los periódicos de los años de la Resistencia hasta el Gobierno de Isabel Martínez, véase Baschetti, Roberto. Veinte años de publicaciones resistentes peronistas. En Baschetti, Roberto. (2012). Documentos de la Resistencia Peronista. 1955-1970. Volumen 1. Buenos Aires: ediciones De la Campana, pp. 21-33. Para observar los afiches, panfletos y demás manifestaciones de la Resistencia, véase: Baschetti, Roberto. (2013). Lo que el viento (no) se llevó. Efémeras, volantes y panfletos peronistas (1945-1983). Buenos Aires: Pueblo Heredero.
[iv] Ramos, Jorge Abelardo. (1961). Crisis y resurrección de la Literatura Argentina. Buenos Aires: Coyoacán, página 12.
[v] En relación al mundo colonial, profundizando en la cuestión, Frantz Fanon sostiene que es un mundo dividido en compartimentos, y que la línea divisoria está marcada por ejércitos, cuarteles, policía, balas, etc. pero los dos mundos no son excluyentes sino que se superponen, a la vez que “en las colonias la infraestructura es igualmente superestructura”. Fanon, Frantz. (2007).  Los condenados de la tierra. México: Fondo de Cultura Económica, página 34.
[vi] Jauretche, Arturo. (2004). Los profetas del odio y la yapa. Buenos Aires: Corregidor, página 99.
[vii] Propiamente dicho el primer libro de Hernández Arregui se tituló Siete Notas Extrañas. Era un libro de cuentos que tuvo buena crítica, pero Arregui, como Jauretche, Scalabrini, y otros, emprendieron el mismo camino que Homero Manzi: dejar de ser un hombre de letras, para hacer letras para los hombres. Galasso, Norberto. (1986). Hernández Arregui, del peronismo al socialismo. Buenos Aires: ediciones del pensamiento nacional.
[viii] Iñíguez Piñeiro, Carlos. (2007). Hernández Arregui, pensar el nacionalismo popular desde el marxismo. Buenos Aires: siglo XXI (editora iberoamericana).
[ix] Hernández Arregui, Juan José. (1973a). Imperialismo y cultura. Buenos Aires: Plus Ultra, página 15.

[x] ibídem, página 247.
[xi] Jauretche, Arturo. (2004). Manual de Zonceras Argentinas. Buenos Aires: Corregidor
[xii] Jauretche, Arturo. (2008). Política nacional y revisionismo histórico. Buenos Aires: Corregidor, página 14.
[xiii] Norberto Galasso afirma que Ramos en este libro cambió varias de sus posturas publicadas en América Latina, un país (1949), a partir sobre todo, de la crítica que le realizaran los fundadores de la izquierda nacional en nuestro país, Frente Obrero, fundamentalmente en los Cuadernos de Indoamérica. Sostiene Galasso acerca de Revolución y contra-revolución en la Argentina, que tuvo también la crítica elogiosa de Hernández Arregui en “La Formación de la Conciencia Nacional”, “corregidas las deformaciones nacionalistas de América Latina, un país, el nuevo libro constituye uno de los intentos más logrados de interpretación de nuestro pasado a la luz de la lucha de clases”. Galasso, Norberto. (2007). Aportes críticos a la historia de la izquierda Argentina. Socialismo, peronismo, e izquierda nacional. Buenos Aires: Nuevos Tiempos, página 292.


