viernes, 9 de junio de 2023

Murió el sociólogo francés Alain Touraine. Tenía 97 años

 

Falleció en París. Desarrolló el término de "sociedad posindustrial" y se interesó por el mundo obrero y los movimientos políticos y sociales de América Latina. 




Fuente:Página/12


El sociólogo francés Alain Touraine, especialista de la evolución social de su país en la segunda mitad del siglo XX y que siempre mostró interés por los movimientos políticos y sociales de América Latina, murió este viernes en París. Tenía  97 años.

La noticicia fue confirmada por Marisol Touraine, hija del sociólogo y exfuncionaria del gobierno francés. 

Intelectual de izquierda, pero de tendencia cada vez más liberal, Touraine fue un cronista de los cambios sociales en Francia a partir de los años 1950. Nació en Hermanville-sur-Mer el 3 de agosto de 1925 y cursó estudios de Historia.

Aunque de familia acomodada, se mostró en su juventud muy interesado por el mundo obrero y llegó a trabajar brevemente en una mina, experiencia que le sirvió luego para escribir uno de sus primeros estudios, sobre los mineros en Chile.

Fue investigador en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas (CNRS) entre 1950 y 1958. En 1956 fue uno de los creadores del Centro de Investigaciones sobre sociología del trabajo de la Universidad de Chile, donde conoció a su esposa, la investigadora chilena Adriana Arenas Pizarro, quien falleció en 1990.

Las protestas de estudiantes y obreros de mayo de 1968 en Francia lo llevaron a ampliar su campo de estudio. Ese año publicó "El movimiento de mayo o el comunismo utópico".

Al año siguiente vaticinó como otros expertos la llegada de la "Sociedad posindustrial", y se interesó por el feminismo o los movimientos regionalistas en Francia.

En 1973, tras el golpe de Estado contra el socialista Salvador Allende, publicó "Vida y muerte del Chile popular".

No dejó de mirar hacia América Latina, a medida que evolucionaba hacia posiciones más liberales.

Siguiendo la tradición intelectual francesa, se expresó en público, mediante tribunas o manifiestos, a veces de forma opuesta: así por ejemplo, defendió una reforma del sistema de pensiones del gobierno conservador francés en 1995, y al año siguiente firmó un llamamiento en favor del movimiento armado zapatista en México.

En 2010 recibió el Premio Príncipe de Asturias en la categoría Comunicación y Humanidades. Fue doctor honoris causa de numerosas universidades latinoamericanas:  como La Paz; Bolivia, Córdoba; Argentina, Valparaíso; Chile y la Universidad Pontificia de Perú.

 

miércoles, 3 de mayo de 2023

Pensamiento crítico. Control neocolonial o desarrollo genuino – modalidades de la deuda externa

 




6 abril, 2023

Fuente:Resumen Latinoamericano


Por Stephen Sefton, Resumen Latinoamericano, 26 de abril de 2023.


El pasado mes de marzo Kristalina Georgieva, Directora Gerente del Fondo Monetario Internacional, visitó a la República Popular China. Entre los temas que abordó con la dirigencia de la política económica china fue la reestructuración de la deuda externa de los países en vías de desarrollo. La señora Georgieva ha aseverado que alrededor de 60% de los países de bajos ingresos del mundo o están con problemas para pagar su deuda externa o corren el riesgo de tenerlos. Además, dijo que alrededor de 25% de las economías emergentes del mundo mayoritario enfrentan un alto riesgo de no poder mantener al día los pagos de su deuda externa.

La situación actual de la deuda externa a nivel mundial resulta de múltiples factores. El contexto de nuestra historia contemporánea es que la época del dominio económico occidental ya caducó. En los últimos ochenta años la función fundamental de la deuda externa, acompañada por fuertes condiciones de parte de los acreedores de los países ricos, ha sido de contrarrestar la independencia y sabotear el desarrollo de las antiguas colonias de los países occidentales en el mundo mayoritario. El economista Michael Hudson argumenta que la deuda externa ha sido la arma preferida de los países occidentales para remplazar la conquista  por medio de una abierta agresión militar.

Sin embargo, prácticamente toda discusión de la deuda externa excluye precisamente ese factor principal que es el poder geopolítico. Tampoco jamás aborda el tema de reparaciones por los crímenes cometidos por los gobiernos occidentales, por ejemplo la indemnización de US$16 mil millones ordenada por la Corte Internacional de Justicia en el caso de la agresión estadounidense contra Nicaragua, o la justa recompensa por perdidas y daños ambientales ni, mucho menos, las reparaciones por los siglos de la práctica de la esclavitud. Su control absoluto de la deuda externa ha permitido a los países acreedores occidentales tener un super-abundante flujo de ingresos a sus centros financieros, facilitar acceso de sus corporaciones transnacionales a los recursos naturales del mundo y también a dictar los términos del comercio internacional al mantener el mundo mayoritario en un estado de efectiva dependencia neo-colonial.

