martes, 24 de septiembre de 2019

El Salario Mínimo con Cambiemos: derrumbe del poder adquisitivo y (otro) cepo24 Septiembre 2019


El salario mínimo es una herramienta central del Estado nacional para la regulación global de los salarios. Entre 2015 y 2019 perdió más de 30% de su poder adquisitivo, cayendo aún más que el salario formal promedio. Además, la "garantía" del 82% del salario mínimo a la jubilación mínima, no constituye un avance para los jubilados, sino un "cepo" para los ingresos de los trabajadores.

Fuente:Pagina/12 

La Constitución Nacional, en el Art. 14 bis, consagra al Salario Mínimo Vital y Móvil (SMVM) como una de las diversas formas en que el trabajo debe estar protegido por las leyes. La Ley de Contrato de Trabajo establece que un trabajador contratado no puede ser remunerado por debajo del SMVM y que el mismo corresponde a “la menor remuneración que debe percibir en efectivo el trabajador sin cargas de familia, en su jornada legal de trabajo, de modo que le asegure alimentación adecuada, vivienda digna, educación, vestuario, asistencia sanitaria, transporte y esparcimiento, vacaciones y previsión”.
Actualmente, la fijación periódica del monto del salario mínimo es una atribución del Consejo Nacional del Empleo, la Productividad y el SMVM. Se trata de un órgano integrado por representantes de los sindicatos, de los empleadores y del gobierno, que tiene potestad de laudo de no haber consenso. El monto del salario mínimo debe definirse “teniendo en cuenta los datos de la situación socioeconómica, los objetivos del instituto y la razonabilidad de la adecuación entre ambos”.
Aunque una de las funciones formales del Consejo es establecer lineamientos y metodologías para la definición de una canasta básica que sirva de referencia al SMVM, esto no ha llegado a ningún puerto. Por razones técnicas y políticas, la Canasta Básica Total (CBT) del INDEC, que define la línea de pobreza, no constituye una referencia, al menos oficialmente, para esta discusión. Así, el marco normativo carece de elementos concretos para determinar la cuestión central de cuánto debe ser el monto del SMVM.
Por tanto, el monto del SMVM constituye el producto de una definición política en la cual el Estado nacional tiene la última palabra. Y ello implica que para el Estado constituye una herramienta fundamental en su capacidad de incidir sobre los salarios: a partir del SMVM no solo fija el piso para los trabajadores legalmente contratados, sino que incide sobre la desigualdad salarial en el sector formal, y marca una referencia para el mercado informal (cuya efectividad varía según el contexto). Además, constituye un hito ineludible al momento de las discusiones paritarias.
La evolución del salario mínimo en los últimos 25 años
Con la inflación y las abruptas variaciones del tipo de cambio real, carece de sentido considerar el monto nominal del SMVM, tanto en pesos como en dólares. Lo que interesa es conocer su poder adquisitivo en distintos momentos del tiempo y para esto se lleva a “valores reales”, tomando como parámetro, por la naturaleza del salario mínimo, la variación del precio de la CBT (empleando índices de precios alternativos para el periodo 2007-2015 y considerando un incremento del 21% entre agosto y diciembre de este año). Por tanto, los montos de los distintos momentos se expresan en poder de compra de septiembre de 2019 (en este mes, el valor de la CBT para un hogar tipo del GBA ascendió a unos $35 mil).
Entre 1995 y 2001, años en los que prácticamente no hubo variación de precios, el salario mínimo se mantuvo en $200, monto equivalente unos $10.950 actuales (31% del valor de la CBT para un hogar tipo del GBA), representando en aquél entonces un 25% del salario promedio bruto del sector privado registrado.
Tras la salida de la Convertibilidad, el SMVM se derrumbó, cayendo a unos $7.300 entre mediados de 2002 y 2003 (21% de la CBT). A partir de ese momento, comenzó un acelerado y sostenido crecimiento, que llevó a que su poder adquisitivo casi se triplicara en solo tres años, alcanzando un valor promedio de $21.150 para el año 2006, representando el 44% del salario promedio (con picos de 48%) y un 60% de la CBT, el doble que durante la Convertibilidad.
En este periodo, el SMVM fue una herramienta central para la rápida recuperación del poder adquisitivo de los trabajadores: ya a fines de 2005, el salario promedio retomó el nivel promedio de la Convertibilidad (tras haberse desplomado un 25% entre fines de 2001 y fines de 2002) y apenas un año después resultó 10% mayor que aquel. Pero, además, el impulso del salario mínimo (junto con los aumentos de “suma fija”) fue fundamental para lograr una mejor distribución del ingreso entre los asalariados registrados, acortándose la brecha entre quienes más y menos ganaban.
Entre 2007 y 2011 el poder adquisitivo promedió $23.100 (66% del costo de la CBT), con oscilaciones (entre $21 y $25 mil) y el peso del salario mínimo sobre el salario promedio se mantuvo en torno al 43%, aunque con una tendencia decreciente.
En el último gobierno de CFK el poder adquisitivo del SMVM mostró una tendencia levemente declinante, y promedió $21.650 (representando el 36% del salario promedio). En el último trimestre de 2015 alcanzó $21.400 (61% de la CBT), luego de recuperarse de una caída en 2014. En ese momento, el salario promedio privado formal alcanzó $58.800, un nivel similar al de 2011 y 2012, algo menor al de 2013 (máximo de la serie), y superior a los poco menos de $56 mil registrados a mediados de 2014; por otro lado, resultaba 33% superior al promedio de la Convertibilidad, 80% mayor que a fines de 2002 y 19% más alto que en el último trimestre de 2006.

¿Qué pasó con el SMVM durante el macrismo? Durante 2016 mostró una caída respecto a 2015, especialmente en la primera mitad (producto de la devaluación y consecuente salto inflacionario), y promedió en el año alrededor de $19.800 (57% de la CBT), manteniéndose en ese nivel durante 2017. 
Producto de la aceleración inflacionaria que comenzó con la devaluación de abril de 2018, en el segundo trimestre de 2018 empezó un fuerte deterioro del poder adquisitivo del salario mínimo que llevó a que desde fines de ese año y durante todos los trimestres de 2019 se ubique en torno o por debajo de $15 mil en términos reales. 

Aún con el adelantamiento a marzo del aumento previsto para junio de 2019, y con la reciente suba otorgada para agosto, septiembre y octubre, el promedio del poder adquisitivo SMVM apenas alcanzaría a $14.850 (42% de la CBT) durante este año ($15.400 para el último trimestre), lo que representaría una caída del 30% frente al poder adquisitivo promedio de 2015.

Entre el segundo trimestre de 2019 (último para el que se cuenta con datos de salario promedio) y el cuarto de 2015, el poder adquisitivo del SMVM se desplomó 33% (cayendo el valor más bajo desde mediados de 2004) frente al descenso de 18% del salario promedio (que retrocedió a un nivel cercano a la media de 2006, unos $48 mil actuales), lo que conllevó una brusca disminución de la participación del salario mínimo sobre el salario promedio, relación que se ubicó en 30% (menor valor de fines de 2003).

La reforma previsional y el “cepo” al salario mínimo
La medida más importante de Cambiemos con relación al SMVV no fue tomada en el marco del Consejo del Salario ni por el Ministerio/Secretaría de Trabajo. Y, de hecho, estuvo revestida de un discurso progresista, que vendría a saldar una reivindicación histórica.
La reforma previsional vigente desde marzo de 2018 (Ley 27.426) no solo modificó la fórmula de actualización de los haberes, sino que introdujo una “garantía” para aquellos jubilados que perciben el haber mínimo (o poco más) y cuentan con 30 años de aporte (algo más de un millón de personas): cuando el monto del haber quede por debajo del 82% del SMVM, habrá un pago extra hasta alcanzar dicho umbral.
Pero el SMVM no es un indicador objetivo sino normativo y cuya definición es eminentemente política. Por tanto, que la jubilación se ubique por debajo o por encima del 82% del SMVM no conlleva necesariamente un aumento del poder adquisitivo, y ni siquiera una mejora de la relación con el nivel salarial de los trabajadores activos.
Desde la vigencia de la reforma previsional hasta fines de 2019, la jubilación mínima representará en promedio el 83% del SMVM, oscilando entre el 77% en octubre y noviembre de 2019 (meses en los que abonará hasta $900 para alcanzar el 82%) y el 92% en junio y julio de este año. En 2018, durante varios meses la jubilación mínima quedó levemente por debajo del 82% del SMVM, con lo que la compensación fue ínfima (equivalente a unos $210 actuales por mes).
Ahora bien, en este periodo, el poder adquisitivo de la jubilación mínima cayó en forma drástica: en el último semestre previo a la reforma previsional, el poder adquisitivo de la jubilación mínima promedió, en términos reales, $15.500, mientras que en la segunda mitad de 2019 se ubicaría en torno a un promedio de $12.350, lo que implica un descenso del 20,2%. Para quienes reciben la “garantía” del 82% del SMMV, el poder adquisitivo del haber promediará en el semestre unos $12.650, con lo que la caída habrá sido de 18,5%. Seguramente, en este grupo de jubilados la desazón por esta enorme pérdida de poder adquisitivo empaña cualquier eventual festejo por saber que su haber pasó de representar del 80% al 84% del SMVM. Incluso si en los próximos meses la inflación comenzara a ceder y la jubilación recuperase parte del poder adquisitivo perdido, en nada habrá contribuido la cláusula del 82% del SMVM.
Si es claro que la garantía del 82% del SMVM es solo un cliche y que no ha contribuido en (casi) nada a sostener el poder adquisitivo de los jubilados, sí en cambio se ha mostrado sumamente eficaz para imponer un corset al salario mínimo y, con ello, a la política salarial, debido al enorme costo fiscal que conllevaría una recuperación de cierta magnitud del SMVM. Más que una garantía para (un grupo de) los jubilados y el honramiento de la “deuda histórica del 82% móvil”, la reforma previsional lo que garantiza es que el salario mínimo no se ubicará más de 22% por encima del haber mínimo jubilatorio (excepto por lapsos muy breves y por escaso margen, como en estos meses).
Solo a modo de ejemplo, si el gobierno de Macri hubiera decidido, tras las PASO, recomponer el salario mínimo al menos al nivel promedio de 2016/2017 ($19.800) y luego otorgar subas acordes a la inflación esperada hasta fin de año, para cumplir con la garantía del 82% del SMMV en las jubilaciones, el Estado debería haber desembolsado alrededor de $20 mil millones extra, lo que representa, por ejemplo, casi la mitad del costo fiscal de las políticas tomadas para “aliviar” la situación tras las PASO, y el doble de las erogaciones adicionales para este año previstas en la Ley de Emergencia Alimentaria.
En definitiva, si el nuevo gobierno decidiera que el Estado debe retomar una política salarial tendiente a recomponer el poder adquisitivo de los trabajadores con énfasis en quienes ocupan la base de la pirámide, sin dudas deberá recurrir a la fundamental herramienta del salario mínimo. Sin embargo, por las consecuencias que ello tendrá sobre las jubilaciones, la política salarial quedará atravesada por dilemas relacionados con su costo fiscal. Como alternativa, desarmar la indexación entre jubilaciones y salario mínimo no resultará nada sencillo en la arena política, a partir de lo socialmente extendida que está la falaz idea de que la garantía del 82% del salario mínimo constituye un paso adelante para los jubilados.