Bibliografía

Baschetti, Roberto. (2012). Documentos de la Resistencia Peronista. 1955-1970. Volumen 1. Buenos Aires: ediciones De la Campana.
Baschetti, Roberto. (2013). Lo que el viento (no) se llevó. Efémeras, volantes y panfletos peronistas (1945-1983). Buenos Aires: Pueblo Heredero.
Fanon, Frantz. (2007).  Los condenados de la tierra. México: Fondo de Cultura Económica.
Ferla, Salvador. (2008). Mártires y verdugos. La insurrección de Valle y los 27 fusilamientos. Buenos Aires: Peña Lillo (Continente).
Galasso, Norberto. (1986). Hernández Arregui, del peronismo al socialismo. Buenos Aires: ediciones del pensamiento nacional.
Galasso, Norberto. (2007). Aportes críticos a la historia de la izquierda Argentina. Socialismo, peronismo, e izquierda nacional. Buenos Aires: Nuevos Tiempos.
Hernández Arregui, Juan José. (1973a). Imperialismo y cultura. Buenos Aires: Plus Ultra.
Iñíguez Piñeiro, Carlos. (2007). Hernández Arregui, pensar el nacionalismo popular desde el marxismo. Buenos Aires: siglo XXI (editora iberoamericana).
Jauretche, Arturo. (2004). Los profetas del odio y la yapa. Buenos Aires: Corregidor.
Jauretche, Arturo. (2004). Manual de Zonceras Argentinas. Buenos Aires: Corregidor.
Jauretche, Arturo. (2008). Política nacional y revisionismo histórico. Buenos Aires: Corregidor.
Marcos, César. La cosa fue así. En Revista Peronismo y Liberación (Dir. Juan José Hernández Arregui). Nº1, agosto de 1974.
Ramos, Jorge Abelardo. (1961). Crisis y resurrección de la Literatura Argentina. Buenos Aires: Coyoacán.

viernes, 13 de diciembre de 2013

“La fuerza capaz de desestabilizar es la policial” :EL JUEZ DE LA CORTE RAUL ZAFFARONI HABLA DE LA NECESIDAD DE REFORMAR LA POLICIA