El tema de la deuda externa es íntimamente ligado al tema de la cooperación para el desarrollo, un concepto que ha servido a los poderes imperialistas como coartada para su criminal explotación de las ventajas económicas logradas por ellos en base al genocidio y la esclavitud. En general, los países desarrollados nunca cumplen con los compromisos adquiridos bajo los acuerdos para aumentar los fondos disponibles en apoyo a los países más empobrecidos en vías de desarrollo, sea en relación a los Objetivos de Desarrollo del Milenio o sea en relación al Cambio Climático. Hace más de 50 años en 1970 la ONU acordó que los países desarrollados deben de aportar no menos que 0.7% de su PIB a la cooperación para el desarrollo. En todo ese tiempo los únicos países que han cumplido la meta, en sí extremadamente pinche, han sido Suecia, Noruega, Luxemburgo, Dinamarca y Holanda.

La mayoría de los países empobrecidos en vías de desarrollo sufren de los continuos cambios volátiles en los precios de sus exportaciones y, de manera creciente, de los desastres naturales provocados por el cambio climático. Así que es imposible para sus gobiernos planificar de manera segura un esquema de pagos de la deuda externa. La profunda injusticia de las relaciones internacionales por medio de las cuales se gestiona la deuda externa está acentuada por la ausencia de un mecanismo independiente y neutral para valorar las políticas del manejo sostenible de la deuda de los países endeudados. Tampoco existe un mecanismo independiente y neutral para el arbitraje de disputas.

Este es el contexto histórico y contemporáneo en que todavía otra crisis global de la deuda externa se está desarrollando. Han habido casi 15 años de bajas tasas de interés aplicado para rescatar las elites occidentales y garantizar el valor de sus activos durante y después del colapso financiero de 2008 y 2009. Durante ese tiempo las elites occidentales podían acceder al crédito con una tasa de interés de prácticamente 0%. En cambio en los mercados internacionales, los países en vías de desarrollo tenían que pagar tasas de interés de 7% o 8% o más. Ahora los bancos centrales, liderados por la Reserva Federal estadounidense han subido las tasas de interés de tal manera que están estresando la capacidad de pago de los países de bajos ingresos.

La alza en las tasas de interés ha sido la respuesta de los bancos centrales occidentales a un aumento en la inflación a nivel mundial. Ese aumento es el resultado de los drásticos cambios provocados por las medidas implementadas en 2020 y 2021 a nivel mundial contra el Covid-19 y también por los efectos de las medidas coercitivas aplicadas contra la Federación Rusa por motivo de su operación especial militar contra Ucrania. Las políticas contra el Covid-19 causaron una tremenda reducción en la actividad económica internacional, y el efecto global forzó a muchos países en vías de desarrollo de asumir más deuda externa. La desestabilización de los mercados se acentuaron todavía más con las masivas medidas coercitivas aplicadas contra Rusia, especialmente en relación a la energía y los alimentos.

En este contexto actual, una clara prioridad de los poderes occidentales ha sido de defender su dominio financiero y así proteger su poder, especialmente relativo a China y Rusia. Esto confirma la suprema importancia del poder geopolítico en relación al tema de la deuda externa en un momento en que la reestructuración de la deuda sigue siendo un asunto clave y controvertido. El tema de la reestructuración de la deuda ha llegado ser mucho más complejo que en el pasado, por motivo de la proliferación de instrumentos financieros derivados y de mercados secundarios en los mismos.

También los recursos para el desarrollo global invertidos por la República Popular China, entre otras nuevas fuentes de crédito, han disminuido el anterior férreo control de los tradicionales países acreedores occidentales. Esto ocurre en un momento en que se ha iniciado el complejo proceso de la llamada desdolarización a favor de intercambios comerciales y financieros en las monedas nacionales, por ejemplo entre Brazil y Argentina, entre China y Rusia, entre la India y Rusia y entre Brasil y China, par mencionar los casos más conocidos.