lunes, 23 de septiembre de 2019

Cómo desdolarizar a la Argentina


Los especialistas coinciden en que privarse de una moneda propia es eliminar uno de los principales instrumentos de política económica y dispositivo de flexibilidad del sistema. 
Producción: Javier Lewkowicz

No es un fenómeno natural

Por Noemí Brenta *
En las últimas semanas, a partir de la devaluación post PASO, hoy investigada por la justicia, y a medida que el gobierno reveló sus dificultades para atender la deuda, el público grande y chico busca hacerse de dólares. Algunos, para protegerse de la pérdida de valor del peso y de la eventual restricción de los depósitos bancarios; otros, para ganar con el arbitraje y negocios varios. Conforme aumenta la dolarización de las carteras las reservas del Banco Central caen, y crece la desconfianza de que alcancen para todos las obligaciones de pagos en divisas: importaciones, deudas, intereses y utilidades del capital extranjero, depósitos; el efecto manada lleva al embudo de la puerta 12. Pero hete aquí que apareció el Estado y ordenó un poco las cosas, con un broche en la nariz. Un control cambiario acá, una obligación de liquidar las divisas de exportación allá, las tasas en las nubes, y en ese estilo caótico que usa cuando el libreto escapa a las novelas de Ayn Rand, el gobierno logró frenar la devaluación y atenuar la sangría de reservas, sin conseguir que sus socios del norte repongan los verdes prometidos, insuficientes de todos modos para compensar las pérdidas y restablecer la confianza.
Los precios de todo lo directa o indirectamente exportable o importado y todos los demás treparon con el dólar, acelerando la inflación y la pobreza. Para amortiguar el sablazo en el bolsillo y en el resultado electoral, el gobierno eliminó transitoriamente el IVA de algunos alimentos y postergó los aumentos de los servicios públicos y los combustibles, todos dolarizados por esta misma administración. Imposible decir que esta inflación obedece a excesos de demanda o de emisión monetaria, sino al pass through y al altísimo costo del capital de trabajo de las empresas por las tasas de interés estratosféricas que el BCRA sostiene, con la excusa de domar al dólar.
Estos saltos retornaron al tapete la cuestión de la dolarización y la necesidad de recuperar la soberanía monetaria. La bimonetización no es un fenómeno natural, sino que depende del marco institucional que lo fomente o disuada, el que a su vez refleja los intereses en pugna y sus fuerzas relativas para validarse en las distintas coyunturas. En Argentina la dolarización empezó con la última dictadura, a través de las reformas institucionales que configuraron una economía rentística financiera, y se profundizó durante la convertibilidad y las relaciones carnales con Estados Unidos. Tras el default, y comprobar que la mayor parte del producto bruto argentino no es transable ni tiene relación con el dólar, y que de repartir las reservas al público a cambio de los pesos, el país se quedaría sin liquidez para los acreedores, llegó la hora de desdolarizar.
La dolarización volvió en la era Cambiemos, que reeditó el alineamiento con el tío Sam, redolarizó tarifas y precios básicos, facilitó las importaciones, volvió a privilegiar al capital financiero sobre la economía real, y agigantó la deuda. De nuevo fueron los cambios institucionales los que incentivaron la dolarización y su inestabilidad inherente. Incluso reaparecieron economistas ultraliberales conminando a dolarizar, a eliminar al Banco Central y a poner a los bancos bajo control extranjero. Dolarizar, dicen, eliminaría desde la inflación hasta las paritarias, para ellos, todos derivados de la mala moneda. También argumentan que el gobierno haría lo que el público pide al revelar sus preferencias por la moneda extranjera. Pero el público también prefiere tener trabajo y vida digna, ¿por qué conceder unas preferencias y negar las otras?
No es cierto que la historia inflacionaria argentina provoca la huida de la moneda doméstica, porque la mayoría de los países latinoamericanos tuvieron hiperinflaciones, y salvo unos pocos, conservan sus propias monedas hasta para las operaciones inmobiliarias. Pero también conservan la prudencia de regular la entrada y salida de capitales, y de mantener el endeudamiento en moneda extranjera en niveles acordes a su capacidad de repago.
En suma, el uso de moneda extranjera para transacciones dentro del país no es necesario ni inevitable, sino contingente y regulable. Privarse de una moneda nacional es eliminar uno de los principales instrumentos de política económica y dispositivo de flexibilidad del sistema. Hay que desdolarizar a la Argentina.
*Economista UBA y UTN FRGP

Incrementar las regulaciones

Por Genaro Grasso **
El Gobierno de Cambiemos parece una historia kármica que comienza con la liberalización total del mercado cambiario, el fomento de la dolarización de la economía (precios, ahorros, sistema bancario) y el endeudamiento externo, para terminar congelando precios de combustibles, defaulteando la deuda (en pesos y en dólares) e imponiendo controles de cambios. Aquí la literatura pondría un punto final en la historia; pero los argentinos debemos sobrevivir a la simetría poética, lo cual nos obliga a pensar cuáles son los efectos de largo plazo de dichas políticas y cómo se pueden remediar.
La principal herencia financiera para el próximo gobierno es la deuda externa, y en particular, la contraída con el Fondo Monetario Internacional, que deberá ser renegociada con mucho cuidado. En segundo lugar, la fuga de capitales, que, pese al actual control de cambios “mayorista”, posee un componente minorista muy importante, de clases medias y altas. Finalmente, la herencia más urgente es la de las escuálidas reservas que dejará el Gobierno para la próxima gestión.
Para intentar resolver este problema, debemos comenzar a comprender el proceso de fuga de capitales. La dolarización es un proceso estructural y persistente de los países periféricos. No depende solo del rendimiento relativo de los activos (pesos contra dólares), ni de la inflación, ni de la financiarización y extranjerización de las empresas de los ’70, ni de una “cultura del dólar”. No hay “simetría” entre monedas: el Estado argentino tiene capacidad de redimir pasivos en moneda local, más no así en moneda dura. Cambiar moneda mundial por pesos de Estado es fácil; no está garantizada, empero, la opción inversa.
La primera crisis de la convertibilidad de la moneda local a moneda dura con endeudamiento externo, fuga y corrida de depósitos ocurrió durante el gobierno de Bernardino Rivadavia. Siempre que el Estado eliminó los controles de cambios, la fuga de capitales consumió las reservas internacionales y obligó al Tesoro a tomar deuda externa. En todos los casos, se terminó en una crisis.
Teniendo en cuenta este escenario, el control de cambios se vuelve una necesidad, más que una decisión de política económica. Pero no cualquier control de cambios es bueno. El actual diseño es altamente negativo: favorece el “puré” (comprar al oficial y vender al ilegal) por hasta 10.000 dólares mensuales, y había generado un ciclo de “rulo” (comprar al oficial y venderlo vía bolsa) hasta que el Gobierno cortó el procedimiento, a costa de una disrupción radical en el mercado de capitales. Sería mucho más prolijo un esquema de desdoblamiento (formal o informal) en el cual el dólar que garantiza el Banco Central sea el de operaciones comerciales, mientras que el dólar para ahorro, turismo, y otras operaciones financieras, pueda comprarse sólo por el dólar bolsa o MEP, pudiendo los bancos ofrecer operaciones “sintéticas” de la compra de dólares.
En simultáneo, se deben ofrecer alternativas de ahorro en moneda local indexada, al tipo de cambio oficial, en UVAs, y por el precio del metro cuadrado promedio en CABA, que relevaría el INDEC, y desde los bancos se deben ofrecer tasas de interés reales levemente positivas. Un acuerdo social de precios y salarios, tarifas, tasas y tipo de cambio oficial debería ir ordenando y pesificando gradualmente los precios estratégicos de la economía, lo cual bajaría poco a poco la inflación.
También se debe ofrecer una batería de herramientas tributarias y legales “anti-dólar”: pesificar las escrituras y bancarizar las transacciones inmobiliarias, reestablecer el Impuesto a las Transacciones Inmobiliarias si éstas se realizan en dólares, incrementar el Impuesto a los Créditos y Débitos si las transferencias se realizan en dólares, reformar el impuesto a la Renta Financiera para gravar más la tenencia de dólares y activos en dólares vis a vis los que pagan en moneda local, incrementar el Impuesto a los Bienes Personales para las tenencias de dólares y activos en el exterior, entre otras.
El caso de Bolivia nos muestra que una combinación de medidas de restricciones, impuestos e incentivos económicos puede ayudar a pesificar la economía. Pero en Bolivia se dio en un contexto de relativa bonanza externa, que no parece ser el caso en la Argentina. Por ello, la piedra angular de toda la estrategia debe ser una propuesta de desarrollo exportador diversificado en productos y países que sea consistente con el cronograma de pagos de la deuda externa renegociada, que reduzca el miedo de que el tipo de cambio se dispare y rompa la estrategia de estabilización, crecimiento e inclusión.
**Economía (UBA) - Investigador CCC y Proyecto Económico.
Fuente:Pagina/12