La permanencia del modelo del siglo XIX como caldo de cultivo de las situaciones en las que la policía puede ser manipulada. La descentralización como posible remedio al “financiamiento autónomo”. La necesidad de abrir un canal de diálogo.
Por Victoria Ginzberg
El juez de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni es penalista y hace años que estudia los cuestiones vinculadas con seguridad y reforma policial. Al analizar las protestas que en los últimos días protagonizaron las fuerzas provinciales y los saqueos asociados a esos episodios, dice que tiene la sensación de que no son manifestaciones espontáneas, pero, a la vez, no cree que ése sea el principal problema. El tema de fondo, sostiene, es que hay que repensar el modelo policial. Arriesga que los uniformados deben tener un canal de diálogo para poder plantear sus reclamos y que las fuerzas de seguridad que se ocupan del delito común deben descentralizarse: más policías, más pequeñas y más cerca de los ciudadanos (es decir en los municipios), podría resumirse su propuesta. También explica que desde que se pasó de la ideología de Seguridad Nacional a la ideología de Seguridad Ciudadana, “la fuerza capaz de desestabilizar es la policial”.
–Lo que quedó a la luz en estos días y también lo mencionó en parte la Presidenta es la imposibilidad que hubo en estos 30 años de hacer una verdadera reforma policial.
–Obviamente. Es una tremenda deuda de la democracia no haber repensado la policía. Hay países, como Costa Rica, que no tienen Fuerzas Armadas, pero países sin policía no existen. Es una institución necesaria en el Estado moderno. El modelo institucional de policía que seguimos teniendo tendrá todo el desarrollo tecnológico que se quiere, pero el modelo institucional es el que se estableció cuando Rivadavia cerró los cabildos. Es un modelo de ocupación territorial. Copiamos la Constitución de Estados Unidos, pero después copiamos la policía borbónica. No hay una policía de integración comunitaria. Creo que hay que repensar eso.
–¿Qué cambios habría que hacer?
–Pensaría hasta qué punto no hay que programar un pase de la policía de calle para el delito común a los municipios, con control vecinal. Inmediatez, fuerzas más chicas, más controlables. Naturalmente que habría que tener una policía centralizada para delitos complejos y habría que separarla de la policía de investigación criminal que, un día, con un proceso acusatorio, podría depender del Ministerio Público o de los poderes judiciales. Pero la policía de seguridad de calle tiene que estar cerca de la gente, cerca de la manifestación terciaria del Estado, la que uno tiene más a la mano, que es la municipal. Hay que tener en cuenta que el policía es un trabajador, un trabajador particular, pero necesita tener un lugar para canalizar sus reclamos. Discutir horizontalmente las condiciones de trabajo es lo que crea la conciencia profesional.
–Usted habla de un financiamiento autónomo de la policía, ¿es ése otro de los principales problemas?
–El modelo que viene del siglo XIX es ése: te autonomizo, te dejo recaudar y vos me garantizás gobernabilidad. Ese es un modelo que nos viene de la república oligárquica. Un modelo colonialista de ocupación territorial. Esa recaudación autónoma hoy se quiebra porque es mucho más voluminosa, en razón de la globalización, en razón de los mil tráficos ilícitos que hay. Con eso se quiebran los mandos, se quiebra la verticalidad, se quiebra todo.
–¿Con una municipalización de la policía se puede arreglar eso? ¿No puede pasar que dejen de financiarse unos y que se financien otros?
–No descarto que puede haber, o que casi seguro haya, algún caso patológico en que la jefatura municipal haga una mafia con su policía. Pero la gente va a ir y le va a quemar la intendencia. Y al intendente le va a interesar tener seguridad, porque si no, no lo van a votar más o le hacen una pueblada. La gente no se calla. Al achicar, se hace más controlable. Hay un contacto más inmediato con la policía. Controlar una fuerza de 50, 20 mil personas es muy difícil.
–¿Qué impresión tiene de los conflictos desatados con las policías provinciales y los saqueos? El Gobierno denuncia que tienen intencionalidad política, ¿comparte este diagnóstico?
–Tengo la sensación de que hay una manipulación, que no es una manifestación espontánea. Pero hay un espacio que da lugar a esa manifestación. No hay un canal de comunicación del personal policial en el que éste se pueda expresar de alguna manera. Yo no sé si es la sindicalización, no entro en ese tema porque hay una cuestión jurídica debatida que tenemos que resolver en la Corte. Tenemos una causa que está para votar y hay otra con vista a la Procuración. De manera que no abro juicio sobre la cuestión jurídica, pero algún canal de comunicación tiene que haber, alguna forma. Esa falta es lo que genera el espacio en que se puede dar la manipulación. Si se ve la vivencia del personal policial, es una persona que no tiene posibilidades de discutir sus condiciones de trabajo en forma horizontal, está sometido a un régimen de trabajo que dicen que es cuasi militar, pero es un régimen de sanciones arbitrario, no puede discutir sus condiciones salariales. Cada vez que tiene que hacer una declaración, la tiene que hacer de espaldas, parece que declara la ETA. Por otra parte, es una actividad que exige riesgos. Todo eso es un caldo que cultivo para cualquier manipulación.
–Además de la protesta, ¿cómo cree que se manejó la negociación?
–No puedo abrir juicio porque no conozco los detalles, pero sí creo que puso sobre el tapete un problema, una necesidad. Hay muertos, lo que ha pasado es grave y no hay que tirarse con cadáveres para abrir responsabilidades, sino que hay que sentarse para ver qué hacemos. No estamos en campaña electoral, es buen momento para sentarse a pensar esto, necesitamos renovar esta institución.
–¿A qué se debe el fracaso de los sucesivos intentos de reforma? Porque esporádicamente hay cierta voluntad para hacer cambios en la policía.
–Uno de los principales problemas son las marchas y contramarchas. En la policía de la provincia de Buenos Aires hubo marchas y contramarchas. Eso desconcierta al personal. Por eso hay que hacer una política de Estado que vaya en ese sentido. Hay que hacer un acuerdo político. Una democracia necesita algunas bases estructurales. Hay que pensar en el modelo de Canadá, de Scotland Yard, de Italia, las policías de las comunidades autónomas españolas... No necesitamos una policía que se dedique a controlar excluidos, necesitamos una policía que nos asegure mínimamente el orden.
–¿Las denuncias que se están haciendo por sedición en algunas provincias e incluso en el gobierno nacional, le parecen acertadas?
–Las denuncias se pueden hacer, pero esto no se va a resolver penalmente. La dificultad de fondo es de programación institucional. Si no se obtura el espacio para la manipulación se producen estos fenómenos. No tenemos que irnos a Ecuador (se refiere al intento de golpe de Estado de 2010 que comenzó con un reclamo policial). El último golpe contra Fernando de la Rúa ¿quién se lo dio? Fue la policía. Había otros factores, pero el último empujón salió de ahí. (Eduardo) Duhalde tiene que salir prematuramente por un hecho policial. Tengo serias sospechas sobre la desaparición de (Jorge Julio) López. Se puede decir que no siempre el que mata al tío rico es el sobrino heredero, pero ¿quién se benefició de eso? Por otra parte, en Ecuador pasa esto porque tiene una policía única. Estados Unidos nos recomienda que en América latina tengamos policías centralizadas. Cuando tenés una policía única se te hace inmanejable, se te autonomiza y pasan estas cosas.
–Pero Estados Unidos no tiene una policía única.
–No. Eso es lo que nos dicen a nosotros. Ellos tienen 2400 policías. Imitemos a los Estados Unidos en eso. No hagamos lo que nos dicen sino lo que ellos hacen. Tienen policía de condado, policía estadual, todas las policías federales... son más de dos mil.
–¿La policía se convirtió en un actor relevante en los procesos de desestabilización? ¿Se puede decir que en cierto sentido ocupó el rol que tenían las Fuerzas Armadas?
–Claro. Desde que se pasa de la ideología de Seguridad Nacional a la ideología de Seguridad Ciudadana, la fuerza capaz de desestabilizar es la policial. Por otra parte, tiene más penetración social que las Fuerzas Armadas. No son golpes de Estado de las características tradicionales. No se sienta un comisario en el sillón presidencial, pero son movimientos que pueden desestabilizar fácilmente, crear una sensación de caos, de inseguridad pública. Es grave.
Fuente: Página/12