En relación a la re-estructuración de la deuda externa, ahora existe una fuerte discusión entre los acreedores occidentales y China sobre quien debe de asumir la reducción de las deudas re-estructuradas. El vocero de la República Popular China, el compañero Wang Webin ha comentado “Nuestra posición consistente ha sido que las instituciones financieras multilaterales y los acreedores comerciales que tienen la mayoría de la deuda de los países en vías de desarrollo deben de participar en los esfuerzos para aliviar la deuda.”

Esta posición china va directamente en contra de la práctica del FMI, la cual ha sido de ofrecer reestructuración de la deuda que a menudo incluye añadir más deuda al monto original para así poder garantizar los intereses de acreedores occidentales privados, tanto nacionales como internacionales. Quizás Argentina ha sido el caso más notorio de esta cínica política de parte del FMI, tan sádica en sus efectos sobre las poblaciones más vulnerables. La posición de China resalta la necesidad de mecanismos para manejar las las situaciones de bancarrota a nivel internacional para proteger los intereses de las poblaciones y garantizar su bienestar.

Y esto implica una atención adecuada a las circunstancias geopolíticas junto con  un manejo sensato de las diversas intereses posiblemente en conflicto en cada caso. También implica una gira dramática hacia la democratización del sistema financiera internacional, especialmente en términos de su transparencia y hacia la solidaridad como su principio fundamental moral. Como nuestro Canciller de la Dignidad, el Padre Miguel d’Escoto, siendo presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas, comentó en abril del 2009, a una reunión de los ministros del Movimiento No Alineado:

“…Todo parece estar en crisis y en el mundo entero hay mucho temor e incertidumbre. Pero las crisis no necesariamente tienen que convertirse siempre en tragedias humanitarias. Pueden y deben tornarse en coyunturas que nos convocan a tomar medidas correctivas para re-encarrilarnos en la dirección de la Solidaridad y, así, garantizarnos un futuro promisorio para nosotros y las generaciones venideras.

La crisis actual ha dejado claro, hasta para quienes se obstinaban en no reconocerlo, que la lógica del capitalismo además de perversa es también suicida; que el dólar no puede seguir siendo la moneda para las reservas internacionales o el intercambio comercial; que el tercer mundo no puede seguir subvencionando el demencial concepto y práctica de “desarrollo” del primero; que Estados Unidos, y el llamado “primer mundo” en general, podrán seguir siendo todo lo fiscalmente irresponsable que deseen pero que tendrán que pagar las consecuencias de su propia irresponsabilidad y no seguir devaluando la moneda de las reservas internacionales mediante interminables impresiones de dólares, sin ningún respaldo, con el objeto de financiar sus guerras genocidas.”

Vale la pena notar que el Padre Miguel dijo esto hace casi 15 años y es muy importante ahora ver, teniendo en mente sus palabras, el significado de las recientes visitas del Canciller Serguei Lavrov de la Federación Rusa y del compañero Luo Zhaohui, Presidente de la Agencia China de Cooperación Internacional para el Desarrollo. Son precisamente Rusia y China que están promoviendo re-encarrilar el mundo hacia la Solidaridad en estos momentos de temor e incertidumbre alrededor del mundo. El tema de la deuda externa en relación al poder geopolítico es un elemento importante en la formación de un nuevo mundo de Paz, Justicia y Solidaridad en que Nicaragua y nuestro gobierno sandinista juegan un papel altamente constructivo y visionario reconocido por los Presidentes Vladimir Putin de Rusia, Xi Jinping de China y todos los gobiernos de buena voluntad del mundo mayoritario.

DEUDA EXTERNA Y NEOCOLONIALISMO

 Fuente:El cohete a la Luna


El uso de las palabras para condicionar la discusión sobre su legitimidad y legalidad

 

El endeudamiento externo de manera ilegítima, ilegal y odiosa del país estuvo acompañado con acciones que facilitaron la trampa y lo indebido. La estrategia de ocultamiento, desinformación y manipulación se asentó, entre otras razones, en diversas modalidades neocoloniales aplicadas a lo jurídico y al uso de las palabras.

Como primera medida se presentó el tema como si fuera sólo económico y se dejó de lado lo jurídico. Cuando la importancia de la cuestión es primero jurídica en cuanto a la legalidad y de la cual podemos derivar lo económico. Para lo cual hay que ver si casualmente los compromisos económicos asumidos están conforme a la ley y no son odiosos.

