miércoles, 13 de diciembre de 2017

Reforma previsional y disciplinamiento





Por IA

Esta semana CAMBIEMOS(Pro-UCR-CC- Aliados) se propone aprobar una nueva reforma jubilatoria que da continuidad a la estafa iniciada por la llamada “reparación histórica”. Desde una mirada económica  Cambiemos plantea que se hace necesaria la reforma debido a que las jubilaciones junto con la asignación familiar por hijo generan un déficit en las cuentas públicas que no es posible cubrir y que es necesario ajustar a dichos requerimientos.

Descontando en principio la falsedad de dicho argumento ya que si el problema es el déficit, no se explicaría porque quitarle derechos de exportación a la megamineria, quitar retenciones al sector agroexportador, quitar impuestos a los bienes personales entre, otros en una clara transferencia de recursos a los sectores de mas altos ingresos en perjuicio de las arcas públicas.
Existe un ítem que poco se ha difundido en base a la reforma previsional y este consiste que la reforma tiene dos elementos muy particulares: la transferencia de recursos a la Provincia de Buenos Aires y  la habilitación de estos recursos en asistencialismo.

Quitando que asistir a las personas no es algo malo o cuestionable, si podemos hablar de la forma en que se lo hace, ya que la reforma implica en principio una paulativa reducción de la jubilación y también de la Asignación Universal por hijo, cuestión que reduce el ingreso de estos hogares. A lo cual se le suma el aumento desproporcionado de las tarifas, el aumento de los combustibles y el boleto y además la inflación aunque muy particularmente en el  aumento  de los alimentos.

En este sentido, podríamos pensar que la estrategia de CAMBIEMOS implicaría algo mas profundo, ya no solo la baja de los ingresos de los jubilados sino un sistema en el cual la pérdida de ingresos y de derechos  de los sectores populares, los obligue a perder capacidad de negociación ante los poderes locales de manera tal que estaríamos en la construcción de un sistema  donde nuevamente los poderes locales cercanos tendrían mayor incidencia sobre las decisiones y en particular políticas de las personas, quizás volviendo a las épocas pre-peronistas  construyendo un país menos libre.

Signados por "el financierismo" y la Parábola de los Talentos

Por Gustavo Perilli
El ingreso de divisas por endeudamiento produce “euforias financieras” en los países en desarrollo.
El ingreso de divisas por endeudamiento produce “euforias financieras” en los países en desarrollo.
En el prólogo de la edición inglesa de uno de los aportes intelectuales más influyentes de la historia, se sostenía que "en toda época histórica el modo económico predominante de producción e intercambio, y la estructura social que se deriva necesariamente de él, constituyen el fundamento sobre el cual se basa la historia política e intelectual de esa época (Marx, 1845)". Aunque esta conclusión parece relativamente sencilla de entender, el resto de esta nota se abocará a mostrar su vigencia y los peligros que acechan en estos tiempos.
Cuando los gobiernos definen el modo en que debe funcionar la economía (el momento en que responden "qué", "cómo", "para quién" debe producirse y "quién" coordina), determinan una estructura social, política e intelectual relativamente perdurable. En las democracias representativas, los votantes eligen sus autoridades sosteniendo que se ajustan a sus ideales (y protegerán su bienestar). Sin embargo, por definición, las medidas que éstas tomarán nunca beneficiarán a todo el universo social (habrá perjudicados y, poco a poco, su poder se diluirá). El "votante ideal" hará uso de su derecho comprendiendo, desde un comienzo, las reglas de juego. En función de ello, elaborará y revisará sus planes guiados todo el tiempo por una "misma estrella": posicionarse estratégicamente en la coyuntura. El "voto empresario", por ejemplo, procurará minimizar costos de producción (maximizar sus ganancias), considerando, por lo general, la versión contable que ubica al salario como un costo más de producción y una amenaza para la productividad y competitividad (en este aspecto, "el voto empresario y "el voto asalariado" se situarán "en veredas opuestas"). Esto habilita a pensar que las pérdidas de ventas e ingresos (por el efecto de los costos sobre la productividad y la competitividad), solo se resolverán con despidos y/o reducciones salariales. Como la medida siempre tendrá mala reputación, el aval social jugará un rol fundamental. Por esta razón, los tumultos serán evitables si: 1) una "adecuada" comunicación social "pavimenta" ese camino y 2) se instala adiestramiento coordinado e inclusivo (más orientado a quienes no tuvieron buenas experiencias recientes). El éxito de los puntos 1) y 2) asegurará que la indiferencia social repita: "si es para mejor, adelante".
Cuando los gobiernos definen el modo en funciona la economía, determinan una estructura social y política
Viajemos al mundo para detectar la manera en que los procesos económicos "disciplinan" voluntades sociales y "diseñan intelectuales". A nivel global, tanto la corriente principal del pensamiento económico (ortodoxo, por lo general) como el poder económico dominante (bancos, fondos de inversión y empresas, entre otros), exigirán a los países una integración pasiva al mercado financiero global (que eliminen sus medidas proteccionistas). Sin señalarlo abiertamente, se les exhortará a "enganchar su precario material rodante" (su sistema económico subdesarrollado) al moderno "tren de alta velocidad" por el que se desplaza la globalización financiera y de bienes. En los países donde este disciplinamiento progresa habrá quienes sugerirán entrar a competir abiertamente y a aceptar los desafíos de la modernidad y, para ello, recomendarán reducir costos quitando subsidios a los sectores sociales internos vulnerables señalando, tal como lo indicaba Milton Friedman, que "no hay almuerzos gratis". Siguiendo esta lógica, entenderán que el costo laboral debe disminuir para ser competitivos, producir y vender bienes, ingresar divisas desde el exterior, fortalecer la moneda nacional y el crédito interno. Asimismo, propondrán diseñar instituciones (normas) proclives a la flexibilización y transmitirán al asalariado (y a la clase pasiva) que la renuncia a sus "derechos y privilegios" (salarios determinados por las partes, representación sindical y todo otro tipo de beneficios que impliquen costos) será necesaria para el incremento de las ganancias empresarias y el empleo. En estos sistemas donde el andamiaje solo se sostendrá en la baja de costos, la creación de innovación y talentos será limitada e, incluso, irá a contramano de las enseñanzas de los Evangelios. Por ejemplo, en la Parábola de los Talentos (Evangelio de San Mateo, capítulo 25, 14-30) se describe a un Señor que, ante su inminente viaje, les entrega "sus talentos" (dinero) a los tres siervos para que los multipliquen. A su regreso, cuando comprueba que uno de ellos "no trabajó para incrementar sus talentos", lo castiga llamándolo "siervo malo y perezoso" y le quita toda su confianza (los talentos) para dársela a los que más la habían honrado.
El sistema financiero es necesario para el funcionamiento de toda economía; sin embargo, sus excesos ("el financierismo") constituyen una patología que amenaza a los equilibrios macroeconómicos y las soberanías de las políticas económicas nacionales y generan estructuras sociales carentes de "talentos" y "adictas" a las ganancias inmediatas. No es algo nuevo ni sorpresivo, pero es una cultura que en las últimas décadas se descontroló sin que se hayan activado las alarmas. Las humoradas describieron a la perfección esta situación. En 1962, Tato Bores hacía referencia a un individuo que llegaba exultante a su casa a la noche y le contaba a su mujer: "Vieja, gané 14 mangos y no hice nada". Si a ese episodio lo multiplicamos por varios millones (casos posibles), tenemos "una cultura de la inmediatez" que, sin dudas, disloca los procesos de maduración social y oprime los talentos provistos por las innovaciones. En los países subdesarrollados, las elevadas tasas de interés (y el tipo de cambio estable y atrasado) atraen divisas y promueven euforias financieras delirantes que, por ignorancia o comodidad, suelen ser entendidas por la sociedad como "un premio merecido". En rigor, "esa confianza" es promovida por traspasos de subsidios: bajando gastos internos (retirando subsidios a sectores internos marginales) y convalidando exorbitantes tasas de interés (asegurando ganancias a las inversiones financieras globales).
LEA MÁS:
Mr. John Maynard Keynes sostenía que "los especuladores pueden no hacer daño cuando son burbujas de una corriente firme de espíritu de empresa //…// (pero) cuando el desarrollo del país se convierte en subproducto de las actividades propias de un casino, es probable que el cometido se realice mal (Keynes, 1936)". Actualmente, las innovaciones financieras en coordinación con la actividades de los bancos internacionales de inversión y las agencias calificadoras de riesgo, funcionan como "los anfitriones de estas fiestas" (pese a que su rol sea combatirlas). Los Esquemas Ponzi (inversiones sin rendimientos legítimos) se naturalizan efímeramente en toda esa "inflación del ego social" (banalidad y sensación de superación) pero, por diversas razones, después nada queda: en algún momento "el casino" quiebra y el desempleo se radicaliza. Lo advierte incluso el Fondo Monetario Internacional (FMI). En la edición de octubre de 2017 del Global Financial Stability Report, sostiene que "aunque en general se considera que las finanzas contribuyen al crecimiento económico de largo plazo, hay estudios recientes que han demostrado que los beneficios para el crecimiento comienzan a disminuir cuando el apalancamiento (endeudamiento) agregado es elevado (FMI, 2017)".
Desde disímiles vertientes, se sugiere monitorear los daños ocasionados por "el financierismo" y el endeudamiento. El establecimiento de estos mecanismos no solo distorsiona mercados sino que implanta culturas adictas al vértigo ("poda de talentos") y patologías distorsivas que, incluso, forjan inestabilidad en los sistemas democráticos.
 