Las Bonaerenses

Un repaso por la historia reciente de la Policía de la provincia de Buenos Aires deja algunos interrogantes sobre la supuesta "justicia" del reclamo corporativo que motivó los acuartelamientos en La Plata, Bahía Blanca y Mar del Plata.



Darío Santillán y Maximiliano Kosteki no tuvieron la oportunidad de convocar a los canales de televisión para que transmitieran en vivo sus reclamos salariales y "una mejora en las condiciones de trabajo". No sólo porque el país en el que protestaban era uno en el que nadie pedía por un aumento de salarios, sino también porque aquella mañana de junio de 2002, los móviles de TV fueron hasta la bajada del Puente Pueyrredón en Avellaneda para trasmitir en vivo lo que ya sabían que iba a pasar.

Alertados la noche anterior en riguroso off the record  por el entonces secretario de Seguridad, Juan José Álvarez, que al día siguiente los piqueteros irían todos presos "como mínimo" (sic), los medios fueron al Puente a televisar en vivo las dos nuevas muertes que iba a causar la crisis.

Cumpliendo al pie de la letra las órdenes dadas por el gobierno del Presidente Eduardo Duhalde, la Policía Bonaerense reprimió con balas de plomo la protesta del Movimiento de Trabajadores Desocupados, matando a dos jóvenes militantes e hiriendo con armas de fuego a por lo menos una docena de personas más.

El 26 de junio de 2002, el sueldo básico promedio de los efectivos de la Policía Bonaerense era de 410 pesos a cobrar casi íntegramente en Patacones, una de las tantas cuasi monedas que los gobiernos provinciales habían comenzado a emitir desde fines del año anterior. A pesar de estas penurias, y de otras más, no hubo, durante 2002, ningún acuartelamiento policial, ni en la provincia de Buenos Aires ni en ninguna otra. Tampoco en los años que siguieron.
"Más de una década transcurrida luego de aquel infierno: ¿Cuál es el nivel en la escala de la desvergüenza que impulsa a un uniformado a pedir 'el apoyo de la gente' para que la población acompañe una extorsión disfrazada de reclamo salarial?"