Aquí es cuando, en un verdadero colonialismo jurídico, se ha trastocado los razonamientos esenciales en materia de derechos. En esto es importante tener presente que la Constitución Argentina en su primera parte establece la diferencia entre “garantías” y “derechos”. De lo cual se desprende que no son conceptos iguales en tanto los “derechos se auto justifican y valen por sí mismos” mientras que “las garantías operan como tales en la medida que tutelen derechos a garantizar”. Esto último no es un sólo juego de palabras, ya que de ninguna manera una garantía puede servir para asegurar anti-derechos humanos. Sin embargo, en materia de deudas externas, se ha sostenido que se debe pagar o pagar, por ejemplo a los fondos buitres, por el solo hecho de que hay que respetar lo acordado aún cuando fuere odioso o ilegítimo y trajera graves consecuecias al pueblo argentino. Nunca una simple garantía puede permitir violar derechos humanos esenciales, y una ley o una sentencia tampoco pueden convalidarlo, ya que todo ello es nulo de nulidad absoluta. Así, resultan írritos los acuerdos tramposos mediante los cuales, por ejemplo, para pagar más deudas en dólares se empuja al país a usar más agroquímicos y seguir desmontando, a los efectos de producir más; o a permitir que se contaminen las aguas con la minería que usa arsénico y otras sustancias tóxicas, en verdaderos ecocidios por goteo. También que se pretenda someter al sistema de seguridad social a mayores recortes, en verdaderos delitos de lesa humanidad económicos matando de inanición a las personas mayores y a discapacitados, o producir aporicidios, o sea matar a los pobres, precarizar el trabajo hasta lo indigno, entre otras graves consecuencias de lesa humanidad.

Lo razonado es de particular importancia porque la realidad ha demostrado que, en los acuerdos de deudas externas, primero se busca que se sustenten en derechos favorables a los poderosos y en la práctica, cuando la ley incluso molesta a los poderosos, se la saltean, anulan o se asegura sus beneficios mediante garantías inaceptables como la prescripción para el reclamo o la cosa juzgada o la convalidación por nuevos préstamos.

También se ha buscado colonizar a la sociedad semánticamente, con el uso del lenguaje cotidiano de los medios de difusión. Para ello se usaron palabras o frases inductoras y tramposas, que favorecen una mirada edulcorada, con sometimiento psicológico.

Se enseñó y enseña por todos los medios que siempre se deben “honrar las deudas externas” sin cuestionar su legitimidad. La inducción a “honrar” es elegida a propósito ya que implica conceptualizar que las deudas merecen en sí mismas ser “enaltecidas o se debe valorar su mérito”. Actitudes estas que se dispensan a dioses que se honran, o sea a algo superior. Pero a lo seres superiores no se les habla en condiciones de igualdad, dado que siempre se presupone un respeto reverencial. Tampoco se les reclaman derechos, sólo se les pide indulgencia ante deberes que pueden haberse incumplido. Esta actitud de sumisión se trabajó como básica para condicionar la discusión sobre las deudas externas. Con el agravante de que ello permitió que, cada vez que se negociaban las deudas, se resignaran más derechos y se aumentaran los deberes, haciéndonos creer que se nos concedían beneficios que debíamos agradecer. Todo ello acompañado por una prensa hegemónica que desinformó sobre los efectos de la defraudación al pueblo.

Nunca se habla de los “prestamistas externos”, se los denomina los “acreedores externos”, lo que implica asumirnos en todo momento como “deudores” sin antes analizar si realmente se debe lo que se nos reclama, para lo cual son imprescindibles las auditorias a la deuda.


Cuando se discute el presupuesto nacional, a las previsiones de pago de deudas externas se las denomina como pagos de los “servicios de la deuda”. ¿Son “servicios” los montos a pagar en concepto de capital e intereses (muchos de éstos usurarios)? La deuda no nos brinda ningún “servicio". Es otra de las esclavitudes semánticas asumidas sin reflexión.

También se enseñó que el país se volvía “riesgoso” si no cumplía sin condicionamientos lo que se le exigía que abonara. Se nos degradó como sociedad y a la temperatura de nuestra autoestima se la hace depender del índice llamado “riesgo país” que brindan diariamente los medios de difusión por la influencia de los bancos acreedores. Es un fantasma al que las personas sólo pueden temer aunque no se les permitía saber las razones en virtud de las cuales los que nos endeudaron nos responsabilizaban y pretendían que nos volviéramos “creíbles” ante el mundo sólo pagando, sin discutir lo que se nos decía que debíamos. Se transmitía y trasmite la sensación de que, para reingresar a la civilización, sólo hay que pagar, para no ser unos castigados del mundo y así poder bajar la temperatura del “riesgo país”. Resulta inaceptable que el supuesto mundo civilizado nos condicione su aceptación a llevar adelante aporicidios o ecocidios.