(*) Gustavo Perilli es Profesor de la UBA
Fuente:Infobae

martes, 28 de noviembre de 2017

"Están armando un enemigo”

El obispo de Bariloche salió al cruce del discurso del Gobierno
 

Juan José Chaparro dijo desconocer la existencia de la RAM y negó que los miembros de la comunidad Lafken Winkul Mapu tengan vínculos con esa organización. Contó que los propios mapuches le habían manifestado su preocupación por posibles hechos de violencia armados por otros en torno a su reclamo y pidió a las autoridades acceder al diálogo para no comenzar "a sumar muerto

El obispo de Bariloche, Juan José Chaparro, advirtió que “las autoridades” del Estado deben favorecen la apertura de “canales de diálogo” con las comunidades mapuches para que asesinatos como el de Rafael Nahuel “no se repitan y no comencemos a sumar muertos”. Además, el religioso negó la posibilidad de que los miembros de la comunidad Lafken Winkul Mapu tuvieran vínculos con la Resistencia Ancestral Mapuche (RAM): “Me parece que están armando un enemigo”, puntualizó.
Chaparro fue uno de los integrantes del grupo de personas que accedió al territorio de Villa Mascardi donde el joven de 21 años fue baleado por Prefectura, para ver la situación en que se encontraba el resto de los miembros de la comunidad. “Hay jóvenes varones, mujeres y niños”, describió. Según su relato, en el diálogo con el juez que ordenó la represión y que encabezó esa comitiva, Gustavo Villanueva, los mapuches pidieron “hacer algunos días de duelo” y luego retomar las negociaciones sobre su permanencia allí.
Asimismo, dijo sentir “preocupación y dolor” por lo que ocurrió con Nahuel y pidió “lucidez y racionalidad” para “que se abran caminos de diálogo” y rescató la decisión de Villanueva de posibilitar la llegada de “ayuda humanitaria” a ese lugar. “Hay que dialogar y hacer todos lo posible por salvar vidas humanas”, remarcó.
Paralelamente, durante una entrevista con radio La Red, el obispo relativizó además la existencia de alguna relación entre la RAM y el reclamo de la comunidad que desde el 14 de septiembre se asentó en un predio lindero al lago Mascardi, que reivindica como propiedad ancestral. Es más, puso en tela de juicio la existencia de ese grupo que los gobiernos nacional y de Río Negro califican como una organización que siembra el terror en la Patagonia.
“No conozco la existencia de la RAM. Me parece que se está armando un enemigo”, señaló el religioso quien, con estos dichos, puso en jaque la versión del gobierno nacional sobre la presencia de esa supuesta organización paramilitar. En su experiencia, relató, en los barrios más pobres de Bariloche “hay gente que vivía en un lugar y que luego se fue endeudando hasta que de repente no tenían más ese terreno” y comenzaron a buscar otros lugares para vivir. Algunos de ellos, continuó, pudo haber impulsado la toma de un territorio, como ocurre con predios del Gran Buenos Aires, ejemplificó. “Pero de ahí a que se trate de un ejército organizado con armas de grueso calibre, hay una distancia muy grande”, afirmó.
“No siempre que se ocupe un lugar significa que quienes lo hacen sean grupos RAM u otros”, insistió y recordó que en la superficie que abarca su diócesis “hay organizaciones y comunidades mapuches que han estado trabajando para conseguir sus tierras de una manera legal”. Citó entre ellos a las varias comunidades y al Parlamento Mapuche, que tiene sus representantes en esa ciudad turística.
Es más, contó que antes de una de las movilizaciones de los últimos días, varios integrantes de ese pueblo originario le manifestaron su “preocupación” porque “hayan actos de violencia” en los que ellos no tengan nada que ver. “Siempre puede haber otros que se metan”, arriesgó y dijo conocer casos como el “incendio de un refugio” en el que “apareció la palabra RAM”. “Pero yo no los conozco”, reforzó.
Respecto del asesinato de Rafael Nahuel, Chaparro evitó arriesgar si la muerte fue producto de "una ejecución" por parte de las fuerzas de seguridad. La autopsia determinó que el joven murió de un disparo por la espalda con una bala como las que usa el Grupo Albatros de la Prefectura. “La reconstrucción la tendrá que hacer la Justicia”, dijo. “Lo que yo quiero –subrayó- es que se encuentren caminos de diálogo y que haya una solución aunque sea temporaria.”
Fuente:Pagina/12

viernes, 24 de noviembre de 2017

El Centro Cultural de la Cooperación celebró sus primeros quince años Bastión para la resistencia y el futuro

 Luisa Kuliok recordó su paso por el Centro Cultural de la Cooperación.

En la batalla cultural, algunos lugares se ofrecen como trinchera. O mejor, como bastión. Un refugio para resistir los embates del enemigo, una plaza desde la que contratacar y recuperar terreno. El Centro Cultural de la Cooperación reafirmó para sí ese rol en su decimoquinto cumpleaños, que se celebró el miércoles en su sala Solidaridad, repleta de artistas, intelectuales, miembros del equipo de trabajo del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, antiguos empleados y una cantidad –inesperada, quizás, pero más que bienvenida– de espectadores, visitantes recurrentes y espíritus afines que se acercaron a la celebración y a oír las palabras de quienes tomaron el micrófono para aludir al aniversario. Además, quienes llegaron hasta el emblemático edificio de Corrientes 1543 pudieron disfrutar de un puñado de canciones interpretadas por Débora Infante y Virginia Innocenti.
Tras quince años abierto al público, el Centro Cultural de la Cooperación es uno de los espacios multidisciplinarios más importantes de la ciudad y convoca anualmente a más de 130.000 personas, explicó Juan Carlos Junio, director del CCC, durante el discurso de apertura de la velada. Junio destacó la misión del centro cultural en pos de generar discursos contrahegemónicos, señaló su adhesión al ideario cooperativista que le dio origen con el impulso de Floreal Gorini y consideró que el camino hecho hasta el momento ayudó a “perforar la muralla” del discurso dominante, al tiempo que llamó a seguir trabajando “por el futuro y las utopías de siempre”.