Lo que sí hubo, desde mediados de 2001 y durante todo 2002, fueron represiones policiales a quienes protestaban porque, o bien se quedaban sin trabajo, o porque directamente no tenían para comer. En todas las provincias. O en casi todas, para ser más justos.

Claudio "Pocho" Lepratti tampoco pudo convocar a una conferencia de prensa para denunciar el marasmo social en el que se encontraba Rosario, mientras trabajaba en el comedor de la escuela 756 del Barrio Ludueña. Lo mataron los mismos policías santafesinos a los que, desde el techo de su escuela, les pedía clemencia: "¡Hijos de puta, no tiren que hay pibes comiendo!", fue lo último que se le escuchó gritar a Pocho, lejos de los micrófonos y las cámaras de televisión.

Más de una década transcurrida luego de aquel infierno: ¿Cuál es el nivel en la escala de la desvergüenza que impulsa a un uniformado a pedir "el apoyo de la gente" para que la población acompañe una extorsión disfrazada de reclamo salarial?
No sé si es que en la cuestionada formación que reciben en la "Escuela Vucetich" (oxímoron imperdonable), los futuros policías bonaerenses son inoculados con el virus de la bribonería o qué les pasa, pero conozco a muchos miembros de la fuerza que se transforman en otra clase de personas una vez que los vistieron de azul.

De otra forma no se explica el desparpajo con el que los miembros de la Policía de la provincia de Buenos Aires (y de otras fuerzas policiales) convocan al "apoyo de la gente" para con su causa.

En todo caso, antes de brindar el apoyo reclamado, la ciudadanía debería preguntarle a los familiares de Jorge “Chaco” González, Julio Barzola, Emmanuel Salafía, Carlos Barbarelli, Gastón Aragón, Luciano Arruga, Mauricio Ramos, Franco Almirón y Lautaro Bugatto, por nombrar sólo a algunos de los jóvenes asesinados por el gatillo fácil de la Bonaerense en los últimos diez años, si corresponde o no apoyar la protesta.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Algunas cosas que atentan contra mi paciencia.


Uno ya ha vivido unos cuantos años y escuchado unos cuantos cuentos. Y algunos a fuer de reiterativos ya sinceramente esgunfian (ver acá) .

Ultimamente,a falta de FFAA que den golpes de estado y alteren el orden público, para crear climas destituyentes, la Policias y otras fuerzas de seguridad se han transformado en la herramienta válida para la creación de esos climas.

Fracasada la "rebelión agrogarca" de 2008, terminada la posibildad de los cacerolazos como instrumento, los de siempre van apelando a otros elementos.

Desde siempre sabemos que las Fuerzas Policiales han sido refugio de pillos y vagos de toda laya, que vestidos con un uniforme y provistos de un arma tienen una especie de "patente de corso" que les permite actuar a su antojo gerenciando el delito en sus distintos escalones.

Ya no nos sorprende que cada vez que una investigación mas o menos seria desbarata alguna banda, ya sea de narotraficantes, piratas del asfalto, abigeos, salideras y/o entraderas, robo de automotores, prostitución, arrebatadores o lo que a usted se le ocurra, siempre hay algunos policías en actividad o retirados en el elenco.

Y ahi viene uno de los cuentos mas trillados. "Que no se puede poner a todos en la misma bolsa, ya que hay policías buenos y honestos". Hace muchos años que vengo esperando que los "policías buenos y honestos" demuestren su capacidad profesional y honestidad limpiando su rancho de los elementos indeseables. Mientras tanto "lola"; los seguiré considerando cómplices.

Otro cuento; "que arriesgan su vida poniendo el pecho ante los delincuentes". ¡Chocolate por la noticia! Cuando uno ingresa a una fuerza armada, sabe perfectamente que es un riesgo profesional. Ni mayor ni menor al de un albañil que se sube a un andamio y puede caerse y perder la vida o quedar discapacitado.