Asimismo, se nos enseñaba que “achicar el Estado es agrandar la Nación” y transformaban el ajuste como un objetivo patrio.

Hay que investigar y auditar la deuda externa y condicionar su pago a la legalidad de la misma y no permitir la afectación de los derechos humanos de nuestros pueblos.

  

* El autor es abogado constitucionalistas y ex juez federal.

sábado, 11 de marzo de 2023

Sheldon Wolin. Democracia administrada y totalitarismo invertido

 

En qué consiste el totalitarismo invertido? Este vídeo nos lo explica  perfectamente

Wolin (1922-2015) fue un teórico político estadounidense que, nacido en Chicago de padre judío siberiano y criado en Buffalo (Estado de Nueva York), interrumpió sus estudios a la edad de 19 años para convertirse en bombardero-navegante de las Fuerzas Aéreas del Ejército de USA. Sus experiencias vitales fueron las de “un niño de la Gran Depresión, un aviador de la Segunda Guerra Mundial, un judío de la era del Holocausto y un activista de los años sesenta, todas ellas, excepto la última, experiencias dominadas por la sensación de pérdida”. Fundador de la “Escuela de teoría política de Berkeley”, diseñó un enfoque diferente de la historia del pensamiento político en su libro “Política y visión” (1960) donde propone una perspectiva totalmente original que constituyó un desafío formidable a los enfoques más clásicos en el estudio de la historia del pensamiento político, que consideraban que su tema era simplemente ajustarse al crecimiento ideológico de las instituciones políticas tal como aparecieron a lo largo de la historia, y presentar sus contenidos en forma enciclopédica. Wolin observó que el elemento de comentario político en la teoría política estaba en gran parte ausente en los acontecimientos que le tocó vivir (las manifestaciones estudiantiles de la década de 1960, la Guerra Fría y su retórica del capitalismo/comunismo, las presidencias de Nixon, Ford y Reagan). El nuevo enfoque de Wolin, basado en el estudio cuidadoso de diferentes tradiciones teóricas, presta especial atención a cómo éstas contribuyen a los significados cambiantes de un vocabulario político previamente recibido (incluidas las nociones de autoridad, obligación, poder, justicia, ciudadanía y estado), y tiene como objetivo último instruir, informar y aconsejar la práctica de la teoría política en el presente.

Wolin insistía en que la filosofía, incluso la escrita por los antiguos griegos, no era una reliquia muerta, sino una herramienta vital para examinar y desafiar las suposiciones e ideologías de los sistemas contemporáneos de poder y pensamiento político. Esta insistencia hacía que a menudo se considerara un paria entre los teóricos políticos contemporáneos ya que la concentración de éstos en el análisis cuantitativo y en el conductismo les llevaba a evitar el examen de la teoría y las ideas políticas amplias. Argumentaba que la teoría política era “principalmente una actividad cívica y secundariamente académica” que tenía un papel “no solo como disciplina histórica que se ocupaba del examen crítico de los sistemas de ideas”, sino como una fuerza que “coadyuva a moldear las políticas públicas y las direcciones gubernamentales, y sobre todo la educación cívica, de una manera que fomenta los objetivos de una sociedad más democrática, más igualitaria, más educada”. Es decir, Wolin diseñó un paradigma de la teoría política clásica que, derivado de Platón y Aristóteles, reclamaba fundamentos filosóficos y asumía un punto de vista crítico de la sociedad. Por el contrario, este paradigma fue suplantado en la academia por la revolución del comportamiento y el surgimiento de las ciencias sociales, no como un paradigma teórico sino como la creciente rutina exigida por las estructuras económicas y sociales modernas, mera recopilación de datos y minucias académicas, y desplazó determinantemente la visión crítica de la tradición clásica.

En su ensayo clásico “Teoría política como vocación” (1969), escrito en el contexto de la Guerra Fría, la Guerra de Vietnam y el Movimiento por los Derechos Civiles, remacha esta idea y critica acerbamente al conductismo como verdadero causante de la incapacidad de comprender las crisis de la época. Por otra parte, Wolin identificó una tradición de teóricos políticos “épicos” que se empeñaron en ver el mundo de manera diferente pero con el objetivo de cambiar sus sociedades. Esta tradición incluye a Platón, Maquiavelo, Hobbes y Marx, cuyos escritos, si no cambiaron el mundo, al menos perduraron “como un monumento a las aspiraciones del pensamiento”. Precisamente este tipo de teorías políticas épicas es lo que Wolin creía que requería nuestro tiempo, pues su aplicación crítica a las instituciones políticas contemporáneas daría luz a una mayor comprensión de la problemática político-social.