El denominador común de todas las intervenciones fue la actualidad social y política argentina, en la cual muchos encontraron dramáticas similitudes con las de los orígenes del Centro Cultural, que abrió sus puertas en noviembre de 2002, con el país aún sin recuperarse del estallido de fines de 2001. “Hay un momento previo a estos quince años, que fue el momento en que Gorini y el movimiento cooperativista tuvieron la lucidez de entender que la auténtica batalla era cultural”, señaló el periodista Eduardo Aliverti. “Cambian los dispositivos y los soportes, pero no la batalla cultural”, advirtió contra los agoreros del fin del periodismo y del fin de la cultura. Además, llamó a “dejar el pesimismo para tiempos mejores”: no es cosa de dejar que “los tiempos horribles” quiten las ganas de construir futuro, aseguró.

“Este lugar sobrevivió a quince años de historia argentina, que por su densidad histórica, digamos, aquí en quince años pasan más cosas que en doscientos años belgas”, intervino a su vez Atilio Borón. El sociólogo evaluó que el retroceso de los movimientos progresistas en América latina se debió a que las mejores sociales y económicas construyeron consumidores, antes que ciudadanos. Sin embargo, se mostró optimista y celebró la existencia del CCC como “uno de los pocos espacios de amplia capacidad de convocatoria” para reunir al arco progresista y de izquierda para conformar una resistencia ante la embestida neoliberal.

Luisa Kuliok también tuvo su momento al micrófono, que aprovechó para agradecer al CCC por abrirle sus puertas para hacer teatro. “Pude confirmar todo lo que sostenía ese anhelo”, contó sobre la ilusión que le hacía trabajar en el lugar. “Las semanas de ensayo, los meses de funciones fueron un pequeño paraíso para mí”, confesó antes de ilustrar su sentimiento con un antiguo cuento chino. Una colega suya se ocupó de agradecer desde las gradas especialmente a todos los equipos técnicos del Centro. “Este es un lugar de más unión que nunca, porque hay políticas culturales que el gobierno no está asumiendo y que aquí encuentran su espacio”, agregó. Ese rol como plaza de encuentro para voces disidentes y miradas alternativas de la realidad también fue destacado por otros oradores, como Alejandro Vaccaro (de la Asociación Argentina de Escritores) o el dramaturgo Hugo Urquijo, además de su director artístico, Juano Villafañe.

Otra coincidencia entre los discursos fue la necesidad de romper los sentidos que intenta imponer el neoliberalismo. Así, Gisela Cardozo, de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, llamó a luchar para que en el sentido común estén “la empatía, los derechos humanos, la solidaridad y la justicia”. El diputado nacional Carlos Heller (FPV-NE), a su vez, recordó los orígenes del CCC, el momento difícil que atravesaba el país entonces y sus similitudes con la actualidad nacional: “Hoy tenemos que ayudar a traducir el lenguaje neoliberal para que la ciudadanía sepa lo que está pasando”.
Fuente:Pagina/12

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Sobreexplotación del trabajo


Conforme los trabajadores fueron logrando disminuir la duración de la jornada laboral, los grandes empresarios fueron implementando métodos nuevos de explotación de la fuerza de trabajo. Como no podían disponer de los trabajadores por tantas horas, han tenido que implementar la productividad del trabajo, la utilización de la mano de obra de manera más intensa, para mantener e incluso extender la extracción del excedente.

En el centro del capitalismo ese mecanismo ha permitido un gran ciclo de desarrollo económico, que ha combinado expansión e integración de amplios sectores de la clase trabajadora. Mientras que, en la periferia, los mecanismos han sido otros.

Tras llegar con retraso al mercado internacional, las burguesías periféricas han intensificado la explotación de la clase obrera para lograr condiciones competitivas en el plano internacional, que les permitiera encontrar espacios en ese mercado. De ahí que los mecanismos de sobreexplotación se hayan desarrollado tan ampliamente en la periferia.

La categoría de sobreexplotación del trabajo es parte inherente de la teoría marxista de la dependencia, elaborada por Ruy Mauro Marini, gran intelectual brasileño, que ha vivido y producido prácticamente toda su obra en el exilio, en Chile y en México, siempre asociada a la militancia política, en Brasil en la organización Política Obrera (Polop), en los otros países en el MIR chileno. Su obra articula una concepción de cómo en la periferia se combinan la dependencia externa con las condiciones específicas de la lucha de clases, particularmente de la extracción del excedente.
Es solo en ese marco teórico que se puede comprender de forma cabal el significado y el lugar de la sobreexplotación del trabajo. Se trata de formas agregadas de explotación, de extensión de la jornada y de intensificación del trabajo que, combinadas, generan mecanismos que elevan la explotación muy por encima de las condiciones normales y estructurales de extracción de la plusvalía.

Esos mecanismos, a su vez, bloquean cualquier posibilidad de expansión del mercado interno de consumo popular, porque se remunera a los trabajadores por debajo de sus necesidades básicas. De ahí que los modelos de acumulación en la periferia dependan de las altas esferas de consumo del mercado y de exportación.

La sobreexplotación requiere, a su vez, condiciones políticas para que se efectivice. En Brasil, fue indispensable el “bloqueo salarial” (congelamiento del salario), para que se diera el “milagro económico” durante la dictadura militar. Fue el santo del milagro económico. La dictadura combinó represión política con sobreexplotación de los trabajadores.

Las restauraciones neoliberales en países como Argentina y Brasil concentran gran parte del accionar de los gobiernos en generar las condiciones para elevar la explotación de los trabajadores. La “reforma laboral” brasileña es el mejor ejemplo de la imposición de condiciones salvajes a los trabajadores, que incluyen, entre otras, medidas como reducir para menos de una hora el horario de almuerzo, permitir que mujeres embarazadas o que amamantan a sus hijos trabajen en condiciones insalubres. Prácticamente son abolidos los derechos elementales de los trabajadores, incluyendo la duración de la jornada de trabajo, el salario mínimo, que tienen que ser discutidos en cada negociación salarial. Se impone, como dicen cínicamente sus promotores, lo discutido sobre lo legislado, esto es, si el nivel de desempleo y la correlación de fuerzas en que se dan las negociaciones permiten, no hay limite para que se impongan las condiciones más salvajes de explotación de los trabajadores.

Los regímenes de excepción, donde el Poder Judicial ya no es garante del Estado de derecho; donde gobiernan lo banqueros y se impone la tercerización de las relaciones de trabajo; se restringen las acciones de los sindicatos para defender las conquistas de los trabajadores; donde se impone el Estado mínimo, con la centralidad del mercado, es el mejor escenario político para que la sobreexplotación de los trabajadores se imponga.

Hasta alrededor de algunas pocas décadas, la sociología del trabajo era una de especializaciones más prestigiosas y buscadas en el campo de las Ciencias Sociales. Después de las críticas a la excesiva “centralidad del trabajo”, se ha pasado al polo opuesto, en que pareciera que las actividades del trabajo son unas entre tantas otras, y no más la actividad esencial que ocupa la mayor parte del tiempo de la gran mayoría de las personas en el mundo.

Hay que rescatar la importancia de las relaciones de trabajo, en un mundo en que, más que nunca, la mayoría aplastante de la humanidad vive del trabajo, por mas diferenciadas que sean esas actividades. Que esa gran mayoría vive del trabajo y para el trabajo. La teoría marxista de la dependencia de Ruy Mauro Marini es el mejor marco teórico para ese indispensable rescate.

jueves, 9 de noviembre de 2017

Medios y comunicación ¿En Cambiemos leen a Gramsci?