Joseph Stiglitz: “Macri y el FMI provocaron el desastre”


En diálogo con con Página/12, el economista afirmó que la política económica del gobierno fue “una apuesta fallida”, respaldada por una comunidad internacional “enceguecida” por modelos caducos.  “El experimento neoliberal ha sido un fracaso espectacular”, señaló
 
El profesor Joseph Stiglitz afirmó que el FMI y la polìtica de Macri desencadenaron "el desastre argentino". 
El profesor Joseph Stiglitz afirmó que el FMI y la polìtica de Macri desencadenaron "el desastre argentino".  
Imagen: AFP
El profesor Joseph Stiglitz es una excepción lúcida en el castillo calculador del imperio liberal. Consiente, según escribe, de que “el experimento neoliberal ha sido un fracaso espectacular”, Stiglitz promueve hoy lo que el denomina “un capitalismo progresista” como reemplazo al fracasado ultra liberalismo. No es un antiliberal pero si un reformista y, sobre todo, un acérrimo adversario de las políticas del FMI. Precisamente, cuando ocupaba el puesto de economista  jefe del Banco Mundial, sus posturas adversaras el FMI le valieron el Premio Nobel de Economía en 2001. A sus casi 77 años Stiglitz perdura con toda la legitimidad de su voz alternativa. Tanto más legítima cuando que, en lo que toca a la Argentina, sus premisas se hicieron una realidad fatal. En sus planteos contra el esquema actual, las experiencias argentinas de los últimos años ocupan un lugar especial. Entre las políticas económicas nacionales erradas y los organismos multilaterales de crédito que las alentaron y las financiaron con un endeudamiento suicida, Stiglitz ve todo el abanico negativo que va desde la desregulación de los mercados, el corte de los impuestos para los más pudientes, la financiarizacion de la economía, la austeridad, el ahogo del crecimiento, tasas de interés descabelladas, la inflación, la devaluación y la deuda.
Stiglitz ha sido un critico del modelo macrista y en más de una ocasión predijo que la Argentina podría terminar como Grecia y el dólar en la estratosfera. También se ha mostrado muy mordaz con el Fondo Monetario Internacional y sus “modelos impregnados de ideología”. Ambas líneas, la política del presidente Macri y la intervención de los organismos multilaterales de crédito, han sido, asegura Stiglitz, el desencadenante del desastre argentino.
En esta entrevista de Página/12 con el premio Nobel realizada en París, Stiglitz sostiene que la política económica del gobierno fue “una apuesta fallida” respaldada por una comunidad internacional “enceguecida” por modelos caducos.
Hace unos días, se voto en la Argentina una Ley de emergencia alimentaria. Parece cada día más un paso hacia una ficción negra: hay urgencia alimentaria en el país cuya retórica nacional ha sido, durante décadas, ser “el granero del mundo”. ¿Es para usted el fracaso rotundo del proyecto que llevó en 2015 al presidente Mauricio Macri a la Presidencia?
- Escribí un artículo cuando el presidente Macri empezó a aplicar su política económica. Ya advertí que el presidente estaba corriendo un gran riesgo con la reducción de las retenciones a la exportación. Le aportó ganancias al gobierno, pero derivó en el aumento de los precios de los alimentos en la Argentina y el empobrecimiento de muchos trabajadores. De alguna manera, fue una apuesta por la idea de que se produciría en la Argentina una fiebre de fondod extranjeros hacia el país y que, con ello, Macri podría pagar la enorme suma de dinero que estaba pidiendo prestado con unas tasas de intereses escandalosamente altas. No puede haber ninguna inversión si se pagan tasas de interés del orden del 70 por ciento anual. En un momento las tasas de interés por las nubes desencadenan el efecto contrario. Creo que fue una apuesta fallida. Los inversores extranjeros no acudieron para respaldar la apuesta de Macri. Desafortunadamente para el país, Macri apostó mal y ahora Argentina paga un precio muy alto por ese error que fue respaldado por mucha gente que ya conocemos dentro de la comunidad internacional.
Al principio del mandato se celebró la retórica según la cual “La Argentina vuelve al mundo”. Luego ahondaron la idea de que “el mundo nos apoya”. Y siguen con eso, pero la situación demuestra lo contrario. El mundo abandonó a la Argentina en estos años.
- Una de las cosas que se hizo cuando Macri se convirtió en presidente fue decir que la Argentina había heredado muchos problemas. Pero una de las cosas buenas que él heredó fue precisamente una deuda externa muy baja. Pero él cambió esto y convirtió a un país con una deuda externa muy baja en otro con una deuda exterior altísima. Esto se llevó a cabo con la connivencia y el apoyo de la comunidad internacional. Ahora se está pagando el precio.
La responsabilidad del Fondo Monetario Internacional y de su Directora Gerente, Christine Lagarde, es ineludible.
- No sólo se trata de dinero. Ha sido un enorme error de juicio y quedan preguntas que ya se han planteado. ¿ No se trató acaso de un análisis económico contaminado por un análisis político? Tal vez había algunas personas dentro de la administración estadounidense que si deseaban que el plan tuviera éxito y también apoyar la apuesta de Macri. Pero hay preguntas sin respuestas, como en el caso de Grecia y la precaución inicial que debería preceder todo análisis económico, y que en ese caso también fue fallida.
¿Qué le espera como solución a un próximo gobierno con una herencia tan pesada?
- La situación se ha deteriorado tan rápido que es muy difícil en este momento emitir un juicio. Creo que la Argentina, en estos últimos cuatro años, no debería haber contraído esos enormes préstamos del FMI y de la comunidad internacional como respuesta a sus problemas. La pregunta sobre lo que se debería hacer concierne ahora a la comunidad internacional dado que fue ella quien también cometió esos errores. Se trata de saber hasta donde está dispuesta a llegar la comunidad internacional reconociendo el papel que desempeñaron en crear esta nueva crisis en tan pocos años. No puedes culpar del todo a la Argentina si alguien en la comunidad internacional te dice que te dará 60 o 70 mil millones. Por supuesto, estás tentado a decir que sí aún si piensas que los banqueros te dirán que no. Son los banqueros quienes detentan el caramelo y también ellos quienes deberían decir que es irresponsable, que no se puede. Debo decir una vez más que es a los banqueros a quienes habría que criticar, incluyendo, en este caso particular, al Fondo Monetario Internacional. Se equivocaron al suministrar esos fondos. El problema fue también que Macri cometió una serie de errores, como cuando empezó a eliminar los impuestos a la exportación para después comenzar de nuevo. Luego están los errores cometidos por el Banco Central con la forma en que se llevó a cabo la política monetaria y la estabilización. ¿ Se hizo el trabajo de la manera correcta? Ellos cometieron toda una serie de errores. El FMI debió hacer sonar el silbato. Si el Fondo Monetario Internacional dijo que la política económica estaba bien y que por ello iban a aportar 50 mil millones de dólares, eso fue pensamiento mágico, eso correspondía a un juicio enturbiado por la ideología. El FMI no estaba ayudando a la Argentina, sino violando la política de no intervención o intentando modelar la política argentina.
Después de las elecciones en las PASO, el peronismo quedó en una posición muy favorable para las elecciones de octubre. Ahora bien, dentro de la comunidad internacional mucha gente tiene miedo del peronismo. Los medios reiteran ese cuento de que se vuelve al pasado, de que la Argentina se va del mundo. ¿Usted le tiene miedo al peronismo ?
- No, no tengo miedo. La Argentina encontró soluciones optimas después de la crisis del 2001 y 2002 y estas soluciones acarrearon un crecimiento. Durante el mandato de Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner criticó al gobierno y dio pruebas de su independencia. Néstor Kirchner demostró ser un hombre integro. Ya sabemos que la política es siempre algo muy difícil, y que con la política no hay promesa para el futuro. Pero esto es un indicativo de que se proseguirá con lo que se cree correcto en materia de política económica. Por lo que he recopilado, cuentan con un amplio número de asesores que están más en contacto con la realidad económica que, desafortunadamente, los consejeros de Macri.
efebbro@pagina12.com.ar
FuentePagina/12

jueves, 19 de septiembre de 2019


El desempleo subió en el segundo trimestre de este año medio punto más que en el primer trimestre y un punto más que el nivel alcanzado en el mismo período del año pasado.
Imagen: EFE
La franja más golpeada es la de mujeres de 14 a 29 años, entre las que el nivel de desocupación llega al 23,4 por ciento. Para los varones de la misma franja de edad, el desempleo es del 18,6 por ciento. Los datos corresponden al informe trimestral del Indec, el organismo oficial de estadísticas.
https://twitter.com/indecargentinaView image on TwitterView image on TwitterView image on Twitter                                                           En cuanto a la desocupación por región geográfica, se destaca como dato preocupante el nivel alcanzado en los partidos del conurbano, donde el problema afecta al 12,7 por ciento de la población activa, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires llega al 9,2 por ciento. Es decir que para el conjunto del área metropolitana del Gran Buenos Aires, el desempleo resultante en el segundo trimestre se ubica en el 11,9 por ciento. Entre los restantes conglomercados urbanos, los que exhiben tasas más altas de desempleo son mar del Plata (13,4 por ciento), Gran Córdoba (13,1) y Salta (12,7).               