En el libro “Democracia gestionada y el espectro del totalitarismo invertido” (2008) Wolin defendió la política democrática contra el surgimiento del neoliberalismo y las guerras imperiales, y estableció una distinción entre “democracia administrada” y “democracia fugitiva”. La “democracia administrada” es el espectáculo rutinario de la política electoral que actualmente pasa por democracia en la mayoría de los autoproclamados regímenes democráticos, que coexiste y es en gran medida una fachada para la economía capitalista moderna. La “democracia fugitiva” significa esos escasos momentos de genuina participación democrática en los que el pueblo recupera el poder político. Refiriéndose a la forma actual de democracia gestionada, Wolin habla que ésta da lugar a una nueva forma de totalitarismo, el así llamado totalitarismo invertido. El conocido totalitarismo clásico se caracteriza por buscar el apoyo de su ciudadanía movilizándola masivamente para que el estado ejerza un control férreo sobre la economía, es decir, la economía subordinada a la política; asimismo, anuncia objetivos, con algunos aspectos socialistas, para cuya consecución utiliza medios coercitivos, confiando en el liderazgo de un demagogo o personaje carismático. Por el contrario, el totalitarismo invertido, prosperando en medio de ciudadanos pasivos políticamente desmovilizados y apáticos, que rara vez van más allá de su papel asignado como “espectadores-consumidores”, se caracteriza por tomar la forma de la economía capitalista que ejerce el control sobre el estado, es decir, la economía domina absolutamente la política; asimismo, anuncia sus objetivos y credenciales “democráticos”, aunque sus prioridades son abrumadoramente económicas y expansionistas; y su liderazgo, semejante al de un anonimato sin rostro del estado corporativo empresarial, va unido a las corporaciones que son profundamente indiferentes al bienestar de los pobres.

Ciertamente el totalitarismo invertido, a diferencia del nazismo que hizo la vida incierta a los ricos y privilegiados al proporcionar programas sociales para la clase trabajadora y los pobres, explota a las clases necesitadas, reduciendo o debilitando los programas de salud y los servicios sociales, así como reglamentando la educación de masas para lograr una fuerza laboral insegura amenazada por la importación de trabajadores de bajos salarios. Así pues, el empleo precarizado en una economía de alta tecnología, volátil y globalizada, la reducción de personal, la falta de defensa sindical, las habilidades rápidamente desactualizadas, la transferencia de empleos al exterior, todo esto crea una economía de miedo mediatizado por un sistema de control eminentemente racional cuyo poder se alimenta de la incertidumbre. Y el resultado es una ciudadanía que se encuentra en un continuo estado de preocupación y zozobra que, sometida al impulso descontrolado de aspiraciones competitivas, origina un anhelo de estabilidad política en lugar de compromiso cívico, de protección en lugar de participación política (Hobbes dixit). Consecuentemente, la ciudadanía permanece pasiva fuera de la participación en el poder, invitada a tener opiniones, se le permite votar y, una vez finalizado el carrusel electoral, las corporaciones y sus grupos de presión vuelven a la tarea de gobernar olvidándose de esos ciudadanos. El estado corporativo, legitimado por las elecciones que controla, reescribe y distorsiona la legislación que antaño protegió la democracia con el fin de abolirla. Y así, los derechos básicos son revocados por mandato judicial y legislativo, quienes, al servicio del poder corporativo, reinterpretan las leyes para despojarlas de su significado original con el fin de fortalecer el control corporativo y abolir su supervisión. Los medios de comunicación social y las élites, especialmente los intelectuales, académicos e investigadores, comprados e integrados perfectamente en el sistema, fomentan, si cabe más, la despolitización de la ciudadanía y la uniformización de la opinión pública, lo que hace irrelevante la disidencia política que, tachada de antisistema, ultraizquierdista, extremista, terrorista, es completamente ignorada.