María Graciela Rodríguez, teniendo adelante textos de Antonio Gramsci y a la luz de la situación político-cultural actual en la Argentina, desafía a pensar si Marcos Peña o Jaime Durán Barba no podrían ser lectores del filósofo y político italiano.
Un libro imprescindible llegó a mi mesa de trabajo. Se trata de Estudios Culturales 1983. Una historia teorética, publicado por Paidós este mismo año y que compendía ocho conferencias que Stuart Hall dio en la Universidad de Illinois en 1983 en el marco de un simposio titulado “El marxismo y la interpretación de la cultura: límites, fronteras, contornos”.
Detenida en el capítulo 7, “Dominación y hegemonía”, me entretuve tratando de extrapolar lo que tan brillantemente Hall nos compila de los escritos de Antonio Gramsci a la situación político-cultural de la Argentina actual. Y me pregunté, honestamente, si los “Cuadernos de la cárcel” no estarán en la mesita de luz de Marcos Peña, o en el escritorio de Jaime Durán Barba. Tanta es la congruencia.
Dice Hall, por ejemplo, que “el establecimiento real de la dominación en la hegemonía se produce cuando se tiene la capacidad de contener, educar y remodelar activamente a las fuerzas opositoras, de mantenerlas en sus lugares subordinados. Lo que Gramsci enfatiza en la hegemonía es más el trabajo de subordinación que el logro de una incorporación total” (pp. 221). Esto tiene asidero en la manera en que la alianza Cambiemos ha movilizado, y colonizado, los elementos simbólicos de la sociedad que están permitiendo no solo ampliar el consentimiento sino también, y más aún, el reconocimiento popular respecto del liderazgo político, económico y cultural del bloque de poder. Lo que significa no solo consentir la subordinación sino además reconocer que “saben lo que hacen” y que por lo tanto hay que darles crédito.
Acostumbrados a leer a Gramsci en clave de la posibilidad de disputar las dinámicas hegemónicas desde posiciones desfavorables, muchas veces se pierde de vista aquello que los actuales “Ceos” parecería que aprendieron mejor que las fuerzas progresistas: que “una política hegemónica opera en los aparatos culturales, en el discurso de los lenguajes morales, en la lucha económica, en el espacio político (…) La victoria es apoderarse del equilibrio de poder en cada uno de esos frentes de batalla. Es comandar el equilibrio de las fuerzas políticas, sociales e ideológicas en cada punto de la formación social” (pp. 231). Una lección que la alianza Cambiemos parece comprender a la perfección, si observamos la remodelación de la formación social y su puesta en sintonía “con aquellas formas de práctica social y política y de representación ideológica que son las condiciones para una tarea histórica nueva, para el desarrollo de algo diferente o para que el poder pueda sortear una crisis” (pp. 225).
En 1983, Hall hablaba del thatcherismo; y describía el modo en que su gobierno había operado sobre las formas morales del pensamiento popular, para “invertir las tendencias históricas y dar un nuevo sentido al sentido común (…) insertarse en los poros de la conciencia práctica de los seres humanos” (pp. 232). Pero, asimismo, unos años antes, en el umbral de los cambios que llevarían a Gran Bretaña al populismo de mercado de la Thatcher, ya había señalado que, dado que la hegemonía es siempre provisoria, una vez que pasa la coyuntura favorable hay que pensarlo todo de nuevo. “We loose because we loose because we loose”, decía poéticamente. Y aunque le hablaba a la izquierda como buen socialista y nada peronista que era, todos debemos considerarnos hoy sus interlocutores, sin banderías. Es necesario redefinir los términos de nuestras intervenciones políticas, académicas y/o militantes.
El lenguaje del sentido común está cambiando, si no ha cambiado ya, a velocidades sorprendentes, a un ritmo de miedo. La dimensión de la cultura entendida como la organización simbólica de la experiencia (en su unidad de prácticas y representaciones), está siendo objeto focal de modificaciones, y letalmente transformada. ¿Cuánto tardaremos en cambiar sus puntos nodales otra vez? ¿Cómo rearticular los lenguajes, todos los lenguajes, el académico, el político, el económico en pos de un proyecto nacional y popular?

El libro de Hall tiene una vigencia que sorprende. Y también debería iluminar el (nuestro) futuro.
* Doctora en Ciencias Sociales. Docente Unsam-UBA.
Fuente:Página/12


jueves, 26 de octubre de 2017

José Dirceu e o nacionalismo

Não estou de acordo com a abordagem feita no texto de José Dirceu sobre o nacionalismo (ver tal texto ao final, em vermelho).

Obviamente concordo em criticar o “nacionalismo” das elites.

Assim como concordo em criticar o “globalismo”, que na verdade expressa os interesses do nacionalismo das grandes potências.

Onde divirjo?

Acho um erro contrapor, ao “globalismo” e ao “nacionalismo” das elites, um nacionalismo “genérico”.

Mais adiante explicarei porque considero “genérico” o nacionalismo defendido por Dirceu.

Mas antecipo que não é por acaso que ele termina dando como exemplos o Curdistão, a Catalunha, a Escócia.

Casos profundamente distintos do tipo de “nacionalismo” que precisamos ter no Brasil.

Dirceu afirma que “no fundo, o substrato de toda a fundamentação, há décadas da avalanche da globalização, está no bordão do fim. Não da história, mas do conceito de nação e de sua própria existência, pelo menos como ente estatal, já que seria muita pretensão desconhecer as nações”.

Não concordo com esta afirmação. Ela confunde um discurso proposto para exportação com a prática real.

A classe dominante dos EUA — para ficar nesse exemplo — nunca enfraqueceu o seu Estado. Seu discurso criticava e propunha o enfraquecimento dos estados e das nações ... dos concorrentes.

Portanto, o “substrato” real do discurso da globalização era a ampliação ao limite máximo da hegemonia das nações capitalistas centrais.

Também não concordo com a afirmação de que nossas elites “nunca ... – a não ser para usurpar o poder – conviveram ou aderiram ao nacionalismo”.

Primeiro, não faz sentido falar que nossas elites precisavam fazer algo para “usurpar o poder”.

Usurpar o poder de quem???? Elas nunca o perderam, porque deveriam usurpá-lo??

Segundo, é simplesmente falso — historicamente falando, factualmente falando— que nossas elites nunca “conviveram ou aderiram” ao nacionalismo.

A afirmação só faria sentido se por “nacionalismo” compreendêssemos apenas um nacionalismo popular.

Mas nosso tipo de nacionalismo não é o único que existe. Assim como nossa visão sobre democracia não é a única que existe.

É provável que Dirceu tenha querido dizer que o “nacionalismo” hegemônico nas elites econômicas, culturais e políticas era e segue sendo submisso ao interesse dos imperialismos; e, além disso, talvez tenha querido dizer que o “nacionalismo” das elites não considerava nem considera os interesses do conjunto do povo.

Qual a diferença?

Simples: na “fórmula” desenvolvida no parágrafo anterior a abordagem deixa de ser “nacionalistas” versus “não nacionalistas”; a equação passa a incluir imperialismo, capitalismo e luta de classes; e reconhece de maneira adequada existirem diferenças no interior das elites.

Dirceu diz que as “elites” foram “sempre inimigas mortais dos governos dito nacionalistas, seja Getúlio, JK, Jânio com sua política externa independente, Jango e, pasmem, Geisel.”

Realmente, pasmem. Pois Getúlio, JK, Jânio, Jango e Geisel eram parte das elites. E em determinado momento expressaram um setor politicamente hegemônico nas elites.

Dizer que “as elites” eram “inimigas mortais” de todos estes, é não apenas falso, como pode gerar a conclusão politicamente equivocada de que inimigo de meu inimigo é meu amigo.

Dirceu está tão entusiasmado que chega a afirmar que “o sentimento nacionalista” guia “nossa construção nacional, nossa aventura de construir, nos trópicos, uma civilização”.