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Bombardeo a la Plaza de Mayo: minuto a minuto, cómo fue la trágica jornada del 16 de junio de 1955


Naves de la Aviación Naval y de la Fuerza Aérea arrojaron bombas sobre el centro porteño, en un intento por dar un golpe y terminar con la vida de Juan Domingo Perón. Un repaso minucioso por uno de los días en los que la muerte se apoderó de las calles
El 11 de junio de 1955, más de 200 mil personas marchaban por las calles del centro de Buenos Aires. Era el día de Corpus Christi. Pero no era una peregrinación religiosa. La manifestación tenía otro sesgo. La disputa entre el gobierno de Juan Domingo Perón y la Iglesia se encontraba en el punto más álgido. Esa fue la masiva muestra de disconformidad de parte de la sociedad. Finalizada la procesión se quemó una bandera argentina. O al menos así salió publicado en los diarios del día siguiente. Se armó un gran revuelo. El gobierno y la oposición cruzaron acusaciones. El oficialismo convocó a un acto de desagravio en la Plaza de Mayo para el jueves siguiente. Un desfile aéreo.
Un nutrido grupo de oficiales de alto rango de las tres fuerzas tramaba, desde hacía tiempo, una conspiración para derrocar a Perón. Luego del abierto enfrentamiento con la Iglesia (el 13 de junio Perón echó del país a dos obispos, Tato y Novoa), la situación parecía propicia. Contaban además con el apoyo de varios políticos y civiles, los comando civiles.
Durante el bombardeo a la Plaza de Mayo de 1955 murieron más de 300 personas
Durante el bombardeo a la Plaza de Mayo de 1955 murieron más de 300 personas
Uno de los cabecillas del levantamiento era el contraalmirante Samuel Toranzo Calderón, quien fue advertido de que los servicios de inteligencia contaban con información sobre el levantamiento. Eso apuró los hechos. Adelantaron la fecha. El día clave pasó a ser el 16 de junio.
Por aquellos días un nutrido grupo de oficiales de alto rango de las tres fuerzas tramaba, desde hacía tiempo, una conspiración para derrocar a Perón
Por aquellos días un nutrido grupo de oficiales de alto rango de las tres fuerzas tramaba, desde hacía tiempo, una conspiración para derrocar a Perón
El plan se resumía en una frase, casi una expresión de deseos: matar a Perón. El modo: bombardear la casa de gobierno y el Ministerio de Guerra, sede del Ejército, fuerza que era leal al presidente. El bombardeo debía realizarse a media mañana, aprovechando que los jueves a las 10.30 Perón se reunía con su gabinete en pleno.
El ministro de Marina, Aníbal Olivieri, se internó en el Hospital Naval. Más que internarse, se hospedó. Anoticiado de la sublevación pretendió mantenerse prescindente. Con él, en la habitación estaban sus dos ayudantes: Emilio Massera y Horacio Mayorga. El plan, comandado por Toranzo Calderón y por el vicealmirante Benjamín Gargiulo, dependía de varios factores. Una vez iniciado el bombardeo, un escuadrón de la infantería de Marina debía atacar por tierra la Casa Rosada. Esa unidad estaba a cargo del capitán Juan Carlos Argerich. A su vez la flota de mar debía zarpar desde Puerto Belgrano. Un grupo de civiles, los comandos civiles, entre cuyos líderes estaban Luis María de Pablo Pardo, Mario Amadeo y Miguel Ángel Zabala Ortiz, darían apoyo en los alrededores de Plaza de Mayo. Para identificarse usarían un brazalete blanco.
Los cuerpos de las víctimas quedaron en el piso, en varias calles del centro porteño
Los cuerpos de las víctimas quedaron en el piso, en varias calles del centro porteño
Los comandos civiles habían cumplido con un papel primordial en la preparación de la asonada sirviendo como enlaces entre los distintos oficiales de las fuerzas armadas rebeldes. El punto clave era la movilización de las fuerzas del ejército. De eso se encargarían dos generales: Justo Bengoa y Pedro Eugenio Aramburu. Una vez producido el primer bombardeo –tal vez con Perón muerto ya bajo los escombros de la Casa Rosada- y con la movilización, los líderes rebeldes descontaban que se le unirían la mayoría de las guarniciones del país.
A las seis de la mañana de ese 16 de junio, los rebeldes tomaron la base de Punta Indio. Desde allí partirían los primeros aviones. Pero apenas despegaron, debieron regresar a la base por causa de la niebla. La acción, en ese momento, se trasladó al Ministerio de Marina. Los líderes rebeldes debatieron si debían continuar o detenerse. Se impuso Toranzo Calderón y su férrea determinación. Ese debía ser el día y no otro. Los aviones despegaron a media mañana.
Perón y su ministro de Guerra, Franklin Lucero, ya sabían de la sublevación. El presidente recibió bien temprano en la mañana, en su despacho de la Casa Rosada, al embajador estadounidense Albert Nuffer. Es muy probable que la embajada norteamericana haya brindado los datos que su servicio secreto tuviera.
A las seis de la mañana de ese 16 de junio, los rebeldes tomaron la base de Punta Indio. Desde allí partirían los primeros aviones
A las seis de la mañana de ese 16 de junio, los rebeldes tomaron la base de Punta Indio. Desde allí partirían los primeros aviones
A las 12.40 del jueves del 16 de junio de 1955, muchos ciudadanos se encontraban en la Plaza de Mayo. Miraban hacia el cielo. Esperaban ver el desfile aéreo que se había programado como desagravio por la supuesta quema de la bandera. En esos tiempos ese tipo de espectáculos públicos, ante la oferta escasa, concitaban atención y atraían multitudes. A esa hora, a las 12.40, aparecieron en el horizonte los aviones Beechcraft y North American. Pero no desfilaron. Bombardearon. Descargaron su carga mortífera contra la Casa de Gobierno y contra los ciudadanos que se encontraban en sus inmediaciones.
De pronto, el infierno. Una lluvia de bombas y fuego se abatió sobre la población. Los ataques se sucedieron por varias horas.
Al mismo tiempo, en los alrededores de la Casa Rosada, se daba un encarnizado combate entre las tropas de Argerich y los Granaderos que protegían al presidente. Al llegar camiones con refuerzos, los sublevados no dudaron en disparar contra los conscriptos que manejaban los camiones que traían refuerzos para que las tropas no llegaran a destino. Varios de esos conscriptos murieron.
El ministro Olivieri se dirigió al ministerio de Marina para apoyar a los rebeldes. Massera y Mayorga seguían con él.
Desde los aviones se descargó contra la Casa de Gobierno y contra la gente que se encontraba en la calle
Desde los aviones se descargó contra la Casa de Gobierno y contra la gente que se encontraba en la calle
Hugo Di Pietro, secretario general de la CGT, convocó a los trabajadores a defender el gobierno. Los citó en la Plaza de Mayo. Lo hizo por radio.
Unos minutos antes, los rebeldes habían tomado Radio Mitre y habían emitido una proclama donde, entre otras cosas, decían: "Argentinos, argentinos, escuchad este anuncio del cielo volcado por fin sobre la tierra argentina. El tirano ha muerto. Nuestra patria, desde hoy, es libre. Dios sea loado". Rápidamente fue desmentido.
En los alrededores de la Casa Rosada, se daba un encarnizado combate entre las tropas de Argerich y los Granaderos que protegían al presidente. Al llegar camiones con refuerzos, los sublevados no dudaron en disparar contra los conscriptos que manejaban los camiones que traían refuerzos para que las tropas no llegaran a destino. Varios de esos conscriptos murieron
Unas pocas horas después, una segunda oleada de bombardeos. Esta vez eran los Gloster Meteor. Los objetivos habían cambiado. Las bombas ya no cayeron sobre la Casa Rosada. La Plaza de Mayo, las bocas de subte y las avenidas aledañas fueron los objetivos. Habían empezado a llegar trabajadores citados imprudentemente por Di Pietro a la Plaza.
Los trabajadores furiosos se dirigieron al Ministerio de Marina y lo atacaron a pedradas. Desde dentro, los rebeldes atrincherados allí, les respondieron a los tiros. Seguía incrementándose la lista de víctimas fatales.
La multitud vociferaba. En el Ministerio, los líderes rebeldes estaban sentados en el suelo: no quedaban ventanas con vidrios. Olivieri le preguntó a uno de sus asistentes qué gritaba la gente. "La vida por Perón", le contestaron. Tal vez fue Massera el que respondió. Olivieri, el que había iniciado el día mostrándose prescindente, el hombre de confianza del presidente en la Marina, contestó: "Vamos a darles el gusto". Las ráfagas de ametralladora arreciaron. La gente corría despavorida. Muchos cayeron. Olivieri dio otra orden, ligeramente más formal, con idéntico contenido criminal: "Bombardeen Casa de Gobierno, la CGT y Radio del Estado".
Gritos, sangre, zapatos y carteras tiradas en la calle, brazos y piernas sin dueño fueron algunas de las imágenes del horror de aquel día
Gritos, sangre, zapatos y carteras tiradas en la calle, brazos y piernas sin dueño fueron algunas de las imágenes del horror de aquel día
El centro de la ciudad era un pandemonium. Tanques, balas, fuego, humo y aviones que descargaban bombas. La gente corre, huye de las bombas, se tira de cabeza dentro de las bocas de subte. En una avenida un tranvía termina partido por una bomba. Los cuerpos deshechos cuelgan de las ventanas o yacen sobre las vías y el pavimento. En toda la Plaza de Mayo y sus alrededores las imágenes y los ruidos espantan. El olor a pólvora, a carne quemada, el hedor del espanto. Gritos, sangre, zapatos y carteras tiradas en la calle, brazos y piernas sin dueño.
A las 15.22, desde una ventana del Ministerio de Marina se muestra una bandera blanca. Los rebeldes reconocían su derrota. Se habían rendido. La multitud festeja enardecida. Los tanques leales dejan de disparar contra el edificio. Pero, tan solo cinco minutos después, sucede lo impensado. Una nueva tanda de aviones azota la Plaza. No les habían comunicado la rendición. Los que estaban en Marina, retiraron la bandera blanca y abrieron fuego contra la multitud. Olivieri, tiempo después, declaró: "Por supuesto que no ordené parar el fuego. Mi sentimiento fue darles con todo. Yo no iba a dejar que tomaran el Ministerio".
En una avenida un tranvía termina partido por una bomba. Los cuerpos deshechos cuelgan de las ventanas o yacen sobre las vías y el pavimento. En toda la Plaza de Mayo y sus alrededores las imágenes y los ruidos espantan. El olor a pólvora, a carne quemada, el hedor del espanto. Gritos, sangre, zapatos y carteras tiradas en la calle, brazos y piernas sin dueño
El teniente Guillermo Palacio se quedó sin bombas en su Gloster. No volvió a la base. Decidió lanzar su tanque suplementario de combustible, una poderosa carga de kerosén que tuvo un efecto similar al Napalm.
Lucero se comunicó con los líderes rebeldes y les exigió la rendición. El general leal Juan José Valle ingresó al Ministerio de Marina y los líderes se rindieron ante él.
Los aviadores atacantes huyeron hacia Montevideo, Uruguay
Los aviadores atacantes huyeron hacia Montevideo, Uruguay
Las radios emitieron el comunicado número 3: "La situación está totalmente normalizada y la tranquilidad se extiende a todo el territorio. El P.E.N. ha decretado el estado de sitio"
Los aviadores no volvieron a sus bases. Escaparon a Uruguay, donde fueron recibidos por funcionarios de ese país. Una de esas escuadras en su fuga a Montevideo se desvió del camino. La comandaba el capitán Carlos Enrique Carús, quien lanzó su carga asesina -la última bomba de la jornada y su tanque suplementario de combustible- sobre la multitud por la tarde. Eran las 17.40 y habían pasado casi dos horas desde la rendición.
En la Plaza de Mayo, mientras festejaban los adeptos al gobierno peronista, otros levantaban los diarios que cubrían los cadáveres que habían quedado alineados bajo la recova. El sentimiento era unánime: deseaban que aquellos restos que estaban destapando no fueran de algún familiar.
El bombardeo a Plaza de Mayo por aviones de la Marina y de la Fuerza Aérea es un hecho sin precedentes en nuestra historia y en la historia de Occidente
El bombardeo a Plaza de Mayo por aviones de la Marina y de la Fuerza Aérea es un hecho sin precedentes en nuestra historia y en la historia de Occidente
El saldo de la cruenta jornada fue de al menos 364 muertos y más de mil heridos.
Fue la primera vez en la historia que los aviones militares de un país atacaban a sus compatriotas en un estado no beligerante. A Perón nada le pasó. A media mañana, por sugerencia de uno de sus ministros, se refugió en los subsuelos del Ministerio de Guerra. Las unidades del Ejército que se debían movilizar para apoyar la sublevación nunca lo hicieron. El intento de golpe fue abortado en unas pocas horas.
El vicealmirante Gargiullo se quitó la vida ese misma madrugada en su lugar de detención. Los líderes de la sublevación, en tanto, fueron juzgados y condenados a largas penas de prisión. Olivieri eligió como defensor a Isaac Rojas.
Dos meses después de este artero bombardeo sobre el centro de la ciudad, los responsables salieron de prisión y aquellos que se habían fugado a Montevideo regresaron sin restricciones al país. Fueron recibidos como héroes. Había triunfado la Revolución Libertadora.
El saldo de la cruenta jornada fue de al menos 364 muertos y más de mil heridos
El saldo de la cruenta jornada fue de al menos 364 muertos y más de mil heridos
Los principales comandos civiles, Amadeo, De Pablo Pardo y Zavala Ortiz fueron, en diferentes épocas, cumplieron funciones como cancilleres del país. A Toranzo Calderón lo premiaron con la designación como embajador en España y a Olivieri ante la ONU. Massera y Mayorga fueron protagonistas de otro baño de sangre, mucho peor aún, veinte años después.
El bombardeo a Plaza de Mayo por aviones de la Marina y de la Fuerza Aérea es un hecho sin precedentes en nuestra historia y en la historia de Occidente.
Sin embargo, este hecho es un precedente. De todo lo que vendrá después. La época del desprecio del derecho y su consecuencia más inmediata, el desprecio de la vida humana. Un bombardeo -durante varios años acallado- que habla de impunidad y de saña. De la irresponsabilidad y la impunidad. 364 muertos. Miles de heridos y mutilados. Vidas de gente que iba a ver un desfile aéreo, que salía a almorzar, que tenía que realizar un trámite bancario, de chicos que iban o volvían del colegio. O simplemente de enamorados que se encontraban al mediodía para verse unos minutos.
Esta fue la primera operación masacre. Con los años vendrían muchas más.