Ahora se los está utilizando como fuerza de choque contra la convivencia pacífica de los Argentinos. Desbaratadas algunas bandas de Narcopolicías (caso Santa Fe y Córdoba) y encarceladas sus cúpulas, el "efecto derrame" hacia los cuadros subalternos los ha privado de los vueltos con los que redondeaban sus ingresos y muestran (y nos muestran) su capacidad operativa, acuartelandose y mandando sus soldaditos a efectuar saqueos y otros desmanes para escándalo de los "bienpensantes".

Costó mucho trabajo y decisión política depurar las FFAA (de los que por un tiempo se esperó una "autodepuracion" que nunca llegó, hasta que un flaco emepzó a descolgar cuadros) y ahi vimos que ante la decisión política se acaban los "machitos".

Pero las FFSS son algo diferentes, ya que la mayoría de ellas dependen de los Gobiernos Provinciales y cada Gobernador las pone en juego según su conveniencia política, y transa con ellas para posibilitar su "gobernabilidad". Gobernabilidad que no es tal ya que depende de un pacto con delincuentes.

No hay mas camino que ponerse a trabajar en el tema; militarlo en cada momento del dia, ya que es constante el goteo de imbecilidades sobre el ciudadano de a pié con el tema de la seguridad. Las FFSS deben ser modificadas de raíz si es que queremos seguridad en serio, y no una simple "administración" del delito.
Fuente:ElFusilado

RECORDANDO A MANDELA

“En vida de los grandes revolucionarios, las clases opresoras les someten a constantes persecuciones, acogen sus doctrinas con la rabia más salvaje, con el odio más furioso, con la campaña más desenfrenada de mentiras y calumnias. Después de su muerte, se intenta convertirlos en iconos inofensivos, canonizarlos, por decirlo así, rodear sus nombres de una cierta aureola de gloria para "consolar" y engañar a las clases oprimidas, castrando el contenido de su doctrina revolucionaria, mellando su filo revolucionario, envileciéndola.” (1)