Perdão, mas não foi o “sentimento nacionalista” que “guiou” o desenvolvimento da sociedade brasileira. E a “aventura” dos “homens de grossa aventura” — a elite da época colonial— incluía tráfico de escravos, destruição dos povos indígenas etc.

A defesa de um nacionalismo popular precisa “extrair sua poesia do futuro”, não repetir má poesia ao estilo de “porque me ufano de meu país”.

E o que diz Dirceu do futuro? Diz que precisamos impor, defender ou construir “uma força política, econômica, cultural e militar, que também molde e organize o poder mundial”.

E em seguida faz digressões sobre o pensamento militar.

Noutro texto pretendo comentar mais extensamente a opinião de Dirceu sobre a “questão militar”.

Mas de imediato acho incorreta a maneira como ele relaciona a vertente do pensamento militar nacionalista com a criação da Petrobras, Eletrobrás, Telebrás, BNDES etc.

Claro que havia diferentes vertentes entre os militares. Mas não havia apenas entreguistas e nacionalistas. Havia esquerda, democratas e fascistas. Portanto, havia fascistas & nacionalistas & estatistas; assim como havia fascistas & entreguistas.

Simplificar, resumindo a equação a nacionalistas versus entreguistas, é o que conduziu recentemente setores da esquerda nacionalista a cogitar a existência de aspectos positivos numa eventual intervenção militar.

Além disso, é preciso identificar corretamente as diferentes conexões existentes entre os militares, o empresariado capitalista nacional e internacional, e os interesses do imperialismo.

Por exemplo: o fracasso do “projeto nacional autoritário e conservador” dos militares ocorreu porque ele era “sem inclusão do povo”?? Ou porque este “projeto” já não atendia aos interesses do capital??

As elites e seus projetos não fracassam ou vencem porque incluam ou não incluam o povo.

As elites “incluem” o povo através da opressão, da exploração, da dominação.

Os êxitos e fracassos das “elites” dependem de como se combinam, a cada momento, a competição inter-capitalista e a resistência popular.

Por isso é falso dizer que “nenhuma política de crescimento econômico numa nação continental como a nossa (...) terá sucesso se não se afirmar como nacional e a partir dos interesses do povo e não apenas da elite econômica e política”.

Pois “sucesso” para as elites pode significar e geralmente significa ir contra os interesses do povo.

Portanto, a questão é outra: uma política de desenvolvimento precisa ser feita em benefício das elites ou em benefício da maioria do povo. E a “perigosa ilusão” que sempre ameaça à esquerda brasileira é achar possível construir um caminho baseado na conciliação de classe.

Deste ponto de vista, sigo aguardando de Dirceu uma autocrítica acerca da estratégia que ele ajudou a construir. E que explica parte de nossa derrota recente.

No lugar disso, neste texto Dirceu reitera uma das premissas da análise de classes que está na base da estratégia adotada pelo PT a partir de 1995.

Refiro-me ao seguinte raciocínio: “grande parte da elite – inclusive a industrial, na ânsia de retomar o controle total sobre o poder – se submete ao capital financeiro e principalmente aos donos da informação e da formação da notícia e da opinião pública.”

A verdade é outra. Eles não precisam retomar o pode: nunca o perderam. E a hegemonia do capital financeiro instalou-se nos anos 1990. Portanto, equivoca-se agora e equivocou-se antes quem enxergava uma postura autônoma na “elite industrial”.

A questão portanto não está em que “não é possível – e nunca será – fazer com que 200 milhões de brasileiros alcancem o bem-estar social e cultural numa economia agro mineral exportadora, submetida às finanças internacionais e aos interesses da banca mundial, tendo eles mesmos – a nossa elite – como sócios menores”.

A questão é outra: estes 200 milhões não terão bem estar, nem poder político, enquanto o Brasil for um país capitalista. E não haverá “soberania” de tipo nacional- popular enquanto o Brasil for um país capitalista.

Por isso não basta exaltar a “memória nacionalista”. Por isso é preciso colocar o socialismo como alternativa. Por isso a Escócia, o Curdistão e a Catalunha são parte de outro debate. E por isso nossa defesa da soberania nacional precisa estar combinada com a defesa da integração regional, tema que salvo engano não é mencionado no texto aqui criticado.

Pós-escrito

Cinco comentários adicionais, feitos com base em opiniões que me foram dadas após a leitura do texto acima.

Primeiro: para usar um vocabulário antigo, o que estamos debatendo aqui são as "tarefas". As tarefas definem de forma sintética aquilo que o programa define de maneira detalhada.

Segundo: há um acordo em que as tarefas são três: democráticas, nacionais e sociais. A polêmica está em como combinar as tarefas. Na minha opinião e também na opinião de Dirceu, não dá para colocar em segundo plano, nem dá para tratar superficialmente, as tarefas sociais. A diferença está no seguinte: qual a radicalidade das tarefas sociais? Na minha opinião, a radicalidade deve ser a maior possível, nas atuais condições históricas. A saber: colocar sob controle estatal, público, social, o pólo dinâmico da economia. Por exemplo: o setor financeiro. O nome disto? Socialismo.

Terceiro: por qual motivo é assim? Pelo mesmo motivo que Cuba, Vietnã, China e Rússia precisaram do socialismo para conseguir níveis de soberania, democracia e bem-estar social que em outros países foram compatíveis com o capitalismo. A saber: o nosso lugar no capitalismo mundial. Lugar que, na literatura especializada, recebeu vários nomes: dependente, tardio, subalterno, periférico etc.

Quarto: a definição das tarefas/programa se articula com outra discussão, a da estratégia. Ou seja, como construir/conquistar o poder necessário para implementar o programa. Acerca disso, o texto de Dirceu não fala --nem precisaria obrigatoriamente falar, já que seu artigo versa sobre o nacionalismo -- exceto de maneira indireta, na passagem que critico acerca das classes sociais; e exceto, também, por seu silêncio acerca da integração regional.

Quinto: o tema da integração é onde a abordagem "genérica" sobre o nacionalismo revela sua debilidade. Pois a chance de viabilizar a soberania nacional, o bem estar social e a democratização profunda de um país como o Brasil exige um programa (e uma estratégia) de integração regional.

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Segue o texto do Dirceu:


Estaria o nacionalismo condenado e viveríamos um mundo sem fronteiras nacionais, regido pela globalização, pela abertura dos mercados – principalmente financeiros – a caminho de um governo mundial?

Pode parecer piada de mau gosto, mas, no fundo, o substrato de toda a fundamentação, há décadas da avalanche da globalização, está no bordão do fim. Não da história, mas do conceito de nação e de sua própria existência, pelo menos como ente estatal, já que seria muita pretensão desconhecer as nações. Seria como se voltássemos e regredíssemos à Idade Média.

No nosso caso, nunca nossas elites – a não ser para usurpar o poder – conviveram ou aderiram ao nacionalismo. E, muito menos, à nação. Só o fazem para exercer ou tentar a hegemonia cultural, impondo sua visão do que seja a nação, sempre a partir de seus interesses e visão do mundo. Sempre foram inimigas mortais dos governos dito nacionalistas, seja Getúlio, JK, Jânio com sua política externa independente, Jango e, pasmem, Geisel.

Mas nunca conseguiram apagar da memória nacional o sentimento nacionalista, que guia nossa construção nacional, nossa aventura de construir, nos trópicos, uma civilização.

Fizeram de tudo, até mesmo negar que tínhamos condições históricas, humanas e culturais de nos tornarmos uma nação. Foi com muita luta política, social e cultural que, década após década, construímos o sentimento que hoje, de novo, se impôs como um fato histórico indiscutível e indestrutível: somos uma nação soberana e independente, somos uma cultura, um povo com presença no mundo. Somos assim reconhecidos.

Mas não basta. Uma nação só se caracteriza quando impõe, defende ou constrói poderes para defender seus interesses e fazer parte do mundo, não apenas como membro do concerto das nações, mas como uma força política, econômica, cultural e militar, que também molda e organiza o poder mundial.