“El discurso del científico emprendedor es una falacia”

Diego Hurtado:
El profesor de Historia de la ciencia y tecnología reflexiona sobre los modelos de  desarrollo en una etapa signada por los gobiernos neoliberales en la región.
Imagen: Rafael Yohai
Reflexionar acerca de la ciencia y la tecnología y su relación con la sociedad implica, necesariamente, debatir acerca de los modelos de desarrollo. ¿Por qué? Porque el progreso del sector no siempre redunda en progreso social. En un marco signado por la presencia de gobiernos neoliberales en la región, ¿cómo es posible organizar la producción de conocimiento y soberanía? ¿De qué se trata el “impacto social”? ¿Para qué y para quién investigan los investigadores argentinos? ¿Deben tener compromiso social y encolumnarse en proyectos nacionales o gozar de total autonomía para escoger sus temas? ¿Cuán fundamental es el intervencionismo estatal? Desde aquí, nadie mejor que Diego Hurtado --profesor de Historia de la ciencia y tecnología en la Universidad Nacional de San Martín-- para repensar estos viejos interrogantes que hoy reflotan en un penoso contexto de ajuste y retroceso.
--¿A qué se refiere el concepto de “ciencia con impacto social”? Desmadejemos el eslogan.
--El sector CyT está regulado por prácticas institucionalizadas (desarrolladas en dependencias específicas como Conicet, INTA, INTI, universidades), así como también por organismos regulatorios. Hemos comprobado que si la ciencia y la tecnología son bien utilizadas y reguladas constituyen motores de desarrollo económico y social. No pueden ser dejadas en manos de empresas, ya que la percepción de los grupos sociales es fundamental y en muchos casos no es tenida en cuenta.
--¿En qué sentido?
--Utilicemos un ejemplo ficticio. Supongamos que la población aledaña a Atucha I le tuviera temor a la central nuclear, por sus hipotéticos efectos sobre la salud y el medioambiente. Enseguida saldría un experto a señalar que el miedo de las personas es irracional porque no está justificado con parámetros científicos. Lo que muchas veces no se comprende desde la academia es que si el miedo es real no es irracional. Como resultado, debe generarse un diálogo entre los saberes comunitarios y los expertos. Este esquema podría aplicarse en cada ámbito de nuestras vidas; ya sea salud, vivienda, energía, defensa o industria. El problema más importante es organizar la producción de conocimiento y coordinarla de acuerdo a las necesidades socioeconómicas de nuestra sociedad. Detrás del conflicto de la organización social subyace la robustez o la fragilidad de las instituciones. Alemania, Estados Unidos y Japón han resuelto esta trama, mientras que los países periféricos aún no lo hemos logrado.
--Cuando señala “esta trama”, ¿se refiere a conseguir que la ciencia esté unida al engranaje productivo de la nación?
--Exacto. No son los individuos los que aprenden CyT sino las sociedades que lo hacen a través de sus instituciones. Por eso, cuando en los últimos años los gobiernos neoliberales se instalaron en la región, se quebraron los procesos de acumulación y el aprovechamiento social del conocimiento. El Arsat-3 no fue creado por un individuo, por el contrario, es el resultado de la acción de un conglomerado de empresas e instituciones públicas articuladas. Esta es la razón por la que resulta tan difícil explicar el impacto social, porque en verdad se produce a partir de redes de articulación entre instituciones y empresas, y no a partir de los científicos actuando de manera individual.
--Lo que se conecta con la falacia de los “científicos emprendedores”…
-Barañao suele comentar: “Cada nuevo doctor debe ser capaz de poner una empresa”. En verdad, nuestros científicos son capaces de producir tecnologías de primer nivel, pero si las PyMEs no tienen la capacidad de absorción necesaria no tiene mucho sentido que financiemos ciencia y tecnología. Se requiere de políticas públicas y un fuerte intervencionismo estatal que orienten el escalamiento tecnológico, a partir del trabajo de técnicos, informáticos, científicos, universidades con anclaje territorial y pequeñas y medianas empresas. Solo de esta manera se generan procesos virtuosos que redundan en beneficios sociales. Las políticas en abstracto y la buena voluntad de los investigadores por separado no son suficientes.
--En sus trabajos hace hincapié en la importancia de “articular”, ¿por qué?
--Porque supone la generación de redes organizacionales. Barañao nunca podrá ser el mismo ministro que era durante el gobierno anterior por una sencilla razón: antes había una gestión que intentaba coordinar sus capacidades productivas en torno de la ciencia y la tecnología. Hoy tenemos una administración neoliberal que carga las responsabilidades sobre los investigadores que deben emprender y eso opera como excusa para dejar de comprometerse. Se pretende borrar la política del campo de la ciencia.
--La política satelital funciona como un buen ejemplo para comprender lo que ocurre desde fines de 2015 en transferencia e impacto social.
--Teníamos una ley de promoción satelital (n° 27.208/15) que se proponía dar un salto cualitativo y pasamos a paralizar Arsat-3. Con este caso podemos comprender cómo la ciencia y la tecnología son procesos sociales y colectivos, en tanto y en cuanto la sociedad, representada a partir de sus legisladores, proyecta a largo plazo. Una población que se proponía planificar su futuro y reflexionaba acerca de cuál sería el impacto esperado en un escenario tan estratégico como el de las telecomunicaciones. Lo que sucede es que para articular es necesario una mirada prospectiva; es lo que Estados Unidos hacía con sus políticas aeroespaciales durante la Guerra Fría. El objetivo de “conquistar el espacio” servía como metaordenador, ya que traccionaba otros desarrollos que venían detrás y luego trasladaba los beneficios a la sociedad civil.
--¿Se necesita del compromiso social de los científicos?
--Cuanto mayor es el nivel de institucionalización menor compromiso se requiere. Ahora bien, en un país en desarrollo que detenta una altísima inestabilidad política y económica, además de una marcada fragilidad institucional y deficiencias regulatorias, necesitamos que la comunidad científica se constituya en un actor político relevante, con mucha conciencia y compromiso respecto de sus quehaceres y su impacto social.
--Lo preguntaba porque siempre está latente el asunto de la autonomía para escoger las temáticas en las que se especializan.
--Es una vieja disputa vinculada al modelo Houssay, según el cual los investigadores debían manejarse con libertad y en las condiciones adecuadas para producir trabajos de calidad según estándares internacionales. Aquellos que todavía postulan la idea de una ciencia libre asumen, de manera inconsciente, niveles altísimos de dependencia cultural. Está el clásico: “Yo trabajo conectado con un laboratorio de Montreal haciendo nanotubos de carbono”. A esa afirmación hay que hacerle varias preguntas. En principio, ¿por qué el Estado argentino financia tu investigación cuando tus publicaciones son en coautoría con físicos canadienses? ¿A nuestro país le sirven tus investigaciones o solo benefician a la industria de Canadá? Los estándares internacionales están muy bien, pero no podemos dejar de preguntarnos para qué hacemos lo que hacemos. 
Fuente:Pagina/12