Esta cita de Lenin, que ronda mi cabeza desde los 80 (cuando las remeras con la cara del Che me hacían dudar entre la libertad democrática y la mortificación fetichista) es sumamente pertinente, a la hora de recordar a quien nos ha dejado físicamente este 5 de diciembre que pasó: Nelson Mandela.
Si recordar es volver a pasar por el corazón, habrá entonces tantos recuerdos como corazones, y en consecuencia, el recuerdo jamás se presentará: ni divorciado de la conciencia, ni por fuera de los intereses de clase de quien recuerda.
Muy temprano, desde el Imperio, pretendieron vendernos un Mandela Nóbel, como si fuese posible equipararlo a rufianes de la talla  Henry Kissinger o Barak Obama (que se empeña en convencernos de que es negro).
Ni hablar del Mandela “pacificador, humanista y exorcista del odio”, tan caro en estas horas a las Corporaciones mediáticas, como si cada uno de esos conceptos, no estuviesen atravesados por una lucha de clases que le asigna sentidos y los impregna de consecuencias políticas.
Sabemos perfectamente que filantropía no es solidaridad, y que la paz, el humanismo y el amor que Mandela le propuso a los sudafricanos, no fueron un punto de partida, sino la consecuencia de una posición de Fuerza y de una acumulación política, conquistadas con años de luchar y militar un proyecto político revolucionario.
No hace falta ser muy astuto para rechazar cualquier semblanza que de este luchador, pretendan vendernos desde los intereses político-económicos contra los que tanto luchó.
A no confundirnos, el Apartheid, por más que exacerben su componente racial, tenía su fundamento no en lo étnico, sino en la necesidad de una particular supraestructura que asegure la acumulación capitalista.
Son ciertos todos y cada uno, los hitos que circulan hoy a manera de homenaje. Pero sería incorrecto no remarcar algunos aspectos que sospechosamente están ausentes en las pompas fúnebres “políticamente correctas”. Barrer bajo la alfombra, por ejemplo, al Mandela que ante el endurecimiento del Régimen (un  21 de Marzo de 1960, en Sharpeville, al suroeste de Johannesburgo, la policía abrió fuego contra una manifestación que protestaba por la ley de pases matando  a  69 ciudadanos y dejando casi 400 heridos) pasó a la clandestinidad; y en junio formó el brazo armado del CNA, Umkhonto we Sizwe (La lanza de la Nación) del que fue su primer comandante en jefe. Negar, sin ir más lejos, al Mandela admirador de Yasser Arafat y la lucha del Pueblo Palestino. Ocultar al Mandela camarada de Fidel y amigo entrañable de la Revolución Cubana y de Cuba Socialista. Él, más que nadie, sabía de los aportes de los internacionalistas cubanos, en el rescate de Angola de las garras del Neocolonialismo y en la Victoria de La batalla de Cuito Cuanavale ( entre diciembre de 1987 y marzo de 1988[))) que significó la debacle militar de los racistas sudafricanos, la Independencia de Namibia y la posibilidad de forzar una negociación para terminar con el Apartheid.
Nuestro recuerdo tiene que incluir en toda su dimensión sus 27 años de cautiverio; la forma en que lo detuvieron; y que pretendieron al encerrarlo. Se sabe que en junio del 1964, fue sentenciado a cadena perpetua y trasladado a la prisión de Robben Island; y que estuvo en esta isla hasta 1982, cuando lo llevaron a la prisión de Pollsmoor, en Ciudad del Cabo, de donde finalmente fue liberado en 1990. Lo que no cuentan los liberales, son las vergonzosas maniobras que acompañaron esa historia. Su amnesia selectiva omite que Nelson Mandela fue apresado junto a otros abogados cuando, como tales, habían asumido la defensa de dirigentes presos;  y que durante los años en Pollsmoor  tuvo que rechazar varias ofertas de liberación condicionadas que le ofrecieron, buscando debilitar la resistencia y la movilización de la población africana.
Este homenaje no hace más que retomar el recuerdo integral que él tenía de sí mismo. Valorar su sentido de la responsabilidad y su compromiso con la causa de la liberación.
Cuando el Lunes, 14 noviembre 2011 La Asociación de Militares Veteranos Umkhonto we Sizwe lo premió por su papel como "comandante en jefe" en la lucha armada contra el apartheid; su nieta Ndileka Mandela, (que recogió el premio en su nombre), recordó las historias que le contaba su abuelo sobre su entrenamiento militar en Etiopía en 1962, y afirmó que Nelson Mandela la definía como... "una de las etapas de la que me siento más orgulloso".
Pretender que haya muchos Mandelas, es también una ventaja para los que desde un discurso revolucionario, encaran dogmáticamente esa empresa. Nelson Mandela sabía perfectamente que la naturaleza de la lucha no la decide el resistente, sino el poder. Para que los poderosos no nos lo arrebaten, a cada propuesta política en cada etapa de su vida, debemos remarcar la condición de RESISTENTE, para que no sean descontextualizadas.
La advertencia del líder bolchevique con la que comencé esta semblanza, también alcanza este peligro. Al fin y al cabo “canonizar”, un termino muy asociado a las esferas eclesiásticas, deriva del término griego κανών (canón) que significa "regla". Usarlo como regla, y eso es, lisa y llanamente matar lo revolucionario que precisa de la creatividad.
Un homenaje que lo respete en toda su real dimensión, debe ser un homenaje que rechace cualquier canonización, ni la del poder, ni la del dogmatismo.
Ha muerto un Marxista, un Comunista; su homenaje, nada tiene que ver con las reglas, sino con guías para la acción.
Hasta la Victoria Siempre Madiba!
Rafael Bianchi
Rosario 06 /12/2013

(1) Vladimir I Lenin “El estado y la Revolución” CAPITULO I: LA SOCIEDAD DE CLASES Y EL ESTADO .1. EL ESTADO, PRODUCTO DEL CARACTER IRRECONCILIABLE DE LAS  CONTRADICCIONES DE CLASE. Agosto de 1917.
Fuente:Bando-Neon