O pensamento militar nunca foi único ou consolidado na nossa história. Pelo contrário, até 64 debatia-se entre visões entreguistas e nacionalistas. Sob a ótica entreguista, vamos recordar que, durante quase meio século, nossas elites rurais e seus porta-vozes na imprensa e na política defendiam que o Brasil jamais se industrializaria e não seria uma potência. Estávamos “destinados” a ser um país agrário-exportador, cópia cultural da Europa. Hoje, cópia dos Estados Unidos e igualmente exportador – de minerais, energia, alimentos. Nada muito diferente do passado.

A vertente nacionalista nos deu condições para a criação da Petrobras, Eletrobrás, Telebrás, BNDES, que são as bases do Brasil que existe hoje.

Não foi por nada, ou apenas por Geisel, que o estamento militar e interesses empresariais construíram o II Plano Nacional de Desenvolvimento, que consolidou nossa indústria de base, a ciência e a tecnologia – temas indispensáveis para se falar em desenvolvimento nacional. Era um imperativo, inclusive, para a sobrevivência da ditadura militar e de seu projeto nacional autoritário e conservador. Sem inclusão do povo e, por isso, fracassado.

Sem o povo não há nação e sem a nação não há Brasil e sua presença no mundo. Nenhuma política de crescimento econômico numa nação continental como a nossa, com mais de duzentos milhões de habitantes, com os recursos e as riquezas naturais que temos e nosso nível de desenvolvimento tecnológico, terá sucesso se não se afirmar como nacional e a partir dos interesses do povo e não apenas da elite econômica e política.

O povo trabalhador se constitui em sujeito, ator da história do país e isso acontece de formas e maneiras totalmente diversas, personificando seus interesses e sonhos em ideias, forças, lideranças, partidos, movimentos, revoltas ou rebeliões. É por isso que se trata de uma perigosa ilusão qualquer tentativa de fazer uma nação sem o povo. Não há caminho para construir poderes nacionais, sejam eles políticos, econômicos, culturais ou militares, sem o povo.

Mesmo uma força militar, sem o apoio popular, não tem sobrevida estratégica no longo prazo. Acaba desaguando em algum conflito militar, como a história nos ensina.

Apesar de todas as evidências do caminho errado, voltamos ao passado e, mais uma vez, querem porque querem descontinuar a nação. Sob o silêncio cúmplice ou imposto, os militares se calam, como manda a Constituição.

Grande parte da elite – inclusive a industrial, na ânsia de retomar o controle total sobre o poder – se submete ao capital financeiro e principalmente aos donos da informação e da formação da notícia e da opinião pública.

Os usurpadores do poder usam e abusam do poder judicial/policial, rasgam o pacto político e social de 1988 e voltam a pregar abertamente a entrega do país a preços vis ao capital internacional, cujas premissas de atuação foram extremamente nocivas a muitos países, como mostra a última crise global de 2008-2009.

Para eles, o Brasil não tem saída a não ser se integrar no mundo norte-americano, sob sua hegemonia – inclusive a cultural. Não bastasse a já nefasta dominação que exercem sobre o país via monopólio da informação, agora tentam partidarizar a educação com suas ideias e conceitos sobre a vida e a nação.

Irresponsáveis e ignorantes das lições da história, acreditam que podem, a partir da força e do controle da informação, dominar o povo brasileiro, seu destino e futuro como nação. Não cabe em seu projeto de poder e de país um povo como o brasileiro.

Estão profundamente enganados. Tal pensamento e desejo são uma vã ilusão, que logo lhes custará caro. Porque não é possível – e nunca será – fazer com que 200 milhões de brasileiros alcancem o bem-estar social e cultural numa economia agro mineral exportadora, submetida às finanças internacionais e aos interesses da banca mundial, tendo eles mesmos – a nossa elite – como sócios menores.

A minoria rica – menos de 1% da população – e os 10% dos que participam de seu banquete acreditam que podem iludir o povo brasileiro e sua classe trabalhadora.

Nada aprenderam com a história e não se dão conta que a memória nacionalista está mais viva do que nunca e retomará o protagonismo de sempre na busca de justiça social e liberdade.

Estão aí a Escócia, o Curdistão e a Catalunha a provarem quão presente é o nacionalismo quando a opressão e a tirania se impõem sobre um povo, colocando em risco sua identidade nacional, sua cultura, língua, riquezas, patrimônio e seu bem-estar social. Nada, nenhuma força no mundo consegue oprimir e dominar um povo em busca de sua nação e de seu destino.

José Dirceu de Oliveira e Silva
Ex-ministro chefe da casa civil

jueves, 19 de octubre de 2017

El pensamiento político del Che. Dedicó sus 39 años de vida a su formación intelectual. El marxismo, la filosofía y la psicología fueron sus grandes temas de estudio.