lunes, 16 de septiembre de 2019

Lula da Silva: "Ellos pensaban que la mentira iba a vencer"


El ex presidente de Brasil lleva 526 días preso y desafía con su optimismo y convicción. "No porque un juez haya sido un canalla,  tenés que juzgar a toda la justicia por causa de ese error", señala.
"Quien tiene la verdad no tiene que tener miedo"
"Quien tiene la verdad no tiene que tener miedo" 
Imagen: Ricardo Stuckert
“Voy a cumplir 73 años pero tengo la energía de un pibe de 20”, dijo el ex presidente Lula Da Silva durante la primera entrevista que le dio a un medio argentino desde que fue detenido hace ya 526 días. Sentado detrás de un pequeño escritorio, escoltado por un policía y a cuatro metros de distancia de los periodistas, Lula confesó que tiene previsto vivir “hasta los 120 años” y que para eso, agregó, necesita tener “mucha fuerza” porque sino “la vida se transforma en algo aburrido”.
Lula está en la cárcel de Curitiba que, paradojas de la vida, él mismo inauguró en el 2007 con el objetivo de mejorar la calidad del servicio penitenciario brasileño y solamente para detenidos en tránsito, de hecho, en ese moderno bloque de cemento se alojan 20 presos pero el ex presidente es el único que está en forma permanente y aislado, y que pasa en soledad 22 de las 24 horas del día.
Los preparativos para la entrevista arrancaron cinco meses atrás cuando comenzó el primer intercambio de mensajes con los abogados defensores del ex presidente y después de muchas idas y venidas y frustrados intentos, sorpresivamente la semana pasada llegó la confirmación: Lula esperaba a PáginaI12 el miércoles 11 de septiembre a las 9.30 de la mañana en la cárcel de Curitiba, estado de Paraná, para un reportaje de 60 minutos.
Después de una hora de preparativos en la sala asignada para la entrevista, donde había un pequeño escritorio ubicado exactamente en el medio de la habitación y a su vez rodeado de una especie de candado que formaban otros escritorios y detrás del que estaban los camarógrafos, fotógrafos y PáginaI12, comenzaron a desplegarse las medias de seguridad para que ingresara el ex presidente.
A las 9.30 policías con pasamontañas y biombos que aislaban a Lula de cualquier contacto con el exterior escoltaron al ex presidente durante todo el recorrido desde su celda hasta el tercer piso del bloque de cemento, donde estaba la sala donde se realizó el reportaje.
De impecable traje oscuro y corbata bordó, ingresó con paso firme, íntegro y saludó alegremente a cada uno de los presentes y la emoción invadió cada milímetro de ese espacio frío, opresivo e impersonal, pero que con su presencia se cargó de energía y de dignidad.
Antes de sentarse y mientras acomodaba los papeles y un libro atlas que llevaba en sus manos para graficar algunas cuestiones durante la nota, preguntó: “¿Hay algún hincha de Racing en la sala?”, como para distender y seguramente para hacerlo presente a Néstor Kirchner.
“El día que deje de creer en la justicia, me pregunto qué es lo que voy a hacer. No porque un juez haya sido un canalla, no porque un fiscal haya sido un canalla, vos tenés que juzgar a toda la justicia por causa de ese error. El problema es que espero, con mucha tranquilidad, que la Suprema Corte tome una decisión. Tengo dos Habeas Corpus que se tienen que votar”, respondió cuando Página 12 le consultó sobre su libertad.
Su equipo de abogados, encabezado por Cristiano Zanin Martin, es optimista y espera que pronto haya noticias favorables para el ex presidente y que en los próximos meses recupere la libertad o que al menos le concedan arresto domiciliario.
Durante la entrevista, Lula recorrió varios temas, desde la actualidad brasileña que la comparó con los peores años económicos del menemismo. Le agradeció públicamente la vista al candidato presidencial del Frente de Todos Alberto Fernandez y le aconsejó que cuando asuma el próximo 10 de diciembre gobierne “para el pueblo pobre” y “no” le mienta “nunca”.
“No aceptar el terrorismo que el mercado crea. Al mercado no le interesa el pueblo argentino, el mercado tiene interés en ganar dinero. Al mercado no le preocupa si las personas pasan hambre, si las personas viven en las calles. El mercado quiere saber si hay rentabilidad. Y Fernández tiene que tener un compromiso con Dios y con el pueblo: no mentirle nunca al pueblo y gobernar prioritariamente para el pueblo trabajador y para el pueblo pobre argentino. Ese es el consejo que podría darle al compañero Fernández y a la compañera Cristina”, enfatizó Lula.
.- ¿Qué le da fuerza para empezar cada día?
.- Primero tengo ganas de vivir mucho. No sé por qué, pero creo que voy a vivir 120 años, entonces alguien que va a vivir mucho necesita tener mucha fuerza porque sino la vida se transforma en algo aburrido. Y sé porque estoy acá. Estoy acá condenado por un ex juez mentiroso (Sergio Moro); por un fiscal mentiroso y canalla (Dealtan Dallagnol) y por algunos comisarios que me armaron causas mentirosas en mi contra. Podría no estar acá, podría haberme ido de Brasil. Pero vine acá porque tengo a cuatro personas que saben la verdad sobre estos juicios en mi contra: yo, Dios, el juez y los fiscales. Ellos saben que mienten. Y Dios y yo sabemos que estoy con la verdad. Es por eso que estoy acá. Estoy acá para probar mi inocencia. Es más, ya probé mi inocencia, lo que quiero es que ellos prueben mi culpabilidad. Quiero y continúo esperando que me señalen alguna culpa de algo. Estoy esperando que me señalen un dólar mal habido en mi vida. Es decir, en verdad, el delito que cometí en este país, fue probarle a una elite brasileña políticamente canalla, que es posible que el pueblo coma lomo y bife de chorizo, que es posible que el pueblo pobre viaje a Bariloche, a Buenos Aires, a Miami en avión, que es posible que una persona tenga una casa, que es posible que una persona entre en una universidad, que es posible que una persona vaya a una escuela técnica y que es posible que una persona tenga acceso a la cultura, al esparcimiento, al teatro, al cine, a un restaurante. Ese fue el delito que cometí. Generar 22 millones de empleos en blanco. Aumentar en un 75% el salario mínimo. Poner a disposición 52 millones de hectáreas de tierra para hacer la reforma agraria. Hacer el mayor programa nacional de historia de Brasil y de entablar amistad con todos los países de América del Sur. Fue el momento de la cordialidad. Fue el momento en que nosotros no teníamos contiendas. Fue el momento en que soñamos: Kirchner, Lula, Chávez, Rafael Correa, Tabaré, Pepe Mujica soñábamos en construir un bloque económico fuerte, desarrollado tecnológicamente para que nosotros pudiéramos disputar la exportación de productos con valor agregado y no solo commodities.
.- ¿Y qué pasó con ese sueño?
.- Y todavía sigo con este sueño y es por eso que tengo fuerza. Porque todavía quiero estar vivo y quiero ayudar a derrotar a todas estas personas malvadas, a quienes no les gustan los pobres, que solo gobiernan para el mercado. Acá en Brasil hace un año que no se habla de empleo, que no se habla de sueldos, que no se habla de ganancias. Sólo se habla de privatización y reducción de la máquina pública. Entonces, mi voluntad para la lucha es como si tuviera 20 años. Acá y fuera del país. Y creo que ellos tienen miedo de soltarme, porque saben que cuando me suelten, voy a la calle. Voy a la calle. Tengo ganas de ir a la puerta de la Rede Globo de Televisión y desmentirla. Hace diez años que cuenta mentiras sobre mí. Tengo ganas de hacer un debate con el canalla del juez que me juzgó y con el fiscal que me acusó. Entonces, es por eso que tengo fuerza, porque quien tiene la verdad, no tiene que tener miedo.
.- Su libertad depende de la justicia ¿confía en la justicia brasileña y en las instituciones en general?
.- Podría hacerles una pregunta y es una pregunta que me hago todos los días. El día que deje de creer en la justicia, me pregunto qué es lo que voy a hacer. No porque un juez haya sido un canalla, no porque un fiscal haya sido un canalla, vos tenés que juzgar a toda la justicia por causa de ese error. El problema es que espero, con mucha tranquilidad, que la Suprema Corte tome una decisión. Tengo dos habeas corpus que se tienen que votar. Hay una presión muy grande de la prensa brasileña, sobretodo de la Rede Globo de televisión para que Lula no salga de prisión. Porque el gran problema de la operación Lavajato es que dejó de ser una operación de investigación de la corrupción y se transformó en un partido político. Es decir, hay un pacto entre los medios de comunicación y la operación Lava-Jato. Todas las mentiras que la Lava-jato cuenta, se transforman en verdad en la prensa brasileña. En las tres revistas nacionales, en los grandes diarios, la Lava-Jato tenía a un periodista en cada diario, en cada revista que recibía preferencialmente la información antes que los abogados de la defensa. Y esto todavía continúa. Estarán siguiendo en la Argentina la divulgación del blog Intercept que descubrió todo lo podrido de la Lava jato. Para la gran prensa brasileña, no existe Intercept. Ninguna denuncia hecha por Glenn (Greendwayld, periodista de Intercept) se divulga en la gran prensa. Ahora, el domingo, hubo una denuncia muy seria de mentiras de los fiscales, del comisario de policía, del juez Moro con relación al hecho que yo acepté ser ministro de Dilma. La mentira es la cosa más grave hasta ahora y la Rede Globo de televisión no dijo nada. La emisora Record no dijo nada. La emisora SBT no dijo nada. Es decir, la prensa no consigue desvincularse de la Lava-Jato porque cuando se libere a Lula, una parte de la Lava-Jato habrá perdido credibilidad. Porque hasta ahora solo contaron mentiras. Y estoy con mucha sed, con ganas de, en libertad, cuestionar la credibilidad de estas personas. Por eso es que creo en la justicia.
.-¿En qué siente que se equivocó si tuviera que hacer una autocrítica de su gestión? ¿y qué repararía de eso?
.-Acá en Brasil hay algo que está de moda, todos quieren que el PT haga una autocrítica. Es impresionante. Ellos gobernaron durante 500 años, el PT solamente 13 años, solo el PT hizo más que ellos. Para que tengas una idea, en ocho años de gobierno, fui el Presidente que creo más universidades en la historia de Brasil. Pusimos más alumnos en la universidad, en 12 años, más alumnos que ellos pusieron en un siglo. Entonces, si tuviera que hacer una autocrítica, me iba a mirar al espejo y decirme: “Lula, ¿por qué no hiciste más? ¿Por qué no mejoraste más el sueldo del pueblo? ¿Por qué no hiciste más universidades? ¿Por qué no generaste más empleos? ¿Por qué no hiciste más por la reforma agraria?” Era esta la autocrítica que haría. Hacer más, cada vez más, porque solamente así es que vamos a hacer crear un pueblo con un estándar de vida decente.
.- ¿Cómo se puede desarticular esa connivencia entre los medios y la justicia para generar ese tipo de golpes institucionales?
.- Nunca fui a almorzar o desayunar con el dueño de un periódico, de una emisora de televisión para pedir un favor. La única cosa que quiero y exijo es que ellos existan para informar bien a la sociedad, no para mentirle, no para construir mentiras. Y en Brasil se construyeron muchas mentiras. Si tenés en cuenta que el principal noticiero de Brasil de la televisión, según una encuesta hecha por una profesora de la Universidad Federal de Minas Gerais, en tan solo un poco más de un año, hay 80 horas, en el principal noticiero de esta televisora, hablando mal de Lula. Y al mismo tiempo tiene más de 100 horas, transformando un juez mentiroso en héroe. O sea, ellos pensaban que la mentira iba a vencer. Y estoy aquí para decirles a ustedes: la verdad vencerá, cueste lo que cueste, tarde lo que tarde, pero el pueblo brasileño va a saber la verdad y que esas personas que me acusaron no tienen moral. Hicieron uso de la justicia para hacer política y el principal objetivo era impedir que Lula volviera a ser presidente de la República de este país. Y que el PT ya no pueda ganar más las elecciones. Es eso, el mismo odio que ellos tenían a Kirchner y que tenían a Cristina.
.- ¿Se ve nuevamente Presidente?
.- Tengo conciencia que mi rol ahora es contribuir para que otras personas, más jóvenes que yo, con más energía que yo, con más ganas que yo... Con más ganas no creo. Pero otras personas, Brasil tiene muy buenas personas. Hay varios gobernantes interesantes, hay gente nueva en la política. Yo espero que Brasil no me necesite. Espero que tengamos nuevos cuadros, nuevas mujeres, nuevos hombres para poder participar de un proceso electoral.
Fuente:Pagina/12