El totalitarismo invertido es un “espectro” que sigue el desarrollo de una “democracia administrada” con dos ejes principales. Por un lado, el gobierno se asimila cada vez más a los modos de una corporación empresarial que, en contra del ideal republicano clásico del servicio público desinteresado, se vuelve más elitista y favorecedor de los gerentes que reclaman experiencia en el manejo de la nación para obtener el máximo beneficio. En otras palabras, se trata de una “revolución corporativa” en política, una “fusión” entre capitalismo y democracia, cuyos resultados son una depreciación de la democracia en cuanto representación y rendición de cuentas ante el pueblo, una “cultura antipolítica de competencia más que de cooperación”, un agresivo programa de privatización. Por otro lado, aun cuando las formas básicas de autogobierno popular se mantienen, su contenido está vacío ya que progresivamente mayores espacios del estado se subordinan a las maquinaciones de intereses de cabildeo corporativo, desalentando a las personas a ejercer una acción democrática real y participativa, lo que promueve una creciente “lasitud cívica” y una “democracia sin ciudadanos” en la que la soberanía popular se reduce a la “soberanía del consumidor”. En suma, el totalitarismo invertido no gira en torno a un demagogo o un líder carismático, sino que se refiere a centros corporativos generalmente anónimos. No desacredita abiertamente la democracia, más bien rinde homenaje al ideal democrático y a la Constitución, a las libertades civiles, a la libertad de prensa y a la independencia del poder judicial, rinde lealtad externa a la fachada de la política electoral, a su iconografía, a las tradiciones y al lenguaje del patriotismo, pero al mismo tiempo subvierte las instituciones democráticas. Lo cierto es que el totalitarismo invertido, arteramente, profesa ser lo contrario de lo que de hecho es, y renunciando a su verdadera identidad confía en que sus desviaciones se normalizarán como “cambio de progreso”.

Durante el mandato de Roosevelt en la década de 1930, existía en USA un capitalismo regulado, en cierta manera, por el Estado en un intento de controlar la actividad corporativa para el bien común. Pero a partir de la Segunda Guerra Mundial, el imaginario constitucional sucumbió al imaginario de poder de la Guerra Fría, y la preocupación por el bienestar, la participación y la igualdad, fue reemplazada con una ideología “desmaterializada” de patriotismo, anticomunismo y miedo, es decir, una nueva ideología maniquea al servicio de la riqueza corporativa y la desigualdad. La postura comprometida de la URSS con el anticapitalismo y un igualitarismo completo, prestó así al individualismo capitalista un aura patriótica e impugnó a sus detractores. La Guerra Fría generó un aumento masivo en el gasto de defensa, lo que a su vez hizo que la economía estadounidense dependiera mucho de las industrias de defensa corporativas. El secuestro del gobierno por parte de las corporaciones y militaristas de la guerra permitió que el complejo militar-industrial desangrara al país. Los programas sociales del gobierno se redujeron o eliminaron como “abdicación selectiva de la responsabilidad gubernamental para el bienestar de la ciudadanía” al amparo de la reducción de costos y la mejora de la “eficiencia”. Wolin vio a los militaristas y los corporativistas, que formaron una coalición para orquestar el surgimiento de un imperio estadounidense global después de la guerra, como las fuerzas que extinguieron la democracia estadounidense, y llamó al totalitarismo invertido “la verdadera cara de la superpotencia”. Estos especuladores y militaristas de la guerra, a la par que “normalizaron” la guerra, desangraron al país de los recursos, trabajaron para desmantelar las instituciones y organizaciones populares, como los sindicatos, y desempoderaron y empobrecieron políticamente a los trabajadores. Y Wolin advierte que, como ocurrió con todos los imperios, serán “destripados por su propio expansionismo”, que nunca habrá un retorno a la democracia hasta que se reduzca drásticamente el poder incontrolado de los militaristas y corporativos, que un estado de guerra no puede ser un estado democrático, en fin, que el imperialismo y la democracia son incompatibles, y que, por tanto, Estados Unidos se convertirá en un estado totalitario si no cambia radicalmente el rumbo.