Por Fernando Amato. La imagen de uno de los líderes de la Revolución Cubana es tan potente que se convirtió en el símbolo de la rebelión en el mundo. Pero el Che estaba muy lejos de ser un hippie con barba entrecrecida que se volvió guerrillero recorriendo Latinoamérica. Esa figura de hombre de acción, de combatiente heroico, terminó atentando contra la riqueza intelectual del propio Guevara. Hoy su cara está en todas las remeras pero su pensamiento y sus libros y escritos no se han vuelto tan populares. Y una de las grandes cualidades de Guevara fue poner en juego su formación intelectual contrastándola con la vida real. No era simplemente un idealista, era un hombre de ideas. Cuando Ernesto Guevara comenzó a viajar ya tenía una sólida formación intelectual. Ya era un cuadro marxista-leninista. Amante de los diarios personales, supo dejarnos el legado de su formación como intelectual en seis cuadernos a los que llamó Apuntes (o Diccionario) filosóficos, en los que encontramos la evolución ideológica de aquel joven Guevara. Miembro de una familia de extracción liberal que influyó en su formación, tuvo una precoz avidez por la lectura. Cuando los Guevara vivieron en Córdoba tenían de vecino a Deodoro Roca, un marxista que había redactado el manifiesto de la Reforma Universitaria de 1918 y, al hacerse amigo de su hijo, el joven Ernesto accede a su biblioteca y a sus primeras lecturas marxistas. “A los 14 años leía a Freud, se enamoró también de la poesía de Charles Baudelaire (…) leyó a [Alexandre] Dumas padre, a [Paul] Verlaine y a [Stéphane] Mallarmé en su lengua original. Posteriormente, bajo la influencia de los republicanos exiliados, se volvería hacia Federico García Lorca y Antonio Machado (…) También se aficionó al poeta chileno Pablo Neruda”, recordaba Alberto Granados en un reportaje en el diario cubano Granma, en 1967. De los seis cuadernos de sus Apuntes filosóficos se recuperaron cinco, que contienen 1.265 páginas foliadas por él. Casi como en un recorrido histórico, comenzó con la concepción filosófica de los pensadores griegos, como Platón y Aristóteles, para seguir luego con los orientales, como Buda y Confucio. Dos libros fueron fundamentales en esa formación: Breve historia del mundo, de H. G. Wells, y La historia de la filosofía, de Jaime Luciano Balmes. Si bien comienza con sus primeras lecturas de El capital, de Karl Marx, el otro gran tema de ese primer cuaderno es la psicología. Guevara lee Teoría general de la neurosis, de Freud, y Vieja y nueva moral sexual, de Bertrand Russell, intrigado por los conceptos de angustia, sueño e histeria. En el segundo cuaderno profundiza sobre la filosofía china pero también se anima a los persas y egipcios. Luego sigue con la filosofía política inglesa de los siglos XVII y XVIII, donde estudia sobre los conceptos vida, justicia, deber, bondad, ética, libertad, patriotismo en Thomas Hobbes, John Milton y David Hume. El cuaderno tres está dedicado a la lectura de Karl Marx. Pero también aborda al marxismo desde Mi lucha, de Adolf Hitler, y desde la óptica de Josep Stalin y Lenin. Pero es en El comunismo y los cristianos, de H. P. Ducatillon, que aparece un concepto que será fundamental en el ideario guevarista: el humanismo marxista. Algunos de los pensamientos que Guevara apunta en este cuaderno son: “El comunismo es, además de una doctrina, un fenómeno de pasión”, “El capital de Marx fue para el comunismo un poco lo que la Suma teológica de Santo Tomás de Aquino fue para el pensamiento cristiano”, “La doctrina filosófica y la doctrina económica están en el comunismo estrechamente ligadas”, “Es imposible ser comunista socialmente, sin serlo filosóficamente”, “La doctrina comunista tiene la característica de estar indisolublemente unida a la práctica de la vida”. En los dos últimos cuadernos recuperados continúa estudiando filosofía con Juan Herssen, Locke y, sobre todo, con Crepúsculo de los ídolos, de Friedrich Nietzsche, y Crítica de la razón pura, de Inmanuel Kant. En síntesis, realizó un profundo estudio de la filosofía en general y del marxismo en particular haciendo una especial conexión entre el humanismo y el marxismo, y profundizó en la definición del socialismo destacando su carácter materialista y el papel que le otorga a la economía. Cuando el joven Ernesto inicia sus viajes (por doce provincias argentinas en 1950 y por Latinoamérica en sus dos travesías entre 1951 y 1955), además de continuar su evolución ideológica, encuentra la oportunidad de observar en la práctica la forma de constatar lo que leía. Le escribe a su tía Beatriz, en diciembre de 1953: “Tuve la oportunidad de pasar por los dominios de la United Fruit, convenciéndome una vez más de lo terrible que son estos pulpos capitalistas”. Así se fue formando su ideario político latinoamericanista y antiimperialista al constatar el poderío estadounidense y la explotación de los pueblos latinoamericanos. Al llegar a México, en septiembre de 1954, profundiza sus estudios de marxismo y relee El capital y avanza con El Estado y la revolución, de Lenin. Cuando toman el poder en Cuba lee los Manuscritos económicos y filosóficos de Marx, donde habla de la enajenación y, durante un año, junto a Fidel Castro y al profesor soviético- español Anastasio Mansilla, estudian otra vez El capital.
GUEVARISMO
Su pensamiento de base marxista contenía reflexiones sobre la forma de realizar una revolución y crear una sociedad socialista que le dieron identidad propia. Una de las características fundamentales del pensamiento guevarista (más allá de su antiimperialismo, su latinoamericanismo y su humanismo marxista) fue su antidogmatismo. Supo discutir al propio Marx en El socialismo y el hombre en Cuba (1965) y al sistema económico impuesto por el Partido Comunista ruso, en Apuntes críticos a la economía política (también de 1965 pero inédito hasta 2006).
En el primero discute aspectos centrales de la toma del poder, desarrolla su teoría de las condiciones objetivas y subjetivas para lograrlo y debate el determinismo materialista de Marx. También allí insiste sobre el concepto de humanismo marxista. “El socialismo económico sin la moral comunista no me interesa. Luchamos contra la miseria y al mismo tiempo contra la alienación (…) si el comunismo descuida los hechos de conciencia puede ser un método de repartición, pero deja de ser una moral revolucionaria”, dijo en una entrevista a Jean Daniel del Express, en Argel, en julio de 1963. “Nuestra tesis es que los cambios producidos a raíz de la Nueva Política Económica (NEP) han calado tan hondo en la vida de la Urss que han marcado con su signo toda esta etapa. Y sus resultados son desalentadores (…) Se está regresando al capitalismo”, escribía Guevara en Apuntes… y continuaba: “Una economía en transición al socialismo tiene que planificar la economía violentando los mecanismos de la ley del valor, incentivando de manera principalmente moral a los trabajadores, a largo plazo tenemos que priorizar los incentivos morales porque tanto al violentar los mecanismos mercantiles, como el priorizar los incentivos morales, como el priorizar la planificación, tienen por objeto construir conciencia socialista (…) La Unión Soviética por más que tenga cohetes nucleares y un ejército rojo, a pesar de todo eso, va a volver al capitalismo porque ha dejado vivo al monstruo, a la mercancía”. Guevara diferenciaba entre el hombre trabajador como mercancía y resaltaba el deber social del trabajo, por eso era un gran defensor del trabajo voluntario. También sostenía el Sistema Presupuestario de Financiamiento en el que proponía la eliminación del mercado para el manejo de la economía.
En su discurso del 20 de octubre de 1962 a las Organizaciones Juveniles Revolucionarias de Cuba, el guerrillero Guevara concluye, una vez más, en la importancia del pensamiento político para la revolución: “Hoy la defensa del país sigue ocupando el primer lugar de nuestros desvelos. Pero no debemos olvidar que la consigna que guía a los Jóvenes Comunistas (el estudio, el trabajo y el fusil) está íntimamente unida entre sí, que no puede haber defensa del país solamente con el ejercicio de las armas (…) El estudio a todos los niveles es también hoy una tarea de la juventud”.
Fuente:Caras y Caretas