jueves, 12 de septiembre de 2019

Destruir mitos de la inflación


La relación déficit-emisión-inflación es teóricamente errónea. El problema de la inflación es un problema de “precios básicos”: el tipo de cambio, las tarifas y los salarios. Son precios que forman parte de los precios de todas las cosas.
 
El neoliberalismo local experimentó un nuevo fracaso. Su teoría está mal, no explica los hechos. Su discurso es mentiroso. Su resultado fue otra vez deuda y pobreza. Ni siquiera los estrategas del marketing pueden encontrarle virtudes, por eso a la hora de las reseñas hablan de vaguedades inasibles, como la república o las instituciones, que nadie desmerece, pero que no es de lo que se habla, es otra cosa. Sin embargo, los periodistas oficialistas siguen interrogando como si nada. “¿Usted dice que la emisión no genera inflación como sostienen los economistas ortodoxos?”. “¿Cree que el déficit fiscal no es inflacionario?”. También se insiste con el cliché relacionado del “gradualismo”, el mayor éxito discursivo del macrismo para justificar la injustificable deuda en divisas.
Se habla, se pregunta, se escribe como si los últimos cuatro años no hubiesen existido. Se cree en la posibilidad de seguir fulminando con los mismos anatemas. No señores, los axiomas neoliberales fracasaron. No tienen nada que ver con la ciencia, son puro discurso de legitimación. Es necesario repetirlo una y otra vez, explicarlo, porque la verdadera ciencia económica tiene millones de horas en contra en los medios de comunicación. Hay mucho para remontar.
Las preguntas básicas son sencillas: si la emisión genera inflación, ¿por qué con el congelamiento de la base monetaria no evitó niveles récord? ¿En serio siguen hablando de “retardos o lags” en los ajustes? Si el déficit fiscal genera inflación, ¿por qué la reducción abrupta del déficit no tuvo el menor efecto en la evolución de los precios?
Por detrás de estas afirmaciones existe una relación de causalidad para nada inocente, una relación entre déficit-emisión-inflación. El orden tiene sentido. El problema es el Gasto del sector público. ¿Qué pasa cuando el Estado gasta? El economista vulgar dirá que aumenta la demanda y que la mayor demanda hace aumentar los precios. Luego el Estado al gastar más seguramente incurrirá en déficit y para cubrirlo lo “monetizará”, es decir emitirá pesos.
Dos cuestiones. La primera: se entiende que el Gasto público puede transformarse en mayor demanda de manera inmediata, menos claro en cambio es el mecanismo de generalización posterior según el cual la mayor cantidad de dinero se transforma en demanda. Las y los lectores podrían preguntarse cómo llega la mayor emisión a ser, por ejemplo, parte de su salario o de su ganancia.
La segunda cuestión es más demoledora: ¿qué pasa cuando aumenta la demanda de un bien o servicio?; ¿siempre aumentan los precios? No necesariamente. En la mayoría de los productos (técnicamente las mercancías “reproducibles”) el aumento de la demanda produce un efecto absolutamente ignorado por la economía vulgar: aumentan las cantidades ofertadas y, por extensión, la producción a partir del estímulo de la demanda. La razón es que siempre existe algún grado de competencia.
Dicho de manera rápida, si usted tiene un kiosco y le aumenta la demanda de golosinas no aumenta el precio porque el comprador se va al kiosco de la otra cuadra. El aumento de los precios cuando aumenta la demanda es un caso especial. Ocurre cuando se dificulta la “reproducibilidad” del bien demandado, por ejemplo, siempre en términos de la economía convencional, cuando la producción del bien se acerca a la frontera de posibilidades de producción o al pleno uso de los factores productivos, como el trabajo y el capital. De nuevo: es un caso especial. Piénsese además que si así no fuese, que si el aumento de la demanda no aumentase las cantidades ofrecidas, entonces la demanda no traccionaría la actividad, algo que la economía “por el lado de la oferta” querría negar, pero que la realidad no se lo permite.
Las conclusiones preliminares son que el aumento de la emisión no se transforma necesariamente en mayor demanda, pero además que el aumento de la demanda no necesariamente aumenta los precios. La relación déficit-emisión-inflación simplemente es teóricamente errónea. Luego, por si la teoría no alcanza, siempre está la realidad, que muestra que la relación no existe. Si usted está muy convencido de sus ideas preconcebidas trate de pensar en los “mecanismos de transmisión” antes que argumentar por el absurdo (“empapelemos el planeta de billetes y se acabaron los problemas”).
Una segunda explicación errónea, que reapareció en algunas voces de la oposición, es la llamada “inflación oligopólica”, que sostiene que la concentración del capital en determinados mercados, al disminuir la competencia y otorgarle un gran poder de mercado a unas pocas firmas, genera el aumento discrecional de precios en estos mercados y por extensión al conjunto. Lo primero que debe decirse es teórico. Existe una confusión entre la formación de un precio oligopólico, un precio superior al de “competencia perfecta” en términos de la teoría convencional, y el aumento generalizado y sostenido de los precios.
La existencia del oligopolio supone un precio más alto, no el aumento constante de ese precio. La segunda cuestión también es la realidad. En los países capitalistas avanzados existen mercados oligopólicos, algo que hace a la naturaleza del capitalismo, al mismo tiempo que baja inflación. ¿Argentina sería un caso de singular?
Ahora bien, si las explicaciones tradicionales ya no explican es necesario construir una explicación alternativa. Sin embargo no hay nada que inventar, la ciencia ya lo hizo, sólo que no todos la conocen. El problema de la inflación es uno de “precios básicos”, de evolución de los precios que forman parte de los precios de todas las cosas: el tipo de cambio, las tarifas y los salarios. Estos precios básicos son a su vez variables distributivas, es decir que dependen de relaciones de fuerza entre los actores (clases) sociales, de la puja distributiva.
Durante el macrismo la alta inflación se debió a la evolución del dólar y de las tarifas. Durante el kirchnerismo se debió a los aumentos de salarios. Por supuesto que en cada momento histórico operan “en el margen” otros factores complementarios, pero los principales son siempre los precios básicos. Del buen diagnóstico de las causas dependerá que existan o no buenas políticas.