Wolin formuló una crítica original no marxista del capitalismo y el destino de la vida política democrática en el presente. En su esfuerzo por pensar en el destino de la democracia en los Estados Unidos, formuló una nueva teorización de las formas de poder modernas y posmodernas y cómo estos moldearon los límites y horizontes de la vida política a fines del siglo XX y principios del XX. El pensamiento político de Wolin, aunque influenciado por la crítica de Marx al capitalismo como una forma de poder, es decididamente no marxista en su insistencia en la democracia participativa, en la primacía de lo político y en la convicción de que una teoría radical de la democracia requiere localizar las formas de poder más allá de la economía. Wolin, aunque no tenga ninguna receta sobre cómo eliminar la situación que describe con tanta amargura, y particularmente preocupado por el destino de la democracia a manos de los imperativos burocráticos, elitismo y principios y prácticas gerenciales, forjó la idea de “democracia huidiza”. En su opinión, la democracia no es una forma de estado fija, sino una experiencia política evanescente y momentánea en la que la gente común es un actor político activo. Esta “democracia huidiza” que aparece y estalla repentinamente a partir de un hecho disruptivo, hace que las sociedades compartan unas horas o días priorizando los intereses comunes de toda la población, rompiendo los planes de las élites, amenazándolas directamente y evidenciando la insatisfacción popular con la vida que les toca vivir. Pero Wolin no tiene ninguna receta para ganar, sabe que estas democracias fugaces son muy difíciles de mantener porque la gente tiene intereses vitales ordinarios que no le permiten estar permanentemente movilizada, y que una revolución democrática por definición alienta la diversidad y por eso inevitablemente cae en la fragmentación. Pero puede que se alargue y fructifique el huidizo estallido de la democracia en la calle, lo que ocurre en los casos en que la disrupción del sistema sea de un alcance tan grande que el estado se encuentre forzado a recuperar el totalitarismo clásico con medidas despóticas y tiránicas que lo deslegitimen y equiparen a una dictadura. En todo caso, estos momentos disruptivos ejercen un efecto tan poderoso sobre la gente, un cambio sentimental de tan inmenso alcance, que en cualquier momento pueden volver a ocurrir mientras haya gente que los recuerde.

Wolin nos pone en la presencia de un pasado que abriga el futuro, de un pasado protegido en el presente, de un pasado aún por cumplir, donde el tiempo se convierte en un campo de trabajo y exploración, en un terreno de descubrimiento y recurso, en un lugar siempre para cuestionar. Nadie pudo ver tan bien en la oscuridad de estos tiempos sombríos porque nunca fue el temeroso liberal que miraba con recelo la democracia, ni tampoco el ansioso constitucionalista que intenta hacer perdurar el presente. Wolin tenía esa audacia democrática que no busca instituciones duraderas sino una democracia fugitiva, que no alienta estabilidad liberal sino aventura democrática, que vio con claridad los peligros, riesgos, posibles errores y ciertos pasos en falso de los demócratas. Y, a pesar de que no tenía fe en el progreso ni en una promesa de redención en el futuro, vislumbró la posibilidad de lo político con la esperanza de construir una vida democrática común. Intuyó la existencia de esa esperanza en la imperfección, insuficiencia y fragmentariedad del mundo. Confió en que en las grietas y fisuras de las cosas rotas podría eclosionar y crecer una nueva sociedad más democrática. Porque, en definitiva, para Wolin la democracia no es solamente un antiguo legado ateniense sino que está al alcance del hombre contemporáneo.

miércoles, 7 de diciembre de 2022

Al Sr. Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad  de Buenos Aires: de Juan Carlos Fernandez Madrid Profesor Titular Consulto

 

Al Sr. Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad 

de Buenos Aires

Dr. Leandro Vergara

S                      /            D

 

Me dirijo a Ud. con el objeto de expresar mi adhesión al pedido que efectuó al Rector de la UBA, el Decano de la Facultad de Ciencias Exactas.

Considero que ninguno de los jueces involucrados en el episodio de Lago Escondido, está en condiciones morales de continuar al frente de cursos en la Facultad de Derecho de la UBA.

En mis más de 30 años  de docencia Universitaria, no he conocido algún hecho que pueda asemejarse al aquí mencionado. 

Y efectúo este pedido en mi carácter de Profesor Titular Consulto y ex integrante del Consejo Directivo de esa facultad.

Saludo a Ud. atentamente

Juan Carlos Fernandez Madrid

Profesor Titular Consulto

 

Carta Al Sr. Decano de la Facultad de Derecho de la  UBA: Profesora Titular Consulta

 

Al Sr. Decano de la Facultad de Derecho de la 

Universidad de Buenos Aires

Dr. Leandro Vergara

S                 /                D

 

Me dirijo a usted en mi condición de Profesora Titular Consulta a cargo de la Cátedra de Elementos de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social a fin de comunicarle mi adhesión al reclamo del Sr. Decano de la Facultad de Ciencias Exactas de esta casa de estudios con motivo de los repudiables sucesos de Lago Escondido.

En mi larga carrera docente como Profesora Adjunta Regular, Titular Regular y Titular Consulta, nunca ví que a personas presuntamente involucradas en graves y difundidas cuestiones de carácter delictivo se les permitiera seguir dictando clases antes de la completa dilucidación del asunto por la Justicia.

Saludo al Sr. Decano con mi consideración más distinguida.

Amanda B. Caubet

Profesora Titular Consulta