martes, 10 de octubre de 2017

Endeudar y fugar

Toda política económica requiere ineludiblemente una fuente de financiamiento. El gobierno de Cambiemos no es una excepción ya que el financiamiento del ajuste económico que está llevando a cabo la encuentra en el endeudamiento externo. Ello implica un giro copernicano respecto al gobierno anterior en tanto su política económica se sustentaba en los recursos internos que, entre otras cuestiones, le permitió llevar a cabo un notable desendeudamiento externo. Pero ese financiamiento de Cambiemos no es distinto al que prevaleció desde la última dictadura militar y que colapsó en la gran crisis de fin de siglo.  
Una reciente publicación del Área de Economía y Tecnología de la Flacso y la editorial Siglo XXI se ocupa de analizar el endeudamiento y la fuga de capitales desde la dictadura a la actualidad (“Endeudar y fugar. De Martínez de Hoz a Macri”). Sobre esa base es posible comparar con una misma metodología el comportamiento de ambas variables en el primer año de Cambiemos respecto a las últimas cuatro décadas. Con tal finalidad en el gráfico se presenta el incremento anual de la deuda externa pública en dólares constantes de 2016. 
Así, se puede constatar que el endeudamiento externo de 2016 es inédito ya que no sólo va en el sentido contrario al seguido por el gobierno anterior sino que al llegar a 43,6 mil millones supera largamente los picos de endeudamiento anual alcanzados desde 1976. En efecto, es prácticamente el doble del endeudamiento estatal contraído durante la guerra de Malvinas en 1982 (21,4 mil millones de dólares) y más elevado que el de 2003 cuando llegó a 19,2 mil millones de dólares de 2016 como resultado del salvataje al sistema financiero y la asistencia a las provincias en el marco del agotamiento de la valorización financiera y la crisis de la Convertibilidad. Es apropiado destacar que se trató de los dos momentos de mayor endeudamiento externo desde 1976 y que ambas instancias, por distintos motivos, fueron contemporáneos a profundas crisis económicas, políticas y sociales.    
El proceso de endeudamiento bajo la administración macrista no se detuvo en ese año ya que el último dato disponible indica que la deuda externa pública creció en términos netos en 14,4 mil de millones de dólares en el primer trimestre de 2017. Es decir, que en un año y un trimestre del gobierno de Cambiemos el incremento de la deuda externa alcanza a 58 mil millones de dólares, lo cual no está demasiado lejos de toda la deuda externa contraída durante la dictadura militar (78,8 mil de millones entre 1976 y 1983) a valores de 2016. 
Este nuevo endeudamiento no estuvo orientado a financiar proyectos de infraestructura o a sustituir importaciones, sino que tuvo una finalidad similar a la que experimentó durante la valorización financiera: sólo una parte minoritaria estuvo destinada a incrementar las reservas, ya que la mayor parte se dedicó a enfrentar obligaciones externas –entre las que se cuenta el pago a los fondos buitre–, a cubrir parte de un creciente déficit fiscal y sustentar las divisas provenientes de la fuga de capitales al exterior.
La fuga de capitales locales al exterior alcanzó a 11,7 mil millones de dólares en 2016, lo cual implica un crecimiento de más del 50 por ciento respecto al registro de 2015 y 2014. Se trata de un volumen que, medido a valores de 2016, es similar al promedio anual del ciclo kirchnerista (11,6 mil millones), inferior al promedio del decenio de 1990 (13,8 mil millones), y superior tanto al septenio 1983-1989 (4 mil millones) como a los registros de la última dictadura militar (10,4 mil millones de dólares a valores actuales). 
No debe soslayarse que el monto de la fuga de capitales en 2016 se vio morigerado por el impacto del blanqueo de capitales (ingresaron en forma líquida al país 7,5 mil millones depositados en cuentas bancarias con obligación de permanencia por 6 meses) y obviamente por las elevadas tasas de interés de las Lebac. 
El actual gobierno puso en marcha un mecanismo de valorización financiera interna, es decir en pesos, pero con altos rendimientos en dólares dada la estabilidad del tipo de cambio (con el reaseguro del dólar futuro). Se trata de una modalidad similar a la valorización financiera del período 1976-2001 pero con peculiaridades propias. En ese entonces, lo central era el diferencial positivo de la tasa de interés local respecto a la vigente en el mercado financiero internacional. Bajo la administración de Macri se asiste a una sumamente elevada tasa de interés local fijada directamente por el Banco Central mediante las Lebac y la combinación entre la estabilidad del tipo de cambio y el mercado del dólar futuro. De esta manera, la persistente valorización financiera de capital conllevó un notable incremento del stock de Lebac, que al 31 de julio superó en un 12 por ciento a las reservas internacionales y a la base monetaria. 
Se expresa así el escaso margen de maniobra que tiene el actual planteo económico para evitar que los inversores privados dolaricen sus carteras y presionen aún más sobre el tipo de cambio. Se trata de una encrucijada generada por la propia política económica cuya resolución no se avizora con claridad pero todas las alternativas posibles coinciden en un punto: suponen situaciones críticas. 
* Investigadores del Area de Economía y Tecnología de la Flacso.

Fuente:Pàgina/12

lunes, 9 de octubre de 2017

Intelectuales siglo XXI



Imagen: Joaquín Salguero
En La Tempestad, Shakespeare incluyó una figura de intelectual: Ariel. Criatura del aire, sin vínculos con la vida material y sin ataduras de clase, para Aníbal Ponce –en Humanismo burgués y humanismo proletario– es un humanista, “mezcla de esclavo y mercenario”, que ha conseguido alejarse del “trabajo de las manos”. Frente a la tradición intelectual arielista, en la Argentina y en América Latina del siglo XXI, deberíamos recuperar la tradición de Calibán. Un/a intelectual a lo Calibán –otro personaje shakespeareano–, que simboliza la concepción colonial del “otro”: “primitivo”, “bárbaro” y diversamente pigmentado. 

El repugnante “monstruo rojo”, dice Shakespeare. ¿Qué estoy tratando de sugerir? Que deberíamos poder poner en diálogo y tensión las figuras de Ariel y Calibán para forjar al/a intelectual del siglo XXI latinoamericanx y específicamente argentinx. Un/a intelectual que entre al claustro para salir permanentemente de él con el objetivo de intervenir en el mundo, del cual –por otro lado– resulta imposible sustraerse. Que pueda y sepa contrapuntear ocho horas de biblioteca con otras tantas de plaza. O, para decirlo de otra manera, que se hamaque entre la historia (el contacto con el pasado) y el presente. De lo universal a lo temporal. Teoría junto a un apasionado sentido del presente, con todas las urgencias que éste reclama. Esto puede ser fraseado también con la ecuación: trabajo de especialista + militancia (militamos para defender la vida como forma de la acción; para salir de nuestra zona de confort), para enfatizar la responsabilidad, el compromiso y el pensamiento dirigidos a las sociedades de las que somos contemporánexs. En definitiva, ese/a intelectual nuevx debería contrapuntear universidad con situación, que es lo mismo que decir universalidad + pensamiento situado (ya que pensamos en situación y dentro de una situación). De otro modo: distancia y conexión. Distancia de las élites –políticas o del discurso– y proximidad con las turbulencias populares. Esto, en permanente antagonismo con las fuerzas conservadoras, para recrear un nuevo orden de cosas. Un orden futuro y un orden –lo más rápido posible– presente que, a falta de una categoría mejor, podemos nombrar como socialismo. Una sociedad sin clases, sin una CEOcracia dirigente, una sociedad sustraída a la explotación capitalista y a la opresión de las grandes mayorías por parte de las derechas latinoamericanas, que si hacen algo es negar y atacar la vida del campo popular.

Las tareas que emprende el macrismo en la Argentina y las tareas que emprende la derecha en los distintos parajes de América Latina son extremadamente complejas. Cada día profundizan la conflictividad social. En la Argentina estamos frente a una democracia cada vez menos democrática, una democracia cada vez más limitada, cada vez menos probable, cada vez menos creíble. Una democracia restringida y muy limitada al acto electivo. Un régimen: careta democrática para un funcionamiento que pivota alrededor de Gendarmería, la violencia como solución de cualquier conflicto. De hecho: ¿dónde está Santiago Maldonado (y dónde estamos nosotrxs cuando nos hacemos esta pregunta)? Por eso es necesario e imperioso un cuerpo de intelectuales que asuma una función estratégica. Un cuerpo que ponga a disposición de la comunidad su propio saber. ¿Con qué objetivo? Desnudar los entramados que los poderes fácticos, que los medios de comunicación convencidos, que los medios de comunicación a sueldo, nos ponen delante todos los días. Un cuerpo de intelectuales que no desdeñe la militancia. Que a través de la enseñanza, la oración, la escritura, la intervención pública logre articular una capacidad perceptiva y una imaginería contrarias a los relatos de poderes que temen y atacan la vida del campo popular. Un cuerpo que logre dotar a las grandes mayorías latinoamericanas de modelos, de criterios de estimación y de símbolos que oponer a los relatos de los poderes fácticos que en la Argentina se encarnan en Macri, en Brasil en Temer, en Paraguay en Cartes, en Venezuela en la derecha proimperialista, etc. Un cuerpo de intelectuales dispuesto a trabajar para articular esquemas de sensibilidad. Con esto me refiero a la función de dar forma a valores emancipatorios y a potencialidades alternativas que ya están en la vida social de las grandes mayorías. Me refiero a un trabajo que tenga por objetivo cruzar el sistema central de valores encarnado en los discursos mediáticos y en las políticas excluyentes que padecemos a diario. Como intelectuales, debemos dar forma, subrayar, enfatizar esos valores emancipatorios y esas potencialidades alternativas. Las fuerzas políticas que los encarnan están presentes en la Argentina. Lo imperioso es fraguar un Frente de liberación nacional y social, en tanto materialización de la unidad de las fuerzas populares, despojadas (hasta dónde sea posible) de sectarismos, con una función de defensa/resistencia y sobre todo de avanzada, con programa político amplio, premisa de las transformaciones sociales necesarias, y en cuya órbita lo/a/s intelectuales del siglo XXI puedan situar su trabajo, como forma de la acción colectiva y la cooperación.
* Universidad Nacional de General Sarmiento / Conicet.

Fuente:Pàgina/12