El fracaso del fundamentalismo del mercado

Los autores, dirigentes sindicales internacionales, sostienen que después de la repetición de errores del FMI, es necesaria una estrategia económica alternativa que estimule la economía real en Argentina.
 
Imagen: EFE
Eliminar los controles de capitales fue una de las primeras medidas de Mauricio Macri que señalaban su compromiso con las políticas pro-mercado y el deseo por atraer inversiones extranjeras. Su administración ha sido definida por la influencia del Fondo Monetario Internacional. Juntos, el FMI y Macri prometieron prosperidad pero llevaron al colapso. Con pocas chances de ser reelegido, en parte, debido al fracaso del programa de financiamiento del Fondo, el restablecimiento de los controles de capitales podría ser una de las últimas medidas de su gobierno.
Apenas llegó al gobierno, Macri alcanzó un rápido acuerdo en la disputa con los fondos buitre que había mantenido a la Argentina alejada de los mercados internacionales de crédito. Después del acuerdo, los mercados celebraron a medida que se incrementaba el endeudamiento en moneda extranjera. Rápidamente la economía entró en problemas. A contramano de los intentos por culpar al gobierno anterior, no se puede negar que Macri heredó un país con poca deuda externa.
Macri buscó con entusiasmo un préstamo del FMI y, para asegurase la aprobación, hizo lobby ante el Departamento del Tesoro de Estados Unidos. Christine Lagarde, entonces Directora Gerente del Fondo, apostó la reputación de la institución y gran parte de sus recursos en el regreso a la Argentina. El resultado fue un préstamo récord de 50 mil millones de dólares que rápidamente debió ser incrementado hasta 57 mil millones en respuesta a los problemas que no tardaron en aparecer. Se suponía que el préstamo era diferente a los anteriores que terminaron en un espectacular e infame fracaso donde la economía terminó con una depresión y en default. Sin embargo, el acuerdo no tenía otra cosa que la receta ortodoxa del FMI que impulsaba austeridad y desregulación al tiempo que apelaba a recuperar la “confianza inversora” para restablecer el crecimiento.
Era esperable que la austeridad empujara a la Argentina hacia la recesión y que no se cumplieran las proyecciones de crecimiento del FMI. A medida que el fracaso del programa se hizo realidad, el organismo redobló la apuesta a su recetario. La pobreza aumentó, la inflación y el desempleo escalaron, y decenas de miles de empresas desaparecieron. Cuando el gobierno de Macri reaccionó desesperadamente con medidas que incluían controles de precios, el Fondo reafirmó su apoyo y miró para otro lado a políticas ante las que normalmente se opondría. Para empeorar las cosas, gran parte de los fondos recibidos del FMI fueron destinados a financiar la fuga de capitales.
La derrota de Macri en las elecciones primarias volvió imposible negar el fracaso de las políticas "pro-mercado" implementadas bajo el programa del FMI. La derrota electoral condujo a una mayor depreciación del peso y al reconocimiento de que Argentina necesitaba reestructurar su deuda. Las reservas del Banco Central fueron drenadas en un intento por satisfacer la creciente demanda de dólares y defender el peso, permitiendo nuevamente financiar con reservas la fuga de capitales. Después de perder 3 mil millones de dólares en dos días y quedarse sin reservas, Macri restableció controles de capitales.
Argentina es, una vez más, un ejemplo del daño que puede ocasionar el fundamentalismo de mercado del FMI. Como los sindicatos destacaron desde el comienzo de la turbulencia económica en 2018, la atención no puede estar solo en el bienestar del sector financiero y las inversiones extranjeras sino que debe estar puesta en impulsar una economía productiva y el consumo interno apuntalado por salarios dignos para los trabajadores. Es necesaria una estrategia económica alternativa que estimule la economía real y fomente un crecimiento sostenido.
La pregunta es hoy qué sucederá con la insostenible deuda argentina. Es oportuno recordar el “megacanje” del gobierno de Fernando de la Rua que solo empeoró las cosas. A medida que crecen los interrogantes sobre el futuro del crédito del FMI y los plazos para una reestructuración, es hora de dejar de repetir los errores. La economía argentina necesita espacio para respirar y recuperarse antes que más austeridad. Cualquier acreedor de buena fe debería estar de acuerdo con este enfoque.
*Presidente de UNI Global Union.
**Director de la Oficina de Washington de la International Trade Union Confederation/Global Unions.

lunes, 9 de septiembre de 2019

Immanuel Wallerstein, objetividad científica y compromiso social


 
In memoriam
La muerte de Immanuel Wallerstein supone una pérdida irreparable para las ciencias sociales. Sin lugar a duda, fue el sociólogo estadounidense más notable del siglo XX y el de más proyección internacional. Su principal mérito fue llevar a generaciones sucesivas de sociólogos a dejar atrás la unidad de análisis en la que se habían entrenado (las sociedades nacionales) y a abordar el sistema mundial (la economía-mundo y el sistema de Estados soberanos). En la estela de Fernand Braudel, Wallerstein estaba convencido de que las crecientes dependencias e interdependencias en el sistema mundial lo convertían en la unidad de análisis a partir de la cual generar mejores hipótesis de trabajo para el estudio de las propias sociedades nacionales. Esta ruptura analítica le causó mucha incomprensión en Estados Unidos. Sin embargo, como era un intelectual global que leía sobre ciencias sociales en varios idiomas, a diferencia de la mayoría de sus compatriotas, apenas le afectó.
Convivió con casi todos los líderes de los movimientos de liberación contra el colonialismo antes y después de las independencias, y organizó proyectos con los científicos sociales de esos países para ayudar a construir nuevas comunidades científicas. Recordemos un caso en particular, el Centro de Estudios Africanos de la recientemente creada Universidad Eduardo Mondlane, coordinado por Aquino de Bragança.
Fue un sociólogo comprometido con el destino del mundo y, sobre todo, con el destino de las poblaciones más vulnerables, cuya liberación solo sería posible en una sociedad poscapitalista y socialista. Por esta razón, nos acompañó desde el comienzo en el Foro Social Mundial, de 2001 a 2016, año en que estuvimos juntos por última vez.
Su actitud científica le llevó a cuestionar todo el pensamiento occidental eurocéntrico, una de las muchas afinidades que nos unieron. Desde el inicio de nuestra relación, recuerdo con cariño la generosa lectura que Immanuel hizo de un librito de reflexiones epistemológicas que yo acababa de publicar: Un discurso sobre las ciencias (1987). Inmediatamente se propuso publicarlo en Review, la prestigiosa revista del Centro Fernand Braudel, de la cual entonces era director, en la Universidad de Nueva York-Binghamton. Poco después, dirigió un importante proyecto internacional con profundas preocupaciones epistemológicas antieurocéntricas financiado por la Fundación Calouste Gulbenkian, que tituló "Abrir las ciencias sociales".

La relación de Immanuel Wallerstein con el Centro de Estudios Sociales (CES) de la Facultad de Economía de la Universidad de Coimbra fue muy intensa. Uno de nuestros profesores e investigadores, Carlos Fortuna, ya había hecho su doctorado en Binghamton bajo su dirección. En una de las primeras visitas de Wallerstein al CES, discutimos extensamente la relevancia del concepto de "semiperiferia" para caracterizar países como Portugal. Resulta que este y otros países de Europa tenían características sociales muy diferentes de las de los países semiperiféricos en otros continentes. Comenzó así nuestro trabajo de reformulación de la teoría de la semiperiferia para adecuarla a nuestra realidad, lo que resultaría en una de las formas más fructíferas de analizar la sociedad portuguesa. Fue por nuestra propia iniciativa que la Universidad de Coimbra tuvo el honor de otorgarle el doctorado honoris causa.
La mejor manera de honrar la memoria de Immanuel Wallerstein es continuar nuestro trabajo sin olvidar el entusiasmo, la profesionalidad y la forma brillante con la que logró combinar la objetividad científica y el compromiso con los desheredados de la Tierra, una actitud que siempre procuró inculcarnos a todos.
* Boaventura de Sousa Santos es director del Centro de Estudios Sociales de la Universidad de Coimbra (Portugal) y profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison (Estados Unidos). Traducción de Antoni Aguiló.